Harari vs Diamandis.

Hace un par de días, vi que Elizabeth Hernández – socia co-fundadora en Waterhouse – traía consigo “Abundance”, genial libro de Peter H. Diamandis. Justo terminé hace una semana “Homo Deus” de יובל נח הררי Yuval Noah Harari y no pude por menos recordar una escena de la trama de “Cryptonomicón” de Neal Stephenson donde Enoch Root, uno de los personajes principales, va atado fuertemente en el incómodo fuselaje de un avión militar leyendo dos libros al mismo tiempo con la intención de poner a debatir a los dos autores. En su momento lo aprecié como una idea tonta, pero ahora debo confesar que algo de esa lucha entre ideas sentí que me ocurrió cuando “Abundace” y “Homo Deus” se presentaron al mismo tiempo en el radar de mis imágenes mentales. Diamandis y Harari hablan de dos futuros opuestos. Uno es positivo y el otro es más… ¿filosófico, podríamos decir? No es que “Homo Deus” sea una profecía implacable del #dataísmo – su argumento principal – pero el libro ciertamente no se preocupa en desbalancear (hacia lo negativo o positivo) la pintura inherente de los próximos siglos. “Abundance” por su parte ofrece datos también, investigación y un empuje positivo hacia la “magia” que ya está llegando para aplastar todas las limitantes sociales, económicas, biológicas y psicológicas que nos han marcado durante milenios. Lamentablemente leí ambos libros por separado y no podría repetir esa deliciosa experiencia de enfrentar a Harari contra Diamandis. Te invito a ti a que consideres hacerlo: abre ambos libros, lee un párrafo de uno y luego de otro y – estoy seguro – serás partícipe de uno de los mejores debates del #prospectivismo moderno. Otra pareja: “The Grand Design” de Stephen Hawking vs “The Power of Kabbalah” de Yehuda Berg. ¿Cuáles otras combinaciones sugieren, queridas PADs?

 

Totalmente irrelevante.

En dos mil seis, Estados Unidos negó fulminantemente mi solicitud para obtener una visa. La embajada me explicó en términos legaloides que al ser pobre y sin un futuro claro, cumplía con el perfil perfecto para volverme otro inmigrante ilegal en su territorio, y que no, gracias, ya tenían muchos. Lo curioso es que varios otros países desarrollados no dieron jamás importancia a mi condición limitada de aquella etapa de mi vida y me dejaron llegar a hacer lo que tenía que hacer en sus latitudes. Todos contentos. Hace unas semanas apliqué para una eTA, que es una autorización electrónica de viaje para quienes vamos a cruzar alguna frontera de Canadá. Me preguntaron si ya había estado antes ahí, dije que sí. Pidieron las fechas en que estaría de nuevo por allá, las di. Quisieron saber si había sido arrestado alguna vez en mi vida, aclaré que jamás. Y me preguntaron si algún país me había negado la visa. Confesé en afirmativo. “Su solicitud está siendo procesada. Por favor, no haga ningún arreglo de viaje a Canadá porque usted aún no ha sido autorizado para ingresar al país”. Los boletos de avión en el escritorio me regalaron una mirada fría de desaprobación. Torcí la boca. Menos de veinticuatro horas después, los bits y bytes del ministerio de relaciones exteriores canadiense me dieron un abrazo y me dijeron que yo no parecía ser tan mala persona y que bienvenido, pinche mexicano. Sonreí. Toda esta aventura digital me hizo entender que el pasado tiene la función de perseguirnos, eso no lo podemos evitar. Lo que sí podemos alterar son las condiciones en las que nos va a encontrar. Si un país, una empresa o una persona te niegan algo, enfócate en hacer que diez años después el asunto sea totalmente irrelevante.

Nena bonita.

”Lleva ropa bonita para la niña”, me ordenó mi esposa al teléfono. “Ropa bonita” es de las cosas más subjetivas en mi entendimiento. Estoy entrenando duro – te lo juro, te lo firmo – en esto de ser papá. Decidir las combinaciones adecuadas para una bebé de un año y tres meses es una de las materias más duras de mi currículum académico en este programa de la vida. “¿Qué le recomendaría a una PAD que me preguntase cómo determinar cuál es la ‘ropa bonita’ de la que habla su esposa?”, pensé. Le diría que se enfoque en el resultado, no en el proceso. EL RESULTADO, NO EL PROCESO. No es importante si el papá tiene dominio absoluto sobre la situación de escoger un pinche vestidito, blusita o pantaloncito bonitos, sino que la niña se vea hermosa al final. Entonces, si la forma en que se obtiene el resultado realmente no importa, no debo preocuparme por entender el concepto de “bonito” sino presentar opciones para asegurarme de que esto ocurra pase lo que pase. Tomé tres conjuntos muy diferentes entre sí, los aventé a mi carro, llegué al lugar y mi esposa eligió el conveniente. Objetivo logrado. No aprendí a distinguir “ropa bonita” pero conseguí que mi hija luciera así, que era en sí lo importante. No sé administrar empresas, pero tengo varias con éxito. No sé todas las reglas gramáticales del español, pero tengo miles de lectores. No sé muchas cosas, pero al enfocarme en el verdadero objetivo – no en el proceso – recibo aplausos. Y una nena bonita. Copia esto. Descaradamente.

Fake news and fake business ideas.

Negocios falsos desde mi perspectiva: Forex, Bitcoin, Amway y otros en esa vena. No es que no puedas hacer dinero en ellos, es lo que te hacen creer. Para empezar, en mi diccionario, un negocio es algo que te hace dinero aún si tú te sales de la ecuación. Y estas cosas en realidad son autoempleos, tienes que estar ahí, tienes que desarrollar el músculo para dominarlas y salirte es mortalmente penalizado, te dejan sin dinero. Uno de los puntos más cruciales en el diseño, desarrollo y estrategia de todas las empresas dentro de Grupo VERSE es que sean eso, negocios, no bonitos autoempleos. Mucha gente no se da cuenta de esto porque a alguien “le va bien con su ‘negocio’ y vende millones” pero no analizan que si esa personita abandona “el negocio” deja de ganar esos “millones”. Es un autoempleo disfrazado dentro de su bonanza. Para mí no es un negocio. Te digo esto porque hay un concepto bastante debatido en estos días en círculos mediáticos y políticos, el de las noticias falsas. Es un problema y – al igual que el spam – jamás va a desaparecer, pero podremos mitigarlo. Deberíamos considerar esto de los negocios de igual forma: hay negocios falsos, no en el sentido de que no dejen dinero, sino que no cumplen con el requisito principal de toda empresa que se precie de serlo: tener sistemas y procesos que hagan la contribución individual significativa si quieres, pero no vital.

 

Claridad interactiva.

Cuando era maestro de inglés, me quejaba de todo lo que hacían jefes y dueños de Harmon Hall. Luego ascendí varios peldaños en la escalera corporativa y entendí la carga psicológica-emocional de las posiciones superiores. Siendo empleado, me quejaba de todos esos tipos que decían que querían emprender y no hacían bien las cosas. Fundé entonces mi primera empresa – Waterhouse – y entendí las complicaciones de este universo. Siendo emprendedor, criticaba a muchos empresarios tradicionales por la forma en que abordaban el mundo. Luego logré sistematizar mi primera compañía y crear varias otras – unidas por Grupo VERSE – y entendí la mentalidad de empresario. Todo esto de ir “comprendiendo” el mundo arriba de ti conforme vas haciendo las cosas se llama “claridad interactiva”. Es lograr “iluminación”, “epifanías”, “diplomas invisibles” por el simple hecho de ejecutar. No contrates a alguien de #marketing o #negocios recién egresado pensando que te va a poder ayudar genuinamente en esas áreas. Esta personita estoy seguro que es fantástica y entusiasta, pero todavía no ha experimentado esto de la “claridad interactiva”, el verdadero título profesional de la vida. Dale tiempo. Déjalo ganar experiencia. Y ponlo a trabajar duro. Y empújalo. Los viejos tienen “claridad interactiva” de la vida porque han visto y hecho mucho. El hack es entender que podemos acelerar eso de ver y hacer mucho por medio de la ejecución en paralelo de varias actividades y el abandono sin latigazos emocionales de aquellas acciones que no hacen brincar a nuestra alma. La “claridad interactiva” en esto de las redes sociales me ha llegado así, siendo constante en estos medios, no gracias a cursos o lecturas milagrosas nada más. La palabra “education” se ha combinado con conceptos como “entertainment” para proponer ideas de “edutainment”. Yo te pido considerar que #educación no está nada lejos de #ejecución. ¿”Edjecución”, tal vez? ¿O te parece mejor “ejecdución”? Como gustes, pero hazlo así: aprende mediante la magia de hacer las p cosas. Métete por pie propio a un verdadero ciclo persistente de educación pragmática.

Platiquennos qué cosas genuinamente importantes han aprendido gracias a la “claridad interactiva”, queridas #PADs#PersonasdeAltoDesempeño.

 

Esquemas de amor.

El campo semántico convencional de la palabra “negocios” no abraza conceptos como “amor”. Vas a encontrar “ideas”, “productividad”, “retorno de inversión”, “estrategia de salida”, “sistemas”, “procesos”, “recursos” y más. ¿Pero “amor”? ¿Qué clase de tontería es esa en un mundo enfocado en los billetes? No estoy diciendo que el mundo empresarial esté lleno de personas frías, sin alma ni sentimientos. Hace unas semanas – al estar diseñando mi primera Business Master Class del año – pedí a mi equipo que me dieran todas las ideas sobre el tipo de cosas que podríamos agregar a nuestros participantes. “Necesitamos un esquema de amor para todo lo que hagamos”, les dije. Vi algunas sonrisas emerger tal vez por lo raro del concepto, pero me encantó la claridad de la idea y ahora no dejo de usar la frase. Esto del “esquema de amor” puede convertirse en un pilar de las cosas que quiero que nos definan en todas las compañías de Grupo VERSE. Así como ser “ridículamente amables” es una característica que intentamos que nos rija, agregar “esquemas de amor” a cada oferta, a cada producto, a cada servicio, nos ayuda exponencialmente en nuestra misión. “Ajá, Aaron, ¿pero qué demonios es un ‘esquema de amor’?” Es AVD + intención positiva: agregar valor desmedido, ver qué más le puedes dar a la gente con la mejor de las intenciones: que sientan el cariño. Los verdaderos detalles no cuentan si no van cargados con la intención adecuada. Todo esto puede sonar cursi y fantasioso – después de todo, los nombres que hemos determinado para estas “políticas” no son los más científicos. Ser “ridículamente amables” y agregar “esquemas de amor” son propuestas con pocas posibilidades de aparecer en las portadas de revistas de negocios en este instante. Pero quién sabe, tal vez “atención al cliente” y “retroalimentación” tuvieron la misma escéptica recepción en el origen. Veremos.

Elocuencia.

Durante muchos años “sufrí” de esta “enfermedad” rara que nos ocurre a la gente “inocente” y sin mucho criterio: poner atención a los elocuentes, a quienes hablan con propiedad. Me ocurrió en mis empleos, donde gente mayor me daba consejos de vida pero las suyas eran un caos total; me pasó como profesionista, donde mis compañeros hablaban con aparente conocimiento de causa sobre política y demás pero al final en realidad estaban igual o peor de confundidos que yo. Me ocurrió en la universidad, donde todos parecían saber claramente a qué se iban a dedicar los siguientes cuarenta años de su existencia. Sigue ocurriendo esto de que haya gente elocuente a mi alrededor, pero a pocos hago caso. Yo mismo he usado mi elocuencia tontamente. No siempre, pero creo de corazón que en la mayoría de los casos, cuando hablas en tono “ceremonial”, “elevado” y con “conocimiento” es porque estás intentando convencerte a ti mismo de algo. Te lo estás diciendo a ti, más que a la audiencia que tienes enfrente. La elocuencia no tiene correlación con el alto desempeño. De nuevo: una persona de alto desempeño puede – o no – ser elocuente y una persona elocuente puede – o no – ser de alto desempeño. Que alguien hable con propiedad, seriedad y en tono de gran importancia no hace que su mensaje sea propio, serio o muy importante para mí. Es su vida, lo que lo rodea, lo que le puede ganar mi interés. NADA MÁS. Esto es “cruel” e incluso parece elitista, pero me ha funcionado y pienso seguir ejecutándolo durante mucho tiempo. Recuerdo muy fuertemente una noche hablando con jóvenes universitarios en algún campamento de verano. Yo tendría unos nueve o diez años. Ellos eran figuras de “respeto” en mi visión. Uno hablaba de La Llorona jurando sobre la veracidad de varias historias inauditas que le habían ocurrido a él y/o a sus amigos. Cada vez que un elocuente se para frente a mí pienso en aquel chico que tal vez incluso creía en lo que decía a fuerza de ser vehemente y repetitivo. “¿Voy a creer lo que esta persona me dice sólo porque es elocuente, vehemente, seria, apasionada e insistente?”, me suelo preguntar en silencio. No. Voy a creer lo que esta persona me dice a través de analizar su vida y sus resultados. Hay cosas – como el amor, como el dinero – que simplemente no se pueden ocultar. Que no nos engañen.

Desamor empresarial.

¿Te ha pasado que dejas de hablar con alguien porque esa persona y tú ya no están en la misma frecuencia? Bien. Más allá del drama de la relación interrumpida, este tipo de decisión también debe ocurrir en tu empresa. Algo curioso que he notado que ocurre cuando abrimos nuestro primer negocio (pequeño, local, tímido) es que los primeros que se acercan – más que clientes – son otros negocios con la intención de vendernos algo. Me ocurrió con Waterhouse en sus primeros meses: por la puerta entraban más representantes de otras empresas que alumnos dispuestos a inscribirse. Nos querían vender de todo, desde seguros hasta lonas publicitarias pasando por membresías de no-sé-qué y grandes oportunidades para patrocinar no-sé-qué. El punto es que aprendí a a desengancharme rápidamente de este tipo de interacciones donde ni estaba haciendo dinero ni me estaba enfocando y por el contrario estaba jugando al “empresario” hablando con otros tipos con empresas igual de jodidas y cerca del abismo que la mía que no vendía nada. Eso fue en el principio. Las cosas han cambiado con las ventas y los años que hemos dominado, pero las relaciones empresa-empresa siguen existiendo. Y este es el punto de hoy: así como no todas las relaciones personales en las que podemos meternos nos agregan valor, no todas las relaciones de tu empresa con otras deben verse como algo ganador. Y así como a nivel personal “rompemos”, “cortamos” o nos “alejamos” cuando alguien ya no está en nuestro interés y frecuencia mental/emocional, lo mismo debe ocurrir de una empresa a otra: ¿para qué estamos interactuando? ¿nos estamos agregando valor o estamos pendejeando en conjunto? Si no ves el valor que otra empresa le agrega a la tuya, si la vida de tu negocio puede continuar igual de genial que siempre o mejor sin estar enganchados, tal vez es hora de entender que las frecuencias y estilos de tu empresa y esa otra no están compaginadas. Hazte a un lado. Recuerda: no es nada personal. Es empresarial.

Efecto Dominó Interrumpido.

Hace unos días leía en la Comunidad de Alto Desempeño de TAB University que varios miembros discutían sus avances en el #RetoTAB, una actividad diseñada para impulsar el dominio o establecimiento de un nuevo y genial hábito personal y/o profesional. Lo que llamó mi atención fue un patrón en los comentarios: la mayoría terminaron ejecutando una variante de su compromiso original. Algunos intentaron levantarse muy temprano a diario a hacer ejercicio y al final “sólo” dominaron hacer ejercicio. No siempre temprano. No todos los días. Y está bien. ¿Cómo llamar a esto? Propongo “Efecto Dominó Interrumpido”. Ya sabes, las fichas que caen en tándem rápida y tontamente. Rápidamente porque la física así lo dicta. Tontamente porque así lo permitimos. ¿Qué tal si bruscamente detenemos el avance de las caídas seriales de piezas con la mano? ¿Has visto la escena de Guerra Mundial Z donde una soldado es infectada y el protagonista inmediatamente le corta la mitad del brazo para impedir su transformación en zombie? Así, así exactamente es como debemos actuar, expeditamente. Quedarnos petrificados como testigos mudos de cómo caen las fichas es una especie de masoquismo emocional. “Oh no, ya no me levanté temprano ayer, todo se ha perdido, no pude ser constante, no pude hacer ejercicio a diario a las tres de la mañana” es una forma perfecta de bajo desempeño para abordar el asunto. En modo alto desempeño haces lo que tienes que hacer, PERO la segunda mejor opción y que definitivamente nos acerca a este estado es ejecutar parcialmente, pero eso, seguir ejecutando. No es que meter la mano o cortar un brazo sean las técnicas únicas o establecidas para impedir el avance del malvado sufrimiento por incumplimiento. Yo te diría que la técnica es reaccionar rápido, estar avispados. Y – esto que siempre taladro – ejecutar, variantes más ligeras incluso, pero ejecutar.

 

El día que te volviste un mejor escritor.

No repetir palabras. Enunciados cortos, controlables. Conceptos precisos. Proponer sin miedo. ¿Este término en inglés o en español o en francés? Escríbelo como lo dirías en una conversación casual con tus mejores amigos. Whatever. Dominar la separación en párrafos es de pros. Voilà. Be a pro. El punto y seguido es tu mejor amigo. Mayúsculas y minúsculas. Espacios perfectos entre frases. La ortografía es al escritor lo que la luz al fotógrafo: si no eres el master-ninja-sensei en esto, el mundo no te podrá tomar en serio. Habla de todo. ¿A quién estás cuidando para no ofender? Ofende sin un individuo exacto en mente. Pero ofende. No cuentes el número de palabras en tu texto, determina qué tanto te emociona leerlo una y otra vez. Escribe como si estuvieras en pleno siglo veintiuno, no como burócrata de oficina gubernamental de país tercermundista de bajo desempeño en el estilo “Estimado C. Aaron Benitez, por medio de la PRESENTE…”. Dios. Sé directo. Tú. No hables – y mucho menos escribas – con frases como “se te extraña”, “se te estima”. “Yo te extraño”, “te he extrañado”, “yo te quiero”. Deja que la magia de las letras en la combinación correcta transmitan todo su poder, no las limites. Aplica a tu redacción el test más genuino: léelo diez veces y emociónate igual número de ocasiones. Si esto no ocurre, si lo que escribiste te da flojera a ti leerlo, ¿qué te hace pensar que el mundo se va a entusiasmar? Tú debes ser tu lector-escritor-fan número uno de tu obra y arte. No pidas opiniones. Empuja las ideas que te queman, por muy discutidas y agotadas que te parezcan. Empuja rápido.