GUÍA PARA UN SHOCK ROBÓTICO

Ideas para el inminente desempleo masivo.

Destrucción.

Respirar fue de las primeras cosas que tuve que dominar para poder correr cinco, diez y veintiún kilómetros sin morir en el intento.

Respirar es de esas cosas que suenan fáciles y obvias hasta que te das cuenta que simplemente estás ciclado al respecto, que no sabes mucho de ello y que piensas que lo dominas hasta que una exigencia nueva de la vida te hace ver que no es así.

Ocurre lo mismo con los empleos.

Sí. Durante mucho tiempo la tecnología convirtió en obsoletos muchos trabajos pero creó otros para compensar. Este flujo de innovación y balance del mercado laboral se mantuvo durante un gran instante de nuestra historia moderna. Hoy ya no es sostenible.

De forma dramática y para ser extremadamente claro: las nuevas tecnologías destruirán viejas ocupaciones y como sociedad no tendremos ya la capacidad de generar la cantidad de empleos necesarios para tener a la población ocupada y remunerada en el mismo estilo de siempre.


Maquillaje económico-político-social.

Ya lo estamos viendo. El tema de la automatización en fábricas y ciudades tiene doble agenda. Piensa que por un lado al agregar sensores, inteligencia artificial y tableros virtuales para monitorear procesos quitamos el abrumador peso psicológico de estar inmiscuido gran parte del día en tareas monótonas que crucifican el espíritu de las personas. Qué genial ya no tener que pasar tu jornada de ocho horas ejecutando el mismo movimiento corporal para instalar lo que te corresponde en la línea de ensamble. Hay un robot que lo podrá hacer mejor por ti. Sin embargo, actividades que antes requerían decenas de obreros, operadores y supervisores apretando botones, tomando notas y revisando niveles de repente están siendo sustituidas a un ritmo vertiginoso por sistemas con mejores niveles de eficiencia que sólo necesitan un par de empleados.

¿Sabes por qué muchas grandes cadenas comerciales todavía contratan personas para cobrar en las cajas registradoras? Porque no quieren echarse nuevos enemigos al cuello. Imagina que llegan a instalarse con sus bodegas tamaño monstruo en ciudades de las que se van a beneficiar y no se venden a sí mismas como fuentes de trabajo. Tienen que mantener las apariencias, pero esto no significa que no tengan acceso o un plan para poder sustituir a toda una plantilla laboral que no es totalmente eficiente, exigue seguros de salud y puede dar problemas sindicales si se lo propone.

¿Sabes por qué en las carreteras encontramos todavía gente con turnos laborales cobrando peaje en las casetas? Porque el gobierno no quiere anunciar obras que no generan empleos —aunque una app o una máquina puede cobrarte con precisión de la misma forma en que pagamos el estacionamiento en los centros comerciales. Esto no luce bien en los informes para la población. No puedes presumir “instalamos cinco mil máquinas para cobrar mejor y ahorramos tal cantidad en salarios”.

En resumen: muchos empleos vigentes lo siguen siendo más por maquillaje económico-político-social que por una verdadera necesidad organizacional. Ya existe la tecnología para reemplazar a los trabajadores en esas áreas automatizables pero esto no ocurre debido a muchos temas heredados de comportamiento empresarial y gubernamental.

Sin embargo, ocurrirá.

Nadie nació para pasar treinta años cobrando peaje y sentir seguridad de por vida gracias a esta actividad. Glorificamos estas fuentes de ingreso porque tampoco hacemos nuestra tarea para movernos en cierto sentido de desarrollo personal y profesional que nos abra más puertas de oportunidades. Esto suena durísimo y probablemente pienses que no tengo empatía por aquella población que vive en la pobreza y que al conseguir un trabajo así solucionan muchas cosas. Vengo de ahí. Y tener a un hombre sano, fuerte, en sus veintes o treintas, sentado ocho horas al día en una caseta recibiendo billetes y monedas, dando cambio y teniendo el mismo diálogo con cientos de conductores a diario no es algo que crea que debamos ni proteger ni promover.

Plomero. Electricista. Albañil. Policía. Soldado. Paramédico. Cocinero. Vendedor. Carpintero. Todas estas ocupaciones van a seguir existiendo durante mucho tiempo. Son mucho menos automatizables y agregan bastante valor desmedido a todos: al que lo ejecuta, al que lo contrata y al mercado que así tiene dinamismo entre oferta y demanda.

Pero para empleos estilo cajero de supermercado, cobrador de peaje y obrero que anota lecturas manualmente en una bitácora, alerta, viene una cruel aplanadora, con avance firme y decidido.


Morir salvajemente.

Tranquila. Tranquilo. Intento simplemente mostrarte las cosas de la manera más abierta posible para que en veinte años no digas que nadie te advirtió de todo esto.

La población sigue creciendo. Esto lo sabemos todos. La tecnología avanza. Esto lo sabemos todos. Los modelos de negocio se hacen cada vez más inteligentes. Esto lo sabemos todos. Mezcla todo eso: una población en aumento que requiere más productos y servicios, nuevas empresas que quieren maximizar sus ganancias y capturar la mayor parte del mercado lo más rápido posible y que para escalar, lo mejor que pueden hacer es utilizar tecnología de punta que vuelve irrelevantes a muchos puestos de trabajo que antes lucían obvios. Multiplica esto y no hay ritmo de creación de empleos que pueda mantenerse.

No tengas duda: vamos a tener a muchísima gente desempleada, en niveles que jamás hemos experimentado en ninguna sociedad.

Afortunadamente, hay gente que lleva bastante tiempo pensando en todo esto y cómo abordarlo.

Aquí es donde tenemos que eliminar de nuestro radar el amor predeterminado que tenemos a ciertas nociones. ¿Cuáles son estas nociones? Que la gente debe trabajar, para empezar. Que un empleo es parte de tu identidad. Que debes estudiar una profesión para dedicarte a ella el resto de tu vida.

La gente no deberá trabajar. Escogerá trabajar.

Un empleo será tan parte de tu identidad como la serie más nueva en Netflix: sólo de forma temporal hasta que pases a la siguiente.

Estudiar una profesión para dedicarte a ella el resto de tu vida será anacrónico en un modelo de vida que te pedirá reinventarte cada seis meses.

¿Qué vamos a hacer con todas estas personas que no tendrán posibilidades reales de encontrar empleos en un planeta lleno de empresas que ya no podrán generarlos sin perder al mismo tiempo competitividad y morir salvajemente ante aquellas superautomatizadas y ultraeficientes?

No podemos ni debemos ignorarlos.

Este no es un escenario teórico.

Es un escenario perfectamente anunciado.

Vamos a hablar entonces de UBI: Universal Basic Income.

Algo así como Ingreso Básico Universal.


Universal Basic Income

UBI es una propuesta que ha sido ejecutada como experimento en varios países a lo largo de la última década. La idea es que el gobierno entrega a la población un cheque mensual sin compromisos, sin etiquetas, sin demandas. Cómo va la población a usar este cheque, qué sectores van a beneficiarse y qué tan sostenible puede ser, bueno, todo esto es un debate actual y vigoroso entre economistas, políticos, empresarios y otros expertos.

Muchos vomitan esta noción de UBI porque es básicamente convertir al Estado en una especie de entidad mágica generadora de dinero gratis para todos. Si esto no suena como una receta perfecta para un espectacular fracaso, entonces no estás abriendo tu mente al espectro completo del asunto.

Los gobiernos no suelen ser los mejores administradores de los recursos. Lo hemos visto una y otra vez. Sin embargo, no se nos ha ocurrido un mejor tipo de organización para esto. Las empresas aunque suelen ser mejores en temas financieros, no son las agrupaciones más socialmente conscientes. Los países existen y permanecen durante siglos o milenios, mientras que las compañías generalmente sólo sobreviven algunos años o décadas. Visto así, necesitamos que los gobiernos redistribuyan la riqueza.

Ah sí, porque habrá riqueza.

La famosa frase de Gibson sobre que el futuro ya está aquí, sólo que no está igualmente distribuido en todos lados, aplica perfectamente a la riqueza. Riqueza hay bastante, pero no está distribuida de forma que pueda ayudarnos a todos.

Entran problemas de alergia al socialismo y a su rama más extrema —el comunismo— que inyectaron esta filosofía que no ha tenido mucho éxito. Y de ahí nos metemos al tema extremo también del capitalismo rapaz que ha jodido al mundo de maneras tan creativas que si no fuera mortal el asunto, sería digno de admirar.

Si continuamos por inercia venerando a Adam Smith y a Karl Marx terminaremos extremadamente mal. Tenemos nuevos filósofos con ideas geniales. El problema es que parece que a la gente con propuestas fantásticas queremos verlos muertos con cien años de distancia para darles su peso en lugar de asombrarnos con su trabajo en vida y comenzar a implementarlo. Estos filósofos, estos intelectuales, estos pensadores, muchos están en la academia, sí, y hay que tomar lo que hacen, pero muchísimos más están en el mundo de la tecnología y los negocios, simplemente que no se presentan como tales. Los vemos como inventores de esto y fundadores de aquello. Pero están dándonos marcos muy buenos sobre los cuales podríamos construir mejores escenarios a los que tenemos en este instante de forma predeterminada.

Satoshi, por ejemplo, es un filósofo moderno.

Su propuesta de blockchain y Bitcoin es probablemente una de las piedras más angulares de la humanidad. Es una respuesta que combina de manera magistral lo social, matemático, tecnológico y económico. Son muy pocos los que lo están celebrando, y son muchos menos los que se están preocupando por entender esto.


La vieja guardia.

La vieja guardia no quiere saber de todo esto. Es entendible. Cuando has construido tu influencia en procesos, pensamiento y personas que operan de una manera, estas “tonterías” de que el mundo va a ser diferente y que la mayoría de los empleos irrelevantes van a desaparecer y que los modelos político-sociales que han mantenido en orden a la población ya no serán sostenibles, simplemente suena en sus oídos como otro cántico que les recuerda a los hippies de los sesentas.

La vieja guardia cree que lo ha visto todo hasta que un mal tweet los derrumba de su poder.

La vieja guardia cree que sigue entendiendo el juego hasta que se dan cuenta de su fragilidad con un ataque de ransomware.

La vieja guardia cree que puede controlar las cosas hasta que un artículo en un blog revela secretos obtenidos con ingeniería social.

La vieja guardia no es un asunto de edad. Es un estado mental. Conozco jóvenes que hablan, piensan y ejecutan como si vivieran en mil novecientos setenta. Esto me entristece como pocas cosas.

El futuro inmediato no es algo ridículo estilo tú y yo hablando en el café con nuestro nuevo amigo, un robot bípedo, ni tomando vacaciones en Jupiter. Ve los últimos veinte años: ¿qué tanto te importaba tener presencia en internet en el dos mil? ¿qué tanto necesitabas poder estar en contacto literal en tiempo real con todo el mundo de manera gratuita en la palma de tu mano para enviar texto, audio, fotos y video sin mayor problema? Hoy lo ves natural, pero era un escenario que no considerabas absolutamente para nada tan sólo dos décadas atrás.

Avienta la mente y entiende que esto es imparable.

El transhumanismo es una filosofía que dice que tenemos que combatir la muerte, a la que ve como una enfermedad, el peor de los males. Predice que vamos ser híbridos, que vamos a cargar nuestra consciencia a máquinas para podernos así expandir en la galaxia basados en metal y no en carbono.

Si esto te suena fantasioso y demás, imagina cómo debió haber sonado la idea del catolicismo hace dos mil años cuando hoy es natural aceptar que alguien se embarazó pero al mismo tiempo siguió siendo virgen y mantuvo ese status incluso dando a luz, en este caso al salvador del mundo. Es una historia en la que nos insertamos sin mucha discusión en nuestras coordenadas latinoamericanas porque es lo que casi todos aceptan.

Las cosas que la humanidad va a aceptar como normales en dos mil años están empezando a gestarse hoy. Y lucen bastante ridículas.


Apuesta.

Prepárate para todo esto abriendo tu mente y aprendiendo a reinventarte.

Apuesta por los países que estén haciendo experimentos en UBI de una forma u otra.

Abandona la mentalidad del amor a la productividad. Eso es para robots.

No seas extremista en contra o a favor del capitalismo o socialismo. Necesitamos elementos de ambas corrientes y puntos nuevos para que las cosas tengan una oportunidad de funcionar.

No aplaudas discursos reciclados estilo “vamos a hacer esto para generar/asegurar tantos empleos para la sociedad” cuando sabes que no son trabajos de calidad y sí de los que crucifican el alma.

Ten empatía con gente en la pobreza pero que eso se traduzca en explicar claramente las cosas, no en sentir lástima. Que se traduzca también en empujarlos hacia habilidades, mentalidad y ejecución que les den verdaderas oportunidades, no paliativos que lucen bien en el periódico y nada más.

Mi apuesta es que habrá mucho caos inicial con esto del UBI, pero creo que con esos cheques automáticos, la mayoría de las personas nos iremos al punto de crear, de agregar belleza al mundo, dado que no estaremos con el estrés incesante de tener que laborar muchas horas al día para poder sobrevivir.


Biología saboteadora.

En México ya se están haciendo experimentos con UBI. No con este nombre ni para todos. Pero es un iniciativa de gran escala. Y muchos que me están leyendo en este momento —y sobre todo en esta línea— intentan determinar mi inclinación política.

¿Es de derecha?

¿Es de izquierda?

¿Apoya al presidente?

¿Votó a favor de tal partido?

Ese es tu lado biológico ancestral pidiéndote a gritos determinar si la persona frente a ti —o el autor de estas líneas— es parte de tu tribu o no. Ese es tu lado biológico ancestral fanatizándote y haciendo ciego para que no puedas ver las ventajas de darle valor a otras ideas, otros puntos de vista, otras visiones.

Admite algo: casi todas las personas, cuando un político les cae mal, les cae mal de forma integral. Es muy raro que digan “me cae mal pero tal propuesta que está haciendo es bastante buena” o “me cae mal, pero esas obras que autorizó fueron muy estratégicas”.

Ese lado biológico ancestral te dice que la lealtad a las ideas, a la visión de tu tribu es lo más importante porque garantiza tu supervivencia y que todo aquel que no abrace lo que tu tribu cree, automáticamente hay que atacarlo y está mal en su razonamiento.

No abraces el fanatismo.

No me etiquetes. No soy fan de ningún político o partido. Intento ver lo que hacen de modo objetivo y no apasionado. Ecuanimidad antes que rechazo infantil.

Nací hace poco más de cuarenta años. Deng Xiaoping estaba al frente de una China pobre, débil, incoherente, irrelevante. Hoy Guangdong es una provincia con riqueza superior a lo que un noventa por ciento de países acumula. Y eso es una sola provincia de China. Para mí no es una estadística nada más. Lo viví hace un par de años. La bonanza es increíble y la calidad de vida es envidiable, por decir lo menos.

Mucha gente, cuando les platico esto, enseguida me avientan temas de derechos humanos, represión, el estado autoritario y demás. Y yo lo acepto, claro. No soy ajeno a conocer toda esa negatividad. Pero me lo dicen con un smartphone diseñado en Estados Unidos para ver, escuchar, registrar y entender casi todo lo que hacen, en un país como México que durante siglos ha fastidiado sistemáticamente a sus indígenas, en una región como Latinoamérica, famosa por sus salvadores políticos que emergen como burbujas en agua hirviendo para instalarse durante décadas en el poder. ¿Has pensado que casi todo lo que sabemos sobre Asia llega a nosotros con la lente de las agencias occidentales de noticias que, por definición, siempre van a ver lo extranjero con ojos menos favorables?

A lo que voy es que la exitosa transformación de China en tan sólo cuatro décadas inició como un experimento en una región especial. Su líder no llamó jamás a esto “abrirnos al capitalismo”. Sabía que habría un rechazo general a la idea. Tienes que saber vender los saltos al futuro. Bautizó el asunto de cualquier otra forma y avanzó en su tarea de modernizar al país, tomando aquello que estaba funcionando en Hong-Kong, Singapur, Japón y Corea del Sur.

Así hoy. Los países que tendrán éxito en esta transformación hacia un mundo con muchísima gente desempleada serán los que hoy estén haciendo experimentos que bautizarán y venderán de diferentes formas, excepto como socialismo o UBI.

Que esa biología que te exige inclinarte emocionalmente hacia un lado no te sabotee.

Afina la visión.

Ajusta tu análisis.

Ecuanimidad.

Insértate ganadoramente en el largo plazo.

—A.


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¿Qué opinas?

  • ¿Cómo te estás preparando para lo que se viene?

  • ¿Ya habías oído acerca del UBI?

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