MÉXICO ENVÍA TRIPULACIÓN A MARTE

Conversaciones nacionales difíciles para generar oportunidades.

  • El año pasado, México consiguió enviar una sonda a la luna que trajo muestras de rocas y demás.

  • Este año, México se convirtió en el segundo país en poner un vehículo en la superficie de Marte.

  • También este año, México firmó con Rusia un acuerdo para establecer una base de investigación conjunta en la luna.

  • Después del 2024, la única estación espacial operativa será la de México.

  • México acaba de anunciar que enviará una misión tripulada a Marte en el 2033.

  • México tiene una estrategia de largo plazo con fecha de vencimiento en 2045.

Perdón, quise decir China, no México. Acá todavía no nos la creemos. Seguimos añorando el pasado, glorificando personalidades, ejecución y mentalidad de la vieja guardia, amplificando nuestra adicción a la victimización donde otros países, otras políticas, otras ideas, otras personas tienen siempre la culpa de todo, nosotros somos unos pobrecitos inocentes perjudicados en lugar de ponernos a construir y hacer lo que tenemos que hacer.

China sacó a su población de la pobreza y se convirtió en una verdadera potencia política, intelectual, científica, empresarial y militar en tres décadas. Puedes criticarlos todo lo que quieras. Y justamente por esa actitud no vamos ni a Marte ni a la Luna, porque en lugar de ponernos a copiar descaradamente las cosas positivas que podríamos empujar en nuestras coordenadas, nos esforzamos en criticar fácilmente las cosas que obviamente tienen de criticables, pero eso no nos lleva a ningún lado.

Necesitamos más científicos de clase mundial, no de los que ingresan al Sistema Nacional de Investigadores sin leer ni un libro por placer fuera de su campo. Necesitamos más ingenieros seguros de sí mismos que no se hagan pequeños ante extranjeros. Necesitamos más empresarios que quieran construir más que restaurantes, hoteles y vender solamente café, cerveza y mezcal. Necesitamos más inversionistas que trabajen por décadas y no por días. Más gente con visión y ejecución de largo plazo. Más lectores que no temas profundizar para convertirse en filósofos. Más gente que viaje y entienda mejor el mundo. Más personas que no estén casadas con lo perfecto, genial, único, increíble y mágico que pensamos que es México. ¿Qué es más patriótico? ¿Estar diciéndonos todas esas frases bonitas de lo maravillosos que somos o hacer una introspección fuerte de lo nefasta que ha sido nuestra conducta nacional desde siempre y que no nos ha permitido llegar a buenos puertos?

No digas tonterías como que México es lo máximo.

No lo somos.

México tiene un territorio muy grande. Y recursos primarios. Y listo.

Eso nos da escala. La escala te regala automáticamente importancia económica en el juego global.

Pero ya. Eso es todo. La ventaja del tamaño de mi país me recuerda a la ventaja que mi altura me dio por muchos años para pertenecer a equipos de básquetbol. La realidad es que no tenía más que aportar al juego: no era un buen atleta, no tenía buenas habilidades con la pelota y no era un líder en la cancha. Fue suerte.

Decir cosas bellas de nuestro país para ponernos la camiseta, para pertenecer a la tribu, para sentirnos bien, todo eso nos va a mantener en el mismo lugar en el que estamos: un espacio geográfico sin orden, sin planes, sin empuje, sin dirección, sin estrategia, sin buena ejecución constante.

Necesitamos programas que empujen a nuestros jóvenes a programar, hablar inglés y documentar todo en internet de forma pública para crear portafolios que los coloquen en posición de ventaja natural para insertarse primero en grandes corporaciones y luego para utilizar los recursos que generen con su desarrollo profesional en libros, cursos, eventos, viajes, relaciones y emprendimiento.

Eso es lo que requerimos urgentemente, no jóvenes llorando tontamente por su equipo de fútbol ni participando en marchas ofendidos porque un político dijo esto o aquello o debatiendo sin cesar el tema de moda en las redes sociales.

México no es el mejor país del mundo.

Está retrasado. No sabe cómo comportarse. Es inmaduro. Es inseguro y apático.

Primero tenemos que decirnos todo esto para poder cambiarlo.

Si no lo hacemos, todo lo que pensemos en construir no tendrá una base firme, estará fundamentado en mentiras acerca de la grandiosa nación que nos juramos que hemos sido...

China tuvo esta conversación difícil consigo misma a finales de los setentas. Y después de diagnosticarse como lo que eran —un país feo, con miedo, sin recursos, inseguro y violento sin sentido— decidieron apostar inteligentemente en enviar a su gente a las mejores universidades de Estados Unidos y Europa, copiar descaradamente ideas sociales de Singapur, Corea del Sur y Japón y establecer objetivos ambiciosos y ridículos de largo plazo que ejecutaron con precisión milimétrica.

Para cambiar mi realidad, tuve que dejar de decirme que lucía galán en mi costosa camisa de marca que ocultaba mi voluminoso abdomen. Tuve que dejar de reunirme con la gente que me regalaba seguridad psicológica porque estaban igual de frustrados que yo y nos intoxicábamos juntos con cigarros y alcohol para no pensar en todo lo que no podíamos ser, sentir ni conseguir. Tuve que decirme y admitir duramente muchas cosas que —de no haberlo hecho— jamás me habrían permitido liberarme de ese nivel nefasto de mentalidad y ejecución altamente limitadas.

México necesita hacer lo mismo.

Y dejar de estar adorando de forma predeterminada tradiciones y personalidades históricas como un espacio de seguridad psicológica en lugar de entender que hay un mundo que lo está dejando bastante atrás.

Tenemos muchas cosas en contra. Nuestra composición social. Nuestra historia. Nuestra genética poblacional predispuesta a la obesidad y diabetes.

Solucionar los fuertes problemas sociales de la base de nuestra pirámide nacional es crítico y vital. Esto no está peleado con poner a quienes tienen visión, ambición, habilidades, recursos y relaciones en una ruta directa para movernos con velocidad hacia un futuro pro-tecnológico y pro-económico que nos convenga.

Me quiero. Y te quiero, querida lectora, lector. Y te quiero, México. Pero necesitamos tener conversaciones difíciles que nos den oportunidades genuinas de subir a mejores niveles.

—A.


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  • ¿Qué estás ejecutando por tu país actualmente?

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