SUPONGAMOS QUE ADMIRAS A JANE

Estándares de calidad para resultados geniales en nuestros hijos.

Increíblemente altos.

Jane es el tipo de mujer en el que te gustaría que tu hija se convirtiera algún día. Segura de sí misma, intelectualmente estimulante, físicamente apta para escalar tres veces el Everest, enfocada en sus metas de largo plazo y emocionalmente estable y feliz. Una super mujer formada con quince años de exposición a la belleza del mundo y a una armonía familiar impecable.

Bien. Así exactamente quieres que Katya —tu hija— sea en el futuro.

Piensa en una receta de la abuela. Piensa que te dice que tienes que amasar durante cuarenta y cinco minutos lentamente, que tienes que comprar tales granos en el mercado y remojarlos en agua hirviendo y que aparte tienes que hacer esto y aquello para que al final tengas la certeza de que la comida va a saber exactamente como quieres que sepa.

Ahora imagina que no usas el agua hirviendo. Que lejos de amasar cuarenta y cinco minutos lo haces durante quince pero con más intensidad. Y que los granos no los compras en el mercado sino que los ordenas empaquetados desde la nueva app del supermercado más moderno. ¿Resultado? Yo te garantizo que lo que sea que vayas a preparar, no sabrá como lo que tu abuela hacía.

Los estándares de calidad de cualquier resultado fantástico son siempre extremadamente elevados. Sea algo como la vida de Jane o la comida de la abuela.

Va de nuevo, razona bien: que algo sea extraordinariamente genial simplemente significa que los estándares de calidad utilizados en su génesis fueron increíblemente altos.

Y en “educación” ocurre que confundimos estándares de calidad con métricas de producción.


Ninguno de ellos diría algo así.

¿Por qué si quieres que tu nena sea como Jane, pones a personas anti-Jane a cargo de su educación? La forma más directa y clara para lograr el resultado de Jane es hablando con Jane y preguntándole

  • Jane, ¿en qué cosas puedo enfocar en este instante la educación de mi hija?

  • ¿Qué habilidades y áreas son vitales para que ella llegue a tener el éxito que tú ya tienes?

  • ¿Qué cosas impulsarías más en ti si tuvieras de nuevo la edad que Katya tiene para acelerar tu proceso?

  • ¿Qué cosas descartarías totalmente?

  • ¿Qué elementos son ruido en lo que estoy haciendo ahora con mi hija? (Lista todo lo que haces con Katya).

Verás. Queremos que nuestros hijos sean fantásticos como Steve Jobs, como Elon Musk, pero en el instante en que nos dicen que están confundidos porque no saben qué carrera universitaria elegir o en el instante en que los vemos “distraídos” de sus estudios, nos espantamos y hablamos con ellos y/o los regañamos.

Es decir: por un lado queremos que sean geniales pero por otro los golpeamos emocionalmente cuando comienzan a desengancharse del camino estándar.

Es una contradicción. Y una muy tonta. No puedes obtener una Marie Curie, un Mahatma Gandhi, un Albert Einstein o un Jesús de Nazaret si insistes en que tu nena haga exactamente lo mismo que todos aquellos que nunca han sido Marie, Mahatma, Albert o Jesús. La mejor forma de obtener una Marie, un Mahatma, un Albert o un Jesús es siguiendo los pasos y consejos que directa/indirectamente nos han dejado. Y te juro y firmo que ninguno de ellos te diría:

  • Mi vida fue lo que fue porque hice todas las tareas.

  • Siempre fui disciplinado en la escuela.

  • Mis maestros me felicitaron todo el tiempo.

  • Logré lo que logré porque jamás falté a ninguna clase.

Ninguno de ellos diría algo así.

Y no lo dirían porque esas son justamente las cosas que menos importan. No es que sean malas cosas. Pero no son en las que nos debemos enfocar para generar gente genial. Tristemente, es en lo que más nos enfocamos. Y es en lo que más le decimos a nuestros hijos que se enfoquen al regalarles una sonrisa, una frase de satisfacción o un juguete porque cumplieron con los puntos arriba mencionados.


Una mala copia de mi ser.

Frases que sólo son ruido:

  • Es que la educación es lo más importante.

  • Es que lo único que les vamos a dejar a los niños es su educación.

No. La educación no es lo más importante. Lo más importante es la motivación para seguir aprendiendo cosas todo el tiempo. Tenemos que entender que la educación no es el camino que hemos inventado de kindergarten al posgrado. Eso no es educación. Eso es adoctrinamiento.

En cámara lenta: el camino de kindergarten a posgrado no es educación. Es adoctrinamiento.

No es que sea algo malo por sí mismo, pero no es la panacea universal.

Educación es leer con tus hijos. Es hablar con ellos sobre temas simples y complejos. Es ponerles el ejemplo. Es escuchar juntos música y bailar. Es llevarlos al parque a que aprendan a convivir con otros. Es buscar tutoriales sobre las cosas que quieren construir con pegamento, papel y tijeras, con bits, con microchips. Es dejarlos descubrir bichos en el jardín. Es enseñarlos a respetar una conversación y a que sepan cuándo intervenir. Es mostrarles cómo ser amenos, agradables. Eso es educación.

Todo lo demás no es que sea obra del diablo o que esté mal, es simplemente adoctrinamiento suave. Es adoctrinamiento basado en conveniencias sociales. No está mal, repito. Se necesita para tener un marco común de referencia como interface con el mundo, pero no es la receta para generar cosas fantásticas como la comida de la abuela o una vida aspiracional como la de Jane.

Amasar en términos de educar a tus hijos va por el lado de darles mucho tiempo, mucha lentitud, mucha paciencia, mucha atención y esperar a ver el resultado fantástico dentro de quince, veinte años.

Yo no quiero que mis hijos sean como yo.

Fue hasta mis treintas cuando entendí muchas cosas que ahora me definen.

¿Por qué no mejor lo educo para que ellos puedan entenderlo en sus veintes?

Así ellos buscarán que mis nietos lo entiendan a los quince.

No hay necesidad de que ellos pasen una década de su vida desenfocados/frustrados como yo. No hay necesidad que tengan los miedos que yo tenía. Ellos deben vivir sus décadas con retos y miedos nuevos. Que vivan sus décadas con los retos y miedos que yo tuve es estancamiento genético. Y es también una medida confiable de que no he hecho mi trabajo en educarlos: simplemente les he transferido una mala copia de mi ser.

Y no se trata de eso. Se trata de evolucionar. Que no tengan mis carencias económicas no significa que no tendrán cosas por las cuales preocuparse. Pero quiero que sean preocupaciones de más alto nivel. Y que mis nietos tengan otras preocupaciones y responsabilidades, de preferencia en el estilo de pensar qué cosas de belleza intelectual y artística van a aportar a la humanidad.

Yo no quiero que mis hijos sean como yo. Quiero que me superen en todo. Y la única fórmula que conozco para esto es primero educarlos bajo mis principios probados y enseguida sumar la mayor cantidad de herramientas motivacionales-cognitivas-físicas (para que me superen). Es lógico. ¿Por qué dudarlo?

Si quiero que sean mejores que yo y los expongo a que “se eduquen” únicamente a lo que les pueda dar el programa didáctico de una super escuela diseñada por personas que no conozco, dejo de tener control sobre el resultado. El asunto se vuelve un lanzamiento de moneda.

Hay cosas que nunca vamos a poder controlar. Pero aquellas que sí podamos controlar, debemos hacer eso, controlarlas.


Hackear la vida consistentemente.

Las escuelas cumplen una función con la “educación” en el sentido en que Wal-Mart cumple una función con la alimentación. Es una opción. Es una opción muy común, muy estándar. Es una opción penetrante al más alto nivel.

Pero no es la única pinche opción allá afuera.

Tampoco debemos verla como una solución total.

Por mi parte, mis niños van a recibir ese equivalente en su educación: irán a la escuela, pero ese edificio y las buenas personas en él no serán el elemento crucial que los defina. No les dirán qué hacer. Les darán opciones, ideas y amistades. Así lo abordaremos. Pasaré tiempo con ellos entrenándonos a diario en hackear la vida, aprender cosas, descubrir otras, escuchar música, podcasts, ideas de todo tipo en el automóvil, leer libros diversos, construir maquetas, ver tutoriales de Minecraft y manualidades, jugar con el frisbee en la playa, correr juntos.

Va a ser cansado.

Va a ser frustrante en muchas ocasiones.

Mi esposa y yo queremos que los niños sean de una manera. Queremos que sean verdaderas ‎PADs, que sepan hackear la vida consistentemente.

¿Ventaja? Ya conozco parte del camino para llegar hasta ese resultado. Es entonces mi deber moral guiarlos. ¿Qué puede ser más importante si no hago el tiempo para esta empresa familiar que sólo me dará resultados hasta dentro de diez, quince, veinte, treinta años?

Nada.

La vida plena, la vida exitosa, la vida feliz que deseamos está basada en muchos pilares. Y cuando no entendemos esto pensamos que se trata de acumular mucho reconocimiento profesional o mucho dinero o mucho amor o mucha espiritualidad o mucha salud o mucha intelectualidad. En realidad no hay separaciones. Todo eso debe alcanzarse. Necesitas ser un gran profesional con muchos recursos económicos que transfieras a tus proyectos familiares y círculo social. Necesitas pulir y crecer tu intelecto todo el tiempo y necesitas un balance espiritual del tipo que gustes (religioso, meditativo, etcétera). Necesitas salud y condición física que te permita volar. Necesitamos contribuir a la comunidad con aportación voluntaria de todos los tipos que se nos ocurran.

Necesitamos —en pocas palabras— ser personas de alto desempeño integrales.


Haz todo lo que te diga.

La gente en lugares como Silicon Valley, en la Harvard Business School y en muchas megacorporaciones apenas se están dando cuenta de todo esto. Apenas están entendiendo que no se trata nada más de la cima del éxito medida en la cuenta bancaria. No se trata de tener éxito en un área y pensar que lo hemos logrado todo.

Domina la espiritualidad.

Domina el dinero.

Domina lo físico.

Domina lo intelectual.

Domina la profesión.

Domina lo social.

Domina la amistad.

Domina la salud.

Domina lo familiar.

Domina el drama.

Domina todo esto y verás que has logrado lo que pocos pueden presumir: el equilibrio, el balance máximo.

La plenitud.

Tal vez tú y yo lleguemos a ese punto. Tal vez no.

Lo que sí sé es que lo tenemos todo aquí y ahora para ir empujando a nuestros hijos y poder dejarlos más pronto y más cerca de ese punto al que todos deberíamos aspirar.

Supongamos que admiras a Jane.

Pregunta entonces a Jane cómo debes educar a tus hijos.

Haz todo lo que te diga.

Y más.

—A.


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¿Qué opinas?

  • ¿Comprendes realmente la diferencia entre estándares de calidad y métricas de producción en educación?

  • ¿Qué todavía te falta dominar para poder alcanzar la plenitud?

Reflexiona. Ponte filosófico. Miles de PADs leeremos con gusto tus notas aquí en los comentarios 👇🏻