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SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS EN ESTO DE EMPRENDER

2010: renuncio a mi empleo.

2022: He lanzado empresas, dado conferencias en organizaciones de prestigio, escrito libros e impartido cursos en grandes instituciones.

Pero aquí va para ti la verdadera sangre, sudor y lágrimas si te metes a esto de emprender:

He perdido muchas relaciones. No es su culpa ni mía. Las condiciones en que nos hicimos amigos no se parecen absolutamente a nada en lo que estamos hoy. Mucha gente fuerza cosas que no tienen realmente mucho sentido para ninguno de los involucrados.

Necesitas gente enfocada a tu lado para mantenerte así. Ten un grupo que sepa de qué demonios estás hablando con eso del CRM y el REPSE en la reunión del sábado por la noche. Tristemente, creo que no hay punto neutro en nuestras relaciones sociales: o sumamos o restamos.

Lo más difícil para mí: calibrar mi ego. Gracias a él emprendí pensando que sabía lo que hacía. Y gracias también a él he cometido errores que tardan años en repararse. Lo disminuí al punto donde ya no me la creía. Me afectó. Hoy lo calibro a diario para que me impulse.

El «síndrome del impostor» es muy difícil de reconocer. Aprendí a detectarlo: está en mí cuando me siento ridículo ante una nueva idea. Este post así me hace sentir, ¿quién soy yo para explicar emprendimiento si no salgo en Shark Tank ni tengo millones de followers?

He aprendido a dominar la incomodidad de sentirme ridículo. Eso me ha permitido exponer mi nombre, mi cara, mis ideas, mi vulnerabilidad. Esto ha traído cosas negativas, claro, pero las oportunidades superan por mucho las molestias. Vale mucho la pena abrazar lo incómodo.

Cuando doy coaching a mis clientes para sus empresas, me reflejo en ellos cuando no quieren prender su cámara web, cuando quieren compartir solo lo que consideran que es perfecto, cuando desean tener todo en orden para avanzar. Así no construyes nada.

Solía admirar a las corporaciones porque creía que eran perfectas. Hoy sé del enorme caos y la cantidad de procesos que ejecutan de forma milagrosa. Te sorprenderías. Se convierten en gigantes porque se empujan a sí mismas a pesar de no tener todo bajo control. Ahora soy así.

Reid Hoffman: «Si no te da pena la primera versión de tu producto, lo estás lanzando demasiado tarde». Mis empresas, libros y cursos, uff, llenos de errores. Hey, pero están ahí afuera, generando oportunidades. Eso de la perfección es buena excusa social para ocultar tu miedo.

Como crecí en escuelas públicas, creía que para conquistar los negocios el asunto era por méritos, pues para ser bueno en clase solo bastaba hacer bien lo mío y ya. Baldes de agua fría me han explicado lo vital de las relaciones y la psicología para jugar bien este juego.

Las relaciones y la psicología son temas fastidiosos para quienes nos consideramos «inteligentes». Creemos que es injusto que otros productos, personas o servicios tengan ventas mayores a nosotros si nos hemos esforzado más y «merecemos» mejores resultados.

Golpe a mi sensibilidad fue enterarme que era inteligente en lo académico pero tonto en la vida. Que a nadie le interesaba mi coeficiente intelectual allá afuera sino lo que podía resolver para ellos, entregarles en tiempo y forma y negociar a su favor.

Esto lo veo a diario con profesionales que son muy inteligentes en su empleo y no quieren enterarse que eso no importa mucho ahora que van a lanzar su empresa porque las diferentes inteligencias que requieren para tener éxito no las han desarrollado mucho. No lo conciben.

Elon Musk: «Si necesitas palabras de inspiración, no seas emprendedor». La parte de glamour sobre emprendedores en revistas e internet es 0.000001 del trabajo para hacer que las cosas funcionen. Nadie me dijo esto. Pensaba que era lo principal. No. Eso es mera superficie.

Otro shock emocional que recibí fue el día que entendí que había cosas que ni siquiera sabía que desconocía. Es decir, sé que no sé contabilidad y puedo conseguir ayuda en eso, pero hay otras áreas que no tenía ni siquiera idea de que eran importantes y por lo tanto descuidé.

Una de esas áreas era la salud mental. Siempre he sido optimista, positivo, duro en mi mentalidad y decisiones. Y llegó el año donde me quebré, donde no aguanté la presión y muchas cosas comenzaron a derrumbarse, donde el drama por todos lados me invadió.

Salí de ahí gracias al grupo que te digo que debes tener de gente a tu lado que sepa qué demonios estás experimentando y también a que aprendí a aplicar inteligencia para la vida, avanzando en lo que importa en lugar de lo que me hacía lucir bien.

Muchos emprendedores novatos comenzamos presumiendo más que ejecutando adecuadamente. Y se vuelve un vicio hablar de lo bien que nos va y lo geniales que somos en lugar de estar concentrados. Sentía genial cuando la gente me admiraba y me volví superficial.

Cuando la parte negativa de la realidad me aplastó, fui al psicólogo, psiquiatra y gym. Me enfoqué en conseguir resultados más que aplausos. Descubrí que los pros tienen a profesionales de la mente a su lado todo el tiempo. Y copié eso.

Conforme vas teniendo éxito, los fracasos duelen más. Esto se lee fácil y se experimenta durísimo. Yo lo «sabía» pero no lo internalicé hasta que lo viví, como casi todo lo que vale la pena en la vida.

Me metí a emprender por mi ego, como ya te había dicho. En la empresa en la que pasé ocho años, subí rápido de empleado de medio tiempo a supervisor de cientos de colaboradores, incluyendo a quienes me habían contratado y entrenado. Me fui en un punto alto y esto ayudó.

Verás, muchos renuncian por drama: enojo con el jefe, insatisfacción, etcétera. Esa inercia negativa te la llevas contigo a tu emprendimiento si es que lanzas uno en ese instante. Lo que me impulsó fue que yo construí mi primer negocio con momentum positivo.

El momentum positivo es cuando la empresa en la que estás te reconoce, por ejemplo. Cuando te ascienden. Cuando te dan más responsabilidad. Cuando algo hacia arriba de la compañía aparece ante ti. Ese es el instante mágico que te recomiendo te lances a tu sueño de negocios.

Me ha ayudado que he leído bastante en la vida y que absolutamente todos los tipos que admiro dicen lo mismo: esto de conseguir resultados empresariales fantásticos no es para el débil de corazón.

He tenido que aprender sobre psicología a un ritmo acelerado. La lección más grande es que las personas no somos lo que decimos, sino lo que hacemos. Suena fácil de entender, es difícil de aceptar, porque existe gente muy convincente. Ve bien lo que construyen (o destruyen).

Contratar bien es un arte, es complicado. Error típico es querer hacer las cosas con gente que conoces. Eso fue lo que hice yo. Y no eran malas personas: yo era un mal jefe, no tenía la visión ni el entrenamiento para conseguir lo mejor de ellos en mi negocio.

Al final, la ubicación de mi primer negocio y mis primeras contrataciones revelan perfectamente mi estado psicológico del momento: tenía mucho miedo y me aferré a la zona y personas que conocía, cuando en retrospectiva si ya estaba dando el salto, debí haberlo hecho completo.

Pensaba que cuando alguien «entendía mi visión» significaba que podíamos hacer cosas juntos. Esto duró muchos años. Es hermoso encontrar gente que se entusiasme con tus ideas. Yo quería contratarlos a todos porque creía que las cosas serían así más fáciles.

Terminé siendo el que más sabía de las diferentes áreas de mi empresa. Esta es una posición terrible. No te pongas en ella nunca. Esto significa que no tenía la confianza personal para contratar gente que pudiera retarme —exponer mi ignorancia.

Ando en mis cuarentas y veo a jóvenes universitarios entusiastas, otros necios, otros enamorados de tonterías y así. Veo la distancia emocional tremenda que existe entre nuestros mundos y entiendo que es difícil abrazar la experiencia de alguien más.

He tomado aviones y pagado hoteles solo para platicar dos horas con gente que está muchos millones de dólares arriba de mí en negocios. Ponen en contexto mis problemas. Me explican lo que hacen para solucionar situaciones como la mía. Y aprendo más que en cualquier MBA.

Esto de abrirme a escuchar a quienes saben de lo que están hablando no lo hacía. Mi ego, mi inseguridad disfrazada de necedad, mi creencia de que era muy inteligente y yo lo podía resolver todo, me impedía levantar la mano para pedir consejo a los verdaderos expertos.

Cierta inocencia me ayudó a lanzarme a esto del emprendimiento, pero llegó un punto donde se volvió en mi contra. Esos influencers que admiras, ese empresario que sube fotos en su avión, no hacen las cosas solos. No puedes imitar su ritmo si no aprendes a crear estructuras.

Es más, esos hombres de negocios con bestsellers solo los dictan a grandes rasgos. Tratos enormes no ocurren porque tu producto sea superior y ni siquiera barato. Son las relaciones. Sé que me entiendes, pero hasta que dejes de buscar la lógica en el mundo lo internalizarás.

¿Qué me ayudó a emprender? Leer mucho. Ficción. No ficción. Poesía. Física. Historia. Tener un ligero entendimiento de muchas áreas facilita la conexión con ideas, personas y culturas. Gracias a la lectura estuve en mi mente en países que tardé años en conocer físicamente.

Hablar inglés. Aquí te dejo mis mejores hacks al respecto.

Aumenté mi inteligencia emocional. Admito más rápido y seguido cuando una de mis ideas o ejecuciones no tiene sentido. Me río más fácil de mis torpezas o conclusiones tontas.

La parte física. Creo de todo corazón que la tontería más grande que podría haber cometido es tratar de solucionar los problemas de la mente solo con la mente. Comencé a correr más duro. A usar el gimnasio. A nadar. A tomar más tiempo para leer y dar largas caminatas.

Tim Ferriss, Lex Fridman, Joe Rogan. Las conversaciones que tienen con todos sus invitados en cada uno de sus podcasts son una especie de universidad diaria para mí. Los escucho y encuentro una y otra vez la misma referencia: que las cosas que valen la pena toman tiempo.

Además, siendo honestos, los estudios serios indican que los tipos que construyen empresas geniales andan en sus mediados cuarentas. Y tiene sentido: ya estamos en un momento más maduro de la vida, nos hemos dado golpes, entendemos mejor el juego.

Escuchamos hasta el cansancio que esto de emprender es un maratón y no un sprint. Conseguir el ritmo que te haga llegar a la meta es vital. A diario tengo problemas. Ya los veo como parte de mi trabajo y no como algo que desaparecerá mágicamente.

Integro a diario el típico revés cotidiano de negocios con la educación de mis hijos, con el tiempo familiar, con mi rutina personal y así. Si espero a que todo sea perfecto para disfrutar los días, bueno, eso no es realista.

Hace unos días leí esto y me encantó. Creo que comparto este rasgo con la gente con la que he podido construir cosas geniales: niveles psicóticos de persistencia. Y es algo que debes saber si tienes o no. Y si no lo tienes, desarróllalo.

Lograr buenos resultados sostenibles es complicado, no compres el éxito fácil que una revista venda. Conozco a muchos —yo incluido— que hemos estado en páginas de grandes revistas y al año el proyecto por el que nos hicieron el reportaje ya no opera, pero eso no lo informan.

Me inventé una filosofía llamada «alto desempeño» y trabajo en ella a diario. Es lo opuesto a la victimización donde todos tienen la culpa menos yo. En el alto desempeño siempre busco el siguiente nivel. Esto me ayuda a mantenerme enfocado porque sé siempre cómo debo actuar.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

¿POR QUÉ NO ESTÁS EN ESTE CLUB?

Nadie me explicó las reglas del juego.

Del juego llamado avance empresarial.

Recuerdo a Álvaro, Jesús y Héctor en la primaria. Los cuatro éramos inseparables. Jugábamos y nos reuníamos dentro y fuera de la escuela todo el tiempo. Teníamos amigos periféricos, ya sabes, aquellos que nos agradaban pero que no eran realmente parte de nuestro círculo interno. Cuando un maestro nos asignaba un proyecto en equipo, nuestra reacción natural era voltear a buscarnos con la mirada en el salón de clases para asegurarnos que —como siempre— íbamos a hacer las cosas juntos.

Bien. Aquí va la primera nota que me tomó años internalizar en el camino del desarrollo de negocios: todo es un club, todo es una organización, todo es una cofradía. Llámalo como quieras. Cuando estás fuera de algo, estás realmente fuera de algo. Y cuando estás dentro, man, you’re really in.

La importancia de vivir en la ciudad adecuada, acudir a la escuela adecuada, hacer los amigos adecuados y tener un empleo adecuado es invaluable. Yo no entendía esto porque crecí con esa romántica y débil idea de que lo importante es estudiar mucho, ser “inteligente” y luego trabajar duro para conseguir cosas en la vida.

“Mi trabajo es dejarles recursos y relaciones a tus hermanos y a ti”, expliqué hace unos días a mi hijo mayor. Esto lo he decidido así porque a mí me tocó comenzar desde cero sin R&R y es horrible. Es un camino bastante frustrante y cansado si eres ambicioso y quieres construir cosas de gran nivel. No me quejo (mucho) porque hay quienes comienzan no desde cero, sino desde niveles todavía mucho más abajo.

Sin embargo, hay personas que —como te decía— estuvieron en la ciudad adecuada, estudiaron en las escuelas adecuadas, hicieron las amistades adecuadas, se especializaron en el área adecuada en la universidad y trabajaron en los lugares adecuados. Ellos comienzan de manera predeterminada en niveles muy superiores al cero. Y qué bien. Honestamente, todos queremos dar oportunidades en este estilo a nuestros hijos.

Lo que te quiero informar es que en esto del avance empresarial, lo que sea que quieras ejecutar va a ser lento y desgastante si no eres parte del club, si no te conocen, si no tienes pedigree, si nadie sabe que existes. Cuando no queremos aceptar esto, cuando ni siquiera lo consideramos, vivimos con la idea simplona vista en alguna película o serie de televisión donde un gran producto, un gran servicio, un gran diseño, un gran plan de negocios nos va a abrir mágicamente la puerta con otros empresarios para convertirnos en sus iguales, hacer tratos con ellos y demás. Puede ser, sí, pero no es la norma, no es el comportamiento estándar. De hecho, es rarísimo, por decir lo menos. Lo que los hombres de negocios hacen es lo que tú y yo hacíamos con nuestro grupito de mejores amigos en la escuela primaria: voltear a vernos todo el tiempo y querer hacer las cosas con ellos nada más, con quienes conocemos, con aquellos con quienes nos sentimos cómodos.

El resumen de esta nota es que seas totalmente consciente cuando estás fuera del círculo, cuando no eres parte del club y que actúes en consecuencia. Esto no es para darnos latigazos emocionales y llorar culpando a la teoría de la conspiración pensando que los malditos cerdos capitalistas no nos dejan crecer porque no somos parte de su hermandad. Es entender que nos corresponde comenzar desde cero y tenemos que hacer cosas que otros tienen resueltas desde la cuna por la simple razón de que sus papás, sus maestros, sus amigos les entregan en bandeja de plata los hacks que necesitan para moverse con rapidez y precisión. Gente externa como tú y como yo tenemos que descubrir esos hacks por nuestra cuenta.


¿Cómo ser parte del club?

Esto no es diferente a cualquier relación: tienes que seducir. Nadie te va a dar un ticket de acceso directo a la hermandad. Tienes que demostrar resultados con tu ejecución implacable. Las empresas, productos, servicios que con éxito puedas colocar en el mercado y que sean visibles, todo eso es lo que vas a cargar contigo de manera intangible. Estos activos invisibles —lo que has vendido y posicionado con dureza a muchos clientes durante un largo periodo sostenido— son tu ticket de pre-ingreso. Ese pre-ingreso luce como invitaciones, conversaciones, oportunidades. Tu ticket de entrada no es un plan o una publicación en LinkedIn. Tú quieres que ellos te llamen. Primero serás una curiosidad y digamos que tendrás un pie en la puerta del club. Si mantienes tu ritmo de ejecución, aprendes sus reglas, su idioma, su comportamiento e imitas bien todo eso, te convertirás en parte del firmamento.

Piensa que estás flaco, que no tienes músculos bien desarrollados. Y compras tu membresía en un gimnasio genial. Llega tu primer día y te presentas. No conoces la etiqueta. Lo que tienes que hacer es observar y copiar lo que el tipo más fuerte hace. El error que mucha gente comete es que acuden al ejercicio con su mejor amigo para darse confianza entre ellos o se hacen amigos de la otra persona en el gym que tampoco es experta en fitness, porque así se sienten cómodos al compartir el mismo piso de desventaja e ignorancia. No hagas eso. Tú analiza al tipo más duro, más decidido, ese que inspira respeto y suda experiencia, el que se nota que sabe perfectamente lo que está haciendo, el que se encuentra en su hábitat natural. Domina la incomodidad y —te repito— copia lo que usa, lo que hace, lo que no hace. Salúdalo. Haz plática casual. Aviéntale preguntas con admiración. Conecta. También cometemos este error en nuestros trabajos al hacernos inmediatamente amigos de colegas en el mismo nivel salarial que nosotros. ¡No! Sé cordial, sí, pero enfócate en pensar y actuar como aquellos que están muy por encima de ti, no en ser el chico buena onda al que todos quieren.

Ser el chico buena onda al que todos quieren significa que no representas amenaza, progreso, innovación, cambio. No aportas nada. No lo veas como algo positivo, al contrario, entiende que es un sentimiento bastante engañoso: cuando luces superior, cuando tienes habilidades increíbles, cuando eres competencia, automáticamente generas desagrado en muchas personas. Es normal. No te estoy invitando a que seas insoportable por el gusto de serlo ni a que te conviertas en una mala persona. Te quiero abrir los ojos al hecho de que ser el chico buena onda es una característica negativa que no deseo que cultives en ti.

Todo esto aplica en lo empresarial. Deja de hacerle caso a tus amigos que te llenan de “consejos” en el bar cada fin de semana. Abandona esas reuniones tan frecuentes que te hacen sentir bien porque te admiran. No seas el tuerto en tierra de ciegos. No tengas fervor religioso hacia lo que te dicen los influencers que sólo saben compartir fotos donde lucen cool en su oficina pero no han realmente recorrido el camino. Observa y emula a quienes realmente te conviene.


Te explico todo esto con amor, con cariño.

Siempre que redacto pienso en el Aarón Benítez de veinte años necio, egocéntrico, desenfocado, resentido y dramático que era y que podría haberse beneficiado en grande al leer líneas como éstas para optimizar sus resultados personales, profesionales y empresariales.

Tengo amigos de muy alto perfil en internet. Y todo el tiempo estamos en contacto. Ideamos nuevos proyectos. Nos invitamos a oportunidades. Generamos productos juntos. Todo el tiempo. Es un club. Es una organización. Es una cofradía. Es una hermandad. No tiene nombre. No tiene una denominación específica. No buscamos nuevos miembros. Llevamos años haciendo cosas y hemos generado una amplia confianza en el criterio y ejecución de cada uno. No es que seamos un grupo de malas personas que cerramos el paso a alguien, simplemente nos comportamos de la manera natural en que los seres humanos venimos cableados: formamos una tribu de iguales. Si quieres estar en una liga de ejecutores pero usas tu tiempo solamente para hablar de los proyectos que un día vas a emprender, bueno, te estás entrenando para permanecer en la liga de los que sólo hablan de sus proyectos, no en la de los que ejecutan. Cuando ejecutes, demuestres resultados y sepas sostenerlos, tu nueva tribu comenzará a formarse a tu alrededor de manera natural.

Tenemos contactos en VERSE Technology que nos invitan a diferentes propuestas, a movernos con nuevos clientes. Son empresarios que han hecho negocios con nosotros en otros instantes y que conocen la capacidad de ejecución de nuestra empresa. Se sienten cómodos porque entregamos lo que decimos que vamos a entregar con nuestro software y hardware y porque seguimos vigentes en el mercado. Es un club. Y si sigues terco en no apreciar esto, puedes tener un gran prototipo de alta tecnología y vivir engañado como yo y mis socios durante mucho tiempo pensando que la superioridad tecnológica es suficiente cuando la clave está en acceder a la membresía adecuada para que te impulse.

El éxito engendra siempre más éxito porque no sale de su círculo. Tú te tienes que meter a ese círculo. Y tienes que masticar, comer, pensar, devorar, consumir y respirar esto a diario para moverte agresivamente hacia ese punto. De lo contrario —lamentablemente— lejos de quedarte en una posición neutra, te estás entrenando en ir hacia el extremo opuesto.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

WEALTH, WEALTH, WEALTH

“Wealth” es una de esas palabras interesantes a la hora de traducirlas al español. ¿Es “riqueza” su equivalente correcto? Tal vez, pero no solamente en el sentido financiero. Como sea, es el concepto que llevo años tratando de hacer aparecer en mi vida, de dominar y de hacerlo crecer.

Wealth, wealth, wealth.

Wealth en todos los aspectos. Esto ya lo sabes: de nada sirve tu riqueza financiera si tu salud es frágil. Por otro lado, tu salud física espectacular de hoy poco vale si no sabes construir bases monetarias fuertes sobre las cuales pararte cómodamente en tus últimas décadas de vida.

Hablemos de tres etapas importantes en esto de tener wealth en nuestras vidas.


Wealth awareness.

Lo primero es entender que es posible alcanzar riqueza en varios aspectos. Usualmente nos enfocamos con exceso en un par de áreas: estudiamos mucho y trabajamos duro y a cambio de eso recibimos un buen salario y prestigio al ingresar a una empresa reconocida. Vamos jugando bien esa parte del juego corporativo pero descuidamos la salud porque no nos damos tiempo para ir al gym y comemos mal ya que estamos jóvenes, sanos y fuertes (en este momento). Esta es la historia de casi todas las personas que he conocido a lo largo de mi vida en la clase media hacia abajo principalmente. Incluyéndome yo, sin lugar a dudas.

No es nada complicado ver las posibilidades geniales de tenerlo todo en nuestra vida: dinero, salud, buenas relaciones, felicidad. Se trata de descubrir todo eso —y nunca mejor la palabra. Des-cubrir: quitar aquello que está cubriendo el concepto. ¿Qué lo cubre? Nuestras relaciones del momento. Lo que dejamos que nos taladren a diario. Lo que creemos sin retar.

¿Sabes qué destruye las posibilidades de descubrir la riqueza a la que podríamos acceder? Ver las noticias. No tenemos realmente idea de lo nocivo que es esto. Lo vemos como natural igual que en las películas de antaño la gente fuma dentro de la oficina como cualquier cosa. Las noticias no aportan absolutamente nada. Están redactadas por gente que no está pensando qué es lo que te conviene a ti en la vida. Están redactadas por muchas personas enojadas con la vida. Están diseñadas para hacerte adicto al drama. Son humo que te hace sentir que eres un buen adulto, un ciudadano responsable, un tipo enterado del mundo cuando nada de eso significa algo concreto ni en tu cuerpo ni en tu cuenta bancaria.

Después de las noticias, considero que los siguientes obstáculos para poder descubrir la riqueza en nuestra vida son las relaciones que no cuidamos, relaciones en las que no somos estratégicos sino meramente reactivos, relaciones en las que nos ciclamos, relaciones en las que nos hemos dejado llevar por la costumbre. Es casi imposible encontrar gente altamente exitosa y feliz en múltiples dimensiones rodeados de gente que no los multiplica.


Wealth building.

Bien. Ahora que ya sabes lo que tienes que hacer para conseguir que la riqueza financiera, espiritual, mental, familiar y social esté a tu alcance, debes construirla activamente.

Aquí entra durísima la parte de la mentalidad.

No puedes tener una vida extraordinaria si haces lo mismo que la gente ordinaria. Y una frase como ésta se escucha terrible en esta época de alta sensibilidad donde las personas vivimos con antenas paradas todo el tiempo para encontrar con facilidad aquello que nos dé un permiso fácil para ofendernos.

No te ofendas. Mejor observa.

Amo a mis papás. Y los amaré toda la vida. Y para que entiendas con un ejemplo real de mi vida esto que estoy intentando explicarte, quiero que sepas que ninguno de los dos es millonario, jamás han construido una fortuna y no han llegado a la etapa avanzada de sus vidas en condiciones envidiables. Decir esto de las personas que nos dieron la existencia no es común ni sencillo, sobre todo porque estamos acostumbrados a venerar instituciones y personas sin entender que para diseñar un destino genial debemos ser pragmáticos al extremo. Amar a alguien no significa seguir sus pasos. Amar a alguien no significa poner atención a esa persona. Yo no podría construir riqueza transgeneracional en varias dimensiones siguiendo los pasos de mamá y papá. Repito: los amo y admiro en algunos sentidos, pero tengo claro lo que no me conviene imitar.

Ahora transfiere este entendimiento a tus amigos. A tus maestros. A tus jefes. A muchas personas que quieres, admiras y buscas en automático sin pensar lo que realmente te están aportando o quitando. Hay muchas cosas importantes que no podemos ver fácilmente en la vida y si te juntas con gente que tampoco las ve y mucho menos les interesa, será casi imposible que lo extraordinario se manifieste ante ti.

Para construir riqueza financiera y de salud, considera que para la inmensa mayoría de las personas la ruta resulta rara y exótica —por decir lo menos. Pregúntate esto: ¿Encajo bien con casi todas las personas a mi alrededor? ¿Pienso y actúo en términos generales como todos ellos? ¿Están en donde yo quisiera estar en términos financieros y de salud? ¿Están en el camino que los va a llevar ahí?

La construcción de una estructura de vida financiera y de salud diferente, superior, requiere elementos diferentes, superiores. Esos elementos son disciplina, hábitos, mentalidad, ejecución, relaciones.


Wealth management.

Ya estás ahí. Genial. El ejercicio fuerte y alimentación adecuada son constantes en tu rutina. Las finanzas van bien y cada vez mejor. Y tienes planes a largo plazo con tus inversiones “aburridas”, alejadas de las ridiculeces dramáticas a las que nos volvemos adictos al ver una película o video de traders con jalones de adrenalina cada dos segundos.

Si ya llegaste, manténte ahí.

Esto lo consigues poniendo una fortificación emocional, intelectual y física a tu alrededor. El ruido del mundo te va a querer invadir. Las relaciones dramáticas buscan grietas por las cuales ingresar a tu sistema operativo personal.

Tus opciones diarias de todo tipo deben ser muy claras y estrictas para poder conservar el nuevo equilibrio genial que has ganado para esta parte de tu vida.

Entender, construir y mantener riqueza de salud y financiera es un tema extremadamente infravalorado. “No hay tiempo”. “Es que la crisis está dura”. “Es que ya nada es como antes”. “Es que el desempleo está por las nubes”. “Es que mi situación personal es compleja”. “Es que el gobierno no ayuda”. “Es que en mi trabajo no me da tiempo para hacer otras cosas”.

Dos notas al respecto de todo eso: algunas de las cosas que dices en ese estilo son seguramente ciertas. ¿Y de qué sirve que sean ciertas? Sí, tal vez tu jefe es un patán y te explota física y psicológicamente. Lamentablemente, establecer este hecho real no te ayuda en lo absoluto, no te lleva a ningún lado. La victimización —incluso siendo verdadera— es levantar emocionalmente la bandera de derrota. No te victimices. Y lo segundo que te quiero dejar aquí es que si efectivamente estás inmerso en una o varias de esas frases, la forma para salir de ahí no está ni en la mentalidad, ni en la ejecución, ni en las relaciones, ni en la rutina que tienes. De hecho, todo eso, tu mentalidad, ejecución, relaciones y rutina actuales son las cosas que te han puesto ahí. Así que debes modificarlas y no cuidarlas asignando culpas externas —que pueden ser totalmente ciertas, lo acepto, pero aun así eso no te dan ninguna herramienta para avanzar.

Te quiero, querida Persona de Alto Desempeño.

Quiero que tengas riqueza de salud, riqueza financiera, riqueza social en tu vida.

Para ello voy a seguir insistiendo en poner en tu radar temas que tal vez no son los más cómodos del mundo. Estas son notas que nadie me explicó y que he tenido que ir descubriendo —de nuevo la palabrita— y aplicando para conseguir algunos buenos resultados.

Resultados que tú también puedes tener.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.