Los podcasts son las nuevas universidades.


Aarón Benítez

Abril 2021


Estoy escribiendo un libro llamado “CRIPTOPADs”. La idea es explicar con muchas analogías este mundo de blockchain y sus posibilidades. Es un tema importante al que la mayoría no se está exponiendo por la simple razón de que quienes lo están creando, lo hacen lucir impenetrable.


Piensa que cuando alguien dice “usa esta dapp para cambiar cualquier token TRC-20” da lo mismo que te lo digan en inglés (“use this dapp to exchange any TRC-20 token”) o en chino (“使用此分散式应用程序交换任何TRC-20令牌”) porque si no estás familiarizado con este mundo, el asunto es igual de incomprensible.


Explicar que una dapp es como un app pero que no depende de una empresa sino de una comunidad, que un token es una ficha que es una moneda y que TRC-20 no es otra cosa que un tipo de ficha que se genera exclusivamente en una comunidad con el ridículo nombre de Ethereum sería mucho más amigable. Y nos permitiría ir empujando a más gente a esta tercera evolución del internet dentro de nuestras atrasadas coordenadas que tanto lo necesitan.


La primera ola del internet que conocemos hoy fue la invención de la web. La segunda fue la implementación del mundo mobile. La tercera es blockchain. No es todavía muy tarde para introducirnos al asunto con curiosidad. Quiero aportar mi granito de arena en ese sentido.


¿Qué estudiar para escribir este libro? ¿Con quién hablar? ¿Qué cursos tomar? ¿Qué hacer?


Definitivamente tengo que empaparme a diario leyendo y escuchando ideas, debates, propuestas e historias de este criptomundo tan cambiante de segundo a segundo.


Me he sentado con libreta en mano a escuchar lo que expertos como Nic Carter, Anthony Pompliano, Silvio Micali, Katie Han, Balaji Srinivasan, Vitalik Buterin, Naval Ravikant y otros ejecutores y filósofos están haciendo y pensando con respecto a esta nueva súper computadora global que estamos creando con la tecnología blockchain.


El mejor curso que puedo tomar es hacer lo que tengo que hacer: crear mi wallet, usar algunos exchanges, desarrollar una dapp y aprender sobre todas las complicaciones que voy resolviendo a lo largo del camino.


Calculo que a este ritmo en unos meses tendré la capacidad de explicar con buenas analogías todos los intrincados conceptos que hoy lucen impenetrables para cualquiera que asome la cabeza con cierta curiosidad hacia este mundo.


Pero hoy no quiero hablarte tanto de CRIPTOPADs como de los podcasts que me han aventado en la dirección correcta para poder ejecutar en este nuevo campo revolucionario.




Los podcasts son las nuevas universidades.


Hace unos días compartí esta frase y una respuesta. Muchos en mi audiencia conectaron con la idea de forma entusiasta. Tal vez han experimentado lo mismo que yo: que la cabeza te explota con tanta información genial y sientes que tienes que ponerte a ejecutar ya, ya, ya porque la vibra, la emoción, la profundidad, la pasión, la inteligencia con la que los expertos comparten sus notas en este poderoso medio digital es desbordante.


Jamás tuve maestros así. Lo siento. Sé que muchos de ellos hicieron su esfuerzo de manera genuina por enseñarnos. Lo que hoy sé es que lo importante no es enseñar: lo importante es hacer que los demás deseen aprender. Es muy diferente.


Va de nuevo: enseñar no importa, cualquiera puede enseñar, pero en esta parte del proceso lo que ocurre con el receptor no importa mucho porque, al final, yo ya enseñé, como maestro esa es mi obligación. Por eso te digo que hacer que los demás deseen aprender es clave. Cuando tú deseas aprender algo, te acercas de forma convencida a ello y a partir de ahí quedas mucho más pegado al extremo de la ejecución, lo cual va a solidificar tu entendimiento de la técnica.


La gente habla mucho de lo importante que es la educación y la enseñanza. Me voy a poner pesado con estos conceptos y decirte que lo que llamamos educación usualmente es sinónimo de adoctrinamiento en un estilo limitado de abordar el mundo. Y sobre la enseñanza, ya te expliqué esto en el párrafo anterior: es la mitad del proceso y no sirve de mucho.


En lo que debemos enfocarnos es en el aprendizaje.


A las personas nos fascina estar aprendiendo cosas todo el tiempo. Pero cuando nadie nos otorga dirección, aprendemos cosas que no son muy estratégicas: nuevos chistes, nuevos albures, nuevos comportamientos, nuevos nombres de celebridades, nuevas formas de mascar chicle, nuevas maneras para emborracharnos, etcétera. Todo el tiempo estamos aprendiendo. Somos las máquinas biológicas más perfectas que la naturaleza ha diseñado para esto. Esto está comprobado al nivel de que ya hasta nos va a exportar a otros planetas como su producto más exitoso.


Para lograr que el aprendizaje ocurra en temas más estratégicos para los individuos y por ende la sociedad, necesitamos poner elementos en el radar de quienes estamos interesados en su crecimiento.


Cuando compartí el post, una oleada de ataque al mismo llegó enseguida. Y está bien. Necesitamos defensores de lo establecido. Esto sirve para pulir más el nuevo argumento o para rechazarlo y seguir con lo que ya conocemos. Las personas que queremos empujar innovación necesitamos frenos y contrapesos porque es tonto pensar que todas nuestras ideas van a ser magníficas y mejores que lo que ya se ha construido y comprobado.


El problema que detecto es que la gente que defiende lo establecido no suele poner en una balanza adecuada cuánto le conviene seguir defendiendo el asunto y cuánto no. Usualmente lo que noto es que actúan en modo predeterminado, automático, ciclado. Los entiendo porque me toca muchas veces estar también de ese lado en otros temas. Ver una “tontería” en internet que ataca mi sensibilidad o la forma en que entiendo y aprecio el mundo me irrita y me hace tomarlo personal. No siempre, pero he entrenado en preguntarme por qué me ofende lo que me ofende y qué sería lo peor que podría pasar si me dejo llevar un poco por la nueva idea por motivos de investigación personal para descubrir hasta dónde me lleva y ver si hay algo genial con lo que tal vez pueda conectar.


Muchas más veces de lo pensado, suelo sorprenderme y evolucionar mi punto de vista.


Esto a lo que te invito: a que pienses que tal vez lo que estoy diciendo es una tontería, una cuestión de moda, algo superficial, que no sé lo que estoy diciendo, que no entiendo tan perfectamente como tú el sistema educativo y que no he leído lo suficiente para tener autoridad al decir que los podcasts son las nuevas universidades y que incluso con todo esto, te abras de forma genuina al concepto.


Existen los moderados, aquellas personas que sí ejecutan el proceso de aventar su mente al otro extremo y considerar los argumentos por su peso intelectual más que por el factor emocional involucrado. Los moderados son pocos en la Tierra y hay que cuidarlos, dado que cada día son una especie más en extinción. Polarizarnos es recompensado con esa sensación en nuestras entrañas que nos invita a repetirla una y otra vez fosilizando en nosotros la idea de que lo que defendemos está bien y así debe ser mientras que lo que atacamos debe seguir siendo atacado simplemente porque es eso, lo que nos da energía para experimentar la sensación de placer biológico.


Verás, cuando digo que los podcasts son las nuevas universidades, lo que estoy diciendo en realidad son muchas cosas.


Siempre existe lo viejo y lo nuevo y siempre pueden convivir. La nueva universidad no hará desaparecer a la vieja universidad de la misma manera que los vehículos eléctricos no harán desaparecer a los caballos del campo como medio de transporte. Hay situaciones especiales que requieren mantener una solución milenaria y listo, no hay ningún problema con ello.


Un podcast es un medio digital fácil de crear, escalable, barato y extremadamente poderoso. Si todavía crees que estar construyendo edificios para aglutinar gente que no quiere estar ahí (los alumnos prefieren hacer otras cosas y la mayoría de los maestros también), estás yendo en contra de la dinámica del mundo donde hoy todo se puede personalizar: lo que ves en la televisión, las noticias que consumes, la música que escuchas, ¿por qué el aprendizaje debería ser diferente?


Un nuevo medio requiere un nuevo tipo de mentalidad para abordarlo adecuadamente. Y la mayoría de los maestros tradicionales no están cortados para una generación acostumbrada al entretenimiento. No se trata de ser payasos en clase o hacer chistes para que los alumnos nos pongan atención, pero dime, si fueras maestro, ¿no te encantaría tener en clase únicamente a quienes quieran estar en tu clase? ¿no te encantaría que tomaran notas de forma natural sin que se los pidieras? Los maestros naturales y modernos son tipos que enganchan a su audiencia sin forzarlos a poner atención. Saben usar su lenguaje corporal, su voz, sus ideas, la nota chusca. Son performers y lo saben. Es lo que se necesita.


Las cosas tienen los nombres que decidimos darles y eso no significa que sean exclusivos para ellos. Te lo explico así: donde tú ves un podcast con un invitado y un tema, yo veo una universidad con un profesor y una lección. Donde tú ves una red social con posts para entretenerte, yo veo un espacio perfecto para crear una comunidad global con la que puedo crear y aprender juntos ideas que nos eleven a todos.


El argumento típico de que no puedes convertirte en médico/ingeniero o algo así sólo escuchando podcasts es uno de los que más revelan eso que te digo: la defensa de lo viejo por la defensa de lo viejo, sin abrirnos con curiosidad genuina a la posibilidad de preguntarnos cómo sería ese asunto si quisiéramos ejecutarlo.


Piénsalo así: decir que no podemos educar médicos o ingenieros o cualquier otra profesión altamente especializada con este formato no nos lleva a ningún lado. Es un establecimiento de los hechos. Y es cierto. Tampoco podemos vivir en Marte. Es otro establecimiento de los hechos con la tecnología disponible. Pero eso no nos acercaría más a conquistar el universo.


No seas de esas personas que enseguida encuentran la lógica en la negatividad. Existe esa lógica en la negatividad, claro. El argumento es totalmente válido: no podemos preparar a los futuros médicos o ingenieros exponiéndolos únicamente al formato de podcasts.


Pero a mí me encantaría encontrar formas de lograrlo. No sé tú, pero en mi país nos faltan muchos más jóvenes que quieran convertirse en médicos e ingenieros. Y todo el presupuesto gubernamental e iniciativas privadas no será jamás suficiente para comprar todo el concreto necesario para construir los enormes edificios de las miles de facultades que sería necesario tener para mejorar nuestra realidad profesional nacional.


Hace veinte años, comprar en internet era exótico. Acuérdate de ello: ese punto donde todos tenían miedo que les fueran a robar los datos de su tarjeta bancaria o que los fueran a estafar. Hoy comprar en línea desde cualquier posición geográfica es tan natural que parece que siempre hemos tenido esta capacidad.


Hablemos del trabajo de la vieja universidad y la nueva universidad.


La vieja universidad que tú y yo conocemos ya tiene un trabajo bien definido: está formando a los profesionales de una época que cada vez está quedando más atrás. Y así seguirá haciéndolo, justo como los seminarios hacían lo propio en la Edad Media y luego pasaron prácticamente al olvido. ¿Cuántas personas piensan en esa institución como el punto máximo del conocimiento? No sé tú, pero yo no conozco a nadie que lo considere así. Sin embargo, tal era la visión establecida en aquella época de oscuridad. No había más a lo que pudieras aspirar en términos de oferta educativa.


Esos ingenieros y médicos cuyas profesiones defiendes que deben ser por fuerza creados en la vieja universidad, estás en lo correcto. Ese es su trabajo.


La nueva universidad genera mezclas de profesiones viejas con propuestas radicales: médicos con formación en ingeniería y negocios, administradores con capacidades tecnológicas soberbias en bases de datos, filósofos con marcas personales globales.


Cuando criticas propuestas ridículas como la que te estoy poniendo en la mesa con puntos como el hecho de que los jóvenes no pueden practicar su profesión sólo escuchando un podcast o que no tendrá acceso a laboratorios o que no recibirán la sabiduría de sus maestros de primera mano y de forma personalizada, creo que tienes razón.


Los jóvenes no deberían seguir accediendo a esos modelos de prácticas de su profesión de manera tradicional. ¿Para qué quieres que la universidad invierta en maquinaria, equipo, dispositivos que quedan desactualizados a los pocos años y que los profesores ven como asuntos exóticos sobre los cuales temen confesar que no saben operar en modo clase mundial porque no tienen suficiente experiencia en la industria?


Los jóvenes no deberían seguir rogando por tener acceso a laboratorios que funcionan ocasionalmente y bajo mantos de burocracia y dictaduras personales de los encargados.


¿Por qué no empujar modelos estilo Airbnb y Uber donde rentas el tiempo que necesitas en una máquina o en un laboratorio por parte de personas, instituciones y empresas que con gusto quieran ponerlos a tu disposición y que puedas recibir una reseña como cliente y ellos como proveedor para mantener al ecosistema aceitado y virtuoso como ocurre con las dos empresas de ejemplo que te estoy diciendo? Yo llamo a esto “Practice-as-a-Service”, justo en el espíritu de la economía que premia el no ser dueño de las cosas sino simplemente rentarlas de forma optimizada el tiempo que la necesitamos.


Aquí es donde escucho muchas voces diciendo en automático, “sí Aarón, pero…”. Claro. Hay muchos peros. Estoy totalmente de acuerdo. Siempre tienes la gran posibilidad ante ti de ser alguien que obliga a su mente a encontrar caminos para resolver las cosas. Esto requiere mucho esfuerzo de todo tipo: intelectual, emocional, físico. O puedes ser la persona que encuentra las objeciones perfectas. Porque eso son: perfectas. Son lógicas. Tienes razón. La idea suena así, idealista. Romántica. Ridícula.


Justo como suenan todas las ideas que luego vemos normales y nos olvidamos que no siempre han estado disponible para nosotros.


La gente atacó la idea de usar su tarjeta de crédito en internet como no tienes idea. También atacó la posibilidad de dormir en la casa de extraños como no tienes idea. También atacó la posibilidad de subirse a autos con desconocidos al volante. También atacó la idea de pagar miles de dólares por un teléfono celular sin botones físicos.


Luego, esas mismas personas que atacaron todas esas nociones, quedaron en el olvido y se sumaron silenciosamente a lo que ahora es lo establecido.


Pierdes tiempo atacando lo que ya viene y que es bueno para todos.


No pierdes tiempo atacando lo que ya viene y que no es bueno para nadie. Ataca el calentamiento global, la desigualdad, cosas así.


No ataques propuestas que, si funcionan, darían acceso increíble a muchos que hoy no aprovechan al máximo esta etapa potencialmente maravillosa de la vida llamada universidad. Al contrario: alégrate de que haya propuestas en la mesa, que haya intenciones nuevas, que haya piezas prometedores por acomodar en este rompecabezas infinito que es el de la reinvención personal y de la sociedad.


Deja de pensar en esa universidad que te formó. Ese modelo va para afuera. La nostalgia es bajo desempeño. Querer algo, amar algo en realidad, es preocuparnos por empujarlo hacia adelante, no mantenerlo en el mismo estado.


Trabajo a diario para que mis tres hijos vayan a buenas viejas universidades algún día. Los considero clubes sociales que tienen un valor inherente, justo como un buen caballo o un título profesional en medicina o ingeniería. Pero seguir honrando de forma automática el pasado cuando todos los días la ola de una nueva realidad se acerca con fuerza es condenarnos a más retraso social, tecnológico, económico.


Los podcasts son la nueva universidad significa que tú puedes escoger tus materias, tus profesores, entusiasmarte con la forma en que te explican las cosas, decidir ejecutar por tu cuenta, investigar más en Google, comprar libros en Kindle para tener más recursos, unirte a comunidades asíncronas con otros en el mismo camino, conseguir acceso a equipos y espacios especializados para adquirir destreza y presentar un portafolio de proyectos ejecutados para integrarte a empresas que valoran lo que puedes hacer.


Entre los principales aciertos de la vieja universidad está la fisicalidad: esa magia que ocurre cuando juntas a las personas a crear cosas juntos, a experimentar ideas hombro a hombro. La vieja universidad es un reducto social peculiar que permite nuestra transición de niños a adultos bajo un manto de seguridad donde las tonterías que haces mientras estás ahí son catalogadas como algo a esperar “porque eres universitario”.


Pero otra forma de ver a esta institución es como una fábrica que no garantiza sus productos. Cuando compras un refrigerador y no funciona, tienes una garantía que puedes reclamar. Cuando compras una carrera universitaria y no funciona (expresado en que no pones buen dinero en la mesa con ello), no hay reembolsos, no hay garantías. Si funciona, genial, qué bien, si no, lástima, es tu problema. En ningún otro tipo de industria aceptamos este trato, ¿por qué aquí sí?


Cuando la gente me dice que gracias a la universidad se volvieron más disciplinados o que conocen personas que gracias a un posgrado se volvieron más enfocadas o lograron obtener un mejor salario u oportunidades, lo que yo respondo es que el truco de toda gran universidad de la vieja guardia es poner filtros estrictos para el ingreso a ella. Con estos filtros te aseguras de conseguir la materia gris que de cualquier forma ya iba a ser genial en la vida con universidad o sin ella. Entrar a un lugar como Harvard te exige ser un súper individuo que tiene una disciplina de hierro desde temprana edad, así que independientemente de que accedes a esa universidad o no, ya eres alguien bastante disciplinado. El truco está en que sólo aceptes gente genial y disciplinada para luego como institución tomar el crédito de todo ello.


Hago negocios, escribo libros, explico cosas, me esfuerzo en construir una bonita familia. ¿Se lo debo al vecindario en que pasé veinte años de mi vida? Ni tú ni yo le daríamos crédito a ese lugar porque no es lo que se acostumbra. Pero con la universidad sí lo hacemos, aunque es exactamente lo mismo: un espacio con gente con la que hacemos algunas cosas pero que no tienen carne en en el asador (skin in the game) si nos va bien o mal.


Puede ser que publique o no “CRIPTOPADs”. Pero estoy aprendiendo mares de cuestiones técnicas y filosóficas interactuando pasiva y activamente con personas por todo el mundo. Estoy entusiasmado. Esto me puede dar más oportunidades a mí y a mi comunidad. Y todo es rápido, fácil, escalable, barato, bonito, grupal, global, moderno.


Caray, ¿en serio no quieres que la universidad sea así? ◆