Patriotismo práctico para instalar una visión superior en México.

Aarón Benítez

Agosto 2014


No veo lo práctico ni lo heroico en el hecho de lanzarme al vacío con la bandera de mi país enrollada por todo mi cuerpo al estilo Juan Escutia.


La historia tiene por defecto la característica de pintarse siempre romántica y exagerada.


¿Por qué nos “enseñan” historia desde temprana edad? Porque no tenemos el criterio para debatir lo que nos presentan. Que Juan Escutia haya muerto aventándose al vacío con la bandera para evitar que el enemigo se apoderara de ella no me resulta un gesto heroico. Mucho menos me parece que sea algo que debamos reforzar en nuestros jóvenes a través de la preservación del mito en sus libros de texto.


Yo no quiero jóvenes mexicanos que se enrollen la bandera para aventarse a una ladera y luego ser honrados durante mucho tiempo por personas en modo zombie.


Quiero jóvenes que hablen varios idiomas. Que sean polímatas. Que sean clase mundial en lo suyo. Que generen empleos. Que ejecuten sus ideas. Que sean buenas personas.


No me interesa honrar la constitución. La constitución es un documento creado por unas cuantas decenas de hombres —decenas, no miles, no millones de mexicanos— en una época en donde los artículos que se aprobaron y demás fueron moldeados por las circunstancias de entonces. Así es siempre: lo que surge de una época es pensado en y por esa época. Es el año dos mil catorce y ni tú, ni yo, ningún legislador podemos redactar buenas leyes para los que vivirán dentro de cien años. No tenemos idea de cómo va a ser el mundo —mucho menos nuestro país— dentro de un siglo. Sería ridículo pensar que tenemos la capacidad de elegir lo mejor para ellos.


La constitución es un documento al que debemos retar constantemente y no honrar por omisión.


Retar para eliminarla si es posible o ya en el peor de los casos, hacerla mejor.


La bandera es el diseño de alguien.


El himno nacional es la composición de alguien.


No es que estén mal. Me emociona escuchar la tonada del himno nacional, pero igual me emociona escuchar la Suite 1 de Bach para chelo. Me gusta la bandera mexicana, pero igual me gusta la alemana.


No elegimos ni el país ni la familia en la que aparecemos en este mundo. En este país no vivimos gratuitamente. Sí, nos da cosas, pero las pagamos a través de impuestos.


Tranquila. Tranquilo. No estoy hablando de la anarquía barata ni tomar las armas o tonterías así.


Estoy hablando de concentrarnos en las cosas que harán de México un país de primer nivel.


Las noticias no nos hacen una sociedad de primer mundo. Si así fuera, desde hace mucho tiempo estaríamos a la vanguardia. Noticiarios, programas y conductores nunca han hecho falta en nuestras latitudes. Tenemos un exceso de información, periódicos, semanarios, noticiarios en todos los horarios y portales especializados. La información no es garantía de nada. La gente no está informada hoy en día, está hiperinformada.


Hiperinformación no equivale a hiperentendimiento de las cosas.


Equivale a hiperconfusión.


Las noticias no te otorgan ningún recurso accionable para mejorar tu situación personal, mucho menos para mejorar la de todo un país.


Las noticias son el vehículo diario a través del cual el dogma de nuestro nacionalismo aldeano se convierte en verdad irrefutable. La constitución debe permanecer como está porque, bueno, así estamos todos acostumbrados, ¿para qué moverle? El mismo pensamiento acerca de nuestra bandera. El mismo acerca del himno.


No digo que los cambiemos nada más porque sí. No digo que un nuevo documento, diseño o composición vayan a ser mejores.


Lo que digo es que al menos deberíamos tener la mente abierta para considerarlo. ¿Por qué no? ¿Por qué no un nuevo himno nacional que no hable de guerra? ¿Por qué no tener una bandera que refleje un poco más nuestra sociedad y no la simplista mentira de una señal cuasi-divina de águila parada sobre una serpiente? ¿Por qué no una constitución que nos permita tomar decisiones un poco más rápidas en una sociedad hiperconectada?


Son ideas.


Repito: no considero heroico ni digno aventarme con la bandera a morir por la patria. No soy ese tipo de patriota.


No hablemos dogmáticamente de nuestro amor por México. Mejor hablemos de nuestro amor por las personas. Nuestro amor por hacer cosas. Nuestro amor por crecer para bien en todos los sentidos.


Como ya lo sabes, las fronteras que dividen nuestros países son simplemente artificiales. Que tu pensamiento no sea artificial. Que tu pensamiento no esté labrado sobre capas y capas de ideas dogmáticas que crees que son tuyas a fuerza de tanto que te han sido taladradas.


Si queremos hacer de este país algo mejor, necesitamos un nuevo estilo de patriotismo. Necesitamos neopatriotismo.


Ese neopatriotismo nos debería invitar a




Ser clase mundial en lo nuestro.

Los mexicanos que son clase mundial en algo son muy pocos. Lo puedes notar con el simple hecho de que es muy fácil nombrar a la mayoría de ellos por nombre y apellido. Sin problemas los tenemos a todos bien contados. ¿Cine? Cuarón. ¿Fútbol? Chicharito. ¿Box? Canelo. ¿Clavados? Paola. ¿Crees que los brasileños saben de memoria el nombre de todos los jugadores que tienen en el extranjero? ¿Crees que los gringos saben el nombre de todos los actores que han hecho una película en la mejor industria de cine? ¿Crees que los rusos saben cuántos de sus genios destacan en Silicon Valley?


Para ser clase mundial en lo nuestro tenemos que cambiar el chip de nuestra mentalidad localista a una global de forma constante.


Para ello necesitamos




Hablar bien inglés.

En general, hablar bien varios idiomas. Pero con inglés basta para el primer objetivo que es realmente ser internacionales. Aun estando tan cerca del país más influyente del mundo y aun sabiendo la importancia que tiene el idioma, el noventa y ocho por ciento de los mexicanos no hablan bien inglés, de acuerdo al censo del dos mil diez. Yo sé que el español es hermoso y que tiene muchas cosas a favor y bla bla bla, pero si tenemos que aprender inglés para conquistar el universo, para elevar nuestra presencia, para subir de nivel, caray, hagamos eso.




Ser polímatas.

¿Qué tal si nuestros jóvenes no tuvieran la pena que hoy en día tienen de intentar muchas cosas? ¿Qué tal si a la siguiente generación le quitamos el tonto estigma tercermundista de que únicamente se deben dedicar a lo que estudiaron? ¿Qué tal si nos aplaudimos a nosotros y a todos a los de nuestro alrededor cada vez que nos decidimos a adentrarnos en un nuevo arte, en una nueva técnica, en una nueva situación?


¿Qué tal, eh?




Generar empleos de calidad desde tu trinchera.

¿Qué puede ser más patriótico que cuidar de los que comparten la geografía contigo? ¿Qué es más digno que ayudar a que los demás también pongan pan y otras cosas en la mesa? No se trata de crear empleos bananeros al estilo de muchísimas empresas de la vieja guardia. Se trata de crear empleos que le permitan a la gente vivir realmente de forma más que digna, empleos que te den capital para empujar nuestras ambicionas independientes. Cuando tu empresa hace eso porque lo buscas abiertamente, eso es preocuparse por los demás. Eso es querer tener un mejor país.




Ser buenas personas.

Nadie nos habla de esto. Nos dicen que tenemos que ser profesionales en el trabajo. Educados por la escuela. Responsables con nuestros impuestos. Devotos de nuestra religión. Pero nadie nos dice que debemos ser buenas personas.


No seas una buena persona en una faceta de tu vida y en otra no. Selo en todo. A la hora de conducir. En el trabajo. En casa. Con tu novio. En el supermercado. Con los vecinos que no te caen especialmente bien, pero bueno.


Ser una buena persona no es fácil. Si lo fuera, abundarían.




Mi argumento no va en contra de ser conocedores de la historia que nos ha traído al punto en el que estamos. Mi argumento va en que esa historia no nos sirve de nada si no la retamos de manera constante. La historia no tiene que ser un camino preestablecido para el futuro de una nación de la misma forma que un mal amor no tiene por qué marcarnos toda la vida. Hay que saber dejar atrás y movernos. Sí, llegó otra nación y dominó nuestras tierras. Listo. Se acabó. Dejemos el complejo de inferioridad y sumisión atrás.


¿Quieres ser un verdadero patriota? Haz algo o todo lo de arriba. Eso es ser patriota. Ser patriota no es ponerse el jersey de la selección de fútbol y llorar en las derrotas o emborracharte en el Ángel de la Independencia en las alegrías. Ser patriota no es saber todo lo que está ocurriendo en el país porque nada de ello te lleva a una situación accionable. No haces nada después de ver las noticias. Estar enterado puntualmente de todo no es patriotismo. Es puro y llano chisme. No somos mejores personas por saber todo lo que nos dictan Carmen, Pedro, Joaquín y Javier. Es morbo disfrazado de cosas importantes de adultos.


Sé un adulto neopatriota que abraza la visión práctica y verdadera para llevar a la gente de este país a un nivel superior. Esa es la opción que te recomiendo. La opción por defecto es ser patriota barato enamorado de los mitos románticos que nos han empujado desde la niñez.


Ser un neopatriota se logra haciendo bien las cosas. Teniendo la capacidad de comunicarnos efectivamente con el mundo. Aventurándonos en donde están nuestros intereses natos. Generando empleos de calidad. Siendo buenas personas.


Un neopatriotismo antidogmático que nos inspire por convicción lo podemos lograr quienes buscamos una visión superior.


No tenemos que pedirle permiso a nadie.


Es más, muy probablemente ya llevamos tiempo siendo neopatriotas.


Es cuestión de mantenernos en ello e invitar a los demás.


Ya no más saltos al estilo Juan Escutia.


Mejor saltos de fe.


Fe en que podemos instalar una visión superior en éste, nuestro hermoso país. ◆