ARRANQUES DE DIVA

Mejoremos los concursos universitarios de emprendimiento.

Yo sé más que ustedes sobre estas cosas.

Me invitaron a una competencia universitaria para ser miembro del jurado calificador de proyectos de innovación en una institución de gobierno con presencia nacional.

Esto fue hace tres o cuatro años. Fue una experiencia bastante interesante. Hice enojar a varias personas. Y fue la última invitación que recibí de esa institución.

Me explicaron el formato del concurso y demás. Tomé asiento. Leí los documentos que especificaban los criterios para la calificación. Claramente habían sido redactados por personas que no tenían experiencia en la arena de los negocios. Admito que es altamente probable que mi ego me haya hecho empujar esa versión desagradable que cargo estilo “yo sé más que ustedes sobre estas cosas”. Este tipo de actitud no ayuda mucho a que la gente te reciba de brazos abiertos. Esto no importa si no estás buscando favores. El gran problema es que mi comportamiento no ayudó a que maestros y alumnos de esa escuela se dieran la oportunidad de escuchar notas que les compartí y que les convenían bastante. Ciertamente ha sido un reto constante en mi vida esto de ser ecuánime y agradable. Son cosas en las que continuo trabajando.

Más allá de mis arranques de diva, la realidad es que hay mucha complacencia a nivel universitario en estas cuestiones de emprendimiento, innovación y demás. Mucho del problema que noto en sus concursos, reglas y exposiciones es que basan todo ello en una mirada idealista tomada de revistas de negocios del supermercado y lo que el supervisor probablemente ha encontrado en redes sociales y listo.

Es decir, entrenamos a nuestros jóvenes universitarios del sistema público a que crean que saben de innovación y emprendimiento porque han seguido los pasos de una convocatoria mal redactada, mal pensada y mal ejecutada que nadie con experiencia ni resultados comprobados en este campo podría tomar en serio.


Rezando diapositivas.

Respiro, pero no puedo evitar encabronarme al menos ligeramente cuando un área estratégica para el desarrollo del país se aborda infantilmente, por decirlo de forma políticamente correcta.

Para empezar, les piden que presenten sus ideas en equipos de tres a cinco integrantes. ¿Por qué? ¿Por qué tiene un joven interesante, visionario y entusiasta que presentar su idea con otras personas cuando es su desarrollo, él tiene la visión y definitivamente es el que mejor habla? Sí, entiendo el punto de la colaboración y el trabajo en equipo, pero eso es otra etapa. La gente cree que tener a todas las personas listas para presentar un proyecto es algo positivo cuando realmente es más un foco rojo. Los equipos se van construyendo conforme se consiguen los fondos y aparecen los retos. Tal vez este joven hipotético no es el que mejor habla, pero es quien absolutamente tiene que comunicar el concepto, los números, la estrategia y demás por el simple hecho de que él es el vértice del asunto. Esa tendencia de querer poner a todos los miembros del equipo a participar un poco en la exposición es de los aspectos más académicos y arcaicos del ecosistema universitario público. Te explico: luciría totalmente anti-profesional ir a una reunión formal con inversionistas o clientes pidiendo a todo tu equipo de trabajo que te acompañe para hacer una presentación y darle cinco minutos a cada participante para leer un par de diapositivas. Se reirían de ti, por decir lo menos.

Es el año dos mil veintiuno y todavía tenemos a los casi-profesionales, al futuro de la nación, rezando, digo, leyendo, diapositivas y recitando con el temple y presencia de un estudiante de sexto año de primaria. ¿Sabes? Lo que más me asombra es que los maestros lo permiten. “Es que así lo hacen todos”. “Es para que participen”. ¿En serio? Tal parece ser el tonto consenso.

Por favor, usa estos concursos, usa estos eventos para entrenar a la gente en lo que realmente va a ocurrir allá afuera, para entrenarlos en lo que les pueda dar una verdadera oportunidad en la batalla.


Curioso, ambicioso, obsesivo, agresivo.

Uno de los casos que recuerdo es el de un grupo de alumnos que proponían su marca de café. Verás, en la ciudad sede del concurso, las palabras emprendimiento e innovación están ligadas al pinche café. Hay poca imaginación. Café es lo que hay, café es en todo lo que piensan.

Pero bueno, el diseño, el empaque y la presentación fueron muy buenos. Y así se los dije.

El problema fue cuando comenzaron a hablar de que querían venderlo en la universidad. Buscaban ganar el concurso para tener fondos para construir una cafetería en el campus.

Dios de la santa vida.

¿Sabes? Mucha gente no entiende mi posición cuando critico de forma implacable este tipo de propuestas. Es mi culpa. No me suelo explicar bien al respecto.

Va despacio:

  • Pensar local es miedo disfrazado, racionalizado.

  • Pensar local es ejecutar de modo limitado.

  • Pensar local es voluntariamente decidir quedarte fuera del gran juego.

  • Pensar local está bien si tienes cincuenta años y ya estás cansado.

Pero estás en tus tempranos veintes, puedes aprender muchas cosas: deberías ser curioso, ambicioso, obsesivo, agresivo de forma predeterminada.

Y ninguno de estos adjetivos que te convienen a esa edad combinan bien con el hecho de pensar local.

Para personas curiosas, ambiciosas, obsesivas y agresivas como yo, cuando vemos que gente con gran potencial —como estos jóvenes de la nueva marca de café— comienzan a proponer ideas para atender al mercado que conocen de toda la vida, bueno, todo este lío lo recibimos como un golpe directo el corazón. Es una especie de insulto a la visión que ya estábamos desarrollando de ellos segundos antes.

Algo así les dije.

Y obviamente no les gustó.

Su asesor —un profesor con doctorado, un académico consagrado— no compartió mi posición de que su plan de negocios era terrible. Ya sabes que esto del ego nos impide a muchos beneficiarnos a largo plazo a cambio de sentirnos bien en este instante.

El profesor-investigador no iba a aceptar que un tipo como yo —dos décadas más joven— le dijera enfrente de sus alumnos que sus ideas eran anacrónicas. Esta persona tiene posgrados científicos. Sería ridículo de mi parte pretender que sé más que él al respecto en su campo, ¿por qué entonces insistía tanto en que él sabía más que yo de negocios cuando ciertamente las credenciales de ambos fácilmente demostraban que no era así?

Ya te lo dije: es el ego que nos sabotea.

Platiqué con ellos sobre el tema de la distribución. Esto es algo que poca gente entiende fuera del mundo de los negocios. No importa si tu producto es el que sabe mejor o es el que luce mejor o es el que resuelve el problema mejor. No importa.

El producto que va a ganar en el mercado siempre es el que consigue la mejor distribución. Punto.

La distribución lo es todo.

Pero a la gente le encanta la parte romántica de pensar que lo que es estéticamente, técnicamente o económicamente superior es lo que se impone en nuestras compras.

No es así.

Ellos querían conseguir que su café se vendiera por recomendación de boca en boca, con alguna campaña de Facebook, con un stand de exhibición en diferentes eventos. Todo esto es receta perfecta para la lentitud.

La lentitud te mata en los negocios.

Por eso te lo repito: la distribución lo es todo. Conseguir canales masivos, con experiencia, con los contactos para hacerte pedidos grandes, eso es lo que requieres.


Muchas mejores armas.

Nadie quiso escucharme. Querían evaluar la innovación (suspiro) y el emprendimiento (doble suspiro) con el marco de referencia dictado desde escritorios centrales de la institución.

¿Te has dado cuenta que cuando estás en una organización y dices que algo viene de oficinas generales es como decir que algo ha sido sabiamente aprobado? Este, no, no es así. El burócrata que diseñó todo esto en esa oficina jamás en su vida ha fundado un negocio exitoso. Te apuesto todo mi criptocapital. Y está bien. No es su función. Pero que no insista en instalar su visión. Que mejor nos llame a los que tenemos muchas heridas en las trincheras de esta guerra.

Maestros de todos los niveles: que tus niños vean TED Talks a diario como parte de su formación. Pocas cosas van a tener tanto impacto en ellos como las ideas a las que se van a exponer ahí. Y luego los pones a que presenten de forma breve, sexy y con seguridad justo como los que están en esos escenarios: unos minutos, pocas o nulas diapositivas, una historia, una visión. Lo van a tener que repetir muchas veces durante el año o semestre escolar hasta que se convierta en segunda naturaleza. Que el resto de los compañeros califiquen, que den retroalimentación asertiva.

Esfuérzate con esta sencilla actividad. Les darás muchas mejores armas que inscribirlos a concursos académicos que los harán sentir bien pero que no los preparan realmente para lo que hay allá afuera.

Lean libros profundos de negocios, escritos por CEOs. Discútanlos en clase.

Solicita a tus alumnos que contacten a personas de negocios de alto nivel para que vengan a platicar a su universidad. No al dueño de la tienda de abarrotes de la esquina. No al joven egresado que dice que está construyendo una app pero lleva dos años sólo hablando del asunto. No. Tú quieres al dueño de la cadena de supermercados más grande de la región. Quieres al que tiene un par de patentes a su nombre y una empresa vendiendo esa tecnología. Los encuentran en LinkedIn, por si no sabes dónde buscar. No inviten solamente a personas que conozcan ni nada más a sus egresados. Que los alumnos hagan el contacto, la logística, todo bajo el nombre de la universidad. Que consigan el permiso para usar algún auditorio. Y haz que cada uno de tus alumnos lleve diez amigos a la conferencia y también una pregunta preparada. De esa forma llenas el lugar, haces interactivo el evento y las fotos y videos lucen mejor para todos. Con esto estás optimizando tu organización de la siguiente plática porque un éxito siempre facilita otro éxito. Le dan un diploma de participación al empresario y todos se benefician. Es muy raro que las personas de negocios rechacemos eventos de instituciones establecidas en la comunidad. Sabemos nuestra responsabilidad. No nos tienen que pagar, pero al menos hagan el esfuerzo de un espacio profesional con muchos participantes entusiastas (y otros obligados).


Menos concursos engañosos.

Todo esto va con amor.

Los empresarios no somos la solución a todos los problemas de la humanidad ni del país.

Los empresarios somos usualmente gente con grandes sesgos hacia la envidia, la ambición, el riesgo, la competencia y así. Esto no nos convierte en la gente más agradable del planeta, pero conseguimos resultados. Y sabemos optimizar las cosas.

Si eres maestro, si eres alumno, conecta con esta estirpe de personas de negocios, aunque creas que no tiene nada que ver con tu mundo, con lo que estás estudiando.

Necesitamos menos concursos engañosos y menos mentores cerrados (como el profesor-investigador que no recibió mi retroalimentación sobre el plan de negocios que el equipo de jóvenes a su cargo había desarrollado). Necesitamos mejores presentadores, mejores story-tellers, mejores organizadores de eventos.

Créetela y haz que se la crean.

Haz tu parte.

Acá estamos haciendo la nuestra.

—A.


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¿Qué opinas?

  • ¿Cómo son los concursos o eventos en tu universidad?

  • ¿Cuáles son tus mejores armas para los negocios?

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