educación

MAMBO EN FACEBOOK, K-POP EN TIK-TOK

Imagina cada red social como un baile. Twitter es reggaeton, Instagram es rap y así. Cada una de estas plataformas exige pasos distintos. Mi error ha sido querer que TikTok (K-Pop) me ame por mis pasos de Facebook (mambo).

Tal vez te está pasando lo mismo.

¿La solución? Igual que el baile: abrazar el dolor de sumergirte en nuevas clases, errores y amigos.

Al entrar a un evento, yo estoy pensando en notas y hacks para escribirte un artículo, querida PAD. Es mi mambo-Facebookitis que me persigue. Por otro lado —en la misma situación— los Kpoperos-TikTok están analizando ángulos para grabar videos. Físicamente, estamos en el mismo lugar. Profesionalmente, estamos procesando universos distintos.

Hay gente que todavía baila mambo y clubes donde lo puedes ir a disfrutar. Pero si haces un honesto censo de la realidad, verás que tu dominio de este baile es irrelevante para la modernidad. Y si tus intereses son irrelevantes para la mayoría, capitalizar en ellos es muy, muy difícil.

Para darnos recursos (invitaciones, relaciones, dinero) el mundo lo «único» que nos pide es ser relevantes.

No te ofendas. No estoy diciendo que el mambo no importe o que el K-Pop sea mejor. Intento hacerte ver que esto es lo que nos pasa una y otra vez a las personas que nos vamos quedando atrás en lo que hoy resuena para la mayoría de la población: insistimos en defender lo que dominamos, lo que conocemos, y lo hacemos porque hacerlo así nos da un lugar seguro en lo emocional.

Ni a ti ni a mí nos gusta aceptar que todo el esfuerzo que hicimos para dominar algo ahora es asunto del pasado y que debemos prácticamente reiniciar desde cero. Piensa en los diseñadores gráficos de los setentas y ochentas que un buen día en los noventas les pidieron que se volvieran expertos en Photoshop de la noche a la mañana.

Esto de adaptarnos no tiene que ver con la edad. Conozco jóvenes con mentalidad de la vieja guardia, que no entienden los nuevos modelos de aprendizaje de vanguardia y siguen defendiendo ciegamente un sistema que sus abuelos y papás les taladraron como único. Conozco gente mayor que yo que hace streamings geniales y gana dinero con ello.

Para quienes vivimos principalmente encerrados en nuestro cerebro y textos, este cambio hacia el mundo visual y emocional es durísimo. Pero hey, tal es la señal de que es algo a lo que debemos —al menos— poner bastante atención.

Si eres como yo, que me encanta estarle diciendo a las personas lo que tienen que hacer, te conviene —al igual que a mí— tomar tu propia medicina y dejar que el comportamiento de las nuevas generaciones te informe cuáles deben ser tus siguientes objetivos.

La peor conversación con una audiencia siempre es la unidireccional.

Siempre explico que escribo mis artículos pensando en mi propia versión universitaria de niño desenfocado. Y hace más de diez años, cuando comencé a hacerlo con mi blog, el formato era genial. Muchísimos jóvenes se apuntaron a seguirme ipso facto.

Hoy el asunto ya no es así. Y los puedo culpar diciendo lo que es fácil: que las nuevas generaciones no leen, que no ponen atención y demás discursos de viejito cascarrabias; o puedo preguntarme dónde demonios andan y qué he dejado de hacer para llegar a ellos.

Los jóvenes pobres y desenfocados a los que más les conviene mi contenido no están aquí en Facebook.

No andan leyendo blogs.

«Antes todo era mejor» es una forma de pensamiento que da refugio a nuestro corazón para no decirnos la verdad: que no hicimos el trabajo de actualizarnos, que no nos esforzamos por bailar adecuadamente con los tiempos, que votamos conscientemente a diario por proteger lo que aprendimos a dominar en lugar de abrazar lo nuevo y relevante.

Te juro y te firmo que el mundo es cada vez mejor.

Haz que tu desempeño lo acompañe siendo así.

Sin pena.

Cero dramas.

Ecuanimidad. Enfoque.

La gloria está en el largo plazo.

Disciplina emocional.

Dureza mental.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

AL OTRO LADO DEL ABURRIMIENTO

Nuestro smartphone es un casino andante. A nivel psicológico y antropológico, «revisar» nuestras notificaciones es exactamente lo mismo que jalar la manivela de la máquina tragamonedas: estamos buscando «tener suerte».

Claro que la suerte existe. Y puede ser que ganes en algún punto. Sigue jugando. Sigue apostando.

Pero al mismo tiempo, construye tu propia suerte. Empuja, moldea las cosas para fabricar la buena fortuna. Esto lo puedes hacer a nivel físico y a nivel digital.

A nivel físico —por ejemplo– puedes construir suerte con hacks sencillos. Analiza si al despertar lo primero que buscas es tu celular. Bien. Piensa que nuestras excusas oficiales para tener el dispositivo a un lado son muy buenas y nos engañamos con ellas: «es para poner la alarma, Aarón, si no, no despierto», «es por si hay una emergencia», cosas así. La realidad es que apenas abrimos los ojos, comenzamos a ingresar drama, ansiedad, miedo y envidia a nuestra alma porque dejamos que el equivalente de un chorro de agua de alta presión en modo digital nos ataque despiadadamente en el primer minuto de nuestro día en lugar de usarlo para meditar, agradecer, reflexionar, analizar, visualizar lo que vamos a hacer para ayudar y ayudarnos.

Intento ilustrar con este sencillo ejemplo que aunque tengamos toda la intención de construir suerte, no nos damos cuenta que nos estamos saboteando con mucho del comportamiento que cargamos a diario y que jamás retamos.

Para construir suerte en modo digital, necesitas suscribirte a newsletters fantásticas que se conviertan en el equivalente de una sorpresiva llamada telefónica de esa amiga a la distancia que admiras y que siempre te inspira, te comparte grandes ideas y te deja vibrando en alto al colgar. Encuentra a los creadores de estos mensajes, suscríbete a sus e-mails, síguelos por todas partes. Y aplica filtros para que sea lo primero que veas.

Una de las formas en que construyo suerte es muy extrema, pero me ha servido de manera increíble durante casi diez años: desactivar todas las notificaciones de todas las apps de mi iPhone. Soy usuario fuerte de redes sociales, recibo muchos e-mails, tengo mensajes que atender a diario y así, pero jamás escucharás que mi teléfono suene.

Mucha gente suda cuando les propongo esto.

Si algo te pone nervioso o altera tu visión del mundo y lo quieres ridiculizar, atacar, minimizar como primera reacción, mantente alerta a eso, pero pon mucha más atención a analizar las fibras sensibles que está tocando en ti. Encuentra nuevas respuestas sobre el núcleo de tu personalidad. Esto es lo que siempre nos hace crecer.

Confieso que sí hay algo que hace sonar mi teléfono y eso es una llamada de mi esposa. Si estás casado y con hijos, tú entiendes que este es el límite máximo del juego.

¿He perdido oportunidades geniales por no responder un WhatsApp en segundos?

¿He perdido oportunidades geniales por no revisar quién me dio like en alguna red social?

No. Al contrario. He ganado muchísimo tiempo para enfocarme creando contenido y teniendo conversaciones con PADs en todo el mundo. Nada interrumpe mi flow y puedo compartir aquí contigo y otros miles de lectores en muchos países mis ideas a diario. A través de más de una década he vaciado casi dos millones de palabras en contenido en internet que no podría haber hecho si dejo que las sugerencias de TikTok, algún mensajito de Facebook o un sonido de Gmail secuestren mi línea de pensamiento del momento en que estoy trabajando.

Sé que tu vida y la mía probablemente son distintas. No estoy diciendo que tienes que ser tan extremo como yo, pero sí te sugiero que comiences a construir suerte viendo cuáles comportamientos físicos y digitales te drenan tontamente a diario.

Quita la mayor cantidad posible de notificaciones que puedas de tu celular. Las hápticas. Las audibles. Las visuales. Si tu ingreso depende de escuchar un sonido porque hiciste una venta en línea y ahora debes actuar, bien, obviamente deja eso andando: te estás entrenando en tener una retroalimentación positiva del dispositivo. Tal vez mi mejor sugerencia en este escenario es que consideres fuertemente invertir en cómo salirte de la ecuación para que tus ventas sigan y tú no tengas que estar pendiente de cada una. Think about it.

Revisar WhatsApp es importante, sí. Hay mensajes que requieren atención. ¿Qué tal si agrupas tu esfuerzo en ello para revisarlo solamente una vez cada hora? Y cuando sea ese momento, te enfocas totalmente en responder bien cada mensaje.

Casi todo lo que hacemos en términos digitales es irrelevante, pero mucho de ello se disfraza para hacernos sentir bien porque nos da la falsa idea de que estamos siendo productivos cuando meramente nos estamos inventando cómo estar más ocupados.

Mi hijo mayor descompuso de forma irresponsable su Huawei moderno. Ahora carga con un iPhone 14 menos 10 que encontró abandonado en algún cajón de mi oficina. En estos meses que ha ido desintoxicándose a la fuerza, ha empezado a programar, diseñar y desarrollar videojuegos viendo tutoriales en su PC y aprendiendo a pelearse con el IDE de diversas piezas de software para conseguir los resultados que quiere ver. Llevo mucho tiempo explicándole que lo más genial de la vida es invertir la ecuación que domina a todo el mundo donde pasamos 95% de nuestro tiempo con la tecnología consumiendo entretenimiento y apenas un 5% creando algo. Hacerlo al revés reconfigura la Matrix a tu favor. La vida lo puso en la encrucijada donde —sin querer, porque así son los adolescentes— tuvo que hacer exactamente eso, ser creativo y productivo la mayor parte del tiempo con las herramientas a su alcance en lugar de estar esclavizado al doomscrolling infinito.

Las grandes posibilidades en todo siempre están al otro lado de estar aburrido, de estar desconectado, de actuar diferente a los demás.

Si hubiese algo genial al otro lado de nuestra adicción a las notificaciones, de nuestro comportamiento normal, ya lo habríamos recibido porque llevamos rato en ello, ¿no crees?

Busca tener suerte por azar. Sigue en eso. No estaría nada mal.

Pero trabaja inexorablemente a diario construyendo tu propia suerte tanto en lo físico como en lo digital.

Sin pena.

Cero dramas.

Enfoque. Ecuanimidad.

La gloria está en el largo plazo.

Disciplina emocional.

Dureza mental.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

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EXMA 2022: EDUCACIÓN DE ALTO DESEMPEÑO.

Ayer lloré.

Soy un tipo usualmente serio y bastante tranquilo. No vas a encontrar acciones locas o extremas de mi parte en redes sociales porque no soy así. No es que ese tipo de personalidad tenga algo de malo, pero simplemente no es la mía.

Pasé —sin embargo— estos últimos dos días en modo anti-yo.

Brinqué en modo fanático extremo.

Grité como loco desesperado.

Me abrí a escuchar a quienes mi ego me invitaba tontamente a ignorar.

Me tomé selfies como fanboy sin límites.

Abracé a decenas de extraños con genuino entusiasmo.

Regálame diez minutos para

• explicarte cómo jugar el juego que te conviene,
• decirte qué fue EXMA 2022 y
• regalarte hacks de millones de dólares.


“Un día en este evento vale más que un año de educación tradicional”.

Quien dijo esto, fue el segundo hombre más rico de México, Ricardo Salinas Pliego, empresario icónico en varias industrias. Como nota cultural, se dice billionaire en inglés y multi-millonario en español. No digas «billonario». Todavía no hay billonarios en el mundo. Los ceros a la derecha importan.

Como toda figura de alto nivel, Ricardo es polarizante: o detestas lo que representa y propone o te encanta su existencia.

Yo voto por la existencia de tipos así, quienes jamás serán perfectos —como tampoco tú y yo lo somos— pero que gracias a sus altísimos niveles de influencia pueden mover a muchos hacia escenarios más positivos a nivel personal y profesional.

Ayer en EXMA 2022, Ricardo presentó “Universidad de la Libertad”, un ambicioso proyecto internacional de educación universitaria moderna, donde el enfoque será el estudiante/cliente, quien acompañado de grandes instalaciones y expertos probados interactuará en sesiones tanto presenciales como en línea.

Quedé fascinado tanto con su frase sobre el valor de un buen evento comparado contra estar sentado en un típico salón de clases y la presentación de su visión para cambiar el paradigma escolar.

Durante el evento, le envié un mensaje en Twitter levantando la mano para apuntarme como maestro en su institución. Me encantaría aportar hacks prácticos y de resultados asimétricos en un lugar que empuja lo estratégico de esto.

Por cierto, síguelo en en Twitter en @ricardobsalinas.

(Ya sé. Lo más seguro es que no tengas cuenta ahí, o casi nunca la uses o no le veas mucha utilidad a esa red social. Hazte un favor y entra. Te voy a explicar las ventajas de esto en un momento. También hablaré contigo sobre Instagram y TikTok).

Si la frase “un día en este evento vale más que un año de educación tradicional” te parece exagerada o no la entiendes, todavía no comprendes el verdadero juego del mundo que te conviene dominar, todavía no abrazas las reglas que importan.

Sigue leyendo. Te conviene.


No inviertas TADI en eventos.

TADI es un acrónimo que me inventé y significa Tiempo, Atención, Dinero e Incomodidad.

Para conocer de manera práctica y genuina las prioridades de alguien, solo analiza las cosas en las que invierte TADI y ahí las tienes. No hagas caso a sus palabras.

Aquí viene el primer hack de este artículo: cuando asistas a un evento, pierdes si lo ves como tal.

Va de nuevo, en cámara lenta: si vas a un evento de negocios, de marketing, de emprendimiento, de ventas o algo en este estilo, y lo único que buscas es inspirarte, bueno, estás fracasando en explotar el verdadero potencial del asunto.

¿Por qué? Velo así: un evento es algo en donde te sientas de forma pasiva a consumir solo lo que te dan. Esto no es muy alto desempeño.

Por otro lado, para convertir el asunto en algo de alto desempeño, entiende lo siguiente: ese evento por el que estás pagando te conviene visualizarlo como una universidad que tú te estás inventando y en la que tú estás decidiendo los temas y votando con tu dinero por aquellos que quieres que sean tus maestros.

En una universidad —incluso si es temporal como ésta— interactúas, ejecutas, practicas, conectas, haces cosas, te equivocas, te aburres en ciertas áreas, te excitas en otras, te quedas con dudas, resuelves algunas, en fin, la experiencia es totalmente diferente a un evento.

La idea es que si ves un evento como una universidad temporal de tu creación, puedes entonces abrazar la siguiente noción peligrosa: tienes a los mejores profesores del mundo a tu alcance en cualquier tema si te permites verlo así.

Ahora, cuando hablo de “noción peligrosa” me refiero a que entre más haces este tipo de ejercicio donde ingresas TADI a eventos-universidades, tu mentalidad y ejecución se estiran al punto donde dejas el promedio atrás. Dime si esto no es genuinamente atractivo.

Lo genuinamente atractivo es peligroso. Por eso te lo digo así. Que no te espante la palabra.

Pagar —digamos— mil dólares por un ticket para sentarte en un evento para inspirarte es una tontería. No lo hagas. Mejor ve una película con un mensaje bonito. Más barato y rápido.

Pagar —digamos— mil dólares por tomar notas directas de quienes han construido las ideas que hoy admiramos en nuestra sociedad, uff, es un regalo. Ver cómo se visten, hablan, caminan interactúan, las palabras que escogen, las que evitan, cómo resuelven retos en el escenario en tiempo real, todo eso. Si observas con atención, te están dando el código de lo que tienes que copiar descaradamente de ellos para llegar a esos niveles.

No sé si tengas a diario la oportunidad de estar a pocos metros de este tipo de creadores y empresarios. Voy a asumir que no. Y voy a asumir que convives con gente buena, trabajadora y tal vez feliz en ciertos aspectos, pero también preocupados constantemente y atascados sin un rumbo claro. Debes empujarte siempre a ti mismo para mezclarte en entornos que te den las pautas claras para crecer. No favorezcas automática y ciegamente entornos donde te sientas relajado.

El entorno que dominas te domina.

Busca entonces dominar entornos que te hagan sentir muy incómodo.

El entorno que te conviene siempre es intimidante.

En esto de evento-universidad que te estoy diciendo que metas TADI, harás más que tomar notas y observar lo que los grandes empresarios y creadores ejecutan: vas a moverte por los pasillos y aprender a generar conversaciones con aquellos que como tú, están construyéndose una nueva realidad. Esto es a lo que yo llamo #hackearlavida, optimizar nuestra existencia.

Vas a buscar a la gente que tenga acentos diferentes, de preferencia de otros países. Sé internacional.

Vas a hablar con aquellos que se parezcan poco a ti. Sé cosmopolita.

Ten en cuenta que entre más inversión de TADI requieres para un evento, el filtro de la gente que estará ahí es mejor.

El precio es un separador fantástico. Pone a la gente correcta con su comunidad.

Viaja lo más que puedas a eventos-universidades geniales fuera de tu ciudad y país. Esto expande tu visión, tus posibilidades. Abandona esa forma de pensamiento pobre de querer acceder a todo gratis y cómodo en tu computadora o celular. Sí, está bien, pero eso no te hará crecer ni tan rápido ni tan fuerte como conectar con el poder de lo físico.

Te lo digo yo que estoy en el mundo de la alta tecnología y construyo con mi compañía hardware y software, que hago dinero con cursos y eventos digitales: nada supera lo presencial.

No vayas a eventos. No seas pasivo. No seas bajo desempeño.

Invierte TADI en universidades-eventos. Sé pro-activo. Sé una PAD, Persona de Alto Desempeño.


Educación. Experiencia. Marketing. Acción.

Tres días atrás, jamás había escuchado de EXMA.

O tal vez sí, no lo sé.

Espero los organizadores no se ofendan ni lo tomen personal.

Lo único que puedo decir en mi defensa es que no suelo reconocer muchas caras o marcas famosas nuevas y eso no significa que no tengan gran valor. Ando usualmente encerrado en ciertas burbujas que me ciegan. Trabajo en esto y conforme voy descubriendo sorpresas positivas como EXMA, me gusta hablar de ellas y compartirlas con mi comunidad de PADs.

Este artículo luce patrocinado, pero no lo es.

EXMA se anuncia como la plataforma de marketing más grande e influyente de Latinoamérica.

Cuando leo o escucho cosas así, bueno, mi escepticismo se dispara. Llevo una década inserto en el circuito de conferencistas en México y sé que todos somos “líder global de esto”, “rockstar de aquello”, “el #1 de esto otro”, “el creador original de tal cosa”, etcétera.

No está mal. Es parte de creérnosla. Si no nos la creemos nosotros, ¿cómo vamos a hacer que los demás puedan activarse una nueva y mejor mentalidad y ejecución?

Sin embargo, lo que experimenté en los dos días de EXMA 2022 me haría apostar que sí, que son la plataforma de marketing más grande e influyente de Latinoamérica.

La calidad de los conferencistas que invitaron lo demuestra.

El músculo para llenar la Arena Ciudad de México lo demuestra.

El capital y las conexiones para convencer a Tony Robbins en participar lo demuestra.

Los gritos genuinos de entusiasmo de su comunidad que viajó desde todo el continente no podrían ser cosas fingidas.

Sorpresivamente, EXMA 2022 se convirtió en mi universidad-evento este año.

Usualmente me inscribo a “cosas locas” porque me gusta aventar mi mente a extremos que no suelo considerar o de lo contrario solo consumiría temas de negocios y tecnología, lo cual me haría perder la riqueza de conectar con ideas sobre arte, cultura y demás que me dan ventajas al considerar las cosas en gran contexto.

Recuerdo un costoso curso de diseño de futuros al que entré sin saber de qué demonios se trataba el asunto. El precio y la ubicación fueron excelentes separadores que hicieron que aquella inversión de TADI valiera la pena. Hasta el día de hoy es —al igual que EXMA 2022— una experiencia profundamente influyente en muchos de mis pasos siguientes.

Llegué a EXMA 2022 por la amable invitación de mi amiga Karla García Olguin y del gran fundador de EXMA, Fernando Anzures.

No sabía bien a lo que iba, pero ya estaba ahí.

Te voy a contar lo que hice para que copies descaradamente lo que te convenga de mi experiencia.

Lo primero es ir con la mente abierta. Al momento de escribir esto, tengo cuarenta y dos años, tres hijos y más de diez años exponiendo la creación de mis negocios públicamente, lo cual me ha valido invitaciones en el Tec de Monterrey, la UNAM, TEDx y contrataciones en empresas como General Electric y Oxxo para hablar sobre tendencias, emprendimiento y demás. La revista Entrepreneur incluso me nombró “rockstar de la innovación” en 2016. He construido con mis socios una empresa que construye hardware y software para fábricas y ciudades inteligentes, cerrado tratos con empresas globales y cometido muchísimos errores a lo largo del camino. Te digo esto no como un viaje al interior de mi ego insoportable, sino para darte contexto de lo complicado que puede ser para alguien como yo escuchar que otros en el escenario te digan cosas que ya considero obvias.

Pero llevo años haciendo un trabajo personal serio para ser menos como yo en mi versión de bajo desempeño. Así llegué a EXMA 2022, a tomar asiento, tomar notas, tener la actitud correcta, la mente abierta y el corazón alegre.

Man, fue maravilloso.

Hice amigos inmediatamente.

Hice negocios.

Repasé grandes ideas que tenía olvidadas.

Me inspiré.

Analicé lo que me encantaba de cada colega conferencista.

Bailé. Grité. Brinqué. Abracé. Lloré. Justo como te dije al principio de este artículo.

EXMA significa Educación, Experiencia, Marketing y Acción. Y eso fue exactamente lo que sus fundadores y organizadores entregaron en este evento.

Todo habría estado fantástico incluso si Tony Robbins no hubiese asistido.

Imagina el frenesí que se desató en este auditorio con su presencia.

Todo lo que has escuchado, todo lo que te han dicho de los eventos de Tony Robbins, bueno, estoy seguro que se queda corto.

Hablaré de él en otro artículo, pero basta decirte que su trabajo con nosotras —las catorce mil almas interesadas en escucharlo— fue sublime, por decir lo menos.

Si has leído hasta aquí, hazte un gran favor y salúdame presencialmente en el próximo evento de EXMA en que nos encontremos. Me encantará saber que te empujé a experimentar un poco de la chispa que me encantó en su edición 2022.


Hacks de millones de dólares.

Estuve presente en la mayoría de las conferencias del escenario principal. Comparto a continuación contigo las tres principales notas que capturé de cada expositor que escuché:

Jorge Serratos

  • Un estudio de Harvard demuestra que solo ayudamos en fechas especiales como Navidad porque asumimos erróneamente que el resto del año alguien más está ayudando.
  • Grábate en videos haciendo cosas buenas.
  • Compartir es bueno. Él lo llama 1+1=3.

Moris Dieck

  • El ser humano está hecho para proteger y conservar, eso le impide tomar ciertos riesgos que le convienen.
  • Nunca antes ha existido tanta desventaja para quien no tiene una buena educación financiera.
  • Aprende a ganar cien pesos esta semana de una manera diferente. Es un músculo que te conviene.

Alfonso y Christian

  • Son los extraños quienes tienen las cosas que necesitas.
  • No te estanques con scripts. Haz preguntas. Indaga como un buen doctor.
  • Crea un valor totalmente diferente para modificar el precio (vender un iPhone de modelo antiguo en cinco mil dólares no es atractivo, pero ofrecerlo como el instrumento que tiene almacenados contactos exclusivos que con seguridad responderán la llamada y notas privilegiadas de grandes negocios comprobados, hace que aparezcan inmediatamente compradores).

Sebastián Lora

  • La excelencia no garantiza el éxito.
  • Pon fecha a tu idea y anúnciala. Esto te mueve más que cualquier otra cosa.
  • La suerte es el punto de encuentro entre la oportunidad y la preparación.

Alex Dey

  • La riqueza no es común. Y no se gana haciendo cosas comunes.
  • Los audiolibros son instrumentos muy poderosos para aprender de los mejores.
  • No celebres con alcohol porque entre más grande tu éxito, te estás entrenando en que debes beber más.

Marco Antonio Regil

  • Muchos entramos a la vida adulta como quien entra a un partido de fútbol sin saber las reglas: no tenemos buenas oportunidades de hacerlo bien.
  • Escuchar es importante pero no suficiente. Es mejor practicar. Y todavía mejor hacer las cosas en equipo.
  • Eres la conciencia que puede reprogramar lo que piensa y lo que siente.

Margarita Pasos

  • Tú no puedes tener algo que resientes.
  • No conectes con radiomiseria.
  • Tu mente tiene toda la ingeniería.

Rodrigo Herrera

  • Cumple el timing.
  • Negocia contigo primero.
  • Respeta la esencia de los negocios que compres.

Arturo Elías Ayub

  • No importa el fracaso mientras tengas humildad para levantarte.
  • Lo importante es cuántos corazones tocas.
  • Invita a comer a tus clientes especiales.

Ricardo Salinas Pliego

  • No ganamos nada bajando a todos de nivel.
  • No eres buen líder hasta que no tengas buenos resultados.
  • Es más valioso un día de un evento como éste que un año de educación tradicional.

Tony Robbins

  • La energía es un hábito.
  • Sé impaciente e irracional contigo y lo opuesto con los demás.
  • Un cambio fisiológico radical es un cambio radical de tu estado emocional lo cual es un cambio radical de tu comportamiento.

Cómo jugar bien el juego de los contactos en universidades-eventos.

El día anterior a EXMA 2022, estuve en el Foro de Economía y Negocios de Forbes en el Hotel St. Regis en Ciudad de México.

Hice nuevos amigos. La inmensa mayoría de estos contactos usan activamente Twitter. Somos un tipo de generación para la cual nos resulta natural movernos ahí.

Al día siguiente, en EXMA 2022, nadie tenía Twitter. Tuve que cambiar rápidamente mi mentalidad para comenzar a pedir los Instagram y TikToks de mis nuevos amigos influencers.

Atención: ninguna de las mujeres y hombres geniales que menciono en este artículo va a interactuar directamente contigo en TikTok. No es una plataforma diseñada para facilitar ese tipo de contacto.

¿Y en Twitter? Hey, sí, es muchísimo más posible que den like a una nota donde los menciones. Es posible que incluso respondan.

Deja de pensar binaria y limitadamente donde tus opciones son solo usar Twitter o no. Tenlo. Úsalo a conveniencia. Juega bien el juego con aquellos que te están diciendo cómo moverte.

El comportamiento maduro y adulto es que te adaptes a lo que aquellos que admiras te dicen que es su estándar.

El comportamiento infantil te orilla a decir «ah, pero no está en Instagram, ni modo, yo quería seguirlo pero pues no uso Twitter».

Sé todo un pro.


Pros y cons de EXMA 2022

Te decía que este no es un artículo patrocinado, de lo contrario te diría que todo fue perfecto.

Lo que no me gustó:

  • El primer día hubo retrasos en los horarios de las conferencias.
  • La selección de comida en los stands era muy limitada.
  • Hubo pláticas interesantes a las que no pude asistir porque eran simultáneas a las del escenario principal.
  • La conexión a internet era terrible.

Ahora bien, el retraso en un evento tan grande y hecho con estas características por primera vez, se entiende. El segundo día tuvieron una precisión increíble.

Sobre el hecho de las conferencias simultáneas, ayuda a tener variedad.

Sobre la conexión a internet en la sede, es algo natural en eventos masivos.

Si alguna de estas situaciones es suficiente para que no vayas a una universidad-evento como EXMA, bueno, haz eso, no vayas: tu frecuencia no te permite ver el potencial.

En lo personal, absolutamente ninguna de estas observaciones representa un rasguño genuino a la calidad de EXMA 2022. Las menciono porque no quiero dejarte con la idea de que todo era perfecto.

Los DJs, la producción visual, el sonido, la logística de entrada, la duración.

Casi todo fue genial, eso sí.


Sin pena.

Cero dramas.

Ecuanimidad. Enfoque.

La gloria está en el largo plazo.

Dureza mental.

Disciplina emocional.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

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ESTÁ BIEN, PERO ESTÁ MAL

“Leverage is a force multiplier for your judgement”, dice Naval.

Traduzco yo: “El balance de las cosas a tu favor es un multiplicador de fuerza para lo que piensas”.

Recordemos que “leverage” es “apalancamiento” en finanzas. Esto nos dice poco a las personas que no andamos en ese mundo. Mi interpretación es una donde entendemos el leverage como algo positivo, de ahí que sea el balance de las cosas a tu favor.

Un multiplicador de fuerza es una habilidad, persona o situación que eleva bastante el poco esfuerzo que inviertes en ella. Este artículo llega a miles de personas. Solo lo tengo que escribir una vez. Sirve como un agente de ventas porque está obteniendo tu atención y convirtiéndome en alguien interesante a tus ojos y así. Crear contenido es un multiplicador de fuerza moderno y poderoso.

Leer por placer un par de libros al mes desde tus diez años hasta tus treintas te regala casi medio millar de obras en tu mente. Estas son conversaciones con autores de todos los tiempos. El rango de ideas al que accedes es increíble y por lo tanto tu visión del mundo es amplísima, por decir lo menos. Esto te hace abrazar y potencialmente beneficiarte con ideas y personas que otros etiquetan infantilmente como excéntricas y/o peligrosas. Te conviertes en alguien que no hace un drama por renunciar a un empleo que no le gusta y reinventarse a su ritmo y con educación propia en una nueva área profesional. Habiendo leído tantas cosas interesantes, sabes que esto es normal en la humanidad y sobre todo en las personas más admirables que han construido cosas que nos fascinan a todos.

Leer por placer de manera sostenida es uno de los multiplicadores de fuerza más poderosos que existen.

Si naciste en una familia con vastos recursos económicos, este es otro multiplicador de fuerza. Irás a buenas escuelas. Conocerás más del mundo. Accederás a clubes con gente que está haciendo cosas más interesantes en lugar de meramente sobrevivir día a día.

Lo primero es entender que hay muchos multiplicadores de fuerza a tu alcance y otros que no.

Leer es un multiplicador de fuerza a tu alcance: solo requieres insertar TADI en ello.

Taladra esto: TADI es Tiempo, Atención, Dinero e Incomodidad. Todo aquello en lo que metas TADI, florece.

Metemos TADI a nuestros vicios, así que cuidado, no todo lo que florece es bueno. Tienes que vigilar constantemente en qué te estás enfocando.

Nacer en una familia con dinero es un multiplicador de fuerza fuera de tu alcance. Olvida esta categoría. Quienes no lo hacen, viven quejándose de la vida. No puedes cambiar estas condiciones originales del juego en que te tocó participar.

Ahora hablemos del juicio, del criterio, de la forma en que procesas el mundo con tu mentalidad.

Esto es a lo que Naval se refiere con “judgement”.

Digamos que estás en un nuevo empleo. Y te sientes inseguro, como es normal. No conoces a nadie. Te haces amigo de los primeros que te saludan. Pasan los días y algunos de ellos te comienzan a invitar a la hora de la comida a que los acompañes al restaurante cercano al que siempre van. Platican. Se hacen amigos. Está bien. Esto es natural y deseable. El problema es no aplicar un buen criterio y entender que cuidar al máximo estas relaciones nos impedirá avanzar.

Las personas que van a conectar fácilmente contigo en tus nuevas circunstancias en el trabajo es gente o en tu nivel o un poco abajo o tímidamente arriba en la jerarquía corporativa. No son personas que puedan realmente servir como mentores para objetivos ambiciosos.

Aceptar todas las invitaciones que te hacen, procurar caerles bien todo el tiempo, hacer lo mismo que hacen te llevará a actuar y pensar exactamente como ellos dentro de poco tiempo.

El problema de esto es que —si los analizas— verás que prácticamente todos ellos llevan años haciendo lo mismo, no andan en las alturas.

Esto ofende a mucha gente que me dice que no tengo que ser elitista ni pensar siempre en la gente como si solo fueran medios para avanzar y que solamente son amigos y demás.

Tus amigos, tus conocidos, el círculo con el que convives seguido, todo eso es lo que más fuerte moldea tu criterio, tu juicio, la forma en que procesas el mundo. Esto es peligroso si no lo entiendes, porque dejas que cualquiera interfiera con tu verdadero gran potencial.

Este ejemplo extremo y poco agradable molesta a muchos, pero estamos hablando sobre cómo usar los multiplicadores de fuerza en nuestra vida, no cómo ser la Madre Teresa de Calcuta y recibir el cariño de toda la humanidad por siempre.

Otro ejemplo es el de la educación tradicional. Obtener buenas calificaciones en la escuela no es realmente una ventaja en la vida real. Lo que ocurre cuando tu desempeño escolar es normal o bueno es que al egresar e interactuar con el mercado estás en el mismo plano de recompensa que los demás. No hay algo extraordinario esperándote.

La escuela tradicional no es un multiplicador de fuerza. Es apenas algo que te coloca en el promedio donde están todos los demás.

Y como dice mi hijo adolescente, “promedio” significa “sí, está bien, pero está mal”.

Vaya, que si hay una guerra allá afuera para nosotros los adultos en el mercado, la escuela lo que hace es apenas darnos una espada y un escudo. Al llegar al campo de batalla, notamos con incredulidad que todos tienen también una espada y un escudo. Dime si consideras esto alguna especie de ventaja. No te engañes.

Saber inglés, Microsoft Office, enviar e-mails, escribir, sumar, restar, multiplicar, dividir, fechas históricas, entregar reportes y presentar frente a un grupo no son ventajas. Son habilidades promedio. Hay que tenerlas, sí, pero no poner nuestras grandes esperanzas en ellas.

Los multiplicadores de fuerza son tanques acorazados, aviones de combate y bombas nucleares. Algo que rápidamente informa a todos que no les conviene joderte.

Ya para cerrar estas notas:

• Los libros y las familias ricas son ejemplos de multiplicadores de fuerza.

• Puedes acceder por tu cuenta a algunos multiplicadores de fuerza. Para otros necesitas suerte.

• Enfócate en los que puedes hacer parte de tu vida e ignora los demás para no vivir amargado.

• Poner la balance de las cosas a tu favor significa usar multiplicadores de fuerza de tu juicio.

• Tu juicio es tu criterio, esto es la forma en que procesas el mundo a través de tus pensamientos.

• Todo lo que haces, todo lo que consumes intelectual y nutricionalmente, todos con quienes convives, todo ello moldea tu mentalidad. Debes cuidar esto al máximo.

• Te venden que la escuela tradicional es un multiplicador de fuerza cuando en realidad lo que te da son apenas armas promedio.

• Lo promedio es bueno pero es malo.

Parafraseando en una libre traducción la espectacular frase del día de Naval, poner el balance de las cosas a tu favor implica usar multiplicadores de fuerza con tu buen juicio.

Y si tu criterio es genial, uf, el mundo es tuyo.

Sin pena.

Cero dramas.

Ecuanimidad. Enfoque.

La gloria está en el largo plazo.

Disciplina emocional.

Dureza mental.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

Otro multiplicador de fuerza es mi newsletter. Suscríbete gratis aquí.

WEBMASTER EN EL CIBERCAFÉ

Una chica de diecisiete años me preguntó ayer cómo podía comenzar a emprender si no entendía todavía muchas cosas. Curiosamente, comencé con mi primer negocio a esa misma edad, así que le platiqué sobre mi experiencia. 

Eran los años finales de la década de los noventas y la web 1.0 estaba explotando en los círculos nerds a los que me interesaba pertenecer. Había apenas un par de cibercafés en la ciudad. Ahorraba disciplinadamente cada semana para ir a alguno de ellos y sumergirme como poseído en «la supercarretera de la información». 

El concepto de páginas web me fascinó y decidí tener la mía. Busqué tutoriales sobre esas cosas llamadas HTML, CSS, CGI, PHP, servidores Apache y demás. Descargué toda la información que pude en un diskette. Regresé a mi aburrida computadora sin internet en casa y me peleé con el código cada semana hasta poder regresar a la siguiente renta de una hora del cibermundo y subir mis actualizaciones en el servidor. 

En algún punto, algo hizo clic en mí y entendí el valor de lo que acababa de conseguir: aprendí por mi cuenta una habilidad que pocos tenían en ese momento y ahora podía venderla a otros. Me anuncié como webmaster en México en Yahoo! y enseguida llegaron despachos legales, fábricas y otro tipo de empresas a solicitar cotizaciones. Yo no sabía cuánto cobrar. Tampoco sabía negociar. Lo único que sabía era cómo poner lo que sea en línea.

Respondí lo mejor que pude cada uno de aquellos mensajes de arquitectos, licenciados y otros profesionales que me intimidaban. Cerré varios tratos. Me puse manos a la obra.

Luego llegó el problema de cobrar a distancia. No había Paypal. No había cripto. Los dueños de estos negocios no sabían al principio que estaban lidiando con un menor de edad que no tenía cuenta bancaria y que no podía emitirles una factura por sus gastos empresariales. Sin embargo, lo que he entendido con los años, es que la gente que invierte en cosas vanguardistas tiene eso, mentalidad vanguardista, y jamás se dejan derrotar ante obstáculos ridículos como tonterías burocráticas. El interés de mis clientes por conquistar la red mundial era más grande que poder deducir fiscalmente ese gasto. Supongo que —al fin empresarios— proyectaron algo de ellos en mí cuando se enteraron que su «experto» era yo, un mero chamaco pre-universitario con actitud positiva y hambre de hacer cosas.

Le dije a la chica que esto es exactamente lo que tiene que empezar haciendo: una evaluación de cuáles servicios puede ofrecer a otros. Por su edad, le recomendé que diera clases de física, química y matemáticas a niños de primaria y secundaria. Y aquí viene otro punto: mucha gente podría ofrecer sus servicios en muchos de estos temas pero no lo hacen porque están atrapados en la mentalidad de querer ser «expertos» para poder salir a la calle a vender sus habilidades.

Ya eres experto en muchas cosas. El problema es que no te ves a ti mismo así. Piensas en un «experto» como alguien casi al nivel de Dios. No hagas eso. Un experto es simplemente aquel que sabe un poco más que las personas a las que va a servir.

A ver, probablemente si me comparo contigo —querido lector— yo soy experto en negocios. Esto no significa que soy el mayor experto de negocios de la historia de la humanidad, ni que soy el experto global por encima de todos, para nada. Es simplemente que mi larga ejecución en esta arena me ha dado conocimientos y habilidades que tú todavía no has recorrido. Eso es todo. También soy un experto del gimnasio si jamás has estado formalmente en uno. Y eso no significa que mi cuerpo es de envidia o que soy el más fuerte de todos.

Un joven de quinto semestre de contabilidad en la universidad es —comparado conmigo— un experto en esa área. El chico no vende su expertise porque no se la cree. Vive comparándose con sus maestros, con los que tienen despachos, con los que han estudiado media docena de posgrados, con los que son los ninja-master-sensei de su especialidad. Bajo esa luz, sí, claro, el chico es una pulga técnica e intelectual, pero para muchos como yo podría ser un faro de luz si un día decide exponerse creando videos entretenidos y didácticos.

Calibra la audiencia a la que puedes servir. Este es el secreto.

Vender tu tiempo a cambio de dinero no es una actividad sostenible a largo plazo, pero si tienes diecisiete años o estás en una situación financiera complicada, soluciona con esta técnica de ser experta para la audiencia adecuada. Conforme adquieras más confianza en ti misma, desarrolla productos —de preferencia digitales— y desde ahí sigue aprendiendo cómo automatizar y hacer más y mejor las cosas en negocios.

Evita lo siguiente:

Pon atención:

Asegúrate de entender esto:

Si estás buscando tener todo claro en tu mente para lanzar tu idea de negocios, estás haciendo mal las cosas. Esto solo te da una falsa sensación de seguridad. Si un error tremendo he cometido y visto en muchos ejemplos cercanos, es creer que tu modelo de negocios debe ser totalmente claro para poder comenzar y que así se mantendrá.

Necesitas muchísima flexibilidad mental y emocional durante bastante tiempo al inicio de tu emprendimiento para estabilizarlo. Tu negocio cuando nace es como un globo lleno de aire al que sueltas sin haberlo amarrado en el extremo y termina volando descontroladamente por toda la habitación: es imposible determinar cuál ruta tomará o dónde caerá. 

Una idea fija desde el inicio es lo peor que puedes albergar en tu mentalidad. Esto te quebrará cuando veas que al mercado tu idealismo, tus estudios, tus relaciones, tu capital, tu entusiasmo, tu atractivo y demás no le importan en lo absoluto. El mercado demanda que te adaptes rápidamente y con buena actitud para dignarse a regalarte alguna oportunidad.

Si hubiese competido en uno de esos concursos de emprendimiento con mi modelo de negocios para vender páginas web a finales de los noventas, probablemente habría perdido, me habría desmotivado y los jueces me habrían fusilado por no tener claro cómo iba a cobrar a los clientes y no contar con la capacidad fiscal para emitir facturas a esas empresas que eran parte de mi estrategia. Al no discutir mi idea con nadie y simplemente lanzarla e ir resolviendo cada problema durante la marcha, aprendí, avance y vendí mucho más de lo que un análisis «perfecto» me habría permitido.

Ventajas de esos concursos de emprendimiento: te conectan con gente entusiasta, conoces otras ideas. Desventaja: te hacen adicto a necesitar que otros te den su bendición intelectual/emocional para lanzar tus ideas. Vive libre de esto tanto como puedas. Es genial cuando lo dominas.

Y. Resuelve. Los. Malditos. Problemas. De. Tu. Emprendimiento. Sobre. La. Marcha.

No estoy diciendo que esta actitud de «no analices tu idea» sea adecuada para todo escenario.

Estoy diciendo que si tienes diecisiete años, simplemente comiences a ofrecer tus soluciones ya.

Estoy seguro que más de un emprendedor se puede beneficiar en grande con mi consejo de no poner tanto énfasis en una planeación exagerada, que al final del día es en realidad un modo de esconder el miedo de enfrentarse a la realidad. 

No existen líneas rectas en absolutamente ninguno de los caminos del emprendimiento. 

Get started. Now.

Sin pena.

Cero dramas.

Ecuanimidad. Enfoque.

La gloria está en el largo plazo.

Disciplina emocional.

Dureza mental.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

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TODOS LOS ROBOTS DEL PRESIDENTE

En estos días, mi hijo mayor y yo comenzamos a leer juntos The Almanack of Naval Ravikant, libro que se describe a sí mismo como una guía para la riqueza y la felicidad.

Admiro y sigo a Naval probablemente desde hace unos diez años. Hoy en día es muy famoso en el círculo de gente metida en alta tecnología e inversiones. Su cuenta en Twitter es de las cosas más fascinantes que te puedas encontrar en la red.

Leí esta obra cuando salió hace ya algún tiempo. Retomarla ahora para compartirla con mi adolescente en casa es refrescante.

Naval comienza explicando algo que considero crucial para el futuro de nuestros hijos: el peligro de la automatización.

Usaré la inspiración que me dio combinada con mis palabras para abordar el tema.

Comencemos.


En Walmart hay una sección especial de cajas de cobro donde solamente eres tú y la máquina. En cada terminal haces por ti mismo el trabajo de escanear y pesar los productos, pagar con efectivo o tarjeta y meter de nuevo los productos a tu carrito. Al momento de escribir estas líneas, probablemente hay unas quince cajas con humanos y cinco sin ellos en la sucursal que mejor conozco.

¿Sabes por qué Walmart utiliza todavía humanos para cobrar los productos y servicios?

Antes de responderte, déjame decirte que, como empresario, uno de los costos que más cuidas es el de la nómina. Es increíble lo costosa que es la gente. Antes de que las pasiones se inflamen y los activistas extremos pro-empleo del mundo me linchen, quiero decirte que entiendo lo importante de la gente en las organizaciones. Sin personas geniales no puedes construir una compañía genial, claro.

El detalle está en que —a pesar de todo lo que te digan en bonitos discursos— al final del día, el punto más importante para cualquier corporación son las ganancias. Y el staff consume mucho de ese potencial.

No estoy escribiendo esto en un tono deshumanizado, ni culpando a la gente por ser costosa. Estoy estableciendo un hecho que pocos te van a explicar de esta manera directa. Todo empresa va siempre a decir que la gente es lo más importante pero en épocas difíciles lo primero que se altera a la baja es la cantidad de colaboradores.

Walmart podría sin problemas utilizar solo sus cajas de cobro computarizadas. Su tecnología funciona muy bien. Por cada diez de estas, tal vez solo necesita a un humano para supervisar al ocasional usuario con dudas.

Walmart no hace ni hará por el momento el movimiento de sustituir a todas las personas que trabajan en sus cajas de cobro. Eso levantaría protestas políticas y sociales que le estorbarían en sus planes constantes de expansión. Walmart mantiene esos empleos redundantes para lucir bien ante las autoridades y las comunidades, pero esto no significa que siempre será así.

Hoy aceptamos en el discurso social ideas que hace veinte o treinta años eran inauditas y/o tabú. ¿Por qué crees que no vamos a aceptar la falta de humanos pagados en Walmart como algo normal en unos diez años?

El plan de Walmart —en mi visión no informada— es infiltrar poco a poco la idea de las cajas de cobro computarizadas entre los clientes y hacerlas parte del firmamento diario de las actividades de la tienda.

Hoy son cinco robots y quince humanos.

Mañana diez y diez.

Luego quince y cinco.

Finalmente veinte y uno.

Esto no es maldad per se.

Esto es la realidad.

Y te conviene prepararte para ella.

Por supuesto que esta tendencia no es exclusiva de Walmart, una compañía como cualquier otra que aspira a mantenerse relevante en el mercado. Esto mismo está ocurriendo ya también en BBVA, donde lo más normal del mundo es interactuar directamente con sus robots llamados ATMs, cajeros automáticos, quienes integran cada vez más y más habilidades.

Las cajas automáticas sustituyen humanos.

Las apps sustituyen edificios.

Esto se llama automatización. Y apenas vamos rascando su superficie. Te lo digo como alguien que está metido en ello en el terreno industrial con una empresa que le vende a grandes corporaciones soluciones de este tema.

Mira: toda tecnología que conquista al público en general, comenzó conquistando industrias primero. Y desde esta arena te digo que la automatización justo está comenzando.

La automatización es una amenaza seria para el futuro del trabajo.

Los políticos no van a hablar de esto en voz alta porque no hay mucho que puedan hacer. Por un lado, necesitamos que nuestras empresas sean competitivas a nivel global para ser rentables y que paguen impuestos y que esos recursos entren al gobierno. Por otro, para ser competitivo y rentable tienen que hacer al menos lo mismo que están haciendo los demás y eso significa reducir costos al máximo. Y la forma en que esto se logra es con tecnología.

El problema es de tal magnitud que desde hoy ya se están elaborando posibles soluciones para aliviar el malestar social que solamente se irá agrandando en las próximas décadas en todo el planeta.


Prácticamente toda la automatización que está ganando terreno en nuestra sociedad es de nivel tímido y de bajo perfil. Ejemplos de automatización abundan, pero no solemos verlos así.

No encontrarás en Walmart a un ente cibernético humanoide blanco cobrándote las frutas y verduras con sus manos robóticas hablando con su sintentizador de voz. Este es el problema de muchos: visualizan los peligros del futuro de manera imprecisa.

El “robot” de Walmart que le quita el empleo a la mamá soltera sin educación universitaria es apenas una caja laminada de formica que adentro tiene una computadora común y corriente adaptada con sensores y otros dispositivos. Luce como un artefacto común cualquiera. No se anuncia ni aparece como amenaza al futuro del trabajo humano.

Tesla igual. Sus autos traen un volante para que sientas que tienes el control. Te dicen que es importante que haya un conductor. Esto en realidad es para no inyectar un shock cultural extremo en nosotros, la generación que necesitamos sentir que alguien —no algo— nos transporta. Hoy nadie realmente extraña los caballos como medio de transporte pues las generaciones necias que no querían aceptar la supremacía del automóvil desaparecieron. Lo mismo ocurrirá con los futuros modelos de transporte sin volantes ni conductores: se impondrán conforme los nuevos tomadores de decisión aprendan a ver el conducir como una habilidad irrelevante del pasado.

Usar un servicio notarial es algo que se solucionará con la transparencia de la tecnología blockchain. Ya se hace en varios casos porque no hay mayor transparencia en un proceso que aquella protegida por matemáticas en lugar de papeles y humanos.

Diseñar un sitio web. Desarrollar un sistema de cobro en línea. Hacer gráficos profesionales. Wix. Stripe. Canva. Esos son los “robots” que están automatizando el trabajo del webmaster, del ingeniero en sistemas y del diseñador.

Sí, ya sé, dije “webmaster”. Eso ya ni se usa, pero tales fueron los tiempos en que me crié.

Las nuevas tecnologías no están diseñadas para crear nuevos empleos. Cierto, algunos puestos especializados para operar y mantener los nuevos sistemas son necesarios, pero esto no significa que los cajeros, conductores y otros empleados que perderán sus trabajos puedan dar el salto hacia esas nuevas oportunidades. Esto se llama “up-skilling” y funciona con tan pocas personas que cuando ocurre, lo llamamos caso de éxito. “¡Mira!” —te dicen— “esa persona era un conductor de trailer de carga y después de seis meses en una escuela en internet ahora es programador y gana cinco veces más”.

Eso está genial, pero no es fácil ni común.


¿Hay algún antídoto para la amenaza de la automatización?

Not really.

Vamos con paso firme y rápido hacia allá. Querer evitar esto es como querer evitar lo triple equis en internet o la suplantación de los discos de vinilo por CDs, DVDs y Blu-Rays. Son ideas que una vez que se lanzan al mundo, ya nadie las puede parar.

Lo que nos conviene preguntarnos es cómo interactuar de forma ganadora al lado de la automatización.

Bien.

Primero quiero decirte que hay muchas entidades privadas y públicas alrededor del mundo ejecutando proyectos de mediana y gran escala en ideas sociales “locas” para estar listos para el futuro. Muchos verán esto que voy a comentar como risible, idealista, inocente por el simple hecho de que están acostumbrados a lo que hoy vivimos como si así hubiese sido siempre en la historia de la humanidad. Los cheques, las nóminas, los bancos, los salarios, la jornada laboral, los derechos sindicales, todas esas cosas son ridiculeces en el gran esquema de la historia de la evolución humana. No son lo natural, pero al ser lo único que las mayorías conocen, piensan que hay que luchar por ello para mantenerlo.

Y no es así.

Los proyectos que te menciono para el futuro social donde no habrá muchos empleos están basados en una idea llamada “Universal Basic Income” (UBI). Esto trata de ofrecer un ingreso frecuente y suficiente a todos los ciudadanos para que florezcan, para que hagan con su vida lo que quieran. El trabajo existirá, pero será opcional en la mayoría de los casos. Estos empleos servirán para darnos identidad y propósito. Tenemos una mentalidad tan adicta a la productividad y al trabajo que pensar en el hecho de dar dinero a todos sin nada de esfuerzo a cambio nos causa un conflicto emocional, por decir lo menos.

Hay muchas consideraciones y retos técnicos al implementar una política social masiva de UBI. Tan solo podemos nombrar los efectos de segundo y tercer orden que podría tener en una espiral inflacionaria y otros problemas de cuestión macroeconómica, pero matar la idea de UBI antes de que vea la luz en muchas latitudes es el equivalente de decir que nuestro sistema actual nos gusta y que gracias a él la mayoría de la población está bien, lo cual Dios, tú y yo sabemos que no es verdad.

Para justificar UBI, se necesita una mentalidad que entienda la nueva realidad. Esto que estoy haciendo en este preciso instante, este artículo, pasar tiempo en Bear al escribir esto —mi procesador de textos favorito— es un trabajo. Uno por el cual nadie me paga. Revisar mis redes sociales. Hacer scrolling infinito en TikTok. Todo ello puede ser considerado desde cierta lente como un trabajo. Existen nuevas teorías que promueven el hecho de que los usuarios reciban una compensación por la cantidad de datos que generamos a diario. Esto se llama Data-as-Labor y es parte de la conversación donde las ideas de antaño se sienten así, viejas, anticuadas.

El mundo que conocemos de reglas claras, de entendimiento fijo y de certidumbre se está derrumbando para dar paso a uno que pone la optimización por encima de todo. Esto da miedo a muchos y hace que los defensores del “humanismo” pongan el grito en el cielo.

Tranquila. Tranquilo.

No estoy a favor ni estoy diciendo que todos debemos ser ingenieros o programadores para tener un buen futuro.


Plomeros. Jardineros. Dentistas.

Este tipo de actividades son bastantes difíciles de automatizar. Son de las apuestas más seguras a las que alguien puede ingresar.

Entre más problemas resuelves como plomero, como jardinero, como dentista, más conocimiento específico obtienes.

El conocimiento específico te convierte en una cucaracha. Y créeme: eso quieres ser.

Obviamente, cuando digo cucaracha lo hago en el sentido honorable tanto para el insecto como para el humano: ser alguien resistente, alguien que se mueve y sobrevive donde los demás no soportan una explosión nuclear.

La automatización ha comenzado a comerse el lunch de los trabajos repetitivos como los que ya te mencioné. Evita apostar en esas actividades. Pueden lucir seguras hoy, claro, pero no lo son. Si crees que tu empleo en Walmart se va a mantener hasta el punto donde te jubilas en unas décadas, piensa en las aerolíneas, bancos y demás grandes corporaciones que de un día a otro se han ido a la quiebra.

No intento ser fatalista ni arruinarle el día a nadie.

Intento compartir contigo las explicaciones que Naval me ha dado para tener estas conversaciones con mi familia.

¿Sabes cuáles trabajos van a tardar muchísimo tiempo en ser suplantados? Aquellos que requieran lidiar con otros humanos para ejecutar cosas.

Ser político, manager y emprendedor son de las cosas que te convierten en alguien difícil de reemplazar por el conjunto de habilidades sociales requeridas y la combinación de conocimiento técnico y subjetivo necesario para tener éxito en la ejecución.

No creas todo lo que ves en los documentales ni en los videos virales donde parece que la inteligencia artificial ya puede hacerlo todo o que la tecnología está tan avanzada que somos lo máximo del universo. Elon Musk no pudo automatizar la colocación de asientos en las fábricas de sus autos a pesar de tener acceso a conocimiento, robots, capital y visión de clase mundial para ello. Sí, hay mucho avance, pero no tanto como te lo venden.

No tienes idea de la cantidad de fábricas de empresas globales que todavía operan con tecnología y procedimientos de hace más de cuarenta años.

Muchas cosas no se automatizan —y por ende no se mejoran— no por cuestiones técnicas, sino por arreglos políticos. La distribución y administración del agua en países tercermundistas es un ejemplo claro. La tecnología para optimizar todo esto y tener control en tiempo real está fácilmente disponible. El problema son los intereses internos y externos que se ven afectados cuando intentas implementar una solución moderna.

Si te sirve de algo, esto de la automatización al extremo no va a ocurrir de golpe mañana. Es un proceso gradual que ya comenzó. Sus resultados fuertes se van a sentir en algunas décadas, por eso inicié este artículo hablando de mi hijo adolescente, porque son él y sus hermanos menores los que tienen que entender desde hoy el nuevo juego que viene.

A ti y a mí honestamente nos educaron con la visión correcta de encontrar un empleo seguro porque así era en nuestros tiempos. Fue un sistema que funcionó muy bien durante mucho tiempo, pero ya no más.


El conocimiento general —explica Naval— es lo que te jode —mis palabras, gracias. El conocimiento general es prácticamente todo lo que te enseñan en la escuela. Si todos sabemos lo mismo, es tan solo lógico asumir que no hay gran valor económico en ello.

El conocimiento específico—dice nuevamente Naval— es lo que te da oportunidades en la vida. Este conocimiento es técnico o creativo. Y cuando lo ejecutas durante un buen tiempo, se convierte en un juego para ti mientras que para otros luce como un esfuerzo laboral constante. Piensa en el arquitecto que diseña usando mods de Minecraft en el entorno de realidad virtual de un Oculus de última generación. ¿Está jugando o está trabajando?

Para que tengas una guía: la escuela te da conocimiento general, y está bien, aprende eso ahí, pero no pongas tus esperanzas en ello. Son tus intereses y actividades adicionales las que te dan conocimiento específico. Y el conocimiento específico es el que te da las mejores oportunidades en la vida.

Aquí voy a hablar de un videojuego de terror y el potencial positivo que veo en ello en el desarrollo profesional de mi hijo mayor.

“Project Zomboid” es uno de esos videojuegos donde sus creadores no se estresan por la calidad de los gráficos, justo como en Minecraft donde los detalles de todas sus construcciones son burdas. El encanto de este tipo de escenarios es la capacidad que dan al jugador para construir sus soluciones.

En el caso específico de Project Zomboid, ya sabes, el fin del mundo llegó, hay zombies por todos lados, el usuario debe sobrevivir y todo es lúgubre y escaso. El potencial que veo en esto es que no es un videojuego tradicional donde rompes una ventana y fácilmente atraviesas al otro lado. Aquí debes de tener algo con lo cual protegerte de los vidrios al cruzar y contar con una escalera si no la alcanzas por la altura. ¿Quieres construir una cerca para tener a raya a los zombies? No puedes hacerla de la nada si no has hecho carpintería básica de otras cosas antes. Y para llegar a este nivel de solución, debes también haber leído libros que te dan los fundamentos de la habilidad.

A lo que voy con toda esta explicación es que donde tal vez tú ves un simple videojuego que le hace demandas realistas al usuario, lo que yo veo es un entrenamiento en lógica para alguien que más adelante puede vender sus servicios de simulación de escenarios realistas de clientes en un supermercado/estadio/centro de convenciones/fábrico y modelar sus comportamientos dependiendo de la configuración de estantes, música, componentes y demás.

Los jóvenes como mi hijo no están jugando Project Zomboid: en realidad están entrenando para usar estas habilidades en cuestiones capitalistas pagadas más adelante, solo que por ahora no lo saben.

Además, al igual que en Minecraft, la comunidad enganchada con este juego puede crear “mods”, que son alteraciones para personalizar tu juego. Considera que te inventas módulos —de ahí viene “mods”— que agregas a tu experiencia para cambiar, no sé, el color del menú o la velocidad de adquisición de habilidades o cosas así. Tú y yo debemos empujar a que nuestros hijos sean nerds que se meten a foros para aprender por su cuenta cómo crear sus propios mods.

Esto se llama, como ya lo dijimos, conocimiento específico. Este conocimiento luce como juego para el que lo ejecuta y como trabajo para los externos que solo ven a alguien alterando líneas de código.

Dale conocimiento general a tus niños con la escuela tradicional.

Y facilita que tengan pasión por el conocimiento específico a través de videojuegos, libros, proyectos, campamentos y demás.


Ni los gobiernos ni las corporaciones van a hablar contigo de la automatización como la amenaza que es.

Los primeros no quieren enterarse de nada que vaya a afectar su cobro de impuestos ni a causar malestar social.

Los segundos no quieren hacer ruido que baje el valor de sus acciones ni que les genere enemigos en la política y la comunidad.

Depende de ti entender bien esto y mantener un ojo vigilante en cómo se va moviendo realmente el mundo.

Hubo un instante en que era posible conquistar tanto la riqueza como la felicidad solamente con conocimiento general. Seguías las mismas reglas y entendimiento que el resto del mundo y todo estaba bien.

Hoy esto ya no es posible.

Hoy necesitamos conocimiento específico. Y recuerda: esto únicamente lo conseguimos en la práctica, haciendo cosas. Desde emprender hasta organizar un viaje al extranjero, pasando por hacer voluntariado, crear mods para tus videojuegos, dominar soluciones no-code para instalar sistemas complejos y así.

El nombre del juego se llama “ser irremplazable”.

Ajusta tu visión para ver que los robots ya están en todos lados. No los llamamos así, pero eso son. Parecen cajas, software, vehículos, todo menos humanoides torpes como los que nos enseñaron las películas.

Acepta nuevas ideas de reconstrucción social para brincar a ellas cuando se presenten en tus coordenadas. Reta todo eso de empleos fijos, salarios y prestaciones y demás temas que hoy ves como naturales pero que en realidad fueron igual o más controversiales cuando aparecieron en el mundo.

Evita trabajos repetitivos.

Entra a trabajos como project manager y demás que requieren que desarrolles muchos elementos técnicos y sociales.

Que tú y tus hijos tengan un futuro maravilloso.

Sin pena.

Cero dramas.

Ecuanimidad. Enfoque.

La gloria está en el largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

P.D. 1: La acción no siempre trae felicidad, pero no hay felicidad sin acción. Lo dijo Benjamin Disraeli.

P.D. 2: Si esto te gustó, suscríbete gratis a mi newsletter. Te va a encantar.

ZUCKERBERG DIDN’T KNOW!

Hace diez años pagué mi participación en un evento de tecnología financiera. Me bañé, viajé, llegué, me registré y entré a las pláticas que me interesaban. De repente, en una de ellas, escuché a Divya Narendra hablar de su más reciente empresa.

Divya Narendra es uno de los tres fundadores de Harvard Connection, la empresa/sitio web que contrató a Mark Zuckerberg —ahora Fundador, CEO y master-ninja-sensei de Facebook— para ser su programador. La historia —el drama— entre Mark y Divya es la base de «The Social Network», una película ligeramente basada en lo que ocurrió en aquella época.

Divya terminó su plática y quedó abandonado en una esquina del salón. Yo volteé a todos lados sorprendido de que no tuviera una audiencia acosándolo con más preguntas después de su plática. No lo pensé mucho y me levanté de mi asiento al tiempo que el siguiente expositor subía al escenario.

Saludé a Divya. Me saludó. Hice un poco de small talk. Divya, tú y yo lo sabemos: uno va a estos eventos a hablar y a que te hablen, a saludar y a que te saluden, a conocer y a que te conozcan.

Divya presentó en su conferencia una plataforma para hacer inversiones en línea bajo la guía experta de asesores que podían —o no— cobrar por ayudarte a diversificar tu portafolio. Le hice varias preguntas que respondió amablemente.

Después de un tiempo razonable de mostrar interés por su proyecto actual le pedí permiso para hacer una pregunta más personal.

Una pregunta sobre Harvard Connection.

Imagina cuántas veces le preguntaron a Michael Jackson cómo demonios hacía el moonwalk. O por qué demonios se cambió el color de piel. Imagina el hartazgo de Michael Jackson ante las mismas preguntas todo el tiempo.

Algo así le ha de pasar a Divya, quien ahora es famoso entre el circulo de nerds que nos gusta seguir todo esto de startups. Preguntarle sobre Harvard Connection era preguntarle sobre Mark Zuckerberg y eso equivalía a preguntarle sobre Facebook, empresa con la que él y sus demás socios estuvieron en litigio durante un buen tiempo.

Divya —amable, nuevamente— me dijo que claro, adelante.

«What happened?», le pregunté con mi inglés cargado de acento mexicano. «Why didn’t you guys sign a contract with Mark?». Su respuesta fue perfecta en la simpleza, honestidad y detalle: «I was twenty-one», me dijo. «Nobody knew how big this thing was going to be. Nobody knew! And by the way, Zuckerberg didn’t know either!»


Vivo en una bonita ciudad con playa. Hay palmeras borrachas, un par de edificios grandes y centros comerciales modernos, ¿pero sabes cuándo habría conocido y platicado con alguien como Divya si yo fuera el tipo de persona que jamás sale de aquí? Nunca.

Si yo espero a que los eventos que me convienen vengan aquí, si yo espero a que las personas que quiero conocer vengan aquí, si yo espero que las respuestas a las preguntas que quiero hacer sobre ciertos temas vengan aquí, voy a esperar toda la vida.

Hay que moverse.

Hay que salir.

¿Estás esperando que tu cantante favorita vaya a dar un concierto a la vuelta de tu casa? ¿Estás esperando que cierto evento se organice en tu colonia?

No esperes. Invierte en ti. Invierte en tus experiencias, en tu conocimiento, en tu networking.

Me suelen preguntar cuándo voy a organizar mis eventos en tal ciudad y en tal fecha de preferencia. Agradezco mucho el interés, pero el tipo de personas que busco atraer a lo que organizo no se quedan quietas, no se limitan ante el hecho de viajar unas horas para conocer otras ideas, caras y situaciones.

En serio. No es tan costoso.

Es más costoso quedarse esperando toda la vida a que las cosas nos sucedan.

Sal de tu ciudad. Ve a cosas. Invierte en participar en cursos y seminarios, en conferencias y congresos.

¿Cuál es tu retorno sobre inversión en un evento? Es el mismo que puedes extraer de un buen libro o de una excelente plática: si encuentras tan sólo 1 IDEA que impulse tu emprendimiento y/o tu vida, la inversión que hiciste regresa multiplicada por una enorme cantidad de bendiciones.

Una buena idea que ingresa de forma correcta a tu sistema personal te inspira y te devuelve más que potencial, te devuelve cosas concretas: más recursos, más capacidad, más visión.

Nos vemos en alguno de esos eventos.

Sin pena.

Cero dramas.

Enfoque. Ecuanimidad.

Recuerda que la gloria está en el largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

P.D. 1: Prohibido hablarme de «usted» en cualquier situación. Acércate siempre con confianza a la gente. «Usted» no es sinónimo automático de respeto, es señal de otras eras y entornos. No es que esté mal, pero en negocios modernos la convención es dirigirnos los unos a los otros por nuestro primer nombre. Caray, en inglés —el idioma empresarial más importante— eso de «usted» ni siquiera existe.

P.D. 2: Si esto te gustó, suscríbete gratis a mi newsletter. Te va a encantar.

ALGUNOS DIOSES SE BURLARÁN

Recuerda que eres experto en algo.

Experto no significa obligatoriamente que eres el que más sabe del tema a nivel mundial, pero sí que tu entendimiento de un tema está por encima del promedio.

Yo soy experto en negocios, marca personal, redacción, tecnología, parenting y cosas así.

Sin embargo, existen millones de personas que ejecutan todas esas actividades mucho mejor que yo. Para ellos, no soy experto. Y está bien, pues no son la audiencia a la que debo servir.

El error de muchos expertos es que no le dan el valor a lo que saben. Creen que su conocimiento es algo obvio para casi todo el mundo. Esto ocurre porque —ejemplo— como plomeros viven en una burbuja donde conocen a otros plomeros y se comparan entre ellos en cantidad de clientes, reputación y así. Uno tiene más herramientas. El otro atiende una mejor zona de la ciudad. Aquel lleva cinco años más haciendo esto. Para alguien inútil como yo —que no sé nada del asunto— cualquier plomero es una fuente de sabiduría práctica casi infinita.

Otro error del experto que ya comenzó a creer en sí mismo, es querer cobrar rápida y desmedidamente por todo su conocimiento. Venimos de una época donde sí, el acceso a la información era algo premium y escaso. Hoy probablemente hay más tutoriales gratuitos en el universo que granos de arena.

El experto de hoy debe validarse públicamente exponiendo su técnica y dominio de la situación. Si abres tu cuenta en alguna red social y en tu descripción dices que eres “plomero”, absolutamente nadie te va a contactar. ¿Sabes? La gente quiere a alguien que 1) haya sido validado por sus amigos o 2) por las redes sociales, así que o construyes un prestigio increíble a nivel local —lo cual es lento y limitado— o desarrollas una marca personal donde demuestras lo que sabes hacer y te posicionas como una autoridad en la materia a la cual es un privilegio poder contratar.

Piensa en qué eres experto.

Quítate esa tontería de ruido mental que te dice que eres muy joven o muy viejo para hacer esto.

Ahora determina qué podrías explicarle al mundo a diario.

Ataca esas ideas de que “es que hablar de esto y aquello es muy básico”, “ya todo el mundo sabe eso”, “a nadie le va a interesar”, etcétera.

A veces como experto tienes que repetir aquello que para ti ya es aburrido pero que para la audiencia a la que estás sirviendo es bastante relevante. Tal es el trabajo y hay que ejecutarlo.

Un experto tampoco es necesariamente alguien que domina todo lo de su campo. Velo así: ¿sabes conducir? La respuesta solo es “sí” o “no”. No te pones a decir “bueno, sí, pero no podría con un automóvil de F1 o con un autobús de pasajeros”. Es decir, en esta respuesta prácticamente nunca nos ponemos a hablar de las fronteras de nuestra habilidad, simplemente observamos que sí, tenemos un auto, nos subimos a diario a él y lo operamos con precisión. Esto nos hace experto para todos los que no se siente cómodos con esta acción, que son muchas personas, créeme. Para declararte experto conduciendo, no metes a la discusión todas las limitantes que obviamente tienes en situaciones más avanzadas de la conducción de vehículos. Eso mismo haz en las otras áreas en las que eres experto.

Si eres un recién graduado de leyes, ya eres experto en el tema. Claro, te faltan posgrados, actualizaciones y exposición profesional intensa, pero ya sabes mucho más que yo y millones de personas. Ya puedes tener un canal de YouTube explicando cosas. Ya puedes escribir artículos en LinkedIn. Ya puedes debatir en Twitter. Obviamente eres nada para los dioses del derecho, pero no es a ellos a quienes estás intentando servir.

Algunos de esos dioses se van a burlar de lo que estás haciendo.

Algunos de esos dioses se van a ofender por lo que estás haciendo.

Entiende que declararte experto y actuar así en internet es una bofetada emocional para aquellos que todavía tenemos instalada una visión de la vieja guardia sobre cómo deben ser las cosas en este mundo que ya cambió pero que nos resistimos a aceptar.

Esto es lo que vas a hacer a diario: explicar cosas, las más básicas, lo harás con amor, con detalle, con la paciencia de un artesano que sabe que sus notas terminarán en manos desconocidas.

Ese contenido generará interés.

Ese interés generará acercamientos.

Esos acercamientos generarán conversaciones.

Esas conversaciones generarán prospectos.

Esos prospectos generarán ventas.

Esas ventas generarán confianza en ti.

Esa confianza en ti generará nuevo contenido.

Y reinicias el ciclo.

Yo te enseño a construir un negocio como todo un pro.

Yo te enseño también a desarrollar tu marca personal.

El juego de los profesionales de la vieja guardia era egresar de la universidad y con esa credencial en la mano, rezar para obtener oportunidades.

El juego de los profesionales de vanguardia es trabajar a diario de forma visible para que su prestigio y reputación crezcan y con ello lleguen constantemente oportunidades concretas a su puerta digital.

Si estás listo para ser un profesional de vanguardia, te veo dentro de mis cursos que inician a principios de Septiembre. Te van a encantar.

Envía ya aquí un mensaje de WhatsApp para recibir info de precios, fechas, promociones y demás.

Actúa con determinación, con rapidez, con precisión. Como todo un pro.

Deja de ver el juego desde la tribuna y métete a la cancha.

Sin pena.

Cero dramas.

Enfoque. Ecuanimidad.

La gloria está en el largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

P.D. 1: Recuerda que tu marca personal es aquello que la gente dice de ti cuando no estás con ellos en la conversación.

P.D. 2: Si esto te gustó, suscríbete gratis a mi newsletter. Te va a encantar.

TÉCNICAS DE VENTA 2022

Hubo un tipo llamado Ogilvy.

Hay quienes lo consideran el padre de la publicidad.

Si hoy viviera, probablemente sería uno de nuestros gurús favoritos de negocios en redes sociales.

En su libro “Ogilvy on Advertising” explica muchas técnicas para vender usando folletos, radio, televisión, eventos y demás.

Mira, aprender todos estos tipos de técnicas sirve, claro que sí.

Las técnicas para

• obtener más likes,
• conseguir que la gente descargue algo que estás ofreciendo gratis,
• compartir tu contenido

y otras así, todas ellas funcionan. Pero lo que debes entender es el núcleo que realmente mueve todo esto.

El verdadero núcleo que genera ventas, que te da más ingresos, es hacer lo que otros no.

Es ser diferente.

Ogilvy consiguió relevancia ante el mundo porque era prácticamente un intelectual en un entorno que no tenía intelectuales, solo gente queriendo hacer ruido. Ogilvy era realmente un estudioso profundo del comportamiento humano, un psicólogo sin diploma oficial que aprendió a entender qué era lo que movía a las personas a tomar decisiones.

La ventaja de Ogilvy era su intelectualidad.

Y en lugar de encerrarse en algún departamento de una universidad a hablar con otros en su nivel y volverse un profesor promedio, lo que hizo fue posicionarse en un área profesional donde podía llegar a grandes alturas con la ventaja que tenía.

Tú tienes ventajas. Si no te están llevando a las alturas que te gustaría, es que estás colocando en un punto donde tu ventaja no se nota sino que es simplemente una habilidad promedio como los demás a tu alrededor.

Ogilvy fue diferente.

Sé diferente.

Ogilvy actuó diferente.

Actúa diferente.

Cuando hablo de ser diferente en realidad lo que te quiero decir es que tengas miedos diferentes. Eso es todo.

Si tus miedos son los mismo que los de las personas que te rodean, lo que vas a construir es lo mismo que están construyendo los demás.

Por ejemplo, si te miedo —que tal vez llamas “pena”— poner videos con tus ideas o escribir notas en tus redes porque tus amigos o desconocidos te van a criticar, ¿qué crees?, estás actuando exactamente como el 99% de la gente.

Todos sentimos miedo cuando empezamos a crear contenido en internet. Todos. Absolutamente.

Nos sentimos ridículos porque sabemos que nuestros amigos burlones están ahí, al acecho. Sabemos que el jefe, nuestros colegas, familiares y demás están viendo lo que ponemos. Y sabemos que en sus entornos lo que estamos haciendo es ridículo, ciertamente lo es.


Pienso en conducir un automóvil.

Todos —absolutamente todos— comenzamos con nerviosismo.

Todos le damos algún golpe a nuestro primer carro. Todos causamos algún problema en una avenida con mucho tránsito. Todos nos equivocamos al cambiar de carril y así.

Tal vez llevas años conduciendo autos y hoy ya no recuerdas esos primeros días de nerviosismo. Subirte al coche, encenderlo, revisar los espejos, el tablero y que todo esté en orden es ya segunda naturaleza en ti.

Exactamente este es el mismo proceso con tu marca personal y con tus negocios. Llega un punto donde tomar decisiones, crear contenido, compartirlo, lidiar con situaciones difíciles, todo esto se vuelve una segunda naturaleza que no te saca de balance, que no te quita el sueño.

Para llegar ahí, tienes que ser diferente.

No logras sentirte cómodo conduciendo un auto si te unes al club de los que tienen miedo a conducir y jamás lo practican. Lo consigues yendo a tus clases, observando, equivocándote y moviéndote hacia adelante en tu entendimiento. Primero dominas las calles cercanas a tu casa. Luego la ruta hacia la escuela o el trabajo. Y un buen día haces un pequeño viaje en carretera hasta el instante donde ya te mueves por todo el país sin mayor problema.

Te entiendo perfectamente cuando quieres construir tu marca personal o tu negocio y te sientes inseguro pero confesarlo no es opción porque no quieres ser burla de nadie. Sé lo que se siente. He estado ahí y lo recuerdo muy bien.

Piensa en mí como ese tipo que te enseña a conducir dándote confianza, yendo a tu ritmo, dándote los consejos más importantes en el momento oportuno, inyectándote ánimo y diciéndote cómo mejorar. Solo que yo en lugar de autos me especializo en tu marca personal y negocios.

Haz lo que hizo Ogilvy si eres ingeniero, contador, artista, médico, deportista, empresario, ama de casa o así: colócate en donde tus habilidades te den ventajas, salte de los lugares donde eres promedio.

Aquí estoy yo diciéndotelo: un tipo sin un diploma oficial universitario que en un entorno tradicional no podría aspirar a mucho porque la sociedad dice que si no tienes el papel, no vales nada. Fueron casi diez años de creer que eso era verdad hasta el día que me di cuenta que el asunto no tenía por qué ser así y decidí ignorar esa narrativa.

Miles de seguidores después, negocios construidos a través de los años y grandes oportunidades llegaron cuando comencé a utilizar los pasos que ahora comparto contigo en mis cursos de marca personal y de negocios pro.


Mira, la intención de todos mis artículos es que te lleves cosas prácticas, independientemente de la venta que hago en ellos. No me da pena admitir que en todos mis artículos te estoy vendiendo algo porque en realidad todo el mundo lo hace, aunque parezca que no. Si no quisiéramos venderte algo, no estaríamos en redes sociales. A veces es algo concreto como un curso y la venta involucra dinero, a veces es algo abstracto como una idea y la venta involucra tu mentalidad. Pon atención a lo que cada quien te vende.

Entre lo práctico que me gustaría que tomaras de estas notas está el hecho de que colocarte en un lugar que va a premiar fuertemente tus habilidades es el mejor paso profesional disponible para ti en 2022. Si crees que “todo mundo” ya está “vendiendo cursos y haciendo cosas” en internet solo porque ves a muchas cuentas haciendo esto, estás totalmente equivocado.

Totalmente equivocado.

Las cien personas más cercanas a ti. Amigos. Familiares. Colegas. Conocidos. ¿Cuántos de estos tienen una marca personal fuerte en redes sociales y venden algo que les pone pan en la mesa? Con suerte dirás que uno o dos. La respuesta más normal es que ninguno. Lo sé porque llevo años haciendo este ejercicio con mis alumnos. Esto sirve de forma práctica para demostrarte el grandioso potencial que existe en desarrollar tu marca personal e impulsar tu negocio como todo un pro.

Las oportunidades geniales solo existen cuando no son obvias para todo el mundo.

Cuando ya son obvias y todo el mundo en realidad sí las está haciendo, entonces ya no son oportunidades: es lo natural.

Hacer negocios de forma pro y tener una marca personal no es obvio para la mayoría de las personas todavía. Lo natural es actuar como todos, pensar como todos, tener los mismos miedos que tú. Si tú entiendes esto y lo usas a tu favor, comenzarás a actuar diferente, pensar diferente y tener miedos diferentes.

Ten miedo a volverte promedio con tus habilidades, no a que a tus amigos se vayan a burlar de tu contenido en línea.

Ten miedo a no poner más y mejor pan en la mesa, no a que tu texto o video no sean perfectos en tus redes.

Ten mejores miedos para tener una mejor vida.


¿Cómo sabes si lo que hago funciona?

Porque estás leyendo esta línea en un artículo larguísimo en redes sociales donde lo normal es ignorar lo que no es divertido.

Porque llevas tiempo siguiéndome y te da curiosidad lo que comparto.

Porque ves lo que muchos comentan de mi contenido y conectas con su punto de vista.

Yo no tengo millones de suscriptores, ni millones de alumnos, ni millones de seguidores. Tengo miles. Y esto es lo que debes apreciar: tú no quieres un instructor desconectado de tu realidad. Para aprender a conducir no quieres al piloto consagrado de la Fórmula 1, quieres al señor que lleva años conduciendo y que todavía recuerda lo difícil que es para que te tenga paciencia y te pueda llevar paso a paso en el método correcto. That’s me.

Lo mejor de mis cursos son las sesiones en vivo. Participa en todas las que puedas. A las que no te puedas meter, bueno, las revisas después, quedan grabadas.

Conoce gente entusiasta como tú. Esto siempre es lo más importante en cualquier tipo de aprendizaje: rodearte de la comunidad adecuada. De ahí te das cuenta que tus sufrimientos raramente son únicos y eso significa que probablemente tienen solución. Eso encuentras en mis cursos.

Sé una doctora, una científica, una ingeniera, una maestra que aprende a exponerse en redes sociales y conseguir atención para sus proyectos, para sus ideas. No tienes que vender cursos si no quieres, pero jamás en la vida te va a estorbar tener miles de seguidores. Jamás. ¿Para qué los vas a necesitar más adelante? No lo sabes, no lo sabemos, pero lo inteligente es que ya los tengas a tu lado el día de mañana que así lo requieras.

No importa la edad. Esto de usar las redes sociales como todo un pro no viene con una etiqueta de “Prohibido para personas mayores de 30”. Este es un juego de gente enfocada, que entiende cómo moverse y poco a poco lo hace de manera más natural.

Listo. Espero esto te motive a tomar en serio este mundo de la marca personal y de los negocios pro. Te explico sobre todo esto en mi estilo directo, sin tonterías, te digo las cosas como son.

Si esto resuena contigo, te aviso que estamos por cerrar las inscripciones a estos cursos. Iniciamos a principios de Septiembre. Te van a encantar, tienes mi palabra. Garantía, ya sabes: si no te fascinan, solicitas tu reembolso en los primeros 30 días y listo. Cero dramas.

Envía un mensaje de WhatsApp aquí y te damos toda la información tanto del curso de Marca Personal como el de Negocios Pro. Solicita las promociones disponibles también.

Sin pena.

Cero dramas.

Ecuanimidad. Enfoque.

La gloria está en el largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

P.D. 1: Dice Ogilvy que las mejores ideas llegan como bromas, chistes, que nos conviene hacer nuestro pensamiento tan divertido como sea posible. En otras palabras, que nos atrevamos a hacer y considerar cosas que para otros lucen ridículas y que realmente terminan siendo grandes oportunidades.

P.D. 2: Si esto te gustó, suscríbete gratis a mi newsletter. Te va a encantar.

LA SEÑORA DE LAS PAPAS FRITAS

No mueras pobre.

No mueras sin haberlo intentado.

No mueras sin haber encontrado a tu tribu.

No mueras sin haber dominado el sentirte ridículo.

No mueras sin haber construido un patrimonio envidiable que puedas dejar a la siguiente generación para que comiencen con ventaja.

Muere como en esa famosa canción de Sinatra, ya sabes, a tu manera, habiendo intentado más de lo que podías hacer, habiendo encarado cada reto de frente y siendo dueño de la situación.

Muere con notas fantásticas sobre lo que aprendiste en muchas áreas técnicas, artísticas, científicas, culturales, sociales y deportivas a las que te atreviste a ingresar.

Hey, yo te ayudo a morir mejor —por decirlo de una manera dramática.

Keep reading.


Las tres formas en que te puedo ayudar a morir mejor:

  • La primera es compartiendo de forma directa contigo lo que he aprendido en más de diez años inventando desde cero una comunidad internacional de PADs y lanzando mis ideas para emprender. Estos son dos cursos y comienzan a principios de Septiembre. Se llaman «Marca Personal» y «Negocios Pro». Joder, tío, si consumes a diario mis hacks gratuitos porque te gustan y te sirven, vas a flipar con mi contenido premium.
  • La segunda forma en que te puedo ayudar es reuniéndome contigo y otras varias decenas de pros en San Miguel de Allende durante dos días a finales de Septiembre para hablar sobre cómo construir riqueza transgeneracional. En esto tengo muchas notas que te van a volar la cabeza.
  • Y finalmente, te doy coaching personalizado si eres un emprendedor o profesional que quiere pasar a niveles superiores generando más dinero con su compañía o con sus habilidades dentro de la corporación. Esto es vía WhatsApp en un formato sexy donde interactuamos al ritmo que a ambos lados nos conviene y vemos a profundidad cómo derribar barreras para avanzar.

Ayer leí una publicación de Morgan Housel, un escritor al que sigo con bastante gusto. Decía que llegó a un restaurante y ordenó una hamburguesa. La mesera la preguntó que si la quería con papas fritas, a lo que él respondió que no. Una señora de unos ochenta años escuchó esto y le gritó a la distancia, «entonces yo me las voy a comer» o algo así. Minutos después, la hamburguesa y las papas se materializaron y la señora le dijo nuevamente en voz alta, «recuerda que esas son mías».

Todos podemos imaginar fácilmente esta escena.

Velo así: lo has visto todo cuando ya andas en tus ochentas, ¿por qué ibas a sentir pena en decirle con autoridad a un extraño que tú vas a tomar de su plato las papas fritas que él no quiere? Esa es la actitud que a ti y a mí nos conviene desarrollar en la vida. Y si lo podemos hacer en las cosas que importan, mejor.

¿Cuáles son esas cosas que importan? Hay varias, pero mi trabajo se enfoca en insistir en estos tres rubros: tu marca personal, tus negocios y tu mentalidad.

Recuerda que el objetivo de tener una buena marca personal es conseguir la atención de una audiencia que apoye tus ideas. Lo que tú quieres con tu marca personal es exactamente esto que está ocurriendo aquí, en este instante entre tú y yo, donde andas consumiendo un texto como éste de un tipo al que tal vez no conoces de frente pero con el que sientes cierta afinidad en varias de las cosas que propone al mundo. Lo que quieres con tu marca personal es generarte recursos y oportunidades explotando las redes sociales para eso, para ser más social, mejor conocido de una manera profesional y positiva.

Sobre tus negocios, no se trata de que renuncies hoy si tienes un buen empleo y mañana emprendas el sueño de tu vida. Hay que ser estratégico. Mira, cuando te inscribes con tus amigos a una liga de fútbol local, entras a la cancha entendiendo la mayoría de las reglas: el fuera de lugar, los penalties, el saque de banda y cosas así. Si quieres jugar a tu mejor nivel, seguro entrenas duro previo a cada partido y cuidas tu alimentación. Emprender es lo mismo: puedes hacerlo sin prepararte y entrar emocionalmente desnudo a la cancha. Y lo único que vas a conseguir es que los que sí han hecho lo que hay que hacer barran el piso contigo.

Y si ya estás emprendiendo, lo peor que puedes hacer es pasar tiempo constante cada fin de semana en el bar hablando con tus familiares y amigos sobre lo que estás haciendo. Te quieren. Los quieres. Y eso está bien, pero no están en lo que tú estás. No pueden entender lo que estás intentando construir. No son tontos ni malas personas, pero esto es como si quisieras que un grupo de adolescentes te tomara en serio en tu opinión sobre cómo jugar GTA si ni siquiera tienes la consola apropiada en casa y jamás has pasado más de una hora dentro del videojuego. Todo pro tiene un coach. Y entre más alta su posición, más vital es esto. En negocios, yo soy un coach ideal. Sé de lo que hablas. Sé lo que te puede realmente impulsar.


Una de las inquietudes recurrentes que he notado en muchos de mis alumnos a lo largo de los años es que les da pena insistir en lo que ofrecen. Hay quienes me dicen «es que ya publiqué una oferta en la mañana, ya me voy a esperar hasta la medianoche para volver a ponerlo en internet».

¡No!

No, no y no.

Tienes que aprender a insistir. Sobre todo, tienes que insistir cuando lo que estás empujando al mundo es algo bueno.

La gente que comparte miedos, dramas, tonterías, mentiras, ninguno de ellos se limita, ninguno de ellos le da pena insistir con sus malas y tristes historias del mundo. Empujan toda esa negatividad con fuerza, con velocidad, con constancia. ¿Por qué entonces tú y yo tenemos pena de insistir cuando estamos construyendo negocios y agregando valor desmedido a la sociedad?

Tienes que insistir cuando tu producto o servicio impulsa genuinamente a tus clientes.

Coca-Cola no te ayuda absolutamente en nada más que dándote micro-segundos de euforia en un día caluroso. Y sin embargo, la compañía no se cansa de taladrar por todos los vías imaginables en que debes comprar sus productos. Usa esa misma actitud y tenacidad. Insiste con convicción porque lo que estás poniendo afuera en el mercado es para el bien colectivo. Créetela.

Aquí estoy yo, insistiendo como cada semana en que mis cursos, mi evento y mi coaching te convienen. Lo sé porque llevo años haciendo esto y la respuesta general que obtengo de los participantes es que ahora tienen herramientas que no habían considerado, que se sienten inspirados, que eso los motivó a comenzar.

Eso quiero para ti.


Te decía de la señora de ochenta años que tomó las papas fritas del plato de un desconocido en un restaurante.

Imita su confianza para decirle a tu audiencia lo que tienes entre manos.

Te decía de Coca-Cola y la publicidad insistente que hace sin pena de sus productos chatarra.

Imita su tenacidad para avanzar en sus objetivos.

Te enseño de marca personal porque sé la magia que ha desencadenado en mi vida. Esa magia está a tu alcance si insertas TADI, ya sabes, Tiempo, Atención, Dinero e Incomodidad.

Te enseño a construir riqueza transgeneracional porque llevo más de una década estudiando de cerca a quienes ya han conseguido esto y tengo muchas notas poderosas que nos van a ahorrar a ti y a mí años de frustración encerrados en un juego equivocado que no nos conviene.

Te doy coaching personalizado porque creo en la capacidad de esa persona que reduce su ego para aceptar buenos consejos y moldear mejor sus decisiones con un entendimiento superior de lo que será ganador en el largo plazo.


Hace unos días, alguien muy cercano a mí estuvo en un terrible accidente de autos en la carretera. Un trailer de carga a toda velocidad se quedó sin frenos y destrozó cinco vehículos.

Tal vez no creas en los milagros, pero aquí nadie murió y esto es casi la definición de uno.

Agradezco infinitamente que nada malo le ocurrió a esta amistad. De haber muerto, habría sido en sus términos porque esta persona lleva años moviéndose en lo que quiere, empujando lo que cree, creando su realidad y siendo alguien respetado por su ejecución y mentalidad. ¿De cuánta gente a nuestro alrededor podemos decir esto con sinceridad?

Seamos así.

Te estoy platicando este drama para recordarte a ti y a mí que no tenemos que conseguir cinco mil followers hoy ni asociarnos para abrir una empresa mañana. Esos no son los primeros pasos.

Los primeros pasos son entender mejor el juego y rodearte de otros en tu misma frecuencia.

Y en esto soy genial, en explicarte lo que necesitas saber y en conectarte con gente que ya anda en modo alto desempeño. Te puedo ayudar bastante.

Muévete con precisión.

Actúa siempre con decisión.


Pídenos aquí en WhatsApp las fechas, precios, descuentos y más información de los cursos, el evento y el coaching.

Sin pena.

Cero drama.

Enfoque. Ecuanimidad.

La gloria está en el largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.



P.D. 1: Te dejo cinco frases poderosas que me guían a diario. Espero te inspiren en tu camino también:

La realidad es negociable.
—Tim Ferriss

Comete errores de ambición y no errores de pusilanimidad. Desarrolla la fortaleza para hacer cosas audaces, no la fortaleza para sufrir.
—Nicolás Maquiavelo

Tienes que pensar en cosas grandes mientras haces cosas pequeñas, para que así las cosas pequeñas vayan en la dirección correcta.
—Alvin Toffler

El hombre razonable se adapta al mundo; el irracional persiste en tratar de adaptar el mundo a sí mismo. Por lo tanto, todo el progreso depende del hombre irracional.
—George Bernard Shaw

Todo lo que está a tu alrededor y que llamas vida fue hecho por personas que no eran más inteligentes que tú y puedes cambiarlo, puedes influirlo, puedes construir tus propias cosas que otras personas pueden usar.
—Steve Jobs

P.D. 2: Si esto te gustó, suscríbete gratis a mi newsletter. Te va a encantar.

DÍA 150: RUSO, CHINO Y ALEMÁN.

Ayer cumplí ciento cincuenta días ininterrumpidos aprendiendo simultáneamente ruso, chino y alemán con Duolingo.

Esto es lo que necesitas saber:

Importante: hablo inglés a un nivel bastante alto. Menciono esto porque cada idioma que dominamos adicional al materno nos ayuda para aprender otros más fácilmente. ¿Por qué? Porque cuando solo hablas el idioma de tu país, no tienes muchos puntos para comparar. 

Comparar es importante. Es agrupar ladrillos para construir una casa. Cuando ya tienes los cimientos —el equivalente de entender las estructuras— las cosas son menos difíciles desde ahí.  Ojo, estoy diciendo «menos difíciles». Hablar inglés bien no significa que mágicamente aprender otros idiomas será pan comido. Claro que no. Hay mucho trabajo que hacer. 

¿Por qué elegí aprender a diario tres idiomas tan diferentes entre sí? Bueno, ¿y por qué no? Tu cerebro es fantástico y entre más lo impulses a que ejecute cosas, más sorpresas te va a dar. La gente que vive con miedo dice cosas como «es que me voy a confundir». 

No vivas con miedo.

¿Te vas a confundir? Sí, tal vez un poco. ¿Y luego? Pronunciar «Wasser» («agua» en alemán) cuando quiero decir «bada» en ruso no me hace mala persona ni alguien débil. Todo es parte de la recalibración constante a la que mi cerebro se está sometiendo para dominar esto.

Escogí alemán porque siempre me ha fascinado la cultura de ese país. Ruso porque, no sé, tengo una debilidad por los lugares fríos, creo. Y el chino porque mi visión de la vida cambió cuando anduve por allá y quiero entenderlos mejor. 

Ciento cincuenta días estudiando estos idiomas no son nada en realidad. Me faltan años y muchos otros tipos de cursos para sentirme cómodo con ellos. Pero mi plan es que para mi cumpleaños número cincuenta —dentro de siete años— me habré convertido en políglota. 

La ventaja principal que tengo para aprender estos idiomas es que no necesito aprenderlos. Esto es un punto genial desde donde comenzar. Lo hago relajado, con gusto y por decisión propia. Siempre que puedas, involúcrate así en las cosas que te convienen. 

Al estudiar estos tres idiomas, me siento bendecido de hablar español. Las conjugaciones de los verbos en chino y ruso son nada si las comparas con lo que sufren quienes estudian nuestro idioma. 

El alemán es el idioma que más fácil me está resultado porque se lee como el español y tiene muchas palabras parecidas al inglés.

El ruso es muy interesante. Su estructura es bastante simple. Es como si alguien sin una educación gramatical completa en español le hubiesen pedido inventar un idioma.

La pronunciación del chino es lo que casi me quita el sueño, pero una vez superado el shock inicial de interactuar con caracteres raros, las lecciones van adquiriendo mayor sentido.

Es delicioso poder pasar rápidamente de uno a otro idioma en una misma sesión. Mi mente se excita. 

Ejercicio. Lectura. Marca personal. Idiomas. Haz que estas actividades sean no negociables en tu rutina diaria y verás la magia emerger. Hay días donde afortunadamente puedo avanzar durante dos horas con Duolingo y otros donde apenas lo uso cinco minutos, pero todos los días ejecuto. Si tienes tiempo para abrir TikTok, checar algo en Netflix o enviar un meme a tu amigo por WhatsApp, no deberías tener problema alguno en imponerte una  disciplina diaria así con Duolingo.

Ahora bien, la version premium de la app te permite acceder a unos ejercicios personalizados de repaso fantásticos que te recomiendo. Aparte, recuerda que si algo te interesa, siempre debes meterle TADI al asunto. 

TADI: Tiempo, Atención, Dinero e Incomodidad. 

No me gusta competir dentro de Duolingo. Entiendo el punto del gamification y todo eso, pero yo estoy ahí para aprender y no para coleccionar porquerías digitales. No tiene nada de malo si eso te motiva, claro, pero al final del día, creo que nos debería guiar el entusiasmo de aprender. 

Repito en voz alta absolutamente todos los ejercicio de Duolingo. Esto es vital para dominar cualquier idioma. Repite todos los ejercicios aunque sean de lectura, escritura o comprensión auditiva. Repite. En voz alta. Todo. Siempre. Aunque la app no te lo pida. Especialmente si la app no te lo pide. No seas pasivo. No dejes que tus dedos sean los que aprendan el idioma. Haz que tu boca sea la protagonista.

No me permito avanzar adivinando. Me interesa saber qué estoy diciendo. Tal vez ser un adulto maduro es el nivel que alcanzamos cuando dejamos de hacernos tontos en cosas en las que nadie nos exigen profesionalismo. 

Hablemos de la pronunciación, el tema número uno por el cual la gente se siente ridícula. El miedo a equivocarse en la pronunciación les impide soltarse para hablar. Hey, mi pronunciación de alemán sé que es bastante buena porque no hay mucha ciencia, pero seguro podría provocar risa extrema en cualquiera que me escuche practicando mi ruso y chino. 

Resulta que tu boca tiene músculos que son fuertes y débiles en ciertas partes.

De niño, tus músculos son carne suave que se moldea fácilmente. Por eso vemos que los niños tienen bonita pronunciación, porque no tienen problemas para reconfigurar su boca. 

En cambio, tú y yo a nuestros veintes, treintas, cuarentas, cincuentas, llevamos toda una vida usando la boca del mismo modo. Aprender nuevos idiomas es reentrenar a nuestros músculos mentales y bucales para que dominen nuevos movimientos.

Es bastante difícil, pero no imposible. 

Yo he aceptado que mi pronunciación en chino y ruso jamás será fantástica, pero trabajaré en hacerla útil. Si haces la paz con esto, entrarás al mismo estado de mente que tiene el gringo que viene a México y con sus veinte palabras de español mal pronunciadas recorre sin problemas todo el país. Sé un tipo que carga una confianza personal de ese estilo con cada idioma en su cartera. Y en todo, en general.

Lo que me gusta de Duolingo es lo que me gusta de cualquier método educativo que valga la pena: te empujan directo a la acción. No se trata de memorizar reglas, se trata de que puedas hacer cosas con cada lección. 

Esto de involucrarte de manera práctica en algo parece obvio pero el cerebro de mucha gente sigue cableado para esperar que le expliquen —por ejemplo— el pinche verbo «to be» y la diferencia entre «present perfect» y «past perfect» porque creen que esa es la forma correcta de aprender un idioma. 

Duolingo comete errores, como cualquier app barata de tecnología. Es normal. A veces da por buenas ciertas respuestas grabadas que yo sé que pronuncié mal. No me emociono por esos golpes de suerte. Los trabajo hasta que realmente siento que mi desempeño es aceptable. 

La pantalla principal de mi cel tiene solamente tres apps. Las escogí porque son las que convienen a mi vida. Duolingo es una de ellas.

TikTok es genial, pero no está en esa pantalla.

WhatsApp tampoco.

Ni Twitter.

Pon tus prioridades al frente del espacio digital que más revisas. 

Aprendo alemán y ruso desde el español. Esto es, que las instrucciones que la app me da y las traducciones que algunos ejercicios me piden están en mi idioma. Al momento de escribir esto, no existe la opción de aprender chino desde el español, así que utilizo el inglés como puente para ello. 

Si necesitas algo para desconectarte del mundo genuinamente unos minutos al día, meterte a fondo con esta app sirve como meditación. Lo veo como correr: llega un punto donde el dolor no desaparece, pero dejas de pensar en él y la distancia, bueno, dejas de preocuparte por ella. 

Uso la app a todo volumen. Me ubico de forma estratégica para que mis hijos me escuchen y me vean. Quiero que los idiomas sean parte natural de su vida. Y si me ven con esto a diario, creo que es una buena apuesta de que lo abrazarán en algún punto como algo normal en lo cual deben insertarse. Si nos sentamos donde nos ven fácilmente para llorar y gritar groserías en partidos de fútbol, ¿por qué no para esto?

Te dejo mi hilo sobre cómo aprender inglés como todo un pro, lleno de hacks que te ayudan en ese y otros idiomas:

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

LOS 7 ERRORES BÁSICOS DEL UNIVERSITARIO MEXICANO

Evita esto al estudiar tu carrera:

  1. Estudiar cosas fáciles: nuestra mente es capaz de cosas fantásticas, pero necesita empuje, entrenamiento, estrés, disciplina. Al quitarle esto en la edad más formativa de tu vida, saboteas las siguientes décadas.
  2. Tener el mismo grupo de amigos: llega un punto de la vida adulta donde hacer nuevas amistades es complicado, por eso aprovecha al máximo la época universitaria donde puedes colisionar a diario con nuevas voces e ideas. No tengas un grupito exclusivo de amigos con los que haces todo. Muévete fácil en diferentes círculos.
  3. Enfocarte solo en las calificaciones: las tareas, las materias y los exámenes son importantes hasta cierto punto. En la vida real nadie te va a preguntar sobre esto. Para ganar buen dinero más adelante, necesitas ser capaz de resolver problemas. Organizar muchos y grandes eventos en la universidad es el mejor entrenamiento en el que te puedes involucrar para esto.
  4. Apasionarte tontamente: sí, ella dice que te ama, pero mañana ya no es así. Siéntete triste un par de días y recupérate rápido. No te acostumbres a vivir en el drama. No te cases joven. Viaja por el mundo, lee muchos libros, trabaja en varios lados y haz mucho dinero antes de «sentar cabeza», whatever the fuck that means.
  5. Creer que sabes cuando tu contexto es limitado: esta etapa de la vida te empuja fácilmente a la soberbia intelectual porque interactúas con gente preparada y tienes conversaciones profundas que jamás has experimentado antes. Esto te hace pensar que has descubierto las soluciones que las empresas, los padres o la sociedad deben implementar para que todo esté bien. Los mayores no somos tontos. Podrías aprender mucho si nos escuchas más.
  6. Favorecer un pensamiento unidimensional: decir tonterías como que tu carrera es la mejor y pensar que quienes están en otras áreas se han equivocado es fanatismo nivel niño de seis años. Si estás en ingeniería, ten muchos amigos de medicina y contabilidad. Los más pros del mundo en cualquier área se meten con curiosidad a muchísimas cosas.
  7. Comer y beber como si no hubiese mañana: es la edad de los excesos. La mayoría de treintañeros se sorprenden por las tallas que aumentan sin darse cuenta y todo ello comenzó aquí, durante la universidad. Tu metabolismo tal vez es fantástico e inocentemente crees que vas a ser delgado y tener esa misma energía toda la vida, pero no. Si no favoreces el ejercicio ahora, vas a pagar unos impuestos increíblemente caros más adelante. Sé atractivo por diseño, no por suerte.

RIQUEZA TRANSGENERACIONAL

Una amplia conversación íntima y llena de detalles con Aarón Benítez.

Esta es una invitación exclusiva para quienes necesitan acelerar ya su ejecución social, profesional, familiar y de negocios.

RT2022
San Miguel de Allende
Septiembre 28 y 29, 2022
riquezatransgeneracional.com


¿Cuánto invertirías a cambio de platicar largamente con decenas de millonarios exitosos para saber a profundidad cómo piensan, en qué invierten y cómo actúan en su vida y negocios?

¿Cuánto invertirías a cambio de conocer genuinos y modernos detalles legales y administrativos de quienes construyen empresas, invierten y generan riqueza transgeneracional?

No cometas el error de pensar como la mayoría de la gente piensa acerca del éxito financiero y de negocios. Ellos creen que entienden gracias a un libro o una película. Estas personitas se engañan al sentir que leer o ver algo les ha abierto la mente sobre cómo funcionan las cosas en realidad. Esto es bastante limitado. Es como creer que ya tienes exactamente las mismas herramientas y mentalidad que Messi ha usado en su vida para llegar a donde ha llegado. Una cosa es verlo un par de horas cada semana jugando un partido de fútbol y otra es conocer bien las conversaciones que ha tenido y su comportamiento detrás de escenas. Una entrevista en televisión acerca de su vida no te da jamás este nivel de entendimiento.

No rompes el código de la riqueza transgeneracional con un libro, ni con buena vibra, ni con un blog, ni con una empresa, ni con un buen networking. El código de la riqueza transgeneracional sólo lo dominas cuando ya estás en el nivel de las personas que están activamente construyendo esto. Para obtener la membresía, hay varios caminos.

Sentado en medio de algunos de mis colaboradores en alguna reunión.
Con algunos socios y consejeros discutiendo temas de levantamiento de capital y otros asuntos de nuestras empresas.

Llevo diez años trabajando intensamente en construir riqueza transgeneracional. Si no entiendes bien este término, lee la siguiente explicación.


¿Qué es la riqueza transgeneracional?

Es genial si tienes la fortuna de pertenecer a una familia con un negocio que ha logrado pasar exitosamente de una generación a otra.

Quienes no venimos con esa estirpe, raramente nos entrenamos a pensar más allá de las necesidades económicas básicas y algunos lujos.

“El carrito y la casita”, es el pensamiento popular en México. Esto es un gran error porque al soñar con el carrito y la casita, logramos eventualmente eso: obtener un automóvil y un espacio personal. Mi experiencia de vida y lo que he leído y platicado con muchas personas en el nivel socioeconómico medio-bajo de la vida, es que para cuando te das cuenta que sólo te has enfocado en lo inmediato en términos económicos, ya han perdido varios años que pudieron haberse utilizado para construir “algo más”.

¿Qué es la riqueza transgeneracional? Es la capacidad de heredar activos a eso, a la siguiente generación. ¿Por qué hacerlo? Porque si la idea es hackear la vida , debemos tener los recursos para ello y más. Pensar que tenemos que dejar recursos a los que vienen después de nosotros es una forma perfecta para activar en nosotros el sentido de urgencia, la ambición e intuición necesaria para lograr el objetivo.

Lograr riqueza transgeneracional requiere un conjunto de habilidades que no solemos tener desarrolladas cuando nuestro círculo inmediato siempre ha estado conformado mayoritariamente por trabajadores y profesionistas tradicionales.

Mucha gente piensa que dejar una casa o un par de autos al morir es suficiente. Y claro, está bien. La intención de estas líneas no es posicionar una cantidad monetaria específica en tu mente que pueda ser considerada como riqueza transgeneracional. Simplemente pregúntate cuántas cosas más podrías estar intentando para agregar belleza al mundo en este instante si tuvieses “asegurado” (por así decirlo) varias décadas de ingreso.

Libros como “Padre Rico, Padre Pobre” son geniales para enseñarnos este tipo de técnicas genuinas sobre cómo piensan muchos de los que construyen sus fortunas. Léelo, pero sobre todo, evita el error de entusiasmarte nada más con la terminología y no ejecutar. El mundo está lleno de gente que sabe hablar perfectamente sobre la carrera de la rata, el cuadrante, los activos y pasivos pero que tienen vidas bastantes limitadas porque lo económico cuando no está solucionado nos pone lamentablemente ahí.

Tienes que aprender a evaluar a personas, no negocios. A encontrar o formar a quienes van a estar al frente de las cosas en las que vas a poner tu dinero.

Tienes que aprender a mezclar cosas locas en tu mente para ver oportunidades donde otros simplemente se burlan.

Tienes que hablar inglés con confianza para poder interactuar de forma amplia y no querer convencer o dejar que te convenza sólo tu círculo de siempre.

Tienes que leer las biografías de Elon Musk, Steve Jobs, ver documentales como el de Bill Gates y leer libros de gente como Ray Dalio.

No se trata de que te pongas al frente de un imperio. Tal vez no es tu naturaleza fundar compañías y está bien. Puedes invertir. Pero hazlo de manera constante. Imagina que inviertes cada mes en asistir a las ferias y exposiciones en varias universidades del país para conocer a los chicos que muestran sus ideas. La mayoría de ellos lo hacen porque es una obligación escolar, pero siempre hay gemas. Con estas gemas comparte tu WhatsApp. Diles que eres un inversionista en el rango de los —no sé, diez, cincuenta, cien mil, un millón de pesos— y que el día de mañana que lancen algo, que te busquen.

Prácticamente todos esos esfuerzos que los chicos lanzarán van a fracasar por muchas razones: no tienen experiencia, son muy idealistas, no saben trabajar en equipo, les hizo falta financiamiento, su idea no era buena en realidad, el mercado no estaba listo, etcétera. No importa. Entiende que van a fracasar. Es lo normal.

Tu técnica no va por el lado de hacerte rico en la primera inversión con cada uno de ellos. Tu técnica de hecho es que al invertir cinco, cincuenta o quinientos mil pesos en su primera empresa, pudiste ver en primera fila su ejecución, comportamiento, actitud y creatividad. A partir de ahí, se genera una confianza donde el día de mañana esta persona tiene la capacidad de confiar en ti y tú en volver a invertir en ella.

Tienes que hacer tu trabajo para pasar de ser un prestamista disfrazado de inversionista para convertirte en un inversionista sofisticado: alguien que sabe que casi ninguna de sus apuestas dará resultados y no te vas a pelear con las personas que intentaron construir algo con tu dinero y no lo lograron. La idea es dejar puertas abiertas.

También compra bienes raíces. Acciones. Vende y revende cosas. Todo lo que sume. A diario.

Entiende que cuando tienes recursos, te puedes mover rápido. Y poder movernos rápidos es una condición necesaria para ser PADs, Personas de Alto Desempeño, ya que esto nos coloca en posición de ventaja natural. Recuerda que casi todo el mundo es lento e indeciso. Tú no seas así.


Te voy a explicar cómo estoy construyendo riqueza transgeneracional.

Ahora que ya tienes claro qué es la riqueza transgeneracional y su importancia, lee por qué soy la persona ideal para explicarte cómo generarla.

No soy experto en finanzas.

No soy experto en administración.

No soy experto en derecho.

No soy experto en contabilidad.

No soy experto en negocios.

No soy experto en relaciones públicas.

No soy experto en prácticamente nada.

Soy un generalista, alguien que se sumerge en varios temas pero nunca profundiza al máximo en ninguno de ellos.

Soy un polímata, alguien que mezcla su entendimiento de diversas áreas de la manera más profesional posible.

Soy un tipo que en el año 2010 tenía un triste salario de trece mil pesos mexicanos (menos impuestos, claro está), vivía atrapado a mis treinta años en un ingrato trabajo de oficina que consumía mis mañanas, tardes-noches y fines de semana.

Hoy —poco más de una década después— mi trabajo es escribir artículos y libros, solucionar todo tipo de problemas con mi equipo, tomar decisiones a diario sobre diversos temas, viajar para conocer gente, dar conferencias, aprobar propuestas, cerrar tratos, revisar asuntos con mis socios y consejeros, dar entrevistas, criar a tres hijos, atender a mi audiencia internacional en constante crecimiento en internet y así. Todo esto lo hago en horarios que yo decido, en ciudades que yo decido, con las personas que yo decido.

En China, supervisando la producción de hardware de nuestra empresa de alta tecnología.
Impartiendo un workshop de negocios en el Tec de Monterrey.

Esto no lo he logrado por ser guapo, súper inteligente o por venir de una familia con dinero. Esto lo he logrado porque me he ido insertando estratégicamente en el nivel que me interesa conquistar aprendiendo directamente de la gente que ya ha conquistado lo que a mí me interesa lograr.

Me fascina leer, pero los libros sólo me mostraron el camino. Recorrerlo y obtener consejos de otros caminantes experimentados ha sido un trabajo duro insustituible.

¿Has visto esas gráficas de mentalidad pobre versus mentalidad de millonario que circulan en las redes sociales? Son muy ciertas, pero desafortunadamente el joven que las hace no está generando riqueza transgeneracional, simplemente está copiando lo que leyó en algún blog para alimentar su adicción a los likes en su cuenta de Instagram.

Intento decirte que hay muchas personas que te van a jurar que te pueden orientar en cómo generar riqueza transgeneracional. Te pido que las analices bien con esta dos preguntas: ¿Están construyendo el asunto desde cero? ¿Están teniendo avances genuinos o es puro humo que luce bien?

Mi ventaja al ser alguien que está construyendo riqueza transgeneracional desde cero es que sé qué es aquello de lo que necesitas enterarte, cuáles son las cosas que me habrían ayudado a acelerar mis resultados si me las hubiesen explicado claramente en lugar de tener que realizar los cientos de micro-experimentos personales, profesionales y empresariales que he ejecutado para encontrar mis respuestas.

En una consultoría de marketing que abrí hace varios años.

La mayoría de la gente que te quiere vender un curso en internet sólo se dedica a dar cursos en internet. Yo soy empresario, construyo cosas físicas y digitales, dirijo equipos, cometo errores en la vida real y en internet, analizo, me relaciono con gente importante, reconstruyo y ajusto mi filosofía constantemente para obtener más y mejores resultados. En otras palabras, sé de lo que te estoy hablando porque esto de generar riqueza transgeneracional lo he ejecutado y lo sigo ejecutando a diario.


Quienes te podrían decir las cosas precisas que necesitas entender para generar riqueza transgeneracional, no te las dicen porque no te conocen y no les interesa desviarse de su camino para interactuar contigo.

Esto suena duro pero es la realidad. Todas las familias con las que he interactuado que tienen y siguen generando riqueza transgeneracional jamás han conectado conmigo de forma directa gracias a mi presencia en internet. Están ocupados viviendo sus vidas, construyendo sus ideas, cuidando sus imperios. No están pensando si hay gente entusiasta allá afuera que necesite sus consejos. Además, ellos ven su estilo de vida, mentalidad y ejecución como algo normal porque llevan décadas funcionando así y así se mueve su entorno. Gente que no nacimos en ese nivel vemos todo ese conocimiento como inaccesible porque sí, efectivamente, es inaccesible cuando no sabemos jugar bien el juego.

Los amigos que tengo que ya han generado riqueza transgeneracional y que siguen generando más, tardaron años en abrirse conmigo, para explicarme cosas que son políticamente incorrectas, para detallar estrategias que la mayoría de la gente no entiende porque se esfuerzan en ver muchas cosas como exóticas cuando simplemente son nuevas para su nivel socioeconómico.

La realidad es que si quieres generar riqueza transgeneracional peleando en un solo frente de batalla, tienes todo en contra. No importa qué tan bien hagas tus movimientos financieros, o que tan pro seas en tu trabajo, o que gran emprendedor resultes ser, la realidad es que esta es una guerra multidimensional que requiere un entendimiento y ejecución así, en varios frentes de batalla al mismo tiempo.

En un evento global sobre Internet of Things en Singapur.
Hablando sobre cómo hackear la vida.

He estado en las mejores instituciones y eventos explicando muchos temas en estos últimos diez años. He hablado de innovación, marketing, emprendimiento, Personas de Alto Desempeño, management y muchos otros temas, pero jamás he explicado a mi audiencia las estrategias detalladas que uso a diario para generar riqueza transgeneracional. Estas son estrategias probadas en el campo de batalla, copiadas de grandes empresarios, de familias millonarias y amigos altamente exitosos con los que he tenido oportunidad de generar muy buena relación gracias a mi trabajo offline/ online.


Tú y yo durante un par de días juntos para que comiences a construir riqueza transgeneracional.

Hay muchos cursos de finanzas allá afuera. Algunos muy buenos. Tómalos, daño no te pueden hacer. Hay muchos otros cursos de emprendimiento también. Adelante. Todo hack que puedas ejecutar para tu idea es bienvenido. Pero no hay un evento que mezcle de manera directa y contundente todas aquellas técnicas que requieres dominar y empujar en el campo de batalla de la vida real donde no puedes separar lo que es finanzas, emprendimiento, niños, reputación, vida social, familia, amigos, contabilidad, gobierno, tecnología, futuro y demás áreas que se mezclan inexorablemente y que te pueden aplastar si no moldeas tu interacción entre ellas.

Me voy a sentar durante dos días contigo a hablar sin censura, con cantidades y porcentajes específicos, nombres de plataformas, apps y otras referencias que he aprendido a utilizar para generar riqueza transgeneracional desde hace años. Te voy a compartir aspectos legales, administrativos, el marco de referencia de conversaciones con socios, clientes, colaboradores, proveedores, familiares, amigos y demás.

Yo no soy Elon Musk, pero he desarrollado hacks envidiables de administración del tiempo que me han permitido lograr en diez años cosas que dejan a mucha gente rascándose la cabeza sobre cómo lo he hecho: publicar libros digitales e impresos, hacer eventos, lanzar media docena de empresas, formar equipos de cientos de personas, dar cursos gratuitos, crear contenido en audio, video y texto, vender tecnología a nivel global, crear una marca personal poderosa en internet, colaborador con instituciones y organizaciones prestigiadas, recibir invitaciones de medios y personalidades reconocidas, todo esto al tiempo que resuelvo problemas grandes y pequeños de mi vida profesional y personal, crío junto a mi bella esposa tres niños, me ejercito, leo, tomo cursos y viajo a eventos para aprender más y simplemente para saludar a viejos y nuevos amigos que admiro.

Voy a hablar contigo de todos los detalles y estrategias que no comparto en internet simplemente porque esto es para una audiencia que genuinamente entiende el valor de estos hacks, ideas y técnicas y los quiere comenzar a ejecutar a la brevedad.

Comiendo con nuevos amigos en un workshop internacional.
Contratado por el gobierno para hablar ante doce mil estudiantes con becas internacionales.

En caso de que pienses que esto no es para ti…

Te recuerdo que pasé de un salario de oficinista de trece mil pesos mexicanos mensuales (menos impuestos, claro está) a sentarme en mesas importantes para cerrar tratos grandes con compañías globales.

Transité de ser empleado a dirigir a cientos de personas en mis empresas. He levantado millones de dólares en capital.

He creado empresas en diversas industrias.

Sin grandes credenciales académicas.

Sin un gran coeficiente intelectual.

Sin una red poderosa detrás de mí.

Sin un entrenamiento formal.

No es por darte motivación barata, pero la realidad es que si yo he podido incluso teniendo mi nivel socioeconómico, académico, mental y profesional en contra, ¿por qué tú no podrías si tienes tal vez más ventajas de las que yo tenía al principio?

Te lo repito: el material que voy a compartir contigo en este evento no lo he compartido jamás a detalle en mis publicaciones en internet. Este evento de dos días entre tú y yo es uno sin censura, con números, cantidades, cifras, porcentajes precisos de cómo me muevo para crear riqueza transgeneracional gracias a lo que ha aprendido con mis negocios, relaciones, viajes y demás.

Mostrando mis empresas en un evento de la revista Entrepreneur.

EVENTO PRESENCIAL: Cómo Construir Riqueza Transgeneracional Paso a Paso.

Una amplia conversación íntima y llena de detalles con Aarón Benítez.

Esta es una invitación exclusiva para PADs que necesitan acelerar ya su ejecución social, profesional, familiar y de negocios.

San Miguel de Allende
Septiembre 28 y 29, 2022
MXN$20,000 / USD$1,000
IVA incluido

Haz tu transferencia electrónica a:
The Aaron Benitez Company, S.A. de C.V.
Banco Inbursa
CLABE 036905500439521839

Y envía tu comprobante a hola@aaronbenitez.com con el título “RT2022 San Miguel de Allende”. Incluye tu nombre completo y WhatsApp en tu mensaje. Si requieres factura, anexa toda la información necesaria en este mismo mensaje.

Si quieres conocer los temas, obtener facilidades de pago o conocer promociones para asistir con tu pareja, algún socio o amigo, visita riquezatransgeneracional.com.

Cupo limitado.


Primera lección gratuita

Solamente cuando accedes a oportunidades que otros dejan de lado por el precio, obtienes entendimiento y conexiones que jamás van a cruzar el radar de los demás porque se filtran automáticamente del juego de alto nivel. Tú no te filtres automáticamente. No abordes las oportunidades con la visión de tu versión que no sabe construir riqueza transgeneracional. Aborda las oportunidades como se hace para generar riqueza transgeneracional: con una lente diferente, más afinada y alineada con niveles superiores.


Hablemos sobre el precio.

Todos los pasos íntimos y a detalle que he dado en estos diez años para crear riqueza transgeneracional. Accede a información privada, exclusiva, jamás compartida en público.

Miles de reseñas en redes sociales hablan sobre la calidad de mi trabajo.

Imagina que recibes solamente un consejo soberbio al año. Para obtenerlo, tienes que invitar a alguien a cenar. Esa cena cuesta, no sé, digamos que en un lugar económico y con disciplina emocional unos cien dólares para obtener información precisa, exclusiva y accionable que podrás ejecutar en tu vida para generar riqueza transgeneracional. Bien. Ahora, imagina que multiplicas esa cena anual de cien dólares por veinte años. Nada más que sabes que no vas a invertir únicamente esos cien dólares, y que no es práctico ni tienes dos décadas disponibles para esperar que la suerte te ayude a interactuar con la gente conocedora que te puede indicar los pasos precisos para subir de nivel.

Después de un desayuno con el CEO de Microsoft en México.

Lo que estás haciendo con tu inversión es acelerar ya tu entendimiento profundo del nuevo juego de la vida para ejecutar ya, hoy, now, para implementar los pasos que necesitas dar en tu vida.

El precio de este evento es para dejar afuera a los amateurs. Esto es para pros. Esto es para reunirnos de manera seria y poderosa.

Un evento de un día de la revista Harvard Business Review cuesta el doble y son conferencias sobre temas geniales, pero ninguno de ellos toma tus preguntas ni te deja pasos concretos en este tema de generación de riqueza transgeneracional.

Veinte mil pesos son tres mensualidades de un auto nuevo pero modesto cuyo valor se va depreciando desde el instante que lo sacas de la agencia. Estas cosas ayudan a que tu ego se sienta bien y tranquilo, pero no te generan riqueza transgeneracional.

Haz que la vida te tome en serio a través de actuar en serio, de forma decidida, de entender que para generar riqueza transgeneracional debes actuar de forma diferente a como te has entrenado con tu círculo de siempre que ve esto de un evento de veinte mil pesos como una inversión enorme, loca, descabellada, exótica, cuando en los niveles a los que quiero que pertenezcas es normal y nadie se espanta al respecto.

Ir a WOBI a escuchar durante menos de dos horas a un conferencista super famoso mundialmente te cuesta más del doble que RT2022. Y el conferencista no te va a dar consejos prácticos ejecutables para generar riqueza transgeneracional simplemente porque es ciudadano de una nación de primer mundo, creció con educación en una universidad de élite y ha tenido acceso a facilidades fiscales pro-empresariales en su país mientras que tu realidad y la mía en México es diametralmente opuesta.

¿Cuánto crees que pagamos en aprendizaje las personas que estamos construyendo riqueza transgeneracional? Ojalá fueran sólo veinte mil pesos. Son cantidades bastante grandes en el agregado anual de muchas comidas, salidas, viajes, estancias, cursos, libros y demás.

Mi experiencia práctica construyendo riqueza transgeneracional durante más de diez años está a tu servicio.

Sé elegante y visionario. Deja de pesar las cosas sólo en la dimensión del precio y ábrelas a las dimensiones de oportunidades rápidas que te pueden generar y el aceleramiento para tus objetivos personales y profesionales.

Este es el evento que tiene la información, las notas, los hacks que quisiera que alguien me hubiese explicado claramente hace diez años para no tener que reinventar la rueda en muchas ocasiones ni sufrir tantos descalabros.


ATENCIÓN: tu cerebro reptiliano te quiere espantar, tu condicionamiento social que te ha entrenado a no participar en cosas “raras” como este evento te está queriendo sabotear de nuevo.

Tranquila. Tranquilo.

  • No tienes que abandonar tu trabajo para generar riqueza transgeneracional.
  • No tienes que ser emprendedor para generar riqueza transgeneracional.
  • No tienes que tener un gran capital para iniciar para generar riqueza transgeneracional.
  • No tienes que ser experto mundial en un tema para generar riqueza transgeneracional.
  • No tienes que descarrilar la vida que llevas en este momento para generar riqueza transgeneracional.

Este evento es para que tengas las herramientas de mentalidad y ejecución que te harán jugar bien el juego de largo plazo de la construcción de riqueza transgeneracional. Te voy a compartir cómo te conviene pensar, qué te conviene hacer, cómo, cuándo, dónde, con quién, por qué. Verás números, ejemplos, casos concretos, proyecciones, escenarios y detalles profundos que jamás he compartido en ningún lado en internet.

Ten acceso al tipo de contenido privilegiado que mis amigos cercanos y yo discutimos para generar riqueza transgeneracional.

Este es una larga conversación de dos días con temas sin censura, tal vez hasta políticamente incorrectos, pero bastante genuina y profunda.

¿De qué hablo con mis socios en nuestras reuniones? ¿Cómo tomamos decisiones de largo plazo? ¿Qué es lo que nadie sabe explicarte bien cuando lanzas tus negocios? Aquí me puse de pie a tomar una foto de una de nuestras reuniones trimestrales.
Siempre es un honor y un gusto reunirme con PADs que invierte tiempo, atención y dinero para subir de nivel. Aquí estoy en el último evento presencial que organicé antes de la pandemia.

Si lo ves, lo ves.

Me encantará compartir todo lo que he aprendido para construir riqueza transgeneracional. Este un evento pequeño, íntimo, donde podrás hacer muchas preguntas e interactuar con gente muy interesante.

Piensa que casi siempre nos preparamos para emergencias. Prepárate mucho más para las oportunidades.

Te veo en San Miguel de Allende.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

ROOT ACCESS

Es el año 1999 y mi mejor amigo en aquel momento llega a la universidad con la leyenda “I am the root” en su playera. Nerds, al fin y al cabo, sonreímos en complicidad porque entendimos la referencia sin mayor explicación. Caminamos hacia las instalaciones del nodo central de la institución donde pasábamos mucho tiempo jugando en una estación Sun con la media decena de comandos de Unix que conocíamos. Este era un sitio sensible donde —si hubiésemos querido— podríamos haber desconectado de la red a varias ciudades con pocos teclazos. El administrador era un tipo tranquilo y agradable que aceptaba de buena gana la compañía de dos estudiantes insertos hasta el tuétano en tecnología. Mi amigo era uno de los mejores programadores universitarios y yo el mejor webmaster de la escuela, así que esto nos abría puertas que naturalmente estaban cerradas para los mortales. Pasábamos la mayor parte del tiempo haciendo scripts y pórtales web en una época donde el resto del mundo a nuestro alrededor veía internet como algo exótico.

Toda avance que cambia el mundo nace de alguien con actitud hippie. Piensa que los diseños de ingeniería que el Renacimiento propuso a la posteridad no llegaron de la mano de alguien estable y tradicional, sino de Da Vinci, un tipo curioso y raro, por decir lo menos. Hey, robar cadáveres para estudiar anatomía en un momento en que hacer esto implicaba una muerte segura si te descubrían no es señal de alguien que carga con un comportamiento sano. Una persona con mentalidad “normal” no hace cosas así. Piensa en Isaac Newton, Marie Curie y Alan Turing, entes cuyas obsesiones siempre estuvieron fuera del espectro de las ideas típicas de la sociedad.

A lo que voy con esto es que el respeto a la autoridad jamás es uno de los aspectos fundamentales en la personalidad de alguien genuinamente innovador. Es casi imposible pedirle por un lado a alguien que acepte sin chistar lo que otros le imponen y que por el otro proponga cosas revolucionarias al universo. Así no funciona. Tu insatisfacción contra el sistema es eso, contra todo el sistema. Y lo atacas desde tu trinchera de invención.

Pensemos ahora en el concepto de acceso raíz —root access— como una analogía poderosa para entender mejor a nuestra sociedad. Mira, es probable que la dirección de correo electrónico de Elon Musk sea algo así como elon@spacex.com o elon@tesla.com, porque este es el estándar con el que hoy demostramos status al estar al frente de una compañía: significa que eres tan importante y conocido que solamente necesitas usar tu primer nombre en tu e-mail, mientras que el resto deben identificarse con apellidos también y hasta con números y combinaciones poco sexy. Algunas décadas antes de esta tendencia, lo que se acostumbraba era usar root@nombredelservidor.com para indicar que eras el amo y señor de un sistema. Hoy comprar un dominio y bautizarlo con cualquier alias como hola@servidor.com o gerente@servidor.com es fácil si usas servicios como GoDaddy y así. Pero hubo una época en la historia de la humanidad en que dar de alta un dominio y configurar un servidor para hospedar la información en él era una tarea intelectualmente titánica. Y solo los elegidos podían tener acceso a lo más profundo de esta ruta técnica. El premio era que podían presumir su correo root arroba whatever para que los desdichados sin tales beneficios entendieran que debían hincarse ante él.


Sé que todo esto parece una tontería sin sentido para quienes viven fuera del mundo de las ciencias computacionales y así, pero la realidad es que más allá del ego y la moda de estas señales, lo interesante es lo que podamos copiar descaradamente para beneficio práctico en nuestra vida diaria.

¿En qué cosas tienes acceso raíz en tu vida?

Pienso que un buen ejemplo son tus hijos. Si eres viuda y estás criando sola a tus criaturas, tienes acceso raíz completo a ellos. Los puedes moldear de una manera poderosa. Entiendes sus miedos, sus sueños. Conoces bien sus personalidades y manías. Nadie posee tanto detalle interno de ellos como tú. Esto es el acceso raíz.

Mira, me gustaría que al final de este largo artículo pudieses fácilmente conectar el concepto de root access con la palabra privilegios. De esto se trata todo. El rey, la reina del sistema, tiene ingreso ilimitado a todos los archivos, a todas las líneas del algoritmo, a todos los permisos de lectura y escritura de cada uno de los usuarios. Estos son los privilegios informáticos del acceso raíz. La vida funciona igual: entre más te acerques a tener root access, más privilegios cosechas.

Si quieres usar otra palabra más familiar en lugar de root access, piensa en “visa”. Como ya sabes a estas alturas del partido, si cargas con una nacionalidad de tercer mundo como yo, necesitas demostrar muchas cosas positivas para que los países más importantes del mundo como Estados Unidos y China te digan que sí, que puedes cruzar legalmente sus fronteras. El root access es una visa que te da entrada a lo naturalmente prohibido.


Recuerdo cuando Trump ganó las elecciones. A mí me encantó su primer discurso para aceptar el resultado. Y también la conferencia que al respecto dio Carlos Slim en México. Pero ambas señales no pudieron ser procesadas adecuadamente por la mayoría. Me explico. Si no hablas inglés, no tienes acceso raíz, por lo tanto, no cuentas con privilegios para entender muchas cosas. Necesitas que alguien interprete lo que está ocurriendo en ese idioma. Mucha gente no entendió que al leer las noticias de Trump en su periódico favorito, en realidad estaban consumiendo lo que un periodista cansado transcribió de memoria sobre lo que podía recordar de lo que leyó en otra fuente que a su vez lo tradujo rápidamente sin mayor investigación. Las noticias a las que accedemos en español son principalmente un perfecto juego del teléfono descompuesto. Si hablas inglés, ve completo el discurso conciliador de Trump de aquellas fechas y compáralo con las notas reportadas en los medios.

En esas mismas fechas, el hombre más rico de México dio una conferencia de prensa, lo cual jamás hace. Habló de manera ecuánime sobre Trump, a quien conoce personalmente. Mostró varios libros de Donald en el evento y mencionó que este tipo de movimientos drásticos en la política global han sido estudiados por mucho tiempo por gente como Alvin Toffler y otros en esa liga. Si jamás has escuchado sobre “El Shock del Futuro” y “La Tercera Ola”, es imposible que entiendas las referencias que hacía Carlos Slim en su plática con los reporteros. Todas las preguntas que le hicieron fueron terribles, tontas, de bajo nivel. Excepto una, la cual fue abucheada por todos los demás compañeros periodistas. No me creas. Sé curioso y busca esto en YouTube.

No soy pro-Trump. No estoy diciendo que pobre, las cadenas han desvirtuado su mensaje y que sufre un ataque injusto. Relájate. Te estoy diciendo que el inglés y la lectura te dan ventajas. Muchas. Esas ventajas son lo que hoy estoy llamando acceso raíz y sus privilegios.

Entender mejor las cosas es el activo intangible más estratégico que puedes cultivar en ti.

Es decir, ser la reina del sistema en que te encuentras, viendo todos los archivos, teniendo injerencia en todo el código, es algo por lo cual deberías luchar constantemente.

Habla inglés. Lee mucho.


¿Qué es lo que más ataca tu posibilidad de tener root access a las cosas? El fanatismo.

Hay un artículo delicioso de edge.org titulado “Coalitional Instincts”. En él mencionan cómo esta necesidad de pertenecer a un grupo nos vuelve fuertemente irracionales. Explica que estamos locos por tener una identidad y que no nos importa pagar cualquier precio con tal de encajar. Tú puedes pensar que eres inmune a esto, pero no, ninguno lo somos. Polarizarnos está en nuestro ADN. Nos encanta esta sensación pasional de defender lo que creemos y atacar lo que no. Esto nos impide ver claramente las cosas.

En política, el nacionalismo es el fanatismo perfecto. Es hablar de la patria, lanzar arengas contra un enemigo etéreo, culpar a los de afuera por lo que nos ocurre acá. El nacionalismo no es patriotismo. Parece, pero no. Con el patriotismo construyes. Con el nacionalismo haces lo opuesto.

“Aarón, ¿por qué estás hablando de política si se supone que este artículo iba sobre root access?”. Porque es lo mismo: al tener instalado el fanatismo de una ideología no podemos conquistar los privilegios del acceso raíz. Nos perdemos en defender a nuestro grupo, con todo y sus creencias limitantes. Nos hacemos adictos a atacar cualquier idea ajena. Y todo esto en suma nos vuelve fácilmente manipulables.

Cuando estamos siendo manipulados, no podemos ver el mundo como es. Al contrario, terminamos visualizándolo como nos lo dicta el líder político que ha conquistado nuestra preferencia.

El comunismo y el capitalismo no son religiones pero sí doctrinas. Y comparten mucho de lo que ocurre en cualquier iglesia: hay un manual de comportamiento, una lista de creencias, una serie de rituales, figuras clave a las cuales adorar y odiar, una misión inalcanzable.

No te estoy diciendo que no creas en algo.

Te estoy diciendo que veas cuánto de lo que crees te está estorbando día a día para tener un verdadero mejor acceso raíz a la realidad.

Secreto: ni los líderes religiosos ni los políticos encumbrados que admiras creen todo lo que te dicen. Lo usan. Es diferente.


Piensa en la increíble devaluación de Zimbabue que emite billetes de trillones de dólares o la guerra encarnizada que vive de repente un país desarrollado como Ucrania. Que esto sea una advertencia para apreciar que la realidad social de absolutamente cualquier país puede cambiar rápidamente. Las señales del destino de la trayectoria de una nación siempre están ahí. El problema es que el ruido disfraza estas advertencias. Este ruido son los discursos nacionalistas, las noticias teléfono descompuesto y la incapacidad de comunicarnos con el mundo directamente en inglés.

Una de las mayores debilidades a las que puedes exponerte voluntariamente es a la esperanza de que las cosas ocurran mágicamente bien. Si te cae bien el presidente de tu país y te gusta lo que está haciendo, lo que más te conviene es hacer el ejercicio constante de preguntarte qué es lo que no está ejecutando correctamente, qué es lo que no estás considerando que está mal, qué es aquello que puede llevarnos a una catástrofe si el escenario no sucede como está planteado. Nunca seas fanboy. Si detestas a tu gobierno, haz lo opuesto. Considera qué es aquello que sí se está haciendo bien, dónde están las oportunidades que tu enojo te está impidiendo aprovechar. Entiende que nunca nadie está totalmente en lo correcto ni totalmente equivocado. Es simple probabilidad que hay cosas buenas y malas andando que no has considerado. Esto es darle besos diarios a una realidad que te regalará movimientos personales más pragmáticos.

Mira, piensa que Twitter y SpaceX son empresas que se fundaron aproximadamente al mismo tiempo. Imagina que le preguntas a un “experto” cuál va a tener éxito: ¿la compañía que se va a enfocar en mensajitos de ciento cuarenta caracteres o la que va a poner a la humanidad en otro planeta? Es obvio que una idea ridícula como Twitter no tiene posibilidades en esta hipotética consulta, pero hoy es extremadamente importante y determina literalmente la conversación que tenemos a nivel global mientras que la otra ha logrado avances tecnológicos impensables apenas una década atrás. Ambas empresas se elevaron al Olimpo de la relevancia. Te digo esto para ilustrar que no es nada fácil determinar con precisión cuándo una idea es realmente buena o mala, esto aplica en política y a nivel personal también.

Lo que más te conviene para hacer buenas apuestas es modelar el comportamiento de quienes van avanzando en su trayectoria personal.

El acceso raíz que te interesa conseguir va a llegar de la mano de que seas práctico en tu comportamiento y no idealista fácilmente manipulable.

Apostar por la trayectoria de las personas es una de las señales más claras para avanzar. Cuando Elon y Jack se pararon por primera vez frente a inversionistas para proponer SpaceX y Twitter respectivamente, la evaluación que estos hicieron del negocio no fue solo con números sino con la deconstrucción de los fundadores. Ambos hippies representaban el paquete perfecto del que ya te hablé: tipos raros y naturalmente inconformes con la autoridad, ejecutores que operan en un amplio espectro de intereses que pocos siquiera conocen. La apuesta no fue tanto a su idea sino hacia ellos. Y esto es lo que tú debes hacer: ¿cuántas personas de tu círculo tienen estas características? Si no las hay, encuéntralas en eventos, en libros, en entrevistas. Y compórtate como ellos. Analiza, por ejemplo, por qué no se entusiasman con algo que dijo el presidente cuando todos los demás están en éxtasis por las recientes declaraciones. ¿Qué es lo que esa persona está viendo que tú todavía no? O al revés. Considera por qué celebra algo que el gobierno propone cuando a ti no te causa la más mínima reacción positiva.

Sé cada vez más sofisticado en tu análisis de lo que te rodea. Esto le da un peso firme a tu entendimiento de la realidad. Y con ello, te puedes mover mejor en lo social y lo financiero.

Cuando somos simplones e idealistas con nuestra percepción del sistema del mundo, nos quedamos abajo, frustrados, buscando siempre al siguiente ícono derechista o izquierdista, conservador o liberal, pro-empresa o pro-pueblo que nos regale entusiasmo, que nos dé una guía sobre lo que debemos aplaudir y lo que debemos detestar. Nos volvemos adictos a ser manipulados.

Tu root access comienza hoy evaluando a las personas por la trayectoria que llevan, no por la condición en que se encuentran. Esto es como en cripto: si tomas una foto del valor económico de sus tokens en este momento, todo es terrible y la conclusión lógica es que no te metas a esto, pero si entiendes la fuerte filosofía que esta tecnología tiene detrás de sí, verás que este instante es simplemente un movimiento natural del ciclo que lleva hacia su conquista del mundo. Apuesta por el avance que van demostrando las personas, no por lo que te muestra una simple foto de su estado financiero o social del momento.

Tu root access comienza hoy con mejor inglés, más lectura, menos fanatismo.

Está a tu alcance.

Ejecuta ya.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

OBSESIONADOS CON LA INGENIERÍA

El auditorio estaba lleno para mi conferencia. De repente, los organizadores anunciaron que otra plática simultánea sobre el sistema XYZ Max Ultra Plus Extra Super 9000 iba a ocurrir en la sala de junto. Más de la mitad de los jóvenes presentes tomaron sus mochilas y salieron. Llevo muchos años hablando en público. He hecho largos viajes para llegar a eventos donde he tenido que dar mi presentación a literalmente solo dos personas. También he tenido que ponerme al frente de todo un estadio con doce mil almas escuchando atentamente mi mensaje motivacional. Quiero simplemente establecer que a estas alturas, mi corazón ya sabe manejar los sube y baja emocionales de estar en el escenario. A veces hay menos personas. A veces hay más. Algunos ponen atención. Otros no.

Sonreí.

Expliqué a los que se quedaron que este tipo de cuestiones ocurren cuando no entendemos bien el juego profesional. Los universitarios en mi audiencia eran principalmente estudiantes de ingeniería y obviamente querían saber más de su campo. Mira, lo que estos chicos no procesan bien es que a diario tienen entrenamiento en temas de circuitos, herramientas, fórmulas y demás cuestiones altamente técnicas. Y está bien. Pero en un evento donde los organizadores traen gente que puede aportarles notas de diferentes áreas, bueno, ahí es donde deben insertarse, porque estas son las cosas que los van a hacer destacar.

Entiende bien —querido lector— lo que estoy intentando decir: que lo técnico es muy importante porque, caray, estás estudiando ingeniería. Sé muy buen ingeniero, necesitamos muchos más, pero no te obsesiones con la ingeniería.

No te obsesiones con la ingeniería.

Obsesiónate con ser un buen profesional.

Un pro abraza muchas áreas para coleccionarlas como bloques de Lego. Luego los usa para construir su ascenso a niveles de mayor impacto.

Aquí va un comentario que podría sonar clasista si no fuera porque estuve en ese grupo al que voy a criticar: este asunto de obsesionarnos con la parte técnica lo veo mucho más implantado en los jóvenes de ingeniería de las universidades públicas que en las instituciones privadas.

Cuando el Tec de Monterrey y otras en esa liga me invitaron a platicar con sus estudiantes, quedé sorprendido al enterarme que tomaban clases para negociar sus salarios, hablar en público, vestir adecuadamente, organizar eventos y cosas así. Yo que estudié siempre en escuelas de gobierno vi la enorme distancia entre lo que un lado de la moneda te dice que importa y lo que en el otro realmente se enfocan.

Sí, estos chicos de ingeniería mecatrónica, electrónica, sistema y demás de las universidades privadas también hacían proyectos con Raspberry Pi, programaban con C++ y construían robots para competencias. No dejaban lo técnico a un lado, pero no estaban obsesionados con ello. Todos estaban involucrados en actividades adicionales como clases de magia, violín, canto. Nadan. Juegan basquetbol. Están en equipos de fútbol. Todo esto como parte natural de su día a día. Recuerdo a unos que me estaban entrevistando en su campus y que en uno de los breaks aprovechaban para hacer movimientos de acciones que tenían en la Bolsa.

El refugio psicológico que nos da saber que somos muy buenos en lo técnico es uno que nos protege durante cierto tiempo de las demás desventajas con las que la mayoría de los chicos en universidades públicas crecemos en la pobreza. Lee bien este párrafo de nuevo. Con calma.

Ese refugio es uno que tenemos que abandonar o nos marchitaremos en él. Si ya estás en una corporación y solamente quieres cursos, libros y eventos de cuestiones técnicas, no estás jugando bien el juego. Sí, mantente actualizado, pero agrega oratoria, relaciones públicas, redacción, diseño, liderazgo y otras habilidades en este estilo a tu sistema operativo personal. Aprende bastante de administración, finanzas, calidad, negociaciones de alto nivel y así.

El profesional que únicamente es bastante técnico tiene siempre un tope rápido en la jerarquía de cualquier organización. Muchos no entienden esto y ven a sus compañeros menos aptos en lo técnico ascender y se burlan de ellos, pero esos tipos saben tomar el teléfono y solucionar cosas que el ingeniero promedio detesta considerar como parte de su trabajo.

Para ir ascendiendo en el juego corporativo, debes aprender a vestirte, a hablar, a negociar, a conectar, a mandar las señales de que sabes las reglas de los niveles superiores.

Todo esto expliqué a los jóvenes que se quedaron a mi conferencia.

Tal vez sí era un poco de dolor emocional el que desahogué en contra de los chicos que se fueron, pero honestamente así es como veo las cosas.

Hoy están en un evento multidisciplinario con expertos en marketing, ventas, negocios y demás y se refugian psicológicamente en meterse a las pláticas que lidian con las mismas cosas que ven a diario en sus salones. No. Hay que explotar la curiosidad. Hay que meternos a cosas que nos dan más oportunidades.

La diferencia entre las buenas universidades públicas y las buenas universidades privadas en México no es otra que la mentalidad con la que te desarrollas ahí. Un amigo político encumbrado me comentó que platicó con otros sobre su hijo que estaba a punto de entrar a la universidad. Le dijeron que si quería que fuera un excelente ingeniero, debía entrar a la UNAM, que ahí estaba garantizada la calidad de su enseñanza. Pero que si quería ponerlo al frente del negocio familiar, necesitaba enviarlo a [inserta nombre de una institución con precios altos].

Te aviso que así piensan todas las personas de dinero que conozco. Esto fue un shock hace años cuando me topé con esta mentalidad por primera vez.

Y nos podemos ofender o podemos entender.

Sí, muchos no pueden acceder a educación privada, como fue mi caso. Pero todos podemos leer y ser curiosos en los eventos a los que asistimos. Mucho de lo que sé hacer hoy comenzó porque tomé la Harvard Business Review y tomé notas de los términos y tendencias que explicaban. Luego fui viendo estas cosas en el mundo corporativo. Y más adelante mis nuevos amigos en negocios confirmaron que así era como se hablaba y actuaba en sus niveles.

No te salgas de la conferencia rara.

No te obsesiones con la ingeniería.

Obsesiónate con ser un profesional integral.

Haz ejercicio. Deja de hablar como todos los demás con tonterías de “no tengo tiempo”.

Sé curioso.

Lee.

Aprende inglés como los dioses.

Ve a eventos.

Y juega bien el juego.

Ecuanimidad. Enfoque.

Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

QUERIDO CHICO CORPORATIVO

Este es Julian.

Julian tiene veintiún años. En poco tiempo egresará de alguna universidad pública de México.

Julian se encuentra en la clase media baja, esa en donde todos los días hay comida en la mesa pero no permite lujos innecesarios. Aquí nadie viaja al extranjero y casi todo se compra en pagos mensuales con los famosos intereses engañosos de las tiendas diseñadas para estafar a esta franja socioeconómica. En casa tienen un automóvil viejo que lleva años sin conocer cómo es traer el tanque de gasolina más allá del nivel mínimo. Papá y mamá usualmente tienen dificultades para cubrir todas las necesidades de la familia, pero resuelven de una manera u otra.

Julian es el orgullo familiar: va a ser ingeniero.

Julian quiere trabajar en una empresa grande donde le paguen quince o veinte mil pesos al mes.

Hey, cuando toda la vida el dinero ha sido un problema , quince o veinte mil pesos al mes te hacen sentir que todo es posible.

Julian está enfocado en conseguir trabajo en la gran fábrica local, esa donde todos portan con orgullo el uniforme, donde el empleo luce como algo seguro, donde cada año reciben bonos de productividad.

Yo fui Julian al treinta por ciento.

Y conocí a muchos otros Julianes.

Si eres Julian o conoces a alguno, leer lo siguiente es importante porque nadie nos lo explica bien.


Todos estamos expuestos al internet y sus videos virales. Todos nos sumergimos en publicaciones que nos motivan a emprender. Todos sabemos que hay muchas oportunidades para hacer negocios allá afuera.

Julian no es inmune a esto. Ha participado en concursos escolares donde sus ideas y planes de negocio le han hecho ganar algunos aplausos. También ha entrado a conferencias donde el tipo que explica los pasos para tener éxito en emprendimiento solo habla de sus aciertos pero jamás comparte los días donde ha llorado porque nadie lo entiende, donde duerme mal por el estrés de no saber cómo lidiar con impuestos y nóminas pendientes, donde descubre que lo que tenía en común con sus socios ya se perdió, donde nada parece funcionar. Esto tiene sentido, pues nadie acepta dar una plática para deprimir a la audiencia, ¿verdad? Todos queremos lucir ganadores. El problema es que por esta razón el público casi siempre termina recibiendo solo parte de la historia, la parte bonita y bastante limitada.

Julian entonces cree que entiende lo que se requiere para tener éxito en el emprendimiento porque su maestro universitario le dio una buena calificación cuando completó las tareas y exámenes de la metodología de negocios canvas. Como todo joven, es soñador. Esto le regala ideas que ve por todos lados para crear su imperio. Le encantan las palabras “innovación”, “visionario”, “revolución”, “disrupción” y etcétera. Julian —como todos— quiere ser especial, relevante.

Gracias a las señales académicas que ha recibido —concursos, materias, eventos— Julian está seguro que lo único que requiere para lanzar su idea y tener éxito es dinero.


Julian por fin consigue el trabajo en la gran empresa de la ciudad.

Julian se siente en la cima del mundo. Su uniforme. El dinero. Las instalaciones. El prestigio que obtiene en su círculo social. La envidia que genera en otros menos afortunados. Todo es perfecto. ¿Qué puede salir mal?

Julian piensa que solo va a trabajar algún tiempo en la fábrica. Lo suficiente para ahorrar un poco de dinero y lanzar su negocio. Es un buen plan.

Tú y yo sabemos lo que Julian no: jamás va a renunciar, perderá condición física y se volverá adicto a la certidumbre que su empleo le da.

Esto no es obvio para Julian, quien cree que está en control de su situación.

Poco a poco, Julian se adentra en un mundo donde a diario entierra sus posibilidades de lanzarse a emprender sus ideas. Sin saberlo, acepta como positivas cosas que desgastan su potencial.

La primera es que se convierte en un bastión económico de su familia. Todo es más fácil en casa ahora con el salario seguro de Julian. Esto se siente genial durante un tiempo, pero el problema es que esta nueva dinámica familiar se convierte pronto en una adicción de ambos lados: ahora Julian debe mantener este apoyo de manera indefinida, mientras en casa los esfuerzos por mejorar se estancan.

Otro punto es que en su empleo en la gran fábrica, Julian se va a rodear de gente inteligente, preparada y con éxito a las cuales lógicamente va a admirar. Esto hará que los imite en todo: la forma en que actúan, hablan, piensan, los lugares a los que van, las cosas que compran, las ideas que les gustan, etc. Dado que está en una empresa en la que muchos desearían poder trabajar, la presión interna por mantener una alta productividad lo obliga a competir a diario en el número de horas que debe estar enfocado en la solución de los problemas que le pagan por resolver. Julian siempre ha sido delgado y nunca le ha dolido nada, por lo cual no concibe que su terrible alimentación, mala higiene del sueño y falta de ejercicio lo van a poner del lado de la obesidad en pocos años.

Obesidad que verá normal porque lamentablemente así luce la mayoría a su alrededor.

Este es uno de los puntos más difíciles de atacar en la juventud mexicana que crece en las condiciones que te estoy describiendo: no consideran posible que vayan a ocurrir cambios enormes en su físico hasta el día que de repente descubren que están varias tallas fuera de control, hasta el día en que notan que apenas en sus tempranos treintas tienen la salud física de alguien de más de cincuenta que no se cuida.

Podemos culpar al capitalismo y a muchos otros factores que no promueven la buena salud de los miembros productivos de la sociedad como Julian, pero eso de poco sirve para que un individuo pueda comenzar a mejorar su condición hoy.

Julian cree que necesita un automóvil. Y tiene que ser nuevo. Con su salario de veinte mil pesos al mes puede obtener un crédito para pagarlo en cuatro años. Con su bono anual puede hacer abonos fuertes cada cierto tiempo. Todos hacen esto en la oficina.

Nadie le habla de invertir en ETFs. Nadie le habla de optimizar los próximos veinte o treinta años. Esto es aburrido. Nada es tan sexy como traer tu nuevo coche con Karol G a todo volumen.

Julian va a restaurantes a los que nunca antes había ido. Los fines de semana se embrutece con sus amigos del trabajo que ahora son sus confidentes, role models y familia, todo en uno. El domingo lo utiliza para recuperarse. Cada lunes bromean con orgullo de los destrozos que hicieron las noches anteriores. Y así durante años. Julian no se da cuenta que ha sido absorbido por una cultura que superficialmente luce genial, pero que tiene muchas limitaciones.

¿El plan de solo trabajar un tiempo parar ahorrar y con eso lanzar su emprendimiento? Julian jamás va a admitir que eso está cada vez más alejado. Lo que hará para compensar es invitar a sus amigos a una carne asada algunos fines de semana al mes en su nueva casa pequeña que ha obtenido con un crédito a treinta años —hey, todos así lo hacen en la oficina. La intención de estas reuniones, al menos en teoría, es platicar de ideas de negocio en las que se van a asociar.

Recuerda que su grupo del trabajo es la mafia a la que ahora pertenece. Es todo su mundo. Por lógica —aparte de que son su familia, sus mejores amigos, sus confidentes y sus role models— también deben ser sus socios.

Julian no entiende ni le interesa mucho en este momento enterarse que la inteligencia en un área no significa inteligencia en otra. Que alguien sea excelente entregando reportes complejos en hojas de cálculo no significa que tenga madera de co-fundador de una empresa ni que va soportar el estrés directo de lidiar con el mercado cuando las cosas se pongan duras, como siempre ocurre en negocios. A su amiga —experta en administración de uno de los departamentos de la corporación donde ambos trabajan— Julian la nombra automáticamente directora de finanzas en su nuevo emprendimiento imaginario. Se caen bien. Han bebido, salido y convivido muchísimo. Ella es muy inteligente, pues tuvo excelentes calificaciones en la universidad. Él también. Se entienden. ¿Qué podría salir mal?

A su amiga no le interesa realmente renunciar a su empleo, pero la idea de este negocio es imaginaria y todos los saben la mayor parte del tiempo, excepto cuando andan borrachos celebrando que ya están cada vez más cerca de lanzar el proyecto. En México un “sí” nunca es “sí”. Y un “me interesa” jamás es compromiso. Aquí preferimos quedar bien y aplaudir sin convicción la idea de alguien a decirle nuestra verdadera opinión. Y contestamos con un “pues vamos viendo”, “hablamos”, “lo revisamos” en lugar de ser claros y negarnos a las propuestas que nos hacen.

En la mafia de Julian, nadie pone al frente su renuncia como primer paso para estar a cargo de todos los detalles que se requieren ejecutar para que la compañía sea una realidad.

En la mafia de Julian, nadie pone al frente el primer cheque sin compromiso para que la compañía sea una realidad.

En la mafia de Julian, nadie escribe de manera clara lo que la compañía va a hacer, la estrategia ni la lista de acciones necesarias para que la empresa sea una realidad.

Todo lo que hacen es hablar de grandes ideas de negocios en el comedor de la corporación donde trabajan y reunirse ocasionalmente para discutir el proyecto. Esto los hace sentir bien. Son de esas cosas que te dan un sentido de avance pero que en realidad no significan nada.

Julian está atrapado en el salario de la gran empresa. Su familia depende de ello. El pago de su auto depende de ello. El pago de su casa. La consola de videojuegos. La ropa de marca. El dinero para sus salidas a buenos lugares.

Julian no ha invertido nada en ir a eventos o cursos de cuestiones que realmente lo empoderarían en negocios. Ir a Asia le daría un entendimiento fantástico de lo que es posible construir en el mundo, pero como nadie en la oficina hace esto, él no lo tiene tampoco en el radar. Tampoco va a cursos en otras ciudades con expertos genuinos porque cree que entiende lo que tiene que hacer y ya está casi todo listo con sus amigos.

No te confundas, querido Julian: pensar que la inteligencia y capacidad que alguien tienen en un empleo es igual a tener inteligencia y capacidad parar ejecutar con éxito en un negocio propio es el peor de los errores.

Si quieres entender esto con una analogía futbolística, piensa en tu amigo del vecindario que es genial jugando fútbol, pero su buen toque no es sinónimo de disciplina, enfoque ni de dureza mental necesaria para ser profesional en la liga profesional.

Julian no sabe nada de esto porque su círculo tampoco. Y su grupo de amigos-colegas lo define. Lo han influenciado al grado que todo lo que no está dentro de ese ecosistema no le interesa, no lo ve, no lo procesa.

Muchos hemos sido Julian.

Levantamos muros de superficialidad a nuestro alrededor. Cosas que nos hacen lucir bien pero que no nos permiten avanzar en los objetivos que verdaderamente valen la pena. Tenemos el uniforme, el título, el salario, la casa, el auto pero no tenemos los fondos, ni la seguridad, ni la audacia, ni las relaciones, ni el entendimiento para crear algo propio.

Julian comienza a ir a bodas de sus compañeros que a los veintiocho años se expresan con tonterías como “ya me estaba quedando” como si estar casado y tener hijos te diera alguna ventaja en un momento en que ni siquiera sabes qué quieres de la vida. Lamentablemente, Julian internaliza estas frases gracias a tantas repeticiones y comienza a pensar pobremente así.

Ojalá Julian tuviera en cuenta primero viajar por el mundo, renunciar, tener varios empleos y tratar de construir sus ideas con una red internacional de amigos, aprendiendo a levantar capital y jugando con reglas de un juego más rico de la vida.

Pero en lugar de eso, ahora pasa su tiempo mordiéndose la uñas pensando que se está “quedando atrás” de todos sus amigos.

Y comienza a planear de forma limitada que tiene que subir de posición en la empresa para ganar más y con ello poder formar una familia. Lo que casi nadie admite para sí mismo es que —a menos que te entrenes en lo opuesto, lo cual casi nadie hace—si ganas más, gastas más.

Julian sube de nivel. Ahora gana treinta y cinco mil pesos al mes. Está al frente de otros ingenieros. Sus responsabilidades crecen por todos lados. La curva de aprendizaje de management es como la montaña más empinada del mundo. Tiene problemas con todos porque la gente siempre resiente a un nuevo jefe. Donde antes era bueno en el aspecto técnico, ahora básicamente tienen que empezar de cero a comprender el aspecto humano. Nadie le avisó lo importante que era esto. Julian quisiera poder regresar a ser un simple ingeniero, pero ya está aquí y es imposible confesarle a alguien de su grupo que está frustrado y no sabe qué hacer. Después de todo, lo consideran inteligente y exitoso, y tal es la imagen que su ego le dice que debe proteger a toda costa.

Su salud empeora.

El dinero alcanza menos.

La calidad de sus relaciones interpersonales disminuye.

Y lleva ya quince años en una empresa a la que pensaba que solo iba a ocupar como un escalón para su emprendimiento.

Julian no puede hablar de esto con nadie porque sigue siendo un ejemplo en su familia. Sus compañeros de la universidad lo admiran. La sociedad lo respeta. Pero Julian no es feliz. Y estando atrapado en este mundo, se da cuenta que los demás a su alrededor tampoco expresan la realidad, nadie la dice en voz alta, mucho menos regresan a compartirlo con los que van a empezar. Esto hace que el ciclo del engaño continue haciendo que lo único que los futuros egresados de clase media baja pueden ver sea el prestigio, el auto, el respeto y el salario ocultando la frustración, mala salud, círculo social limitado, finanzas frágiles y preocupación constante.

No teniendo familiares o amigos que sepan jugar un juego más elevado en la vida, las oportunidades de hackear el asunto parecen nulas: es esto o continuar con la pobreza en la que creciste.

Despierta, querido chico corporativo.


La adicción a un buen salario en la juventud es de las cosas más difíciles de superar. Te hace valorar la certidumbre en tu instante de mayor potencial creador. Más adelante en la vida también puedes construir cosas, claro, pero ten en cuenta que conforme pasan los años, tienes más heridas de guerra en lo profesional y personal. Y la bendición de la juventud es que no habiendo hecho nada, crees que puedes hacerlo todo. Esto es algo que debes aprovechar, Julian.

He hablado con miles de Julianes en la última década. A muchos de ellos les he preguntado cuánto cuesta una casa de dos pisos con tres recámaras en el mejor fraccionamiento de la ciudad y qué precio tiene un boleto de avión redondo desde Ciudad de México a París. No saben estas cosas. Alguien puede decir en defensa de estos chicos que no tienen por qué saberlo dado que no van a comprar una casa en ese instante y lo del viaje lo verán llegado el momento en que lo quieran hacer.

Ese tipo de pensamiento es el que nos impide crear grandes cosas.

Yo sé cuánto vale tener un avión privado.

Sé el precio de rentar uno para un viaje entre las ciudades que más visito.

Conozco el precio de una bella finca en la campiña italiana.

Y no tengo absolutamente nada de ello. Pero tengo los detalles. Es muchísimo más factible que me pueda mover hacia uno de esos puntos en algún momento sabiendo con precisión lo que requieren. Es imposible generar los recursos para ello si no sé ni siquiera de cuánto dinero estamos hablando.

Lo que intento decirle a los Julianes del mundo es que deben ser curiosos y entender el dinero desde una perspectiva clara y ambiciosa. Tu papá, tu maestro, tu jefe, ninguno de ellos sabe de dinero, por mucho que los ames, por mucho que sean inteligentes en aspectos técnicos. El que sabe de dinero tiene un sistema para ello que ha ido perfeccionado. Su riqueza se puede notar de forma sutil. Punto. Es extremadamente raro llegar a la cima de esa colina a través de un trabajo típico. El nivel de vida que admiras de alguien con una buena casa en una buena zona con ayuda doméstica, dos autos, escuelas particulares para los niños, perros, tarjetas de crédito para comer en restaurantes caros y viajes de vacaciones, bueno, nada de eso se paga con un salario de veinte o treinta y cinco mil pesos al mes. No vivas engañado.

El problema es que Julian va descubriendo esto conforme va trabajando más y más duro en lugar de entrenarse en trabajar más inteligentemente.

Julian debe preguntarse qué demonios ha hecho el tipo de menos de cuarenta años que puede estar a diario unas tres horas por la tarde en el gimnasio más caro de la ciudad con aire relajado cuando él no tiene tiempo ni siquiera el fin de semana para poder salir a caminar media hora sin estar preocupado mientras lo hace. A esa persona es a la que debe estudiar para imitar sus pasos, su actitud, sus decisiones, su sistema, sus relaciones.

Julian hace lo contrario a diario y no se da cuenta: estudia al tipo de menos de cuarenta que es su jefe en la oficina, que siempre está estresado, que jamás hace ejercicio, que tiene una vida personal caótica y que si pierde su empleo hoy, está jodido. Lo estudia a diario inconscientemente porque come con él, ríe sus chistes, van al bar juntos y así. Esto es lo que Julian debe combatir a diario: su atención y admiración hacia un punto que no le conviene.

No estoy diciendo que el tipo del gimnasio es buena persona. Tampoco que el de la oficina sea malo. Estoy hablando de ser estratégicos, pragmáticos, entender en qué estamos entrenándonos a diario y hacia dónde nos va a llevar ese entrenamiento en poco tiempo.

Es imposible que te mantengas fitness en modalidad de largo plazo si toda la gente que te rodea no cuida ni su dieta ni su ejercicio. Imposible. Y esto ocurre porque luchar psicológicamente contra ello sostenidamente a diario es una batalla emocional desgastante. Por eso debemos colocarnos en el entorno que nos conviene.

Hay ventajas en tener un buen trabajo en una gran empresa en la juventud. Una de ellas es el fuerte acercamiento que tienes a procedimientos corporativos que puedes aplicar en tu vida profesional en cualquier otro lado o implementar en tu emprendimiento. ¿Sabes? Lo que veo todo el tiempo es que la juventud al iniciar un nuevo empleo conecta enseguida con los que están en su nivel o cerca y usan estas nuevas relaciones profesionales para hacerlas enseguida personales y pasar el tiempo criticando a los que están en lo más alto de la jerarquía.

Mira, cuando piensas que los dueños no saben lo que ocurre en realidad en la empresa, te has activado el modo egocéntrico en lugar del modo aprendiz. Seamos realistas: tú no tienes una empresa como ellos, no tienes experiencia como ellos, no tienes las heridas de guerra que ellos han coleccionado. Apenas tienes dos años en una posición de nivel bajo o intermedio haciendo cosas que honestamente no van a destrozar a la compañía si las dejas de ejecutar. Te conviene más ver el mundo desde la perspectiva de estas personas encumbradas en lugar de estar criticándolas para sentirte más inteligente. Sentirte más inteligente solo ayuda a tu ego y no refleja nada en tu bolsillo.

Piensa que en un servicio de lavado de autos de esos que no tienen sofisticados mecanismos automatizados, las personas que trabajan duro echan agua, aspiran y secan tu vehículo. La persona que toma el riesgo de rentar el lugar, anunciarse y contratar gente es quien trabaja inteligentemente.

Trabaja inteligentemente.

Te aviso que esto no te lo enseñaron en la universidad.

De hecho, casi nadie sabe trabajar inteligentemente. Esto es porque es lo más difícil. Sé que suena contraintuitivo —por no decir estúpido— pero trabajar duro es fácil ya que simplemente se trata de imprimir más energía a algo que no es óptimo.

La persona que trabaja inteligentemente puede a diario estar relajada tres horas en el gimnasio en cualquier momento del día que le apetezca sabiendo que tiene recursos que le dan muchas oportunidades.

Trabajar inteligentemente es muy difícil porque involucra dominar mucho la presión psicológica que sentimos de la masa de gente que no entiende nuestros movimientos. Trabajar inteligentemente nos hace lucir raros y tal vez flojos en un entorno que nos vende la idea de que alguien ocupado y estresado todo el tiempo es productivo.

La persona que trabaja duro no tiene tiempo de salir a caminar ni siquiera media hora sin estar preocupada por todos los pendientes que la agobian.

Si eres joven y tienes un buen trabajo, no le des todo a ese empleo. Sé un pro, sí, y ejecuta genial para la empresa que te da un cheque mes a mes, pero ten varios proyectos andando. Sé diseñador, programador, mesero, encuestador, bailarín, no sé, haz muchas otras cosas fuera de tu horario oficial laboral. Esto te da músculo, energía y visión que pocos generan.

Usa los fines de semana como espacios para acelerar tu ventaja. Que tu weekend no sea weak. Donde otros pasan cada sábado con la misma rutina embrutecedora, tú usas ese espacio para viajar a un lugar que no conocías, para hospedar a extranjeros en tu pequeño depa rentado que te da agilidad para abandonarlo a voluntad y moverte fácil a cualquier lugar del mundo sin compromisos.

El auto y la casa propias son sueños de otros. Tú no quieres esto de joven. Tú no quieres estar atado. Y esto es lo que te haces a ti mismo cuando piensas que estos dos elementos son los objetivos a conseguir teniendo veinticinco años.

“The things you own, end up owning you”, dice Tyler Durden en Fight Club.
Ve a eventos de todo tipo. Paga por ellos. No quieras todo gratis. Siéntete tonto aprendiendo de cuestiones totalmente fuera de tu radar. Tus clases de baile, la escuela de arte, tu club de lectura, la organización en la que haces voluntariado, un equipo deportivo, ten muchos más amigos en lugares así que en tu trabajo.

No tomes como sabiduría lo que alguien que lleva veinte años en una corporación te diga. No te está contando la historia completa. No te va a confesar que quisiera poder escapar de la trampa. Si su vida te gusta porque es un tipo sano, ecuánime, en control, con espacio para muchas actividades personales, con una familia en armonía, con crecimiento espiritual constante, bueno, entonces sí, imítalo. Hay muy pocos de estos en esos entornos.

No te deslumbres con el salario y el reconocimiento profesional de alguien. Es muy poco lo que esto representa con respecto a todo lo que podemos conseguir en la vida. Si te obsesionas con esto, bueno, será lo único que conquistarás. Y varias décadas más adelante, lamentarás no haber desarrollado otros intereses y no haber explorado otras oportunidades.

Necesitamos más gente como Julian, que podrían ser empresarios que levanten a la sociedad. Pero necesitamos explicarles con claridad todo lo que el camino tradicional conlleva para que entiendan bien el juego. Perdemos a muchos chicos de clase media baja académicamente inteligentes que podrían ser grandes emprendedores por no ayudarlos a evitar con cuidado la gran trampa del dinero temprano.

Te quiero, querido Julian.

Te digo todo esto desde una posición difícil.

He estado ahí. En muchos aspectos, sigo ahí.

Podemos quejarnos de la situación en la que estamos.

O podemos trabajar inteligentemente para hackearla.

Requiere que primero te admitas a ti mismo varias cosas incómodas.

Requiere que seas observador y analices bien.

Requiere que tomes decisiones duras.

Requiere que tengas conversaciones difíciles.

Requiere que te aprietes los botones adecuados.

Y que comiences ya.

Ecuanimidad. Enfoque.

Largo plazo.

Sé audaz.

Y selo ahora.

—A.

CUANDO LA ECONOMÍA SE VA AL CARAJO

La realidad es que al mismo nivel que el fútbol, la religión y la política, hablar de educación es tocar fibras sensibles que la mayoría de las personas toman como algo personal. Cuando “ataco” a la escuela tradicional, la pasión de muchos se inflama. Enseguida recibo comentarios sobre lo ingrato que soy con el sistema educativo que es tan necesario para nuestra sociedad y así.

Hay una especie de tendencia psicológica a pensar que lo que hoy conocemos del mundo va a estar presente en nuestro futuro.

Hace unos días Tim Urban compartió en Twitter lo siguiente:

When you’re the boss of the ideas in your head, you’re always willing to revise them.

When there’s no amount of evidence that will change your mind about something, it means that idea is your boss.

Humility is the awareness that no idea is worthy of being your boss.

En una traducción libre sería algo así:

“Cuando eres el jefe de las ideas en tu cabeza, siempre estás dispuesto a revisarlas.

Cuando ninguna cantidad de evidencia conseguirá que cambies de opinión acerca de algo, significa que la idea es tu jefe.

La humildad es el entendimiento de que no vale la pena que ninguna idea sea tu jefe.”

Volteé a ver al mundo inmediatamente y comencé a juzgar a todos los que conozco que tienen ideas fijas sobre fútbol, política, religión y educación. Como siempre me pasa, me di cuenta que estaba haciendo el trabajo fácil en lugar del que verdaderamente tengo que hacer: juzgarme a mí mismo primero.

¿Cuánta gente conoces que está orgullosa de tener ideas inamovibles en su mente? Si tu círculo es como el mío, seguro son muchas.

¿Y cuántas ideas inamovibles cargas a diario en tu mente? ¿Qué tan orgulloso te sientes de esto?

Me di cuenta que tengo ideas muy enraizadas que me duele considerar desde otro punto de vista. Cosas como la ecuanimidad, el alto desempeño y el largo plazo son parte del núcleo con el que intento desarrollar mi vida. Son mantras. Es dogma. Atacar estos conceptos no me hace sentir mejor, pero tal vez es lo que necesito hacer.

Lancé mi análisis varios años atrás para encontrar si en efecto alguna vez en mi vida golpear ideas me ha dado resultados. Y sonreí porque enseguida varios recuerdos tocaron a mi puerta.

Algunas ideas que golpeé para enseñarles que yo era el jefe y que gracias a ello obtuve excelentes resultados:

  • En 1998, pasé muchas horas encerrado en la biblioteca de la universidad tomando notas de un libro de DHTML/CSS en lugar de asistir a clase de metodología de la investigación y otras en ese estilo. Hacer sitios web me ha abierto puertas como no tienes idea. La idea que ataqué fue esa de creer que lo más importante en la universidad son las materias escolares.
  • En el 2006, acepté la invitación a ser parte de una organización mundial de ingenieros cuando mi trabajo en ese momento no estaba en nada técnico, sino que me dedicaba a ser un simple maestro de inglés. Participar activamente en este voluntariado internacional me hizo viajar por el mundo y me enseñó a estar al frente de proyectos grandes. La idea que ataqué fue la de necesitar una validación externa para creerme merecedor de aportar algo en un campo profesional.
  • En el 2010, renuncié a un trabajo corporativo en el preciso instante en que me ofrecieron un aumento de salario y muchas más responsabilidades y recursos que entusiasmaban a mi ego. Lo hice para emprender porque entraba a mis treintas y leía muchas cosas de nómadas digitales y demás que me hacían ver que otra forma de vivir la vida era posible. La idea que ataqué fue la de la estabilidad de un sueldo y prestaciones económicas seguras que literalmente todos a mi alrededor me suplicaban que no abandonara.

Y así encontré otros varios ejemplos donde demostrarle a las ideas de mi mente quién era el verdadero jefe en nuestra relación había dado grandes frutos. Al actualizar o archivar muchas de esas ideas, mi vida tomó caminos insospechados.

Quisiera decirte que mi vida es perfecta y que todas las decisiones que he tomado han sido geniales y que hoy nada me afecta y que no tengo problemas en mi día a día.

Uf. Ojalá.

La cantidad de retos con los que tengo que lidiar constantemente aplastarían sin piedad a mi versión juvenil. Te lo juro. Hoy con tres hijos, una esposa, un perro y una gatita a cuestas, todas mis maniobras tienen que ser mucho más precisas. Y por eso mi análisis de lo que me ha funcionado en el pasado debe ser genuino para no engañarme y poder replicar lo que sí me va a ayudar a mantener el crecimiento en todos los rubros.

¿Y sabes? Lo que más me ha ayudado es la reinvención constante. Constante. Subraya esa parte.

Te decía al inicio de este ensayo que la educación es un tema que la gente tiene cerca de su corazón. Hace algún tiempo leí que el trinomio cuadrado perfecto no tiene ninguna aplicación práctica. Ninguna. Pero nos insisten en que tenemos que conocer su orden y sus términos. Nos dicen que aparecerá en nuestro examen. Y si esto que leí de esta ecuación matemática es falso, no importa, al final ilustra la posibilidad de que casi todo lo que vimos en el sistema escolar tradicional es irrelevante.

Entiendo cuando mucha gente no acepta esto porque no es fácil tragarnos la revelación de que pasamos casi veinte años perdiendo el tiempo. A nadie nos hace gracia pensar que hemos invertido así tal vez una cuarta parte de nuestra vida.

Pero honestamente creo que es la realidad.

Y duele, como todo golpe emocional a un fundamento que nos construye como persona. Y duele porque significa que tenemos trabajo que hacer para reparar el asunto.

No te quiero convencer. No quiero insistirte que estoy en lo correcto. Generalmente cuando veo que la pasión se inflama, me desconecto en mi alma del asunto porque creo que ya no estoy hablando con la persona frente a mí sino con todo lo que le han taladrado por años y que no ha retado.

Si de corazón crees que estoy mal al “atacar” al sistema educativo y decir que es una perdida de tiempo en lo general, bien, lo que estás haciendo es básicamente apostar tu futuro a que tendrás recursos, oportunidades y felicidad basado en lo que maestros tradicionales, lecciones tradicionales, exámenes tradicionales y calificaciones tradicionales te puedan entregar al final del trayecto. Buena suerte. Yo apuesto totalmente en contra de esa visión por lo que he visto en estos años construyendo cosas.

Regresando al punto de ser jefes de nuestras ideas para poder subirlas de nivel o abandonarlas, bueno, creo que el primer paso es darnos permiso de ser ridículos y estar incómodos. De esto hablo todo el tiempo y no voy a extenderme innecesariamente al respecto aquí. Dando estos pasos es como he pasado de ser un tipo sin habilidades técnicas sobresalientes ni diplomas que me avalen a convertirme en profesor invitado en las mejores universidades del país, conferencista pagado en eventos de prestigio, instructor y coach en empresas transnacionales, invitado en reconocidos podcasts y autor de libros y un blog que miles de personas como tú leen a diario. Todo ello por el simple hecho de permitirme sentirme ridículo durante cinco minutos al iniciar cada una de esas actividades y estar incómodo un breve periodo en lo que las domino. Eso ha sido todo, te lo juro.

A ver, nadie nace sabiendo dar conferencias, liderando cursos, redactando largos ensayos. Todos somos usurpadores en estas áreas en el inicio. La actitud con la que abordas el comienzo de estas actividades es la que determina la velocidad con la que pasas a ser parte natural de ellas. Si arrancas con el proceso pero estás con la cabeza agachada y escondido en un rincón para que nadie te vea, ¿qué crees que va a pasar? ¡vas a llamar más la atención! Así se divierte la vida cuando actuamos con temor. Por el contrario, si inflas el pecho y entras con paso firme externo aunque con elevados niveles de pena interna, el ecosistema que te interesa dominar comienza a doblegarse ante ti. Me ha pasado en universidades, corporaciones, gimnasios, playas, restaurantes, ceremonias, etcétera. Deseo que te pase a ti también.

Al momento de redactar todo esto, hay pánico en los mercados financieros porque todo se está yendo al carajo, como es típico cada cierto número de años. La gente en cripto está desesperada. Los adictos a las acciones de la Bolsa de Valores igual. Donde hace unas semanas abundaban los expertos que tenían todas las respuestas, hoy nadie sabe wtf está pasando.

Mira, esto no se va a poner más fácil. Lo que tú y yo tenemos que hacer para surfear en estas olas de pánico es golpear muchas de las ideas que tenemos ancladas con orgullo en nuestra mente. Te voy a poner algunos ejemplos con los que espero tal vez puedas conectar:

  • Si eres ingeniero, necesitas dejar de pensar que eso es lo único con lo que puedes ganar dinero. Aplica igual si eres médico, contador, chef y demás.
  • Si trabajas en una empresa grande, debes entender que no tienes absolutamente control alguno de tu futuro porque aunque te parezca ridículo que te lo diga yo, un extraño en este momento, hay decisiones que se toman en reuniones oscuras de las que jamás te enteras. Y una de esas decisiones puede fácil y rápidamente descarrilar tus planes en cualquier mañana en que pienses que todo va normal.
  • Si estás estudiando con miras a obtener un diploma de prestigio que te dé más oportunidades en algún campo laboral, te estás entrenando en desarrollar un músculo lento y anticuado. Lo de hoy es construir cosas directamente en ese campo laboral y sobre ello conseguir atención y clientes. A nadie le interesa realmente un diseñador gráfico con buenas calificaciones. Queremos ver su portafolio. Y luego necesitamos que sea un pro entregando en tiempo y forma.

Como platicábamos, todo esto es un shock para la concepción ordenada que tenemos del mundo. A nuestro cerebro le fascina sentir que tiene control y que entiende su entorno. Que un tipo escriba un ensayo diciéndote que no tienes control y que eso de tu empleo y el sistema educativo que crees que son parte fija del firmamento no lo son ni lo volverán a ser jamás, bueno, tu cerebro con toda seguridad me está aventando un “fuck you” a todo volumen y en alta resolución.

Tal vez no sé de lo que estoy hablando.

Tal vez las cosas siempre van a ser iguales.

¿Pero y si no?

¿Qué vas a hacer?

Lo que más te conviene es reinventarte profesionalmente todo el tiempo, ser alguien que agrega habilidades estratégicas a su sistema operativo personal.

¿Por qué no tienes un podcast?

¿Por qué no tienes un canal de YouTube?

¿Por qué no escribes públicamente tus ideas en un blog?

¿Por qué no organizas cursos?

¿Por qué no vendes coaching?

¿Por qué no das consultoría a empresas?

¿Por qué no vendes tus libros?

Te voy a decir por qué.

Porque todo eso luce ridículo.

Y es incómodo.

Si eres ingeniero, médico, contador y tu mentalidad ha sido moldeada por la vieja guardia, todas estas cosas que te estoy sugiriendo lucen exóticas. Y sí, la vieja guardia tiene razón: son innecesarias para tu profesión…

…si vives en 1987.

Pero si compartes este espacio-tiempo conmigo, necesitas golpear con fuerza esa idea que hoy te domina, que hoy es tu jefe y que te dice que no es necesario que aprendas a hacer ninguna de esas cosas. Ese es tu ego protegiéndote de una curva de aprendizaje nueva, que va a ser dolorosa como todo lo que vale la pena. Ese es tu ego protegiéndote de la incomodidad de lucir como un principiante cuando ya quieres sentirte consagrado en tu campo profesional.

Poner más pan en la mesa sólo se consigue siendo más pragmático.

Esto significa que tomes las herramientas y estrategias que les funcionan a otros para destacar, para conseguir más oportunidades.

Abogado, agente de bienes raíces y programador que solo quieran estar enfocados en la metodología milenaria en que se ejecuta su arte y ciencia, bueno, estas personitas están protegiendo a sus jefes, a esas ideas que no los dejan combinar técnicas fantásticas para generar más riqueza personal.

Este artículo es para recordarte a ti y principalmente a mí que en estos instantes económicos difíciles, lo único que nos va a mantener a flote es nuestra capacidad de ofrecer nuevos giros al mercado, de ser una navaja suiza que tiene diferentes soluciones.

Y sí, claro que te quiero vender algo. ¿Qué tipo de ejemplo te estaría dando si no te ofrezco una solución? ¿Qué tipo de influencer sería si no empujo aquello que creo de corazón que te conviene?

Todos te estamos vendiendo siempre algo. Todos. Siempre.

Te puedes ofender cuando alguien lo expone directamente como yo.

O puedes apreciar la honestidad y ser curioso al respecto.

Tengo un curso rápido.

Un curso que quiero que te ayude a despegar y reinventarte.

En él voy a compartir contigo notas prácticas para que des los pasos que te ayuden a dominar ese sentimiento de ridiculez e incomodidad.

En el curso voy a sentarme en vivo contigo a darte hacks que harán menos complicada tu transición emocional de un estado fijo hacia uno dinámico donde fluyas de manera pragmática conforme visualizas oportunidades.

Hay dos tipos de personas: las que trabajan para sí mismas y las que trabajan para sus ideas (jefes).

Trabaja para ti.

Gana más.

Genera riqueza donde otros temen reinventarse.

Desarrolla el músculo que te conviene, no el que te hace lucir bien con colegas con mentalidad de la vieja guardia.

Listo.

Nada de lo que voy a compartir contigo es teórico. Detesto ese tipo de cursos. Todo lo que te voy a explicar lo he hecho. Todo. Marca personal. Libros. Coaching. Conferencias. Consultoría. Podcasts. Ventas digitales. Físicas. Negocios locales. Internacionales. Negociaciones con personas. Con empresas.

Te decía que mi vida no es perfecta. Jamás creas eso de nadie.

Pero lo que sí puedo presumirte es que no tengo miedo del futuro porque confío en mi capacidad de adaptación constante. He desarrollado el músculo que mejor conviene a estos tiempos y ahora quiero compartir contigo los detalles.

Cada nueva habilidad que agrego a mi sistema operativo personal me permite navegar los mares de dramas que la sociedad agita para mantenernos espantados.

Agrega habilidades.

Si compras mi curso de Ingresos Personales Poderosos, genial, te veo dentro. Nos la vamos a pasar bien, de forma productiva y personal. Como todo lo que hago, me gusta pensar que es una inversión que yo haría y que me va a dar resultados exponenciales en diez, veinte años.

Si no, no importa. Cero dramas. No lo tomo personal. Manténte ejecutando.

Mira, sé lógico: ¿cuántas veces has invertido dinero en salidas con tus amigos solo para quedar bien y al final ese gasto no representa nada positivo para tu vida en los próximos diez años? Aborda este tipo de decisiones desde esta perspectiva. Apuesta en ti, en tus habilidades.

¿Lo peor que puede pasar? Que absolutamente ninguna de las notas del curso te sirvan y que termines más pobre por haber gastado tu dinero en él. ¿Pero qué crees? Si no te gusta, nos escribes y te devolvemos tu pago. Y listo.

¿Lo mejor que puede pasar? Que tengas más claro los movimientos que tienes que ejecutar para despegar y crearte más y mejores oportunidades que pongan pan en tu mesa.

Y como siempre, ya sabes:

Ecuanimidad. Enfoque.

Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

HABLANDO DE PARADIGMAS

La palabra «convicción» es una de esas a las que solemos asignar un sentido positivo automáticamente. Vemos como algo loable cuando alguien tiene «fuertes convicciones». Creo que esto es un error. La capacidad de ensanchar nuestra mente no llega cerrándonos a nociones exóticas sino coqueteando con ellas.

En palabras más sencillas, te quiero decir que si las creencias que cargas hoy son muy parecidas a las que tenías en tu mente y alma diez años atrás, bueno, lo que eso dice sobre tu nivel de evolución personal es algo que debes analizar muy fuertemente.

Las siguientes ideas son parte fundamental de mi comportamiento en la actualidad. No lo eran para nada una década atrás.


La microfama te da más que las calificaciones.

Defino como «microfama» ese reconocimiento público donde tal vez cinco desconocidos se puedan acercar a ti en un aeropuerto grande, llamarte por tu nombre y pedirte una selfie. No eres el cantante más popular de la televisión, pero tienes algunos seguidores leales. «Eres famosillo», fue la descripción que alguien hizo de mí y creo que el término puede ser intercambiable si te gusta. Sucede que como tú y la mayoría de la gente, me dediqué por casi veinte años a coleccionar buenas calificaciones porque me dijeron que tal era la ruta para convertirme en un ser humano decente. Creo que esta visión del mundo es incompleta. Las buenas calificaciones te pueden regalar una gran confianza personal en tu inteligencia académica y pueden elevar tu autoestima, pero de la misma forma también pueden darte una falsa sensación de seguridad haciéndote pensar que estás listo para el mundo cuando no hay correlación entre lo ejecutado en la escuela versus lo que el mercado demanda en la realidad. En más de diez años de haber lanzado compañías en varias industrias y habiendo hecho tratos en muchas ciudades del mundo, nunca he necesitado mostrar mi boleta de calificaciones. Ha sido mi exposición estratégica y constante en redes sociales lo que me ha abierto puertas, conversaciones, ventas, oportunidades, amistades, viajes e ideas que superan por mucho cualquier esfuerzo institucional de exámenes y certificaciones.


Los videojuegos no son pérdida de tiempo.

Aquí estás, leyendo esto en una pantalla. Esto es un videojuego. Tal vez te cuentas la historia de que estás revisando tu e-mail o que estás leyendo algo para aprender y así, pero evalúa tu comportamiento desapasionadamente como si fueras un antropólogo y verás que estás moviendo tus dedos, haciendo clic, arrastrando cosas, dirigiendo tu vista a ciertos elementos en el dispositivo, obteniendo recompensas de dopamina y cometiendo errores en tu recorrido digital. Internet es el gran videojuego donde a diario miles de millones de personas participamos intentando introducir la combinación de teclazos correctos que nos den como premio un imperio similar al de Elon Musk. Haz tu investigación y sorpréndete de la cantidad de estudios científicos serios que eliminan esa idea de que jugar videojuegos violentos te hace violento. Mi teoría es que las miles de canciones dramáticas que sabes de memoria joden más tu vida.


La universidad importa en unas cinco profesiones.

Estoy de acuerdo contigo en que se necesita un espacio seguro donde cometer errores que en la vida real podrían tener consecuencias mortales. Para eso está la universidad, porque es importante que un ingeniero civil pueda presentar sus diseños a expertos que van a evaluar si sus estructuras son robustas. La universidad no es una institución «buena» de forma predeterminada. Es una organización como cualquier otra, que requiere obtener ganancias, presentar resultados y justificar su utilidad ante la sociedad, por eso se inventa programas a diestra y siniestra. ¿Administración? ¿Comunicación? ¿Hospitalidad? ¿Marketing? Creo que moriré sosteniendo la bandera de que no hay necesidad de pasar cuatro años encerrados intentando convertirse en experto en áreas así cuando la realidad es que aunque son importantes, el contenido es de fácil acceso en línea y la práctica también ejecutándola directamente en el mercado.


Leer varios libros al mismo tiempo.

Ser ordenado está sobrevalorado. Piensa que los primeros en insistirte en que debes ser así somos los papás, que necesitamos combatir el típico caos doméstico que emerge naturalmente de cualquier niño. Ser ordenado en un mundo como hoy es sinónimo de ser lento, aunque suene duro. ¿Quién gana? ¿El tipo que presenta su plan de negocios habiendo hecho la máxima investigación y obtenido la aprobación de todos los expertos después de incorporar las correcciones que cada uno le hace a su idea o el tipo que ejecuta, se equivoca, reflexiona, ejecuta mejor y va avanzando basado en resultados concretos? Esto aplica con los libros. No tienes que terminar uno para darte permiso de leer el siguiente. Mucha gente dice que se van a confundir si leen varios al mismo tiempo. No piensas así con tus amigos, ¿verdad? Jamás exclamas al respecto que no puedes tener varios porque vas a mezclar las pláticas entre ellos. Esto de la lectura de varias obras simultáneamente es igual. No tengas miedo de exigirle malabarismo a tu mente. Le fascina que la empujes a ello. A eso vino.


Los expertos en dinero son muy pocos.

¿Qué es ser experto en dinero? Tener varios años de solidez económica asegurada para ti y tu familia si dejas de trabajar o tus negocios dejan de operar. ¿Cuánta gente así tienes en tu círculo? Así es, no sabes. Puedes pensar que tu amigo con la camioneta último modelo en su garage o tu conocida con la gran casa en el fraccionamiento exclusivo ya están en ese nivel, pero las estadísticas apuntan a que tienen deudas que te sorprenderían. Excepto quienes heredan empresas familiares exitosas, casi todos tenemos que empezar a crear fortunas desde muy abajo. Algunos se confunden y piensan que saber de «educación financiera» es el pináculo del entendimiento del dinero cuando eso es apenas el curso inicial de un cuasi-oculto programa extenso y demandante. Llevo años estudiando el tema y estoy sorprendido de la poca cantidad de gente que tiene en su radar la importancia de lo que yo llamo creación de riqueza transgeneracional. Lo que tu amigo con el salario corporativo más alto te presuma sobre inversiones en la próxima salida en el bar, toma eso y todo lo demás con cautela.


La ridiculez y la incomodidad son grandes herramientas.

Te dicen que el esfuerzo es importante, que trabajes duro, que seas inteligente, que hagas cosas buenas, etcétera. Tal vez sí, algunas de esas cosas importan, pero creo que no tanto como la capacidad de sentirnos ridículos e incluso a pesar de eso poder ejecutar nuestras ideas. Suma a esto la capacidad de meternos con buena actitud a aquello que nos incomoda. Haz un honesto experimento mental de cuántas oportunidades personales y profesionales has perdido en los últimos diez años porque te sentías ridículo o te incomodaban y determina dónde estarías hoy si las hubieses hecho. No te quiebres mucho la cabeza: si agregas estas dos habilidades a tu sistema operativo personal, adquirirás velocidad de escape de esta dimensión. Este es uno de los secretos que más voy a taladrar a mis hijos hasta la tumba. Esos políticos, empresarios, actores y demás altos perfiles, bueno, llegan ahí en gran, gran, gran parte porque dominan esto.


China es el país más exitoso y por mucho.

Mi visión de lo que es posible en este planeta dio un giro de ciento ochenta grados cuando pasé un mes en Asia y sobre todo, en China. Es indescriptible. Es tal el impacto que estoy aprendiendo mandarín, no porque crea que se va a convertir en el estándar global de comunicación sino porque el nivel de filtros que tenemos sobre lo que están haciendo en esas coordenadas nos impide retar la imagen norteamericana que solemos ver como la cúspide de lo que debe ser la civilización. China no es el futuro. China es, bueno, hazte el gran favor de tu vida y ve a ver de lo que hablo.


Te voy a dejar con un posicionamiento gráfico que te invito a que cargues contigo para retar tu pensamiento convencional: esos lindos cerditos que lucen inofensivos, sí, ellos, comen basura, humanos y otros cerditos también —y no necesariamente en ese orden. No dejes jamás a uno de estos animales grandes al lado de un bebé. Alguien también decidió escribir cuentos haciendo a los osos buenos, a los búhos sabios y a las víboras malas. Y no son así. Tenemos estas ideas taladradas desde la cuna. Considera esto un ejemplo infantil de muchos otros paradigmas que jamás retamos.

Los paradigmas son las cosas que lucen normales.

Retarlos es símbolo de tu inteligencia genuina.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

UNIVERSITARIO EXTRAORDINARIO

Estas son algunas acciones poderosísimas a tu alcance si eres universitario nivel clase media hacia abajo en México:

  • Obtén tu visa norteamericana ahora que estás en esta etapa escolar. Evita frustraciones posteriores donde te la niegan por no tener forma de demostrar que no te convertirás en un ilegal más en su territorio. Yo no obtuve este importante documento en su momento lo cual se convirtió en una pequeña pesadilla personal que me acompañó innecesariamente varios años y me impidió acceder a oportunidades en Estados Unidos.
  • Trabaja algunas horas o medio tiempo en empresas grandes como Cinépolis u Oxxo. La idea más allá del dinero es que conozcas procedimientos corporativos, que generes el músculo de balancear tus actividades como todo un pro y que dejes atrás la típica narrativa prima del fracaso donde tus compañeros repiten frases como “es que llevo muchas materias”, “es que este semestre es complicado”, “es que no me da tiempo por las tareas”, lo cual tú y yo sabemos que son meras excusas porque las fiestas, Netflix, los videojuegos, el romance y las salidas, para esos sí existe espacio. Desde la mitad de mis estudios universitarios colaboré en Harmon Hall dando clases de inglés. La madurez y contactos que esto me dio fue invaluable.
  • Asiste a la mayor cantidad posible de congresos estudiantiles fuera de tu ciudad. Aprende a moverte bien en aeropuertos, a conseguir hospedaje, cosas así. Construye la disciplina de disfrutar una larga noche de fiesta, regresar tarde al hotel e incluso así levantarte temprano y con buena actitud para las primeras actividades planeadas del día. Esto sí lo favorecí en mi tiempo universitario y me dio mucha confianza personal.
  • Ve al gym y haz ejercicio sin excusas. Tu cuerpo es una máquina que parece que va a estar en las condiciones prístinas en las que lo sientes ahora pero créeme, te vas a sorprender en lo fácil que cae en mal estado cuando comienzas a trabajar y no tienes la disciplina de cuidarte. Velo así: estás en tus tempranos veintes, te sientes como nuevo porque puedes emborracharte hoy y mañana andar por la vida sin problemas, pero esto no es sostenible ni deseable. Lo segundo es que has vivido poco, por lo tanto no han llegado a ti malas consecuencias reales de cosas que tuviste que haber hecho y no hiciste. Esto lo vas a experimentar mucho más adelante. Créeme: siempre llega. De las cosas que no hice en lo absoluto en mi etapa universitaria fue esto y pagué un precio terrible con mi salud. En retrospectiva, sí pude haber ido a un gimnasio y combinarlo con correr en las pistas del campus de haber tenido la inteligencia de eliminar historias pobres que taladraba en mi ser.
  • Aprende inglés muy bien. Si ya estudiaste un programa y terminaste en alguna escuela, hazlo de nuevo. El día que puedas entender muy bien todas las noticias en CNN, hacer llamadas telefónicas sin problemas y escribir un ensayo con seguridad, bueno, en ese momento tu dominio del idioma está comprobado, mientras tanto, no. Tuve la fortuna la oportunidad de ingresar a la universidad con el inglés ya detrás de mí lo cual expandió mis horizontes. Eso quiero para ti.
  • Deja de imitar a tu círculo cercano. Piensa global. Admira global. Ejecuta global. Tu círculo cercano de amigos están igual o peor de confundidos pero nadie lo va a decir en voz alta. El ego es muy grande para decir “tengo miedo”, “no sé cómo actuar”, “me siento mal habiendo escogido esta carrera” y demás cosas así. Lo que la gente a nuestro alrededor hace es tratar de lucir mucho mejor de lo que realmente está, así que no los tomes como referencia porque casi todo lo que nos muestran es superficial. Si no hay médicos profesionales exitosos en tu árbol genealógico, muchos de los consejos que tu familia pueda darte para esta área no son eso sino opiniones. Tuve la necedad emocional suficiente en mí en aquella etapa para ignorar a muchos a mi alrededor y así fue como me pude aventurar a ideas y relaciones que lucían exóticas en mi nivel socioeconómico.
  • Aprovecha los intercambios académicos disponibles a tu alcance. Vive fuera de casa de papá y mamá. Esto no lo hice y me hizo creer que el mundo era simplemente una ampliación de mi ciudad cuando esto no es el caso. Esta idea es fácilmente atacada con la respuesta de que no hay dinero, que no se puede, para qué, qué necesidad de alejarte de casa, etcétera. Venimos a volar, no a quedarnos en el nido por miedo. Tontamente tardé mucho tiempo en abandonar la casa de mis papás.
  • Invierte dinero todo el tiempo. Hoy en día, abrir una cuenta en GBM, Plus500 u otras apps en esta línea es incluso menos complejo que configurar tu avatar de Fortnite y coordinar la partida vía Discord. Abandona el pensamiento de que invertir es para los profesionales, que es algo para cuando ya ganes mucho dinero, que tienes tiempo. Entre más pronto lo hagas, más te va a amar tu versión futura. Si a los veintes comienzas con esta disciplina de comprar index funds —por ejemplo— y sostienes el asunto sin parar, a los cuarentas no te quiero contar la posición super privilegiada en la que te vas a encontrar. Nunca nadie aventó esto en mi radar y si pudiera regresar el tiempo, es de las cosas que absolutamente favorecería en mi comportamiento juvenil.
  • Medita como si fueras un gurú hindú de setenta años. Nos entrenamos en ser profesionales, responsables, creativos, innovadores, puntuales, estudiosos y demás conceptos que nos suelen poner dinero en la mesa, pero no moldeamos con la misma tenacidad la capacidad de desconectarnos, de abrazar la espiritualidad, de enfocarnos en un pensamiento trascendental. Ésta es de las acciones más poderosas que puedes meter desde hoy a tu cartera personal de habilidades. Este asunto es tan importante que absolutamente todos los políticos, empresarios y celebridades mundialmente relevantes lo hacen. Y todos ellos mencionan esta actividad como vital para su rutina. Si tú la insertas en ti desde ahora, te llevará a niveles altísimos muy rápidamente porque casi nadie sabe posicionar el ruido, el caos de su mundo y su mente en modo controlable.
  • Nada a contracorriente ahora que tienes fuerzas. YOLO es una filosofía que te invita a experimentar las cosas para que no llegues al final de tu vida y te arrepientas. El problema es que mucho YOLO te hace tonto. Combina esto con aprender a pensar. Casi nadie sabe pensar. Creemos que pensamos pero únicamente solemos llegar a la primera causa. Es decir, pensamos que el cigarro causa el cáncer y ya, pero no nos empujamos a pensar qué demonios hace que el cigarro aparezca delante de nosotros. Y así muchos otros ejemplos. Esto de pensar en el efecto del efecto es conocido como pensamiento de segundo orden. Tenlo activo. Tardé tres décadas en comenzar a hacer esto. Tú no seas así.
  • Ten amigos de todos los sabores y colores. No hagas extremadamente fuertes los lazos con tus compañeros de la universidad en el sentido de que vivas para ellos, respires con ellos a tu lado y así. Muchos cometen el tremendo error de ingresar a la uni, hacer un grupo de cinco amigos y a partir de ahí, el resto de los años hacer todo en conjunto con ellos. Van a las mismas clases, hacen todos los proyectos posibles juntos y luego en las noches siguen hablando en WhatsApp como si no hubiesen interactuado de frente en todo el día. Hospeda extranjeros en tu casa con couchsurfing.com, envía e-mails y mensajes de inbox a influencers que admires, paga por ir a eventos solo para conectar con nuevas caras. Cuando alguien que admires te regale tiempo, regálale libros a estas personas para enviar el mensaje de que eres alguien a tener en consideración ya que te comportas de una forma más sofisticada. No supe el valor de un networking amplio hasta que ya me resultó necesario ejecutarlo. No te pongas en esta posición.
  • Aprende a tu ritmo. La mentalidad de borrego en la mayoría de los universitarios es esperar a que un maestro decida abordar un tema o que tal semestre llegue porque ahí hay tal materia en la que por fin van a aprender tal técnica. Caray. Está YouTube, Platzi, Wikipedia, Google, Masterclass, etcétera. Deja de ser pasivo en lo que te interesa aprender. Acelera las cosas y te sorprenderás al ver resultados que otros no se van a poder explicar cómo obtuviste. ¿Sabes? Cuando cultivas la paciencia para esperar a que la institución te explique las cosas a su ritmo, llevas este comportamiento a tus futuros empleos y no te certificas en nada ni viajas a congresos ni compras workshops porque esperas que la empresa cubra todo eso. Esta actitud te deja a merced de los que nos movemos rápido, sin permiso y con sentido de urgencia para resolver las cosas que importan en la vida. Métete a muchos temas. Al momento de redactar esto acabo de inscribirme a un curso de chino mandarín con una maestra de Chile, estoy estudiando técnicas de Edward de Bono para desarrollar habilidades de pensamiento en niños y bueno, estoy todo el tiempo pagando eventos, descargando apps, leyendo tutoriales y viendo videos de todo lo que necesito desbloquear para avanzar en mis objetivos. Esto es de las pocas cosas que me hacen sentir orgulloso decirte que sí hago desde mi época universitaria.
  • Conversa sobre temas interesantes. Esto es difícil si mantienes siempre el mismo círculo de amigos, no porque no puedan ser personas interesantes, pero sí porque la cantidad de notas que pueden intercambiar entre ustedes siempre tendrá un límite natural. Además, su expertise en cualquier área de la vida está inherentemente limitado por la edad. La mejor forma de meterte a conversaciones increíbles para luego poder conectar mejor en tus pláticas con otros es escuchando buenos podcasts como el de Lex Fridman, Joe Rogan y Tim Ferriss. También leyendo libros geniales como los de Yuval Noah Harari, Walter Isaacson y John Brockman. La gente interesante es bienvenida en todos los lugares que importan.
  • Diseña tu vida. Casi nadie hace esto. Lo que ocurre a la gente es que simplemente suben los peldaños que les dicen que son los siguientes: de kínder pasas a primaria, sigue secundaria, después bachillerato, luego la universidad, aquí puedes elegir un posgrado o irte a trabajar directo. A partir de aquí, todo es lo mismo : trabajar muchos años con la esperanza de retirarte algún día en tu vejez. Esto no es un diseño de vida, es un elevador en el cual todo el mundo entra voluntariamente sin considerar siquiera la posibilidad de que hay otras maneras de abordar nuestra existencia. Tardé muchos años posterior a mi egreso de la universidad para ponerme al frente de mi vida. Ha sido doloroso y frustrante porque tuve que iniciar esta travesía desde cero. No esperes —como yo— a ser adulto padre de familia para trazarte objetivos con horizontes ambiciosos. Comienza ya.

Hay un universitario extraordinario en ti. Créetela.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

¿ESTÁS DICIENDO QUE LA UNIVERSIDAD NO IMPORTA?

No hay certificación para dar conferencias.

O al menos no me la han solicitado.

De hecho, no tengo certificaciones en nada de lo que hago.

«Papelito habla» es una manera de ver la vida en modo vieja escuela.

Ten habilidades comprobables.


Nobody gives a shit about my credentials.

Hay una adicción a los diplomas en nuestra sociedad. Tranquila, tranquilo: no digo que esté mal tenerlos, buscarlos o desearlos. Lo que te estoy diciendo es que hay formas mucho más optimizadas de moverte en el mundo hoy en día. Un papel solo impresiona a la vieja guardia.

A lo largo de más de una década, he escrito sobre muchísimos temas, pero esto de los diplomas es uno de los más espinosos. No sé qué fibra sensible toco en la gente que los hace reaccionar con cierta agresividad como si mis notas fueran algo personal en su contra. No es así.

Sucede que hemos anclado gran parte de nuestra identidad con los logros académicos y/o profesionales que podamos obtener. Y la manera de destacar que vemos como más natural es demostrando con papeles que somos parte de un selecto club con ciertos diplomas. Ahora, que de pronto llegue un tipo como yo, totalmente ajeno a tu vida y comience a atacar en voz alta todo eso de diplomas, certificaciones y papelitos que tu mamá, papá, maestros, amigos, vecinos, novias y demás te han dicho que son súper importantes, bueno, seguro no resulta algo agradable de escuchar. En este instante, tienes dos opciones frente a ti: abrazar con fuerza lo que crees y vivir con esa convicción rechazando automáticamente nociones que van en contra de lo que te han taladrado o abrirte a explorar qué oportunidades hay para ti en esta idea de que los papeles no importan.

Aquí siempre llega el argumento fácil de «ajá, Aarón, a ver, deja que te atienda un médico sin certificación», «ajá, que tu casa la construya un arquitecto sin diploma» y cosas así. Esta es una forma muy simple de ver la vida que no te hace insertarte con éxito en la modernidad. Claro que queremos profesionales de la salud y la ingeniería con altos estándares. Estas son profesiones nacidas en una época que ya no existe. Hoy hablo de profesiones modernas que también ponen buen pan en la mesa y para las que no necesitas pasar años en la universidad.

Marketing. Comunicación. Ventas. Diseño. Este tipo de áreas no se conquistan con estudios universitarios. Sorry not sorry. Un chico con licenciatura de marketing que pagó ocho semestres y no es el dios de Google Analytics ha sido estafado voluntariamente. Un diseñador que no es un pro de Figma después de cuatro años en la universidad de alguna forma lo que ha decidido es vivir en la pobreza.

Marketing. Comunicación. Ventas. Diseño. Este tipo de áreas no se conquistan con estudios universitarios. Sorry not sorry. Un chico con licenciatura de marketing que pagó ocho semestres y no es el dios de Google Analytics ha sido estafado voluntariamente. Un diseñador que no es un pro de Figma después de cuatro años en la universidad de alguna forma lo que ha decidido es vivir en la pobreza.

Después de años de hacer negocios en diversas industrias, reuniones con inversionistas, emprendedores, políticos, empresarios, colaboradores, expertos de muchas áreas, bueno, he notado algo que me da el valor de escribir estas notas: nobody gives a shit about my credentials.

Esto significa que a nadie le importan los papeles que pudiese presumir. Todos —individuos y empresas— quieren soluciones en tiempo y presupuesto. Si demuestras que eres capaz de ejecutar esto, automáticamente borras todo interés en una conversación sobre tus calificaciones escolares. Esto duele. No nos gusta enterarnos que hemos perdido años en conocimiento obsoleto y comportamiento anacrónico. Podemos justificar de muchas maneras nuestros bonitos y costosos diplomas pero esto solo sirve para proteger a nuestro ego, no refleja nada en nuestros bolsillos.


Cero adicción a los papelitos.

«Aarón, ¿estás diciendo que la universidad no sirve?» Así es, en carreras como comunicación, marketing, diseño y otras en esa vena, es irrelevante. ¿Por qué lo digo? Porque no enseñan lo que usamos afuera, porque te entrenan en un comportamiento que no sirve en el mundo real. Verás, si te dicen que tienes que entregar tal proyecto al final del semestre, te va a tomar seis meses completarlo. Eso no existe en el mundo real, al menos no en los niveles iniciales cuando entras a trabajar. Te van a solicitar las cosas para ayer. Y te vas a quejar pensando que es injusto.

En fin, la universidad es una institución necesaria para ciertas especialidades. Si estás en ella, enfócate en vivir muchas experiencias y hacer la mayor cantidad posible de buenas relaciones con gente de todos colores y sabores.

«Aarón, tú no entiendes la realidad laboral, hay muchas empresas que piden el título profesional». Claro que entiendo esto. He contratado cientos de personas. He tenido más de media docena de empresas. Ando en este medio. Entiende que las empresas obsesionadas con estos papelitos son de la vieja guardia. Van de salida. No te quedes atrapado en esa mentalidad.

Ningún papel puede ser más poderoso que tu capacidad de aprender rápidamente por tu cuenta cualquier tema con buena actitud usando Google, YouTube, Wikipedia, Platzi y demás recursos en ese estilo. Ninguno. Te lo juro y te lo firmo.

Ningún papel puede ser más poderoso que tu capacidad de aprender rápidamente por tu cuenta cualquier tema con buena actitud usando Google, YouTube, Wikipedia, Platzi y demás recursos en ese estilo. Ninguno. Te lo juro y te lo firmo.

Si esto te enerva porque «no es justo que pasemos años en la uni y que otros tengan mejores empleos con pocos meses de preparación» vas a sufrir mucho en la vida. Adáptate. Levántate rápido de golpes emocionales negativos reinventándote y subiéndote a olas que te convienen.

Si la vida me hubiese exigido diplomas para lo que he lanzado profesionalmente, jamás habría fundado a mediados de los noventas —a mis diecisiete años— una de las primeras agencias de desarrollo web en México, por ejemplo. No había licenciatura ni ingeniería al respecto. Tampoco podría haber creado una editorial. O una empresa de software. Menos una de hardware. Tampoco inventar un método educativo. Ni dar consultoría. Ni escribir libros. Ni pararme a dar conferencias. Ni ser influencer. No tengo ningún papel que me avale para nada de esto.

La idea de que debes «prepararte» antes de hacer las cosas es eso, una idea. Existen otras mejores. Hazlo. Ejecútalo. Esto te dará el aprendizaje y experiencia de manera clara y rápida. Esto te dará autoridad que antes necesitábamos comprar con mucho tiempo y dinero.

Si sabes dirigir con disciplina tu curiosidad, ganas porque no tienes que esperar a que una institución o maestro determinen cuándo es el momento ideal para que aprendas algo. Fuck that. Aprende lo que quieras ejecutándolo desde hoy.

Cero adicción a los papelitos. Si eres joven, actúa así, no hables como tus abuelitos, no pienses como tus papás, insértate en un mundo que se mueve rápido y premia la ejecución y la demostración de las habilidades por sobre todas las cosas.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

VENTAJAS DE SENTIRTE RIDÍCULO

Mira, yo sé que sentirte ridículo es uno de esos sentimientos que prefieres evitar. Velo así: sentirte ridículo es simplemente algo que tienes asociado en tu mente como un asunto negativo, pero esto no te sirve de nada, es solo tu ego protegiendo tu sensibilidad. No te estoy invitando a que promuevas que otros se burlen de ti solo porque sí, pero sí estoy poniendo en tu radar de consideración que no veas el asunto de sentirte ridículo con esta lente limitante. Mejor visualiza el asunto de manera ganadora.

A partir de ahora, ve en tu mente el sentirte ridículo como la señal clara de que estás intentando algo nuevo. Eso es todo. Esto es muy poderoso porque lejos de sentirte mal porque alguien te acusa de ridículo, entenderás que estás entrenando en algo que te puede dar ventajas.

Casi nadie intenta cosas nuevas ni en lo personal ni en lo profesional. ¿Sabes por qué no? Así es, por no sentirse ridículos, porque su frágil ego no les permite que alguien los ataque con burlas. Cuando dominas el miedo a sentirte ridículo, logras avances increíbles en todo.

En otras palabras, deja de evaluar cada situación de manera simple y limitante estilo «¿van a burlarse de mí?», «¿estoy siendo ridículo?» y pasa a modo alto desempeño donde entiendes que sentirte ridículo es simplemente que tu cuerpo y mente están aprendiendo algo nuevo. Haz un recuento mental ahora y piensa en todas las habilidades que has adquirido en tu vida. En absolutamente todas lucías ridículo y te sentías así al inicio, desde caminar hasta programar. Tu verdadero aprendizaje solo ocurre si te sientes ridículo y torpe en la materia.

Las escuelas y las familias son instituciones que nos blindan ante este sentimiento de sentirnos ridículos, porque nos agrupan con otros que están igual de novatos que nosotros o con quienes nos aplauden nuestros intentos en lugar de burlarse de ellos.

Todo lo que me ha dado ventajas en mi vida ha llegado a través de permitirme ser ridículo: exponer mis ideas abiertamente en internet constantemente ante extraños, pararme al frente de audiencias para hablar de temas que no estudié en la universidad, cosas así.

Todo lo que admiramos fue ridículo en el principio, desde las ideas religiosas hasta el nombre de compañías como Adidas y Google. Piensa que el fútbol profesional son hombres maduros corriendo en ropa cortita y apretada con gestos serios ante algo que es infantil e irrelevante en realidad.

Si ya te convencí de que uses el sentirte ridículo como algo a tu favor, genial. Comienza a aprender nuevas cosas físicas como natación, correr, tenis, etcétera y cosas intelectuales como ruso, física, etcétera. Eso generará el músculo que te conviene.

De nuevo, casi nadie quiere sentirse ridículo: ahí está tu gran oportunidad para hacer dinero, para moverte de forma más acelerada, para conseguir oportunidades que otros ni siquiera contemplan. ¿Y sabes? La gente que hacemos cosas, quienes hemos recorrido parte del camino, no nos vamos a burlar, porque entenderemos tu estrategia, ya que es la misma que hemos aplicado. Se van a burlar aquellos que no saben subir de nivel.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

IDEAS DE TIM FERRISS

Estas son algunas ideas (parafraseadas) de los libros y episodios de podcast de Tim Ferriss que más han impactado mi vida personal y profesional:

«Tienes que dejar que ciertas cosas malas pasen para conseguir otras mejores».

Queremos control porque no soportamos la incertidumbre, buscamos no quedar mal con nadie y debido a ello, no avanzamos. No se trata de ser un incordio, pero tampoco de vivir para complacer. El ejemplo que Tim da sobre esa frase es que perdió oportunidades de negocios por no revisar su e-mail y desconectarte de sus actividades en Estados Unidos mientras estaba en un viaje en Japón. Pero gracias a eso, cerró tratos geniales en aquel país y la pasó increíble.

«Si no sabes cómo ser feliz, haz feliz a otros».

La explicación tiene que ver con salirnos de nosotros mismos y también con cierta magia que ocurre al comenzar a darle al mundo lo que queremos ver en nuestra vida. Para mí esta idea tiene que ver con el error de querer resolver un problema de la mente con la misma mente. Si el problema lo creó la mente, tenemos que meter tanto al cuerpo como a las emociones para desatorarlo.

«La realidad es negociable».

Probablemente me voy a tatuar esto algún día. Se trata de entender que si tienes sobrepeso, eres pobre y no encuentras el amor, bueno, puedes aceptar que el mundo es un lugar triste e injusto o ponerte en modo necio a conseguir tus objetivos. Desde la primera vez que leí esta frase al día de hoy, bueno, he negociado mi realidad de sobrepeso, pobreza y tristeza. Mi vida no es perfecta —Dios lo sabe— pero es mucho mejor que antes de entender que si algo no me gustaba, dependía realmente de mi necedad poder cambiarlo.

«Los nuevos ricos tienen tiempo y dinero».

Así aprendí que decir que no tengo tiempo no me hace lucir más ocupado o importante sino en la ruta opuesta a donde me interesa llegar.

«No quieres un millón dólares en el banco, quieres la libertad que un millón de dólares te hace sentir».

Una forma muy clara de quitar el velo a las trampas que luego confundimos como el objetivo verdadero cuando en realidad son meras herramientas.

«No dejes que la gente se comporte contigo en línea de una forma que no les permitirías que lo hicieran en la sala de tu casa».

Uno de los mejores remedios para lidiar con mis haters que llegaron casi desde el día uno que comencé a hacer ruido por aquí.

Y ya para cerrar,

«La gente te bloquea con sus opiniones y críticas cuando les platicas tus ideas, pero se hacen a un lado cuando ejecutas con determinación».

Es increíble y cierto, lo he visto de cerca muchas veces. No «rebotes» ideas con tus amigos en el bar.

Sigue a Tim Ferriss por todos lados. Te van a encantar sus libros y demás piezas de contenido. Como trivia, en este link de abajo, encontrarás una foto que Tim en ocasiones utiliza para algunos de sus posts. La tomé yo (-:

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

LA VERDADERA INNOVACIÓN DUELE

«Innovación», «Optimización», «Creatividad» tienen definiciones muy cercanas entre ellas si las buscas en el diccionario. Velo así: si logras optimizar tu tiempo, es porque introdujiste innovaciones en tus acciones, esto gracias a que pensaste de forma creativa.

A todos les gusta la palabra «innovación». Las empresas inventan departamentos y cargos para conectar con la moda de sentirse a la vanguardia. Las personas usamos la palabritas en nuestras descripciones en redes sociales y así. Vemos ser innovador como algo positivo per se. La verdadera innovación duele, en lo económico, en lo emocional, en lo psicológico, en lo profesional y personal. Es dejar atrás algo que ya dominamos, es comprar algo que nos genera incertidumbre.

Traer una laptop y venir escribiendo esto en el avión no es innovador. Lo era hace veinticinco años, cuando las computadoras portátiles eran extremadamente costosas y por ello escasas comparadas con la situación de hoy. Misma historia al usar internet, smartphones, etcétera.

Innovar es realmente un asunto solitario. Si compras algo, haces algo o utilizas algo y la mayoría a tu alrededor lo tienen y/o lo comprenden sin problema, ahí tienes un primer filtro de que no es innovador en realidad.

Escribir largos ensayos públicos en Facebook hace más de diez años fue una de las innovaciones que cambiaron mi vida. Hoy muchos lo hacen. Cuando comencé, todo eran memes y fotos de la fiesta. Me sentía raro al hacerlo pero me dio increíbles oportunidades.

Para volverte innovador tienes que ser alguien con una fuerte disciplina emocional, una persona que no necesita los aplausos constantes ni la aceptación de todos para ir avanzando.

¿Sabes? Cuando ya te llaman innovador, han pasado años y lo que propusiste ya tiene sentido para la mayoría. El mundo nunca aplaude innovaciones personales, profesionales o empresariales de inmediato.

Las líneas fuera de lugar en sus dibujos, los colores adicionales en sus tareas, las preguntas raras que hacen, todo eso los hace creativos. Las calificaciones perfectas no. ¿Cuál fue el promedio escolar de Steve Jobs? A nadie le importa. Queremos que nuestros hijos crezcan innovadores y al mismo tiempo queremos que sean obedientes en la escuela y en la casa. Así no se puede. Estas ilusiones se contraponen.

Entonces, si alguien es ordenado al extremo, solo se mete a cosas que entiende y necesita la certidumbre en todo momento para tomar sus decisiones, bien, aprende a identificar que por ahí no van a llegar innovaciones poderosas. Por eso las empresas grandotas compran empresas chiquitas, porque es más fácil pagar por la innovación de una compañía que tiene que estar loca para sobrevivir en una economía tan competitiva.

Es difícil que «el departamento de innovación» de una corporación —lleno de personas con buen salario seguro— sea más innovador que una startup en donde a diario cada acción y decisión es de vida o muerte.

Una innovación es una anomalía, es una condición de frontera. Aprende a detectar y conectar con personas anómalas, que hablan y ejecutan «cosas raras» que no entiendes bien o no te parece lógicas o te disgustan un poco y así. Ahí está tu escuela de pensamiento lateral.

Esas personas anómalas —innovadoras— tienen libros, videos, libros, blogs y empresas. Están transmitiendo su cerebro abiertamente. Aprovecha la magia de esto y deja de vivir en una caja de resonancia donde todo lo que ves en internet son cosas que entiendes y te gustan.

El movimiento físico genera condiciones para la innovación. Comprobado a lo largo de la historia por científicos, militares, empresarios, políticos y demás. Camina mucho. Haz ejercicio. Sal de viaje. Piérdete. Anda en silencio.

La verdadera innovación viene del caos mental, de la ejecución llena de error tras error, de callejones emocionales sin salida, no de leer tres artículos, ver una película de Steve Jobs ni de ir a Starbucks con nuestra Mac para la foto en Instagram.

La verdadera innovación es igual a un parto: duele, es inconfundible y te marca de por vida. Si te preguntas si has sido innovador en tu vida, probablemente todavía no. Pero siempre estás a tiempo. Recuerda: duele, es inconfundible, te marca y nadie te aplaude de inmediato.

Lee mucho de todo: poesía, metafísica, aliens, psicología, negocios, sustentabilidad, ciencia, etc. Habla y escucha mucho de todo. Toma otras rutas y medios para la oficina. Vístete diferente. Ignora cosas a las que pones mucha atención. Así te recableas para la innovación.

Y lo más importante, la meta no es innovar por innovar. Es estirar el músculo intelectual, la curiosidad, la ejecución y ayudarnos y ayudar con el resultado de nuestros atrevimientos creativos.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

INGLÉS, MARCA PERSONAL, EJERCICIO Y LECTURA HOY

Gran error: poner en tu agenda al inglés, a tu marca personal, al ejercicio y a la lectura «para cuando tengas tiempo». Estas cuatro acciones son tu verdadero trabajo. Ejecuta todas a diario y verás resultados fantásticos a corto y largo plazo.

Si dices que no tienes tiempo, estás equivocado. Tienes mal definidas tus prioridades. Estás mal organizando. Y estás dejando que gane la vocecita floja, derrotista y saboteadora que todos tenemos dentro.

Si piensas que es una exageración hacer estas cuatro cosas todos los días pero religiosamente a diario escuchas noticias, tonteas en TikTok, te desvelas y pierdes el tiempo con dramas en WhatsApp, bueno, calibra mejor tu visión.

Si crees que esto te va a distraer de hacer bien tu trabajo, te aviso que lo mejor que puedes hacer siempre para tu desarrollo profesional es convertirte en alguien más genial.

Con el ejercicio mejoras tu enfoque y disciplina no sólo en el gym sino en la oficina. ¿Me estás diciendo que esto no te beneficiaría en tu trabajo?

Con la lectura accedes a las mejores mentes del mundo y sus ideas. ¿Me estás diciendo que esto no te beneficiaría en tu trabajo?

Con el inglés reconfiguras tu cableado cerebral para pensar de una manera más precisa y global. ¿Me estás diciendo que esto no te beneficiaría en tu trabajo?

Con tu marca personal consigues más atención a tus proyectos y habilidades. ¿Me estás diciendo que esto no te beneficiaría en tu trabajo?

Si todo esto te resulta exótico porque tus amigos, familiares o colegas no lo hacen, ve la gran oportunidad que esto representa: ejecutarás en áreas estratégicas a las cuales tu círculo no está poniendo atención y por definición obtendrás oportunidades que ellos no.

La vida cambia cuando instalas inglés, lectura, ejercicio y marca personal en tu rutina como elementos predeterminados justo al lado de dormir, comer, ir al baño y respirar.

Te digo todo esto con amor, desde la posición del tipo flojo y desenfocado que fui durante mucho tiempo. Estas acciones que te recomiendo son las que más me han acelerado para poder construir cosas interesantes con mi vida personal y profesional.

Programa tu mente. Levántate temprano. Buena actitud. Sé necio y ejecuta lo que importa.

Si alguno de estos hacks activó algo positivo en ti, comparte este post de Twitter:

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Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

VIOLAR LA NARRATIVA

Violar la narrativa es proponer con decisión etiquetas, ideas y/o construcciones que el mundo no espera de ti.

Hace un par de días, platicaba sobre esto con un nuevo amigo, quien se presenta abiertamente como inventor. Esta forma descarada de insistir claramente en la etiqueta que le corresponde es una que me fascinó. Le dije que justo necesitamos empujar más esta actitud. ¿Cuántos inventores más hay allá afuera que no se etiquetan así simplemente porque no hay diplomas de inventor de ninguna institución?

Vivo en un instante interesante. Entiendo muy bien las tendencias sociales y tecnológicas por un lado, y por el otro tengo inserto muy dentro de mí todo el bagaje de notas del comportamiento personal y profesional que la vieja escuela espera de mi generación. Esa vieja escuela insiste en nociones que ya no funcionan en este mundo y, sin embargo, muchos jóvenes siguen siendo taladrados con ellas. Lo peor no es eso, sino que creen fervientemente en lo que sus maestros con tres décadas explicando los mismos temas en la vieja universidad les indican como verdad esculpida en tablas sagradas.

Y así, llegamos al perfil de LinkedIn de una recién egresada en sus mediados veintes que decide escanear la fotografía que usó para su papeleo oficial de la vieja universidad de gobierno donde aparece sin aretes, con seriedad fúnebre y con un peinado que ha usado exactamente una única vez en su vida. La chica de la foto no representa a la chica entusiasta, inteligente y a la moda de la vida real. Y sin embargo, jóvenes así empujan comportamientos que eran estándares en los años setentas porque nadie ha puesto en su rango de consideración la genial opción de violar la narrativa y simplemente mostrarse a color y de forma genuina en un entorno diseñado para la modernidad y no para que sus abuelos aplaudan ya que entienden lo que están haciendo.

En México nos dicen cosas como que tenemos que hablarle de “usted” a toda figura de autoridad y persona mayor. Nos explican que es por respeto. Viola la narrativa y piensa si realmente eres irrespetuoso al hablar con alguien de “tú” mientras mantienes tu interacción profesional y amable. No, no lo eres. Es más irrespetuoso hablar de “usted” a alguien automáticamente y no poner realmente atención a lo que te está diciendo. Si alguien se ofende porque no le hablas de “usted”, probablemente estás sumergido en un ecosistema todavía dominado por la vieja guardia.

No me hables de usted y jamás esperes que yo lo haga contigo. A menos que seas presidente de un país y estemos en una ceremonia muy formal.

Este ejemplo simple del “tú” versus “usted” te muestra lo difícil que es violar la narrativa. Más de uno suda cuando le propongo este tipo de saltos en su comportamiento. Y aquí estamos hablando sencillamente de intercambiar una palabra por otra y ya hay en la cabecita de muchos de mis lectores decenas de razones por las cuales no es una buena idea.

Violar la narrativa nunca es fácil, ni con las cosas pequeñas.

Absolutamente todas esas personas que admiras en cualquier campo profesional, todos ellos, han cobrado la relevancia que tienen porque han violando precisa y consistentemente la narrativa que el mundo insistía en imponer en su ruta.

He violado la narrativa de mi vida varias veces y he aprendido que hacer esto ofende muchas sensibilidades. Todavía me parece increíble cuando veo a la gente tomar el asunto de forma personal aunque no sean afectados de ninguna manera directa. Es más, ni nos conocemos y de alguna forma abrazan la violación a la narrativa como si yo me hubiese desviado de mi camino con la instrucción concreta de fastidiarlos. ¿Qué hace la mayoría de personas ante un ataque a su visión de lo establecido? Contraatacan a quien viola la narrativa. Con este marco de referencia doy la bienvenida a la gran cantidad de comentarios que recibo todo el tiempo de gente que de alguna forma fantástica han logrado entender mejor que yo lo que estoy intentando construir y que condescendientemente me hace ver que no estoy listo ni tengo las herramientas y/o que ahora no es el momento y así.

No hay manera de violar la narrativa desde una una reunión familiar o en una plática con cervezas en el bar de siempre con tus amigos donde todos aplauden tu esfuerzo, notas y proyectos. La narrativa se viola precisamente porque ofendemos —sin querer— el sentido, la dirección, el entendimiento que nuestro círculo tiene de los procesos que se supone deberíamos respetar.

Violar la narrativa es ensanchar nuestro criterio y ponerlo en niveles de dureza emocional para demostrar nuestra hipótesis.

Peter Thiel —el primer inversionista de Facebook y una de las figuras más icónicas del mundo de alta tecnología— inventó una beca hace ya varios años para ayudar a muchos jóvenes brillantes precisamente a violar la narrativa. La premisa es simple y poderosa: abandona la universidad y recibe cien mil dólares para usarlos en el proyecto que quieras.

A estas alturas de la vida ya has escuchado acerca de Bitcoin, tanto la blockchain como la criptomoneda más famosa del mundo. Bien. Es también probable que hayas escuchado de Ethereum, la segunda blockchain y criptomoneda más importante de la humanidad en este instante. Bien. Ethereum fue inventada por Vitalik Buterin, un joven que decidió abandonar sus estudios en la University of Waterloo, una de las más prestigiadas a nivel mundial en su programa de ingeniería computacional.

Va de nuevo: violar la narrativa no es fácil. En este momento, tú lees en un párrafo algo como esto y lo procesas ligeramente. Pero es un joven de veinte años, que decide no continuar con sus cursos, en una institución prestigiosa, que seguramente sus padres, amigos y profesores le han taladrado como un elemento básico de la vida profesional. Hoy, muchos apostamos que su invención —Ethereum— será incluso más importante para nuestra civilización que Bitcoin. Imagina la cantidad de conversaciones y mensajes que Vitalik recibió de su círculo al tomar la decisión de dejar atrás lo que todos piensan que es vital para ser alguien en la vida.

No puedes empujar grandes cosas transitando en la carretera del comportamiento convencional.

Einstein escribió sus artículos más trascendentales no desde su oficina en un laboratorio científico con el salario de investigador de una gran institución sino en condiciones de funcionario gubernamental que robaba una hora aquí y otra allá para avanzar con sus teorías al tiempo que cumplía con el papeleo a su cargo. Violación total de la narrativa.
Ejemplos para estudiar y copiar descaradamente hay muchísimos a tu alrededor. Ya te lo dije: tienes que entender que todas las personas que admiras en algún aspecto profesional y que están en lo más alto de su campo han llegado ahí por haber violado la narrativa de forma consistente.

Cuando creas que no puedes avanzar en algo, cuando pienses que no puedes hacer algo, es simplemente que te faltan dos cosas: imaginación y determinación. Ante los obstáculos diarios a tus ideas, a tu visión, pregúntate cómo podrías darles la vuelta, abrazarlos a tu favor o derribarlos con cierta estrategia. Pregúntate cómo sí podrías conseguir que las cosas ocurrieran en lugar de lamentarte porque tus papás no te apoyan, porque en tu ciudad no hay eventos de ese tipo, porque tu universidad no ofrece tal curso, porque a tus amigos no les interesa tu proyecto, porque aquello y porque lo otro.

Violar la narrativa luce como una bofetada emocional durísima cuando vemos el asunto de cerca.

Violar la narrativa luce como la única opción que teníamos para avanzar cuando vemos el asunto a la distancia.

Comencé a enviar correos electrónicos a los dueños de la empresa en la que trabajé durante casi una década. Nadie me dio permiso. Nadie me dio sus e-mails —los cuales encontré en alguna cadena de mensajes. Nadie me animó a hacerlo. Compartí mis ideas y notas desde mi trinchera muchos niveles abajo de su posición. Les mostré planes con fechas y cantidades. Nunca recibí contestación a mis decenas de mensajes. Al menos no escrita. La respuesta llegó en forma de una promoción espectacular que me hacía saltar automáticamente varios niveles de la organización y que tomó a todos por sorpresa, incluyendo y principalmente a mí.

Años antes, fundé la representación estudiantil de la organización técnica profesional más grande del mundo en mi universidad. No era necesario hacerlo. Nadie me presionó. Nadie lo pedía. Es más, la mayoría de alumnos y maestros desconocían a esta entidad. Pero lo hice. Y diseñé nuestro sitio web. En inglés. Y participamos en todas las convocatorias que hacían para nuestro nivel. Y crecimos. Y llamé la atención de los jugadores de alto nivel y pocos años después me encontraba codo a codo sentado en diferentes hoteles del mundo con gente de naciones poderosas hablando de temas administrativos para los que nadie me preparó.

Emprendí mi primer negocio con lo que yo creí que eran capital y planes suficientes hasta el día en que entendí que lo había hecho mal pero ya me encontraba en medio del asunto y tenía que corregir en tiempo real. Fundé otras empresas y conseguí colaboradores y clientes que jamás habría pensado capaz de incluir en mis proyectos.

Me inventé mi editorial para no tener que esperar los tiempos y permisos de otros para publicar mis libros.

Comencé a escribir artículos de miles de palabras directamente en Facebook hace diez años aunque todos me decían que la plataforma no era para eso.

Y así he violado la narrativa una y otra vez.

En ninguna de las ocasiones en que lo he hecho ha sido fácil.

Pero siempre ha sido necesario.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

Y COMIENZAS A DESAPARECER

El exceso de inseguridad personal que permea en nuestra sociedad genera una cantidad innecesaria de emprendedores engañados. Estas personas creen que están abriendo un negocio cuando en realidad están inventando un auto-empleo.

En un auto-empleo todo depende de ti.

En un emprendimiento eres el hombre orquesta que quiere tocar casi todos los instrumentos.

En una empresa tienes sistemas para que las cosas dependan cada vez menos de ti.

La mayoría de la gente no sabe escalar en términos de productividad. Su inseguridad personal le impide confiar y delegar.

No puedes construir una empresa sin confiar.

No puedes construir una empresa sin delegar.

Te voy a enseñar cómo abandonar la mentalidad de auto-empleo.

Te voy a enseñar cómo abandonar la mentalidad de emprendedor.

Te voy a enseñar a confiar y delegar.


Ayer comí con un amigo de muchas batallas. Entre varios temas, hablamos sobre nuestra salud, las apps que usamos para ejercitarnos, nuestras rutinas y la alimentación. Sobre esto último, ambos confesamos lo difícil que nos resulta rechazar comidas deliciosas que no son nada saludables.

—Esto de la comida es algo muy psicológico. —Comenté. Quién sabe qué demonios estamos compensando con eso.

Reímos y llevamos la conversación a otros terrenos que nos hicieran sentir más orgullosos.

Muy probablemente tu problema para escalar tu negocio es que no confías en otros y/o que no delegas.

Eres un entrenador personal, un plomero, un dentista, alguien con una habilidad y una clientela establecida. Piensas que todo lo tienes que hacer tú de cara a tus clientes porque si no, las cosas no funcionarán bien o no se harán con la calidad que a ti te gusta o la gente se va a enojar porque te quieren ver a ti, etcétera.

Lo he visto y escuchado todo. No hay una razón que me puedas dar que justifique genuinamente tu falta de capacidad para escalar, para llevar tu idea de negocio a alturas más grandes. En esta etapa del auto-empleo que tienes o del emprendimiento en que te encuentras, todo se reduce a tu problema con confiar y delegar.

Esto de confiar y delegar es algo muy psicológico.

Realmente todo el asunto de poder crear empresas es algo muy psicológico.

El primer paso, al igual que en AA, es reconocer nuestro estado en voz alta: “me llamo Aarón y soy bastante inseguro (por eso no confío y no delego)”.

Si llegas a este paso, los siguientes son lógicos: necesitas hablar con un psicólogo, necesitas hablar con un psiquiatra.

Si tu mentalidad y la del mundo a tu alrededor siguen atascadas en el año mil novecientos cincuenta o por ahí, probablemente pienses que esto de ir a hablar con un psicólogo o ver a un psiquiatra es una tontería porque tú no lo necesitas. Tú estás bien. Tienes buen humor, no estás loco, le caes bien a la gente y no te pasan cosas raras que ameriten consultas médicas de este tipo.

Todo eso es tu opinión.

Deja que un psicólogo o un psiquiatra te digan eso: que no es necesario que acudas con ellos.

Si tienes algún problema con tu rodilla debido a una caída, vas con un traumatólogo hasta que te informa que ya no es necesario. Y así con cualquier especialidad. Un experto ético te va a decir cuando tus interacciones directas con él ya están de más.

El punto de todo esto es que no vas a llegar muy lejos en esto de crear empresas si la parte más importante que dirige todos tus pensamientos y comportamientos no está bien afinada. Tu mente requiere mucho mantenimiento. Muchísimo. Algo de eso se lo puedes dar tú, justo como con el mantenimiento de tu auto al cual, claro, puedes lavar y cambiarle una llanta, pero a menos que seas un consumado mecánico automotriz con grandes conocimientos de electrónica, hay muchas cosas fuera de tu capacidad de reparación directa.

No vas a poder confiar ni delegar de manera consistente y ganadora si ves esto de ir al psicológico/psiquiatra como algo exótico, como un tema tabú, como una cuestión que te resta puntos de algún tipo de juego tonto con la sociedad.

Todos los tipos de alto desempeño que conozco invierten como locos en tener súper afinada su mentalidad. Saben que de ahí viene todo.

Lo necesitas. Y la prueba está en que tu energía física y mental es finita. Las habilidades técnicas que ponen pan en la mesa no las vas a poder ejecutar con entusiasmo y disciplina durante tus próximos cuarenta, cincuenta años de vida. Necesitas construir un sistema a tu alrededor basado en tu conocimiento, experiencia, contactos y no en tu ejecución directa.

Agenda una consulta con un psicólogo y otra con un psiquiatra. Comienza a indagar con cada uno de ellos las razones de tu dificultad para confiar y delegar.

Y —si te ocurre como a mi amigo y a mí— explora también qué es lo que estás compensando con tanta comida.


Cuando hablo de confiar, no me refiero a que seas tonto e inocente y que confíes ciegamente en el mundo. Si algo somos las personas, es caóticas. Y tienes que estar alerta para que ese caos que nos rodea no afecte la empresa que quieres construir, la cual por cierto en esta etapa inicial tiene una infraestructura tan sólida como un castillo de naipes.

No. Cuando hablo de confiar no lo hago en términos externos. No es un tema de “confía en las personas” o “confía en que todo estará bien”.

Me refiero a que confíes en ti, por sobre todas las cosas.

Tus colaboradores se van a equivocar en muchas cosas en varias ocasiones. Cuando esto inevitablemente ocurre, el amateur avienta su mente hacia arenas estilo “eso no habría ocurrido si lo hubiese hecho yo”, “es que por eso no puedo confiarle esto a nadie más”.
A ver. Si Steve Jobs y Bill Gates pudieron dejar de tomar cada llamada de teléfono, cobrar cada factura y atender a cada proveedor en un negocio tan complejo como es construir una empresa de alta tecnología en los albores de la industria de la computación personal, ¿me estás diciendo que tu actividad es mucho más sofisticada e innovadora que la de ellos? Por favor.

Y, por cierto, Steve Jobs no confiaba en la gente. Bill Gates realmente tampoco.

Esto es lo que tú tienes que hacer y que ellos entendieron muy pronto en el juego: se trata de confiar en uno mismo al máximo nivel. Que si tus colaboradores hacen tonterías, tengas la dureza mental y disciplina emocional de saber que tú lo puedes reparar.

A menos que estés a cargo de la sala de emergencias de un hospital, casi todo en lo que tus colaboradores puedan equivocarse es reparable.

No es agradable ni deseable que se equivoquen, pero como te decía, si no puedes confiar en tu capacidad de que podrás resolverlo, ahí hay una fuerte señal de que mi sugerencia de conversaciones con tu subconsciente y medicamentos no está errada.

Confía en ti mismo. Esto se lee romántico, inspirador, bonito. Tú abórdalo como algo práctico. Sé un pro que construye compañías basado en que los errores de sus colaboradores son señales claras de que hay procesos que mejorar y ya.


Delegar es lo mismo. Es un tema que tiene que ver con la importancia artificial que nos fascina inyectar a nuestro ego.

No delegar significa que piensas así:

“Sólo yo puedo hacer las cosas bien”.

“Sólo yo sé cómo se debe hacer”.

“Sólo yo puedo atender al cliente como quiere”.

Esto es ego y debilidad emocional que te ata a creer que siendo el centro del universo de tus servicios tu vida tiene significado.

Claro que no eres el único que puede hacer las cosas bien.

Claro que no eres el único que sabe cómo hacerlo.

Claro que no eres el único que puede atender al cliente como quiere.

Una vez que hayas superado en tus consultas médicas con los especialistas del cerebro tus traumas de por qué quieres hacerlo todo tú, vas a hacer lo siguiente:

Contratas a alguien que esté, no sé, a un cincuenta por ciento de tu nivel técnico en lo que sea que haces. O más. No importa mucho, pero sí que tenga una excelente actitud ante la vida. Esto es extremadamente importante. Recuerda que las habilidades las puedes enseñar, pero no puedes convertir a alguien a que sea agradable si su temperamento ya está cableado de otra manera.

Vas a seguir atendiendo todo (clientes, proveedores, prospectos) tú directamente. Pero esta personita te va a acompañar como una sombra. Va a ver cómo lo haces, con quién hablas, qué palabras usas, el tiempo que te tomas. Va a escribir sus notas. Vas a platicar con él los secretos del oficio y demás.

Haz esto durante, digamos, un par de meses.

Tus clientes, prospectos y proveedores tienen que acostumbrarse a ver a este tipo a tu lado. Tú preséntalo sin título. Di algo así como “Este es John” y listo, no tienes que dar más explicaciones.

Un día, pasados esos dos meses, comienzas a hacer una especie de transición velada ante los ojos de tus clientes, prospectos y proveedores. Ahora John comienza ejecutando el veinte por ciento de las acciones con ellos. Luego vas subiendo el asunto hasta que en una interacción cualquiera él ya ejecuta el ochenta por ciento del servicio y la conversación. Todo esto siempre contigo al lado.

En este punto, tu ecosistema ya está familiarizado con John. Saben que es tan bueno como tú. Saben que lo respaldas. Saben que tiene la capacidad de atenderlos bien. Un día, de forma casual, le informas al cliente —delante de John— que en la siguiente sesión John se hará cargo de ellos porque tú tienes que salir de viaje y no quieres que eso sea una excusa para dejar de darle servicio. Sorpréndete al ver qué tan natural y bien tus clientes aceptan la idea.

Y comienzas a desaparecer.

Ya tienes un John ejecutando por ti.

Es hora de generar un Paul, luego un George, luego un Ringo.

Esto se llama escalar. Estás generando empleos. Estás impulsándote e impulsando a tu comunidad. Estás aprendiendo a crear un sistema. Estás convirtiéndote poco a poco en empresario con recursos. Esos recursos generan riqueza para ti y para tu entorno.
Desea cosas así.


Vienen varios temas.

El tema del miedo a que te roben las ideas. ¿Te van a robar las ideas? Claro. Y puedes tratar de reinventar la rueda o hacer la paz con esto y consolarte entendiendo que sí, te van a robar las ideas, pero nadie puede robarte la ejecución. Ahí tienes como prueba el mundo de apps que quieren ser Uber, el mundo de plataformas que quieren ser Facebook, el mundo de pizzerías que quieren ser Domino’s.

El tema del miedo a que te roben a los clientes es otro bastante válido. Contrarréstalo con un buen marketing. ¿Ha Pepsi realmente robado clientes a Coca-Cola o por el contrario ha solidificado la lealtad a la marca por comparación? Si no estás dispuesto a que tus clientes se embarquen en la exploración de tu competencia para que regresen todavía más convencidos, el problema no es la gente que contrates para escalar y que te roben a tu clientela, sino la calidad de tu producto o servicio.

Mucha gente responde a mi argumento de escalar defendiendo el hecho de que no les interesa, que así están bien, que no quieren problemas.

Conforme decidas no escalar y continúes ejecutando más y más por tu cuenta, te volverás mejor en el asunto técnico que sea que brindes como servicio. Llegará el día donde la aventura habrá terminado porque lo que haces se ha vuelto monótono, rutinario, normal. Sí, ganas dinero. Sí, no tienes problemas, pero tampoco tienes una aventura frente a ti.

Más que la felicidad y el amor, el ser humano ruega porque haya aventuras frente a él.
Observa a cualquier persona que tenga una buena cuenta bancaria, buenos autos, vacaciones, una familia bonita, un buen empleo o una empresa funcionando. Si todo lo que quisiéramos fuera felicidad y amor, esa persona debería encerrarse en su habitación a no hacer nada fuera de su rutina establecida porque en teoría ya lo tiene todo.

¿Sabes? Esa persona va a romper algo. Esa persona necesita interactuar con el caos. Y si no lo encuentra, lo va a crear. Esto es porque cuando no tenemos retos, no activamos partes de nuestro código genético que desean salir para hacernos crecer, para explotar a nuestro favor el cúmulo de habilidades y posibilidades que todas las generaciones antes de nosotros nos han regalado.

Un gimnasio no vende músculos. Te vende el reto para que salgan de ti.

Una empresa no te da nuevas habilidades. Te da el reto para que salgan de ti.

Escalar una compañía es de los mejores retos de nuestros tiempos.

Ganas tú en varias dimensiones: la social, la financiera, la emocional. Gana tu entorno. Gana tu nación.

Ah, sí. La nación. Escalar un negocio es de las maneras más genuinas para considerarte un verdadero patriota. Pocas cosas con tanto impacto como crear organizaciones dinámicas, solucionadoras, activas, buenas, ambiciosas.

No nos faltan auto-empleados ni emprendedores en nuestras queridas coordenadas latinoamericanas. Tenemos muchísimos. Esa es la parte fácil.

Nos hacen falta líderes de sí mismos que tengan la ambición y visión de escalar su negocio, de crear organizaciones, de diseñar sistemas, de fundar verdaderas empresas. Este es el reto.

Pero como te decía, esto no lo vamos a poder hacer si no estamos bien en lo interno. Si dejamos que nuestros miedos dicten la racionalización de que no se puede confiar en la gente y que nadie puede hacer tan bien las cosas como tú.

Ahí donde veas a alguien con un sistema empresarial consolidado a su alrededor, ahí hay mucho trabajo mental que tuvo que hacer para someter sus débiles narrativas internas.

Confía.

Delega.

Escala.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS EN ESTO DE EMPRENDER

2010: renuncio a mi empleo.

2022: He lanzado empresas, dado conferencias en organizaciones de prestigio, escrito libros e impartido cursos en grandes instituciones.

Pero aquí va para ti la verdadera sangre, sudor y lágrimas si te metes a esto de emprender:

He perdido muchas relaciones. No es su culpa ni mía. Las condiciones en que nos hicimos amigos no se parecen absolutamente a nada en lo que estamos hoy. Mucha gente fuerza cosas que no tienen realmente mucho sentido para ninguno de los involucrados.

Necesitas gente enfocada a tu lado para mantenerte así. Ten un grupo que sepa de qué demonios estás hablando con eso del CRM y el REPSE en la reunión del sábado por la noche. Tristemente, creo que no hay punto neutro en nuestras relaciones sociales: o sumamos o restamos.

Lo más difícil para mí: calibrar mi ego. Gracias a él emprendí pensando que sabía lo que hacía. Y gracias también a él he cometido errores que tardan años en repararse. Lo disminuí al punto donde ya no me la creía. Me afectó. Hoy lo calibro a diario para que me impulse.

El «síndrome del impostor» es muy difícil de reconocer. Aprendí a detectarlo: está en mí cuando me siento ridículo ante una nueva idea. Este post así me hace sentir, ¿quién soy yo para explicar emprendimiento si no salgo en Shark Tank ni tengo millones de followers?

He aprendido a dominar la incomodidad de sentirme ridículo. Eso me ha permitido exponer mi nombre, mi cara, mis ideas, mi vulnerabilidad. Esto ha traído cosas negativas, claro, pero las oportunidades superan por mucho las molestias. Vale mucho la pena abrazar lo incómodo.

Cuando doy coaching a mis clientes para sus empresas, me reflejo en ellos cuando no quieren prender su cámara web, cuando quieren compartir solo lo que consideran que es perfecto, cuando desean tener todo en orden para avanzar. Así no construyes nada.

Solía admirar a las corporaciones porque creía que eran perfectas. Hoy sé del enorme caos y la cantidad de procesos que ejecutan de forma milagrosa. Te sorprenderías. Se convierten en gigantes porque se empujan a sí mismas a pesar de no tener todo bajo control. Ahora soy así.

Reid Hoffman: «Si no te da pena la primera versión de tu producto, lo estás lanzando demasiado tarde». Mis empresas, libros y cursos, uff, llenos de errores. Hey, pero están ahí afuera, generando oportunidades. Eso de la perfección es buena excusa social para ocultar tu miedo.

Como crecí en escuelas públicas, creía que para conquistar los negocios el asunto era por méritos, pues para ser bueno en clase solo bastaba hacer bien lo mío y ya. Baldes de agua fría me han explicado lo vital de las relaciones y la psicología para jugar bien este juego.

Las relaciones y la psicología son temas fastidiosos para quienes nos consideramos «inteligentes». Creemos que es injusto que otros productos, personas o servicios tengan ventas mayores a nosotros si nos hemos esforzado más y «merecemos» mejores resultados.

Golpe a mi sensibilidad fue enterarme que era inteligente en lo académico pero tonto en la vida. Que a nadie le interesaba mi coeficiente intelectual allá afuera sino lo que podía resolver para ellos, entregarles en tiempo y forma y negociar a su favor.

Esto lo veo a diario con profesionales que son muy inteligentes en su empleo y no quieren enterarse que eso no importa mucho ahora que van a lanzar su empresa porque las diferentes inteligencias que requieren para tener éxito no las han desarrollado mucho. No lo conciben.

Elon Musk: «Si necesitas palabras de inspiración, no seas emprendedor». La parte de glamour sobre emprendedores en revistas e internet es 0.000001 del trabajo para hacer que las cosas funcionen. Nadie me dijo esto. Pensaba que era lo principal. No. Eso es mera superficie.

Otro shock emocional que recibí fue el día que entendí que había cosas que ni siquiera sabía que desconocía. Es decir, sé que no sé contabilidad y puedo conseguir ayuda en eso, pero hay otras áreas que no tenía ni siquiera idea de que eran importantes y por lo tanto descuidé.

Una de esas áreas era la salud mental. Siempre he sido optimista, positivo, duro en mi mentalidad y decisiones. Y llegó el año donde me quebré, donde no aguanté la presión y muchas cosas comenzaron a derrumbarse, donde el drama por todos lados me invadió.

Salí de ahí gracias al grupo que te digo que debes tener de gente a tu lado que sepa qué demonios estás experimentando y también a que aprendí a aplicar inteligencia para la vida, avanzando en lo que importa en lugar de lo que me hacía lucir bien.

Muchos emprendedores novatos comenzamos presumiendo más que ejecutando adecuadamente. Y se vuelve un vicio hablar de lo bien que nos va y lo geniales que somos en lugar de estar concentrados. Sentía genial cuando la gente me admiraba y me volví superficial.

Cuando la parte negativa de la realidad me aplastó, fui al psicólogo, psiquiatra y gym. Me enfoqué en conseguir resultados más que aplausos. Descubrí que los pros tienen a profesionales de la mente a su lado todo el tiempo. Y copié eso.

Conforme vas teniendo éxito, los fracasos duelen más. Esto se lee fácil y se experimenta durísimo. Yo lo «sabía» pero no lo internalicé hasta que lo viví, como casi todo lo que vale la pena en la vida.

Me metí a emprender por mi ego, como ya te había dicho. En la empresa en la que pasé ocho años, subí rápido de empleado de medio tiempo a supervisor de cientos de colaboradores, incluyendo a quienes me habían contratado y entrenado. Me fui en un punto alto y esto ayudó.

Verás, muchos renuncian por drama: enojo con el jefe, insatisfacción, etcétera. Esa inercia negativa te la llevas contigo a tu emprendimiento si es que lanzas uno en ese instante. Lo que me impulsó fue que yo construí mi primer negocio con momentum positivo.

El momentum positivo es cuando la empresa en la que estás te reconoce, por ejemplo. Cuando te ascienden. Cuando te dan más responsabilidad. Cuando algo hacia arriba de la compañía aparece ante ti. Ese es el instante mágico que te recomiendo te lances a tu sueño de negocios.

Me ha ayudado que he leído bastante en la vida y que absolutamente todos los tipos que admiro dicen lo mismo: esto de conseguir resultados empresariales fantásticos no es para el débil de corazón.

He tenido que aprender sobre psicología a un ritmo acelerado. La lección más grande es que las personas no somos lo que decimos, sino lo que hacemos. Suena fácil de entender, es difícil de aceptar, porque existe gente muy convincente. Ve bien lo que construyen (o destruyen).

Contratar bien es un arte, es complicado. Error típico es querer hacer las cosas con gente que conoces. Eso fue lo que hice yo. Y no eran malas personas: yo era un mal jefe, no tenía la visión ni el entrenamiento para conseguir lo mejor de ellos en mi negocio.

Al final, la ubicación de mi primer negocio y mis primeras contrataciones revelan perfectamente mi estado psicológico del momento: tenía mucho miedo y me aferré a la zona y personas que conocía, cuando en retrospectiva si ya estaba dando el salto, debí haberlo hecho completo.

Pensaba que cuando alguien «entendía mi visión» significaba que podíamos hacer cosas juntos. Esto duró muchos años. Es hermoso encontrar gente que se entusiasme con tus ideas. Yo quería contratarlos a todos porque creía que las cosas serían así más fáciles.

Terminé siendo el que más sabía de las diferentes áreas de mi empresa. Esta es una posición terrible. No te pongas en ella nunca. Esto significa que no tenía la confianza personal para contratar gente que pudiera retarme —exponer mi ignorancia.

Ando en mis cuarentas y veo a jóvenes universitarios entusiastas, otros necios, otros enamorados de tonterías y así. Veo la distancia emocional tremenda que existe entre nuestros mundos y entiendo que es difícil abrazar la experiencia de alguien más.

He tomado aviones y pagado hoteles solo para platicar dos horas con gente que está muchos millones de dólares arriba de mí en negocios. Ponen en contexto mis problemas. Me explican lo que hacen para solucionar situaciones como la mía. Y aprendo más que en cualquier MBA.

Esto de abrirme a escuchar a quienes saben de lo que están hablando no lo hacía. Mi ego, mi inseguridad disfrazada de necedad, mi creencia de que era muy inteligente y yo lo podía resolver todo, me impedía levantar la mano para pedir consejo a los verdaderos expertos.

Cierta inocencia me ayudó a lanzarme a esto del emprendimiento, pero llegó un punto donde se volvió en mi contra. Esos influencers que admiras, ese empresario que sube fotos en su avión, no hacen las cosas solos. No puedes imitar su ritmo si no aprendes a crear estructuras.

Es más, esos hombres de negocios con bestsellers solo los dictan a grandes rasgos. Tratos enormes no ocurren porque tu producto sea superior y ni siquiera barato. Son las relaciones. Sé que me entiendes, pero hasta que dejes de buscar la lógica en el mundo lo internalizarás.

¿Qué me ayudó a emprender? Leer mucho. Ficción. No ficción. Poesía. Física. Historia. Tener un ligero entendimiento de muchas áreas facilita la conexión con ideas, personas y culturas. Gracias a la lectura estuve en mi mente en países que tardé años en conocer físicamente.

Hablar inglés. Aquí te dejo mis mejores hacks al respecto.

Aumenté mi inteligencia emocional. Admito más rápido y seguido cuando una de mis ideas o ejecuciones no tiene sentido. Me río más fácil de mis torpezas o conclusiones tontas.

La parte física. Creo de todo corazón que la tontería más grande que podría haber cometido es tratar de solucionar los problemas de la mente solo con la mente. Comencé a correr más duro. A usar el gimnasio. A nadar. A tomar más tiempo para leer y dar largas caminatas.

Tim Ferriss, Lex Fridman, Joe Rogan. Las conversaciones que tienen con todos sus invitados en cada uno de sus podcasts son una especie de universidad diaria para mí. Los escucho y encuentro una y otra vez la misma referencia: que las cosas que valen la pena toman tiempo.

Además, siendo honestos, los estudios serios indican que los tipos que construyen empresas geniales andan en sus mediados cuarentas. Y tiene sentido: ya estamos en un momento más maduro de la vida, nos hemos dado golpes, entendemos mejor el juego.

Escuchamos hasta el cansancio que esto de emprender es un maratón y no un sprint. Conseguir el ritmo que te haga llegar a la meta es vital. A diario tengo problemas. Ya los veo como parte de mi trabajo y no como algo que desaparecerá mágicamente.

Integro a diario el típico revés cotidiano de negocios con la educación de mis hijos, con el tiempo familiar, con mi rutina personal y así. Si espero a que todo sea perfecto para disfrutar los días, bueno, eso no es realista.

Hace unos días leí esto y me encantó. Creo que comparto este rasgo con la gente con la que he podido construir cosas geniales: niveles psicóticos de persistencia. Y es algo que debes saber si tienes o no. Y si no lo tienes, desarróllalo.

Lograr buenos resultados sostenibles es complicado, no compres el éxito fácil que una revista venda. Conozco a muchos —yo incluido— que hemos estado en páginas de grandes revistas y al año el proyecto por el que nos hicieron el reportaje ya no opera, pero eso no lo informan.

Me inventé una filosofía llamada «alto desempeño» y trabajo en ella a diario. Es lo opuesto a la victimización donde todos tienen la culpa menos yo. En el alto desempeño siempre busco el siguiente nivel. Esto me ayuda a mantenerme enfocado porque sé siempre cómo debo actuar.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

HAZTE CARGO DE TUS PENSAMIENTOS

En el año dos mil estuve al frente de la organización de un evento de tecnología en mi universidad. Fue algo en grande y por ende, lleno de aciertos que recuerdo con mucho orgullo y errores que moldearon mucho de mi camino hacia el emprendimiento.

Tener veinte años. Estar a esa edad al frente de decenas de compañeros universitarios voluntarios y de un gran presupuesto fue revelador, por decir lo menos. El asunto cambió mi vida porque gracias a ello aprendí que esto de levantar la mano y decir “yo me hago cargo” era una de mis ventajas naturales. No sé utilizar programas sofisticados para diseñar hardware, no sé programar con buenas prácticas, no sé matemáticas ni física a profundidad, no sé reparar un auto, un aire acondicionado, una televisión. Así que en el momento en que entendí que tenía preinstalado en mi sistema operativo personal esto de echar a andar y culminar grandes proyectos, decidí impulsarlo con todo mi cuerpo y alma para conseguir una genuina oportunidad de excelentes resultados en mi vida.

“Yo me hago cargo” es una filosofía muy tonta cuando no sabes realmente en lo que te estás metiendo. Al día de hoy ignoro si hay alguna manera de poder crecer evitando esta etapa de ejecutar sin el entendimiento total del asunto en el que te estás involucrando.

Recuerdo que una de las actividades a mi cargo como jefe de toda la organización de aquel gran evento internacional era dar una conferencia de prensa a todos los medios. Hicimos las invitaciones, conseguimos una linda sede y me senté en el espacio asignado que mis colaboradores habían preparado para que todo luciera genial. Todavía siento emoción de pensar en el comportamiento enfocado y profesional que mis compañeros universitarios y yo demostramos. Ésta y otras actividades de este estilo son llamadas tontamente “extra-curriculares” cuando realmente son las más formativas y en las que todo estudiante debería embarcarse.

Nunca había estado en una conferencia de prensa. Mucho menos había sido encargado de lidiar con reporteros. Las autoridades de mi institución me indicaron que debía explicar en términos claros y breves el objetivo del evento, compartir el impresionante CV de algunos de los conferencistas magistrales que iban a participar, agradecer a los patrocinadores y listo. Eso hice y al final consulté con los asistentes si tenían alguna pregunta.

Nadie levantó la mano.

Bien. Me puse de pie y bajé del estrado. A continuación, todos los reporteros se arrojaron sobre mí como pirañas. Veinte años. Sin entrenamiento de relaciones públicas. Sorprendido porque dos segundos antes nadie había mostrado interés en preguntarme algo sobre el evento y ahora tenía a un par de decenas de micrófonos y cámaras exigiéndome más detalles.

Contesté lo mejor que pude y ahí vino mi primera lección del mundo de las noticias.

No importa lo que digas a un reportero. No importa lo que creas que estás explicando. No importa lo que hayas compartido ni el nivel de claridad que tenga tu información. El periódico, la radio, la televisión, la revista, el portal van a publicar de forma predeterminada la versión más cercana a lo sangriento posible. En el mejor de los casos, lo que van a exponer de lo que hayas dicho serán imprecisiones y en el peor, mentiras.

Ese día de mi primera conferencia de prensa como universitario, mis compañeros voluntarios a cargo de organizar la asistencia de los medios llegaron puntuales a la sede, prepararon todo y se relajaron en lo que los directivos de nuestra escuela y yo llegábamos para presentar el evento. En esos instantes, varios reporteros arribaron al lugar. Habían galletas y café, así que las conversaciones entre nuestro staff y los periodistas emergieron naturalmente.

Al día siguiente de la conferencia de prensa, la peor foto posible de mí apareció en el diario de mayor circulación en la ciudad. Despeinado. En ángulo nada favorecedor. Boca abierta. Rostro desfigurado. ¿El encabezado de la nota? “Los ingenieros nos dejaron solitos”. El reportaje decía que la organización del evento estaba teniendo problemas porque los maestros no nos apoyaban y que todo el esfuerzo y la gloria de organizar un evento internacional era exclusivamente de nosotros los estudiantes. Puedes imaginar lo popular que esto me volvió entre los profesores y personal de la universidad. Yo jamás dije eso. Y la nota —para ser justos— no decía que yo era el que había hecho los comentarios, pero sí incluía mi nombre como el coordinador general de todo este relajo. Tampoco citaba la fuente. Después me enteré que una compañera encargada de ayudar con la conferencia de prensa había platicado con uno de los reporteros quien en modo campechano comía galletas, bebía café y hacía preguntas disfrazadas como curiosidad casual. Para ella era sólo una charla para pasar el rato y ser cordial con un asistente al que tenía que tratar bien. Para él, era aprovechar el descuido de una joven universitaria que desconocía que le estaban extrayendo chismes que él enseguida iba a vender como “información”.

Este es el ejemplo más drástico y directo que te puedo compartir de mi relación con el mundo de las noticias. Pero no ha sido el único. Fue mi primera experiencia y resultó determinante para comprender lo que años después se volvió claro para mí: las noticias no son fiables. No lo son. Pon frente a tu radar intelectual el nombre del medio que consideres más prestigioso y entiende que están taladrándote la visión que les conviene.

Esto no es para hablar de la teoría de la conspiración donde todos los que trabajan en medios de comunicación son malos y tienen diseñado un macabro plan de control global para esclavizar nuestras mentes.

Esto es para decirte que, no sé, que entre más exposición voy teniendo a diferentes actores del mundo —empresarios, colaboradores, reporteros, políticos, influencers, etcétera— más me asombra la cantidad de desconocimiento que podemos tener sobre cómo se mueven en realidad las cosas. Es muy diferente lo que ves en las películas o lees en alguna novela contra lo que ocurre en el campo de acción verdadero. Ya sé que sueno ingenuo. Muchas podrán decir “esto es obvio, Aarón, las personas son así y asá”. Pero que algo sea obvio jamás ha significado automáticamente que consideremos seriamente actuar sobre ello. Piensa en la obviedad de la crisis existencial que representa para la humanidad el cambio climático y ni tú ni yo dedicamos muchos segundos al día ocupados en solucionar esto.

El mundo es complejo. Claro. Y todo existe en escala de grises, pero insistimos en ser presas de los extremos que nos seducen a pensar que lo “correcto” y lo “incorrecto” está bien definido. Polarizarnos en modo total contra o a favor de algún político —por ejemplo— es señal perfecta de que nuestra mente ha sido derrotada y conquistada. Va de nuevo. En cámara lenta. Con amor. Con cariño. Cuando estamos apasionadamente a favor o en contra de algún político, nuestra mente ha sido derrotada y conquistada. No son nuestros pensamientos, aunque gritemos y creamos que sí. No, no, no estamos pensando bien. Podemos creer que nuestro entendimiento es virtuoso y superior. Podemos justificarnos creyendo que nosotros somos inteligentes y superiores y podemos ver claramente lo malo/bueno que “los otros” no pueden apreciar/despreciar de ese tirano/salvador al que atacan/apoyan.

La mejor herramienta que podemos cultivar para reconquistar nuestra mente es asignarle gradualidad a todo como comportamiento predeterminado. En lugar de amar u odiar algo al cien por ciento rápidamente, sé ecuánime y disfrútalo o detéstalo con moderación, dejando espacio para navegar a tu conveniencia hacia el otro lado del espectro. Dicen que la verdadera inteligencia es la capacidad de sostener desapasionadamente ideas opuestas en nuestra cabeza. Si te gustan mis artículos y conectas emocionalmente conmigo, no deberías regalarme automáticamente un valor positivo como ser humano. Desconoces muchas peculiaridades que me hacen desagradable. Y no tienes un contexto prístino de mi realidad, así que no puedes saber si mi agenda de prioridades —si mi gran juego a largo plazo— coincide y suma a tus objetivos personales.

Probablemente sí.

Probablemente no.

Y así en todo y con todos.

No aplaudas en automático. Sigo a Elon Musk. Me encanta su visión y ejecución, pero dudo que sea el mejor ser humano del planeta. Me esfuerzo en criticarlo a diario —y confieso que todavía encuentro bastante difícil esto. Abandonar mi status de fanboy es un esfuerzo emocional terrible porque construir la pirámide de la admiración que le dediqué implicó esfuerzo. Contraatacar automáticamente a “los otros” que “no pueden ver” lo que yo sí “veo” del CEO de SpaceX me hace sentir inteligente, superior. Y destruir voluntariamente esos sentimientos es una batalla cruel contra mi ego que me dice que yo estoy bien, en lo correcto, que debo seguir pensando así como lo hago.

Cuando tu mente ha sido derrotada y conquistada, entiende que quien capituló primero fue tu ego.
 Y ahora lo disfraza y de manera infiltrada finge trabajar para ti pero en realidad su lealtad ya está en otras coordenadas.

Desarrolla un cinismo saludable: esa capacidad de no creer automáticamente en la bondad y positivo de los demás.

Desarrolla un entusiasmo saludable: esa capacidad de ver buenas ideas, logros y oportunidades en lo que promueven aquellos que detestas.

Y aprende a ir caminando por la vida combinando ambas habilidades.

Hazte cargo de tus pensamientos.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

ERRORES DE AMBICIÓN

Este es uno de los principios que más guían mis acciones:

All courses of action are risky, so prudence is not in avoiding danger (it’s impossible), but calculating risk and acting decisively. Make mistakes of ambition and not mistakes of sloth. Develop the strength to do bold things, not the strength to suffer.

Es de Maquiavelo. Y una traducción iría así:

Todos los cursos de acción son arriesgados, así que la prudencia no está en evitar el peligro (es imposible), sino en calcular el riesgo y actuar con decisión. Comete errores de ambición y no errores de pusilanimidad. Desarrolla la fortaleza para hacer cosas audaces, no la fortaleza para sufrir.

Walter Isaacson relata que por pocos días —y por única ocasión en sus vidas— se reunieron al mismo tiempo Leonardo da Vinci, Nicolás Maquiavelo y César Borgia. Lo que el polímata por excelencia, el consejero por excelencia y el millonario por excelencia hayan discutido, ha de haber sido fascinante. Se dice que Maquiavelo estudió a fondo las acciones de Borgia y que basó muchas de las notas de su famosa obra en el análisis de los resultados que su benefactor obtuvo.


Cuando eres audaz, los audaces encuentran natural reunirse contigo.

Esto es bastante cierto también al revés: cuando te permites vivir en la indecisión, los indecisos encuentran cabida fácil en tu entorno, generando así que te ahogues en un ciclo vicioso.

Sé audaz. No te lo digo como slogan, sino como resumen práctico de la manera en que intento vivir.

Fácil no es.

Cómodo no es.

Los dolores de cabeza y las molestias emocionales que la audacia me ha dado a lo largo de los años han sido brutales. No te digo esto de forma romántica o exagerada sino como un establecimiento de los hechos que estoy guardando para algún futuro libro donde te platicaré el asunto al desnudo. Más allá de esos dramas que escribiré, quiero decirte que tomes la frase que hoy estoy compartiendo contigo y la internalices.

Entiende que siempre vas a cometer errores.

Siempre, baby.

Entonces comete errores de ambición.

Te puedo decir que todos mis errores en los últimos diez años han sido de ambición. Bastante dolorosos, como ya te lo dije. Lo genial es que el aprendizaje ha sido acelerado e impresionante.

Ahora puedo comparar aquellos errores de pusilanimidad que cometí incesantemente en mis veintes contra los de ambición en mis treintas. Una vez que te acostumbras a la audacia/ambición, actuar pusilánimemente queda descartado de tu organismo.

Haz que tus tripas vomiten naturalmente la pusilanimidad.

Ayer platicaba con un cliente de mis servicios de coaching. Me comentaba de una negociación donde necesitaba obtener cierta cantidad de sus socios. Le dije que solicitara diez veces más, que no sabía si lo iba a necesitar. Me dijo que ya había hecho números y que sólo hacía falta lo que me decía. Le dije que no: que siempre hay imprevistos y que estaban planeando para un par de meses cuando debería estar empujando medio año al menos, pero más importante, que no dejara que lo dominaran ni el miedo ni la pena de solicitar el combustible económico adicional necesario. Porque eso era: miedo. Le expliqué que es igual de cansado y frustrante negociar la cantidad x que la cantidad 10x, así que mejor lo empujé a que se entrenara en la opción más ambiciosa.

Piensa que tal vez eres pobre por el nivel de

  • tu ego,
  • tus decisiones,
  • tus relaciones,
  • tus prioridades,
  • tus reacciones,
  • tu desempeño y
  • tu visión.

Sí, claro: también por culpa del sistema, geografía, suerte y genes, pero eso no lo puedes alterar. Te puedes indignar con esto que te digo. O puedes ejecutar al respecto.

Nos han taladrado que ser ambiciosos es algo malo.

Y así morimos pobres y frustrados.

Sé ambicioso y luego balancéalo con ser generoso.

Generoso con tus ideas. Con tus recursos. Con tus relaciones.

No mueras pobre ni frustrado.

Prométete que a partir de aquí, todos tus errores serán de ambición.

¿Qué tal pasar a modo audaz con esa personita a la que nunca le has pedido directamente que tenga una cita contigo?

¿Qué tal pasar a modo ambicioso con esa idea que dices que quieres lanzar al mundo pero mantienes secreta para que nadie te critique?

No sé, cosas así.


¿Qué es lo peor que puede pasar al ser ambicioso?

No lo sé. Pero hoy estoy escribiendo artículos como éste a miles de personas de alto desempeño cuya sangre está regada por todo el planeta. Varios de ustedes responden mis mensajes con sus historias, me hacen preguntas, me contratan, compran mis cursos, van a mis eventos, nos hacemos amigos, combatimos la soledad de la mente, nos recomendamos apps, libros, influencers, canales de Youtube y demás.

Hey, no es tan malo.

El pago han sido todos esos duros dolores de cabeza y agobiantes molestias emocionales que ya te dije que van para un libro posterior.

¿Qué es lo mejor que puede pasar al ser ambicioso?

No lo sé todavía.

Sigo en ello.

Únetenos.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

¿POR QUÉ NO ESTÁS EN ESTE CLUB?

Nadie me explicó las reglas del juego.

Del juego llamado avance empresarial.

Recuerdo a Álvaro, Jesús y Héctor en la primaria. Los cuatro éramos inseparables. Jugábamos y nos reuníamos dentro y fuera de la escuela todo el tiempo. Teníamos amigos periféricos, ya sabes, aquellos que nos agradaban pero que no eran realmente parte de nuestro círculo interno. Cuando un maestro nos asignaba un proyecto en equipo, nuestra reacción natural era voltear a buscarnos con la mirada en el salón de clases para asegurarnos que —como siempre— íbamos a hacer las cosas juntos.

Bien. Aquí va la primera nota que me tomó años internalizar en el camino del desarrollo de negocios: todo es un club, todo es una organización, todo es una cofradía. Llámalo como quieras. Cuando estás fuera de algo, estás realmente fuera de algo. Y cuando estás dentro, man, you’re really in.

La importancia de vivir en la ciudad adecuada, acudir a la escuela adecuada, hacer los amigos adecuados y tener un empleo adecuado es invaluable. Yo no entendía esto porque crecí con esa romántica y débil idea de que lo importante es estudiar mucho, ser “inteligente” y luego trabajar duro para conseguir cosas en la vida.

“Mi trabajo es dejarles recursos y relaciones a tus hermanos y a ti”, expliqué hace unos días a mi hijo mayor. Esto lo he decidido así porque a mí me tocó comenzar desde cero sin R&R y es horrible. Es un camino bastante frustrante y cansado si eres ambicioso y quieres construir cosas de gran nivel. No me quejo (mucho) porque hay quienes comienzan no desde cero, sino desde niveles todavía mucho más abajo.

Sin embargo, hay personas que —como te decía— estuvieron en la ciudad adecuada, estudiaron en las escuelas adecuadas, hicieron las amistades adecuadas, se especializaron en el área adecuada en la universidad y trabajaron en los lugares adecuados. Ellos comienzan de manera predeterminada en niveles muy superiores al cero. Y qué bien. Honestamente, todos queremos dar oportunidades en este estilo a nuestros hijos.

Lo que te quiero informar es que en esto del avance empresarial, lo que sea que quieras ejecutar va a ser lento y desgastante si no eres parte del club, si no te conocen, si no tienes pedigree, si nadie sabe que existes. Cuando no queremos aceptar esto, cuando ni siquiera lo consideramos, vivimos con la idea simplona vista en alguna película o serie de televisión donde un gran producto, un gran servicio, un gran diseño, un gran plan de negocios nos va a abrir mágicamente la puerta con otros empresarios para convertirnos en sus iguales, hacer tratos con ellos y demás. Puede ser, sí, pero no es la norma, no es el comportamiento estándar. De hecho, es rarísimo, por decir lo menos. Lo que los hombres de negocios hacen es lo que tú y yo hacíamos con nuestro grupito de mejores amigos en la escuela primaria: voltear a vernos todo el tiempo y querer hacer las cosas con ellos nada más, con quienes conocemos, con aquellos con quienes nos sentimos cómodos.

El resumen de esta nota es que seas totalmente consciente cuando estás fuera del círculo, cuando no eres parte del club y que actúes en consecuencia. Esto no es para darnos latigazos emocionales y llorar culpando a la teoría de la conspiración pensando que los malditos cerdos capitalistas no nos dejan crecer porque no somos parte de su hermandad. Es entender que nos corresponde comenzar desde cero y tenemos que hacer cosas que otros tienen resueltas desde la cuna por la simple razón de que sus papás, sus maestros, sus amigos les entregan en bandeja de plata los hacks que necesitan para moverse con rapidez y precisión. Gente externa como tú y como yo tenemos que descubrir esos hacks por nuestra cuenta.


¿Cómo ser parte del club?

Esto no es diferente a cualquier relación: tienes que seducir. Nadie te va a dar un ticket de acceso directo a la hermandad. Tienes que demostrar resultados con tu ejecución implacable. Las empresas, productos, servicios que con éxito puedas colocar en el mercado y que sean visibles, todo eso es lo que vas a cargar contigo de manera intangible. Estos activos invisibles —lo que has vendido y posicionado con dureza a muchos clientes durante un largo periodo sostenido— son tu ticket de pre-ingreso. Ese pre-ingreso luce como invitaciones, conversaciones, oportunidades. Tu ticket de entrada no es un plan o una publicación en LinkedIn. Tú quieres que ellos te llamen. Primero serás una curiosidad y digamos que tendrás un pie en la puerta del club. Si mantienes tu ritmo de ejecución, aprendes sus reglas, su idioma, su comportamiento e imitas bien todo eso, te convertirás en parte del firmamento.

Piensa que estás flaco, que no tienes músculos bien desarrollados. Y compras tu membresía en un gimnasio genial. Llega tu primer día y te presentas. No conoces la etiqueta. Lo que tienes que hacer es observar y copiar lo que el tipo más fuerte hace. El error que mucha gente comete es que acuden al ejercicio con su mejor amigo para darse confianza entre ellos o se hacen amigos de la otra persona en el gym que tampoco es experta en fitness, porque así se sienten cómodos al compartir el mismo piso de desventaja e ignorancia. No hagas eso. Tú analiza al tipo más duro, más decidido, ese que inspira respeto y suda experiencia, el que se nota que sabe perfectamente lo que está haciendo, el que se encuentra en su hábitat natural. Domina la incomodidad y —te repito— copia lo que usa, lo que hace, lo que no hace. Salúdalo. Haz plática casual. Aviéntale preguntas con admiración. Conecta. También cometemos este error en nuestros trabajos al hacernos inmediatamente amigos de colegas en el mismo nivel salarial que nosotros. ¡No! Sé cordial, sí, pero enfócate en pensar y actuar como aquellos que están muy por encima de ti, no en ser el chico buena onda al que todos quieren.

Ser el chico buena onda al que todos quieren significa que no representas amenaza, progreso, innovación, cambio. No aportas nada. No lo veas como algo positivo, al contrario, entiende que es un sentimiento bastante engañoso: cuando luces superior, cuando tienes habilidades increíbles, cuando eres competencia, automáticamente generas desagrado en muchas personas. Es normal. No te estoy invitando a que seas insoportable por el gusto de serlo ni a que te conviertas en una mala persona. Te quiero abrir los ojos al hecho de que ser el chico buena onda es una característica negativa que no deseo que cultives en ti.

Todo esto aplica en lo empresarial. Deja de hacerle caso a tus amigos que te llenan de “consejos” en el bar cada fin de semana. Abandona esas reuniones tan frecuentes que te hacen sentir bien porque te admiran. No seas el tuerto en tierra de ciegos. No tengas fervor religioso hacia lo que te dicen los influencers que sólo saben compartir fotos donde lucen cool en su oficina pero no han realmente recorrido el camino. Observa y emula a quienes realmente te conviene.


Te explico todo esto con amor, con cariño.

Siempre que redacto pienso en el Aarón Benítez de veinte años necio, egocéntrico, desenfocado, resentido y dramático que era y que podría haberse beneficiado en grande al leer líneas como éstas para optimizar sus resultados personales, profesionales y empresariales.

Tengo amigos de muy alto perfil en internet. Y todo el tiempo estamos en contacto. Ideamos nuevos proyectos. Nos invitamos a oportunidades. Generamos productos juntos. Todo el tiempo. Es un club. Es una organización. Es una cofradía. Es una hermandad. No tiene nombre. No tiene una denominación específica. No buscamos nuevos miembros. Llevamos años haciendo cosas y hemos generado una amplia confianza en el criterio y ejecución de cada uno. No es que seamos un grupo de malas personas que cerramos el paso a alguien, simplemente nos comportamos de la manera natural en que los seres humanos venimos cableados: formamos una tribu de iguales. Si quieres estar en una liga de ejecutores pero usas tu tiempo solamente para hablar de los proyectos que un día vas a emprender, bueno, te estás entrenando para permanecer en la liga de los que sólo hablan de sus proyectos, no en la de los que ejecutan. Cuando ejecutes, demuestres resultados y sepas sostenerlos, tu nueva tribu comenzará a formarse a tu alrededor de manera natural.

Tenemos contactos en VERSE Technology que nos invitan a diferentes propuestas, a movernos con nuevos clientes. Son empresarios que han hecho negocios con nosotros en otros instantes y que conocen la capacidad de ejecución de nuestra empresa. Se sienten cómodos porque entregamos lo que decimos que vamos a entregar con nuestro software y hardware y porque seguimos vigentes en el mercado. Es un club. Y si sigues terco en no apreciar esto, puedes tener un gran prototipo de alta tecnología y vivir engañado como yo y mis socios durante mucho tiempo pensando que la superioridad tecnológica es suficiente cuando la clave está en acceder a la membresía adecuada para que te impulse.

El éxito engendra siempre más éxito porque no sale de su círculo. Tú te tienes que meter a ese círculo. Y tienes que masticar, comer, pensar, devorar, consumir y respirar esto a diario para moverte agresivamente hacia ese punto. De lo contrario —lamentablemente— lejos de quedarte en una posición neutra, te estás entrenando en ir hacia el extremo opuesto.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

IMPOSIBLE CONSTRUIR RIQUEZA SIN ESTO

Ella tomó asiento en la sala de mi departamento. Me dijo que quería hablar conmigo. Yo ya sabía cuál era el tema. Me explicó muchas cosas. Conforme hablaba, yo fumaba sin parar, deseando que llegara al punto en concreto. Finalmente, me informó que nuestra relación había terminado.

Me sentí molesto. Mucho. Y lejos de lo que pudieras pensar por el lado romántico, mi fastidio venía principalmente por tener que avisar a mis amigos que no, que esa chica y yo ya no éramos novios, cuando apenas la semana anterior habíamos tenido una gran fiesta con todos invitados en mi casa celebrando nuestro supuesto amor y demás.

Ahora tenía que salir con mi cara de idiota a notificar a mi círculo que todo el despliegue de emociones, cervezas, alcohol, cigarros, gritos, baile y entusiasmo que habían atestiguado no representaba hoy absolutamente nada significativo.

He permitido que muchas situaciones así ocurran en mi vida: instantes donde lo que más me preocupa no es lo que está pasando en realidad sino cómo va a lucir el asunto para los demás, qué opinión van a tener de mí.

Cuando nos dicen que no nos debe preocupar lo que la gente opine de nosotros, bueno, no sé tú, pero creo que es extremadamente complicado soportarlo. En este preciso minuto de mi existencia, muchísima gente tiene una opinión concreta de mí. Lo que piensan algunos es negativo. Otros albergan comentarios positivos. Y si nos hundimos en la psicología, prácticamente todas esas consideraciones que el mundo sostiene sobre mi persona son meros reflejos de quienes las emiten.

Por eso donde tú ves a un político casi tocado por Dios para traer el bienestar al país, otros vemos la misma historia de ineficiencia y corrupción gubernamental. Por eso donde algunos vemos a un genio emprendedor que quiere salvar a la humanidad, otros ven a un estafador de impuestos que vende humo. Sólo podemos visualizar lo que sintoniza con nuestra experiencia de vida, con los golpes que hemos recibido, con lo que nos hemos taladrado con libros, películas, música, conversaciones, viajes, escuelas, amigos, lugares, olores y sabores.

Intento decirte que tal vez no es posible ignorar la opinión de los demás. Que nos asignen etiquetas, apodos, calificativos, no es ajeno a nuestro atención ni a nuestros sentimientos. Esto duele. Siempre. Pero no duele siempre igual. Obviamente una coraza se desarrolla y nos permite avanzar, pero no es perfecta ni eterna. Y por eso te digo que nunca podremos ser totalmente inmunes a las opiniones.

El mejor antídoto para minimizar la importancia de las opiniones de los demás es la ejecución. Va de nuevo, en cámara lenta: el mejor antídoto para minimizar la importancia de las opiniones de los demás es la ejecución. Cuando estás ejecutando, sí, claro, sigues escuchando y recibiendo las opiniones del mundo, pero estás cantando tu canción, estás llevando tu ritmo, estás construyendo tu camino.

Desde aquella relación tormentosa que te relaté al inicio de esta historia hasta el día de hoy, mi ejecución ha pasado por tantas etapas intensas que no me he regalado tiempo para regresar a examinar mis ridículos sentimientos de vergüenza por compartir mi estado de soltería con los amigos de aquella época. Igual cuando renuncié a mi empleo seguro en el que acababa de recibir un ascenso, muchos me dejaron de hablar. Todo mundo tenía una opinión sobre Aarón y su emprendimiento. Cuando comencé a publicar en internet y proponer ideas, lo mismo. Muchos cortaron contacto conmigo. Que si soy esto y aquello, notas de amor y odio comenzaron a fluir de forma vertiginosa en mi inbox.

Pero sigo ejecutando. Organizando eventos. Lanzando empresas. Creando equipos de trabajo. Dando coaching. Impartiendo conferencias. Viajando. Criando tres niños. Disfrutando a mi esposa. Aprendiendo. Haciendo y dando entrevistas. Escribiendo libros. Ejercitándome. Viendo Netflix. Visitando amigos. Escuchando podcasts geniales. Leyendo grandes libros. Sigo ejecutando.

Comparto esto contigo porque quiero que sepas que entiendo perfectamente esa sensación que recorre tus venas cuando te congelas pensando lo que van a opinar los demás sobre lo que quieres hacer.

Congélate un minuto. Y ejecuta el resto del día.

Ejecuta. Sigue ejecutando.

Nada es más rápido y poderoso para conseguir minimizar los efectos depresivos de las opiniones externas que avanzar con la construcción de nuestras ideas. Nada.

No seas como yo y mi versión dramática de bajo desempeño que sufría más en su cabeza por este tipo de cosas que por lo que realmente iba a resentir de forma práctica en mi vida. Esa ex-novia se fue y llegó una chica hermosa para estar a mi lado y tener una bella familia con hijos e infinidad de mascotas por todo nuestro hogar.

“¿Por qué siempre llevas un envase de niña cuando vas a hacer ejercicio?”, me preguntó mi hijo recientemente. Sucede que para hidratarme suelo llevar mi agua en algún bote de la colección de mi hija. Podrás imaginar la variedad: Barbie, Frozen y otras figuras en ese estilo.

Aproveché su pregunta como un espacio para hackear su mente. Cuando tus adolescentes te hagan una pregunta, úsala como el atajo perfecto para insertarles la mayor cantidad posible de ideas geniales. Los jóvenes casi no hacen preguntas. Prácticamente nada que tenga que ver con el mundo de los niños o adultos les interesa. Están en su propio universo. Y los dramas de su edad son los que tienen secuestrada toda su atención, así que valora como oro esas breves aperturas genuinas que te puedan dar.

Le platiqué que así como una computadora necesita un sistema operativo para poder funcionar, los humanos también necesitamos uno. Que la filosofía no es otra cosa que un sistema operativo. Y que así como hay MacOS y Windows, existen diferentes tipos de filosofías. Le dije que yo soy fan de la filosofía estoica y que muchas personas relevantes a lo largo de la humanidad la han practicado. Y que muchos de los tipos que más admiro en el presente siguen sus preceptos. Le hablé de ecuanimidad, obstáculos y demás puntos relacionados con el estoicismo. También le dije que uno de los ejercicios más recomendados era aprender a dominar la incomodidad. Por ejemplo, si eres rico, vives unos días como pobre hasta que esto deja de ser una fuente de tonto sufrimiento irreal. Le dije que uno de los problemas que la mayoría de la gente tiene es que no les gusta sentirse ridículos ni que los demás se rían de ellos. Esto los hace débiles, lentos, inseguros. Muchas de las cosas que les encantaría ejecutar no las hacen porque no están dispuestos a asumir el precio de la crítica tonta.

Mi agua en un recipiente de niña es mi manera constante de decir “f*ck you” a las opiniones de los demás, expliqué a mi hijo. Lo que alguien pueda opinar de mí basado en que me vean con un artículo de muñecas y princesas es irrelevante a mi objetivo de construir un cuerpo genial en ese momento.

Los títulos de mis libros. Las ideas de mis negocios. Los nombres de mis empresas. Mis eventos. Muchas cosas que mi audiencia ha conocido a lo largo de los años, son creaciones que no habrían visto la luz del día si no hubiese aprendido a dominar esto de la incomodidad cada vez mejor.

Recuerda: no se trata de que no te afecten jamás las opiniones de los demás, esto es casi imposible. El hack es que mantengas tu ejecución para construir riqueza financiera, corporal, emocional, familiar, psicológica, intelectual haciendo lo que tienes que hacer con dominio de la incomodidad hasta el punto donde comprendes que —como revelan los iluminados— sufrimos más en la mente que en la realidad.

Instálate un sistema operativo genial.

Ejecuta. Ejecuta.

Sigue ejecutando.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

WEALTH, WEALTH, WEALTH

“Wealth” es una de esas palabras interesantes a la hora de traducirlas al español. ¿Es “riqueza” su equivalente correcto? Tal vez, pero no solamente en el sentido financiero. Como sea, es el concepto que llevo años tratando de hacer aparecer en mi vida, de dominar y de hacerlo crecer.

Wealth, wealth, wealth.

Wealth en todos los aspectos. Esto ya lo sabes: de nada sirve tu riqueza financiera si tu salud es frágil. Por otro lado, tu salud física espectacular de hoy poco vale si no sabes construir bases monetarias fuertes sobre las cuales pararte cómodamente en tus últimas décadas de vida.

Hablemos de tres etapas importantes en esto de tener wealth en nuestras vidas.


Wealth awareness.

Lo primero es entender que es posible alcanzar riqueza en varios aspectos. Usualmente nos enfocamos con exceso en un par de áreas: estudiamos mucho y trabajamos duro y a cambio de eso recibimos un buen salario y prestigio al ingresar a una empresa reconocida. Vamos jugando bien esa parte del juego corporativo pero descuidamos la salud porque no nos damos tiempo para ir al gym y comemos mal ya que estamos jóvenes, sanos y fuertes (en este momento). Esta es la historia de casi todas las personas que he conocido a lo largo de mi vida en la clase media hacia abajo principalmente. Incluyéndome yo, sin lugar a dudas.

No es nada complicado ver las posibilidades geniales de tenerlo todo en nuestra vida: dinero, salud, buenas relaciones, felicidad. Se trata de descubrir todo eso —y nunca mejor la palabra. Des-cubrir: quitar aquello que está cubriendo el concepto. ¿Qué lo cubre? Nuestras relaciones del momento. Lo que dejamos que nos taladren a diario. Lo que creemos sin retar.

¿Sabes qué destruye las posibilidades de descubrir la riqueza a la que podríamos acceder? Ver las noticias. No tenemos realmente idea de lo nocivo que es esto. Lo vemos como natural igual que en las películas de antaño la gente fuma dentro de la oficina como cualquier cosa. Las noticias no aportan absolutamente nada. Están redactadas por gente que no está pensando qué es lo que te conviene a ti en la vida. Están redactadas por muchas personas enojadas con la vida. Están diseñadas para hacerte adicto al drama. Son humo que te hace sentir que eres un buen adulto, un ciudadano responsable, un tipo enterado del mundo cuando nada de eso significa algo concreto ni en tu cuerpo ni en tu cuenta bancaria.

Después de las noticias, considero que los siguientes obstáculos para poder descubrir la riqueza en nuestra vida son las relaciones que no cuidamos, relaciones en las que no somos estratégicos sino meramente reactivos, relaciones en las que nos ciclamos, relaciones en las que nos hemos dejado llevar por la costumbre. Es casi imposible encontrar gente altamente exitosa y feliz en múltiples dimensiones rodeados de gente que no los multiplica.


Wealth building.

Bien. Ahora que ya sabes lo que tienes que hacer para conseguir que la riqueza financiera, espiritual, mental, familiar y social esté a tu alcance, debes construirla activamente.

Aquí entra durísima la parte de la mentalidad.

No puedes tener una vida extraordinaria si haces lo mismo que la gente ordinaria. Y una frase como ésta se escucha terrible en esta época de alta sensibilidad donde las personas vivimos con antenas paradas todo el tiempo para encontrar con facilidad aquello que nos dé un permiso fácil para ofendernos.

No te ofendas. Mejor observa.

Amo a mis papás. Y los amaré toda la vida. Y para que entiendas con un ejemplo real de mi vida esto que estoy intentando explicarte, quiero que sepas que ninguno de los dos es millonario, jamás han construido una fortuna y no han llegado a la etapa avanzada de sus vidas en condiciones envidiables. Decir esto de las personas que nos dieron la existencia no es común ni sencillo, sobre todo porque estamos acostumbrados a venerar instituciones y personas sin entender que para diseñar un destino genial debemos ser pragmáticos al extremo. Amar a alguien no significa seguir sus pasos. Amar a alguien no significa poner atención a esa persona. Yo no podría construir riqueza transgeneracional en varias dimensiones siguiendo los pasos de mamá y papá. Repito: los amo y admiro en algunos sentidos, pero tengo claro lo que no me conviene imitar.

Ahora transfiere este entendimiento a tus amigos. A tus maestros. A tus jefes. A muchas personas que quieres, admiras y buscas en automático sin pensar lo que realmente te están aportando o quitando. Hay muchas cosas importantes que no podemos ver fácilmente en la vida y si te juntas con gente que tampoco las ve y mucho menos les interesa, será casi imposible que lo extraordinario se manifieste ante ti.

Para construir riqueza financiera y de salud, considera que para la inmensa mayoría de las personas la ruta resulta rara y exótica —por decir lo menos. Pregúntate esto: ¿Encajo bien con casi todas las personas a mi alrededor? ¿Pienso y actúo en términos generales como todos ellos? ¿Están en donde yo quisiera estar en términos financieros y de salud? ¿Están en el camino que los va a llevar ahí?

La construcción de una estructura de vida financiera y de salud diferente, superior, requiere elementos diferentes, superiores. Esos elementos son disciplina, hábitos, mentalidad, ejecución, relaciones.


Wealth management.

Ya estás ahí. Genial. El ejercicio fuerte y alimentación adecuada son constantes en tu rutina. Las finanzas van bien y cada vez mejor. Y tienes planes a largo plazo con tus inversiones “aburridas”, alejadas de las ridiculeces dramáticas a las que nos volvemos adictos al ver una película o video de traders con jalones de adrenalina cada dos segundos.

Si ya llegaste, manténte ahí.

Esto lo consigues poniendo una fortificación emocional, intelectual y física a tu alrededor. El ruido del mundo te va a querer invadir. Las relaciones dramáticas buscan grietas por las cuales ingresar a tu sistema operativo personal.

Tus opciones diarias de todo tipo deben ser muy claras y estrictas para poder conservar el nuevo equilibrio genial que has ganado para esta parte de tu vida.

Entender, construir y mantener riqueza de salud y financiera es un tema extremadamente infravalorado. “No hay tiempo”. “Es que la crisis está dura”. “Es que ya nada es como antes”. “Es que el desempleo está por las nubes”. “Es que mi situación personal es compleja”. “Es que el gobierno no ayuda”. “Es que en mi trabajo no me da tiempo para hacer otras cosas”.

Dos notas al respecto de todo eso: algunas de las cosas que dices en ese estilo son seguramente ciertas. ¿Y de qué sirve que sean ciertas? Sí, tal vez tu jefe es un patán y te explota física y psicológicamente. Lamentablemente, establecer este hecho real no te ayuda en lo absoluto, no te lleva a ningún lado. La victimización —incluso siendo verdadera— es levantar emocionalmente la bandera de derrota. No te victimices. Y lo segundo que te quiero dejar aquí es que si efectivamente estás inmerso en una o varias de esas frases, la forma para salir de ahí no está ni en la mentalidad, ni en la ejecución, ni en las relaciones, ni en la rutina que tienes. De hecho, todo eso, tu mentalidad, ejecución, relaciones y rutina actuales son las cosas que te han puesto ahí. Así que debes modificarlas y no cuidarlas asignando culpas externas —que pueden ser totalmente ciertas, lo acepto, pero aun así eso no te dan ninguna herramienta para avanzar.

Te quiero, querida Persona de Alto Desempeño.

Quiero que tengas riqueza de salud, riqueza financiera, riqueza social en tu vida.

Para ello voy a seguir insistiendo en poner en tu radar temas que tal vez no son los más cómodos del mundo. Estas son notas que nadie me explicó y que he tenido que ir descubriendo —de nuevo la palabrita— y aplicando para conseguir algunos buenos resultados.

Resultados que tú también puedes tener.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

EL EFECTO DEL EFECTO

El pensamiento de segundo orden es considerar los efectos de los efectos. Se podría decir que si no estás tomando en cuenta lo que puede ocurrir después del primer recorrido mental de tu decisión, entonces en realidad no estás pensando bien.

El pensamiento de segundo orden es complicado porque involucra retar lo que ya decidimos en la conclusión original de nuestro diseño mental. Si —por ejemplo— haces un video semidesnudo y sugestivo en TikTok contando un buen chiste con malas palabras, el pensamiento de primer orden te va a llevar a visualizar que en el resultado lógico obtendrás muchos likes, tu engagement se irá a las nubes y la cantidad de followers de tu perfil se incrementará. El pensamiento de segundo orden es aquel que tiene que venir —obvio— inmediatamente después. Es el que te hace ver que sí, que entre otras cosas «buenas» que pueden ocurrir como consecuencia de tu video sexy y divertido son colaboraciones con otros creadores de contenido y potencial viralidad que te regalará algunos dólares en la plataforma. Por otro lado, ya que estás ahí, inserto en el pensamiento de segundo orden, acostúmbrate a llevarlo por el otro lado que no te conviene tanto. Cuestiónate con fuerza cuáles son los escenarios que no estás abiertamente contemplando y que te podrían dañar.

Tal vez tu credibilidad profesional en tu empleo o emprendimiento va a sufrir.

Tal vez ciertas relaciones estratégicas se hagan a un lado porque no quieren estar conectadas con este lado de tu marca personal.

Tal vez tus hijos encontrarán esto en unos años y te no sentirás muy orgulloso al respecto.

Cosas así.

El pensamiento de segundo grado es una de las marcas de profesionalismo más grandes que existen. Casi cualquiera puede llegar a conclusiones directas de una acción. «Si hago esto, esto es lo que muy probablemente va a ocurrir». El segmento siguiente es el que debes entrenarte en incluir en tu tren de lógica: «Si hago esto, esto es lo que muy probablemente va a ocurrir. Y como consecuencia de eso, lo que va a pasar después puede ser esto (bueno) y esto (malo) y esto (peor)».

En The Great Mental Models, Shane Parrish cuenta la historia de cómo el gobierno británico combatió el problema de un exceso de cobras en las calles de la India solamente con pensamiento de primer orden. Ofreció dinero a quienes entregaran a las autoridades a estas víboras muertas. La población en la pobreza vio una oportunidad y comenzaron a criar más serpientes para poder cobrar las recompensas. El número de estos peligrosos animales incrementó en lugar de disminuir. Luego el gobierno vio que estaba siendo estafado, detuvieron los pagos y la gente se enojó y soltaron a las amenazas en las calles y el problema se puso peor.

Esto ocurre todo el tiempo en tu país y el mío, con políticos que aplican prácticamente todas sus ideas en modo pensamiento-de-primer-orden porque —la verdad— las personas somos flojas y no queremos explicaciones largas ni filosóficas. Si de repente nuestros gobernantes comenzaran a darnos discursos llenos de detalles precisos sobre los escenarios que pueden venir después de inaugurar tal nuevo programa social o aprobar tal nueva ley, bueno, perderían fácilmente las próximas elecciones ante cualquiera que traiga un speech más fácil de digerir. Somos adictos a lo breve y obvio, queremos que nos digan rápido las cosas, lo que va a suceder ya. Lo demás, lo que pueda pasar después —pensamos tontamente— lo resolveremos «cuando llegue el momento».

Igual ya ni siquiera es nuestro problema.

Hay pensamiento de segundo orden posible y hay pensamiento de segundo orden realmente imposible. El tipo que inventó el motor de combustión interna y comenzó con todo esto de los automóviles basados en gasolina y así, no podía, bajo ningún escenario, imaginar problemas como la contaminación atmosférica ni el aumento de temperatura global por la liberación de nuevos gases contaminantes. La ciencia y entendimiento de muchas cuestiones obvias hoy no estaban disponibles hace más de un siglo para ser incluidos en el potencial pensamiento de segundo orden de aquellos pioneros automovilísticos. Intento decirte que esto tiene límites, claro, pero que eso no sea una excusa para aventar nuestra mente lo más alejada que podamos para prevenir catástrofes.

El pensamiento de segundo orden te regala una de las características más poderosas para ser un tipo en control de sí mismo: ecuanimidad. Cuando todos se entusiasman por una decisión que promete resultados buenos y rápidos, tú activas tu modo de pensamiento de segundo orden y ofreces a la mesa redonda en la que te encuentras los potenciales escenarios opuestos que pueden llegar con posterioridad. Esto no te va a convertir en la persona más popular o querida del grupo, pero te dará la reputación de alguien analítico. Con el pensamiento de segundo orden bien instalado en tu sistema operativo personal, construirás el reconocimiento de ser alguien a tomar en serio.

En resumen: el pensamiento de segundo orden es el efecto del efecto, son los teatros de operación que pueden venir después del resultado más obvio que estás considerando en la primera iteración mental.

El primer orden de pensamiento es superficial.

El segundo orden de pensamiento es profundo.

Impulsa genuinamente tu desarrollo personal y profesional evitando lo superficial.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

¿ES IMPORTANTE LO TÉCNICO?

Mi hijo mayor me informó que su bicicleta requería varias reparaciones. La subimos al auto y fuimos al taller. En el trayecto, aproveché para pedirle que viera un video que compartí el otro día en internet. Es un grupo de estudiantes de posgrado de Stanford. Como parte de su clase de comunicación, tienen que presentar asertivamente un tema. En este caso analizaban las mejores prácticas para exponer. Son unos quince minutos de explicaciones sencillas y agradables. Al terminar, mi hijo me dio un resumen de lo que había entendido.

Le expliqué que el error de muchos especialistas es creer que lo más importante para tener éxito en la empresa es saber mucho de su tema. Aplican una especie de lógica ingenua donde si eres el que sabe más de medicina, contabilidad o ingeniería, te va a ir mejor que a los demás. Durante cierto tiempo, no es nuestra culpa pensar así: hemos sido entrenados por casi dos décadas a igualar nuestro potencial valor profesional con nuestra inteligencia académica.

Le platiqué varios ejemplos personales y de gente conocida que nos sentimos frustrados cuando vemos a otros progresar rápido en la corporación a pesar de que no son tan brillantes ni tan buenos trabajadores en los términos comunes de puntualidad y responsabilidad.

La parte técnica es importante, le dije. Lo que te va a hacer avanzar más rápido y mejor es jugar bien el juego. Entiende que este tipo de cosas como la que acabas de ver en el video —presentar, exponer, comunicar bien— es la clave para destacar. ¿De qué te sirve ser muy bueno en lo técnico pero cuando te pones al frente para explicar algo sigues tartamudeando, sudando y leyendo la diapositiva como si estuvieras en primaria? ¿Todavía metes tus manos a los bolsillos? ¿Ignoras que hay zonas ideales donde pararte frente a la audiencia? ¿Desconoces lo que el lenguaje corporal de los asistentes te está diciendo?

Piénsalo así: Stanford es una de las universidades élite del planeta. E invierten mucho tiempo con sus alumnos para dominar este tipo de actividades que otros desdeñamos porque estamos atascados en una mentalidad tercermundista donde creemos que lo importante es el conocimiento, la memorización, la calificación del examen.

Compartí con él mi experiencia universitaria en una institución pública. Ahí no me enseñaron nada de esto de lenguaje corporal. Mucho menos tuvimos sesiones para saber ponernos frente a un grupo o adquirir liderazgo en proyectos. Todo estaba diseñado para hacernos pensar que lo técnico, las fórmulas, el almacenamiento de datos en nuestro cerebro eran la clave del éxito.

Si puedes ser genial en lo técnico y al mismo tiempo en áreas como la comunicación, fantástico. El mundo es tuyo.

Si no eres genial en lo técnico, sé promedio y listo. Tranquila. Tranquilo. Para compensar, pon bastante determinación en dominar a nivel genial las habilidades blandas que estamos discutiendo hoy aquí tú y yo.

Yo ni siquiera soy promedio en lo técnico. No es falsa modestia. Espero esto te sirva de algo.

Las grandes universidades enseñan a sus clientes cómo negociar un salario, cómo vestir, cómo hablar, cómo comportarte en un entorno internacional. Si no recibiste esta educación, te va a tocar solucionar esta desventaja como a mí: internalizando su alta importancia primero y después ejecutando constantemente para no quedarte tan rezagado.

Habla bien.

Presenta bien.

Párate bien.

Vístete adecuadamente.

Escribe bien.

La clase que le compartí a mi hijo está disponible gratuitamente en YouTube, justo como otras cientos por parte de Harvard, Yale, MIT y demás instituciones de prestigio. Realmente no hay ya mucha desventaja entre el acceso que unos y otros tienen a ciertos temas. La brecha entre la élite y los que no estamos ahí viene en formato de consciencia, de interés, de disciplina emocional y enfoque intelectual. Nos suele faltar todo lo anterior para meternos en el canal de notas que sí nos aportan. Los cursos están ahí, libres, pero la emoción, estrategia y visión de muchos de nosotros no.

El presidente, el partido de fútbol, el concierto y el escándalo del influencer de moda no importan. Siéntete orgulloso si haces todo eso a un lado y te puedes declarar honestamente ignorante de lo que ocurre hoy en ese mundo. Con ese nuevo espacio mental desocupado, tienes oportunidades increíbles para agregarle temas que sí te van a dar ventaja sostenible.

Agrega lo que importa a tu cartera personal de habilidades.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

SOBRE EL INGLÉS

Hablar sobre el inglés es tocar una de las fibras más sensibles de la sociedad mexicana.

Tenemos a quienes no lo hablan y rehuyen el tema.

Tenemos a quienes lo hablan mal y se siente agredidos cuando se los haces notar.

Tenemos al grupo más extremista, el de aquellos que han estudiado el idioma por cierto tiempo pero que no son expertos en el mismo y sin embargo viven para corregir a los demás.

Y tenemos a los expertos, quienes se han equivocado tantas veces en tantas cosas diferentes que jamás se enganchan en una pelea con personajes de los grupos anteriores.

Yo soy un experto. Me he equivocado tantas veces que he aprendido mucho por lo mismo.

Lo siguiente es mi punto de vista personal sobre el mexicano promedio y su tortuosa relación con el inglés.


La materia de inglés es obligatoria en todas las secundarias y bachilleratos del país. La calidad no.

Esto queda demostrado en el hecho de que tres años de inglés en secundaria y tres años de inglés en bachillerato no representan nada para el mexicano promedio.

La cuestión del inglés es un asunto psicológico en la sociedad mexicana.

Hay temor a aventurarse al ridículo de expresarse mal en otro idioma.

Hay ciertos dogmas como querer aprender “inglés al 100%”.

Caray. Primero habla español al 100%.

Hablar de porcentajes en un idioma es lo más arcaico del mundo. La gente seria, quienes sabemos de este negocio, no hablamos en porcentajes.

Antes de intentar dominar cualquier porcentaje de un idioma extranjero, pregúntate qué porcentaje de tu lengua natal hablas.

¿En serio crees que hablas 100% de español?

La métrica para un idioma es una certificación. Es lo más cercano a cierta objetividad. Objetividad que por cierto jamás será total.

Al mexicano promedio le encanta autodiagnosticarse cuando de inglés se trata.

Jamás escucharás a un mexicano decir sobre las matemáticas

“Es que sí le entiendo, sólo que se me dificulta hacer las ecuaciones”

“Es que sí sé cálculo, pero el álgebra es lo que me falla”

“Es que sí sé como un 70% de matemáticas”

“Es que a mi lo que me cuesta trabajo son los despejes”

Son frases ridículas. Sin sentido.

Si no eres experto en un área, no tienes la capacidad de evaluar seriamente en dónde se encuentran tus puntos de deficiencia.

Al llegar al sensible tema del inglés las frases más comunes son:

“Es que sí le entiendo, pero se me dificulta hablarlo”

“Es que sí se escribirlo, pero no puede leerlo”

“Es que sí sé como un 70% de inglés”

“Es que a mi lo que me falla es escucharlo”

La meta de un idioma es poder comunicarte con cierta comodidad en él.

Es todo.

La meta no es memorizar todas las palabras.

La meta no es saber cómo conjugar todos los verbos.

La meta no es dominar todos los tiempos gramaticales.

La meta no es pronunciar perfectamente.

La meta no es hablar sin cometer errores.

La meta no es saberlo todo del idioma.

La meta es hacer del idioma una alberca y poder nadar en él. No saber construir la alberca. No llenarla. No limpiarla. No medirla.

Disfrutarla.

La psicología de la enseñanza del idioma es una psicología que abarca en general cualquier materia escolar de mediana intensidad intelectual.

Yo comparo mucho matemáticas e inglés porque ambos son formas de expresar ciertas cosas del mundo.

Y ambos tienen sus reglas, símbolos y hablantes.

Existen patrones en los idiomas. Y si vives atento a esos patrones de repetición, encontrarás la armonía matemática subyacente en verbos similares, en oraciones paralelas, en entonaciones largas.

Digamos que entre más sepas de tu idioma nativo, más puntos de comparación y análisis tendrás para entender inglés y en general cualquier idioma.

La mejor forma de ingresar vocabulario a tu sistema operativo personal es leyendo.

Puedes ver todas las películas en inglés que gustes.

Puedes cantar todos las canciones en inglés que gustes.

Puedes memorizar todas las tablas de verbos que gustes.

Puedes resolver todos los ejercicios del libro de inglés que gustes.

Lo que necesitas es leer en otro idioma.

Aquí viene la parte interesante: no intentes leer en inglés sobre temas que no leerías en español.

Y si no tienes el hábito de leer, tampoco intentes comenzarlo en inglés.

Querer adquirir habilidades en otro idioma cuando jamás te ha importado tenerlas en tu idioma nativo es un gran error.

Así he visto personas que intentan prepararse para hacer ensayos en inglés cuando jamás han escrito una sola hoja en español en toda su vida.

Hay dos cosas que necesitas hacer todo el tiempo para sentirte eventualmente cómodo con el idioma: repetir y repetir.

Repetir en voz alta es la llave del paraíso.

Repetir en voz alta es la llave del paraíso.

Repetir en voz alta es la llave del paraíso.

“Es que yo pronuncio feo”

“Es que siempre que lo digo me sale mal”

Así es, mi querido saltamontes. Es normal.

No sé que te haya dicho tu novia, pero tu primer beso fue un fiasco.

Y la primera vez que estuviste en la cama con alguien, disculpa pero estuviste lejos de ser el gran seductor sensual.

Todo aquel que es hoy experto en algo comenzó haciendo mal las cosas.

No te dejes engañar por la facilidad con la que personas que te rodean hablan inglés. Lo que estás escuchando son años de trabajo y exposición al idioma.

Cuando alguien ha practicado su arte exhaustivamente, lo hace parecer fácil y luce incluso como magia.

Jamás ha ocurrido en la historia de la humanidad que alguien haya conducido bien un automóvil la primera vez que se puso al frente del volante.

Cierto que hay personas que de forma natural tienen ciertas habilidades preinstaladas en su sistema operativo personal. Estas son las personas a las que nos referimos con

“Es que a él se le facilita”

“Es que ella ya lo trae”

Muy cierto. Hay cierta predisposición genética para ciertas cosas. Ciertas computadoras traen Windows 8 y otras aún usan Windows 95.

Y hay algunas que vienen con el OS X Mountain Lion.

Pero cuando Dios te envía a la Tierra con alguna habilidad especial, siempre, siempre, siempre te quita otra.

Gente que habla muy bien inglés es mala bailando.

Gente que baila muy bien es mala hablando inglés.

Lo anterior no es una regla ni un deseo. Pero a veces sucede que nos enfocamos en que somos malos en algo como la gran excusa para no hacerlo.

Yo siempre digo que soy malo bailando, pero lo intento.

Y decir que uno es malo en algo simplemente significa que tenemos que gastar más recursos en ello.

Para volverme mejor bailarín necesito pagar clases extra. Salir más seguido al club. Tener más novias.

Lo mismo para el inglés. Si piensas que no es lo tuyo, vas a tener que invertir más tiempo y dinero.

Tal vez jamás lo hablarás como Bill Clinton. Pero podrás comunicarte.

Tal vez jamás me llamarán al Campeonato Mundial de Bailes de Salón, pero podré invitar a una chica a bailar conmigo en la siguiente boda.


El mejor método para aprender inglés es aquel con el que te comprometas.

Pero conociendo cómo funciona el mexicano promedio, no te recomiendo cursos en DVD o en línea.

(Aviso moral: soy fundador y socio de Waterhouse, la mejor escuela de inglés del universo.)

Un curso para estudiar inglés en casa o vía internet representa una seria responsabilidad personal.

Responsabilidad personal que el mexicano promedio no tiene. Y no la tiene porque no está acostumbrado a ser autodidacta.

Si vas a invertir, invierte bien.

Invierte en ir con los mejores maestros.

Los mejores maestros no están en las escuelas con las colegiaturas más baratas. Es economía simple: si una escuela te cobra poco, paga poco y por ende, un maestro con credenciales, experiencia y reconocimiento no va a poder vivir dignamente bajo ese salario. Buscará colocarse en instituciones que le permitan ganar mejor con su técnica pulida.

Esto no significa que las escuelas baratas sean malas o que los maestros que ahí trabajen no sean buenos.

Pero si la plantilla de una escuela barata es de diez maestros, te puedo asegurar que menos de la mitad serán maestros excelentes.

Y una escuela con maestros excelentes siempre va a atraer a otros maestros excelentes. Porque así funciona esto. El talento llama al talento. Por eso las guapas de la escuela se juntan con las otras guapas. Los cabrones con los cabrones. Y así.

A primera vista puede parecer que ir a una escuela con maestros excelentes es un gasto mayor. Pero si hacemos matemáticas básicas veremos que el costo de pagar cursos en varias escuelas baratas para llevar tu comodidad del idioma a otro nivel es más alto que ubicarte desde el principio en donde la calidad del personal te permitirá acelerar tu proceso.

Algo así como que puedes comprar un Chevy e invertir en mil y un accesorios para que se vea como un BMW. O comprar directamente el puto BMW.

Ahora bien, si eres del tipo decidido a sentarse un par de horas diarias a repetir en voz alta hasta el cansancio los ejercicios y lecciones de cursos autodidactas, ahorrarás efectivamente mucho dinero.


La diversidad de razas y culturas en la sociedad norteamericana es uno de los aspectos menos resaltados en la enseñanza del idioma inglés al mexicano promedio.

En México la población es muy homogénea. Sí, hay altos, gordos, chaparros, ojos grandes, rasgados, morenos, blancos. Pero un mexicano sabe reconocer a otro mexicano.

En cambio, el mexicano promedio que estudia inglés y que hace su primer viaje a Estados Unidos espera encontrar hombres y mujeres rubios por igual con acento al estilo CNN. Ya sabes, wacha-wacha-wacha.

Pero para el mexicano que aún no es cosmopolita, si alguien tiene ojos rasgados, es chino.

Si es negro, es africano.

Si parece mexicano, es mexicano.

Si tiene barba, es moreno y parece sospechoso, es terrorista árabe.

Si no pertenece a ninguno de los de arriba, entonces debe ser seguramente extranjero.

Otra idea que en realidad es excusa es pensar que para hablar bien un idioma debemos vivir en el país de origen.

Vivir en el país de origen sirve para dar contexto a lo que aprendemos.

Con todas las series televisadas, revistas, películas, música y noticias en inglés que tenemos en México, nos encontramos en óptima posición para agregar suficiente contexto a nuestro aprendizaje del idioma. Todo eso nos permite sumergirnos en una cultura de habla inglesa.

Es atractivo vivir en Estados Unidos para pulir nuestro dominio del idioma. Pero no es bajo ninguna circunstancia un acto estrictamente necesario para dominarlo a grandes niveles.

Esto aplica con el inglés. Tal vez para el francés no sea lo mismo. O para el ruso. Considera que no estamos tan expuestos a esos idiomas.

Tenemos que entender que aprender un idioma es aprender una cultura.

Que cuando en México la comida más importante de todas es a las dos de la tarde en Estados Unidos es la cena.

Quitarnos esa vestimenta de mexicano promedio que ve una rubia en la calle y voltea a verla y – si puede – silba y grita “mamacita”.

Dejar de actuar con la creencia de que todos los rubios son gringos.

Y dejar de pensar que sólo hay rubios en Estados Unidos.

Saber que los estereotipos raciales no son bien vistos con el vecino del norte.

Que no puedes viajar allá y referirte a alguien como “un negro gordo”.

(Acá tampoco es correcto, ya de paso te aviso.)

No puedes etiquetar a la gente como “el gordito”, “el güero”, “el pinche chino”.

Entiende que el mundo no es una versión amplificada de México.


Deja de usar frases al estilo “Es que el inglés ya no es lujo, es una necesidad.”

Sí es un lujo. Y es uno que deberías darte.

Date el lujo de hablar el idioma en que las ideas de vanguardia se están discutiendo en los foros que importan con la gente que está cambiando el mundo.

Date el lujo de hablar el idioma que las chicas hermosas del país más exótico que quieras visitar entenderán.

Date el lujo de entender a la sociedad global mucho más allá de lo que López Doriga te cuente o lo que puedas leer en El Universal.

La otra frase que debes considerar es “Es que el inglés es necesario para encontrar un buen trabajo.”

Cierto. Las empresas de clase mundial contratan gente de clase mundial.

La gente de clase mundial invierte en cosas mucho antes de necesitarlas.

Mucho, mucho antes.

No vayas al gimnasio a ponerte como Brad Pitt para impresionar a una chica que te gusta en este momento. Ve al gimnasio a volverte Mister Músculo para la chica que conocerás en seis meses.

“Es que a mi el inglés se me dificulta.”

Claro. Pero tranquilo.

Esto del inglés es un tema muy sensible.

Cuando algo “se nos dificulta” en realidad lo que estamos diciendo es que hemos tenido experiencias iniciales traumáticas.

Recuerdo mi primera lección de natación. Seis años. Un día frío. Odié el agua. Odié al maestro.

Odié la natación.

No odies el inglés. Tú al inglés le eres irrelevante. Y él no pierde nada. Pero si a ti te es irrelevante, tú pierdes mucho.


Técnicas comprobadas para aprender bien inglés:

Repite siempre todo lo nuevo que aprendas en voz alta. Siempre. Todo. Repetir. Repetir. Hasta el cansancio.

Entender que cuando dices “eso ya me lo sé” indicas que has visto el tema, pero que de ninguna manera significa que puedes utilizarlo cómodamente.

Piénsalo así: has visto las expresiones “Hello”, “Good morning”, “What’s your name?” “Where are you from?” varias veces en los varios cursos de inglés de la secundaria y el bachillerato.

Está bien. Eso “ya te lo sabes”.

Pero ahora tienes un gringo frente a ti y tienes que saludarlo.

¿Saldrán las expresiones “Hello”, “Good morning”, “What’s your name?” , “Where are you from?” de forma natural de tu boca y podrás tener una conversación básica pero agradable?

Claro que no.

No es lo mismo “saber algo” que “poder usar algo”.

Por eso hay muchos alumnos que “saben” bastante vocabulario pero que no lo pueden usar en contexto. Eso no sirve.

Tampoco sirve que te memorices tontamente infinidad de verbos. Memoriza veinte pero úsalos bien.

¿Cada cuánto usas el verbo “despostillar” en español? ¿Para qué carajos te lo quieres aprender en inglés?

Entiende que cuando alguien dice que habla inglés no significa que lo habla perfectamente.

Hasta en español usamos a cada rato las expresiones

“¿Cómo dijo?”

“Perdón, ¿me lo puede repetir?”

“Disculpe, no entendí.”

“¿Qué quizo decir?”

En nuestro idioma natal es común solicitar correcciones y confirmaciones de la información que recibimos y damos al comunicarnos. Este proceso de enviar un mensaje y recibirlo adecuadamente utilizando sinónimos y frases aproximadas para darnos a entender se llama negociación.

Para hablar bien en inglés debes aprender las frases que te permitan negociar bien.

Jamás vas a entender perfectamente todo.

Jamás vas a poder expresar perfectamente todo.

Vas a tener que negociar.

What did you say?

Can you say it again, please?

Excuse me?

What do you mean?


Esa idea de que “ya terminé el inglés” es equivalente a decir “ya terminé el gimnasio.”

Jamás te gradúas del gimnasio porque es algo que nunca acaba.

Lo mismo con el inglés. Puedes terminar un programa. Pero eso bajo ninguna circunstancia significa que ya lo has visto todo en lo que al idioma se refiere. Esto es un proceso de vida.

Aún los expertos aprendemos algo nuevo todos los días.

Si estás buscando un momento para detenerte en tu aprendizaje del idioma, debes entender que esto funciona exactamente igual que tu rutina del gimnasio: la puedes dejar por unos meses, pero cuando regreses no estarás en las condiciones en que te fuiste y tendrás que rehacer mucho del trabajo que ya habías hecho.

Otro punto a tener en cuenta con el aprendizaje del idioma es que es algo integral. Si quieres ser un verdadero bilingüe debes sumergirte en esto. No sirve ir una hora a diario a clases de inglés y olvidarse del idioma las otras veintitrés. Es como ir al gimnasio por la mañana y al salir ir al puesto de la esquina a comer quince tacos de maciza con cuerito y una Coca. Hay que ser integral y alinear todas las actividades para que nos lleven a la meta.

Configura tu iPhone en inglés.

Igual tu cuenta en Facebook.

La pantalla de tu correo electrónico.

Si te gustan las noticias de deportes, lee la sección deportiva en español y luego en inglés. Al principio no vas a entender nada, pero tu mente irá haciendo el esfuerzo en segundo plano de encajar lo que conoces con las palabras que vas tratando de ingresar a tu sistema operativo personal.

Entiende también que esto de querer tener un acento americano o británico es lo último de lo que te debes preocupar.

Primero habla bien inglés. Luego define cómo quieres sonar.

Al final del día, a nadie va a importar tu acento porque muy probablemente tengas que hablar inglés con otras personas cuyo idioma nativo no lo es tampoco. Habla inglés con chinos, rusos o griegos y diviértete.

Ellos se divertirán contigo.

Yo sé que tú sabes que tenerle miedo a los errores está mal. Que equivocarse es normal. Pero son de esas cosas que se dicen mucho más fácil de lo que en realidad se pueden aplicar.

Es tu primer día de clase en tu nueva escuela de inglés.

La chica de al lado pronuncia bonito.

El chico de enfrente levanta la mano todo el tiempo.

A todo el mundo parece que se le facilita el idioma menos a ti.

Alto.

Deja de comparar. Lo que tú no sabes es que la chica que pronuncia bonito ha repetido el curso cinco veces. Y que el chico que todo lo quiere contestar estudió tres años de inglés en su niñez. Y que todos los demás ya han estado expuestos al idioma.

Desconoces totalmente la historia personal de todos los que te rodean. Así que no lo uses como punto de comparación. Tú vas a realizar tu parte.


Deja de ser el mexicano promedio que se asombra ante la presencia de un gringo.

Deja de ser el mexicano promedio que cree que un gringo habla inglés perfectamente.

Claro que no.

De la misma forma que hablamos español y decimos barbaridades como “hicistes”, “buscastes”, “estábanos”, escucharás nativos del inglés diciendo cosas terribles como “You was…”, “All of yous” y así.

Deja de pensar que una escuela con muchos maestros extranjeros en automático debe ser muy buena.

¿Te consideras capaz de enseñar español al más alto nivel en este momento?

¿No? Bueno, pues eso es lo que ocurre exactamente en la gran mayoría de las escuelas de inglés que contratan extranjeros. Funciona así:

¿Eres extranjero? ¿Hablas inglés? ¿Tienes tiempo libre? ¿Quieres trabajar?

Responden “Yes” a todas las preguntas y ¡zas!, ahí tienes un nuevo maestro de inglés.

Claro que existen los que están preparados y claro que estar expuesto al acento de un extranjero es bueno.

Pero no es la panacea universal para aprender un idioma.

Yo no veo que la gente busque pilotos de Fórmula 1 para aprender a conducir automóviles.

Buscamos instructores pacientes y con experiencia que nos den la confianza para soltarnos.

Te voy a decir lo que no es el inglés:

No es el idioma más bello del mundo.


No es el más complicado.


No es vital.


Imagina ahora cómo sería morir sin haber estado en la cama haciendo el amor apasionadamente todo un día con una persona que te volvía loco.

Imagina que jamás has experimentado eso y que alguien intenta explicarte la delicia que te has perdido.

No lo entenderías.

Es lo mismo con el inglés. No sabes las cosas que estás dejando atrás. No sabes todo el caudal de oportunidades e ideas que tienes enfrente y a las que no puedes acceder por diez mil palabras que aún no aprendes a combinar bien.

Y no. No comiences a hablar de Google Translate o cualquier otra herramienta por el estilo.

Cuando la televisión apareció, pensamos que haríamos de ésta una mejor sociedad porque podríamos transmitir conocimiento visualmente a grandes distancias.

La televisión nos ha hecho más daño de lo que nos ha educado en realidad.

Querer que un algoritmo basado en inteligencia artificial sustituya el esfuerzo de nuestras neuronas es condenarnos a la dependencia de nuestras habilidades innatas.

La tecnología es para expandir nuestras habilidades, no para sustituirlas.

Si eres inteligente, llevarás la tecnología a otros niveles.

Si no lo eres, la usarás como muleta. No te hará más inteligente.

No vas a morir por no hablar inglés, pero vivirás a otro nivel si lo haces.

You can count on it. Trust me.

—A.

34 NOTAS PARA UNIVERSITARIOS MEXICANOS

  1. Las grandes ofertas de trabajo jamás llegan de la forma que uno espera.
  2. La vida laboral no es una escalera de meritocracia. No asciendes por ser el “más inteligente” o el “más capaz”. Asciendes por eso y muchos otros factores sociales-emocionales. Hasta que no los domines, no podrás acceder a otros niveles.
  3. Las conexiones más importantes para la vida profesional comienzan en la universidad.
  4. La universidad debe ser ante todo tu momento de explotar, de crecer mucho más allá de lo académico.
  5. La universidad es ese momento único de la vida donde te encuentras de forma simultánea en plenitud física, emocional, sexual y mental. Más adelante serás más fuerte, más maduro, mejor amante o estarás más concentrado. Pero ya no podrás ser todas esas cosas al mismo tiempo.
  6. En otras palabras, jamás volverás a ser tan sexy, rápido, listo y soñador como en tu instante universitario. Es tu deber entonces explotar el momento.
  7. Haz cosas. La gente de alto desempeño, la gente genial, no contrata ni se asocia con gente apática.
  8. Viaja.
  9. Jamás lo dudes y siempre pon el buen sexo por delante de un examen o una tarea.
  10. Conoce gente. De todo tipo. Pero conócela bien.
  11. Drógate. Emborráchate.
  12. Discute tonterías. Lee filosofía.
  13. Platica de todo y de nada.
  14. Descúbrete. Piérdete.
  15. Sé rebelde. Sé sabio.
  16. Aprende a ser una persona incómoda. La alternativa es ser un conformista. La alternativa es ser un bien portado que no da lata.
  17. Los bien portados que no dan lata siempre terminan haciendo lo que otros les ordenan.
  18. ¿Y las materias? ¿Y los exámenes? ¿Y lo que los maestros opinen? ¿Y lo que mis papás piensen de mi? Bah.
  19. Tu vida es tuya. No de tus maestros. No de tus papás. Si de todas las voces en tu cabeza prestas más atención a las de otros que a la tuya, mereces futuras piedras en tu camino.
  20. No estoy diciendo que vayas, tomes un fusil y comiences a disparar como tonto sin ninguna razón en especial (o por alguna razón que creas justa). Estoy diciendo que tienes que hacer lo que quieres hacer.
  21. Poca, muy poca gente hace lo que quiere hacer.
  22. Y eso pasa porque nos acostumbran a seguir la ruta que todos recorren.
  23. Ventajas de recorrer la misma ruta que todos los demás: seguridad, compañía y tranquilidad. Nadie te juzga. Nadie voltea a verte.
  24. Cuando recorres rutas distintas encontrarás personas que todo el mundo señala e ideas que la mayoría del mundo teme.
  25. La ruta típica del universitario de clase media en México es salir de la pobreza con un trabajo que pague más de quince mil pesos al mes, comprar un carrito, sacar una casita (sic), formar una familia y trabajar bastante duro para llegar al día de la jubilación y —entonces sí— vivir tranquilo y gozar la vida.
  26. Que eso de “ser feliz” hasta los sesenta y tantos años no vaya nunca con tu estilo.
  27. ¿Qué tal si por un par de minutos dudas de todo lo que consideras correcto?
  28. La vida que todos te dicen que tienes que vivir no es la vida ideal para desarrollar tu máximo potencial. Es fácil entender esto cuando ves que más del cincuenta por ciento de personas de tu círculo inmediato viven estresadas, tienen gastritis, están enfermas de diabetes o sufren la constante angustia de que el dinero no les alcanza. El sistema está jodido porque tu autoestima se va al suelo cuando no cumples a la perfección sus parámetros. Si tus calificaciones no son sobresalientes, si no tienes un trabajo en una gran compañía, si no traes un automóvil de envidia, no vales la pena.
  29. Si no crees en todo lo que te estoy diciendo, sal a la calle más transitada de tu ciudad, ve a la plaza más popular y cuenta el número de personas que van sonriendo, que van relajadas.
  30. Ahora cuenta el número de personas que van con el ceño fruncido, con el gesto adusto, pegados a su celular vociferando instrucciones, escribiendo mensajes dramáticos, corriendo.
  31. ¿Lo ves? The fucking system is broken.
  32. Hay que desarrollar la fortaleza para hacer cosas audaces, no la fortaleza para sufrir. El mejor consejo de Maquiavelo para el príncipe.
  33. Deja de ser el mexicano promedio que ha insertado en su ADN la fortaleza para sufrir a niveles increíbles. Deja de ser el mexicano promedio que prefiere padecer décadas en trabajos de mierda por miedo a perder un salario estable de tres pesos, seguro social de mala calidad y una pensión de risa. Deja de ser el mexicano promedio que vota por un sistema de gobierno ineficiente y anticuado porque la televisión y la radio le indican cada cierto número de años la importancia de la democracia y el deber de los ciudadanos. Deja de ser el mexicano promedio que aplaude ideas tontas y vive en relaciones amorosas imposibles porque “pues ya qué”, “así es la cosa” y “está chido”. Deja de ser el mexicano promedio que usa las frases “la cosa está dura”, “así no se puede”, “el gobierno nos tiene así”, “pues qué se le va a hacer” y “pues ya ni modo”.
  34. Sé audaz. Y selo ahora.