psicología

AL OTRO LADO DEL ABURRIMIENTO

Nuestro smartphone es un casino andante. A nivel psicológico y antropológico, «revisar» nuestras notificaciones es exactamente lo mismo que jalar la manivela de la máquina tragamonedas: estamos buscando «tener suerte».

Claro que la suerte existe. Y puede ser que ganes en algún punto. Sigue jugando. Sigue apostando.

Pero al mismo tiempo, construye tu propia suerte. Empuja, moldea las cosas para fabricar la buena fortuna. Esto lo puedes hacer a nivel físico y a nivel digital.

A nivel físico —por ejemplo– puedes construir suerte con hacks sencillos. Analiza si al despertar lo primero que buscas es tu celular. Bien. Piensa que nuestras excusas oficiales para tener el dispositivo a un lado son muy buenas y nos engañamos con ellas: «es para poner la alarma, Aarón, si no, no despierto», «es por si hay una emergencia», cosas así. La realidad es que apenas abrimos los ojos, comenzamos a ingresar drama, ansiedad, miedo y envidia a nuestra alma porque dejamos que el equivalente de un chorro de agua de alta presión en modo digital nos ataque despiadadamente en el primer minuto de nuestro día en lugar de usarlo para meditar, agradecer, reflexionar, analizar, visualizar lo que vamos a hacer para ayudar y ayudarnos.

Intento ilustrar con este sencillo ejemplo que aunque tengamos toda la intención de construir suerte, no nos damos cuenta que nos estamos saboteando con mucho del comportamiento que cargamos a diario y que jamás retamos.

Para construir suerte en modo digital, necesitas suscribirte a newsletters fantásticas que se conviertan en el equivalente de una sorpresiva llamada telefónica de esa amiga a la distancia que admiras y que siempre te inspira, te comparte grandes ideas y te deja vibrando en alto al colgar. Encuentra a los creadores de estos mensajes, suscríbete a sus e-mails, síguelos por todas partes. Y aplica filtros para que sea lo primero que veas.

Una de las formas en que construyo suerte es muy extrema, pero me ha servido de manera increíble durante casi diez años: desactivar todas las notificaciones de todas las apps de mi iPhone. Soy usuario fuerte de redes sociales, recibo muchos e-mails, tengo mensajes que atender a diario y así, pero jamás escucharás que mi teléfono suene.

Mucha gente suda cuando les propongo esto.

Si algo te pone nervioso o altera tu visión del mundo y lo quieres ridiculizar, atacar, minimizar como primera reacción, mantente alerta a eso, pero pon mucha más atención a analizar las fibras sensibles que está tocando en ti. Encuentra nuevas respuestas sobre el núcleo de tu personalidad. Esto es lo que siempre nos hace crecer.

Confieso que sí hay algo que hace sonar mi teléfono y eso es una llamada de mi esposa. Si estás casado y con hijos, tú entiendes que este es el límite máximo del juego.

¿He perdido oportunidades geniales por no responder un WhatsApp en segundos?

¿He perdido oportunidades geniales por no revisar quién me dio like en alguna red social?

No. Al contrario. He ganado muchísimo tiempo para enfocarme creando contenido y teniendo conversaciones con PADs en todo el mundo. Nada interrumpe mi flow y puedo compartir aquí contigo y otros miles de lectores en muchos países mis ideas a diario. A través de más de una década he vaciado casi dos millones de palabras en contenido en internet que no podría haber hecho si dejo que las sugerencias de TikTok, algún mensajito de Facebook o un sonido de Gmail secuestren mi línea de pensamiento del momento en que estoy trabajando.

Sé que tu vida y la mía probablemente son distintas. No estoy diciendo que tienes que ser tan extremo como yo, pero sí te sugiero que comiences a construir suerte viendo cuáles comportamientos físicos y digitales te drenan tontamente a diario.

Quita la mayor cantidad posible de notificaciones que puedas de tu celular. Las hápticas. Las audibles. Las visuales. Si tu ingreso depende de escuchar un sonido porque hiciste una venta en línea y ahora debes actuar, bien, obviamente deja eso andando: te estás entrenando en tener una retroalimentación positiva del dispositivo. Tal vez mi mejor sugerencia en este escenario es que consideres fuertemente invertir en cómo salirte de la ecuación para que tus ventas sigan y tú no tengas que estar pendiente de cada una. Think about it.

Revisar WhatsApp es importante, sí. Hay mensajes que requieren atención. ¿Qué tal si agrupas tu esfuerzo en ello para revisarlo solamente una vez cada hora? Y cuando sea ese momento, te enfocas totalmente en responder bien cada mensaje.

Casi todo lo que hacemos en términos digitales es irrelevante, pero mucho de ello se disfraza para hacernos sentir bien porque nos da la falsa idea de que estamos siendo productivos cuando meramente nos estamos inventando cómo estar más ocupados.

Mi hijo mayor descompuso de forma irresponsable su Huawei moderno. Ahora carga con un iPhone 14 menos 10 que encontró abandonado en algún cajón de mi oficina. En estos meses que ha ido desintoxicándose a la fuerza, ha empezado a programar, diseñar y desarrollar videojuegos viendo tutoriales en su PC y aprendiendo a pelearse con el IDE de diversas piezas de software para conseguir los resultados que quiere ver. Llevo mucho tiempo explicándole que lo más genial de la vida es invertir la ecuación que domina a todo el mundo donde pasamos 95% de nuestro tiempo con la tecnología consumiendo entretenimiento y apenas un 5% creando algo. Hacerlo al revés reconfigura la Matrix a tu favor. La vida lo puso en la encrucijada donde —sin querer, porque así son los adolescentes— tuvo que hacer exactamente eso, ser creativo y productivo la mayor parte del tiempo con las herramientas a su alcance en lugar de estar esclavizado al doomscrolling infinito.

Las grandes posibilidades en todo siempre están al otro lado de estar aburrido, de estar desconectado, de actuar diferente a los demás.

Si hubiese algo genial al otro lado de nuestra adicción a las notificaciones, de nuestro comportamiento normal, ya lo habríamos recibido porque llevamos rato en ello, ¿no crees?

Busca tener suerte por azar. Sigue en eso. No estaría nada mal.

Pero trabaja inexorablemente a diario construyendo tu propia suerte tanto en lo físico como en lo digital.

Sin pena.

Cero dramas.

Enfoque. Ecuanimidad.

La gloria está en el largo plazo.

Disciplina emocional.

Dureza mental.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

P.D. Hablando de newsletters, dale la oportunidad a la mía. Quiero apostar que los hacks e ideas que te envío gratis a tu e-mail te van a encantar. Suscríbete gratis aquí.

EXMA 2022: EDUCACIÓN DE ALTO DESEMPEÑO.

Ayer lloré.

Soy un tipo usualmente serio y bastante tranquilo. No vas a encontrar acciones locas o extremas de mi parte en redes sociales porque no soy así. No es que ese tipo de personalidad tenga algo de malo, pero simplemente no es la mía.

Pasé —sin embargo— estos últimos dos días en modo anti-yo.

Brinqué en modo fanático extremo.

Grité como loco desesperado.

Me abrí a escuchar a quienes mi ego me invitaba tontamente a ignorar.

Me tomé selfies como fanboy sin límites.

Abracé a decenas de extraños con genuino entusiasmo.

Regálame diez minutos para

• explicarte cómo jugar el juego que te conviene,
• decirte qué fue EXMA 2022 y
• regalarte hacks de millones de dólares.


“Un día en este evento vale más que un año de educación tradicional”.

Quien dijo esto, fue el segundo hombre más rico de México, Ricardo Salinas Pliego, empresario icónico en varias industrias. Como nota cultural, se dice billionaire en inglés y multi-millonario en español. No digas «billonario». Todavía no hay billonarios en el mundo. Los ceros a la derecha importan.

Como toda figura de alto nivel, Ricardo es polarizante: o detestas lo que representa y propone o te encanta su existencia.

Yo voto por la existencia de tipos así, quienes jamás serán perfectos —como tampoco tú y yo lo somos— pero que gracias a sus altísimos niveles de influencia pueden mover a muchos hacia escenarios más positivos a nivel personal y profesional.

Ayer en EXMA 2022, Ricardo presentó “Universidad de la Libertad”, un ambicioso proyecto internacional de educación universitaria moderna, donde el enfoque será el estudiante/cliente, quien acompañado de grandes instalaciones y expertos probados interactuará en sesiones tanto presenciales como en línea.

Quedé fascinado tanto con su frase sobre el valor de un buen evento comparado contra estar sentado en un típico salón de clases y la presentación de su visión para cambiar el paradigma escolar.

Durante el evento, le envié un mensaje en Twitter levantando la mano para apuntarme como maestro en su institución. Me encantaría aportar hacks prácticos y de resultados asimétricos en un lugar que empuja lo estratégico de esto.

Por cierto, síguelo en en Twitter en @ricardobsalinas.

(Ya sé. Lo más seguro es que no tengas cuenta ahí, o casi nunca la uses o no le veas mucha utilidad a esa red social. Hazte un favor y entra. Te voy a explicar las ventajas de esto en un momento. También hablaré contigo sobre Instagram y TikTok).

Si la frase “un día en este evento vale más que un año de educación tradicional” te parece exagerada o no la entiendes, todavía no comprendes el verdadero juego del mundo que te conviene dominar, todavía no abrazas las reglas que importan.

Sigue leyendo. Te conviene.


No inviertas TADI en eventos.

TADI es un acrónimo que me inventé y significa Tiempo, Atención, Dinero e Incomodidad.

Para conocer de manera práctica y genuina las prioridades de alguien, solo analiza las cosas en las que invierte TADI y ahí las tienes. No hagas caso a sus palabras.

Aquí viene el primer hack de este artículo: cuando asistas a un evento, pierdes si lo ves como tal.

Va de nuevo, en cámara lenta: si vas a un evento de negocios, de marketing, de emprendimiento, de ventas o algo en este estilo, y lo único que buscas es inspirarte, bueno, estás fracasando en explotar el verdadero potencial del asunto.

¿Por qué? Velo así: un evento es algo en donde te sientas de forma pasiva a consumir solo lo que te dan. Esto no es muy alto desempeño.

Por otro lado, para convertir el asunto en algo de alto desempeño, entiende lo siguiente: ese evento por el que estás pagando te conviene visualizarlo como una universidad que tú te estás inventando y en la que tú estás decidiendo los temas y votando con tu dinero por aquellos que quieres que sean tus maestros.

En una universidad —incluso si es temporal como ésta— interactúas, ejecutas, practicas, conectas, haces cosas, te equivocas, te aburres en ciertas áreas, te excitas en otras, te quedas con dudas, resuelves algunas, en fin, la experiencia es totalmente diferente a un evento.

La idea es que si ves un evento como una universidad temporal de tu creación, puedes entonces abrazar la siguiente noción peligrosa: tienes a los mejores profesores del mundo a tu alcance en cualquier tema si te permites verlo así.

Ahora, cuando hablo de “noción peligrosa” me refiero a que entre más haces este tipo de ejercicio donde ingresas TADI a eventos-universidades, tu mentalidad y ejecución se estiran al punto donde dejas el promedio atrás. Dime si esto no es genuinamente atractivo.

Lo genuinamente atractivo es peligroso. Por eso te lo digo así. Que no te espante la palabra.

Pagar —digamos— mil dólares por un ticket para sentarte en un evento para inspirarte es una tontería. No lo hagas. Mejor ve una película con un mensaje bonito. Más barato y rápido.

Pagar —digamos— mil dólares por tomar notas directas de quienes han construido las ideas que hoy admiramos en nuestra sociedad, uff, es un regalo. Ver cómo se visten, hablan, caminan interactúan, las palabras que escogen, las que evitan, cómo resuelven retos en el escenario en tiempo real, todo eso. Si observas con atención, te están dando el código de lo que tienes que copiar descaradamente de ellos para llegar a esos niveles.

No sé si tengas a diario la oportunidad de estar a pocos metros de este tipo de creadores y empresarios. Voy a asumir que no. Y voy a asumir que convives con gente buena, trabajadora y tal vez feliz en ciertos aspectos, pero también preocupados constantemente y atascados sin un rumbo claro. Debes empujarte siempre a ti mismo para mezclarte en entornos que te den las pautas claras para crecer. No favorezcas automática y ciegamente entornos donde te sientas relajado.

El entorno que dominas te domina.

Busca entonces dominar entornos que te hagan sentir muy incómodo.

El entorno que te conviene siempre es intimidante.

En esto de evento-universidad que te estoy diciendo que metas TADI, harás más que tomar notas y observar lo que los grandes empresarios y creadores ejecutan: vas a moverte por los pasillos y aprender a generar conversaciones con aquellos que como tú, están construyéndose una nueva realidad. Esto es a lo que yo llamo #hackearlavida, optimizar nuestra existencia.

Vas a buscar a la gente que tenga acentos diferentes, de preferencia de otros países. Sé internacional.

Vas a hablar con aquellos que se parezcan poco a ti. Sé cosmopolita.

Ten en cuenta que entre más inversión de TADI requieres para un evento, el filtro de la gente que estará ahí es mejor.

El precio es un separador fantástico. Pone a la gente correcta con su comunidad.

Viaja lo más que puedas a eventos-universidades geniales fuera de tu ciudad y país. Esto expande tu visión, tus posibilidades. Abandona esa forma de pensamiento pobre de querer acceder a todo gratis y cómodo en tu computadora o celular. Sí, está bien, pero eso no te hará crecer ni tan rápido ni tan fuerte como conectar con el poder de lo físico.

Te lo digo yo que estoy en el mundo de la alta tecnología y construyo con mi compañía hardware y software, que hago dinero con cursos y eventos digitales: nada supera lo presencial.

No vayas a eventos. No seas pasivo. No seas bajo desempeño.

Invierte TADI en universidades-eventos. Sé pro-activo. Sé una PAD, Persona de Alto Desempeño.


Educación. Experiencia. Marketing. Acción.

Tres días atrás, jamás había escuchado de EXMA.

O tal vez sí, no lo sé.

Espero los organizadores no se ofendan ni lo tomen personal.

Lo único que puedo decir en mi defensa es que no suelo reconocer muchas caras o marcas famosas nuevas y eso no significa que no tengan gran valor. Ando usualmente encerrado en ciertas burbujas que me ciegan. Trabajo en esto y conforme voy descubriendo sorpresas positivas como EXMA, me gusta hablar de ellas y compartirlas con mi comunidad de PADs.

Este artículo luce patrocinado, pero no lo es.

EXMA se anuncia como la plataforma de marketing más grande e influyente de Latinoamérica.

Cuando leo o escucho cosas así, bueno, mi escepticismo se dispara. Llevo una década inserto en el circuito de conferencistas en México y sé que todos somos “líder global de esto”, “rockstar de aquello”, “el #1 de esto otro”, “el creador original de tal cosa”, etcétera.

No está mal. Es parte de creérnosla. Si no nos la creemos nosotros, ¿cómo vamos a hacer que los demás puedan activarse una nueva y mejor mentalidad y ejecución?

Sin embargo, lo que experimenté en los dos días de EXMA 2022 me haría apostar que sí, que son la plataforma de marketing más grande e influyente de Latinoamérica.

La calidad de los conferencistas que invitaron lo demuestra.

El músculo para llenar la Arena Ciudad de México lo demuestra.

El capital y las conexiones para convencer a Tony Robbins en participar lo demuestra.

Los gritos genuinos de entusiasmo de su comunidad que viajó desde todo el continente no podrían ser cosas fingidas.

Sorpresivamente, EXMA 2022 se convirtió en mi universidad-evento este año.

Usualmente me inscribo a “cosas locas” porque me gusta aventar mi mente a extremos que no suelo considerar o de lo contrario solo consumiría temas de negocios y tecnología, lo cual me haría perder la riqueza de conectar con ideas sobre arte, cultura y demás que me dan ventajas al considerar las cosas en gran contexto.

Recuerdo un costoso curso de diseño de futuros al que entré sin saber de qué demonios se trataba el asunto. El precio y la ubicación fueron excelentes separadores que hicieron que aquella inversión de TADI valiera la pena. Hasta el día de hoy es —al igual que EXMA 2022— una experiencia profundamente influyente en muchos de mis pasos siguientes.

Llegué a EXMA 2022 por la amable invitación de mi amiga Karla García Olguin y del gran fundador de EXMA, Fernando Anzures.

No sabía bien a lo que iba, pero ya estaba ahí.

Te voy a contar lo que hice para que copies descaradamente lo que te convenga de mi experiencia.

Lo primero es ir con la mente abierta. Al momento de escribir esto, tengo cuarenta y dos años, tres hijos y más de diez años exponiendo la creación de mis negocios públicamente, lo cual me ha valido invitaciones en el Tec de Monterrey, la UNAM, TEDx y contrataciones en empresas como General Electric y Oxxo para hablar sobre tendencias, emprendimiento y demás. La revista Entrepreneur incluso me nombró “rockstar de la innovación” en 2016. He construido con mis socios una empresa que construye hardware y software para fábricas y ciudades inteligentes, cerrado tratos con empresas globales y cometido muchísimos errores a lo largo del camino. Te digo esto no como un viaje al interior de mi ego insoportable, sino para darte contexto de lo complicado que puede ser para alguien como yo escuchar que otros en el escenario te digan cosas que ya considero obvias.

Pero llevo años haciendo un trabajo personal serio para ser menos como yo en mi versión de bajo desempeño. Así llegué a EXMA 2022, a tomar asiento, tomar notas, tener la actitud correcta, la mente abierta y el corazón alegre.

Man, fue maravilloso.

Hice amigos inmediatamente.

Hice negocios.

Repasé grandes ideas que tenía olvidadas.

Me inspiré.

Analicé lo que me encantaba de cada colega conferencista.

Bailé. Grité. Brinqué. Abracé. Lloré. Justo como te dije al principio de este artículo.

EXMA significa Educación, Experiencia, Marketing y Acción. Y eso fue exactamente lo que sus fundadores y organizadores entregaron en este evento.

Todo habría estado fantástico incluso si Tony Robbins no hubiese asistido.

Imagina el frenesí que se desató en este auditorio con su presencia.

Todo lo que has escuchado, todo lo que te han dicho de los eventos de Tony Robbins, bueno, estoy seguro que se queda corto.

Hablaré de él en otro artículo, pero basta decirte que su trabajo con nosotras —las catorce mil almas interesadas en escucharlo— fue sublime, por decir lo menos.

Si has leído hasta aquí, hazte un gran favor y salúdame presencialmente en el próximo evento de EXMA en que nos encontremos. Me encantará saber que te empujé a experimentar un poco de la chispa que me encantó en su edición 2022.


Hacks de millones de dólares.

Estuve presente en la mayoría de las conferencias del escenario principal. Comparto a continuación contigo las tres principales notas que capturé de cada expositor que escuché:

Jorge Serratos

  • Un estudio de Harvard demuestra que solo ayudamos en fechas especiales como Navidad porque asumimos erróneamente que el resto del año alguien más está ayudando.
  • Grábate en videos haciendo cosas buenas.
  • Compartir es bueno. Él lo llama 1+1=3.

Moris Dieck

  • El ser humano está hecho para proteger y conservar, eso le impide tomar ciertos riesgos que le convienen.
  • Nunca antes ha existido tanta desventaja para quien no tiene una buena educación financiera.
  • Aprende a ganar cien pesos esta semana de una manera diferente. Es un músculo que te conviene.

Alfonso y Christian

  • Son los extraños quienes tienen las cosas que necesitas.
  • No te estanques con scripts. Haz preguntas. Indaga como un buen doctor.
  • Crea un valor totalmente diferente para modificar el precio (vender un iPhone de modelo antiguo en cinco mil dólares no es atractivo, pero ofrecerlo como el instrumento que tiene almacenados contactos exclusivos que con seguridad responderán la llamada y notas privilegiadas de grandes negocios comprobados, hace que aparezcan inmediatamente compradores).

Sebastián Lora

  • La excelencia no garantiza el éxito.
  • Pon fecha a tu idea y anúnciala. Esto te mueve más que cualquier otra cosa.
  • La suerte es el punto de encuentro entre la oportunidad y la preparación.

Alex Dey

  • La riqueza no es común. Y no se gana haciendo cosas comunes.
  • Los audiolibros son instrumentos muy poderosos para aprender de los mejores.
  • No celebres con alcohol porque entre más grande tu éxito, te estás entrenando en que debes beber más.

Marco Antonio Regil

  • Muchos entramos a la vida adulta como quien entra a un partido de fútbol sin saber las reglas: no tenemos buenas oportunidades de hacerlo bien.
  • Escuchar es importante pero no suficiente. Es mejor practicar. Y todavía mejor hacer las cosas en equipo.
  • Eres la conciencia que puede reprogramar lo que piensa y lo que siente.

Margarita Pasos

  • Tú no puedes tener algo que resientes.
  • No conectes con radiomiseria.
  • Tu mente tiene toda la ingeniería.

Rodrigo Herrera

  • Cumple el timing.
  • Negocia contigo primero.
  • Respeta la esencia de los negocios que compres.

Arturo Elías Ayub

  • No importa el fracaso mientras tengas humildad para levantarte.
  • Lo importante es cuántos corazones tocas.
  • Invita a comer a tus clientes especiales.

Ricardo Salinas Pliego

  • No ganamos nada bajando a todos de nivel.
  • No eres buen líder hasta que no tengas buenos resultados.
  • Es más valioso un día de un evento como éste que un año de educación tradicional.

Tony Robbins

  • La energía es un hábito.
  • Sé impaciente e irracional contigo y lo opuesto con los demás.
  • Un cambio fisiológico radical es un cambio radical de tu estado emocional lo cual es un cambio radical de tu comportamiento.

Cómo jugar bien el juego de los contactos en universidades-eventos.

El día anterior a EXMA 2022, estuve en el Foro de Economía y Negocios de Forbes en el Hotel St. Regis en Ciudad de México.

Hice nuevos amigos. La inmensa mayoría de estos contactos usan activamente Twitter. Somos un tipo de generación para la cual nos resulta natural movernos ahí.

Al día siguiente, en EXMA 2022, nadie tenía Twitter. Tuve que cambiar rápidamente mi mentalidad para comenzar a pedir los Instagram y TikToks de mis nuevos amigos influencers.

Atención: ninguna de las mujeres y hombres geniales que menciono en este artículo va a interactuar directamente contigo en TikTok. No es una plataforma diseñada para facilitar ese tipo de contacto.

¿Y en Twitter? Hey, sí, es muchísimo más posible que den like a una nota donde los menciones. Es posible que incluso respondan.

Deja de pensar binaria y limitadamente donde tus opciones son solo usar Twitter o no. Tenlo. Úsalo a conveniencia. Juega bien el juego con aquellos que te están diciendo cómo moverte.

El comportamiento maduro y adulto es que te adaptes a lo que aquellos que admiras te dicen que es su estándar.

El comportamiento infantil te orilla a decir «ah, pero no está en Instagram, ni modo, yo quería seguirlo pero pues no uso Twitter».

Sé todo un pro.


Pros y cons de EXMA 2022

Te decía que este no es un artículo patrocinado, de lo contrario te diría que todo fue perfecto.

Lo que no me gustó:

  • El primer día hubo retrasos en los horarios de las conferencias.
  • La selección de comida en los stands era muy limitada.
  • Hubo pláticas interesantes a las que no pude asistir porque eran simultáneas a las del escenario principal.
  • La conexión a internet era terrible.

Ahora bien, el retraso en un evento tan grande y hecho con estas características por primera vez, se entiende. El segundo día tuvieron una precisión increíble.

Sobre el hecho de las conferencias simultáneas, ayuda a tener variedad.

Sobre la conexión a internet en la sede, es algo natural en eventos masivos.

Si alguna de estas situaciones es suficiente para que no vayas a una universidad-evento como EXMA, bueno, haz eso, no vayas: tu frecuencia no te permite ver el potencial.

En lo personal, absolutamente ninguna de estas observaciones representa un rasguño genuino a la calidad de EXMA 2022. Las menciono porque no quiero dejarte con la idea de que todo era perfecto.

Los DJs, la producción visual, el sonido, la logística de entrada, la duración.

Casi todo fue genial, eso sí.


Sin pena.

Cero dramas.

Ecuanimidad. Enfoque.

La gloria está en el largo plazo.

Dureza mental.

Disciplina emocional.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

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ESTÁ BIEN, PERO ESTÁ MAL

“Leverage is a force multiplier for your judgement”, dice Naval.

Traduzco yo: “El balance de las cosas a tu favor es un multiplicador de fuerza para lo que piensas”.

Recordemos que “leverage” es “apalancamiento” en finanzas. Esto nos dice poco a las personas que no andamos en ese mundo. Mi interpretación es una donde entendemos el leverage como algo positivo, de ahí que sea el balance de las cosas a tu favor.

Un multiplicador de fuerza es una habilidad, persona o situación que eleva bastante el poco esfuerzo que inviertes en ella. Este artículo llega a miles de personas. Solo lo tengo que escribir una vez. Sirve como un agente de ventas porque está obteniendo tu atención y convirtiéndome en alguien interesante a tus ojos y así. Crear contenido es un multiplicador de fuerza moderno y poderoso.

Leer por placer un par de libros al mes desde tus diez años hasta tus treintas te regala casi medio millar de obras en tu mente. Estas son conversaciones con autores de todos los tiempos. El rango de ideas al que accedes es increíble y por lo tanto tu visión del mundo es amplísima, por decir lo menos. Esto te hace abrazar y potencialmente beneficiarte con ideas y personas que otros etiquetan infantilmente como excéntricas y/o peligrosas. Te conviertes en alguien que no hace un drama por renunciar a un empleo que no le gusta y reinventarse a su ritmo y con educación propia en una nueva área profesional. Habiendo leído tantas cosas interesantes, sabes que esto es normal en la humanidad y sobre todo en las personas más admirables que han construido cosas que nos fascinan a todos.

Leer por placer de manera sostenida es uno de los multiplicadores de fuerza más poderosos que existen.

Si naciste en una familia con vastos recursos económicos, este es otro multiplicador de fuerza. Irás a buenas escuelas. Conocerás más del mundo. Accederás a clubes con gente que está haciendo cosas más interesantes en lugar de meramente sobrevivir día a día.

Lo primero es entender que hay muchos multiplicadores de fuerza a tu alcance y otros que no.

Leer es un multiplicador de fuerza a tu alcance: solo requieres insertar TADI en ello.

Taladra esto: TADI es Tiempo, Atención, Dinero e Incomodidad. Todo aquello en lo que metas TADI, florece.

Metemos TADI a nuestros vicios, así que cuidado, no todo lo que florece es bueno. Tienes que vigilar constantemente en qué te estás enfocando.

Nacer en una familia con dinero es un multiplicador de fuerza fuera de tu alcance. Olvida esta categoría. Quienes no lo hacen, viven quejándose de la vida. No puedes cambiar estas condiciones originales del juego en que te tocó participar.

Ahora hablemos del juicio, del criterio, de la forma en que procesas el mundo con tu mentalidad.

Esto es a lo que Naval se refiere con “judgement”.

Digamos que estás en un nuevo empleo. Y te sientes inseguro, como es normal. No conoces a nadie. Te haces amigo de los primeros que te saludan. Pasan los días y algunos de ellos te comienzan a invitar a la hora de la comida a que los acompañes al restaurante cercano al que siempre van. Platican. Se hacen amigos. Está bien. Esto es natural y deseable. El problema es no aplicar un buen criterio y entender que cuidar al máximo estas relaciones nos impedirá avanzar.

Las personas que van a conectar fácilmente contigo en tus nuevas circunstancias en el trabajo es gente o en tu nivel o un poco abajo o tímidamente arriba en la jerarquía corporativa. No son personas que puedan realmente servir como mentores para objetivos ambiciosos.

Aceptar todas las invitaciones que te hacen, procurar caerles bien todo el tiempo, hacer lo mismo que hacen te llevará a actuar y pensar exactamente como ellos dentro de poco tiempo.

El problema de esto es que —si los analizas— verás que prácticamente todos ellos llevan años haciendo lo mismo, no andan en las alturas.

Esto ofende a mucha gente que me dice que no tengo que ser elitista ni pensar siempre en la gente como si solo fueran medios para avanzar y que solamente son amigos y demás.

Tus amigos, tus conocidos, el círculo con el que convives seguido, todo eso es lo que más fuerte moldea tu criterio, tu juicio, la forma en que procesas el mundo. Esto es peligroso si no lo entiendes, porque dejas que cualquiera interfiera con tu verdadero gran potencial.

Este ejemplo extremo y poco agradable molesta a muchos, pero estamos hablando sobre cómo usar los multiplicadores de fuerza en nuestra vida, no cómo ser la Madre Teresa de Calcuta y recibir el cariño de toda la humanidad por siempre.

Otro ejemplo es el de la educación tradicional. Obtener buenas calificaciones en la escuela no es realmente una ventaja en la vida real. Lo que ocurre cuando tu desempeño escolar es normal o bueno es que al egresar e interactuar con el mercado estás en el mismo plano de recompensa que los demás. No hay algo extraordinario esperándote.

La escuela tradicional no es un multiplicador de fuerza. Es apenas algo que te coloca en el promedio donde están todos los demás.

Y como dice mi hijo adolescente, “promedio” significa “sí, está bien, pero está mal”.

Vaya, que si hay una guerra allá afuera para nosotros los adultos en el mercado, la escuela lo que hace es apenas darnos una espada y un escudo. Al llegar al campo de batalla, notamos con incredulidad que todos tienen también una espada y un escudo. Dime si consideras esto alguna especie de ventaja. No te engañes.

Saber inglés, Microsoft Office, enviar e-mails, escribir, sumar, restar, multiplicar, dividir, fechas históricas, entregar reportes y presentar frente a un grupo no son ventajas. Son habilidades promedio. Hay que tenerlas, sí, pero no poner nuestras grandes esperanzas en ellas.

Los multiplicadores de fuerza son tanques acorazados, aviones de combate y bombas nucleares. Algo que rápidamente informa a todos que no les conviene joderte.

Ya para cerrar estas notas:

• Los libros y las familias ricas son ejemplos de multiplicadores de fuerza.

• Puedes acceder por tu cuenta a algunos multiplicadores de fuerza. Para otros necesitas suerte.

• Enfócate en los que puedes hacer parte de tu vida e ignora los demás para no vivir amargado.

• Poner la balance de las cosas a tu favor significa usar multiplicadores de fuerza de tu juicio.

• Tu juicio es tu criterio, esto es la forma en que procesas el mundo a través de tus pensamientos.

• Todo lo que haces, todo lo que consumes intelectual y nutricionalmente, todos con quienes convives, todo ello moldea tu mentalidad. Debes cuidar esto al máximo.

• Te venden que la escuela tradicional es un multiplicador de fuerza cuando en realidad lo que te da son apenas armas promedio.

• Lo promedio es bueno pero es malo.

Parafraseando en una libre traducción la espectacular frase del día de Naval, poner el balance de las cosas a tu favor implica usar multiplicadores de fuerza con tu buen juicio.

Y si tu criterio es genial, uf, el mundo es tuyo.

Sin pena.

Cero dramas.

Ecuanimidad. Enfoque.

La gloria está en el largo plazo.

Disciplina emocional.

Dureza mental.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

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ROOT ACCESS

Es el año 1999 y mi mejor amigo en aquel momento llega a la universidad con la leyenda “I am the root” en su playera. Nerds, al fin y al cabo, sonreímos en complicidad porque entendimos la referencia sin mayor explicación. Caminamos hacia las instalaciones del nodo central de la institución donde pasábamos mucho tiempo jugando en una estación Sun con la media decena de comandos de Unix que conocíamos. Este era un sitio sensible donde —si hubiésemos querido— podríamos haber desconectado de la red a varias ciudades con pocos teclazos. El administrador era un tipo tranquilo y agradable que aceptaba de buena gana la compañía de dos estudiantes insertos hasta el tuétano en tecnología. Mi amigo era uno de los mejores programadores universitarios y yo el mejor webmaster de la escuela, así que esto nos abría puertas que naturalmente estaban cerradas para los mortales. Pasábamos la mayor parte del tiempo haciendo scripts y pórtales web en una época donde el resto del mundo a nuestro alrededor veía internet como algo exótico.

Toda avance que cambia el mundo nace de alguien con actitud hippie. Piensa que los diseños de ingeniería que el Renacimiento propuso a la posteridad no llegaron de la mano de alguien estable y tradicional, sino de Da Vinci, un tipo curioso y raro, por decir lo menos. Hey, robar cadáveres para estudiar anatomía en un momento en que hacer esto implicaba una muerte segura si te descubrían no es señal de alguien que carga con un comportamiento sano. Una persona con mentalidad “normal” no hace cosas así. Piensa en Isaac Newton, Marie Curie y Alan Turing, entes cuyas obsesiones siempre estuvieron fuera del espectro de las ideas típicas de la sociedad.

A lo que voy con esto es que el respeto a la autoridad jamás es uno de los aspectos fundamentales en la personalidad de alguien genuinamente innovador. Es casi imposible pedirle por un lado a alguien que acepte sin chistar lo que otros le imponen y que por el otro proponga cosas revolucionarias al universo. Así no funciona. Tu insatisfacción contra el sistema es eso, contra todo el sistema. Y lo atacas desde tu trinchera de invención.

Pensemos ahora en el concepto de acceso raíz —root access— como una analogía poderosa para entender mejor a nuestra sociedad. Mira, es probable que la dirección de correo electrónico de Elon Musk sea algo así como elon@spacex.com o elon@tesla.com, porque este es el estándar con el que hoy demostramos status al estar al frente de una compañía: significa que eres tan importante y conocido que solamente necesitas usar tu primer nombre en tu e-mail, mientras que el resto deben identificarse con apellidos también y hasta con números y combinaciones poco sexy. Algunas décadas antes de esta tendencia, lo que se acostumbraba era usar root@nombredelservidor.com para indicar que eras el amo y señor de un sistema. Hoy comprar un dominio y bautizarlo con cualquier alias como hola@servidor.com o gerente@servidor.com es fácil si usas servicios como GoDaddy y así. Pero hubo una época en la historia de la humanidad en que dar de alta un dominio y configurar un servidor para hospedar la información en él era una tarea intelectualmente titánica. Y solo los elegidos podían tener acceso a lo más profundo de esta ruta técnica. El premio era que podían presumir su correo root arroba whatever para que los desdichados sin tales beneficios entendieran que debían hincarse ante él.


Sé que todo esto parece una tontería sin sentido para quienes viven fuera del mundo de las ciencias computacionales y así, pero la realidad es que más allá del ego y la moda de estas señales, lo interesante es lo que podamos copiar descaradamente para beneficio práctico en nuestra vida diaria.

¿En qué cosas tienes acceso raíz en tu vida?

Pienso que un buen ejemplo son tus hijos. Si eres viuda y estás criando sola a tus criaturas, tienes acceso raíz completo a ellos. Los puedes moldear de una manera poderosa. Entiendes sus miedos, sus sueños. Conoces bien sus personalidades y manías. Nadie posee tanto detalle interno de ellos como tú. Esto es el acceso raíz.

Mira, me gustaría que al final de este largo artículo pudieses fácilmente conectar el concepto de root access con la palabra privilegios. De esto se trata todo. El rey, la reina del sistema, tiene ingreso ilimitado a todos los archivos, a todas las líneas del algoritmo, a todos los permisos de lectura y escritura de cada uno de los usuarios. Estos son los privilegios informáticos del acceso raíz. La vida funciona igual: entre más te acerques a tener root access, más privilegios cosechas.

Si quieres usar otra palabra más familiar en lugar de root access, piensa en “visa”. Como ya sabes a estas alturas del partido, si cargas con una nacionalidad de tercer mundo como yo, necesitas demostrar muchas cosas positivas para que los países más importantes del mundo como Estados Unidos y China te digan que sí, que puedes cruzar legalmente sus fronteras. El root access es una visa que te da entrada a lo naturalmente prohibido.


Recuerdo cuando Trump ganó las elecciones. A mí me encantó su primer discurso para aceptar el resultado. Y también la conferencia que al respecto dio Carlos Slim en México. Pero ambas señales no pudieron ser procesadas adecuadamente por la mayoría. Me explico. Si no hablas inglés, no tienes acceso raíz, por lo tanto, no cuentas con privilegios para entender muchas cosas. Necesitas que alguien interprete lo que está ocurriendo en ese idioma. Mucha gente no entendió que al leer las noticias de Trump en su periódico favorito, en realidad estaban consumiendo lo que un periodista cansado transcribió de memoria sobre lo que podía recordar de lo que leyó en otra fuente que a su vez lo tradujo rápidamente sin mayor investigación. Las noticias a las que accedemos en español son principalmente un perfecto juego del teléfono descompuesto. Si hablas inglés, ve completo el discurso conciliador de Trump de aquellas fechas y compáralo con las notas reportadas en los medios.

En esas mismas fechas, el hombre más rico de México dio una conferencia de prensa, lo cual jamás hace. Habló de manera ecuánime sobre Trump, a quien conoce personalmente. Mostró varios libros de Donald en el evento y mencionó que este tipo de movimientos drásticos en la política global han sido estudiados por mucho tiempo por gente como Alvin Toffler y otros en esa liga. Si jamás has escuchado sobre “El Shock del Futuro” y “La Tercera Ola”, es imposible que entiendas las referencias que hacía Carlos Slim en su plática con los reporteros. Todas las preguntas que le hicieron fueron terribles, tontas, de bajo nivel. Excepto una, la cual fue abucheada por todos los demás compañeros periodistas. No me creas. Sé curioso y busca esto en YouTube.

No soy pro-Trump. No estoy diciendo que pobre, las cadenas han desvirtuado su mensaje y que sufre un ataque injusto. Relájate. Te estoy diciendo que el inglés y la lectura te dan ventajas. Muchas. Esas ventajas son lo que hoy estoy llamando acceso raíz y sus privilegios.

Entender mejor las cosas es el activo intangible más estratégico que puedes cultivar en ti.

Es decir, ser la reina del sistema en que te encuentras, viendo todos los archivos, teniendo injerencia en todo el código, es algo por lo cual deberías luchar constantemente.

Habla inglés. Lee mucho.


¿Qué es lo que más ataca tu posibilidad de tener root access a las cosas? El fanatismo.

Hay un artículo delicioso de edge.org titulado “Coalitional Instincts”. En él mencionan cómo esta necesidad de pertenecer a un grupo nos vuelve fuertemente irracionales. Explica que estamos locos por tener una identidad y que no nos importa pagar cualquier precio con tal de encajar. Tú puedes pensar que eres inmune a esto, pero no, ninguno lo somos. Polarizarnos está en nuestro ADN. Nos encanta esta sensación pasional de defender lo que creemos y atacar lo que no. Esto nos impide ver claramente las cosas.

En política, el nacionalismo es el fanatismo perfecto. Es hablar de la patria, lanzar arengas contra un enemigo etéreo, culpar a los de afuera por lo que nos ocurre acá. El nacionalismo no es patriotismo. Parece, pero no. Con el patriotismo construyes. Con el nacionalismo haces lo opuesto.

“Aarón, ¿por qué estás hablando de política si se supone que este artículo iba sobre root access?”. Porque es lo mismo: al tener instalado el fanatismo de una ideología no podemos conquistar los privilegios del acceso raíz. Nos perdemos en defender a nuestro grupo, con todo y sus creencias limitantes. Nos hacemos adictos a atacar cualquier idea ajena. Y todo esto en suma nos vuelve fácilmente manipulables.

Cuando estamos siendo manipulados, no podemos ver el mundo como es. Al contrario, terminamos visualizándolo como nos lo dicta el líder político que ha conquistado nuestra preferencia.

El comunismo y el capitalismo no son religiones pero sí doctrinas. Y comparten mucho de lo que ocurre en cualquier iglesia: hay un manual de comportamiento, una lista de creencias, una serie de rituales, figuras clave a las cuales adorar y odiar, una misión inalcanzable.

No te estoy diciendo que no creas en algo.

Te estoy diciendo que veas cuánto de lo que crees te está estorbando día a día para tener un verdadero mejor acceso raíz a la realidad.

Secreto: ni los líderes religiosos ni los políticos encumbrados que admiras creen todo lo que te dicen. Lo usan. Es diferente.


Piensa en la increíble devaluación de Zimbabue que emite billetes de trillones de dólares o la guerra encarnizada que vive de repente un país desarrollado como Ucrania. Que esto sea una advertencia para apreciar que la realidad social de absolutamente cualquier país puede cambiar rápidamente. Las señales del destino de la trayectoria de una nación siempre están ahí. El problema es que el ruido disfraza estas advertencias. Este ruido son los discursos nacionalistas, las noticias teléfono descompuesto y la incapacidad de comunicarnos con el mundo directamente en inglés.

Una de las mayores debilidades a las que puedes exponerte voluntariamente es a la esperanza de que las cosas ocurran mágicamente bien. Si te cae bien el presidente de tu país y te gusta lo que está haciendo, lo que más te conviene es hacer el ejercicio constante de preguntarte qué es lo que no está ejecutando correctamente, qué es lo que no estás considerando que está mal, qué es aquello que puede llevarnos a una catástrofe si el escenario no sucede como está planteado. Nunca seas fanboy. Si detestas a tu gobierno, haz lo opuesto. Considera qué es aquello que sí se está haciendo bien, dónde están las oportunidades que tu enojo te está impidiendo aprovechar. Entiende que nunca nadie está totalmente en lo correcto ni totalmente equivocado. Es simple probabilidad que hay cosas buenas y malas andando que no has considerado. Esto es darle besos diarios a una realidad que te regalará movimientos personales más pragmáticos.

Mira, piensa que Twitter y SpaceX son empresas que se fundaron aproximadamente al mismo tiempo. Imagina que le preguntas a un “experto” cuál va a tener éxito: ¿la compañía que se va a enfocar en mensajitos de ciento cuarenta caracteres o la que va a poner a la humanidad en otro planeta? Es obvio que una idea ridícula como Twitter no tiene posibilidades en esta hipotética consulta, pero hoy es extremadamente importante y determina literalmente la conversación que tenemos a nivel global mientras que la otra ha logrado avances tecnológicos impensables apenas una década atrás. Ambas empresas se elevaron al Olimpo de la relevancia. Te digo esto para ilustrar que no es nada fácil determinar con precisión cuándo una idea es realmente buena o mala, esto aplica en política y a nivel personal también.

Lo que más te conviene para hacer buenas apuestas es modelar el comportamiento de quienes van avanzando en su trayectoria personal.

El acceso raíz que te interesa conseguir va a llegar de la mano de que seas práctico en tu comportamiento y no idealista fácilmente manipulable.

Apostar por la trayectoria de las personas es una de las señales más claras para avanzar. Cuando Elon y Jack se pararon por primera vez frente a inversionistas para proponer SpaceX y Twitter respectivamente, la evaluación que estos hicieron del negocio no fue solo con números sino con la deconstrucción de los fundadores. Ambos hippies representaban el paquete perfecto del que ya te hablé: tipos raros y naturalmente inconformes con la autoridad, ejecutores que operan en un amplio espectro de intereses que pocos siquiera conocen. La apuesta no fue tanto a su idea sino hacia ellos. Y esto es lo que tú debes hacer: ¿cuántas personas de tu círculo tienen estas características? Si no las hay, encuéntralas en eventos, en libros, en entrevistas. Y compórtate como ellos. Analiza, por ejemplo, por qué no se entusiasman con algo que dijo el presidente cuando todos los demás están en éxtasis por las recientes declaraciones. ¿Qué es lo que esa persona está viendo que tú todavía no? O al revés. Considera por qué celebra algo que el gobierno propone cuando a ti no te causa la más mínima reacción positiva.

Sé cada vez más sofisticado en tu análisis de lo que te rodea. Esto le da un peso firme a tu entendimiento de la realidad. Y con ello, te puedes mover mejor en lo social y lo financiero.

Cuando somos simplones e idealistas con nuestra percepción del sistema del mundo, nos quedamos abajo, frustrados, buscando siempre al siguiente ícono derechista o izquierdista, conservador o liberal, pro-empresa o pro-pueblo que nos regale entusiasmo, que nos dé una guía sobre lo que debemos aplaudir y lo que debemos detestar. Nos volvemos adictos a ser manipulados.

Tu root access comienza hoy evaluando a las personas por la trayectoria que llevan, no por la condición en que se encuentran. Esto es como en cripto: si tomas una foto del valor económico de sus tokens en este momento, todo es terrible y la conclusión lógica es que no te metas a esto, pero si entiendes la fuerte filosofía que esta tecnología tiene detrás de sí, verás que este instante es simplemente un movimiento natural del ciclo que lleva hacia su conquista del mundo. Apuesta por el avance que van demostrando las personas, no por lo que te muestra una simple foto de su estado financiero o social del momento.

Tu root access comienza hoy con mejor inglés, más lectura, menos fanatismo.

Está a tu alcance.

Ejecuta ya.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

EN DEFENSA DEL MULTITASKING

Pasar de ser hombre a mujer debe ser un viaje interesante, por decir lo menos. Y siendo hijo de la persona más rica del mundo, todavía más. Justo estaba escribiendo este ensayo cuando compartieron conmigo la noticia de que uno de los hijos de Elon solicitó su cambio tanto de identidad de género como de nombre para cortar vínculos con su padre. Aparte del placer de enterarme de los dramas de las celebridades, quien me envió la nota y yo nos enfocamos en conectar el asunto con un contexto mucho más amplio, como el reciente cambio de partido político que hizo Musk y el increíble reto de ser buenos padres sin importar los recursos a tu disposición.

Elon Musk es alguien reprobable en varios ámbitos. Sus detractores van a darme la razón rápidamente aquí. Parafraseando a Walt Whitman, el tipo se contradice en muchas cosas porque así es esto, los grandes contienen multitudes. Tal vez tú y yo no queremos consejos de parenting por parte del multimillonario, pero podemos evitar el típico reflejo de bajo desempeño donde automáticamente cortamos toda apreciación por las cosas que sí ejecutan bien aquellos que nos caen mal.

En otras palabras, que ser binario en nuestra apreciación de alguien nos impide copiar de otros muchas cosas que nos servirían bastante.

De Elon, tomo su capacidad de construir cosas importantes en forma paralela y consistente. Es una máquina de multitasking.


Ahora, sí, ya sé que el multitasking tiene mala reputación porque ciertamente no es el estado ideal para muchas personas. Hace poco escribí sobre el ancho de banda. En ese artículo explico las cualidades de este privilegiado grupo al que muchos más podrían pertenecer si se lo propusieran. Sin buen ancho de banda —de entrada te lo digo— no te metas a esto del multitasking.

En un entorno de wellness, el multitasking tiene muy mala reputación. Seguramente es similar al repudio que tiene en un círculo conservador un papá como yo que no ha bautizado a sus hijos. Todo siempre depende de a quién le importa qué.

Yo veo el multitasking como cualquier deporte. Puedes abordar el asunto como persona promedio que le encanta preocuparse de manera enfermiza diciendo que un niño que se enfoca demasiado en el basquetbol se va a distraer de sus estudios y que se va a juntar con otros vagos y que eso no le va a servir en la vida y etcétera, etcétera. O si el pleito es contra el fútbol americano argumentan que los golpes pueden causar problemas a largo plazo, sin criticar el hecho de que la alternativa en la que insertan a su príncipe para protegerlo es que viva en modo sedentario con botanas y refrescos.

Mira, quienes atacan el multitasking no entienden el juego de hoy.

Es cierto que la Asociación de Psicología de Estados Unidos condena el multitasking porque no nos hace más productivos. El multitasking impone un impuesto grande en la atención de las personas que no saben hacer cambios emocionales rápidos en su contexto para desconectarse fácilmente de uno y comenzar a operar en otro.

La buena noticia es que hay muchísimas personas que venimos cableadas con esa facilidad de desapego emocional para abandonar una idea y pasar rápido a la otra y así seguir avanzando en el objetivo general.

La mala noticia es que no hacemos tanto ruido como las mayorías que se sienten superadas y deciden atacar esto del multitasking simplemente porque no pueden seguir tal ritmo acelerado.

Esto texto va en defensa del multitasking.


El principal punto que los detractores del multitasking utilizan es que para hacer bien las cosas lo que en realidad se necesita es enfoque. Que sin enfoque, hacer varias cosas al mismo tiempo solo garantiza baja calidad en todos los resultados.

Hey, amo el enfoque. Estoy enfocado desde hace una hora escribiendo todo esto. Y seguramente tomará más tiempo antes de que me considere satisfecho con mis ideas aquí. Pero no voy a dedicar el resto de mi día a estar enfocado solo en escribir porque alguien dice que hacer varias cosas de forma simultánea está mal. Todos los tipos que admiro y la gente con la que mejor trabajo creando cosas para este mundo, todos ellos y yo nadamos a diario en el multitasking, somos excelentes en ello y quiero decirte que no podríamos vivir en otra modalidad.

Cuando las personas no soportan el vértigo que esta velocidad de ejecución trae consigo, buscan vectores de ataque estilo “pero así no puede uno ser feliz estando ocupado todo el tiempo”. Hey, tengo momentos excelentes de felicidad en el día, interrumpidos por ratos de alta preocupación, momentos de ejecución, periodos de descanso y todo lo que la vida conlleva. No sufro más que aquellos que deciden solo ven el juego desde lejos.

El multitasking bien hecho ocurre cuando sabes ser propietario del asunto. Abrir a diario mil líneas de ejecución con ideas, sueños, deseos y demás es extremadamente fácil. Cualquiera lo puede hacer. Darle seguimiento todo el tiempo a cada una de esas líneas es drenante, y esto casi nadie está dispuesto a hacerlo, por lo cual solo unos pocos obtienen resultados acelerados al cosechar los frutos de este trabajo en modo multitasking. Ser dueño de cada situación abierta en modalidad multitasking significa hacer cambios de ventana en el escritorio del sistema operativo. Ya sabes: en esta usas el navegador, en aquella otra tienes abierta una hoja de cálculo y en las demás hay fotos, documentos y así.

Pocas cosas ayudan a ilustrar mejor esta relación entre enfoque y multitasking como lanzar una compañía. El enfoque es la empresa, hacer que funcione, conseguir el éxito a través de las ventas. El multitasking es resolver a diario problemas de contabilidad, contrataciones, marketing, permisos, atención al cliente, proveedores y mil detalles más. Te aviso que no es posible ser una excelente persona de negocios si no tienes la capacidad de mantenerte enfocado en el gran objetivo y ejecutando multitasking al mismo tiempo. Presidentes, CEOs, líderes religiosos, cualquiera con grandes responsabilidades a su cargo entiende y vive esto.

El multitasking es la velocidad de ejecución que admiras en otros pero que te da miedo implementar por tu cuenta.

  • Si eres bueno con el multitasking y estás enfocado en un objetivo claro, avanzas rápido, dejas pronto a la mayoría atrás.
  • Si eres bueno con el multitasking y no tienes un objetivo claro, te mueves erráticamente, no cosechas.
  • Si no eres bueno con el multitasking pero tienes un objetivo claro, vives frustrado, sin entender qué te falta.
  • Si no eres bueno con el multitasking y tampoco tienes un objetivo claro, la vida te va a comer.

La mejor manera de ser genial en multitasking es construyendo a tu alrededor equipos de trabajo multiplicadores.

Tú quieres llegar al punto donde multitasking para ti significa más un trabajo intelectual y emocional que físico. Imagina que eres el ministro de relaciones exteriores de tu país y tu staff te asalta a cada instante con situaciones en las que necesitan tus comentarios y autorizaciones. Eso es multitasking: decir “sí”, “no”, “solicita más información”, “agenda una reunión con tal persona”, “redacta el acuerdo”, etcétera. A esto me refiero principalmente con multitasking. No quieres ser el tipo que escribe los discursos, revisa los acuerdos, llama por teléfono para coordinar juntas y así. Quieres ser el que puede activar rápidamente a otros para hacer que las cosas se muevan.

Probablemente en este punto, muchos de mis lectores piensen que claro, así cualquiera puede hacer buen multitasking, teniendo un buen equipo que haga las cosas que les digo que tienen que hacer y que las hagan bien. La capacidad de tomar decisiones rápidas en diferentes contextos y ejecutarlas no tiene absolutamente nada que ver con tu posición en el organigrama de ninguna organización. Puedes ser recepcionista y ser líder. El liderazgo es ponerte al frente de las situaciones que la vida te empuja.

¿Sabes? Creo que lo que impide a muchos hacer buen multitasking es que no tienen desapego emocional.

En algunos workshops que he impartido, uno de los ejercicios con los participantes ha tenido que ver con formar pequeños grupos de trabajo en mesas separadas. En cada espacio hay un pequeño set de Lego. Tienen pocos minutos para formar la figura. Terminado el tiempo, deben moverse con un nuevo grupo a otra mesa y seguir con el avance del equipo anterior en una estructura diferente. Es increíble ver la dificultad que la gente tiene para soltar inmediatamente lo que están haciendo y abandonar su lugar y su grupo para insertarse con buena actitud en otra circunstancia. “Ya voy, ya voy, un minuto más”, me suelen decir. O llegan a la nueva mesa y comienzan a hablar de lo frustrados que están que no pudieron terminar lo anterior. O comienzan a armar lo que pueden sin coordinarse con sus compañeros. Esto para mí ilustra perfectamente lo ciego que muchos están ante esto del desapego emocional. Y el ejemplo es sobre una tontería. Ahora imagina el dolor que sufrimos con cosas más ancladas en nuestro ser.

El desapego emocional tiene que ver con nuestra seguridad personal.

Y al final, como todo, tiene que ver con la mentalidad que nos hemos forjado.

Una mentalidad dura y rápida nos permite movernos así, en modo duro y rápido.

Una mentalidad dura y rápida luce amenazante para quien siempre solicita tiempo adicional, para quien alarga decisiones porque tiene miedo de que lo critiquen, etcétera.

Ya no estoy hablando solo de la parte profesional dentro de nosotros.

Estoy hablando de lo más personal que tenemos.

Cuando no podemos abandonar relaciones, ideas y espacios que sabemos que tenemos que dejar atrás, no podemos entrenarnos en la mentalidad dura y rápida que te digo que nos conviene tener. Esto hace imposible que conquistemos el multitasking ganador. Hacer multitasking de cualquier otro tipo es fácil, pero el que nos coloca en posición de ventaja natural, ese requiere un esfuerzo personal que si no ha sido dominado, no puede aparecer mágicamente en nuestro campo profesional.

En otras palabras, piensa que cuando dominas sin drama innecesario rupturas de todo tipo en tu vida personal, puedes transferir esa mentalidad y ejecución a tu enfoque y multitasking.

Otra cualidad que nos levanta enormidades en el mundo profesional es la ecuanimidad. Lamentablemente, esta solo llega de manera sostenible a nosotros cuando hemos conquistado la capacidad de hacerla aparecer a voluntad y automáticamente en nuestra vida personal.

Ya sé que todo esto es un fastidio. Tú solo quieres los hacks rápidos para ganar más dinero y no una letanía psicológica disfrazada de ensayo. Me entristece decirte que la técnica Pomodoro y sus demás primas con otros tantos nombres exóticos solo te van a dar pequeños aventones en tus fantasías de un imperio empresarial, porque necesitas crear todo el músculo emocional del que te estoy hablando aquí para construir grandes cosas.

Esto es algo que te puedo decir que Elon tiene a su favor y que deberíamos copiar más.

Y si eres de los que van a responder que no quieres una vida como la de Elon, y qué horror todo lo que dicen de él y así, no sé tú, deja sus imperios corporativos aparte, pero seguro se siente bien en parte combatir los problemas típicos familiares y de la vida con el avance imparable de las ideas que excitan a diario a tu alma. La alternativa es solo criticar al tipo y seguir con tus problemas siendo el tipo de personita que no construye lo que su espíritu quisiera hacer salir del cuerpo.

Exígele a tu cerebro la capacidad de poder cambiar rápido de contexto. Sé ese humano que deja de abrazar una idea para poner rápidamente toda su atención en otra, tomar una decisión difícil y regresar a la conversación anterior sin pestañear. Compartimentalizar no es imposible, pero como todo lo que vale la pena, requiere mucha práctica. Y para esto, te va a ayudar muchísimo rodearte, seguir y procurar a gente que ya es así. De lo contrario, sentirás que estás rodando una enorme piedra montaña arriba todo el tiempo si eres la única persona en tu universo que intenta hacer multitasking.

Para que identifiques bien lo que estoy diciéndote: las personas que todavía no ejecutan un buen multitasking, magnifican cualquier problema pequeño a niveles ridículos e innecesarios.

No somos vacas. No somos peces. Venimos aquí a hacer muchas cosas. A disfrutar el proceso. Construye más seguridad personal. Desarrolla una mentalidad dura, precisa, rápida. Muévete con entusiasmo.

Sé dueño de las situaciones que la vida te pone enfrente.

Rodéate de colaboradores y amigos que sean así también.

Cortes limpios. Clear cuts. Desapego emocional.

Enfoque. Ecuanimidad.

Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

OBSESIONADOS CON LA INGENIERÍA

El auditorio estaba lleno para mi conferencia. De repente, los organizadores anunciaron que otra plática simultánea sobre el sistema XYZ Max Ultra Plus Extra Super 9000 iba a ocurrir en la sala de junto. Más de la mitad de los jóvenes presentes tomaron sus mochilas y salieron. Llevo muchos años hablando en público. He hecho largos viajes para llegar a eventos donde he tenido que dar mi presentación a literalmente solo dos personas. También he tenido que ponerme al frente de todo un estadio con doce mil almas escuchando atentamente mi mensaje motivacional. Quiero simplemente establecer que a estas alturas, mi corazón ya sabe manejar los sube y baja emocionales de estar en el escenario. A veces hay menos personas. A veces hay más. Algunos ponen atención. Otros no.

Sonreí.

Expliqué a los que se quedaron que este tipo de cuestiones ocurren cuando no entendemos bien el juego profesional. Los universitarios en mi audiencia eran principalmente estudiantes de ingeniería y obviamente querían saber más de su campo. Mira, lo que estos chicos no procesan bien es que a diario tienen entrenamiento en temas de circuitos, herramientas, fórmulas y demás cuestiones altamente técnicas. Y está bien. Pero en un evento donde los organizadores traen gente que puede aportarles notas de diferentes áreas, bueno, ahí es donde deben insertarse, porque estas son las cosas que los van a hacer destacar.

Entiende bien —querido lector— lo que estoy intentando decir: que lo técnico es muy importante porque, caray, estás estudiando ingeniería. Sé muy buen ingeniero, necesitamos muchos más, pero no te obsesiones con la ingeniería.

No te obsesiones con la ingeniería.

Obsesiónate con ser un buen profesional.

Un pro abraza muchas áreas para coleccionarlas como bloques de Lego. Luego los usa para construir su ascenso a niveles de mayor impacto.

Aquí va un comentario que podría sonar clasista si no fuera porque estuve en ese grupo al que voy a criticar: este asunto de obsesionarnos con la parte técnica lo veo mucho más implantado en los jóvenes de ingeniería de las universidades públicas que en las instituciones privadas.

Cuando el Tec de Monterrey y otras en esa liga me invitaron a platicar con sus estudiantes, quedé sorprendido al enterarme que tomaban clases para negociar sus salarios, hablar en público, vestir adecuadamente, organizar eventos y cosas así. Yo que estudié siempre en escuelas de gobierno vi la enorme distancia entre lo que un lado de la moneda te dice que importa y lo que en el otro realmente se enfocan.

Sí, estos chicos de ingeniería mecatrónica, electrónica, sistema y demás de las universidades privadas también hacían proyectos con Raspberry Pi, programaban con C++ y construían robots para competencias. No dejaban lo técnico a un lado, pero no estaban obsesionados con ello. Todos estaban involucrados en actividades adicionales como clases de magia, violín, canto. Nadan. Juegan basquetbol. Están en equipos de fútbol. Todo esto como parte natural de su día a día. Recuerdo a unos que me estaban entrevistando en su campus y que en uno de los breaks aprovechaban para hacer movimientos de acciones que tenían en la Bolsa.

El refugio psicológico que nos da saber que somos muy buenos en lo técnico es uno que nos protege durante cierto tiempo de las demás desventajas con las que la mayoría de los chicos en universidades públicas crecemos en la pobreza. Lee bien este párrafo de nuevo. Con calma.

Ese refugio es uno que tenemos que abandonar o nos marchitaremos en él. Si ya estás en una corporación y solamente quieres cursos, libros y eventos de cuestiones técnicas, no estás jugando bien el juego. Sí, mantente actualizado, pero agrega oratoria, relaciones públicas, redacción, diseño, liderazgo y otras habilidades en este estilo a tu sistema operativo personal. Aprende bastante de administración, finanzas, calidad, negociaciones de alto nivel y así.

El profesional que únicamente es bastante técnico tiene siempre un tope rápido en la jerarquía de cualquier organización. Muchos no entienden esto y ven a sus compañeros menos aptos en lo técnico ascender y se burlan de ellos, pero esos tipos saben tomar el teléfono y solucionar cosas que el ingeniero promedio detesta considerar como parte de su trabajo.

Para ir ascendiendo en el juego corporativo, debes aprender a vestirte, a hablar, a negociar, a conectar, a mandar las señales de que sabes las reglas de los niveles superiores.

Todo esto expliqué a los jóvenes que se quedaron a mi conferencia.

Tal vez sí era un poco de dolor emocional el que desahogué en contra de los chicos que se fueron, pero honestamente así es como veo las cosas.

Hoy están en un evento multidisciplinario con expertos en marketing, ventas, negocios y demás y se refugian psicológicamente en meterse a las pláticas que lidian con las mismas cosas que ven a diario en sus salones. No. Hay que explotar la curiosidad. Hay que meternos a cosas que nos dan más oportunidades.

La diferencia entre las buenas universidades públicas y las buenas universidades privadas en México no es otra que la mentalidad con la que te desarrollas ahí. Un amigo político encumbrado me comentó que platicó con otros sobre su hijo que estaba a punto de entrar a la universidad. Le dijeron que si quería que fuera un excelente ingeniero, debía entrar a la UNAM, que ahí estaba garantizada la calidad de su enseñanza. Pero que si quería ponerlo al frente del negocio familiar, necesitaba enviarlo a [inserta nombre de una institución con precios altos].

Te aviso que así piensan todas las personas de dinero que conozco. Esto fue un shock hace años cuando me topé con esta mentalidad por primera vez.

Y nos podemos ofender o podemos entender.

Sí, muchos no pueden acceder a educación privada, como fue mi caso. Pero todos podemos leer y ser curiosos en los eventos a los que asistimos. Mucho de lo que sé hacer hoy comenzó porque tomé la Harvard Business Review y tomé notas de los términos y tendencias que explicaban. Luego fui viendo estas cosas en el mundo corporativo. Y más adelante mis nuevos amigos en negocios confirmaron que así era como se hablaba y actuaba en sus niveles.

No te salgas de la conferencia rara.

No te obsesiones con la ingeniería.

Obsesiónate con ser un profesional integral.

Haz ejercicio. Deja de hablar como todos los demás con tonterías de “no tengo tiempo”.

Sé curioso.

Lee.

Aprende inglés como los dioses.

Ve a eventos.

Y juega bien el juego.

Ecuanimidad. Enfoque.

Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

F*CK IT, LO HAGO PORQUE TENGO DINERO

Yo no entendía el juego del lujo. Viniendo de una franja social en la que conseguir cada peso era una batalla, ya te imaginarás lo que pensaba sobre “despilfarrar” dinero en cosas que tienen sustitutos baratos. Este tipo de mentalidad me tuvo atrapado en el famoso “nosotros versus ellos” donde “los ricos son tontos” porque “hacen tonterías” como comprar computadoras que valen tres o cinco veces más que otros modelos que funcionan igual de bien.

Mi vida cambió cuando dejé de pelear contra ese nivel y comencé a estudiarlo.

Toma nota. Este es el juego del lujo.


El llamado

Para explicarte el punto inicial del lujo hoy, voy a comenzar diciéndote que Steve decidió abrir Apple Stores en 2001. Los expertos primero bostezaron para después condenar inmediatamente la idea. Eso de la venta directa en centros comerciales —dijeron— era algo del pasado, como si Jobs fuera estúpido y no hubiese entendido desde el día 1 el poder de la internet. En fin, nunca hagas caso a “expertos” que no han construido nada. Son meros críticos teóricos que lucen inteligentes empujando el pesimismo como defensa emocional.

Velo así: el vendedor callejero más humilde carga en este instante un smartphone con poder de cómputo que cualquier nave que enviamos al espacio en los sesentas envidiaría. Por un lado, la masificación de esta tecnología es genial, claro, pero por otro, esto genera un problema para ese peculiar nivel socioeconómico que siempre desea distinguirse de la clase pobre y media. Ese grupo se ha quedado sin espacio de maniobra, sus miembros no tienen hacia dónde moverse para destacar en términos digitales. 

Sí, por supuesto, el iPhone de más alta gama demuestra tu poder adquisitivo, pero la realidad es que ya nadie babea al verlo. Toda su sofisticación en características y diseño en realidad no lo separa mucho de lo que utiliza un obrero promedio hoy en día para entretenerse en sus redes sociales.

Hay gente que tiene adicción a enviar al mundo señales de su status financiero todo el tiempo.

Hay gente que necesita demostrar a los demás de muchas maneras que el dinero no es un problema para ellos.

Hay gente que solo obtiene seguridad emocional gastando cantidades exorbitantes en soluciones que podrían conseguir más económicas.

Si esto te ofende o te resulta difícil de concebir, todavía no entiendes mucho de psicología básica. Mi resumen gratuito para ti es que todos somos un manojo andante de complejos y complejidades que se reflejan transparentemente —si lo sabemos decodificar— en lo que comemos, pensamos, construimos, abrazamos, compramos y decimos.

Hay muchas marcas que entienden esto perfectamente. Y la forma más apropiada que han desarrollado para conectar en conversación con su clientela perfecta no es otra más que el precio. Sí, ese precio que te parece exorbitante, esa etiqueta costosa que te resulta ridícula, ese lugar al que ni entras porque asesinaría tu línea de crédito. Tales reacciones son el efecto del posicionamiento preciso y afinado que muchas compañías han construido para que las ignores si no eres parte del sector y mentalidad socioeconómica en lo alto de la pirámide que les interesa seducir. Si no eres parte del club, quieren que lo sepas.

La mayoría de ellas están en esos centros comerciales exclusivos. Y aquí va el segundo punto del lujo que quiero compartir contigo hoy.

Pero primero anota bien esto: tus precios son un llamado. 

Hazlo claro. 


Lo premium

El otro día mi esposa me decía que —en su predicción— las tiendas de ropa iban a desaparecer en los próximos diez años por culpa de la variedad, precio y comodidad de comprar en línea. Esto dicho por una compradora tradicional que hasta hace un par de meses insistía que era mejor probarse las faldas y blusas en un vestidor en lugar de adquirirlas con un par de clics.

Estoy de acuerdo en que esta tendencia va a aumentar conforme la población avance generacionalmente. Los adolescentes de hoy serán los adultos de mañana y el entrenamiento que han tenido es totalmente digital. A pesar de los ataques del comercio electrónico, creo que las tiendas de ropa y los centros comerciales seguirán presentes. La estrategia para que algunos pocos sobrevivan será hacerlos todavía más exclusivos. Recuerda lo que ya te dije líneas arriba: mucha gente necesita enviar señales sobre su insensibilidad a los precios y demostrar su dominio del tiempo. Cuando en el futuro decidas perder medio día en el shopping mall para comprar ropa con precios dos o tres veces más costosos de lo que hay en el ciberespacio, bueno, lo que estás estableciendo es una especie de declaración estilo “fuck it, puedo hacer esto porque tengo dinero y tú no”.

Sé que suena agresivo, pero es lo que muchos hacemos en otros términos. Todos somos insensibles a los precios en algún aspecto. Acudir al estadio de fútbol y pagar comida y bebida a precios elevados solo “por vivir la experiencia” es un buen ejemplo. ¿Qué necesidad tienes de ir a ese partido de forma presencial si lo puedes ver cómodamente en casa sin sudar ni gastar tanto? En mi caso, soy insensible al precio de los libros. Si el título de alguno me fascina y ya lo estoy sosteniendo en mis manos, lo compro en ese instante en la librería en que me encuentre, aunque sé que lo puedo recibir más barata y cómodamente en casa gracias a Prime.

Entiende que todos tenemos estas insensibilidades en los rincones privados de nuestras preferencias .

Por favor, registra esto claramente en tu visión del mundo moderno: hoy lo digital es común, accesible, barato. Lo presencial, lo físico, esto es lo que se ha vuelto premium. 

Ten una vida premium. Participa y organiza la mayor cantidad posible de eventos y experiencias en el mundo real, porque aunque es más costoso viajar para tener una reunión dentro un hotel con colegas, los resultados que se obtienen de las interacciones random y la lectura en tiempo real de los gestos y ademanes de los asistentes te regalan acceso a dimensiones poderosas que Zoom tardará todavía mucho tiempo en poder arañar.

Y no, aunque compres un Oculus tienes que considerar que el poder de la realidad aumentada todavía no está donde nos gustaría. Si no sabías, utilizar una webcam en los noventas era un asco. Tomó décadas para que fuera lo natural que nos resulta en este momento transmitir nuestro rostro en buena definición con conexiones estables inalámbricas desde casi cualquier lugar del mundo. Hoy falta cubrir la misma distancia técnica y social para aprovechar y disfrutar genuinamente los ambientes de colaboración virtuales.

De nuevo, para que lo tengamos bien grabado: lo digital es común y lo físico se ha convertido en lo premium.

Entre más actividades con personas diferentes puedas empujar a que sean físicas en tu día a día, más estarás entrenando el músculo que te separa de los que optan por acostumbrarse a lo fácil y barato de querer resolver todo con una conexión a internet. Clases. Eventos. Reuniones. Fiestas. Conversaciones. Invierte en gravitar con todo tu cuerpo hacia ellas. Los niveles socioeconómicos altos estarán ahí. Y si todavía no conquistas ese status, el hecho de rodearte de quienes ya están ahí, te dará la mentalidad y ejecución que te conviene. 


La uniformización

El lujo a veces nos da mucho menos de lo que estamos comprando. Este es el gran riesgo.

A veces nos da mucho más también.

Esta no es una invitación a que gastes por gastar. Tampoco estoy diciendo que como regla general todos los servicios y productos de precio más alto sean los mejores.

Mi punto es que los precios y lo premium te dan acceso a cierta uniformización. Cuando rechazas jugar este juego, te uniformizas con cierto grupo. Y cuando lo juegas bien, te uniformizas con otro. Si te fascina el lugar emocional y financiero en donde te encuentras ahora, sigue defendiendo tus pensamientos. Te sirven. Si no, bueno, ya sabes, sigue leyéndome.

Hace unos días, escuché que alguien iba a hacer un viaje en autobús desde la Ciudad A hasta la lejana Ciudad B. Sugerí que lo hiciera en avión. Mucha gente sigue operando con la idea de que el transporte terrestre es automáticamente más barato que volar. No siempre. El ahorro en horas y por lo tanto la mayor comodidad al no estar sentado tanto tiempo hacen que pagar una pequeña diferencia a una aerolínea valga mucho la pena.

Pero así nos pasa a todos, que nos solemos quedar atorados con peleas de nuestro pasado. Esto es dejar que la historia antigua de nuestra vida siga dictando nuestro estilo de ejecución hoy. Crecí en el nivel donde la gente ve el inglés, el aire acondicionado y los aeropuertos como puntos aspiracionales y no como aspectos básicos de sus vidas. Sé que es difícil salir de ahí. Ciertamente para mí lo ha sido. Lo que también sé, es que no podemos alejarnos de esa mentalidad cuando insistimos en defender lo que creemos que es un lujo y no un estándar mínimo que deberíamos exigir al universo.

Hijo de mi vida: al universo se le exige con nuestra mentalidad y ejecución diaria, no con mantras en redes sociales o con dramas en el café.

La forma en que abordo esto del “lujo” es determinar si mi inversión valdrá la pena. Uso un marco de referencia muy claro: si voy a pagar mucho más, quiero que esa herramienta o situación me coloquen genuinamente en posición de ventaja natural en tiempo y dinero a largo plazo. Una membresía en una sala VIP donde puedo interactuar con gente que lleva años construyendo empresas fuertes es eso para mí. Unos sneakers de mil dólares, no.

Si vas a San Francisco a hablar con emprendedores e inversionistas, tu uniforme no está completo si no operas con una Mac. Nadie te lo va a decir , pero metes ruido a la conversación con cualquier otra marca. Sé que esto eriza los vellos de muchos. Cuando hago estos comentarios recibo mensajes de nerds que me aclaran que tal otro modelo es más barato y mucho más poderoso que Apple y etcétera, etcétera. Claro. Yo no estoy peleando la parte técnica. Lo que veo con tristeza en estas reacciones es que no entienden el punto: lo que tal vez tú veas como un despilfarro —un lujo innecesario— es algo que la comunidad en la que te conviene insertarte da por sentado como parte del firmamento. Pelear contra esas cosas solo hace más lento tu ingreso y aceptación.

Te digo todo esto porque te quiero, querida lectora. Piénsalo también así: si vas a asistir a una boda, cuidas bien tu cabello, vestimenta y demás elementos de tu presentación. Bien. Si quieres ser una gran profesional o una gran mujer de negocios, ¿por qué no cuidas a diario todos los detalles que te hacen parte natural de ese mundo?

Deja de llamarlo lujo. 

Considéralo estrategia.

Enfoque. Ecuanimidad. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

SOBRE EL MIEDO

Sé valiente en lo que importa.

Hay diversos tipos de valentía. Está la valentía que sólo nos sirve para lucir bien, para alimentar nuestro ego. No sé, piensa en aquella que te hace subir a la atracción más peligrosa del parque de diversiones y que nos deja a varios cobardes afuera solamente tomando videos de la experiencia. Esta valentía nos regala diversión y sensaciones placenteras de admiración, sí, pero no nos sirve de mucho para objetivos a largo plazo.
Tú no quieres que tus amigos reconozcan este tipo de valentía en ti, porque en el momento en que decides favorecer estos aplausos, te vuelves adicto a esta validación y no desarrollas el tipo de valentía que sí importa.

¿Sabes cómo vas a distinguir el tipo de valentía que sí importa? Será aburrida, será desgastante, será silenciosa. Las masas no andan por la vida felicitando a un empresario por su logro más reciente al cerrar un monstruoso trato, pero créeme, hacer que todas las partes del proceso funcionen, arriesgar tu reputación para convencer a socios e inversionistas, confiar en tus cálculos y conseguir al final un buen resultado, bueno, al ser cosas detrás de bambalinas no les damos el mismo aplauso que cuando vemos a alguien dominar sin problemas las vueltas de una montaña rusa. Pero deberíamos, si es que queremos subir de nivel.

Tú no quieres ser valiente en lo irrelevante. Ten en mente esto todo el tiempo.


El miedo no se elimina, se administra.

Más de una vez me han preguntado cómo demonios dejé de tener miedo para hacer cosas.

Cada vez que escucho esto, sonrío. «Si supieran…», digo para mis adentros.

La verdad es que tengo miedo todo el tiempo.

La verdad es que me siento ridículo todo el tiempo.

La diferencia —y esta la explicación que más me gusta compartir— es que ante el miedo, me he entrenado a cargar mi cuerpo y alma hacia ese punto que me asusta. Tú y yo y todo el planeta tenemos siempre el mismo par de opciones ante el miedo: huir de él o aventarnos hacia él.

Yo me aviento hacia el miedo siempre y cuando en mis cálculos, el potencial resultado positivo valga la pena en el largo plazo. No vale la pena desgastarnos física y emocionalmente para conseguir victorias pírricas.


Lo que temes define tus prioridades.

No sé cómo desarrollar bien este punto sin sonar mal, pero aquí va: casi todo lo que nos da miedo ha sido dictado por el pedazo de sociedad del que nos hemos rodeado, y a menos que estemos dentro de un nivel bastante privilegiado, casi todo lo que nos da miedo son en realidad cosas irrelevantes.

He visto gente con temor a lo que sus vecinos y familiares van a decir porque no pudieron pagar una fastuosa celebración de quince años para su nena.

He visto gente con temor a decirle a quien les renta una casa que están retrasados en el pago unos días.

Da permiso únicamente a que cosas grandes, loables, importantes, sean las que te quiten el sueño.

Sé que luce terrible minimizar los temores de otros. Podemos justificar que son válidos y que no hay que juzgar y etcétera. Creo que eso nos hace complacientes. Y sí, entiendo la parte de empatía —después de todo, vengo de ese nivel. En palabras más amables y con mi experiencia a cuestas, quiero decirte que no pude abandonar el nivel de pobreza y limitación que me abrazó durante varias décadas hasta que mis miedos se transformaron en los mismos del nivel superior que me interesaba conquistar.


Sé especial sintiendo temor y ejecutando incluso así.

Todos tenemos miedo.

Y como te decía líneas arriba, la diferencia está en que unos deciden ejecutar a pesar del miedo y otros deciden congelarse. El miedo no lo vamos a hacer desaparecer nunca, o al menos no inmediatamente.

No le digas a nadie, pero tengo miedo en todas las actividades en que estoy involucrado a diario en masterbook.press, nivelPAD y VERSE Technology. Casi todos los días tengo momentos donde dudo qué demonios estoy haciendo. Pero cuando me descubro en ese estado, me presiono el botón de «Play» y sigo haciendo lo que tengo que hacer. Esto es lo único —la ejecución— que he notado que ayuda a bajar el volumen de esa vocecita que me dice que soy un fraude, que no voy a poder, que no tengo experiencia, que me falta esto, que me falta aquello, que esto otro puede salir mal y etcétera.

Una de las cosas que más felicidad me dan en la vida es ver a lectores que toman algunas de mis notas y con ellas se impulsan para ejecutar. De repente me los encuentro en la vida real y/o en internet y ya están ejecutando cosas en las que ni siquiera se veían involucrados ellos mismos pocos meses atrás. Lanzan blogs, podcasts, cursos, dan conferencias, comienzan a organizar sus eventos, crean su comunidad, venden coaching, etcétera. Y nunca hablo de esto directamente con ellos, pero sé que al igual que yo, tienen miedo a diario y que simplemente decidieron cambiar su comportamiento ante este sentimiento negativo que a todos nos invade.

No pasa nada. Sufrimos más en la imaginación que en la realidad, como dice Séneca.

Al final, «miedo» es sólo una palabra. Cambia la palabra si no te sirve, si no te gusta. Piensa en el miedo como la señal más clara de que hay incertidumbre frente a ti, que los elementos de los pasos siguientes son desconocidos. Eso es todo.

El miedo es la cortina que cubre la incertidumbre.

Y la incertidumbre cubre las oportunidades.

Ahora ya sabes qué tienes que hacer.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

ESE ESCUDO PROTECTOR LLAMADO MOAT

“Moat” es un término popular en inglés de negocios. Se trata de la ventaja competitiva que una empresa puede conseguir para mantener protegidas sus ventas durante largo tiempo.

La mayoría de la gente piensa que la innovación tecnológica es el moat número uno, pero esto es más romántico que pragmático. Si hay algo fácil de copiar en este mundo esto es el código y los chips. Lo que te da un fuerte moat es la construcción de sencillas barreras escalables en el momento adecuado.

Shopee

Shopee es una startup china de e-commerce. ¿Sabes qué está haciendo en estos instantes para construir su moat y fastidiar a su competencia encarnada en Mercado Libre en estas latitudes? Está dando sus envíos gratis. Esto significa que Shopee está absorbiendo el costo de la entrega, lo cual puede parecer una locura pero en realidad —haciendo números— es más barato que el CAC tradicional, una métrica para medir el costo de adquirir clientes. La manera en que administrativamente se miden los dólares usados para tener nuevos clientes es a través de los descuentos, campañas y promociones que se activan. Lo que Shopee está haciendo es cambiar el manual y atacar directamente uno de los puntos de dolor más notables en la experiencia de compra en línea. Si has usado los servicios de Airbnb en algún instante de tu vida, sabrás que la cuota de limpieza es de los asuntos más odiosos a considerar en tu reservación. Bien. Pagar por un servicio de mensajería que te lleva a casa el producto que acabas de comprar está en este mismo nivel de fastidio para los clientes. Si logras eliminar esto, los deleitas y los haces adictos a tu plataforma. Esto es lo que está ocurriendo. Cubrir el costo de envío no es una estrategia eternamente sostenible, pero es un moat inicial fantástico para ampliar de manera exponencial tu base de usuarios. Lo que Shopee está haciendo es ejecutar de manera perfecta el crecimiento de una startup y no tonterías.

Oxxo

Oxxo es una cadena mexicana de tiendas de conveniencia que se ha vuelto un ícono de nuestro país. El moat de Oxxo es muy simple: la mayor cantidad de puntos de venta en todo el país. Si no compras en esta sucursal, compras en la que está en la siguiente calle y si no, en la que está a la vuelta de la esquina. Es imposible no toparte con un Oxxo en cualquier tipo de trayecto que hagas en transporte público o en tu auto en un día cualquiera. Cuando tu presencia es apabullante, la competencia no puede hacer mucho. Oxxo no es económico. Tampoco es algo de nicho que atienda a un sector específico. Oxxo es simplemente parte del firmamento. Hace años me invitaron a platicar en sus oficinas generales sobre innovación y ahí me comentaron que tenían un ritmo de inauguración de tres tiendas al día. Tres. Tiendas. Diarias. Supera eso.

Coca-Cola

El moat de Coca-Cola no es en realidad su sabor, que puede ser lo más delicioso del mundo si tal es tu preferencia. Lo que Coca-Cola construyó eficientemente es una distribución excelsa. Hay Coca-Cola en el desierto, en la montaña, en la playa, en la urbe, en la fiesta, en la reunión, en el partido, en todos lados. Siempre. Esto de la distribución es uno de los puntos más ciegos de los emprendedores novatos, que creen que la calidad de su servicio o producto lo es todo cuando en realidad vemos una y otra vez que ideas con menos características y méritos conquistan el universo simplemente porque dominan esto de ubicarse en todos lados a través de los canales correctos. Coca-Cola y Bimbo son dos marcas que han crecido como la espuma por el inteligente énfasis que han tenido en esto de la distribución desde el día uno. Seguramente hay soda y pan de mejor sabor en el mundo, pero esos empresarios no han aprendido cómo ponerlos fácilmente en tu manos, así que ni los conoces.

Apple

El moat de Apple es probablemente uno de los más reverenciados en la historia moderna de los negocios: tener control de todo el sistema, desde el software hasta el hardware pasando por las aplicaciones es algo que suena simple pero no ha habido otra organización capaz de replicar esto. Es muy raro dominar bien varios sombreros en los negocios de tecnología. O eres muy bueno en software pero no tienes idea de cómo hacer hardware bien —hola, Google— o al revés, tu hardware es genial pero tu software no —hola, China. Apple logró ser genial con ambos mundos y eso le dio una defensa increíble que hoy tiene a la compañía en el lugar privilegiado en donde está.

SpaceX

El moat de SpaceX son la cantidad de accidentes y crisis que la empresa ha sobrevivido a lo largo de veinte años. Las compañías son como las personas: hay unas que se quiebran emocionalmente antes que otras. El temple del fundador, del líder, lo es todo para mantener la moral enfocada en los objetivos de largo plazo. El tamaño de lo que te espanta es el tamaño de tu ambición. Elon Musk se mantuvo ecuánime y entusiasta ante [a] más de media docena de costosos cohetes que construyó y que le explotaron literalmente en la cara y [b] la amenaza de yacer en el borde de un inminente colapso financiero multimillonario de todas sus inversiones. Ser una bestia inamovible en lo psicológico es uno de los moats menos comentados pero más profundos que puedes desarrollar.

Con respecto a esto del moat, you need deep pockets for this shit.

En resumen, piensa en el moat como una especie de escudo protector de esos esféricos e invisibles que en las caricaturas los superhéroes usan para protegerse de los ataques.

Para tener moat, necesitas recursos amplios. En su versión más pura y simple, podemos llegar a dos elementos fundamentales que crean moat genial: dinero y tiempo, probablemente en ese orden.

Warren Buffett acuñó el término «moat» para negocios. Imagina un castillo que se protege de esta manera.

Sin dinero, Shopee no podría absorber el costo de los envíos de todos sus clientes. El error es pensar que Shopee está generando ganancias en estos momentos. No es así. Esta startup está enfocada en crear su moat y crecimiento al mismo tiempo.

Sin dinero, Oxxo no podría estar construyendo la tremenda cantidad de tiendas que abre a diario en Latinoamérica. El error es creer que con las ganancias de una sucursal abren otra. Su crecimiento está basado en inversiones institucionales fuertísimas que entienden el juego de conquistar primero la geografía y algún día las ganancias.

Sin dinero, Coca-Cola no podría haber desarrollado una de las primeras redes globales efectivas de distribución y logística. El error es pensar de manera simplona creyendo que por su sabor el mundo se enamoró y así de fácil y rápido se expandió por todo el planeta. El equivalente de lo que hizo esta compañía fue que primero construyó la carretera (hizo la gran inversión) y luego comenzó a cobrar el peaje (generar ventas).

Sin dinero, Apple no podría haber pasado años en modo R&D (investigación y desarrollo). El error del emprendedor novato es creer que todo el camino de la empresa debe estar claro desde el principio. Apple inició como una compañía de hardware que tuvo que volverse muy buena en software para cumplir con su visión. Pero esto requiere tener encerrado mucho tiempo a tus ingenieros y demás creativos “tonteando” con ideas hasta que alguna funciona y mejora la conversación con el mercado. El dinero para pasar tiempo en este modo exploración viene de inversionistas visionarios.

Sin dinero, SpaceX no podría haber soportado los descalabros tremendos que experimentó en los primeros años en todos los sentidos: perdía contratos, explotaban sus vehículos, se retrasaban en sus lanzamientos, etcétera. Se requiere un músculo financiero firme detrás de ti que entienda el potencial favorable al que se puede llegar si las cosas funcionan y que acepte la gran posibilidad de que esto tal vez no vaya a ocurrir así.

Esto del moat no es algo exclusivo de las empresas. Aquí te doy estos ejemplos porque en mi experiencia, son muy pocas las personas que entienden bien el mundo de los negocios. Lo que casi todos hacen es simplificar de una manera letal este mundo. Creen que todo funciona con una inversión inicial, hacer marketing, tener ventas, reinvertir ganancias y así crecer la empresa. Ninguna empresa que admires funciona así: todas tienen capital institucional visionario y firme detrás de ellos para generar moat y llegar al punto donde son admirables. Entiende el juego.

A nivel personal también podemos desarrollar moat. Y te voy a platicar cómo lo he hecho yo.

De vez en cuando recibo algunos e-mails de amables lectores que me comentan que encontraron uno de mis artículos publicado en el blog o en las redes sociales de alguien más que decidió abusivamente presentarse como autor de mi texto. Hace años, cuando comencé a escribir públicamente, esto me irritaba. Es naturaleza humana enojarnos cuando alguien se apropia de nuestras creaciones. Luego comencé a ignorar el asunto y tal es el estado en que me encuentro hoy. La gente puede copiar una pieza de lo que hago, pero no pueden sostener ni en su producción personal ni en su conversación el estilo que he taladrado en mi audiencia a través de más de una década de intenso trabajo constante. Copiar una canción de Shakira no te da el aire de Shakira, ¿verdad?

A lo que voy con esto, es que ejecutar ideas, escribir libros, tener un ecosistema de temas constantes, presentarme en conferencias y hacer eventos, todo esto en conjunto me ha generado un moat que es difícil de penetrar. No soy multimillonario. Apenas he alcanzado un cierto grado de micro-fama, pero mi ventaja es que este nicho, este pequeño espacio, es altamente defendible. Nadie confunde mis artículos, ni mi estilo, ni mis explicaciones con las de alguien más. Esto es poderoso y también algo que todos podemos hacer. Construye en diversas áreas en las que tienes habilidades a favor y mantente en ellas hasta que nuestra firma sea tan obvia que no tengamos que incluirla.

Para generar este tipo de moat hay que pagar un precio, aquel que involucra destacar.

Destacar suena bonito. Muchas personas dicen que les interesa esto cuando en realidad tienen pavor a la idea. Destacar es exponernos, ser vulnerables, crear nuestro camino. Y eso significa por definición ir en contra de lo que es normal, lo que es estándar. Y cuando nos comportamos diferentes, obtenemos automáticamente críticas y alejamiento de quienes no desean considerar otras alternativas a lo establecido, que es básicamente la mayoría de gente.

Así que para saber si estás construyendo tu moat, puedes medir qué tan promedio es tu mentalidad y ejecución, cuántas críticas estás recibiendo a tu manera de ejecutar en el mundo, qué tan fácil conecta la masa contigo en todos los aspectos.

Si sufres por lo mismo que todos, no estás construyendo moat.

Si te entusiasma lo mismo que a todos, no estás construyendo moat.

Si consumes lo mismo que todos, no estás construyendo moat.

Si usas tu dinero igual que todos, no estás construyendo moat.

Si reaccionas igual que todos, no estás construyendo moat.

Absolutamente todas las empresas que te mostré en estos ejemplos pasaron por la etapa de duras críticas antes de ser reverenciadas como hoy lo son. Piensa lo fácil que es criticar una app más de e-commerce, otra tiendita de abarrotes, una empresa de bebidas, una compañía de computadoras, otra que quiere conquistar el espacio y así. No tienen sentido en el inicio por una gran cantidad de razones: ya hay mucho de eso, todo el mundo lo hace, no hay espacio para innovar, es muy costoso crearlo, el mercado no está listo para ello, etcétera.

Tener moat no garantiza automáticamente que todo va a salir bien. La historia está llena de empresas y personas con gran moat en su momento y que hoy nadie recuerda. Lo que sí te puedo decir es que no tener moat sí garantiza ataques exitosos en tu contra. Esto es porque haces fácil que los demás asalten tu territorio. No construyes moat cuando te pones a merced de otros. Un ejemplo es el emprendedor que basa sus ingresos en la buena voluntad del marketplace de Amazon o en la precisión del algoritmo de anuncios de Facebook y un buen día pierde todo porque Jeff o Mark deciden hacer cambios sin consultar a nadie.

Hay quienes piensan que ser el primero en un área es un moat. Raramente es el caso. Piensa en todas las redes sociales de computadora que existen desde los setentas —sí, los setentas— y cuán pocas son las ganadoras hoy. Ninguna de ellas es fundadora de este campo. Esto se llama en inglés “first mover advantage”, algo así como “la ventaja del que hace el primer movimiento”, pero no te lo recomiendo. Es muy costoso y muy lento.

Tú enfócate en construir desde hoy el moat de tu empresa y el de tu persona con sencillas barreras escalables basadas en velocidad y recursos.

Ten este escudo protector esférico e invisible de los superhéroes a tu disposición siempre.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

GOGGLES EMPRESARIALES

“Everybody loves Aaron”, sentenció un compañero de la oficina un día. Recuerdo bien esa frase porque me hizo sentir orgulloso en su momento. Sentí que era algo positivo ser querido por todos en mi lugar de trabajo. Era bromista, coqueto y, en general, bastante agradable en cada una de mis horas laborales. Esto duró tal vez los primeros dos o tres años que estuve ahí.

Todo cambió cuando comencé a comportarme en el modo que hoy llamo alto desempeño. Envié propuestas, ejecuté con eficiencia y estudié el juego corporativo para escalar sus diferentes niveles. Esto trajo como consecuencia una alteración a mi personalidad que no fue del agrado de muchos.

En todo lugar de trabajo siempre existe el “us versus them”, una tonta cultura donde los niveles de abajo pelean filosófica y prácticamente contra los jefes y directivos. En este mundo de “nosotros contra ellos”, los empleados en posiciones no privilegiadas creen de corazón que los supervisores son ignorantes y que los dueños de la empresa no entienden nada. Ubico perfectamente en mi memoria esta actitud enraizada en mí y mis colegas de aquella época. Si teníamos un espacio para relajarnos, lo ocupábamos para burlarnos de quienes estaban arriba del organigrama en lugar de estudiar sus técnicas y habilidades para subir peldaños en la estructura de la compañía.

Muchos a los que he platicado este relato en directo concluyen erróneamente que mi consejo es hacer que sus compañeros los detesten porque tal es la señal de que están haciendo las cosas bien y etiquetan automáticamente a los chistosos de la oficina como personas de bajo desempeño. Tú no seas simplista. Lo que realmente quiero proponerte es que analices y repliques el comportamiento que sí te conviene copiar descaradamente.
¿A dónde te va a llevar ser el consentido de tus colegas que llevan años en la misma posición? Casi seguramente a eso, a mantenerte ahí exactamente. Esto es porque al interactuar tan de cerca con ellos y no retar ni sus modos ni sus pensamientos, lo que haces es internalizarlos primero y replicarlos después. Todo esto sin darte cuenta, justo como el acento y expresiones de la gente que nos rodea se vuelve parte natural de nuestro modo de hablar.

¿A dónde te va a llevar el estudiar a quienes están tres, siete, veintiún veces tu salario arriba de ti en la escalera organizacional? Atención: no estoy diciendo que los tienes que admirar. Estoy invitándote a que los analices. Tener una buena posición en la compañía no hace a nadie una buena persona de forma predeterminada. Sin embargo, ese ejecutivo allá en lo alto tiene muchas cualidades y rutinas que seguramente te pueden servir para tus propósitos de desarrollo personal. Es decir, quiere a tus compañeros de la oficina que están en tu misma escala pero no pongas mucha atención a casi nada de lo que te muestran o comentan. Integra mejor a tu vida la mayor cantidad de notas de aquellos que han aprendido a subir de nivel una y otra vez.

¿Qué ocurrió cuando comencé a hacer esto?

Mis “amigos” de la oficina dejaron de invitarme a reuniones. Ya no interactuaban amigablemente conmigo en los pasillos. Había silencio en la mesa cuando me sentaba con ellos a la hora del lunch. Tal es la manera en que un grupo te avisa que ya no eres parte de él. Al mismo tiempo, los directivos comenzaron a compartir más tiempo conmigo. Cultivaron en mí lo necesario para posicionarme en espacios de liderazgo. Subí a esa etapa y la claridad llegó a mí. Fue como pasar de bucear tratando de distinguir solo con tus ojos un arrecife a ponerte un visor y entonces sí poder apreciar los detalles. Cuando no estás al frente de personas en una corporación, andas así, sin goggles empresariales. No entiendes el juego pero crees que sí. Cuando pasas a etapas de alta responsabilidad, te das cuenta lo limitante que eran los pensamientos y ejecución que defendías allá abajo.

Atacar, burlarnos y sabotear las indicaciones de gerentes, supervisores, jefes y dueños de las compañías es el refugio emocional más fácil en el cual nos hospedamos cuando somos empleados de bajo desempeño. Todos comenzamos nuestro camino desde aquí. Es normal. Algunos aprenden pronto las reglas que importan para avanzar y se alejan de la masa. Otros tardamos años en abandonar emocionalmente aquello que nos hemos entrenado en ver como lo correcto para por fin asimilar las acciones y mentalidad que efectivamente nos van a impulsar.

Algunos lectores le dan un giro a este tipo de textos y deciden indignarse porque —según ellos— todo lo que hago es defender a los de arriba y criticar a los empleados. Muchos me listan los derechos de los colaboradores y hablan de temas como salario emocional, salud mental y etcétera. Claro, yo no estoy en contra de nada de esto, pero este tipo de discusiones sobre lo perversas que son las compañías y que los empleados siempre son las víctimas me recuerda a esa reflexión donde si te levantas por la mañana y te topas con un pendejo y al llegar la noche fue el único que encontraste, bien, el tipo ese era un pendejo, pero que si todo el día en todos lados lidiaste con puros pendejos, entonces la conclusión lógica es que el pendejo eres tú.

Si todas las empresas en las que has estado y todos los jefes que has tenido no han valido la pena, ¿quién está realmente haciendo las cosas mal? La victimización no pondrá más recursos en tu vida. La autorrealización de que hay muchas cosas que tienes que mejorar en tu personalidad, en tus decisiones, en tu vida, te va a dar herramientas fantásticas para moverte en términos profesional a una velocidad que te va a sorprender gratamente.

Este paso de la muerte de simple colaborador a jefe no es para cualquiera, pero creo que sí es para muchos que no han encontrado la manera de articularlo. Si estás molesto con tu nivel socioeconómico, insatisfecho con tu salario, frustrado porque no recibes más responsabilidad, probablemente este artículo tiene muchos elementos que debes considerar. Lo más seguro es que llevas tiempo saboteando tú mismo tus esfuerzos sin darte cuenta, justo como me pasó a mí. Tal vez crees que únicamente por tu inteligencia académica, por tu entrega en tiempo de reportes, por tu llegada puntual diaria y por tu uniforme limpio y planchado deberían ascenderte, cuando no te das cuenta que cosas como la manera en que te expresas y esa fijación en respetar estrictamente tu horario laboral y ni un minuto más están enviando señales que no te impulsan.

Verás, seguramente conseguiste tu empleo en nivel básico por alguna habilidad técnica. Sabes contabilidad, inglés, ingeniería, medicina, electricidad, algo que te da cierto valor para la empresa. Ahora requieres sumar habilidades gerenciales para subir de nivel. Las agregas y te conviertes en líder dentro de la compañía.

Veo muchos profesionales quejándose siempre de las condiciones de sus lugares de trabajo. Y estoy seguro que tienen razón en la mayoría de los casos. Las tendencias modernas están atacando el pensamiento de la vieja guardia, ya sabes, eso de querer tener un reloj checador, ir a la oficina, presentar títulos universitarios, vestir de cierta manera. Las nuevas generaciones se están rebelando contra todo eso y más. Y está bien. Vivimos en el año 2022, no en 1970. Las cosas deben ser diferentes, mejores.

El problema es que muchos de estos profesionales no calculan el valor de sus batallas y a dónde los lleva potencialmente ganar cada una de las discusiones en que se meten. ¿Quieres muchos likes en tus redes sociales? Escribe una crítica honesta sobre algunas de las políticas internas de tu empleador, sobre su proceso de reclutamiento o sobre lo anacrónico de ciertas costumbres de su cultura organizacional. En tres segundos obtendrás un alud de simpatía y gente compartiendo quejas similares. Está bien. Es válido.

¿Pero y luego?

¿Qué sigue?

Vas a renunciar. Vas a llegar a otro empleo. Absolutamente ninguna entidad es perfecta. Claro que puedes aterrizar en un lugar mejor, pero si ahí no criticas nada, estás cayendo en el otro extremo donde ahora eres un fanboy ciego que no analiza objetivamente.
Mi punto es que no vivas en ninguno de los dos puntos donde todo está mal o todo es perfecto en una empresa. Mi voto va para que desarrolles características espectaculares de liderazgo, autonomía y ecuanimidad en ti. Que si hay cosas malas dentro del lugar donde te encuentras, escojas una o dos sobre las cuales vas a empujar soluciones de forma consistente e inteligente. Esto implica más trabajo, claro. Y aquí viene de nuevo el ciclo negativo del que llevo ya muchos párrafos hablando: ese donde te vas a negar a hacer algo más porque eso no está estipulado en tu contrato laboral, porque los de arriba te explotan, porque la empresa está mal y etcétera, etcétera. ¿Sabes a qué te acostumbra esto? Los activistas pobres van a responder que te acostumbra a exigir tus derechos y los ejecutivos exitosos te van a decir que te hace uno más del montón.

He leído literalmente cientos de libros de negocios de la vieja escuela y de pensamiento moderno. Absolutamente en ninguno he encontrado el caso del empleado que haciendo valer cada uno de sus derechos en la compañía, peleando contra los directivos, haciendo huelgas y demás haya ascendido a director general de la empresa o desde esa plataforma construido un emprendimiento propio exitoso. Ninguno. Ser experto en estos líos suele ser un reflejo de nuestro pleito personal contra la vida que enmascaramos con aires de justicia laboral.

Parafraseando un poco lo que Ray Dalio expresó de forma genial en su libro Principles, te diría que entiendas la diferencia entre querer tener razón o querer avanzar en tu objetivo. Querer tener razón todo el tiempo es droga para nuestro ego. Nos hace sentir bien. Nos da un sentido de justicia que no existe en el mundo real. Nos invita a buscar más de esto. “Esa empresa es mala y hace mal esto y aquello” te regala mucho apoyo y químicos en tu cerebro para la excitación pero no pone más recursos en tu bolsillo y al final sigues sufriendo igual con tus gastos.

Avanzar en nuestro objetivo nos exige ser pragmáticos y enfocarnos en los caminos que nos hacen llegar a la meta en lugar de distraernos con asuntos y victorias que sólo nos dan ciertas alegrías bastante efímeras pero que no contribuyen realmente en nada para que vivamos realmente bien.

Yo critiqué mucho a esa empresa donde trabajé como empleado de bajo desempeño primero y como supervisor de alto desempeño después. Y muchísimos otros que han estado ahí lo han hecho también. Y la empresa sigue ahí, siendo rentable. Y nosotros nos hemos ido, unos con mejor suerte que otros. Mi punto es que si en el trayecto corporativo que compartas con una organización no te llevas herramientas prácticas para el resto de tu vida, estás desperdiciando tu energía y tiempo en simplemente sentirte bien a través del activismo laboral de la queja y crítica que te regalan meras victorias pírricas que únicamente sirven para recibir aplausos de tus compañeros al mismo nivel, de las redes sociales y de tus amigos y familiares.

Crece mucho en lo profesional mientras estás en una corporación. Eso hace que la empresa suba también de nivel. Eso inspira a otros a seguir tus pasos. Eso manda la señal fabulosa a quienes te ven desde fuera y a lo lejos de que eres un tipo a tomar en serio, alguien que entiende el juego, alguien que no busca tener razón a lo tonto ni obtener victorias pírricas sino en conseguir sus objetivos de largo plazo.

Crece. Juega bien el juego.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

RLT: RETORNO DE LIBERTAD Y TRANQUILIDAD

Si alguien graba a escondidas una larga conversación entre tú y tu mejor amigo, ¿te haría sentir orgulloso lo que pudiésemos escuchar?

Cuando no nos gustan nuestras respuestas a este tipo de preguntas íntimas, nuestra reacción suele ir por el lado de la privacidad y que no todo es seriedad en la vida, que a veces uno habla cosas tontas y banales simplemente por el gusto de.

Sí, cierto. Yo me río de simplezas y bromeo sobre cosas que jamás comparto con mi audiencia. Entiendo esto. Sin embargo, al final del día, lo que pienso es que estoy voluntariamente poniendo mi cuerpo, mi alma, mi atención, mi cerebro al servicio de una persona que puede así moldearme a gusto. A estas alturas de la vida ya te habrás dado cuenta que somos fácilmente influenciables por quienes dejamos que nos rodeen. No es casualidad que compartas religión, afiliación política, deportes y visión del mundo con tu círculo más cercano. Esto lo he experimentado en formato negativo y positivo. Uno de los grupos más afines con los que solía reunirme seguido hace mucho tiempo estaba conformado por gente que fumaba y se emborrachaba. Yo llegué virgen a ese mundo e inmediatamente aprendí las técnicas y jerga necesaria para encajar. De repente, más de diez años pasaron en donde yo era uno de los compradores más habituales de cajetillas de cigarros para todos y tenía alcohol a diestra y siniestra en mi departamento siempre listo para la fiesta.

Tal vez uno de los principales atributos de madurar es tomar decisiones duras con respecto al rumbo que lleva nuestra vida.

Tal vez madurar es hacernos preguntas difíciles y esforzarnos en conseguir las respuestas. Y luego ejecutar basados en esas respuestas, nos guste o no.

Yo me pregunté si quería seguir en ese ambiente.

Y me pregunté cómo me gustaría que fueran mis conversaciones casuales con amigos.

Piensa, por ejemplo, en la gente que ahorra al extremo. Esto puede sonar como algo loable, pero deja de lado la métrica del Retorno de Libertad y Tranquilidad —RLT, vamos a abreviarlo tú y yo. Recuerda que en el mundo financiero un retorno significa aquello que regresa a ti con respecto a lo que pusiste en la mesa. Puede ser positivo o negativo. Para pintar una imagen, considera que asistimos cuatro años a la universidad con la esperanza de que el retorno en nuestra vida sea altamente positivo porque en teoría vamos a recibir oportunidades, dinero y satisfacción las siguientes décadas. Bien.

Regresando a los ahorradores, hay muchas maneras de pagar menos impuestos, pero lo que he estudiado de la gente con dinero, es que se enfocan en las que pueden dejar automatizadas. Las que no, bueno, deciden literalmente pagar la imposición. Este comportamiento podría lucir superfluo y tonto para el ahorrador profesional, que sabe que elaborando ciertos documentos, redirigiendo fondos en cierta dirección, estableciendo parámetros especiales en ciertos sistemas, bueno, con eso lograría una mayor deducción. La gente que admiro decide pagar por no hacer eso o contratar a alguien que supervise todas esas molestias a cambio de obtener libertad de movimiento y tranquilidad de mente.

La gente que ahorra por ahorrar al extremo hace filas, vive preocupada y le da prioridad a un recurso que es altamente renovable como los billetes y monedas sin entender que están sacrificando atención y tiempo que podrían usar para conseguir una mejor calidad de vida.

No estoy diciendo que seas ingenuo con las finanzas y que pagues ciegamente por todo. Estoy empujando la idea de tomar decisiones basadas en el RLT que te van a dar.

¿Me ofrecen ahorrar algunos dólares si hago el pago con efectivo pero para eso tengo que hacer una fila? No, gracias. Pago en línea y llego directo al asunto.

¿Ahorro algunos dólares si compro un equipo de cómputo que requiere más mantenimiento emocional que una pareja tóxica? No, gracias. Mejor adquiero algo que luzca impecable y opere genial incluso cinco años después.

Y así, al ir por la vida favoreciendo el RLT, de repente tus “ganancias” de tiempo y libertad te dan espacio para emprender actividades fuertes, creativas, con retornos financieros mejores. Recuerda que absolutamente todo lo que haces a diario es un entrenamiento. Todo. Lo que decides. Cómo te despiertas. Con quién hablas. Qué dejas que te preocupe. Cómo respondes. Cuándo interrumpes. Entrénate en favorecer acciones que generan una especie de interés compuesto invisible pero poderoso en tu existencia.

Soy un terrible jugador de billar, pero me fascina la técnica de pegarle a varias bolas con un solo golpe. Es para mí el epítome visual de la optimización. Y pienso por ejemplo en lo que gente como Lex Fridman, Joe Rogan y Tim Ferriss están haciendo con sus podcasts.

Verás, para empezar, se llaman podcasts porque había que inventar un nombre atractivo para esta mezcla entre formato viejo (gente hablando como en la radio) en un medio nuevo (la internet) con características únicas (tres, cuatro o cinco horas sin interrupciones, sin prisas, de muchos temas al mismo tiempo). Los podcasts —si afinas la mirada— son universidades portátiles que te pueden dar muchas herramientas para la vida y los negocios. ¿Cuántas de las interminables peroratas insulsas de tus profesores en la carrera recuerdas que hayan impactado tu mente y te hayan inmediatamente empujado a la acción? En mi caso, ninguna. Y estoy seguro que para la mayoría como yo que estudiamos en universidades promedio, el caso es el mismo.

Pero lo que quiero hoy enfatizar sobre el trabajo de Lex, Joe y Tim es cómo de forma magistral pegan a varias bolas al mismo tiempo con un solo movimiento. Velo así: si eres alguien curioso, buen conversador, ¿cómo conectas con gente para platicar con entusiasmo con ellos sobre esas áreas de las que no conoces mucho sin lucir como un freak o acosador? Los invitas a tu podcast. Y luego, ahí, si algunos de esos invitados ya son tus amigos, pues cimientas mejor la relación porque están conversando jovialmente y al mismo tiempo estás generando un producto para tu audiencia y al mismo tiempo estás haciendo dinero y al mismo tiempo estás grabando una interacción con tu amigo para la posteridad. Dime si eso no es optimizar.

Pienso en esto porque recuerdo con cariño muchas pláticas con algunos amigos que creo que debí haber grabado. Y me doy cuenta que hay gente como estos tres que ya te conté que así lo están haciendo. Ganan ellos, ganan sus invitados, gana su audiencia, ganan sus patrocinadores. Ganar-ganar-ganar-ganar. Genial.

Ahora, tal vez estés pensando que todo esto suena bien, pero que tú vives en el mundo real y no te puedes poner a hacer podcasts porque eso es para los influencers profesionales y etcétera. Como siempre te digo: acepto que tienes razón. Simplemente te recuerdo que así como cocinas, bailas, andas en bicicleta, conduces un auto, reparas cosas en casa y usas mil apps en tu smartphone, no necesitas permiso de nadie para adquirir esta otra habilidad que te podría dar un RLT fantástico.

Aparte de la analogía del billar, conecto todo esto también con el ajedrez, donde el novato que no sabe en realidad cómo jugar el juego, se enfoca en obtener piezas del enemigo y en no perder su dama. Esto mismo nos ocurre a muchos que no filosofamos bien sobre la vida: buscamos ahorrar y que nadie se enoje con nosotros cuando la partida exige movimientos con estrategia profunda y sacrificios.

No seas un gran jugador de billar que en su vida no optimiza la obtención de varios puntos con un único buen golpe.

No seas un gran jugador de ajedrez que en la vida está obsesionado por no perder piezas y en capturar a la dama del oponente cuando el juego en realidad no se trata de eso.

Este artículo es otro ejemplo de RLT: tengo varias notas desperdigadas sobre lo que voy pensando día a día conforme escucho, leo, pienso y hago cosas. Me siento por la mañana a acomodar algunos de esos pensamientos. De repente, aparece un monstruito como éste. Enseguida lo comparto con miles de personas y tiempo después es referencia en conversaciones en el plano físico con algunos de ustedes. Y así obtengo nuevas conexiones, amigos, clientes y demás gracias a reflexiones que en un universo paralelo podría simplemente vomitar de forma privada en algún café con personas a las que tal vez no les entusiasme tanto abordar conmigo todo esto.

Busco el RLT en casi todo lo que hago.

El problema del RLT es que no es obvio. Decidir algo basado en él luce costoso pero eso es porque lo abordas en términos económicos nada más.

El problema del RLT es que toma tiempo incierto. Generalmente cuando vas al banco y obtienes una tasa de interés y plazo concreto sobre tus dólares, bien, eso te hace sentir seguro. Pero la mayoría de cosas que valen la pena en la vida no funcionan así de claro. Son saltos al vacío.

Pega a las bolas que te convienen con la menor cantidad posible de movimientos.

Mueve tus piezas con estrategia, no con miedos.

Todos estos párrafos son para invitarte a la optimización. Siempre.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

REGRESA ILUMINADO

Ve a eventos no gratuitos fuera de tu ciudad. Esto te hace ganar en grande:

  • Salir de tu geografía te da visión.
  • Escuchar otras personas te da ideas.
  • Conseguir recursos para ir genera músculo.

Cuando queremos que todo ocurra en nuestras coordenadas, nos limitamos a la suerte de lo que el mundo nos pueda ofrecer. Muchos minimizan la importancia de asistir a eventos presenciales. Dicen cosas como «esos temas los puedes ver en YouTube». Sí, pero no. Jamás va a ser lo mismo ver un video de una hora acostado en tu sofá que estar bañado, bien vestido y perfumado en un auditorio al lado de personas con la misma curiosidad que tú para escuchar la presentación de alguien que te va a lanzar en directo su energía desde el escenario.

Cuando viajamos a alguna metrópolis que no conocemos bien para participar en un evento nuestros sentidos se agudizan. Procesamos la información del entorno de forma muy diferente. Registramos los movimientos de la gente de manera fina. Esto es porque estamos en estado de alerta.

La gente es la misma en todo el mundo: tenemos miedos, sueños, necesitamos comer, dormir y así. El hecho de posicionarnos en lugares distantes nos hace aprender aceleradamente: nuestra mente y cuerpo absorben todo con mayor precisión. La tecnología todavía no nos puede dar esto.

Si algo me sigue sorprendiendo en la vida es cuando labios nuevos me repiten ideas viejas. Así las abordo con bríos renovados. Mucho de lo que vas a «aprender» en estos eventos realmente no es nuevo, pero el contexto —al ser muy diferente a tu rutina— hace que el mensaje sea más poderoso.

El precio de un evento es un filtro. Decir que tus finanzas no te permiten pagar un ticket te entrena en seguir en ese nivel social y mental. Empuja tu realidad a lo que te conviene. Ir solamente a eventos gratuitos te rodea de gente que refuerza tu historia de «no se puede».

Ver la Champions League en casa jamás será lo mismo a estar en un estadio de Europa entonando cánticos con otros en tu frecuencia de entusiasmo. Querer aprender ventas, marketing, emprendimiento y demás nada más sentado pasivamente frente a tu monitor es altamente limitante.

Si no tienes el dinero para pagar un autobús o avión, reservar un Airbnb u hotel y comprar tu pase de admisión a un evento que sabes que te puede volar la cabeza, bien, aquí es donde comienza tu aventura, en este reto personal de generar los recursos.

Si solo quieres asistir cuando tengas dinero, cuando tengas permiso, cuando todas las estrellas correctas del universo estén alineadas, te aviso que lamentablemente ese comportamiento lo llevarás a muchas otras áreas importantes en tu vida y no te dejará avanzar.

Nuestras experiencias tenemos que hacerlas avanzar nosotros, no esperar condiciones ideales. Esto de que salgas de tu código postal hacia un evento pagado no es una invitación que te hago por estar aburrido: es porque si la ejecutas, desarrolla en ti varios músculos estratégicos.

Ten el músculo de considerar cualquier parte del mundo como un lugar al que puedes llegar.

Ten el músculo de mezclarte entre gente que no conoces y salir de ahí con conversaciones nuevas.

Ten el músculo de estar solo en lugares exóticos y usar esto como espacio para meditar.

Escoge una ciudad grande. Escoge un tema sobre el que quieras aprender. Ve a Google, Eventbrite y Facebook y escribe el nombre del lugar y la idea que quieres aprender y ve qué te aparece. «Ciudad de México, inteligencia artificial, evento», por ejemplo. Si lo haces en inglés, muchísimo mejor.

Ya tienes fecha y precio. Ahora diseña el plan. Ve a Google Travel y busca hotel, vuelos, elabora el presupuesto. Ejecuta pasos que de entrada te parezcan exóticos o imposibles. Los problemas grandes se resuelven con ataques pequeños, no con una pincelada de solución mágica.

No pidas cosas. Ofrece cosas. «Jefe, voy a salir de viaje en tales fechas. Faltan diez semanas. Me gustaría reponer desde ahora el tiempo de esta manera (muestras calendario). También podría venir en fines de semana, ¿cómo podemos acomodarnos?». Haz difícil al otro lado negarse.

El error que he visto en muchos a lo largo de los años de plantear esta idea es que inmediatamente piensan en las razones prácticas por las cuales no es posible. Y tienen razón. El dinero. El tiempo. Los niños. El trabajo. Claro. Pero absolutamente todo eso es solucionable.

Velo así: muchísima gente viaja y va a eventos todo el tiempo. Que hoy para ti esto sea algo raro significa simplemente que tu nivel así te ha entrenado a ver el asunto, pero no es la realidad. Eres tú, no el mundo, por lo tanto, ya se han inventando muchas soluciones a esas excusas que pones.

Para el dinero, comienza a vender tus ideas o tu tiempo o tus habilidades en línea. Lánzate a hacer marketing de ti sin pena. Da clases extras a niños de primaria. Ayuda a algún profesional con su papeleo. Anuncia esta disposición en tus redes. A diario. Insiste.

Para el tiempo, haz un inventario de lo que podrías dejar de hacer, lo que puedes ejecutar más rápido y consigue así más horas en el día a través de la magia de organizarte como todo un pro.

Los niños. Sí. Esto es complicado. Imagina que los envías a un fantástico campamento de verano fuera de la ciudad por un mes. Con esto quiero ilustrar que sí los puedes soltar. Encuentra familiares y amigos para hacer trueques donde hoy cuiden a tus hijos y a cambio en otra ocasión tú los apoyas igual.

Del trabajo ya te dije cómo. No es pedir permiso, es negociar. Es llegar con variedad de soluciones para que la conversación no sea un «sí o no» sino «escoge opción A, B, C o diseñamos otra tú y yo, pero esto va a pasar».

He hecho esto de ir a eventos de todo tipo durante dos décadas. Es una de las actividades que más ha hecho explotar mi cabeza. Regreso iluminado, luego no tanto por el evento en sí sino por la experiencia de rodearme de personas que están ejecutando a niveles que admiro.

Mi confianza personal y profesional crece entre más me mezclo con otros pros. Aprendo de comida, bebidas, lugares y hacks de vida de otras personas que son curiosas y también se mueven para conectar en este tipo de eventos diseñados ex profeso.

Cuando tienes que negociar con un taxista en otro idioma, resolver en tiempo real un problema con tu reservación de hotel en otro país, cruzar un estricto control de aduanas, bueno, al regresar los retos de tu vida normal no lucen lo grandes que parecían antes de salir.

Ve a eventos pagados en lugares cada vez más lejanos. Este es un gran hack para conectar con gente interesante, escuchar ideas que luego tardan meses en aparecer aquí y tomar el pulso de cómo piensan y se mueven aquellos que están en los niveles que te interesa conquistar.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

ODA A LA INTELIGENCIA INTEGRAL

Si eres inteligente académicamente, genial, esto te da una validación social que puedes ocupar a tu favor para muchas cosas. El error que muchos cometemos al tener la ventaja de buenas calificaciones es pensar que somos inteligentes en todo y no es así.

Esto me ha llevado a conocer ingenieros que creen que pueden lanzar negocios solo porque son muy buenos en lo suyo y minimizan otros campos. O médicos que son prestigiados pero que no pueden escalar una compañía porque su ego no les permite admitir que son ignorantes del asunto.

Hay muchos tipos de inteligencia. ¿Has visto gente con problemas para estacionar de forma simple su automóvil? ¿Con problemas para coordinar pasos de baile? Una es inteligencia espacial y la otra kinestésica.

He notado que muchas personas con inteligencia académica se refugian a profundidad en su trinchera intelectual para no exponer las debilidades que tienen en otras áreas. Desde ese nido de seguridad, lanzan ataques contra personas y situaciones que expongan sus limitaciones.

Ahí tienes al taxista que a diario —y gratuitamente— reestructura para sus pasajeros la política nacional. Así también andamos los que vivimos en Facebook y resolvemos todos los problemas del mundo. Explicar nos hace sentir inteligentes, nos deja avanzar emocionalmente. Está bien, pero es limitante. No construyes sólo hablando sino ejecutando. Si tu objetivo es ambicioso, debes ejecutar en varias áreas al mismo tiempo. Esto involucra sentirte tonto en lo que no eres experto. Y si llevas toda la vida sintiéndote orgulloso de los geniales resultados de tus tareas y exámenes en la escuela, es difícil soltar esa sensación positiva para abrazar el caos y vulnerabilidad de un espacio donde no eres reconocido como inteligente —porque ahí todavía no lo eres.

El cerebro reptiliano entonces te va a dictar que los demás son tontos, que tú sabes lo que estás haciendo, que eres inteligente porque obtuviste diplomas y honores hace años en una institución y que eso es lo que importa en la vida.

Inteligencia académica no significa automáticamente inteligencia para la vida. Siempre digo esto porque fue probablemente uno de los shocks más fuertes que recibí en el momento que comencé a ejecutar ideas para alterar mi realidad. Me sentí traicionado y liberado el mismo tiempo.

«¿En qué soy tonto en este momento?», «¿En qué me conviene dejar de ser tonto en este momento?», hazte preguntas en este estilo para domesticar a tu ego que solamente te echa porras que no te sirven para subir de nivel. ¿La prueba real de la inteligencia integral de una personal? Los diferentes aspectos de una buena vida a su alrededor: buena condición física, recursos, amor, planes, cosas así. Evaluar la inteligencia con otros factores está realmente más enfocado en alimentar el ego.

Los buenos amantes no andan por la calle gritando que son buenos amantes. Hacen muy bien lo que tienen que hacer cuando corresponde. Un buen corredor igual. Una persona integralmente inteligente, bueno, esto se nota en muchas dimensiones, no en un reporte institucional. ¿De qué nos sirve sentirnos o decir que somos inteligentes si nuestra vida no nos gusta? ¿Somos realmente inteligentes si no hemos construido aquello que nos gustaría que fuera nuestra realidad? Es mejor aceptar que tenemos mucho trabajo por delante y que nadie lo hará por nosotros.

Hora de volvernos integralmente inteligentes de la mejor forma posible: ejecutando.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

MEJOR CONSTRUYE TU CAMINO EXCEPCIONAL

Lo que a ti y a mí nos venden aquí en internet a diario son historias excepcionales en un extremo u otro.

Lo excepcional no es algo bueno por sí mismo, solo está fuera del promedio. Ilustraré esto con ejemplos de negocios y otros un poco más drásticos.

Una de las lecciones más populares en negocios es hablar de los errores de Kodak y Blockbuster. Los directivos de ambas empresas lucen como tontos porque no fueron capaces de entender hacia dónde iba la tecnología y merecidamente perdieron en el mercado. Tal es la narrativa. El detalle está en que esos dos ejemplos son extremos. Prácticamente todas las empresas exitosas de la vieja guardia —que existen desde los setentas u ochentas, digamos— se han adaptado de una forma u otra a la modernidad y siguen como jugadores relevantes. Historia aburrida.

Nadie hace clic en el título de un video en YouTube que diga «Esta empresa no ha desaparecido después de cincuenta años en el mercado». Nos entusiasma los dramas estilo «Apple destruyó totalmente a Nokia», por lo tanto esto es lo que nos ponen de platillo constante y principal.

Aquí te explico a detalle por qué no debes pensar que la combinación del metaverso con impresoras 3D y comida de laboratorio destruirán tu puesto favorito de tacos de la esquina en las próximas décadas.

Imagina que el encabezado del periódico fuera «Una familia pintó toda su casa ayer: pasaron un buen rato y mantuvieron su presupuesto». Aburrido. Vende más mostrarte el asesinato que ocurrió en una fiesta porque uno de los participantes estaba borracho y celoso.

Nuestro cerebro es fantástico para llegar a conclusiones simples sin mucho entrenamiento intelectual sofisticado: crímenes en las noticias lo iguala con que todo está mal en el mundo y que estamos cerca del fin. No estoy diciendo que no exista la maldad o la ignoremos sino que le demos el peso adecuado a las cosas, que usemos mejores prismas para evaluar lo más objetivamente todo aquello que sí está ocurriendo.

Lo simple y lineal nos encanta. Suma sin ayuda 6+6+6+6+6+6+6+6+6 y verás que no es problema. Multiplica 6x6x6x6x6x6x6x6x6 y todo cambia. No venimos cableados para lo complejo, así que simplificamos. Llegar al resultado de la suma no es la única posibilidad con el número 6.

Somos adictos a lo simple. Y las narrativas que nos facilitan esto alimentan nuestra adicción. «La tecnología destruye a los negocios anticuados». «Tal político es malo porque no pertenece a mi partido». «Esta guerra es culpa de tal país por estas razones» y así. Simplezas. Aparte, no nos gusta enterarnos que no podemos procesar fácilmente escenarios complejos, así que nos cerramos a explicaciones lógicas donde no hay solución sencilla y establecemos modelos que nos dan seguridad psicológica de que sí podemos comprender la situación.

Todo esto para decirte que la gente que sigues y admiras aquí en internet son situaciones complejas andantes, son excepcionales —y recuerda, esto no significa automáticamente algo positivo. No simplifiques sus logros y errores y creas que así puedes llegar a su buen o mal nivel.

El emprendedor en revistas es un sobreviviente. La publicación tiene que vender el glamour de visionario, innovador y así. Las partes aburridas de e-mails, documentos, lecturas, esperas y pláticas sin resultados no excitan la imaginación de nadie, pero han sido 97% de su trabajo.

Vamos a cambiar los papeles. Supongamos que llevas años compartiendo notas públicamente y yo he leído la mayoría de ellas. ¿Seria correcto asumir que te conozco bien porque te sigo de cerca? ¿Tengo en verdad los detalles que me permitirían obtener bien tus resultados?

Este error lo cometemos con políticos, empresarios y demás personajes de alto perfil. Queremos imitarlos o queremos aborrecerlos, whatever. El punto es que no tenemos acceso a la complejidad que los ha moldeado, por lo tanto no tenemos el panorama completo para un buen análisis. Para mí el principal problema de la humanidad es el «us versus them», una tonta filosofía infantil de «nosotros contra ellos» que impregna a todas las personas en el mundo.

En resumen: lo que lees, escuchas y ves en medios o en reuniones con amigos y familiares no es lo estándar, es lo excepcional. Lo estándar es aburrido y no vende, por lo tanto no se publica ni se transmite con el mismo énfasis que lo que está fuera del promedio.

El estándar de éxito en negocios no es lo que lees en revistas.

Lo que encuentras en estas coordenadas no es la realidad, es solo una parte. Y para esto, minúscula.

De forma práctica, lo que quisiera que te lleves de aquí es esto: cuando te enamoras del éxito de alguien que te venden en medios o redes, lo que ocurre es que lo analizas. Y al hacerlo, caes en la trampa de la simplificación. Y con eso, crees que puedes repetir lo que ha hecho.

Mejor analiza el éxito aburrido —promedio— que no sale tanto en revistas. Esto tendrá complejidad también, pero menos inclinada a aspectos peculiares de los excepcionales.

Termino esto con la conversación que tuve con un amigo hace algunos meses donde me platicaba que estaba iniciando su marca personal en Twitter y que quería ser como @naval, que no sigue a nadie, que escribe muy poco y obtiene un alud de interacciones y followers. Le expliqué que Naval no comenzó a Twitter desde cero como él. Que para cuando Twitter apareció en la humanidad, él ya había tenido éxito en startups e inversiones, que ya era parte de la red del top 1% del mundo. Compartir tus breves notas filosóficas en un plataforma nueva donde te siguen tus amigos super influyentes resulta en éxito asegurado porque el efecto de red resulta exponencial en ese instante. Naval no es lo que es por sus publicaciones: sus publicaciones son lo que son por él.

No te enamores de lo que está fuera del promedio.

Mejor construye tu camino excepcional.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

LOS NOMBRES QUE DAMOS A LAS COSAS

La escena de la cuchara en Matrix es una de mis favoritas porque en mi opinión resume la intención de la película: la realidad no es lo que ves, ni lo que tocas, ni siquiera lo que sientes. También me gusta porque me recuerda que los nombres que damos a las cosas son arbitrarios.

Resulta que si usamos palabras como «maestro», «clase», «lección», «universidad» pensamos en edificios, situaciones formales y personas que han sido aprobadas en esta profesión cuando en realidad tenemos maestros, clases, lecciones y universidades en todos lados. No entender esto es peligroso: las reuniones con amigos son maestros dándonos clase, nunca estamos realmente «solo conviviendo y ya». En realidad estamos siendo moldeados todo el tiempo. Lo visiblemente académico como tareas, calificaciones y exámenes ocurre en entornos formales, pero el aprendizaje, nuestra educación, se da en todos lados, en todo momento. Por ejemplo, puedes ver esto como «un post en un blog» aunque al mismo tiempo podría ser una clase/lección.

Te digo esto porque casi no retamos las palabras que usamos. Pensamos que «política» es el cochinero que vemos en las noticias y nos alejamos de «eso» cuando en realidad necesitamos la política para hacer que las cosas sucedan en el país, el hogar y la oficina.

«Innovación» es de esas palabritas sexy que todo mundo sueña tener en su CV como empleado o emprendedor, pero la realidad es que pocos están dispuestos a pagar el precio por conseguir este nivel. Llegar a la verdadera innovación es caótico, costoso y frustrante.

Tal vez nunca has pensado en los hijos como uno de los impuestos más altos que existen. Sí, son adorables, pero te digo esto en modo pragmático. Tengo tres y los amo, pero requieren recursos increíbles de todo tipo que no hay manera de ponderar hasta que estás dentro del asunto.

Mi auto. Tal vez no tiene la estructura tradicional de lo que podríamos considerar un exoesqueleto, pero eso es: algo en lo que instalo mi cuerpo y que automáticamente me hace ganar fuerza y velocidad.

Lo que intento decirte con estos ejemplos raros es que los mismos objetos que todos ven, bueno, tú y yo podemos decidir percibirlos de diferentes maneras. Con esta visión ajustada podemos explotar su uso de manera más conveniente para nuestros intereses.

Yo no fui a una universidad cosmopolita. Mi entrenamiento en ese nivel estuvo diseñado de la manera tradicional: sé un buen alumno y obtén un buen trabajo (no logré nada de esto, por cierto), algo bastante limitado pero que incluso hoy es considerado normal en muchos círculos. Cuando a diario puedo escuchar gratis una conversación con los mejores emprendedores, artistas y científicos a través de los podcasts de Tim Ferriss, Lex Fridman y Joe Rogan, aprecio bastante en lo que realmente estoy: una open lecture de nivel Stanford. Abordo Apple Podcast, YouTube Premium, Harvard Business Review, Slashdot y otros recursos en este estilo como mi universidad personal permanente. En lugar de pensar en todo esto como entretenimiento, lo abrazo como entrenamiento.

Twitter, Facebook, Instagram, TikTok y LinkedIn son un asco si se los permites. Cuando dominas el algoritmo —bloqueando, ignorando, siguiendo, compartiendo— se vuelven una belleza de notas que hacen que tu mente explote a diario. No culpes a las redes, culpa a tu comportamiento.

Si en internet te enganchas en lo mismo que todos y ejecutas sin control, tu recompensa será la misma calidad de contenido basura que puedes encontrar en la tablet de un niño de cinco años. Es sorprendente saber que esta es la realidad en la mayoría de smartphones de adultos.

«Ir al café» es usualmente código de tus conocidos para «te voy a transmitir mis dramas» o «te quiero vender algo». Aprende a descifrar las cosas usando un prisma más sofisticado para evaluar las palabras más allá de lo simple que puedan parecer.

Un buen gerente es un buen político, consigue que las cosas ocurran. Un buen mentor raramente se presenta así, es un amigo que tiene las herramientas para guiarte. Un maestro tradicional en el sistema educativo en realidad es un administrador del tiempo escolar de los alumnos.

Una guerra es una negociación.

Una tarjeta bancaria con una buena línea de crédito es una especie de aprobación de tu comportamiento en la sociedad.

Y así. Aprende a ver las cosas más allá de lo evidente.

Una canción es un mantra. Piensa en las miles que conoces y que puedes cantar de memoria sin haberte sentado a estudiarlas. Simplemente están ahí, en tu cerebro, a la espera de ser reactivadas. Música que no te gusta la sacas con gusto de tus pulmones borracho en un karaoke.

Y esas canciones que nos gustan y que no, pues nos entrenan implacablemente. Y como casi todas son dramáticas, nos perfilan a eso.

Pero pensamos que sólo es música, no una lección, no una capacitación.

Una forma que me gusta usar para entender las palabras es a través de los permisos que dan.

Las palabras son como códigos en los que muchos se han puesto de acuerdo y a través de ellas nos insisten a los demás que así deben ser las cosas. Por ejemplo, «necedad». Te pueden decir que es algo malo, pero no hay buen emprendedor que no sea necio. Y te pueden decir que es algo bueno, pero recuerda aquella decisión tonta donde dejaste de hablarle a alguien que extrañabas y te mantuviste en ello por «necio». Es decir, todas las palabras tienen polaridad. Puedes escoger cómo activarlas a tu favor, en sentido negativo o inverso. Cuando entiendes esto y comienzas a analizar lo que te limita en la vida, verás que todo eso está basado en palabras.

Todas las palabras tienen polaridad. Puedes escoger cómo activarlas a tu favor, en sentido negativo o inverso.

A mí me limitaba la falta de mi título profesional, ya sabes, el papelito de la universidad que me bendice como ingeniero. Al final decidí que estar «titulado» —como decimos en México— era un estado de mente para animarnos a salir al mundo para poner pan en nuestra mesa.

Y hay muchas formas para conseguir recursos que nos den la vida que queremos. El permiso que la palabra «titulado» me pudo haber dado estaba bien, pero no era vital. La ignoré y construí mis ideas que hoy me tienen aquí impartiendo esta lección en modo universidad abierta.

Usa a tu favor palabras que te han dicho por décadas que son negativas, como «necedad».

«There’s no spoon», dice la famosa frase de Matrix.

Tampoco hay «universidad», «título», ni todas esas cosas. Son estados de mente.

Sustitúyelos con lo que te conviene.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

INGENIERÍA INVERSA DE TU VIDA

Cuando —digamos— en BMW quieren comenzar a fabricar vehículos eléctricos geniales, lo que hacen es comprar algunos Tesla, desarmarlos y estudiar el sistema y sus partes. Esta es una práctica común en la industria automotriz. Se llama «ingeniería inversa».

(Tampoco es como que hay mucho que desarmar en un Tesla. Como la computadora móvil que es, tiene más componentes microelectrónicos que mecánicos, pero es un ejemplo).

Ahora bien, toda compañía interesada en subir de nivel —esto es lo que tú y yo conocemos como «innovar»— ejecuta ingeniería inversa constantemente dado que es la manera más eficiente de aprender aceleradamente. Esto no significa que no cometerán errores al copiar, simplemente ya tienen una guía clara y rápida en lugar de tener que comenzar desde cero.

Tal vez tú y yo no vamos a desarmar un Tesla para manufacturar nuestra marca de autos basados en su tecnología, pero sí podemos hacer ingeniería inversa de aquellas personas que están en niveles que admiramos. Considera esto el hack más poderoso hoy a tu alcance.

Deconstrúyelos con preguntas en este estilo:

  • ¿Qué (no) hacen en su día?
  • ¿Por qué (no) lo hacen?
  • ¿Con quiénes (no) hablan?
  • ¿De qué (no) hablan?
  • ¿En qué (no) invierten más su tiempo?
  • ¿Qué (no) leen?
  • ¿Qué (no) compran?
  • ¿Cómo (no) se comportan online/offline?

Tener las respuestas a estas preguntas no te va a convertir automáticamente en esa persona, justo como BMW no es Tesla, pero al menos tendrás una idea más sólida hacia dónde moverte en tu ejecución y mentalidad diaria.

Hace años fui a un evento de marketing por el que pagué bastante dinero. Subí a un avión, me hospedé en un hotel, llegué a la sede y salí decepcionado. Todo lo que nos presentaron ya lo sabía y la forma en que respondían las dudas, yo las explicaba mucho mejor en mi mente.

Duré varios días ligeramente molesto porque no obtuve nada de ese evento al que había asistido con bastantes expectativas para impulsar mi negocio. De repente, en una pausa de mi tonta pelea interna, un rayo de inteligencia me iluminó: «Si ya sabía muy bien todo lo que explicaron y sabía que podía presentarlo mucho mejor, esto significa que yo era un experto en el tema y que podía organizar mis propios eventos», pensé. Gracias a aquella «mala» experiencia me lancé a organizar con éxito eventos de todo tipo en muchas ciudades desde entonces.

En este pequeño relato, la ingeniería inversa aparece disfrazada como queja. Cuando entendí cómo podía beneficiarme de aquel «fracaso», convertí mi malestar en análisis. Copié su método de ventas, el formato del evento, el precio y muchas otras cosas. Con los años fue eliminando y agregando cosas hasta tener mi estilo bien desarrollado.

Desde entonces tengo esta actitud en muchos otros aspectos: veo a un señor de edad avanzada en buena condición física paseando contento en la playa y luego comparo el asunto con gente a mi alrededor de esa edad que no anda igual y analizo qué tengo que hacer para llegar al resultado que sí me gusta.

Hubo una etapa donde vivía frustrado y enojado con la vida. Los ricos eran malos. Todo el mundo era tonto menos yo. Yo estaba mal por culpa del sistema que me tenía así, porque mi inteligencia estaba más que comprobada. Me repetía a diario tonterías en ese estilo.

Hoy creo que si digo ser inteligente, eso se debe notar en lo que la vida me ofrece, no en mis calificaciones ni en lo que mi ego me grite. Hoy distingo cuando mi enojo justificado ante alguien es realmente celos y envidia porque yo no he podido llegar a ese nivel. No digo que no todos los ricos sean buenos ni que el sistema ayude por igual a todos, pero esas son cosas que no puedo cambiar. Lo que sí está en mi dominio, bueno, en eso me tengo que enfocar.

Cuando detecto gente cuyos resultados de vida offline/online me gustan, los admiro sólo por dos segundos para no quedarme atorado en ese estado. Enseguida los estudio con precisión para hacerles ingeniería inversa que me dé información útil. A esto lo llamo «copiar descaradamente».

Gracias a copiar descaradamente he aprendido a comportarme mejor en todo tipo de eventos. Así también he aprendido a moverme en diferentes situaciones difíciles personales, profesionales y empresariales. Así he insertado en mi rutina actividades ganadoras como leer, viajar, hacer ejercicio y otras más.

Para hacer ingeniería inversa de las personas que están en niveles que me convienen —copiar descaradamente a aquellos que me generan sentimientos de envidia— necesito siempre atenuar mi ego que avienta mil y un excusas de por qué yo estoy bien y ellos no. Si no lo domino, no me deja avanzar.

Listo, espero esto te sirva y lo apliques en tu vida. Ya sabes: haz ingeniería inversa de todo lo que te vuelve la cabeza y ejecuta los pasos que descubras. Cometerás errores, pero así es como convertirás todo esto en tu propio camino.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

MIEDOS TONTOS

Los ninjas mataron a todos en la aldea. Uno de ellos lanzó un shuriken directo a la frente de un niño. En esa escena, vomité. Tenía seis años y estábamos estrenando la videocasetera formato Betamax en casa a mediados de los ochentas.

Desde esa noche, pasé mucho tiempo con miedo que los ninjas llegaran a mi ciudad. No hay manera de calibrar la imaginación de un niño, así que la mía volaba salvajemente. Caía dormido vigilando la barda de nuestra patio que podía ver desde mi ventana.

Un día, confesé a mis papás mi terror. De todo lo que me explicaron, lo único que recuerdo es que China y Japón estaban muy lejos y esa era la razón por la cual los ninjas no iban a llegar acá. No me tranquilizó mucho, pero era mejor esa esperanza a nada.

Algunos años después, superé ese miedo y comencé a tener otros. Y así he vivido toda mi vida, con lo que Séneca resumió muy bien:

“A menudo estamos más asustados que heridos, y sufrimos más en nuestra imaginación que en la realidad”.

Cuando mi gran amor de universidad se fue, sentí que el mundo se derrumbaba. Así me pasó en otras relaciones. En la raíz de mi dolor, descubrí que lo que más me impactaba era la pena de decir al mundo que tal vez había algo mal conmigo porque mi pareja había decidido alejarse.

A los seis años, ves los miedos de los bebés como cosas tontas. A los doce, ves los miedos de los de seis igual. A los veinte, te ríes de todos ellos. Los de treinta sabemos que lo que le preocupa a los de veinte son tonterías. A los cuarenta, entendemos que ninguno de ellos tiene problemas en realidad.

Nos fascina el drama. Somos adictos a él porque se siente bien, es placer invertido en nuestro estómago. Y buscamos reproducirlo con miedos ficticios. Para combatir los miedos que hoy tengo, me digo a diario que en veinte años entenderé que lo que hoy me asusta es irrelevante.

También «me salgo de mí mismo» y aprecio que no soy el centro del universo y que mis problemas no son ni grandes ni importantes, que lo que me gusta tontamente hacer es magnificarlos para sentirme protagonista y conseguir atención.

La mayoría de las veces, esta plática motivacional conmigo mismo funciona, pero tiene que ser constante para que el efecto perdure. Cuando dejo de empujar en mí este discurso, de repente tengo encima a todos mis miedos ficticios que saben ganar terreno rápidamente.

Otra técnica que me sirve para pelear contra mis miedos es un inventario constante de lo que tengo a favor. Cosas como «salud», «inteligencia», «tiempo» y así son clave. Muchas veces no las aprecio en su totalidad. Cuando no tengo estos recursos, todo lo demás resulta ser inservible.

Los miedos son como el interés compuesto: si los olvido pero los dejo ahí acumulándose, cuando menos lo espero, tengo una avalancha de ellos frente a mí. ¿Qué alimenta mis miedos? Noticias. Redes sociales. Relaciones pesimistas/negativas. Evito todo esto siempre.

Algunos miedos que he dejado atrás se transforman en pesadillas ocasionales que al despertar me hacen reír. Por ejemplo, mi retraso para finalizar la universidad y que nunca obtuve diploma de ingeniero eran fuente de preocupación, creía honestamente que por ello iba a fracasar en la vida.

En resumen: sufrimos porque nos encanta la adicción al drama más que por condiciones reales. Tenemos muchas cosas a favor a las que no damos un gran peso. Casi nada importa. Debemos mantener a raya el combustible de los miedos.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

VENTAJAS DE SENTIRTE RIDÍCULO

Mira, yo sé que sentirte ridículo es uno de esos sentimientos que prefieres evitar. Velo así: sentirte ridículo es simplemente algo que tienes asociado en tu mente como un asunto negativo, pero esto no te sirve de nada, es solo tu ego protegiendo tu sensibilidad. No te estoy invitando a que promuevas que otros se burlen de ti solo porque sí, pero sí estoy poniendo en tu radar de consideración que no veas el asunto de sentirte ridículo con esta lente limitante. Mejor visualiza el asunto de manera ganadora.

A partir de ahora, ve en tu mente el sentirte ridículo como la señal clara de que estás intentando algo nuevo. Eso es todo. Esto es muy poderoso porque lejos de sentirte mal porque alguien te acusa de ridículo, entenderás que estás entrenando en algo que te puede dar ventajas.

Casi nadie intenta cosas nuevas ni en lo personal ni en lo profesional. ¿Sabes por qué no? Así es, por no sentirse ridículos, porque su frágil ego no les permite que alguien los ataque con burlas. Cuando dominas el miedo a sentirte ridículo, logras avances increíbles en todo.

En otras palabras, deja de evaluar cada situación de manera simple y limitante estilo «¿van a burlarse de mí?», «¿estoy siendo ridículo?» y pasa a modo alto desempeño donde entiendes que sentirte ridículo es simplemente que tu cuerpo y mente están aprendiendo algo nuevo. Haz un recuento mental ahora y piensa en todas las habilidades que has adquirido en tu vida. En absolutamente todas lucías ridículo y te sentías así al inicio, desde caminar hasta programar. Tu verdadero aprendizaje solo ocurre si te sientes ridículo y torpe en la materia.

Las escuelas y las familias son instituciones que nos blindan ante este sentimiento de sentirnos ridículos, porque nos agrupan con otros que están igual de novatos que nosotros o con quienes nos aplauden nuestros intentos en lugar de burlarse de ellos.

Todo lo que me ha dado ventajas en mi vida ha llegado a través de permitirme ser ridículo: exponer mis ideas abiertamente en internet constantemente ante extraños, pararme al frente de audiencias para hablar de temas que no estudié en la universidad, cosas así.

Todo lo que admiramos fue ridículo en el principio, desde las ideas religiosas hasta el nombre de compañías como Adidas y Google. Piensa que el fútbol profesional son hombres maduros corriendo en ropa cortita y apretada con gestos serios ante algo que es infantil e irrelevante en realidad.

Si ya te convencí de que uses el sentirte ridículo como algo a tu favor, genial. Comienza a aprender nuevas cosas físicas como natación, correr, tenis, etcétera y cosas intelectuales como ruso, física, etcétera. Eso generará el músculo que te conviene.

De nuevo, casi nadie quiere sentirse ridículo: ahí está tu gran oportunidad para hacer dinero, para moverte de forma más acelerada, para conseguir oportunidades que otros ni siquiera contemplan. ¿Y sabes? La gente que hacemos cosas, quienes hemos recorrido parte del camino, no nos vamos a burlar, porque entenderemos tu estrategia, ya que es la misma que hemos aplicado. Se van a burlar aquellos que no saben subir de nivel.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

IDEAS DE TIM FERRISS

Estas son algunas ideas (parafraseadas) de los libros y episodios de podcast de Tim Ferriss que más han impactado mi vida personal y profesional:

«Tienes que dejar que ciertas cosas malas pasen para conseguir otras mejores».

Queremos control porque no soportamos la incertidumbre, buscamos no quedar mal con nadie y debido a ello, no avanzamos. No se trata de ser un incordio, pero tampoco de vivir para complacer. El ejemplo que Tim da sobre esa frase es que perdió oportunidades de negocios por no revisar su e-mail y desconectarte de sus actividades en Estados Unidos mientras estaba en un viaje en Japón. Pero gracias a eso, cerró tratos geniales en aquel país y la pasó increíble.

«Si no sabes cómo ser feliz, haz feliz a otros».

La explicación tiene que ver con salirnos de nosotros mismos y también con cierta magia que ocurre al comenzar a darle al mundo lo que queremos ver en nuestra vida. Para mí esta idea tiene que ver con el error de querer resolver un problema de la mente con la misma mente. Si el problema lo creó la mente, tenemos que meter tanto al cuerpo como a las emociones para desatorarlo.

«La realidad es negociable».

Probablemente me voy a tatuar esto algún día. Se trata de entender que si tienes sobrepeso, eres pobre y no encuentras el amor, bueno, puedes aceptar que el mundo es un lugar triste e injusto o ponerte en modo necio a conseguir tus objetivos. Desde la primera vez que leí esta frase al día de hoy, bueno, he negociado mi realidad de sobrepeso, pobreza y tristeza. Mi vida no es perfecta —Dios lo sabe— pero es mucho mejor que antes de entender que si algo no me gustaba, dependía realmente de mi necedad poder cambiarlo.

«Los nuevos ricos tienen tiempo y dinero».

Así aprendí que decir que no tengo tiempo no me hace lucir más ocupado o importante sino en la ruta opuesta a donde me interesa llegar.

«No quieres un millón dólares en el banco, quieres la libertad que un millón de dólares te hace sentir».

Una forma muy clara de quitar el velo a las trampas que luego confundimos como el objetivo verdadero cuando en realidad son meras herramientas.

«No dejes que la gente se comporte contigo en línea de una forma que no les permitirías que lo hicieran en la sala de tu casa».

Uno de los mejores remedios para lidiar con mis haters que llegaron casi desde el día uno que comencé a hacer ruido por aquí.

Y ya para cerrar,

«La gente te bloquea con sus opiniones y críticas cuando les platicas tus ideas, pero se hacen a un lado cuando ejecutas con determinación».

Es increíble y cierto, lo he visto de cerca muchas veces. No «rebotes» ideas con tus amigos en el bar.

Sigue a Tim Ferriss por todos lados. Te van a encantar sus libros y demás piezas de contenido. Como trivia, en este link de abajo, encontrarás una foto que Tim en ocasiones utiliza para algunos de sus posts. La tomé yo (-:

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

DEMASIADO PERFECCIONISTA

¿Tu problema es que eres demasiado perfeccionista? Eso es miedo. No lo veas como algo positivo sino como una cualidad que te está frenando en grande. Decir que somos perfeccionistas es de esas cosas que la sociedad aplaude simplemente porque se escucha bien aunque en realidad sea un disparate.

Sucede que durante dos décadas de escuela tradicional normalizamos el hecho de que el niño con calificación más perfecta recibe elogios de padres y maestros. Ahora llevamos ese pensamiento a la vida para conseguir felicitaciones con nuestro énfasis en eso de la perfección, pero si nos sumergimos en entender el verdadero juego del mundo, las calificaciones perfectas no significan entendimiento perfecto. Y tú no quieres gente perfeccionista en tu compañía, tú quieres ejecutores.

Los iPhones de Steve Jobs, el Windows de Bill Gates, los Tesla de Elon Musk, nada de eso es perfecto, por eso lanzan actualizaciones y nuevas versiones a cada instante. Si ellos estuvieran tontamente enamorados de la perfección, no serían los ejecutores que el mundo admira.

Al decir que somos perfeccionistas es porque dejamos que nuestro ego gane la batalla para hacernos lucir bien sin comprometernos mucho. Un perfeccionista siempre necesita más dinero y más tiempo para lograr las cosas. Un ejecutor genial entrega avances sin parar. Eso quieres ser tú y tener a tu lado en tus proyectos.

No te digo nada de esto desde una colina de virtud donde recibí de alguna forma mística esta sabiduría ancestral impoluta. Yo era de esas personas que solían escudarse en la perfección para no caer en desventaja emocional ante colegas que sí entregaban avances.

Pon atención a los detalles, sé fino en tu apreciación y ejecución de las cosas, claro. Esto no es una invitación a que lances servicios o productos de baja calidad al mundo nada más porque sí. Entrega tu trabajo al nivel más alto que puedas pero entrégalo, muéstralo.

Escribo a diario para miles de personas. Algunas tildes se quedan en el tintero. Algunas palabras se esconden. Algunas frases se desordenan. A diario, cuando reviso lo que ya está andando en mi blog y redes, me doy cuenta de errores. Corregir sí, ser perfecto no.

Mucha gente quiere hacer crecer sus negocios, su marca personal o su salario en una empresa pero no están dispuestos a ejecutar de la manera adecuada. Lo opuesto a la perfección es la ejecución, no la imperfección. Ejecuta. Será caótico, habrá incertidumbre, pero sólo así avanzas. Lo que sea que admiras que pienses que es perfecto, jamás, jamás, jamás inició en esas condiciones. Se ha ido refinando. No puedes refinar lo que no expones al mundo. Comienza con esto, con exponer (entregar) tu producto, servicio, idea.

Si alguien a tu cargo te dice que todavía no te tiene listo algo porque quiere entregártelo perfecto, pregúntale cómo sería una versión aceptable de eso que está haciendo y cuando te responda, dile que eso quieres para hoy. No aceptes jugar su juego de la perfección.

Mucho de lo tradicional que aprendimos los primeros veinte años de nuestra vida nos estorba en el mundo moderno. Desaprende esa adicción al aplauso y a la buena calificación de un ente que te supervisa. Generas muchas más cosas positivas para ti cuando eres rápido y audaz.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

TODOS SOMOS EXITOSOS EN LAS REDES SOCIALES

Todos somos exitosos en las redes sociales. Sigo inversionistas, emprendedores, artistas, programadores y demás pros en ese estilo. A diario encuentro que todos han escrito nuevo código genial, descubierto una gema para invertir en ella o conseguido éxito inconmensurable con su startup.

Esto solía provocarme una plática interna estilo «Aarón, ¿qué te pasa?, ¿por qué no estás consiguiendo todas esas oportunidades y avances también?, ¿por qué no logras las mismas victorias que esas personas?».

Con los años, entendí que las redes sociales no son un espejo de lo bueno o malo de la realidad. Muchos dirán «es obvio, Aarón» y sin embargo, aquí estamos tú y yo, llenos de ansiedad, comparándonos todo el tiempo con la urgencia de presumir algo, lo que sea, para no quedarnos atrás.

Lo que me ha ayudado a calibrar la percepción de lo que hay aquí en internet es que conozco a muchos de los que publican sus éxitos. Son personas normales como tú y como yo. Tienen miedos, inseguridades y en algunos casos —por traumas como los míos— necesidad de atención.

Lo que hacemos mejor quienes emitimos éxito en las redes sociales es simplemente una administración adecuada de nuestra marca personal. Es como el que corre largas distancias: sólo entrena más su cuerpo y calibra mejor su respiración, no es un ente superior.

No se trata de decir que los éxitos que te compartimos aquí no existen o que exageramos en todo. Se trata de que sepas que sí, que hoy alguien publicó una venta genial pero lleva semanas sin ver a sus hijos porque ha estado de viaje y se siente exhausto de este ritmo laboral. Ahora, la razón por la cual emprendedores, inversionistas y demás pros buscamos transmitir éxito de forma consistente en las redes es porque sabemos que eso llama a otros que están trabajando en esa frecuencia y que sumarlos a nuestro ecosistema nos puede hacer ganar-ganar.

Si publico que la vida es dura, que todo está mal, que el mundo es injusto, claro, hay tal vez mucha razón en esas frases, pero piensa que aquellos que se sientan atraídos por esas publicaciones no serán los que me ayuden a salir de ese estado de mente y ejecución. Entonces, si me das a elegir, prefiero organizar mis redes sociales todo el tiempo con creadores que tienen fracasos, problemas ocultos, ansiedad y demás imperfecciones de personalidad como tú y yo pero que incluso así deciden enfocarse en impulsar las cosas buenas que construyen.

El resumen de esto es que tristemente hay solo dos estados de funcionamiento con las redes sociales: o nos están educando (dejamos que el algoritmo decida libremente qué ponernos en frente) o lo estamos educando (bloqueando, siguiendo, compartiendo lo que sí nos conviene).

Estoy escribiendo esto descalzo, despeinado y con un poco de escurrimiento nasal en esta habitación de hotel donde desperté tarde y voy retrasado con la agenda que me fijé para el día de hoy. No estoy sonriendo ni tengo la producción encima de mí que ves en mi foto de perfil.

Una buena marca personal no se trata de que inventes éxitos que no existen o que te esfuerces en conseguir éxitos solo para complacer a seguidores. Se trata de que cuando algo genial en lo físico o lo etéreo te ocurra, vengas a platicarnos al respecto.

Cosas que pueden ser geniales para compartir: la epifanía que conseguiste en un párrafo del libro que estás leyendo, una conversación donde ayudaste a alguien, un viaje que te sorprendió, una acción que tuvo buenos resultados inesperados y así.

Tranquilo, tranquilo: todos tenemos problemas y estamos mal en algunas cosas. Abandona esa fácil idea de que eres el único al que no le resultan bien sus proyectos o que no está muy seguro de lo que está haciendo.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

LA JTBD CAMBIÓ MI VIDA

La visión de la vida y los negocios mejora increíblemente cuando entiendes la teoría Jobs-to-be-Done (JTBD) de Clayton Christensen. Este marco de referencia ayuda a entender para qué realmente el cliente utiliza nuestro producto o servicio, quitando el ruido de lo que él cree que está comprando o lo que tú crees que estás vendiendo. Tú y yo vamos a llamar «alternativas de uso verdaderas» a la JTBD.

La premisa de la JTBD es que ni tú ni yo compramos realmente productos o servicios, sino que los contratamos para avanzar en algún objetivo. Tú no quieres comprar clavos ni martillos. Los adquieres porque quieres recordar a tu familia cada vez que entras a tu oficina en casa y ves las fotos de bellos momentos colgadas en las paredes.

Tú no quieres sentarte incómodamente durante catorce horas en una lata gigante junto a extraños, pero “contratas» ese servicio llamada viaje en avión con tal de llegar a París desde el otro lado del mundo y cumplir una especie de sueño personal.

Yo no quiero una laptop ni un smartphone. Lo que quiero es sentirme parte de la comunidad global llamada internet y acceder a millones de documentos y personas. Estos dispositivos son solamente el medio.

La JTBD es una especie de microscopio que te hace ver lo que realmente hay más allá de la superficie. A nadie le interesa ir al nutriólogo ni al fisioterapeuta: queremos vernos bien y asegurar que nuestro ego está protegido. Cuando enfatizas en tu publicidad que eres un gran nutriólogo o fisioterapeuta con tal y tal y tal posgrado y tal y tal y tal otra especialidad y diplomas, a nadie le interesa. La gente lo que quiere es contratar la solución a su problema de autoestima, no tus credenciales académicas. Habla de ellos, no de ti.

En resumen: lo que importa es entender que todo en realidad es una contratación y no una compra o renta de un producto o servicio. Esto nos da herramientas para comprender mucho mejor quién es nuestra verdadera competencia. Así, la competencia de un nutriólogo más allá de otros nutriólogos es la ropa holgada para ocultar el sobrepeso, las pastillas para bajar los kilos extra o la membresía del gimnasio. Estos son los puntos que le roban mercado a nuestro nutriólogo de ejemplo. Estas alternativas resultan naturales para sus potenciales clientes.

La JTBD le pega al ego de muchos profesionistas que quieren justificar la importancia de lo que estudiaron y no entienden cómo funciona la psicología. Si estudiaste relaciones internacionales y solo quieres hablar de relaciones internacionales y nadie te ofrece un empleo, el mercado te está diciendo a gritos que dejes de hablar de ti y de tu diploma universitario y que te pongas a ofrecer elementos que sí le interesan a quienes te puedan pagar. Como te decía, esto pega duro cuando hemos atado nuestra frágil seguridad personal al reconocimiento de lo que hacemos, en lugar de favorecer el sentirnos satisfechos con los resultados que obtienen nuestros clientes.

Nadie quiere contratar abogados. Lo hacemos porque —como sociedad— todavía no encontramos una mejor interfaz para ponernos de acuerdo en muchos temas. Las alternativas que podemos contratar para evitar litigios son pelear a puñetazo limpio en la calle, contratar bandas de delincuentes o quejarnos amargamente.

Nadie quiere pasar tiempo con un psiquiatra en su consultorio: solamente queremos ser felices nuevamente.

Nadie quiere aprender inglés o chino. No es la idea de diversión ni de emoción de nadie el sentarse horas frente a una pantalla durante meses para memorizar cientos de caracteres o conjugaciones de verbos y repetir, repetir, repetir sin sentir avance alguno. Lo hacemos porque queremos una mejor vida al creer que vamos a poder estudiar, hacer negocios o vivir mejor en el extranjero. Si hubiese una pastilla para poder adquirir las habilidades comunicativas en esos idiomas rápidamente, esa se convertiría inmediatamente en la competencia de las apps y escuelas de inglés y chino porque infaliblemente mucha gente la contrataría.

Te decía que pienses en la teoría JTBD como un asunto de alternativas verdaderas que los clientes tienen para sustituir tus productos y servicios, alternativas más allá de lo superficial y lógico. Los ejemplos anteriores te dan una idea de cómo ajustar tu visión para adentrarte en esta nueva dimensión de entendimiento de negocios.

El truco entonces es el siguiente: piensa siempre qué es aquello que tus clientes pueden contratar para sustituir tu servicio e inserta más facilidad para que prefieran lo tuyo. En este momento lees este artículo que escribo desde el comedor de mi casa. Lo has contratado para sentir que aprendes algo, para pasar el rato, para entretenerte o para profundizar en el tema. Mi competencia es cualquier cosa que puedas contratar para hacer lo mismo: un libro, una conferencia, YouTube, una revista, una conversación en WhatsApp con PADs, un documental, una película, un podcast, una comunidad con la que interactúas sobre temas así. Mi competencia no son otros blogs sino todo lo anterior.

Digamos que cuando vendes casas de bajo presupuesto y piensas que tu competencia son las otras empresas que venden casas de bajo presupuestas estás pensando de forma lineal, anti-JTBD. Tienes que entender a tu cliente. Una persona que va a “contratarte” para comprar una casa de bajo presupuesto es alguien que está haciendo un esfuerzo complejo en su escala financiera. Lo hace para sentir cierta certidumbre, sentirse bien consigo mismo porque va avanzando en lo que la sociedad la dice, que es tener “algo seguro”. Pero esa misma persona para sentirse bien podría usar su modesto crédito bancario y/o social para el enganche de un coche que lo ayudaría a llegar más rápido y contento a su trabajo para el cual hoy tiene que pasar dos horas diarias en el transporte público. El automóvil es algo que también la sociedad le aplaudiría porque luce como uno de los avances que la gente piensa que son importantes en la escalera de la vida. La fiesta fastuosa de quince años para su hija o la gran boda para mostrar a todos lo feliz que está. Todas esas son alternativas que danzan para ser contratadas por tu cliente.

Si algo parece que está establecido para siempre y que la gente no piensa en alternativas, analiza bien. Nuestras colecciones de discos de vinilo, casetes, CDs, DVDs y demás nos miran con indolencia desde los rincones donde los hemos arrumbado porque ahora contratamos Spotify, YouTube, iTunes y demás para que nos ayuden a avanzar más rápido y fácil en nuestro objetivo de poner ambiente en una fiesta, de cantar karaoke, de sentirnos bien, de llorar mejor por nuestro rompimiento amoroso.

Analiza a partir de ahora en varias dimensiones tu oferta.

Facebook sabe que su verdadera competencia no es algo como Twitter sino todo aquello que nos saque verdaderamente de su plataforma. La verdadera competencia que enfrentan es el tiempo libre que usamos en el gym o en un parque. Su verdadera competencia es un libro, es un sitio web en el cual decidamos pasar más y más de nuestro tiempo digital. Por eso Facebook compró Instagram para que mientras estés haciendo pesas te tomes una selfie y contrates algo dentro de su ecosistema mientras te ejercitas. Y por eso Facebook compró WhatsApp, para que cuando encuentres una gran idea en un par de párrafos de ese libro le tomes foto y se la compartas a tu mejor amiga en tiempo real.

La JTBD cambió mi vida.

Hay muchísimos ejemplos de JTBD que empresas como McDonald’s y otros en ese estilo ya entienden y aplican. Estudia el asunto y aprende a visualizar el comportamiento diario de la gente con su dinero por lo que realmente es: una serie de contrataciones inmediatas y constantes para avanzar en sus objetivos, no para llenarse realmente de cosas.

Entre más ayude a tus clientes a avanzar en sus verdaderos objetivos, más estarán contigo.

Justo como hoy en día estás aquí.

Espero de corazón que pronto te vuelvas el #1 de tu ciudad.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

Y COMIENZAS A DESAPARECER

El exceso de inseguridad personal que permea en nuestra sociedad genera una cantidad innecesaria de emprendedores engañados. Estas personas creen que están abriendo un negocio cuando en realidad están inventando un auto-empleo.

En un auto-empleo todo depende de ti.

En un emprendimiento eres el hombre orquesta que quiere tocar casi todos los instrumentos.

En una empresa tienes sistemas para que las cosas dependan cada vez menos de ti.

La mayoría de la gente no sabe escalar en términos de productividad. Su inseguridad personal le impide confiar y delegar.

No puedes construir una empresa sin confiar.

No puedes construir una empresa sin delegar.

Te voy a enseñar cómo abandonar la mentalidad de auto-empleo.

Te voy a enseñar cómo abandonar la mentalidad de emprendedor.

Te voy a enseñar a confiar y delegar.


Ayer comí con un amigo de muchas batallas. Entre varios temas, hablamos sobre nuestra salud, las apps que usamos para ejercitarnos, nuestras rutinas y la alimentación. Sobre esto último, ambos confesamos lo difícil que nos resulta rechazar comidas deliciosas que no son nada saludables.

—Esto de la comida es algo muy psicológico. —Comenté. Quién sabe qué demonios estamos compensando con eso.

Reímos y llevamos la conversación a otros terrenos que nos hicieran sentir más orgullosos.

Muy probablemente tu problema para escalar tu negocio es que no confías en otros y/o que no delegas.

Eres un entrenador personal, un plomero, un dentista, alguien con una habilidad y una clientela establecida. Piensas que todo lo tienes que hacer tú de cara a tus clientes porque si no, las cosas no funcionarán bien o no se harán con la calidad que a ti te gusta o la gente se va a enojar porque te quieren ver a ti, etcétera.

Lo he visto y escuchado todo. No hay una razón que me puedas dar que justifique genuinamente tu falta de capacidad para escalar, para llevar tu idea de negocio a alturas más grandes. En esta etapa del auto-empleo que tienes o del emprendimiento en que te encuentras, todo se reduce a tu problema con confiar y delegar.

Esto de confiar y delegar es algo muy psicológico.

Realmente todo el asunto de poder crear empresas es algo muy psicológico.

El primer paso, al igual que en AA, es reconocer nuestro estado en voz alta: “me llamo Aarón y soy bastante inseguro (por eso no confío y no delego)”.

Si llegas a este paso, los siguientes son lógicos: necesitas hablar con un psicólogo, necesitas hablar con un psiquiatra.

Si tu mentalidad y la del mundo a tu alrededor siguen atascadas en el año mil novecientos cincuenta o por ahí, probablemente pienses que esto de ir a hablar con un psicólogo o ver a un psiquiatra es una tontería porque tú no lo necesitas. Tú estás bien. Tienes buen humor, no estás loco, le caes bien a la gente y no te pasan cosas raras que ameriten consultas médicas de este tipo.

Todo eso es tu opinión.

Deja que un psicólogo o un psiquiatra te digan eso: que no es necesario que acudas con ellos.

Si tienes algún problema con tu rodilla debido a una caída, vas con un traumatólogo hasta que te informa que ya no es necesario. Y así con cualquier especialidad. Un experto ético te va a decir cuando tus interacciones directas con él ya están de más.

El punto de todo esto es que no vas a llegar muy lejos en esto de crear empresas si la parte más importante que dirige todos tus pensamientos y comportamientos no está bien afinada. Tu mente requiere mucho mantenimiento. Muchísimo. Algo de eso se lo puedes dar tú, justo como con el mantenimiento de tu auto al cual, claro, puedes lavar y cambiarle una llanta, pero a menos que seas un consumado mecánico automotriz con grandes conocimientos de electrónica, hay muchas cosas fuera de tu capacidad de reparación directa.

No vas a poder confiar ni delegar de manera consistente y ganadora si ves esto de ir al psicológico/psiquiatra como algo exótico, como un tema tabú, como una cuestión que te resta puntos de algún tipo de juego tonto con la sociedad.

Todos los tipos de alto desempeño que conozco invierten como locos en tener súper afinada su mentalidad. Saben que de ahí viene todo.

Lo necesitas. Y la prueba está en que tu energía física y mental es finita. Las habilidades técnicas que ponen pan en la mesa no las vas a poder ejecutar con entusiasmo y disciplina durante tus próximos cuarenta, cincuenta años de vida. Necesitas construir un sistema a tu alrededor basado en tu conocimiento, experiencia, contactos y no en tu ejecución directa.

Agenda una consulta con un psicólogo y otra con un psiquiatra. Comienza a indagar con cada uno de ellos las razones de tu dificultad para confiar y delegar.

Y —si te ocurre como a mi amigo y a mí— explora también qué es lo que estás compensando con tanta comida.


Cuando hablo de confiar, no me refiero a que seas tonto e inocente y que confíes ciegamente en el mundo. Si algo somos las personas, es caóticas. Y tienes que estar alerta para que ese caos que nos rodea no afecte la empresa que quieres construir, la cual por cierto en esta etapa inicial tiene una infraestructura tan sólida como un castillo de naipes.

No. Cuando hablo de confiar no lo hago en términos externos. No es un tema de “confía en las personas” o “confía en que todo estará bien”.

Me refiero a que confíes en ti, por sobre todas las cosas.

Tus colaboradores se van a equivocar en muchas cosas en varias ocasiones. Cuando esto inevitablemente ocurre, el amateur avienta su mente hacia arenas estilo “eso no habría ocurrido si lo hubiese hecho yo”, “es que por eso no puedo confiarle esto a nadie más”.
A ver. Si Steve Jobs y Bill Gates pudieron dejar de tomar cada llamada de teléfono, cobrar cada factura y atender a cada proveedor en un negocio tan complejo como es construir una empresa de alta tecnología en los albores de la industria de la computación personal, ¿me estás diciendo que tu actividad es mucho más sofisticada e innovadora que la de ellos? Por favor.

Y, por cierto, Steve Jobs no confiaba en la gente. Bill Gates realmente tampoco.

Esto es lo que tú tienes que hacer y que ellos entendieron muy pronto en el juego: se trata de confiar en uno mismo al máximo nivel. Que si tus colaboradores hacen tonterías, tengas la dureza mental y disciplina emocional de saber que tú lo puedes reparar.

A menos que estés a cargo de la sala de emergencias de un hospital, casi todo en lo que tus colaboradores puedan equivocarse es reparable.

No es agradable ni deseable que se equivoquen, pero como te decía, si no puedes confiar en tu capacidad de que podrás resolverlo, ahí hay una fuerte señal de que mi sugerencia de conversaciones con tu subconsciente y medicamentos no está errada.

Confía en ti mismo. Esto se lee romántico, inspirador, bonito. Tú abórdalo como algo práctico. Sé un pro que construye compañías basado en que los errores de sus colaboradores son señales claras de que hay procesos que mejorar y ya.


Delegar es lo mismo. Es un tema que tiene que ver con la importancia artificial que nos fascina inyectar a nuestro ego.

No delegar significa que piensas así:

“Sólo yo puedo hacer las cosas bien”.

“Sólo yo sé cómo se debe hacer”.

“Sólo yo puedo atender al cliente como quiere”.

Esto es ego y debilidad emocional que te ata a creer que siendo el centro del universo de tus servicios tu vida tiene significado.

Claro que no eres el único que puede hacer las cosas bien.

Claro que no eres el único que sabe cómo hacerlo.

Claro que no eres el único que puede atender al cliente como quiere.

Una vez que hayas superado en tus consultas médicas con los especialistas del cerebro tus traumas de por qué quieres hacerlo todo tú, vas a hacer lo siguiente:

Contratas a alguien que esté, no sé, a un cincuenta por ciento de tu nivel técnico en lo que sea que haces. O más. No importa mucho, pero sí que tenga una excelente actitud ante la vida. Esto es extremadamente importante. Recuerda que las habilidades las puedes enseñar, pero no puedes convertir a alguien a que sea agradable si su temperamento ya está cableado de otra manera.

Vas a seguir atendiendo todo (clientes, proveedores, prospectos) tú directamente. Pero esta personita te va a acompañar como una sombra. Va a ver cómo lo haces, con quién hablas, qué palabras usas, el tiempo que te tomas. Va a escribir sus notas. Vas a platicar con él los secretos del oficio y demás.

Haz esto durante, digamos, un par de meses.

Tus clientes, prospectos y proveedores tienen que acostumbrarse a ver a este tipo a tu lado. Tú preséntalo sin título. Di algo así como “Este es John” y listo, no tienes que dar más explicaciones.

Un día, pasados esos dos meses, comienzas a hacer una especie de transición velada ante los ojos de tus clientes, prospectos y proveedores. Ahora John comienza ejecutando el veinte por ciento de las acciones con ellos. Luego vas subiendo el asunto hasta que en una interacción cualquiera él ya ejecuta el ochenta por ciento del servicio y la conversación. Todo esto siempre contigo al lado.

En este punto, tu ecosistema ya está familiarizado con John. Saben que es tan bueno como tú. Saben que lo respaldas. Saben que tiene la capacidad de atenderlos bien. Un día, de forma casual, le informas al cliente —delante de John— que en la siguiente sesión John se hará cargo de ellos porque tú tienes que salir de viaje y no quieres que eso sea una excusa para dejar de darle servicio. Sorpréndete al ver qué tan natural y bien tus clientes aceptan la idea.

Y comienzas a desaparecer.

Ya tienes un John ejecutando por ti.

Es hora de generar un Paul, luego un George, luego un Ringo.

Esto se llama escalar. Estás generando empleos. Estás impulsándote e impulsando a tu comunidad. Estás aprendiendo a crear un sistema. Estás convirtiéndote poco a poco en empresario con recursos. Esos recursos generan riqueza para ti y para tu entorno.
Desea cosas así.


Vienen varios temas.

El tema del miedo a que te roben las ideas. ¿Te van a robar las ideas? Claro. Y puedes tratar de reinventar la rueda o hacer la paz con esto y consolarte entendiendo que sí, te van a robar las ideas, pero nadie puede robarte la ejecución. Ahí tienes como prueba el mundo de apps que quieren ser Uber, el mundo de plataformas que quieren ser Facebook, el mundo de pizzerías que quieren ser Domino’s.

El tema del miedo a que te roben a los clientes es otro bastante válido. Contrarréstalo con un buen marketing. ¿Ha Pepsi realmente robado clientes a Coca-Cola o por el contrario ha solidificado la lealtad a la marca por comparación? Si no estás dispuesto a que tus clientes se embarquen en la exploración de tu competencia para que regresen todavía más convencidos, el problema no es la gente que contrates para escalar y que te roben a tu clientela, sino la calidad de tu producto o servicio.

Mucha gente responde a mi argumento de escalar defendiendo el hecho de que no les interesa, que así están bien, que no quieren problemas.

Conforme decidas no escalar y continúes ejecutando más y más por tu cuenta, te volverás mejor en el asunto técnico que sea que brindes como servicio. Llegará el día donde la aventura habrá terminado porque lo que haces se ha vuelto monótono, rutinario, normal. Sí, ganas dinero. Sí, no tienes problemas, pero tampoco tienes una aventura frente a ti.

Más que la felicidad y el amor, el ser humano ruega porque haya aventuras frente a él.
Observa a cualquier persona que tenga una buena cuenta bancaria, buenos autos, vacaciones, una familia bonita, un buen empleo o una empresa funcionando. Si todo lo que quisiéramos fuera felicidad y amor, esa persona debería encerrarse en su habitación a no hacer nada fuera de su rutina establecida porque en teoría ya lo tiene todo.

¿Sabes? Esa persona va a romper algo. Esa persona necesita interactuar con el caos. Y si no lo encuentra, lo va a crear. Esto es porque cuando no tenemos retos, no activamos partes de nuestro código genético que desean salir para hacernos crecer, para explotar a nuestro favor el cúmulo de habilidades y posibilidades que todas las generaciones antes de nosotros nos han regalado.

Un gimnasio no vende músculos. Te vende el reto para que salgan de ti.

Una empresa no te da nuevas habilidades. Te da el reto para que salgan de ti.

Escalar una compañía es de los mejores retos de nuestros tiempos.

Ganas tú en varias dimensiones: la social, la financiera, la emocional. Gana tu entorno. Gana tu nación.

Ah, sí. La nación. Escalar un negocio es de las maneras más genuinas para considerarte un verdadero patriota. Pocas cosas con tanto impacto como crear organizaciones dinámicas, solucionadoras, activas, buenas, ambiciosas.

No nos faltan auto-empleados ni emprendedores en nuestras queridas coordenadas latinoamericanas. Tenemos muchísimos. Esa es la parte fácil.

Nos hacen falta líderes de sí mismos que tengan la ambición y visión de escalar su negocio, de crear organizaciones, de diseñar sistemas, de fundar verdaderas empresas. Este es el reto.

Pero como te decía, esto no lo vamos a poder hacer si no estamos bien en lo interno. Si dejamos que nuestros miedos dicten la racionalización de que no se puede confiar en la gente y que nadie puede hacer tan bien las cosas como tú.

Ahí donde veas a alguien con un sistema empresarial consolidado a su alrededor, ahí hay mucho trabajo mental que tuvo que hacer para someter sus débiles narrativas internas.

Confía.

Delega.

Escala.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

EMPLEADOS DE BAJO DESEMPEÑO

Aquí van algunos puntos que por años he notado en colaboradores que no logran hackear su comportamiento para negociar una mejor realidad.


Al empleado de bajo desempeño todos los problemas le crecen.

Situación:

¿Una factura? Dios, permítame. Déjeme correr por toda la tienda departamental consultando con todos mis compañeros, involucrando a mi supervisor y metiendo a otra cajera y otro vendedor en el proceso para hacerle su factura y escribir mal los datos. Al tercer intento —y con ayuda del empleado más veterano— por fin voy a poder facturar adecuadamente su compra, querido cliente.

Observación:

Caray. Piensa siempre en todo lo que los clientes potenciales van a requerir de ti. Si trabajas en una tienda departamental, no deberías sorprenderte si alguien te pide una factura. ¿Llevas tres semanas ahí y no te has preocupado por aprender esto? Esto habla mucho de tu enfoque. No andes como gallina sin cabeza alertando a todo el mundo de algo que no sabes. Gana tiempo. Sé extremadamente amable. Soluciona y —lo más importante— asegúrate de no volver a estar en la misma situación caótica.


El empleado de bajo desempeño platica con sus compañeros como si el cliente no estuviera.

Situación:

Piensa en la estilista y su animada conversación en voz alta con alguna compañero sobre algo que la dueña del negocio dijo hace unos días mientras te corta el cabello. O imagina al mesero de la cafetería platicando con otro junto a ti sobre la chica nueva del otro turno que no sabe cómo entregar las comandas mientras intentas disfrutar tu almuerzo.

Observación:

Platicar como si tu cliente no estuviera sólo refuerza tu falta de profesionalismo. No tratar a tu cliente de forma premium —sin importar el lugar y la actividad a la que te dediques— habla que no estás en la sintonía superior de servicio. Y si no sabes servir en forma VIP, la vida no te dará ese trato.


El empleado de bajo desempeño es pasivo.

Situación:

No saluda primero. No se acerca con actitud de servicio total. No se anticipa a las preguntas-requerimientos del cliente. No piensa cómo facilitar la compra. No ejecuta procesos por adelantado para ganar tiempo e involucrarse en otras actividades. No entiende la importancia de mantenerse proactivo todo el tiempo.

Observación:

La pasividad que alguien demuestra en su trabajo es reflejo perfecto de la pasividad que tiene en la vida. Y lo opuesto es totalmente cierto también. El impulso con el que las personas nos metemos a las cosas es algo que no podemos ocultar en lo laboral y lo personal, nuestras facetas más importantes.


El empleado de bajo desempeño ve al jefe como al enemigo.

Situación:

Habla mal de él. Le oculta cosas. Se comporta diferente cuando el jefe está ahí. Piensa que no es justo que tenga esa posición.

Observación:

El jefe no es perfecto y ni siquiera tiene que ser bueno, pero hay una razón por la cual está ahí —y esa razón no está al alcance del empleado de bajo desempeño, no la podrá entender por su posición intrínseca. El jefe es como los papás en la adolescencia o una ex-novia: alguien muy fácil a quien usar como blanco de nuestras proyecciones psicológicas de frustración. No proyectes. Analiza. Entiende que no llegas a ser general del ejército criticando a los generales del ejército: llegas haciendo cosas.


El empleado de bajo desempeño no quiere enterarse que es de bajo desempeño.

Situación:

Habla de lo bien que hace su trabajo. Habla de lo mal que le pagan. Habla de lo experto que es. Habla de lo difícil que está la economía hoy en día.

Observación:

La cosa no está dura. Te lo juro. Te lo firmo. Lo ves así porque en el nivel que estás como empleado de bajo desempeño todos tus colegas-compañeros te van a validar: te van a decir que sí, que está difícil el asunto allá afuera, que no hay oportunidades, que así no se puede y que cada día todo está peor. Estar en el nivel de bajo desempeño es una liga estilo Alcohólicos Anónimos pero invertida: todos se apoyan pero para la causa equivocada. Hay una razón por la cual estás aceptando el mal salario que estás recibiendo: aún no sabes cómo venderte mejor, aún no sabes cómo hacer cosas que agreguen más valor, aún no sabes cómo ser más indispensable, aún no sabes muchas cosas. Eso no es malo. Nadie nace sabiendo. El problema es ser necios y pensar que uno está mal por culpa de los demás.

Tú y yo nunca, nunca, nunca estamos mal por culpa de otros.

Estamos mal porque somos muy necios en ciertas tonterías. Y es más fácil comportarnos en modo bajo desempeño que criticar lo más complicado de este mundo: a nosotros mismos.

No seas necio. Sé superior.


Exclusivamente de ti.

No escuches con atención a tus compañeros-colegas en el nivel donde estás. Quiérelos. Respétalos. Pero no les pongas atención. Ellos no te van a llevar al nivel superior que sea que quieras alcanzar.

No actúes como todos actúan porque eso te va a dar el resultado que a todos les ha dado. Actúa como actúan los que están arriba, los que están cinco escalafones arriba de ti en la jerarquía.

No te expreses de forma predeterminada con notas negativas. Hacer eso es el equivalente de darle un anti-afrodisíaco a las PADs, Personas de Alto Desempeño. Es una especie de etiqueta verbal que te colocas tú mismo para que te rechacen justo quienes más te podrían impulsar.

Todo esto que te digo lo he comprobado. Lo he visto. Lo he analizado.

Lo he hackeado.

Sé audaz. Y selo ahora.

Abrazo. Todos empezamos como empleados de bajo desempeño. Qué tan rápido salimos de ahí depende única y exclusivamente de nosotros.

Depende única y exclusivamente de ti.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS EN ESTO DE EMPRENDER

2010: renuncio a mi empleo.

2022: He lanzado empresas, dado conferencias en organizaciones de prestigio, escrito libros e impartido cursos en grandes instituciones.

Pero aquí va para ti la verdadera sangre, sudor y lágrimas si te metes a esto de emprender:

He perdido muchas relaciones. No es su culpa ni mía. Las condiciones en que nos hicimos amigos no se parecen absolutamente a nada en lo que estamos hoy. Mucha gente fuerza cosas que no tienen realmente mucho sentido para ninguno de los involucrados.

Necesitas gente enfocada a tu lado para mantenerte así. Ten un grupo que sepa de qué demonios estás hablando con eso del CRM y el REPSE en la reunión del sábado por la noche. Tristemente, creo que no hay punto neutro en nuestras relaciones sociales: o sumamos o restamos.

Lo más difícil para mí: calibrar mi ego. Gracias a él emprendí pensando que sabía lo que hacía. Y gracias también a él he cometido errores que tardan años en repararse. Lo disminuí al punto donde ya no me la creía. Me afectó. Hoy lo calibro a diario para que me impulse.

El «síndrome del impostor» es muy difícil de reconocer. Aprendí a detectarlo: está en mí cuando me siento ridículo ante una nueva idea. Este post así me hace sentir, ¿quién soy yo para explicar emprendimiento si no salgo en Shark Tank ni tengo millones de followers?

He aprendido a dominar la incomodidad de sentirme ridículo. Eso me ha permitido exponer mi nombre, mi cara, mis ideas, mi vulnerabilidad. Esto ha traído cosas negativas, claro, pero las oportunidades superan por mucho las molestias. Vale mucho la pena abrazar lo incómodo.

Cuando doy coaching a mis clientes para sus empresas, me reflejo en ellos cuando no quieren prender su cámara web, cuando quieren compartir solo lo que consideran que es perfecto, cuando desean tener todo en orden para avanzar. Así no construyes nada.

Solía admirar a las corporaciones porque creía que eran perfectas. Hoy sé del enorme caos y la cantidad de procesos que ejecutan de forma milagrosa. Te sorprenderías. Se convierten en gigantes porque se empujan a sí mismas a pesar de no tener todo bajo control. Ahora soy así.

Reid Hoffman: «Si no te da pena la primera versión de tu producto, lo estás lanzando demasiado tarde». Mis empresas, libros y cursos, uff, llenos de errores. Hey, pero están ahí afuera, generando oportunidades. Eso de la perfección es buena excusa social para ocultar tu miedo.

Como crecí en escuelas públicas, creía que para conquistar los negocios el asunto era por méritos, pues para ser bueno en clase solo bastaba hacer bien lo mío y ya. Baldes de agua fría me han explicado lo vital de las relaciones y la psicología para jugar bien este juego.

Las relaciones y la psicología son temas fastidiosos para quienes nos consideramos «inteligentes». Creemos que es injusto que otros productos, personas o servicios tengan ventas mayores a nosotros si nos hemos esforzado más y «merecemos» mejores resultados.

Golpe a mi sensibilidad fue enterarme que era inteligente en lo académico pero tonto en la vida. Que a nadie le interesaba mi coeficiente intelectual allá afuera sino lo que podía resolver para ellos, entregarles en tiempo y forma y negociar a su favor.

Esto lo veo a diario con profesionales que son muy inteligentes en su empleo y no quieren enterarse que eso no importa mucho ahora que van a lanzar su empresa porque las diferentes inteligencias que requieren para tener éxito no las han desarrollado mucho. No lo conciben.

Elon Musk: «Si necesitas palabras de inspiración, no seas emprendedor». La parte de glamour sobre emprendedores en revistas e internet es 0.000001 del trabajo para hacer que las cosas funcionen. Nadie me dijo esto. Pensaba que era lo principal. No. Eso es mera superficie.

Otro shock emocional que recibí fue el día que entendí que había cosas que ni siquiera sabía que desconocía. Es decir, sé que no sé contabilidad y puedo conseguir ayuda en eso, pero hay otras áreas que no tenía ni siquiera idea de que eran importantes y por lo tanto descuidé.

Una de esas áreas era la salud mental. Siempre he sido optimista, positivo, duro en mi mentalidad y decisiones. Y llegó el año donde me quebré, donde no aguanté la presión y muchas cosas comenzaron a derrumbarse, donde el drama por todos lados me invadió.

Salí de ahí gracias al grupo que te digo que debes tener de gente a tu lado que sepa qué demonios estás experimentando y también a que aprendí a aplicar inteligencia para la vida, avanzando en lo que importa en lugar de lo que me hacía lucir bien.

Muchos emprendedores novatos comenzamos presumiendo más que ejecutando adecuadamente. Y se vuelve un vicio hablar de lo bien que nos va y lo geniales que somos en lugar de estar concentrados. Sentía genial cuando la gente me admiraba y me volví superficial.

Cuando la parte negativa de la realidad me aplastó, fui al psicólogo, psiquiatra y gym. Me enfoqué en conseguir resultados más que aplausos. Descubrí que los pros tienen a profesionales de la mente a su lado todo el tiempo. Y copié eso.

Conforme vas teniendo éxito, los fracasos duelen más. Esto se lee fácil y se experimenta durísimo. Yo lo «sabía» pero no lo internalicé hasta que lo viví, como casi todo lo que vale la pena en la vida.

Me metí a emprender por mi ego, como ya te había dicho. En la empresa en la que pasé ocho años, subí rápido de empleado de medio tiempo a supervisor de cientos de colaboradores, incluyendo a quienes me habían contratado y entrenado. Me fui en un punto alto y esto ayudó.

Verás, muchos renuncian por drama: enojo con el jefe, insatisfacción, etcétera. Esa inercia negativa te la llevas contigo a tu emprendimiento si es que lanzas uno en ese instante. Lo que me impulsó fue que yo construí mi primer negocio con momentum positivo.

El momentum positivo es cuando la empresa en la que estás te reconoce, por ejemplo. Cuando te ascienden. Cuando te dan más responsabilidad. Cuando algo hacia arriba de la compañía aparece ante ti. Ese es el instante mágico que te recomiendo te lances a tu sueño de negocios.

Me ha ayudado que he leído bastante en la vida y que absolutamente todos los tipos que admiro dicen lo mismo: esto de conseguir resultados empresariales fantásticos no es para el débil de corazón.

He tenido que aprender sobre psicología a un ritmo acelerado. La lección más grande es que las personas no somos lo que decimos, sino lo que hacemos. Suena fácil de entender, es difícil de aceptar, porque existe gente muy convincente. Ve bien lo que construyen (o destruyen).

Contratar bien es un arte, es complicado. Error típico es querer hacer las cosas con gente que conoces. Eso fue lo que hice yo. Y no eran malas personas: yo era un mal jefe, no tenía la visión ni el entrenamiento para conseguir lo mejor de ellos en mi negocio.

Al final, la ubicación de mi primer negocio y mis primeras contrataciones revelan perfectamente mi estado psicológico del momento: tenía mucho miedo y me aferré a la zona y personas que conocía, cuando en retrospectiva si ya estaba dando el salto, debí haberlo hecho completo.

Pensaba que cuando alguien «entendía mi visión» significaba que podíamos hacer cosas juntos. Esto duró muchos años. Es hermoso encontrar gente que se entusiasme con tus ideas. Yo quería contratarlos a todos porque creía que las cosas serían así más fáciles.

Terminé siendo el que más sabía de las diferentes áreas de mi empresa. Esta es una posición terrible. No te pongas en ella nunca. Esto significa que no tenía la confianza personal para contratar gente que pudiera retarme —exponer mi ignorancia.

Ando en mis cuarentas y veo a jóvenes universitarios entusiastas, otros necios, otros enamorados de tonterías y así. Veo la distancia emocional tremenda que existe entre nuestros mundos y entiendo que es difícil abrazar la experiencia de alguien más.

He tomado aviones y pagado hoteles solo para platicar dos horas con gente que está muchos millones de dólares arriba de mí en negocios. Ponen en contexto mis problemas. Me explican lo que hacen para solucionar situaciones como la mía. Y aprendo más que en cualquier MBA.

Esto de abrirme a escuchar a quienes saben de lo que están hablando no lo hacía. Mi ego, mi inseguridad disfrazada de necedad, mi creencia de que era muy inteligente y yo lo podía resolver todo, me impedía levantar la mano para pedir consejo a los verdaderos expertos.

Cierta inocencia me ayudó a lanzarme a esto del emprendimiento, pero llegó un punto donde se volvió en mi contra. Esos influencers que admiras, ese empresario que sube fotos en su avión, no hacen las cosas solos. No puedes imitar su ritmo si no aprendes a crear estructuras.

Es más, esos hombres de negocios con bestsellers solo los dictan a grandes rasgos. Tratos enormes no ocurren porque tu producto sea superior y ni siquiera barato. Son las relaciones. Sé que me entiendes, pero hasta que dejes de buscar la lógica en el mundo lo internalizarás.

¿Qué me ayudó a emprender? Leer mucho. Ficción. No ficción. Poesía. Física. Historia. Tener un ligero entendimiento de muchas áreas facilita la conexión con ideas, personas y culturas. Gracias a la lectura estuve en mi mente en países que tardé años en conocer físicamente.

Hablar inglés. Aquí te dejo mis mejores hacks al respecto.

Aumenté mi inteligencia emocional. Admito más rápido y seguido cuando una de mis ideas o ejecuciones no tiene sentido. Me río más fácil de mis torpezas o conclusiones tontas.

La parte física. Creo de todo corazón que la tontería más grande que podría haber cometido es tratar de solucionar los problemas de la mente solo con la mente. Comencé a correr más duro. A usar el gimnasio. A nadar. A tomar más tiempo para leer y dar largas caminatas.

Tim Ferriss, Lex Fridman, Joe Rogan. Las conversaciones que tienen con todos sus invitados en cada uno de sus podcasts son una especie de universidad diaria para mí. Los escucho y encuentro una y otra vez la misma referencia: que las cosas que valen la pena toman tiempo.

Además, siendo honestos, los estudios serios indican que los tipos que construyen empresas geniales andan en sus mediados cuarentas. Y tiene sentido: ya estamos en un momento más maduro de la vida, nos hemos dado golpes, entendemos mejor el juego.

Escuchamos hasta el cansancio que esto de emprender es un maratón y no un sprint. Conseguir el ritmo que te haga llegar a la meta es vital. A diario tengo problemas. Ya los veo como parte de mi trabajo y no como algo que desaparecerá mágicamente.

Integro a diario el típico revés cotidiano de negocios con la educación de mis hijos, con el tiempo familiar, con mi rutina personal y así. Si espero a que todo sea perfecto para disfrutar los días, bueno, eso no es realista.

Hace unos días leí esto y me encantó. Creo que comparto este rasgo con la gente con la que he podido construir cosas geniales: niveles psicóticos de persistencia. Y es algo que debes saber si tienes o no. Y si no lo tienes, desarróllalo.

Lograr buenos resultados sostenibles es complicado, no compres el éxito fácil que una revista venda. Conozco a muchos —yo incluido— que hemos estado en páginas de grandes revistas y al año el proyecto por el que nos hicieron el reportaje ya no opera, pero eso no lo informan.

Me inventé una filosofía llamada «alto desempeño» y trabajo en ella a diario. Es lo opuesto a la victimización donde todos tienen la culpa menos yo. En el alto desempeño siempre busco el siguiente nivel. Esto me ayuda a mantenerme enfocado porque sé siempre cómo debo actuar.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

ERRORES DE AMBICIÓN

Este es uno de los principios que más guían mis acciones:

All courses of action are risky, so prudence is not in avoiding danger (it’s impossible), but calculating risk and acting decisively. Make mistakes of ambition and not mistakes of sloth. Develop the strength to do bold things, not the strength to suffer.

Es de Maquiavelo. Y una traducción iría así:

Todos los cursos de acción son arriesgados, así que la prudencia no está en evitar el peligro (es imposible), sino en calcular el riesgo y actuar con decisión. Comete errores de ambición y no errores de pusilanimidad. Desarrolla la fortaleza para hacer cosas audaces, no la fortaleza para sufrir.

Walter Isaacson relata que por pocos días —y por única ocasión en sus vidas— se reunieron al mismo tiempo Leonardo da Vinci, Nicolás Maquiavelo y César Borgia. Lo que el polímata por excelencia, el consejero por excelencia y el millonario por excelencia hayan discutido, ha de haber sido fascinante. Se dice que Maquiavelo estudió a fondo las acciones de Borgia y que basó muchas de las notas de su famosa obra en el análisis de los resultados que su benefactor obtuvo.


Cuando eres audaz, los audaces encuentran natural reunirse contigo.

Esto es bastante cierto también al revés: cuando te permites vivir en la indecisión, los indecisos encuentran cabida fácil en tu entorno, generando así que te ahogues en un ciclo vicioso.

Sé audaz. No te lo digo como slogan, sino como resumen práctico de la manera en que intento vivir.

Fácil no es.

Cómodo no es.

Los dolores de cabeza y las molestias emocionales que la audacia me ha dado a lo largo de los años han sido brutales. No te digo esto de forma romántica o exagerada sino como un establecimiento de los hechos que estoy guardando para algún futuro libro donde te platicaré el asunto al desnudo. Más allá de esos dramas que escribiré, quiero decirte que tomes la frase que hoy estoy compartiendo contigo y la internalices.

Entiende que siempre vas a cometer errores.

Siempre, baby.

Entonces comete errores de ambición.

Te puedo decir que todos mis errores en los últimos diez años han sido de ambición. Bastante dolorosos, como ya te lo dije. Lo genial es que el aprendizaje ha sido acelerado e impresionante.

Ahora puedo comparar aquellos errores de pusilanimidad que cometí incesantemente en mis veintes contra los de ambición en mis treintas. Una vez que te acostumbras a la audacia/ambición, actuar pusilánimemente queda descartado de tu organismo.

Haz que tus tripas vomiten naturalmente la pusilanimidad.

Ayer platicaba con un cliente de mis servicios de coaching. Me comentaba de una negociación donde necesitaba obtener cierta cantidad de sus socios. Le dije que solicitara diez veces más, que no sabía si lo iba a necesitar. Me dijo que ya había hecho números y que sólo hacía falta lo que me decía. Le dije que no: que siempre hay imprevistos y que estaban planeando para un par de meses cuando debería estar empujando medio año al menos, pero más importante, que no dejara que lo dominaran ni el miedo ni la pena de solicitar el combustible económico adicional necesario. Porque eso era: miedo. Le expliqué que es igual de cansado y frustrante negociar la cantidad x que la cantidad 10x, así que mejor lo empujé a que se entrenara en la opción más ambiciosa.

Piensa que tal vez eres pobre por el nivel de

  • tu ego,
  • tus decisiones,
  • tus relaciones,
  • tus prioridades,
  • tus reacciones,
  • tu desempeño y
  • tu visión.

Sí, claro: también por culpa del sistema, geografía, suerte y genes, pero eso no lo puedes alterar. Te puedes indignar con esto que te digo. O puedes ejecutar al respecto.

Nos han taladrado que ser ambiciosos es algo malo.

Y así morimos pobres y frustrados.

Sé ambicioso y luego balancéalo con ser generoso.

Generoso con tus ideas. Con tus recursos. Con tus relaciones.

No mueras pobre ni frustrado.

Prométete que a partir de aquí, todos tus errores serán de ambición.

¿Qué tal pasar a modo audaz con esa personita a la que nunca le has pedido directamente que tenga una cita contigo?

¿Qué tal pasar a modo ambicioso con esa idea que dices que quieres lanzar al mundo pero mantienes secreta para que nadie te critique?

No sé, cosas así.


¿Qué es lo peor que puede pasar al ser ambicioso?

No lo sé. Pero hoy estoy escribiendo artículos como éste a miles de personas de alto desempeño cuya sangre está regada por todo el planeta. Varios de ustedes responden mis mensajes con sus historias, me hacen preguntas, me contratan, compran mis cursos, van a mis eventos, nos hacemos amigos, combatimos la soledad de la mente, nos recomendamos apps, libros, influencers, canales de Youtube y demás.

Hey, no es tan malo.

El pago han sido todos esos duros dolores de cabeza y agobiantes molestias emocionales que ya te dije que van para un libro posterior.

¿Qué es lo mejor que puede pasar al ser ambicioso?

No lo sé todavía.

Sigo en ello.

Únetenos.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

WEALTH, WEALTH, WEALTH

“Wealth” es una de esas palabras interesantes a la hora de traducirlas al español. ¿Es “riqueza” su equivalente correcto? Tal vez, pero no solamente en el sentido financiero. Como sea, es el concepto que llevo años tratando de hacer aparecer en mi vida, de dominar y de hacerlo crecer.

Wealth, wealth, wealth.

Wealth en todos los aspectos. Esto ya lo sabes: de nada sirve tu riqueza financiera si tu salud es frágil. Por otro lado, tu salud física espectacular de hoy poco vale si no sabes construir bases monetarias fuertes sobre las cuales pararte cómodamente en tus últimas décadas de vida.

Hablemos de tres etapas importantes en esto de tener wealth en nuestras vidas.


Wealth awareness.

Lo primero es entender que es posible alcanzar riqueza en varios aspectos. Usualmente nos enfocamos con exceso en un par de áreas: estudiamos mucho y trabajamos duro y a cambio de eso recibimos un buen salario y prestigio al ingresar a una empresa reconocida. Vamos jugando bien esa parte del juego corporativo pero descuidamos la salud porque no nos damos tiempo para ir al gym y comemos mal ya que estamos jóvenes, sanos y fuertes (en este momento). Esta es la historia de casi todas las personas que he conocido a lo largo de mi vida en la clase media hacia abajo principalmente. Incluyéndome yo, sin lugar a dudas.

No es nada complicado ver las posibilidades geniales de tenerlo todo en nuestra vida: dinero, salud, buenas relaciones, felicidad. Se trata de descubrir todo eso —y nunca mejor la palabra. Des-cubrir: quitar aquello que está cubriendo el concepto. ¿Qué lo cubre? Nuestras relaciones del momento. Lo que dejamos que nos taladren a diario. Lo que creemos sin retar.

¿Sabes qué destruye las posibilidades de descubrir la riqueza a la que podríamos acceder? Ver las noticias. No tenemos realmente idea de lo nocivo que es esto. Lo vemos como natural igual que en las películas de antaño la gente fuma dentro de la oficina como cualquier cosa. Las noticias no aportan absolutamente nada. Están redactadas por gente que no está pensando qué es lo que te conviene a ti en la vida. Están redactadas por muchas personas enojadas con la vida. Están diseñadas para hacerte adicto al drama. Son humo que te hace sentir que eres un buen adulto, un ciudadano responsable, un tipo enterado del mundo cuando nada de eso significa algo concreto ni en tu cuerpo ni en tu cuenta bancaria.

Después de las noticias, considero que los siguientes obstáculos para poder descubrir la riqueza en nuestra vida son las relaciones que no cuidamos, relaciones en las que no somos estratégicos sino meramente reactivos, relaciones en las que nos ciclamos, relaciones en las que nos hemos dejado llevar por la costumbre. Es casi imposible encontrar gente altamente exitosa y feliz en múltiples dimensiones rodeados de gente que no los multiplica.


Wealth building.

Bien. Ahora que ya sabes lo que tienes que hacer para conseguir que la riqueza financiera, espiritual, mental, familiar y social esté a tu alcance, debes construirla activamente.

Aquí entra durísima la parte de la mentalidad.

No puedes tener una vida extraordinaria si haces lo mismo que la gente ordinaria. Y una frase como ésta se escucha terrible en esta época de alta sensibilidad donde las personas vivimos con antenas paradas todo el tiempo para encontrar con facilidad aquello que nos dé un permiso fácil para ofendernos.

No te ofendas. Mejor observa.

Amo a mis papás. Y los amaré toda la vida. Y para que entiendas con un ejemplo real de mi vida esto que estoy intentando explicarte, quiero que sepas que ninguno de los dos es millonario, jamás han construido una fortuna y no han llegado a la etapa avanzada de sus vidas en condiciones envidiables. Decir esto de las personas que nos dieron la existencia no es común ni sencillo, sobre todo porque estamos acostumbrados a venerar instituciones y personas sin entender que para diseñar un destino genial debemos ser pragmáticos al extremo. Amar a alguien no significa seguir sus pasos. Amar a alguien no significa poner atención a esa persona. Yo no podría construir riqueza transgeneracional en varias dimensiones siguiendo los pasos de mamá y papá. Repito: los amo y admiro en algunos sentidos, pero tengo claro lo que no me conviene imitar.

Ahora transfiere este entendimiento a tus amigos. A tus maestros. A tus jefes. A muchas personas que quieres, admiras y buscas en automático sin pensar lo que realmente te están aportando o quitando. Hay muchas cosas importantes que no podemos ver fácilmente en la vida y si te juntas con gente que tampoco las ve y mucho menos les interesa, será casi imposible que lo extraordinario se manifieste ante ti.

Para construir riqueza financiera y de salud, considera que para la inmensa mayoría de las personas la ruta resulta rara y exótica —por decir lo menos. Pregúntate esto: ¿Encajo bien con casi todas las personas a mi alrededor? ¿Pienso y actúo en términos generales como todos ellos? ¿Están en donde yo quisiera estar en términos financieros y de salud? ¿Están en el camino que los va a llevar ahí?

La construcción de una estructura de vida financiera y de salud diferente, superior, requiere elementos diferentes, superiores. Esos elementos son disciplina, hábitos, mentalidad, ejecución, relaciones.


Wealth management.

Ya estás ahí. Genial. El ejercicio fuerte y alimentación adecuada son constantes en tu rutina. Las finanzas van bien y cada vez mejor. Y tienes planes a largo plazo con tus inversiones “aburridas”, alejadas de las ridiculeces dramáticas a las que nos volvemos adictos al ver una película o video de traders con jalones de adrenalina cada dos segundos.

Si ya llegaste, manténte ahí.

Esto lo consigues poniendo una fortificación emocional, intelectual y física a tu alrededor. El ruido del mundo te va a querer invadir. Las relaciones dramáticas buscan grietas por las cuales ingresar a tu sistema operativo personal.

Tus opciones diarias de todo tipo deben ser muy claras y estrictas para poder conservar el nuevo equilibrio genial que has ganado para esta parte de tu vida.

Entender, construir y mantener riqueza de salud y financiera es un tema extremadamente infravalorado. “No hay tiempo”. “Es que la crisis está dura”. “Es que ya nada es como antes”. “Es que el desempleo está por las nubes”. “Es que mi situación personal es compleja”. “Es que el gobierno no ayuda”. “Es que en mi trabajo no me da tiempo para hacer otras cosas”.

Dos notas al respecto de todo eso: algunas de las cosas que dices en ese estilo son seguramente ciertas. ¿Y de qué sirve que sean ciertas? Sí, tal vez tu jefe es un patán y te explota física y psicológicamente. Lamentablemente, establecer este hecho real no te ayuda en lo absoluto, no te lleva a ningún lado. La victimización —incluso siendo verdadera— es levantar emocionalmente la bandera de derrota. No te victimices. Y lo segundo que te quiero dejar aquí es que si efectivamente estás inmerso en una o varias de esas frases, la forma para salir de ahí no está ni en la mentalidad, ni en la ejecución, ni en las relaciones, ni en la rutina que tienes. De hecho, todo eso, tu mentalidad, ejecución, relaciones y rutina actuales son las cosas que te han puesto ahí. Así que debes modificarlas y no cuidarlas asignando culpas externas —que pueden ser totalmente ciertas, lo acepto, pero aun así eso no te dan ninguna herramienta para avanzar.

Te quiero, querida Persona de Alto Desempeño.

Quiero que tengas riqueza de salud, riqueza financiera, riqueza social en tu vida.

Para ello voy a seguir insistiendo en poner en tu radar temas que tal vez no son los más cómodos del mundo. Estas son notas que nadie me explicó y que he tenido que ir descubriendo —de nuevo la palabrita— y aplicando para conseguir algunos buenos resultados.

Resultados que tú también puedes tener.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.