CUANDO LA ECONOMÍA SE VA AL CARAJO

La realidad es que al mismo nivel que el fútbol, la religión y la política, hablar de educación es tocar fibras sensibles que la mayoría de las personas toman como algo personal. Cuando “ataco” a la escuela tradicional, la pasión de muchos se inflama. Enseguida recibo comentarios sobre lo ingrato que soy con el sistema educativo que es tan necesario para nuestra sociedad y así.

Hay una especie de tendencia psicológica a pensar que lo que hoy conocemos del mundo va a estar presente en nuestro futuro.

Hace unos días Tim Urban compartió en Twitter lo siguiente:

When you’re the boss of the ideas in your head, you’re always willing to revise them.

When there’s no amount of evidence that will change your mind about something, it means that idea is your boss.

Humility is the awareness that no idea is worthy of being your boss.

En una traducción libre sería algo así:

“Cuando eres el jefe de las ideas en tu cabeza, siempre estás dispuesto a revisarlas.

Cuando ninguna cantidad de evidencia conseguirá que cambies de opinión acerca de algo, significa que la idea es tu jefe.

La humildad es el entendimiento de que no vale la pena que ninguna idea sea tu jefe.”

Volteé a ver al mundo inmediatamente y comencé a juzgar a todos los que conozco que tienen ideas fijas sobre fútbol, política, religión y educación. Como siempre me pasa, me di cuenta que estaba haciendo el trabajo fácil en lugar del que verdaderamente tengo que hacer: juzgarme a mí mismo primero.

¿Cuánta gente conoces que está orgullosa de tener ideas inamovibles en su mente? Si tu círculo es como el mío, seguro son muchas.

¿Y cuántas ideas inamovibles cargas a diario en tu mente? ¿Qué tan orgulloso te sientes de esto?

Me di cuenta que tengo ideas muy enraizadas que me duele considerar desde otro punto de vista. Cosas como la ecuanimidad, el alto desempeño y el largo plazo son parte del núcleo con el que intento desarrollar mi vida. Son mantras. Es dogma. Atacar estos conceptos no me hace sentir mejor, pero tal vez es lo que necesito hacer.

Lancé mi análisis varios años atrás para encontrar si en efecto alguna vez en mi vida golpear ideas me ha dado resultados. Y sonreí porque enseguida varios recuerdos tocaron a mi puerta.

Algunas ideas que golpeé para enseñarles que yo era el jefe y que gracias a ello obtuve excelentes resultados:

  • En 1998, pasé muchas horas encerrado en la biblioteca de la universidad tomando notas de un libro de DHTML/CSS en lugar de asistir a clase de metodología de la investigación y otras en ese estilo. Hacer sitios web me ha abierto puertas como no tienes idea. La idea que ataqué fue esa de creer que lo más importante en la universidad son las materias escolares.
  • En el 2006, acepté la invitación a ser parte de una organización mundial de ingenieros cuando mi trabajo en ese momento no estaba en nada técnico, sino que me dedicaba a ser un simple maestro de inglés. Participar activamente en este voluntariado internacional me hizo viajar por el mundo y me enseñó a estar al frente de proyectos grandes. La idea que ataqué fue la de necesitar una validación externa para creerme merecedor de aportar algo en un campo profesional.
  • En el 2010, renuncié a un trabajo corporativo en el preciso instante en que me ofrecieron un aumento de salario y muchas más responsabilidades y recursos que entusiasmaban a mi ego. Lo hice para emprender porque entraba a mis treintas y leía muchas cosas de nómadas digitales y demás que me hacían ver que otra forma de vivir la vida era posible. La idea que ataqué fue la de la estabilidad de un sueldo y prestaciones económicas seguras que literalmente todos a mi alrededor me suplicaban que no abandonara.

Y así encontré otros varios ejemplos donde demostrarle a las ideas de mi mente quién era el verdadero jefe en nuestra relación había dado grandes frutos. Al actualizar o archivar muchas de esas ideas, mi vida tomó caminos insospechados.

Quisiera decirte que mi vida es perfecta y que todas las decisiones que he tomado han sido geniales y que hoy nada me afecta y que no tengo problemas en mi día a día.

Uf. Ojalá.

La cantidad de retos con los que tengo que lidiar constantemente aplastarían sin piedad a mi versión juvenil. Te lo juro. Hoy con tres hijos, una esposa, un perro y una gatita a cuestas, todas mis maniobras tienen que ser mucho más precisas. Y por eso mi análisis de lo que me ha funcionado en el pasado debe ser genuino para no engañarme y poder replicar lo que sí me va a ayudar a mantener el crecimiento en todos los rubros.

¿Y sabes? Lo que más me ha ayudado es la reinvención constante. Constante. Subraya esa parte.

Te decía al inicio de este ensayo que la educación es un tema que la gente tiene cerca de su corazón. Hace algún tiempo leí que el trinomio cuadrado perfecto no tiene ninguna aplicación práctica. Ninguna. Pero nos insisten en que tenemos que conocer su orden y sus términos. Nos dicen que aparecerá en nuestro examen. Y si esto que leí de esta ecuación matemática es falso, no importa, al final ilustra la posibilidad de que casi todo lo que vimos en el sistema escolar tradicional es irrelevante.

Entiendo cuando mucha gente no acepta esto porque no es fácil tragarnos la revelación de que pasamos casi veinte años perdiendo el tiempo. A nadie nos hace gracia pensar que hemos invertido así tal vez una cuarta parte de nuestra vida.

Pero honestamente creo que es la realidad.

Y duele, como todo golpe emocional a un fundamento que nos construye como persona. Y duele porque significa que tenemos trabajo que hacer para reparar el asunto.

No te quiero convencer. No quiero insistirte que estoy en lo correcto. Generalmente cuando veo que la pasión se inflama, me desconecto en mi alma del asunto porque creo que ya no estoy hablando con la persona frente a mí sino con todo lo que le han taladrado por años y que no ha retado.

Si de corazón crees que estoy mal al “atacar” al sistema educativo y decir que es una perdida de tiempo en lo general, bien, lo que estás haciendo es básicamente apostar tu futuro a que tendrás recursos, oportunidades y felicidad basado en lo que maestros tradicionales, lecciones tradicionales, exámenes tradicionales y calificaciones tradicionales te puedan entregar al final del trayecto. Buena suerte. Yo apuesto totalmente en contra de esa visión por lo que he visto en estos años construyendo cosas.

Regresando al punto de ser jefes de nuestras ideas para poder subirlas de nivel o abandonarlas, bueno, creo que el primer paso es darnos permiso de ser ridículos y estar incómodos. De esto hablo todo el tiempo y no voy a extenderme innecesariamente al respecto aquí. Dando estos pasos es como he pasado de ser un tipo sin habilidades técnicas sobresalientes ni diplomas que me avalen a convertirme en profesor invitado en las mejores universidades del país, conferencista pagado en eventos de prestigio, instructor y coach en empresas transnacionales, invitado en reconocidos podcasts y autor de libros y un blog que miles de personas como tú leen a diario. Todo ello por el simple hecho de permitirme sentirme ridículo durante cinco minutos al iniciar cada una de esas actividades y estar incómodo un breve periodo en lo que las domino. Eso ha sido todo, te lo juro.

A ver, nadie nace sabiendo dar conferencias, liderando cursos, redactando largos ensayos. Todos somos usurpadores en estas áreas en el inicio. La actitud con la que abordas el comienzo de estas actividades es la que determina la velocidad con la que pasas a ser parte natural de ellas. Si arrancas con el proceso pero estás con la cabeza agachada y escondido en un rincón para que nadie te vea, ¿qué crees que va a pasar? ¡vas a llamar más la atención! Así se divierte la vida cuando actuamos con temor. Por el contrario, si inflas el pecho y entras con paso firme externo aunque con elevados niveles de pena interna, el ecosistema que te interesa dominar comienza a doblegarse ante ti. Me ha pasado en universidades, corporaciones, gimnasios, playas, restaurantes, ceremonias, etcétera. Deseo que te pase a ti también.

Al momento de redactar todo esto, hay pánico en los mercados financieros porque todo se está yendo al carajo, como es típico cada cierto número de años. La gente en cripto está desesperada. Los adictos a las acciones de la Bolsa de Valores igual. Donde hace unas semanas abundaban los expertos que tenían todas las respuestas, hoy nadie sabe wtf está pasando.

Mira, esto no se va a poner más fácil. Lo que tú y yo tenemos que hacer para surfear en estas olas de pánico es golpear muchas de las ideas que tenemos ancladas con orgullo en nuestra mente. Te voy a poner algunos ejemplos con los que espero tal vez puedas conectar:

  • Si eres ingeniero, necesitas dejar de pensar que eso es lo único con lo que puedes ganar dinero. Aplica igual si eres médico, contador, chef y demás.
  • Si trabajas en una empresa grande, debes entender que no tienes absolutamente control alguno de tu futuro porque aunque te parezca ridículo que te lo diga yo, un extraño en este momento, hay decisiones que se toman en reuniones oscuras de las que jamás te enteras. Y una de esas decisiones puede fácil y rápidamente descarrilar tus planes en cualquier mañana en que pienses que todo va normal.
  • Si estás estudiando con miras a obtener un diploma de prestigio que te dé más oportunidades en algún campo laboral, te estás entrenando en desarrollar un músculo lento y anticuado. Lo de hoy es construir cosas directamente en ese campo laboral y sobre ello conseguir atención y clientes. A nadie le interesa realmente un diseñador gráfico con buenas calificaciones. Queremos ver su portafolio. Y luego necesitamos que sea un pro entregando en tiempo y forma.

Como platicábamos, todo esto es un shock para la concepción ordenada que tenemos del mundo. A nuestro cerebro le fascina sentir que tiene control y que entiende su entorno. Que un tipo escriba un ensayo diciéndote que no tienes control y que eso de tu empleo y el sistema educativo que crees que son parte fija del firmamento no lo son ni lo volverán a ser jamás, bueno, tu cerebro con toda seguridad me está aventando un “fuck you” a todo volumen y en alta resolución.

Tal vez no sé de lo que estoy hablando.

Tal vez las cosas siempre van a ser iguales.

¿Pero y si no?

¿Qué vas a hacer?

Lo que más te conviene es reinventarte profesionalmente todo el tiempo, ser alguien que agrega habilidades estratégicas a su sistema operativo personal.

¿Por qué no tienes un podcast?

¿Por qué no tienes un canal de YouTube?

¿Por qué no escribes públicamente tus ideas en un blog?

¿Por qué no organizas cursos?

¿Por qué no vendes coaching?

¿Por qué no das consultoría a empresas?

¿Por qué no vendes tus libros?

Te voy a decir por qué.

Porque todo eso luce ridículo.

Y es incómodo.

Si eres ingeniero, médico, contador y tu mentalidad ha sido moldeada por la vieja guardia, todas estas cosas que te estoy sugiriendo lucen exóticas. Y sí, la vieja guardia tiene razón: son innecesarias para tu profesión…

…si vives en 1987.

Pero si compartes este espacio-tiempo conmigo, necesitas golpear con fuerza esa idea que hoy te domina, que hoy es tu jefe y que te dice que no es necesario que aprendas a hacer ninguna de esas cosas. Ese es tu ego protegiéndote de una curva de aprendizaje nueva, que va a ser dolorosa como todo lo que vale la pena. Ese es tu ego protegiéndote de la incomodidad de lucir como un principiante cuando ya quieres sentirte consagrado en tu campo profesional.

Poner más pan en la mesa sólo se consigue siendo más pragmático.

Esto significa que tomes las herramientas y estrategias que les funcionan a otros para destacar, para conseguir más oportunidades.

Abogado, agente de bienes raíces y programador que solo quieran estar enfocados en la metodología milenaria en que se ejecuta su arte y ciencia, bueno, estas personitas están protegiendo a sus jefes, a esas ideas que no los dejan combinar técnicas fantásticas para generar más riqueza personal.

Este artículo es para recordarte a ti y principalmente a mí que en estos instantes económicos difíciles, lo único que nos va a mantener a flote es nuestra capacidad de ofrecer nuevos giros al mercado, de ser una navaja suiza que tiene diferentes soluciones.

Y sí, claro que te quiero vender algo. ¿Qué tipo de ejemplo te estaría dando si no te ofrezco una solución? ¿Qué tipo de influencer sería si no empujo aquello que creo de corazón que te conviene?

Todos te estamos vendiendo siempre algo. Todos. Siempre.

Te puedes ofender cuando alguien lo expone directamente como yo.

O puedes apreciar la honestidad y ser curioso al respecto.

Tengo un curso rápido.

Un curso que quiero que te ayude a despegar y reinventarte.

En él voy a compartir contigo notas prácticas para que des los pasos que te ayuden a dominar ese sentimiento de ridiculez e incomodidad.

En el curso voy a sentarme en vivo contigo a darte hacks que harán menos complicada tu transición emocional de un estado fijo hacia uno dinámico donde fluyas de manera pragmática conforme visualizas oportunidades.

Hay dos tipos de personas: las que trabajan para sí mismas y las que trabajan para sus ideas (jefes).

Trabaja para ti.

Gana más.

Genera riqueza donde otros temen reinventarse.

Desarrolla el músculo que te conviene, no el que te hace lucir bien con colegas con mentalidad de la vieja guardia.

Listo.

Nada de lo que voy a compartir contigo es teórico. Detesto ese tipo de cursos. Todo lo que te voy a explicar lo he hecho. Todo. Marca personal. Libros. Coaching. Conferencias. Consultoría. Podcasts. Ventas digitales. Físicas. Negocios locales. Internacionales. Negociaciones con personas. Con empresas.

Te decía que mi vida no es perfecta. Jamás creas eso de nadie.

Pero lo que sí puedo presumirte es que no tengo miedo del futuro porque confío en mi capacidad de adaptación constante. He desarrollado el músculo que mejor conviene a estos tiempos y ahora quiero compartir contigo los detalles.

Cada nueva habilidad que agrego a mi sistema operativo personal me permite navegar los mares de dramas que la sociedad agita para mantenernos espantados.

Agrega habilidades.

Si compras mi curso de Ingresos Personales Poderosos, genial, te veo dentro. Nos la vamos a pasar bien, de forma productiva y personal. Como todo lo que hago, me gusta pensar que es una inversión que yo haría y que me va a dar resultados exponenciales en diez, veinte años.

Si no, no importa. Cero dramas. No lo tomo personal. Manténte ejecutando.

Mira, sé lógico: ¿cuántas veces has invertido dinero en salidas con tus amigos solo para quedar bien y al final ese gasto no representa nada positivo para tu vida en los próximos diez años? Aborda este tipo de decisiones desde esta perspectiva. Apuesta en ti, en tus habilidades.

¿Lo peor que puede pasar? Que absolutamente ninguna de las notas del curso te sirvan y que termines más pobre por haber gastado tu dinero en él. ¿Pero qué crees? Si no te gusta, nos escribes y te devolvemos tu pago. Y listo.

¿Lo mejor que puede pasar? Que tengas más claro los movimientos que tienes que ejecutar para despegar y crearte más y mejores oportunidades que pongan pan en tu mesa.

Y como siempre, ya sabes:

Ecuanimidad. Enfoque.

Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.