ERES POBRE SI RECHAZAS LA INCOMODIDAD

Mentalidad, ejercicio y riqueza transgeneracional.

Nuevas amigas

Caigo rendido al piso.

No puedo terminar los tres ejercicios que me faltaban para la rutina de inicio de la semana.

Se siente horrible. El mundo se mueve. Los músculos arden. Qué demonios estoy haciendo, voy a morir, pienso mientras intento respirar con orden.

En mi alma, tengo fuertemente enlazados el concepto de pobreza con el de comodidad así como el de riqueza con ejercicio.

Mi esposa me dice todo el tiempo que debo dejar de usar la palabra “pobreza” de forma tan seguida. Lo he considerado fuertemente. Creo —sin embargo— que es importante insistir en llamar a las cosas por su nombre: eres pobre si rechazas la incomodidad.

La incomodidad emocional.

La incomodidad intelectual.

La incomodidad física.

Hazlas tus amigas.


Ciento diez kilos de bajo desempeño

Pienso de forma constante en todo el ejercicio que no hice durante mis primeras tres décadas de vida. Quisiera presumirte que siempre he sido un tipo activo, disciplinado y favorecedor del largo plazo, pero la realidad es que llegué a pesar ciento diez kilos en algún momento de mi vida, fumaba y me emborrachaba religiosamente cada semana.

Lo de mi peso y demás, era algo por lo que no me preocupaba porque nadie me decía nada. Ninguno de mis amigos me criticaba al respecto. Nadie en mi familia me presionaba para cuidar mi salud. Yo pensaba que me veía guapo en la ropa de marca que compraba para compensar la inseguridad con mi físico.

La parte de fumar y beber alcohol era lo que se esperaba de mí, pues todos mis amigos lo hacían cada sábado. Era el momento para “relajarnos” después de la semana laboral.

Hablábamos siempre de lo mismo.

Perdía siempre el domingo porque mi resaca me impedía funcionar para cualquier otra actividad.

Tal vez hacer ejercicio no tiene absolutamente nada que ver con el nivel socioeconómico en que estás. Tal vez estoy en lo incorrecto y puedes ser alguien muy dedicado a tu cuerpo y encontrarte en la pobreza o alguien con sobrepeso y vicios construyendo riqueza transgeneracional.

No lo sé.

En mi caso, no extraño ni a aquellos amigos, ni aquellas reuniones, ni aquella sensación de vacío compensada con estupidizarme para encajar en el espíritu de mi grupo.

Y dado que mi peor época en muchos sentidos está conectada a ese instante de flojera intelectual, emocional y física, hoy empujo a que mi versión de alto desempeño lo sea en todas esas áreas.


No hay empatía para tu drama

Inscríbete a un gimnasio genial que te ayude a matar varios pájaros de un tiro: te acostumbras a dominar las mañanas, conduces una distancia que te permita escuchar un podcast, te ejercitas y haces nuevas relaciones con personas en el nivel socioeconómico que te interesa conquistar. No abordes jamás ningún lugar con una visión unidimensional: ve siempre cómo puedes maximizar tus resultados en varios aspectos.

Contrata a un entrenador personal. No es tan caro como podrías pensarlo. Y alguien que te ahorre lesiones y acelere tus resultados, bueno, piensa que se paga a sí mismo con todas las consultas y medicinas que te vas a ahorrar más adelante.

Sé necio. Siempre es bajo desempeño decir “no tengo tiempo”. Claro que tienes tiempo. Aquí no vas a encontrar empatía con tu drama de que no puedes robar una hora de las veinticuatro disponibles en el día para activarte como todo un pro. Los amigos que te crean eso de que no tienes tiempo para hacer ejercicio no son tus amigos: no quieren sentirse delatados y por eso empatizan con tu queja.

Compra aparatos y demás parafernalia deportiva. Descarga apps premium de salud. Somos aquello con lo que decidimos rodearnos. Si hay botellas de alcohol y cerveza en tu casa, ¿por qué no podrías tener pesas y así? Si vas a responder que entonces no tiene caso inscribirte al gimnasio porque ya vas a tener las cosas en tu hogar, entonces te voy a decir que para qué tienes esas cervezas y botellas de alcohol si ya las venden en el bar al que de todas formas vas a ir con tus amigos.


Victorias así

Ni la familia ni los amigos son centros de sabiduría. En mi entorno de hace muchos años, hacer ejercicio era visto como algo exótico, algo para aquellos que tenían tiempo, no para uno que está muy ocupado. Ser pobre es pensar que no tienes tiempo. Ser pobre es envidiar a los que hacen el esfuerzo del que nosotros decidimos escondernos. Ser pobre es no copiar descaradamente lo que las personas que admiramos ejecutan.

Si tus amigos y tus familiares no hacen ejercicio, si en tu entorno esto tampoco luce como algo natural, ámalos, pero no sigas ejecutando igual que ellos.

Tu salud física, tu salud emocional y tu salud intelectual dependen totalmente de ti. Pon las horas. Pon el trabajo. Pon las decisiones. Pon todo lo que tienes que poner para avanzar todo el tiempo en estas arenas.

Arenas que si conquistas, te regalarán resultados cada vez más geniales en tu vida personal y en tu vida profesional.

Porque esa necedad de hacer ejercicio cuando nadie nos lo está exigiendo se llama alto desempeño. Y eso lo llevamos a otras áreas cuando logramos convertirlo en parte natural de nuestro comportamiento.

Ojalá alguien me hubiese explicado esto hace veinte, treinta años. Ya no importa. Desde hace casi una década hago ejercicio y me siento mejor que nunca. He bajado de peso, no fumo, no bebo alcohol y no pierdo días por resacas.

Me quiebro en el entrenamiento ocasionalmente.

Me derrotan los kilómetros al correr de vez en cuando.

Pero cuando no, uf, la victoria se siente genial.

Ten victorias así.

—A.


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¿Qué opinas?

  • ¿Rechazas la incomodidad?

  • ¿Relacionas el ejercicio físico con el alto desempeño?

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