MERCATOR NOS FASTIDIÓ

Hoy leí un artículo sobre el famoso mapa del mundo que tú y yo aprendemos a memorizar en la educación tradicional.

Resulta que es una basura, pero casi nadie lo sabe.

El mapa está basado en la técnica de proyección de un tipo llamado Mercator. Esta versión clásica conocida por todos es un pobre acercamiento a la distribución de las naciones. Mercator no era —asumo— una mala persona con intenciones de engañarte a ti y a mí. El lado obscuro de mi personalidad que desea encontrar teorías de las conspiración en todo me invita a considerar esta posibilidad, pero la explicación que encontré es que su método tenía como objetivo ser utilizado en aplicaciones marítimas en regiones pequeñas, no como un instrumento didáctico que representara todo el mundo.

En otras palabras, alguien decidió usar una herramienta diseñada para un uso muy específico como una solución general. Luego alguien más vio ese mapa en un salón de clases y decidió usarlo en el suyo. La primera generación de niños que creció con esa imagen decidió hacerla suya también y así explicaron a los demás cómo lucía el mundo cuando ya estuvieron a cargo.

El tiempo pasó y nadie se preguntó si los tamaños y distribución de los países en el dibujo eran correctos. Hey, si el mapa lo usó tu bisabuela en su escuela primaria y todos tus maestros te lo metieron por fuerza en tu garganta del conocimiento, ¿por qué habrías de considerar que hay algo malo en ello?

Cierto. No mueres por crecer pensando que África y Groenlandia son más o menos del mismo tamaño. En términos prácticos de la inmensa mayoría de la humanidad, no pasa nada malo con este conocimiento erróneo.

Dos cosas. La primera: África es catorce veces más grande que Groenlandia. La segunda es irrelevante pero quería confesarte que jamás había escrito “Groenlandia” y tuve que revisar tres veces a mis cuarenta años de edad para saber que lleva una “n” en medio. Toda la vida había dicho “Groelandia”. Y aunque no lo creas, esto va conectado con lo que hoy te quiero explicar.


Un mapa es un ejemplo perfecto de un modelo mental, justo como el diseño arquitectónico de tu nueva casa te da una idea de la distribución de sus espacios y te permite operar intelectualmente sobre cómo vas a acomodar tus cosas y vivir en ella.

Los modelos mentales son esas formas de pensamiento a los que recurrimos a diario en muchas situaciones que se repiten. En México sabemos que tenemos que decir “salud” cuando alguien estornuda y nos ofendemos cuando en el extranjero nadie nos dice esto en su idioma. Este es un modelo mental nacional con el que hemos crecido y que de manera inocente intentamos aplicar como algo natural al resto del mundo solo para darnos cuenta que no funciona igual.

Tú y yo tenemos instalados muchísimos modelos mentales anticuados que tal vez sirvieron a un propósito en algún momento de la historia de la humanidad pero que hoy no y que sin embargo seguimos cuidando y usando por costumbre.

El modelo mental de un mundo donde África y Groenlandia son prácticamente iguales es de esos temas que no nos afectan de manera perceptible en la realidad.

¿Pero sabes? Hay muchísimos otros modelos mentales que abrazamos y que sí nos están afectando bastante a diario.

Prácticamente todos los modelos mentales que nos mueven en nuestro día a día se insertaron en nosotros en los primeros veinte años de nuestra vida. Si ya pasamos esa edad, lo que más nos conviene es retar casi todo lo que creemos. Llámalo “desaprender”. Piensa que tus modelos mentales son manzanas que cuelgan de un árbol. Sacúdelo con fuerza hasta que solo queden aquellos que merezcan seguir ahí. Eso es retar, no es eliminar por eliminar.


Ayer platicaba con uno de mis clientes de coaching, quien es colaborador de una importante empresa de alta tecnología en Estados Unidos y está aprendiendo a jugar el juego político natural de toda gran organización.

Una de las barreras con la que estamos lidiando es la comunicación. Como casi todos nosotros, mi cliente viene de un entorno académico donde la jerarquía es extremadamente importante. Ya sabes, es ese mundo donde todos hablan entre ellos anteponiendo sus títulos universitarios antes del nombre. En esa realidad de grados y posgrados, las siglas que te anteceden se consideran símbolo de status y respeto automático.

El problema está cuando saltas la cerca y ahora te pones a jugar en el campo empresarial global, donde nadie va por la vida hablando de sus diplomas. En una reunión de cualquier empresa internacional, lo más normal del mundo es hablar con la gente usando su primer nombre. Así “John” es “John” aunque tenga dos posdoctorados en física nuclear y sea vicepresidente ejecutivo de la compañía que te paga.

Esto representa un salto cuántico emocional para muchos. Esto cambia totalmente el entendimiento de la narrativa para muchos. Esto importa bastante si te interesa subir de nivel. En nuestras hermosas pero limitadas coordenadas latinoamericanas, vivimos con una mentalidad de miedo a ofender a alguien por no usar sus títulos adecuadamente.

Te digo esto porque lo importante no es la cuestión de mencionar si alguien es licenciado o ingeniero o doctor en una conversación. Lo que tienes que entender es que si esto de “no ofender a alguien” es uno de tus temores constantes, seguramente padeces otros problemas peores de los que ni te has dado cuenta. ¿Un ejemplo? Tus opiniones no son fuertes ni claras en una reunión en donde lo tendrían que ser. Y esto es así porque no quieres ofender a nadie. El viejo y desactualizado modelo mental que cargas te dice que eso se llama “ser respetuoso” pero en realidad es miedo disfrazado. El choque cultural entre un latino y un anglosajón se aprecia en todo su esplendor en este tipo de situaciones, donde el “desparpajo” de los extranjeros al hablar con un científico de clase mundial o con uno de los miembros de la junta directiva de la organización que tiene más de cien mil empleados en todo el planeta nos resulta fascinante pero no lo imitamos.

Imita siempre ese desparpajo.

Ten opiniones concretas y directas.

No te verán como irrespetuoso en esos entornos.

Te verán como alguien que sabe jugar el juego que importa.


De niños, recibimos dinero y pensamos que la cantidad total ya es nuestra.

Llegamos a adultos y sufrimos entendiendo esa tontería de los impuestos donde resulta que jamás todo el dinero que recibimos es nuestro.

Pensamos que los libros se leen en orden, que hay que terminarlos y que solo debemos leer uno a la vez. Las personas como yo que leemos bastante cargamos emocionalmente cinco o siete al mismo tiempo, escaneamos mucho del contenido, nos detenemos en las mejores partes e ignoramos ciertos capítulos. También abandonamos varios, pues no tenemos la actitud masoquista de llegar a la página cuatrocientos de algo que no estamos disfrutando desde la página cincuenta.

Tener un título universitario.

Amar un equipo de fútbol.

Apoyar un partido político.

Practicar una religión.

Todas estas cosas son modelos mentales que no retamos al igual que el mapamundi porque han estado presentes en nuestras vidas desde siempre.

Y aquí viene la parte de la teoría de la conspiración que voy a dejar que salga para entretener a los demás alterados como yo.


Hay narraciones de que ciertos líderes europeos decidieron la división geopolítica de África en una cómoda mesa con whisky y brandy. Jamás habían pisado los lugares de los que hablaban pero dibujaron líneas y cerraron el trato y así se dio el surgimiento de países como Congo y otros. Estas naciones tienen fronteras estúpidas —por decir lo menos—, imposibles de mantener se atraviesan bosques, ríos y montañas en un caos que se pudo haber evitado si tan solo los que tomaron estas decisiones hubiesen estado ahí.

Te digo esto porque el formato del mapa de la proyección de Mercator fue elegido por hombres blancos, ricos y poderosos para que sus países no lucieran más pequeños que naciones más pobres. Era una cuestión de principios para esta gente de otra época, pero su decisión sigue moldeando nuestro modelo mental del mundo.

Sucede que en muchos otros modelos mentales del mundo ocurre lo mismo. Debes ser buena persona. Debes trabajar duro. Debes obtener tus créditos para tu casa y auto. Debes hacer esto y lo otro.

Estas rutas no son malas, pero no fueron diseñadas para impulsarte al máximo. Fueron hechas para sí, tal vez, beneficiar a muchos en la población, pero sobre todo, para cumplir una expectativa de quienes toman las decisiones.

No te digo esto para levantarnos en una tonta revolución que al final siempre es lo mismo porque todas son manipuladas.

Te digo esto para que actualices tus modelos mentales y comiences a actuar de una forma más inteligente y realista.

¿Otro ejemplo?

Una de las políticas más establecidas en cualquier empleo es que si vas a renunciar, tienes que avisar con anticipación a la empresa, pero si te despiden, ocurre en el momento. ¿Sabes la cantidad de conversaciones que en su momento tuve con amigos que ya querían irse de la compañía pero no lo hacían porque no querían ser desleales y estaban esperando pacientemente que los tres meses adicionales que les pidieron se cumplieran para por fin terminar con el proceso? Eso es un modelo mental instituido para favorecer a una parte privilegiada, no a ti.


La mejor forma de actualizar tus modelos mentales es leyendo mucho y escribiendo mucho. Te voy a decir por qué.

Cuando lees mucho sobre varios temas, en realidad comienzas a tener conversaciones exóticas con los autores de esas ideas. He estado en la mente de astronautas, investigadores, asesinos, grandes amantes, políglotas, agentes secretos, presidentes, trabajadoras sexuales, guardaespaldas, artistas y más gracias a lo que he leído. Esto no significa que me vaya a convertir en algo de ello —tal es el plan hasta la fecha— pero sí indica que doy cabida a muchas versiones del mundo que me convienen entender.

Luego viene escribir.

Escribir es poner atención a la realidad.

Escribir bien es poner una fina atención a la realidad.

Los escritores no hacemos otra cosa más que observar lo que la mayoría ignora y luego lo contamos con estilo.

Cuando escribes para explicar algo, lo que estás haciendo es acomodar tus pensamientos. Esto te da claridad.

Ser una persona con claridad de pensamiento es uno de los mejores poderes que puedes adquirir por ti mismo.

Un filósofo moderno llamado Naval dice que la lectura es realmente la diferencia entre la gente con buena educación y la que no. Ten una buena educación, siendo esto que seas alguien que piensa a detalle sobre muchos temas del mundo.


Sé alguien que reta esas ideas de comportamiento profesional que cargas y que te tienen estancado en la compañía en que trabajas.

Sé alguien que reta esas ideas de negocios que cargas y que te tienen estacando en el emprendimiento que inventaste.

Sé alguien que reta esas ideas de dinero que cargas y que te harán morir en un nivel promedio cuando podrías enfocarte en acumular riqueza y construir un gran patrimonio.

Esto de retar las cosas que nos han dicho que debemos ver como naturales es lo que mueve cada fibra de mi ser desde que descubrí mi llamado.

Le he puesto como nombre “hackear la vida”. Y a quienes voy conociendo que ejecutan modelos mentales geniales los llamo “PADS”, Personas de Alto Desempeño.

Te ayudo a instalar modelos mentales vanguardistas que te harán jugar un mejor juego, que te pondrán más y mejor pan en la mesa, que alterarán tu vida positivamente.

Caray, que te voy a decir fuerte y claro que estás equivocado al usar el mapa de Mercator para conquistar el mundo.

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Sin pena.

Cero dramas.

Ecuanimidad. Enfoque.

La gloria está en el largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.


P.D. 1: Dice el grandioso Richard Feynman: “No tienes que hacer en tu vida lo que otros piensan que debes lograr. No tengo responsabilidad de ser como esperan que sea. Es su error, no mi equivocación”. Piensa así. Actúa así.

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