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EL «FREAKONOMICS» MEXICANO

La semana pasada asistí a una universidad local para la presentación de No Es Normal, un libro de Viri Rios. La propuesta de la autora es una compilación de veinticinco artículos escritos con una mezcla de información cuantitativa sobre modelos sociales, económicos y políticos, estudios científicos hechos por y para empresas y gobiernos junto con la perspectiva de ella, una experta mexicana en políticas públicas egresada de la UNAM, el ITAM y Harvard.

Me gustó mucho el formato de la obra. Es una bocanada de aire fresco que ayuda a elevar el nivel de la conversación para repensar las macro-decisiones que tomamos en nuestro país. Incluso si no eres mexicano, prácticamente todas las comparaciones que Viri hace entre la realidad y lo que podríamos hacer posible resultan reveladoras y aplicables a muchas geografías.

Obviamente —intentando ser mi propia persona y no un simple fanboy— tengo varios puntos de vista que coinciden con la investigadora y otros que no. Intercambié algunos comentarios de esto con ella. Si te interesa saber más de la interacción y el libro, grabé una reseña que puedes encontrar en

También está disponible en Facebook, Twitter, Spotify y Apple Podcast.

Tres puntos que quiero destacar hoy para ti —porque me caes bien y porque me encanta escribir. El primero es que la autora hace algo en la entrada de su libro que me parece bastante loable: habla de sus sesgos. Esto no es fácil de conseguir en alguien con opiniones fuertes. Admitir nuestras inclinaciones, exponer nuestras preferencias naturales suele ser visto como una debilidad, algo así como entregar nuestra vulnerabilidad a los críticos que van a utilizar esto en nuestra contra. Claro que Viri, tú, yo y todo el mundo tenemos sesgos y sería mejor si pudiéramos hablar abiertamente de ellos.

¿Mis sesgos? Vengo empujando mi evolución desde la clase media baja, casi en nivel de pobreza y cargo un resentimiento natural anti-establishment que me hace buscar culpables en aquellos privilegiados que nacieron con recursos y contactos. Durante muchos años até mi destino a mis quejas acerca de las externalidades. Esto me tuvo jodido mucho tiempo porque hay poco que un chico idealista sin dinero, sin relaciones de alto nivel y sin una mentalidad de crecimiento pueda hacer para mejorar su realidad. Con las décadas a cuestas, he ido aprendiendo mejor el juego y por ende, he llegado a nuevas conclusiones. Por ejemplo, el hecho de que si todo marcha bien, cuando yo muera, podría dejar a mi familia en una posición muy diferente a aquella en la que yo comencé. Y eso haría que obviamente algunos los resientan. He entendido que los empresarios, los «ricos», no son todos malos y que los “pobres” no son todos automáticamente víctimas. A lo que quiero llegar con esta nota es que las personas que jamás han experimentado situaciones altamente estresantes de dinero no pueden conectar fácilmente más allá de lo teórico con quienes sí hemos estado ahí. Y esto dificulta enormemente la conversación. Viri tiene sesgos similares a los míos. En la reseña que grabé te explico más al respecto.

Otro nota interesante es sobre la división inmediata que hacemos entre grupos de personas. Ya sabes: o estás a favor de mi punto de vista del mundo o estás en mi contra. La ecuanimidad política es tan escasa que los que la proponen al universo lucen tibios, aburridos. Ser apasionado, fanático es más excitante. Gritar más alto es una competencia que se hace mucho más fácilmente viral que reflexionar intentando tomar los mejores elementos de diversas propuestas vengan de donde vengan. Hay un artículo fascinante al respecto en la revista Edge titulado “Coalitional Instincts” y es la lente que hoy ocupo a diario para calibrar mi apoyo a ciertas ideas. Esto viene a cuento porque creo que el libro de Viri empuja esta noción de “nosotros los pobres” versus “ellos los ricos”, una fijación que es fantástica para obtener votos y poder en el imaginario social. En mi grabación profundizo más sobre esto.

Y finalmente, el último punto que quiero compartir contigo hoy trata sobre la marca personal. Viri tiene cientos de miles de seguidores en redes sociales. Es una de las científicas sociales más destacadas de nuestra nación. Y me gusta cuando gente que aporta elementos para conversaciones inteligentes logra conseguir atención de esta manera. Es lo que necesitamos: más intelectuales construyendo grandes marcas personales pero basados en sus creaciones, no en gritos ni quejas infantiles. Aprende de la ejecución que la autora tiene en Twitter y ahora imagina que más científicos mexicanos en biología, robótica, física y demás áreas así pudieran cambiar su chip para dejar de jugar el mismo juego de todos ellos donde lo único que importa son los papers que publiques y que pudieran hacer eso y al mismo tiempo conectar con grandes audiencias fuera del limitado ecosistema en que se mueven. Por eso fui a ver a esta investigadora, quien representa el potencial de una parte de la nueva generación de profesionales en México que están usando técnicas y herramientas modernas para conseguir resultados optimizados con rapidez.

Listo. Ve o escucha mi grabación de la reseña. Déjame tus comentarios.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz.

Y selo ahora.

—A.

F*CK IT, LO HAGO PORQUE TENGO DINERO

Yo no entendía el juego del lujo. Viniendo de una franja social en la que conseguir cada peso era una batalla, ya te imaginarás lo que pensaba sobre “despilfarrar” dinero en cosas que tienen sustitutos baratos. Este tipo de mentalidad me tuvo atrapado en el famoso “nosotros versus ellos” donde “los ricos son tontos” porque “hacen tonterías” como comprar computadoras que valen tres o cinco veces más que otros modelos que funcionan igual de bien.

Mi vida cambió cuando dejé de pelear contra ese nivel y comencé a estudiarlo.

Toma nota. Este es el juego del lujo.


El llamado

Para explicarte el punto inicial del lujo hoy, voy a comenzar diciéndote que Steve decidió abrir Apple Stores en 2001. Los expertos primero bostezaron para después condenar inmediatamente la idea. Eso de la venta directa en centros comerciales —dijeron— era algo del pasado, como si Jobs fuera estúpido y no hubiese entendido desde el día 1 el poder de la internet. En fin, nunca hagas caso a “expertos” que no han construido nada. Son meros críticos teóricos que lucen inteligentes empujando el pesimismo como defensa emocional.

Velo así: el vendedor callejero más humilde carga en este instante un smartphone con poder de cómputo que cualquier nave que enviamos al espacio en los sesentas envidiaría. Por un lado, la masificación de esta tecnología es genial, claro, pero por otro, esto genera un problema para ese peculiar nivel socioeconómico que siempre desea distinguirse de la clase pobre y media. Ese grupo se ha quedado sin espacio de maniobra, sus miembros no tienen hacia dónde moverse para destacar en términos digitales. 

Sí, por supuesto, el iPhone de más alta gama demuestra tu poder adquisitivo, pero la realidad es que ya nadie babea al verlo. Toda su sofisticación en características y diseño en realidad no lo separa mucho de lo que utiliza un obrero promedio hoy en día para entretenerse en sus redes sociales.

Hay gente que tiene adicción a enviar al mundo señales de su status financiero todo el tiempo.

Hay gente que necesita demostrar a los demás de muchas maneras que el dinero no es un problema para ellos.

Hay gente que solo obtiene seguridad emocional gastando cantidades exorbitantes en soluciones que podrían conseguir más económicas.

Si esto te ofende o te resulta difícil de concebir, todavía no entiendes mucho de psicología básica. Mi resumen gratuito para ti es que todos somos un manojo andante de complejos y complejidades que se reflejan transparentemente —si lo sabemos decodificar— en lo que comemos, pensamos, construimos, abrazamos, compramos y decimos.

Hay muchas marcas que entienden esto perfectamente. Y la forma más apropiada que han desarrollado para conectar en conversación con su clientela perfecta no es otra más que el precio. Sí, ese precio que te parece exorbitante, esa etiqueta costosa que te resulta ridícula, ese lugar al que ni entras porque asesinaría tu línea de crédito. Tales reacciones son el efecto del posicionamiento preciso y afinado que muchas compañías han construido para que las ignores si no eres parte del sector y mentalidad socioeconómica en lo alto de la pirámide que les interesa seducir. Si no eres parte del club, quieren que lo sepas.

La mayoría de ellas están en esos centros comerciales exclusivos. Y aquí va el segundo punto del lujo que quiero compartir contigo hoy.

Pero primero anota bien esto: tus precios son un llamado. 

Hazlo claro. 


Lo premium

El otro día mi esposa me decía que —en su predicción— las tiendas de ropa iban a desaparecer en los próximos diez años por culpa de la variedad, precio y comodidad de comprar en línea. Esto dicho por una compradora tradicional que hasta hace un par de meses insistía que era mejor probarse las faldas y blusas en un vestidor en lugar de adquirirlas con un par de clics.

Estoy de acuerdo en que esta tendencia va a aumentar conforme la población avance generacionalmente. Los adolescentes de hoy serán los adultos de mañana y el entrenamiento que han tenido es totalmente digital. A pesar de los ataques del comercio electrónico, creo que las tiendas de ropa y los centros comerciales seguirán presentes. La estrategia para que algunos pocos sobrevivan será hacerlos todavía más exclusivos. Recuerda lo que ya te dije líneas arriba: mucha gente necesita enviar señales sobre su insensibilidad a los precios y demostrar su dominio del tiempo. Cuando en el futuro decidas perder medio día en el shopping mall para comprar ropa con precios dos o tres veces más costosos de lo que hay en el ciberespacio, bueno, lo que estás estableciendo es una especie de declaración estilo “fuck it, puedo hacer esto porque tengo dinero y tú no”.

Sé que suena agresivo, pero es lo que muchos hacemos en otros términos. Todos somos insensibles a los precios en algún aspecto. Acudir al estadio de fútbol y pagar comida y bebida a precios elevados solo “por vivir la experiencia” es un buen ejemplo. ¿Qué necesidad tienes de ir a ese partido de forma presencial si lo puedes ver cómodamente en casa sin sudar ni gastar tanto? En mi caso, soy insensible al precio de los libros. Si el título de alguno me fascina y ya lo estoy sosteniendo en mis manos, lo compro en ese instante en la librería en que me encuentre, aunque sé que lo puedo recibir más barata y cómodamente en casa gracias a Prime.

Entiende que todos tenemos estas insensibilidades en los rincones privados de nuestras preferencias .

Por favor, registra esto claramente en tu visión del mundo moderno: hoy lo digital es común, accesible, barato. Lo presencial, lo físico, esto es lo que se ha vuelto premium. 

Ten una vida premium. Participa y organiza la mayor cantidad posible de eventos y experiencias en el mundo real, porque aunque es más costoso viajar para tener una reunión dentro un hotel con colegas, los resultados que se obtienen de las interacciones random y la lectura en tiempo real de los gestos y ademanes de los asistentes te regalan acceso a dimensiones poderosas que Zoom tardará todavía mucho tiempo en poder arañar.

Y no, aunque compres un Oculus tienes que considerar que el poder de la realidad aumentada todavía no está donde nos gustaría. Si no sabías, utilizar una webcam en los noventas era un asco. Tomó décadas para que fuera lo natural que nos resulta en este momento transmitir nuestro rostro en buena definición con conexiones estables inalámbricas desde casi cualquier lugar del mundo. Hoy falta cubrir la misma distancia técnica y social para aprovechar y disfrutar genuinamente los ambientes de colaboración virtuales.

De nuevo, para que lo tengamos bien grabado: lo digital es común y lo físico se ha convertido en lo premium.

Entre más actividades con personas diferentes puedas empujar a que sean físicas en tu día a día, más estarás entrenando el músculo que te separa de los que optan por acostumbrarse a lo fácil y barato de querer resolver todo con una conexión a internet. Clases. Eventos. Reuniones. Fiestas. Conversaciones. Invierte en gravitar con todo tu cuerpo hacia ellas. Los niveles socioeconómicos altos estarán ahí. Y si todavía no conquistas ese status, el hecho de rodearte de quienes ya están ahí, te dará la mentalidad y ejecución que te conviene. 


La uniformización

El lujo a veces nos da mucho menos de lo que estamos comprando. Este es el gran riesgo.

A veces nos da mucho más también.

Esta no es una invitación a que gastes por gastar. Tampoco estoy diciendo que como regla general todos los servicios y productos de precio más alto sean los mejores.

Mi punto es que los precios y lo premium te dan acceso a cierta uniformización. Cuando rechazas jugar este juego, te uniformizas con cierto grupo. Y cuando lo juegas bien, te uniformizas con otro. Si te fascina el lugar emocional y financiero en donde te encuentras ahora, sigue defendiendo tus pensamientos. Te sirven. Si no, bueno, ya sabes, sigue leyéndome.

Hace unos días, escuché que alguien iba a hacer un viaje en autobús desde la Ciudad A hasta la lejana Ciudad B. Sugerí que lo hiciera en avión. Mucha gente sigue operando con la idea de que el transporte terrestre es automáticamente más barato que volar. No siempre. El ahorro en horas y por lo tanto la mayor comodidad al no estar sentado tanto tiempo hacen que pagar una pequeña diferencia a una aerolínea valga mucho la pena.

Pero así nos pasa a todos, que nos solemos quedar atorados con peleas de nuestro pasado. Esto es dejar que la historia antigua de nuestra vida siga dictando nuestro estilo de ejecución hoy. Crecí en el nivel donde la gente ve el inglés, el aire acondicionado y los aeropuertos como puntos aspiracionales y no como aspectos básicos de sus vidas. Sé que es difícil salir de ahí. Ciertamente para mí lo ha sido. Lo que también sé, es que no podemos alejarnos de esa mentalidad cuando insistimos en defender lo que creemos que es un lujo y no un estándar mínimo que deberíamos exigir al universo.

Hijo de mi vida: al universo se le exige con nuestra mentalidad y ejecución diaria, no con mantras en redes sociales o con dramas en el café.

La forma en que abordo esto del “lujo” es determinar si mi inversión valdrá la pena. Uso un marco de referencia muy claro: si voy a pagar mucho más, quiero que esa herramienta o situación me coloquen genuinamente en posición de ventaja natural en tiempo y dinero a largo plazo. Una membresía en una sala VIP donde puedo interactuar con gente que lleva años construyendo empresas fuertes es eso para mí. Unos sneakers de mil dólares, no.

Si vas a San Francisco a hablar con emprendedores e inversionistas, tu uniforme no está completo si no operas con una Mac. Nadie te lo va a decir , pero metes ruido a la conversación con cualquier otra marca. Sé que esto eriza los vellos de muchos. Cuando hago estos comentarios recibo mensajes de nerds que me aclaran que tal otro modelo es más barato y mucho más poderoso que Apple y etcétera, etcétera. Claro. Yo no estoy peleando la parte técnica. Lo que veo con tristeza en estas reacciones es que no entienden el punto: lo que tal vez tú veas como un despilfarro —un lujo innecesario— es algo que la comunidad en la que te conviene insertarte da por sentado como parte del firmamento. Pelear contra esas cosas solo hace más lento tu ingreso y aceptación.

Te digo todo esto porque te quiero, querida lectora. Piénsalo también así: si vas a asistir a una boda, cuidas bien tu cabello, vestimenta y demás elementos de tu presentación. Bien. Si quieres ser una gran profesional o una gran mujer de negocios, ¿por qué no cuidas a diario todos los detalles que te hacen parte natural de ese mundo?

Deja de llamarlo lujo. 

Considéralo estrategia.

Enfoque. Ecuanimidad. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.