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MAMBO EN FACEBOOK, K-POP EN TIK-TOK

Imagina cada red social como un baile. Twitter es reggaeton, Instagram es rap y así. Cada una de estas plataformas exige pasos distintos. Mi error ha sido querer que TikTok (K-Pop) me ame por mis pasos de Facebook (mambo).

Tal vez te está pasando lo mismo.

¿La solución? Igual que el baile: abrazar el dolor de sumergirte en nuevas clases, errores y amigos.

Al entrar a un evento, yo estoy pensando en notas y hacks para escribirte un artículo, querida PAD. Es mi mambo-Facebookitis que me persigue. Por otro lado —en la misma situación— los Kpoperos-TikTok están analizando ángulos para grabar videos. Físicamente, estamos en el mismo lugar. Profesionalmente, estamos procesando universos distintos.

Hay gente que todavía baila mambo y clubes donde lo puedes ir a disfrutar. Pero si haces un honesto censo de la realidad, verás que tu dominio de este baile es irrelevante para la modernidad. Y si tus intereses son irrelevantes para la mayoría, capitalizar en ellos es muy, muy difícil.

Para darnos recursos (invitaciones, relaciones, dinero) el mundo lo «único» que nos pide es ser relevantes.

No te ofendas. No estoy diciendo que el mambo no importe o que el K-Pop sea mejor. Intento hacerte ver que esto es lo que nos pasa una y otra vez a las personas que nos vamos quedando atrás en lo que hoy resuena para la mayoría de la población: insistimos en defender lo que dominamos, lo que conocemos, y lo hacemos porque hacerlo así nos da un lugar seguro en lo emocional.

Ni a ti ni a mí nos gusta aceptar que todo el esfuerzo que hicimos para dominar algo ahora es asunto del pasado y que debemos prácticamente reiniciar desde cero. Piensa en los diseñadores gráficos de los setentas y ochentas que un buen día en los noventas les pidieron que se volvieran expertos en Photoshop de la noche a la mañana.

Esto de adaptarnos no tiene que ver con la edad. Conozco jóvenes con mentalidad de la vieja guardia, que no entienden los nuevos modelos de aprendizaje de vanguardia y siguen defendiendo ciegamente un sistema que sus abuelos y papás les taladraron como único. Conozco gente mayor que yo que hace streamings geniales y gana dinero con ello.

Para quienes vivimos principalmente encerrados en nuestro cerebro y textos, este cambio hacia el mundo visual y emocional es durísimo. Pero hey, tal es la señal de que es algo a lo que debemos —al menos— poner bastante atención.

Si eres como yo, que me encanta estarle diciendo a las personas lo que tienen que hacer, te conviene —al igual que a mí— tomar tu propia medicina y dejar que el comportamiento de las nuevas generaciones te informe cuáles deben ser tus siguientes objetivos.

La peor conversación con una audiencia siempre es la unidireccional.

Siempre explico que escribo mis artículos pensando en mi propia versión universitaria de niño desenfocado. Y hace más de diez años, cuando comencé a hacerlo con mi blog, el formato era genial. Muchísimos jóvenes se apuntaron a seguirme ipso facto.

Hoy el asunto ya no es así. Y los puedo culpar diciendo lo que es fácil: que las nuevas generaciones no leen, que no ponen atención y demás discursos de viejito cascarrabias; o puedo preguntarme dónde demonios andan y qué he dejado de hacer para llegar a ellos.

Los jóvenes pobres y desenfocados a los que más les conviene mi contenido no están aquí en Facebook.

No andan leyendo blogs.

«Antes todo era mejor» es una forma de pensamiento que da refugio a nuestro corazón para no decirnos la verdad: que no hicimos el trabajo de actualizarnos, que no nos esforzamos por bailar adecuadamente con los tiempos, que votamos conscientemente a diario por proteger lo que aprendimos a dominar en lugar de abrazar lo nuevo y relevante.

Te juro y te firmo que el mundo es cada vez mejor.

Haz que tu desempeño lo acompañe siendo así.

Sin pena.

Cero dramas.

Ecuanimidad. Enfoque.

La gloria está en el largo plazo.

Disciplina emocional.

Dureza mental.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

AL OTRO LADO DEL ABURRIMIENTO

Nuestro smartphone es un casino andante. A nivel psicológico y antropológico, «revisar» nuestras notificaciones es exactamente lo mismo que jalar la manivela de la máquina tragamonedas: estamos buscando «tener suerte».

Claro que la suerte existe. Y puede ser que ganes en algún punto. Sigue jugando. Sigue apostando.

Pero al mismo tiempo, construye tu propia suerte. Empuja, moldea las cosas para fabricar la buena fortuna. Esto lo puedes hacer a nivel físico y a nivel digital.

A nivel físico —por ejemplo– puedes construir suerte con hacks sencillos. Analiza si al despertar lo primero que buscas es tu celular. Bien. Piensa que nuestras excusas oficiales para tener el dispositivo a un lado son muy buenas y nos engañamos con ellas: «es para poner la alarma, Aarón, si no, no despierto», «es por si hay una emergencia», cosas así. La realidad es que apenas abrimos los ojos, comenzamos a ingresar drama, ansiedad, miedo y envidia a nuestra alma porque dejamos que el equivalente de un chorro de agua de alta presión en modo digital nos ataque despiadadamente en el primer minuto de nuestro día en lugar de usarlo para meditar, agradecer, reflexionar, analizar, visualizar lo que vamos a hacer para ayudar y ayudarnos.

Intento ilustrar con este sencillo ejemplo que aunque tengamos toda la intención de construir suerte, no nos damos cuenta que nos estamos saboteando con mucho del comportamiento que cargamos a diario y que jamás retamos.

Para construir suerte en modo digital, necesitas suscribirte a newsletters fantásticas que se conviertan en el equivalente de una sorpresiva llamada telefónica de esa amiga a la distancia que admiras y que siempre te inspira, te comparte grandes ideas y te deja vibrando en alto al colgar. Encuentra a los creadores de estos mensajes, suscríbete a sus e-mails, síguelos por todas partes. Y aplica filtros para que sea lo primero que veas.

Una de las formas en que construyo suerte es muy extrema, pero me ha servido de manera increíble durante casi diez años: desactivar todas las notificaciones de todas las apps de mi iPhone. Soy usuario fuerte de redes sociales, recibo muchos e-mails, tengo mensajes que atender a diario y así, pero jamás escucharás que mi teléfono suene.

Mucha gente suda cuando les propongo esto.

Si algo te pone nervioso o altera tu visión del mundo y lo quieres ridiculizar, atacar, minimizar como primera reacción, mantente alerta a eso, pero pon mucha más atención a analizar las fibras sensibles que está tocando en ti. Encuentra nuevas respuestas sobre el núcleo de tu personalidad. Esto es lo que siempre nos hace crecer.

Confieso que sí hay algo que hace sonar mi teléfono y eso es una llamada de mi esposa. Si estás casado y con hijos, tú entiendes que este es el límite máximo del juego.

¿He perdido oportunidades geniales por no responder un WhatsApp en segundos?

¿He perdido oportunidades geniales por no revisar quién me dio like en alguna red social?

No. Al contrario. He ganado muchísimo tiempo para enfocarme creando contenido y teniendo conversaciones con PADs en todo el mundo. Nada interrumpe mi flow y puedo compartir aquí contigo y otros miles de lectores en muchos países mis ideas a diario. A través de más de una década he vaciado casi dos millones de palabras en contenido en internet que no podría haber hecho si dejo que las sugerencias de TikTok, algún mensajito de Facebook o un sonido de Gmail secuestren mi línea de pensamiento del momento en que estoy trabajando.

Sé que tu vida y la mía probablemente son distintas. No estoy diciendo que tienes que ser tan extremo como yo, pero sí te sugiero que comiences a construir suerte viendo cuáles comportamientos físicos y digitales te drenan tontamente a diario.

Quita la mayor cantidad posible de notificaciones que puedas de tu celular. Las hápticas. Las audibles. Las visuales. Si tu ingreso depende de escuchar un sonido porque hiciste una venta en línea y ahora debes actuar, bien, obviamente deja eso andando: te estás entrenando en tener una retroalimentación positiva del dispositivo. Tal vez mi mejor sugerencia en este escenario es que consideres fuertemente invertir en cómo salirte de la ecuación para que tus ventas sigan y tú no tengas que estar pendiente de cada una. Think about it.

Revisar WhatsApp es importante, sí. Hay mensajes que requieren atención. ¿Qué tal si agrupas tu esfuerzo en ello para revisarlo solamente una vez cada hora? Y cuando sea ese momento, te enfocas totalmente en responder bien cada mensaje.

Casi todo lo que hacemos en términos digitales es irrelevante, pero mucho de ello se disfraza para hacernos sentir bien porque nos da la falsa idea de que estamos siendo productivos cuando meramente nos estamos inventando cómo estar más ocupados.

Mi hijo mayor descompuso de forma irresponsable su Huawei moderno. Ahora carga con un iPhone 14 menos 10 que encontró abandonado en algún cajón de mi oficina. En estos meses que ha ido desintoxicándose a la fuerza, ha empezado a programar, diseñar y desarrollar videojuegos viendo tutoriales en su PC y aprendiendo a pelearse con el IDE de diversas piezas de software para conseguir los resultados que quiere ver. Llevo mucho tiempo explicándole que lo más genial de la vida es invertir la ecuación que domina a todo el mundo donde pasamos 95% de nuestro tiempo con la tecnología consumiendo entretenimiento y apenas un 5% creando algo. Hacerlo al revés reconfigura la Matrix a tu favor. La vida lo puso en la encrucijada donde —sin querer, porque así son los adolescentes— tuvo que hacer exactamente eso, ser creativo y productivo la mayor parte del tiempo con las herramientas a su alcance en lugar de estar esclavizado al doomscrolling infinito.

Las grandes posibilidades en todo siempre están al otro lado de estar aburrido, de estar desconectado, de actuar diferente a los demás.

Si hubiese algo genial al otro lado de nuestra adicción a las notificaciones, de nuestro comportamiento normal, ya lo habríamos recibido porque llevamos rato en ello, ¿no crees?

Busca tener suerte por azar. Sigue en eso. No estaría nada mal.

Pero trabaja inexorablemente a diario construyendo tu propia suerte tanto en lo físico como en lo digital.

Sin pena.

Cero dramas.

Enfoque. Ecuanimidad.

La gloria está en el largo plazo.

Disciplina emocional.

Dureza mental.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

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TODOS LOS ROBOTS DEL PRESIDENTE

En estos días, mi hijo mayor y yo comenzamos a leer juntos The Almanack of Naval Ravikant, libro que se describe a sí mismo como una guía para la riqueza y la felicidad.

Admiro y sigo a Naval probablemente desde hace unos diez años. Hoy en día es muy famoso en el círculo de gente metida en alta tecnología e inversiones. Su cuenta en Twitter es de las cosas más fascinantes que te puedas encontrar en la red.

Leí esta obra cuando salió hace ya algún tiempo. Retomarla ahora para compartirla con mi adolescente en casa es refrescante.

Naval comienza explicando algo que considero crucial para el futuro de nuestros hijos: el peligro de la automatización.

Usaré la inspiración que me dio combinada con mis palabras para abordar el tema.

Comencemos.


En Walmart hay una sección especial de cajas de cobro donde solamente eres tú y la máquina. En cada terminal haces por ti mismo el trabajo de escanear y pesar los productos, pagar con efectivo o tarjeta y meter de nuevo los productos a tu carrito. Al momento de escribir estas líneas, probablemente hay unas quince cajas con humanos y cinco sin ellos en la sucursal que mejor conozco.

¿Sabes por qué Walmart utiliza todavía humanos para cobrar los productos y servicios?

Antes de responderte, déjame decirte que, como empresario, uno de los costos que más cuidas es el de la nómina. Es increíble lo costosa que es la gente. Antes de que las pasiones se inflamen y los activistas extremos pro-empleo del mundo me linchen, quiero decirte que entiendo lo importante de la gente en las organizaciones. Sin personas geniales no puedes construir una compañía genial, claro.

El detalle está en que —a pesar de todo lo que te digan en bonitos discursos— al final del día, el punto más importante para cualquier corporación son las ganancias. Y el staff consume mucho de ese potencial.

No estoy escribiendo esto en un tono deshumanizado, ni culpando a la gente por ser costosa. Estoy estableciendo un hecho que pocos te van a explicar de esta manera directa. Todo empresa va siempre a decir que la gente es lo más importante pero en épocas difíciles lo primero que se altera a la baja es la cantidad de colaboradores.

Walmart podría sin problemas utilizar solo sus cajas de cobro computarizadas. Su tecnología funciona muy bien. Por cada diez de estas, tal vez solo necesita a un humano para supervisar al ocasional usuario con dudas.

Walmart no hace ni hará por el momento el movimiento de sustituir a todas las personas que trabajan en sus cajas de cobro. Eso levantaría protestas políticas y sociales que le estorbarían en sus planes constantes de expansión. Walmart mantiene esos empleos redundantes para lucir bien ante las autoridades y las comunidades, pero esto no significa que siempre será así.

Hoy aceptamos en el discurso social ideas que hace veinte o treinta años eran inauditas y/o tabú. ¿Por qué crees que no vamos a aceptar la falta de humanos pagados en Walmart como algo normal en unos diez años?

El plan de Walmart —en mi visión no informada— es infiltrar poco a poco la idea de las cajas de cobro computarizadas entre los clientes y hacerlas parte del firmamento diario de las actividades de la tienda.

Hoy son cinco robots y quince humanos.

Mañana diez y diez.

Luego quince y cinco.

Finalmente veinte y uno.

Esto no es maldad per se.

Esto es la realidad.

Y te conviene prepararte para ella.

Por supuesto que esta tendencia no es exclusiva de Walmart, una compañía como cualquier otra que aspira a mantenerse relevante en el mercado. Esto mismo está ocurriendo ya también en BBVA, donde lo más normal del mundo es interactuar directamente con sus robots llamados ATMs, cajeros automáticos, quienes integran cada vez más y más habilidades.

Las cajas automáticas sustituyen humanos.

Las apps sustituyen edificios.

Esto se llama automatización. Y apenas vamos rascando su superficie. Te lo digo como alguien que está metido en ello en el terreno industrial con una empresa que le vende a grandes corporaciones soluciones de este tema.

Mira: toda tecnología que conquista al público en general, comenzó conquistando industrias primero. Y desde esta arena te digo que la automatización justo está comenzando.

La automatización es una amenaza seria para el futuro del trabajo.

Los políticos no van a hablar de esto en voz alta porque no hay mucho que puedan hacer. Por un lado, necesitamos que nuestras empresas sean competitivas a nivel global para ser rentables y que paguen impuestos y que esos recursos entren al gobierno. Por otro, para ser competitivo y rentable tienen que hacer al menos lo mismo que están haciendo los demás y eso significa reducir costos al máximo. Y la forma en que esto se logra es con tecnología.

El problema es de tal magnitud que desde hoy ya se están elaborando posibles soluciones para aliviar el malestar social que solamente se irá agrandando en las próximas décadas en todo el planeta.


Prácticamente toda la automatización que está ganando terreno en nuestra sociedad es de nivel tímido y de bajo perfil. Ejemplos de automatización abundan, pero no solemos verlos así.

No encontrarás en Walmart a un ente cibernético humanoide blanco cobrándote las frutas y verduras con sus manos robóticas hablando con su sintentizador de voz. Este es el problema de muchos: visualizan los peligros del futuro de manera imprecisa.

El “robot” de Walmart que le quita el empleo a la mamá soltera sin educación universitaria es apenas una caja laminada de formica que adentro tiene una computadora común y corriente adaptada con sensores y otros dispositivos. Luce como un artefacto común cualquiera. No se anuncia ni aparece como amenaza al futuro del trabajo humano.

Tesla igual. Sus autos traen un volante para que sientas que tienes el control. Te dicen que es importante que haya un conductor. Esto en realidad es para no inyectar un shock cultural extremo en nosotros, la generación que necesitamos sentir que alguien —no algo— nos transporta. Hoy nadie realmente extraña los caballos como medio de transporte pues las generaciones necias que no querían aceptar la supremacía del automóvil desaparecieron. Lo mismo ocurrirá con los futuros modelos de transporte sin volantes ni conductores: se impondrán conforme los nuevos tomadores de decisión aprendan a ver el conducir como una habilidad irrelevante del pasado.

Usar un servicio notarial es algo que se solucionará con la transparencia de la tecnología blockchain. Ya se hace en varios casos porque no hay mayor transparencia en un proceso que aquella protegida por matemáticas en lugar de papeles y humanos.

Diseñar un sitio web. Desarrollar un sistema de cobro en línea. Hacer gráficos profesionales. Wix. Stripe. Canva. Esos son los “robots” que están automatizando el trabajo del webmaster, del ingeniero en sistemas y del diseñador.

Sí, ya sé, dije “webmaster”. Eso ya ni se usa, pero tales fueron los tiempos en que me crié.

Las nuevas tecnologías no están diseñadas para crear nuevos empleos. Cierto, algunos puestos especializados para operar y mantener los nuevos sistemas son necesarios, pero esto no significa que los cajeros, conductores y otros empleados que perderán sus trabajos puedan dar el salto hacia esas nuevas oportunidades. Esto se llama “up-skilling” y funciona con tan pocas personas que cuando ocurre, lo llamamos caso de éxito. “¡Mira!” —te dicen— “esa persona era un conductor de trailer de carga y después de seis meses en una escuela en internet ahora es programador y gana cinco veces más”.

Eso está genial, pero no es fácil ni común.


¿Hay algún antídoto para la amenaza de la automatización?

Not really.

Vamos con paso firme y rápido hacia allá. Querer evitar esto es como querer evitar lo triple equis en internet o la suplantación de los discos de vinilo por CDs, DVDs y Blu-Rays. Son ideas que una vez que se lanzan al mundo, ya nadie las puede parar.

Lo que nos conviene preguntarnos es cómo interactuar de forma ganadora al lado de la automatización.

Bien.

Primero quiero decirte que hay muchas entidades privadas y públicas alrededor del mundo ejecutando proyectos de mediana y gran escala en ideas sociales “locas” para estar listos para el futuro. Muchos verán esto que voy a comentar como risible, idealista, inocente por el simple hecho de que están acostumbrados a lo que hoy vivimos como si así hubiese sido siempre en la historia de la humanidad. Los cheques, las nóminas, los bancos, los salarios, la jornada laboral, los derechos sindicales, todas esas cosas son ridiculeces en el gran esquema de la historia de la evolución humana. No son lo natural, pero al ser lo único que las mayorías conocen, piensan que hay que luchar por ello para mantenerlo.

Y no es así.

Los proyectos que te menciono para el futuro social donde no habrá muchos empleos están basados en una idea llamada “Universal Basic Income” (UBI). Esto trata de ofrecer un ingreso frecuente y suficiente a todos los ciudadanos para que florezcan, para que hagan con su vida lo que quieran. El trabajo existirá, pero será opcional en la mayoría de los casos. Estos empleos servirán para darnos identidad y propósito. Tenemos una mentalidad tan adicta a la productividad y al trabajo que pensar en el hecho de dar dinero a todos sin nada de esfuerzo a cambio nos causa un conflicto emocional, por decir lo menos.

Hay muchas consideraciones y retos técnicos al implementar una política social masiva de UBI. Tan solo podemos nombrar los efectos de segundo y tercer orden que podría tener en una espiral inflacionaria y otros problemas de cuestión macroeconómica, pero matar la idea de UBI antes de que vea la luz en muchas latitudes es el equivalente de decir que nuestro sistema actual nos gusta y que gracias a él la mayoría de la población está bien, lo cual Dios, tú y yo sabemos que no es verdad.

Para justificar UBI, se necesita una mentalidad que entienda la nueva realidad. Esto que estoy haciendo en este preciso instante, este artículo, pasar tiempo en Bear al escribir esto —mi procesador de textos favorito— es un trabajo. Uno por el cual nadie me paga. Revisar mis redes sociales. Hacer scrolling infinito en TikTok. Todo ello puede ser considerado desde cierta lente como un trabajo. Existen nuevas teorías que promueven el hecho de que los usuarios reciban una compensación por la cantidad de datos que generamos a diario. Esto se llama Data-as-Labor y es parte de la conversación donde las ideas de antaño se sienten así, viejas, anticuadas.

El mundo que conocemos de reglas claras, de entendimiento fijo y de certidumbre se está derrumbando para dar paso a uno que pone la optimización por encima de todo. Esto da miedo a muchos y hace que los defensores del “humanismo” pongan el grito en el cielo.

Tranquila. Tranquilo.

No estoy a favor ni estoy diciendo que todos debemos ser ingenieros o programadores para tener un buen futuro.


Plomeros. Jardineros. Dentistas.

Este tipo de actividades son bastantes difíciles de automatizar. Son de las apuestas más seguras a las que alguien puede ingresar.

Entre más problemas resuelves como plomero, como jardinero, como dentista, más conocimiento específico obtienes.

El conocimiento específico te convierte en una cucaracha. Y créeme: eso quieres ser.

Obviamente, cuando digo cucaracha lo hago en el sentido honorable tanto para el insecto como para el humano: ser alguien resistente, alguien que se mueve y sobrevive donde los demás no soportan una explosión nuclear.

La automatización ha comenzado a comerse el lunch de los trabajos repetitivos como los que ya te mencioné. Evita apostar en esas actividades. Pueden lucir seguras hoy, claro, pero no lo son. Si crees que tu empleo en Walmart se va a mantener hasta el punto donde te jubilas en unas décadas, piensa en las aerolíneas, bancos y demás grandes corporaciones que de un día a otro se han ido a la quiebra.

No intento ser fatalista ni arruinarle el día a nadie.

Intento compartir contigo las explicaciones que Naval me ha dado para tener estas conversaciones con mi familia.

¿Sabes cuáles trabajos van a tardar muchísimo tiempo en ser suplantados? Aquellos que requieran lidiar con otros humanos para ejecutar cosas.

Ser político, manager y emprendedor son de las cosas que te convierten en alguien difícil de reemplazar por el conjunto de habilidades sociales requeridas y la combinación de conocimiento técnico y subjetivo necesario para tener éxito en la ejecución.

No creas todo lo que ves en los documentales ni en los videos virales donde parece que la inteligencia artificial ya puede hacerlo todo o que la tecnología está tan avanzada que somos lo máximo del universo. Elon Musk no pudo automatizar la colocación de asientos en las fábricas de sus autos a pesar de tener acceso a conocimiento, robots, capital y visión de clase mundial para ello. Sí, hay mucho avance, pero no tanto como te lo venden.

No tienes idea de la cantidad de fábricas de empresas globales que todavía operan con tecnología y procedimientos de hace más de cuarenta años.

Muchas cosas no se automatizan —y por ende no se mejoran— no por cuestiones técnicas, sino por arreglos políticos. La distribución y administración del agua en países tercermundistas es un ejemplo claro. La tecnología para optimizar todo esto y tener control en tiempo real está fácilmente disponible. El problema son los intereses internos y externos que se ven afectados cuando intentas implementar una solución moderna.

Si te sirve de algo, esto de la automatización al extremo no va a ocurrir de golpe mañana. Es un proceso gradual que ya comenzó. Sus resultados fuertes se van a sentir en algunas décadas, por eso inicié este artículo hablando de mi hijo adolescente, porque son él y sus hermanos menores los que tienen que entender desde hoy el nuevo juego que viene.

A ti y a mí honestamente nos educaron con la visión correcta de encontrar un empleo seguro porque así era en nuestros tiempos. Fue un sistema que funcionó muy bien durante mucho tiempo, pero ya no más.


El conocimiento general —explica Naval— es lo que te jode —mis palabras, gracias. El conocimiento general es prácticamente todo lo que te enseñan en la escuela. Si todos sabemos lo mismo, es tan solo lógico asumir que no hay gran valor económico en ello.

El conocimiento específico—dice nuevamente Naval— es lo que te da oportunidades en la vida. Este conocimiento es técnico o creativo. Y cuando lo ejecutas durante un buen tiempo, se convierte en un juego para ti mientras que para otros luce como un esfuerzo laboral constante. Piensa en el arquitecto que diseña usando mods de Minecraft en el entorno de realidad virtual de un Oculus de última generación. ¿Está jugando o está trabajando?

Para que tengas una guía: la escuela te da conocimiento general, y está bien, aprende eso ahí, pero no pongas tus esperanzas en ello. Son tus intereses y actividades adicionales las que te dan conocimiento específico. Y el conocimiento específico es el que te da las mejores oportunidades en la vida.

Aquí voy a hablar de un videojuego de terror y el potencial positivo que veo en ello en el desarrollo profesional de mi hijo mayor.

“Project Zomboid” es uno de esos videojuegos donde sus creadores no se estresan por la calidad de los gráficos, justo como en Minecraft donde los detalles de todas sus construcciones son burdas. El encanto de este tipo de escenarios es la capacidad que dan al jugador para construir sus soluciones.

En el caso específico de Project Zomboid, ya sabes, el fin del mundo llegó, hay zombies por todos lados, el usuario debe sobrevivir y todo es lúgubre y escaso. El potencial que veo en esto es que no es un videojuego tradicional donde rompes una ventana y fácilmente atraviesas al otro lado. Aquí debes de tener algo con lo cual protegerte de los vidrios al cruzar y contar con una escalera si no la alcanzas por la altura. ¿Quieres construir una cerca para tener a raya a los zombies? No puedes hacerla de la nada si no has hecho carpintería básica de otras cosas antes. Y para llegar a este nivel de solución, debes también haber leído libros que te dan los fundamentos de la habilidad.

A lo que voy con toda esta explicación es que donde tal vez tú ves un simple videojuego que le hace demandas realistas al usuario, lo que yo veo es un entrenamiento en lógica para alguien que más adelante puede vender sus servicios de simulación de escenarios realistas de clientes en un supermercado/estadio/centro de convenciones/fábrico y modelar sus comportamientos dependiendo de la configuración de estantes, música, componentes y demás.

Los jóvenes como mi hijo no están jugando Project Zomboid: en realidad están entrenando para usar estas habilidades en cuestiones capitalistas pagadas más adelante, solo que por ahora no lo saben.

Además, al igual que en Minecraft, la comunidad enganchada con este juego puede crear “mods”, que son alteraciones para personalizar tu juego. Considera que te inventas módulos —de ahí viene “mods”— que agregas a tu experiencia para cambiar, no sé, el color del menú o la velocidad de adquisición de habilidades o cosas así. Tú y yo debemos empujar a que nuestros hijos sean nerds que se meten a foros para aprender por su cuenta cómo crear sus propios mods.

Esto se llama, como ya lo dijimos, conocimiento específico. Este conocimiento luce como juego para el que lo ejecuta y como trabajo para los externos que solo ven a alguien alterando líneas de código.

Dale conocimiento general a tus niños con la escuela tradicional.

Y facilita que tengan pasión por el conocimiento específico a través de videojuegos, libros, proyectos, campamentos y demás.


Ni los gobiernos ni las corporaciones van a hablar contigo de la automatización como la amenaza que es.

Los primeros no quieren enterarse de nada que vaya a afectar su cobro de impuestos ni a causar malestar social.

Los segundos no quieren hacer ruido que baje el valor de sus acciones ni que les genere enemigos en la política y la comunidad.

Depende de ti entender bien esto y mantener un ojo vigilante en cómo se va moviendo realmente el mundo.

Hubo un instante en que era posible conquistar tanto la riqueza como la felicidad solamente con conocimiento general. Seguías las mismas reglas y entendimiento que el resto del mundo y todo estaba bien.

Hoy esto ya no es posible.

Hoy necesitamos conocimiento específico. Y recuerda: esto únicamente lo conseguimos en la práctica, haciendo cosas. Desde emprender hasta organizar un viaje al extranjero, pasando por hacer voluntariado, crear mods para tus videojuegos, dominar soluciones no-code para instalar sistemas complejos y así.

El nombre del juego se llama “ser irremplazable”.

Ajusta tu visión para ver que los robots ya están en todos lados. No los llamamos así, pero eso son. Parecen cajas, software, vehículos, todo menos humanoides torpes como los que nos enseñaron las películas.

Acepta nuevas ideas de reconstrucción social para brincar a ellas cuando se presenten en tus coordenadas. Reta todo eso de empleos fijos, salarios y prestaciones y demás temas que hoy ves como naturales pero que en realidad fueron igual o más controversiales cuando aparecieron en el mundo.

Evita trabajos repetitivos.

Entra a trabajos como project manager y demás que requieren que desarrolles muchos elementos técnicos y sociales.

Que tú y tus hijos tengan un futuro maravilloso.

Sin pena.

Cero dramas.

Ecuanimidad. Enfoque.

La gloria está en el largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

P.D. 1: La acción no siempre trae felicidad, pero no hay felicidad sin acción. Lo dijo Benjamin Disraeli.

P.D. 2: Si esto te gustó, suscríbete gratis a mi newsletter. Te va a encantar.

EN DEFENSA DEL MULTITASKING

Pasar de ser hombre a mujer debe ser un viaje interesante, por decir lo menos. Y siendo hijo de la persona más rica del mundo, todavía más. Justo estaba escribiendo este ensayo cuando compartieron conmigo la noticia de que uno de los hijos de Elon solicitó su cambio tanto de identidad de género como de nombre para cortar vínculos con su padre. Aparte del placer de enterarme de los dramas de las celebridades, quien me envió la nota y yo nos enfocamos en conectar el asunto con un contexto mucho más amplio, como el reciente cambio de partido político que hizo Musk y el increíble reto de ser buenos padres sin importar los recursos a tu disposición.

Elon Musk es alguien reprobable en varios ámbitos. Sus detractores van a darme la razón rápidamente aquí. Parafraseando a Walt Whitman, el tipo se contradice en muchas cosas porque así es esto, los grandes contienen multitudes. Tal vez tú y yo no queremos consejos de parenting por parte del multimillonario, pero podemos evitar el típico reflejo de bajo desempeño donde automáticamente cortamos toda apreciación por las cosas que sí ejecutan bien aquellos que nos caen mal.

En otras palabras, que ser binario en nuestra apreciación de alguien nos impide copiar de otros muchas cosas que nos servirían bastante.

De Elon, tomo su capacidad de construir cosas importantes en forma paralela y consistente. Es una máquina de multitasking.


Ahora, sí, ya sé que el multitasking tiene mala reputación porque ciertamente no es el estado ideal para muchas personas. Hace poco escribí sobre el ancho de banda. En ese artículo explico las cualidades de este privilegiado grupo al que muchos más podrían pertenecer si se lo propusieran. Sin buen ancho de banda —de entrada te lo digo— no te metas a esto del multitasking.

En un entorno de wellness, el multitasking tiene muy mala reputación. Seguramente es similar al repudio que tiene en un círculo conservador un papá como yo que no ha bautizado a sus hijos. Todo siempre depende de a quién le importa qué.

Yo veo el multitasking como cualquier deporte. Puedes abordar el asunto como persona promedio que le encanta preocuparse de manera enfermiza diciendo que un niño que se enfoca demasiado en el basquetbol se va a distraer de sus estudios y que se va a juntar con otros vagos y que eso no le va a servir en la vida y etcétera, etcétera. O si el pleito es contra el fútbol americano argumentan que los golpes pueden causar problemas a largo plazo, sin criticar el hecho de que la alternativa en la que insertan a su príncipe para protegerlo es que viva en modo sedentario con botanas y refrescos.

Mira, quienes atacan el multitasking no entienden el juego de hoy.

Es cierto que la Asociación de Psicología de Estados Unidos condena el multitasking porque no nos hace más productivos. El multitasking impone un impuesto grande en la atención de las personas que no saben hacer cambios emocionales rápidos en su contexto para desconectarse fácilmente de uno y comenzar a operar en otro.

La buena noticia es que hay muchísimas personas que venimos cableadas con esa facilidad de desapego emocional para abandonar una idea y pasar rápido a la otra y así seguir avanzando en el objetivo general.

La mala noticia es que no hacemos tanto ruido como las mayorías que se sienten superadas y deciden atacar esto del multitasking simplemente porque no pueden seguir tal ritmo acelerado.

Esto texto va en defensa del multitasking.


El principal punto que los detractores del multitasking utilizan es que para hacer bien las cosas lo que en realidad se necesita es enfoque. Que sin enfoque, hacer varias cosas al mismo tiempo solo garantiza baja calidad en todos los resultados.

Hey, amo el enfoque. Estoy enfocado desde hace una hora escribiendo todo esto. Y seguramente tomará más tiempo antes de que me considere satisfecho con mis ideas aquí. Pero no voy a dedicar el resto de mi día a estar enfocado solo en escribir porque alguien dice que hacer varias cosas de forma simultánea está mal. Todos los tipos que admiro y la gente con la que mejor trabajo creando cosas para este mundo, todos ellos y yo nadamos a diario en el multitasking, somos excelentes en ello y quiero decirte que no podríamos vivir en otra modalidad.

Cuando las personas no soportan el vértigo que esta velocidad de ejecución trae consigo, buscan vectores de ataque estilo “pero así no puede uno ser feliz estando ocupado todo el tiempo”. Hey, tengo momentos excelentes de felicidad en el día, interrumpidos por ratos de alta preocupación, momentos de ejecución, periodos de descanso y todo lo que la vida conlleva. No sufro más que aquellos que deciden solo ven el juego desde lejos.

El multitasking bien hecho ocurre cuando sabes ser propietario del asunto. Abrir a diario mil líneas de ejecución con ideas, sueños, deseos y demás es extremadamente fácil. Cualquiera lo puede hacer. Darle seguimiento todo el tiempo a cada una de esas líneas es drenante, y esto casi nadie está dispuesto a hacerlo, por lo cual solo unos pocos obtienen resultados acelerados al cosechar los frutos de este trabajo en modo multitasking. Ser dueño de cada situación abierta en modalidad multitasking significa hacer cambios de ventana en el escritorio del sistema operativo. Ya sabes: en esta usas el navegador, en aquella otra tienes abierta una hoja de cálculo y en las demás hay fotos, documentos y así.

Pocas cosas ayudan a ilustrar mejor esta relación entre enfoque y multitasking como lanzar una compañía. El enfoque es la empresa, hacer que funcione, conseguir el éxito a través de las ventas. El multitasking es resolver a diario problemas de contabilidad, contrataciones, marketing, permisos, atención al cliente, proveedores y mil detalles más. Te aviso que no es posible ser una excelente persona de negocios si no tienes la capacidad de mantenerte enfocado en el gran objetivo y ejecutando multitasking al mismo tiempo. Presidentes, CEOs, líderes religiosos, cualquiera con grandes responsabilidades a su cargo entiende y vive esto.

El multitasking es la velocidad de ejecución que admiras en otros pero que te da miedo implementar por tu cuenta.

  • Si eres bueno con el multitasking y estás enfocado en un objetivo claro, avanzas rápido, dejas pronto a la mayoría atrás.
  • Si eres bueno con el multitasking y no tienes un objetivo claro, te mueves erráticamente, no cosechas.
  • Si no eres bueno con el multitasking pero tienes un objetivo claro, vives frustrado, sin entender qué te falta.
  • Si no eres bueno con el multitasking y tampoco tienes un objetivo claro, la vida te va a comer.

La mejor manera de ser genial en multitasking es construyendo a tu alrededor equipos de trabajo multiplicadores.

Tú quieres llegar al punto donde multitasking para ti significa más un trabajo intelectual y emocional que físico. Imagina que eres el ministro de relaciones exteriores de tu país y tu staff te asalta a cada instante con situaciones en las que necesitan tus comentarios y autorizaciones. Eso es multitasking: decir “sí”, “no”, “solicita más información”, “agenda una reunión con tal persona”, “redacta el acuerdo”, etcétera. A esto me refiero principalmente con multitasking. No quieres ser el tipo que escribe los discursos, revisa los acuerdos, llama por teléfono para coordinar juntas y así. Quieres ser el que puede activar rápidamente a otros para hacer que las cosas se muevan.

Probablemente en este punto, muchos de mis lectores piensen que claro, así cualquiera puede hacer buen multitasking, teniendo un buen equipo que haga las cosas que les digo que tienen que hacer y que las hagan bien. La capacidad de tomar decisiones rápidas en diferentes contextos y ejecutarlas no tiene absolutamente nada que ver con tu posición en el organigrama de ninguna organización. Puedes ser recepcionista y ser líder. El liderazgo es ponerte al frente de las situaciones que la vida te empuja.

¿Sabes? Creo que lo que impide a muchos hacer buen multitasking es que no tienen desapego emocional.

En algunos workshops que he impartido, uno de los ejercicios con los participantes ha tenido que ver con formar pequeños grupos de trabajo en mesas separadas. En cada espacio hay un pequeño set de Lego. Tienen pocos minutos para formar la figura. Terminado el tiempo, deben moverse con un nuevo grupo a otra mesa y seguir con el avance del equipo anterior en una estructura diferente. Es increíble ver la dificultad que la gente tiene para soltar inmediatamente lo que están haciendo y abandonar su lugar y su grupo para insertarse con buena actitud en otra circunstancia. “Ya voy, ya voy, un minuto más”, me suelen decir. O llegan a la nueva mesa y comienzan a hablar de lo frustrados que están que no pudieron terminar lo anterior. O comienzan a armar lo que pueden sin coordinarse con sus compañeros. Esto para mí ilustra perfectamente lo ciego que muchos están ante esto del desapego emocional. Y el ejemplo es sobre una tontería. Ahora imagina el dolor que sufrimos con cosas más ancladas en nuestro ser.

El desapego emocional tiene que ver con nuestra seguridad personal.

Y al final, como todo, tiene que ver con la mentalidad que nos hemos forjado.

Una mentalidad dura y rápida nos permite movernos así, en modo duro y rápido.

Una mentalidad dura y rápida luce amenazante para quien siempre solicita tiempo adicional, para quien alarga decisiones porque tiene miedo de que lo critiquen, etcétera.

Ya no estoy hablando solo de la parte profesional dentro de nosotros.

Estoy hablando de lo más personal que tenemos.

Cuando no podemos abandonar relaciones, ideas y espacios que sabemos que tenemos que dejar atrás, no podemos entrenarnos en la mentalidad dura y rápida que te digo que nos conviene tener. Esto hace imposible que conquistemos el multitasking ganador. Hacer multitasking de cualquier otro tipo es fácil, pero el que nos coloca en posición de ventaja natural, ese requiere un esfuerzo personal que si no ha sido dominado, no puede aparecer mágicamente en nuestro campo profesional.

En otras palabras, piensa que cuando dominas sin drama innecesario rupturas de todo tipo en tu vida personal, puedes transferir esa mentalidad y ejecución a tu enfoque y multitasking.

Otra cualidad que nos levanta enormidades en el mundo profesional es la ecuanimidad. Lamentablemente, esta solo llega de manera sostenible a nosotros cuando hemos conquistado la capacidad de hacerla aparecer a voluntad y automáticamente en nuestra vida personal.

Ya sé que todo esto es un fastidio. Tú solo quieres los hacks rápidos para ganar más dinero y no una letanía psicológica disfrazada de ensayo. Me entristece decirte que la técnica Pomodoro y sus demás primas con otros tantos nombres exóticos solo te van a dar pequeños aventones en tus fantasías de un imperio empresarial, porque necesitas crear todo el músculo emocional del que te estoy hablando aquí para construir grandes cosas.

Esto es algo que te puedo decir que Elon tiene a su favor y que deberíamos copiar más.

Y si eres de los que van a responder que no quieres una vida como la de Elon, y qué horror todo lo que dicen de él y así, no sé tú, deja sus imperios corporativos aparte, pero seguro se siente bien en parte combatir los problemas típicos familiares y de la vida con el avance imparable de las ideas que excitan a diario a tu alma. La alternativa es solo criticar al tipo y seguir con tus problemas siendo el tipo de personita que no construye lo que su espíritu quisiera hacer salir del cuerpo.

Exígele a tu cerebro la capacidad de poder cambiar rápido de contexto. Sé ese humano que deja de abrazar una idea para poner rápidamente toda su atención en otra, tomar una decisión difícil y regresar a la conversación anterior sin pestañear. Compartimentalizar no es imposible, pero como todo lo que vale la pena, requiere mucha práctica. Y para esto, te va a ayudar muchísimo rodearte, seguir y procurar a gente que ya es así. De lo contrario, sentirás que estás rodando una enorme piedra montaña arriba todo el tiempo si eres la única persona en tu universo que intenta hacer multitasking.

Para que identifiques bien lo que estoy diciéndote: las personas que todavía no ejecutan un buen multitasking, magnifican cualquier problema pequeño a niveles ridículos e innecesarios.

No somos vacas. No somos peces. Venimos aquí a hacer muchas cosas. A disfrutar el proceso. Construye más seguridad personal. Desarrolla una mentalidad dura, precisa, rápida. Muévete con entusiasmo.

Sé dueño de las situaciones que la vida te pone enfrente.

Rodéate de colaboradores y amigos que sean así también.

Cortes limpios. Clear cuts. Desapego emocional.

Enfoque. Ecuanimidad.

Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

OBSESIONADOS CON LA INGENIERÍA

El auditorio estaba lleno para mi conferencia. De repente, los organizadores anunciaron que otra plática simultánea sobre el sistema XYZ Max Ultra Plus Extra Super 9000 iba a ocurrir en la sala de junto. Más de la mitad de los jóvenes presentes tomaron sus mochilas y salieron. Llevo muchos años hablando en público. He hecho largos viajes para llegar a eventos donde he tenido que dar mi presentación a literalmente solo dos personas. También he tenido que ponerme al frente de todo un estadio con doce mil almas escuchando atentamente mi mensaje motivacional. Quiero simplemente establecer que a estas alturas, mi corazón ya sabe manejar los sube y baja emocionales de estar en el escenario. A veces hay menos personas. A veces hay más. Algunos ponen atención. Otros no.

Sonreí.

Expliqué a los que se quedaron que este tipo de cuestiones ocurren cuando no entendemos bien el juego profesional. Los universitarios en mi audiencia eran principalmente estudiantes de ingeniería y obviamente querían saber más de su campo. Mira, lo que estos chicos no procesan bien es que a diario tienen entrenamiento en temas de circuitos, herramientas, fórmulas y demás cuestiones altamente técnicas. Y está bien. Pero en un evento donde los organizadores traen gente que puede aportarles notas de diferentes áreas, bueno, ahí es donde deben insertarse, porque estas son las cosas que los van a hacer destacar.

Entiende bien —querido lector— lo que estoy intentando decir: que lo técnico es muy importante porque, caray, estás estudiando ingeniería. Sé muy buen ingeniero, necesitamos muchos más, pero no te obsesiones con la ingeniería.

No te obsesiones con la ingeniería.

Obsesiónate con ser un buen profesional.

Un pro abraza muchas áreas para coleccionarlas como bloques de Lego. Luego los usa para construir su ascenso a niveles de mayor impacto.

Aquí va un comentario que podría sonar clasista si no fuera porque estuve en ese grupo al que voy a criticar: este asunto de obsesionarnos con la parte técnica lo veo mucho más implantado en los jóvenes de ingeniería de las universidades públicas que en las instituciones privadas.

Cuando el Tec de Monterrey y otras en esa liga me invitaron a platicar con sus estudiantes, quedé sorprendido al enterarme que tomaban clases para negociar sus salarios, hablar en público, vestir adecuadamente, organizar eventos y cosas así. Yo que estudié siempre en escuelas de gobierno vi la enorme distancia entre lo que un lado de la moneda te dice que importa y lo que en el otro realmente se enfocan.

Sí, estos chicos de ingeniería mecatrónica, electrónica, sistema y demás de las universidades privadas también hacían proyectos con Raspberry Pi, programaban con C++ y construían robots para competencias. No dejaban lo técnico a un lado, pero no estaban obsesionados con ello. Todos estaban involucrados en actividades adicionales como clases de magia, violín, canto. Nadan. Juegan basquetbol. Están en equipos de fútbol. Todo esto como parte natural de su día a día. Recuerdo a unos que me estaban entrevistando en su campus y que en uno de los breaks aprovechaban para hacer movimientos de acciones que tenían en la Bolsa.

El refugio psicológico que nos da saber que somos muy buenos en lo técnico es uno que nos protege durante cierto tiempo de las demás desventajas con las que la mayoría de los chicos en universidades públicas crecemos en la pobreza. Lee bien este párrafo de nuevo. Con calma.

Ese refugio es uno que tenemos que abandonar o nos marchitaremos en él. Si ya estás en una corporación y solamente quieres cursos, libros y eventos de cuestiones técnicas, no estás jugando bien el juego. Sí, mantente actualizado, pero agrega oratoria, relaciones públicas, redacción, diseño, liderazgo y otras habilidades en este estilo a tu sistema operativo personal. Aprende bastante de administración, finanzas, calidad, negociaciones de alto nivel y así.

El profesional que únicamente es bastante técnico tiene siempre un tope rápido en la jerarquía de cualquier organización. Muchos no entienden esto y ven a sus compañeros menos aptos en lo técnico ascender y se burlan de ellos, pero esos tipos saben tomar el teléfono y solucionar cosas que el ingeniero promedio detesta considerar como parte de su trabajo.

Para ir ascendiendo en el juego corporativo, debes aprender a vestirte, a hablar, a negociar, a conectar, a mandar las señales de que sabes las reglas de los niveles superiores.

Todo esto expliqué a los jóvenes que se quedaron a mi conferencia.

Tal vez sí era un poco de dolor emocional el que desahogué en contra de los chicos que se fueron, pero honestamente así es como veo las cosas.

Hoy están en un evento multidisciplinario con expertos en marketing, ventas, negocios y demás y se refugian psicológicamente en meterse a las pláticas que lidian con las mismas cosas que ven a diario en sus salones. No. Hay que explotar la curiosidad. Hay que meternos a cosas que nos dan más oportunidades.

La diferencia entre las buenas universidades públicas y las buenas universidades privadas en México no es otra que la mentalidad con la que te desarrollas ahí. Un amigo político encumbrado me comentó que platicó con otros sobre su hijo que estaba a punto de entrar a la universidad. Le dijeron que si quería que fuera un excelente ingeniero, debía entrar a la UNAM, que ahí estaba garantizada la calidad de su enseñanza. Pero que si quería ponerlo al frente del negocio familiar, necesitaba enviarlo a [inserta nombre de una institución con precios altos].

Te aviso que así piensan todas las personas de dinero que conozco. Esto fue un shock hace años cuando me topé con esta mentalidad por primera vez.

Y nos podemos ofender o podemos entender.

Sí, muchos no pueden acceder a educación privada, como fue mi caso. Pero todos podemos leer y ser curiosos en los eventos a los que asistimos. Mucho de lo que sé hacer hoy comenzó porque tomé la Harvard Business Review y tomé notas de los términos y tendencias que explicaban. Luego fui viendo estas cosas en el mundo corporativo. Y más adelante mis nuevos amigos en negocios confirmaron que así era como se hablaba y actuaba en sus niveles.

No te salgas de la conferencia rara.

No te obsesiones con la ingeniería.

Obsesiónate con ser un profesional integral.

Haz ejercicio. Deja de hablar como todos los demás con tonterías de “no tengo tiempo”.

Sé curioso.

Lee.

Aprende inglés como los dioses.

Ve a eventos.

Y juega bien el juego.

Ecuanimidad. Enfoque.

Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

QUERIDO CHICO CORPORATIVO

Este es Julian.

Julian tiene veintiún años. En poco tiempo egresará de alguna universidad pública de México.

Julian se encuentra en la clase media baja, esa en donde todos los días hay comida en la mesa pero no permite lujos innecesarios. Aquí nadie viaja al extranjero y casi todo se compra en pagos mensuales con los famosos intereses engañosos de las tiendas diseñadas para estafar a esta franja socioeconómica. En casa tienen un automóvil viejo que lleva años sin conocer cómo es traer el tanque de gasolina más allá del nivel mínimo. Papá y mamá usualmente tienen dificultades para cubrir todas las necesidades de la familia, pero resuelven de una manera u otra.

Julian es el orgullo familiar: va a ser ingeniero.

Julian quiere trabajar en una empresa grande donde le paguen quince o veinte mil pesos al mes.

Hey, cuando toda la vida el dinero ha sido un problema , quince o veinte mil pesos al mes te hacen sentir que todo es posible.

Julian está enfocado en conseguir trabajo en la gran fábrica local, esa donde todos portan con orgullo el uniforme, donde el empleo luce como algo seguro, donde cada año reciben bonos de productividad.

Yo fui Julian al treinta por ciento.

Y conocí a muchos otros Julianes.

Si eres Julian o conoces a alguno, leer lo siguiente es importante porque nadie nos lo explica bien.


Todos estamos expuestos al internet y sus videos virales. Todos nos sumergimos en publicaciones que nos motivan a emprender. Todos sabemos que hay muchas oportunidades para hacer negocios allá afuera.

Julian no es inmune a esto. Ha participado en concursos escolares donde sus ideas y planes de negocio le han hecho ganar algunos aplausos. También ha entrado a conferencias donde el tipo que explica los pasos para tener éxito en emprendimiento solo habla de sus aciertos pero jamás comparte los días donde ha llorado porque nadie lo entiende, donde duerme mal por el estrés de no saber cómo lidiar con impuestos y nóminas pendientes, donde descubre que lo que tenía en común con sus socios ya se perdió, donde nada parece funcionar. Esto tiene sentido, pues nadie acepta dar una plática para deprimir a la audiencia, ¿verdad? Todos queremos lucir ganadores. El problema es que por esta razón el público casi siempre termina recibiendo solo parte de la historia, la parte bonita y bastante limitada.

Julian entonces cree que entiende lo que se requiere para tener éxito en el emprendimiento porque su maestro universitario le dio una buena calificación cuando completó las tareas y exámenes de la metodología de negocios canvas. Como todo joven, es soñador. Esto le regala ideas que ve por todos lados para crear su imperio. Le encantan las palabras “innovación”, “visionario”, “revolución”, “disrupción” y etcétera. Julian —como todos— quiere ser especial, relevante.

Gracias a las señales académicas que ha recibido —concursos, materias, eventos— Julian está seguro que lo único que requiere para lanzar su idea y tener éxito es dinero.


Julian por fin consigue el trabajo en la gran empresa de la ciudad.

Julian se siente en la cima del mundo. Su uniforme. El dinero. Las instalaciones. El prestigio que obtiene en su círculo social. La envidia que genera en otros menos afortunados. Todo es perfecto. ¿Qué puede salir mal?

Julian piensa que solo va a trabajar algún tiempo en la fábrica. Lo suficiente para ahorrar un poco de dinero y lanzar su negocio. Es un buen plan.

Tú y yo sabemos lo que Julian no: jamás va a renunciar, perderá condición física y se volverá adicto a la certidumbre que su empleo le da.

Esto no es obvio para Julian, quien cree que está en control de su situación.

Poco a poco, Julian se adentra en un mundo donde a diario entierra sus posibilidades de lanzarse a emprender sus ideas. Sin saberlo, acepta como positivas cosas que desgastan su potencial.

La primera es que se convierte en un bastión económico de su familia. Todo es más fácil en casa ahora con el salario seguro de Julian. Esto se siente genial durante un tiempo, pero el problema es que esta nueva dinámica familiar se convierte pronto en una adicción de ambos lados: ahora Julian debe mantener este apoyo de manera indefinida, mientras en casa los esfuerzos por mejorar se estancan.

Otro punto es que en su empleo en la gran fábrica, Julian se va a rodear de gente inteligente, preparada y con éxito a las cuales lógicamente va a admirar. Esto hará que los imite en todo: la forma en que actúan, hablan, piensan, los lugares a los que van, las cosas que compran, las ideas que les gustan, etc. Dado que está en una empresa en la que muchos desearían poder trabajar, la presión interna por mantener una alta productividad lo obliga a competir a diario en el número de horas que debe estar enfocado en la solución de los problemas que le pagan por resolver. Julian siempre ha sido delgado y nunca le ha dolido nada, por lo cual no concibe que su terrible alimentación, mala higiene del sueño y falta de ejercicio lo van a poner del lado de la obesidad en pocos años.

Obesidad que verá normal porque lamentablemente así luce la mayoría a su alrededor.

Este es uno de los puntos más difíciles de atacar en la juventud mexicana que crece en las condiciones que te estoy describiendo: no consideran posible que vayan a ocurrir cambios enormes en su físico hasta el día que de repente descubren que están varias tallas fuera de control, hasta el día en que notan que apenas en sus tempranos treintas tienen la salud física de alguien de más de cincuenta que no se cuida.

Podemos culpar al capitalismo y a muchos otros factores que no promueven la buena salud de los miembros productivos de la sociedad como Julian, pero eso de poco sirve para que un individuo pueda comenzar a mejorar su condición hoy.

Julian cree que necesita un automóvil. Y tiene que ser nuevo. Con su salario de veinte mil pesos al mes puede obtener un crédito para pagarlo en cuatro años. Con su bono anual puede hacer abonos fuertes cada cierto tiempo. Todos hacen esto en la oficina.

Nadie le habla de invertir en ETFs. Nadie le habla de optimizar los próximos veinte o treinta años. Esto es aburrido. Nada es tan sexy como traer tu nuevo coche con Karol G a todo volumen.

Julian va a restaurantes a los que nunca antes había ido. Los fines de semana se embrutece con sus amigos del trabajo que ahora son sus confidentes, role models y familia, todo en uno. El domingo lo utiliza para recuperarse. Cada lunes bromean con orgullo de los destrozos que hicieron las noches anteriores. Y así durante años. Julian no se da cuenta que ha sido absorbido por una cultura que superficialmente luce genial, pero que tiene muchas limitaciones.

¿El plan de solo trabajar un tiempo parar ahorrar y con eso lanzar su emprendimiento? Julian jamás va a admitir que eso está cada vez más alejado. Lo que hará para compensar es invitar a sus amigos a una carne asada algunos fines de semana al mes en su nueva casa pequeña que ha obtenido con un crédito a treinta años —hey, todos así lo hacen en la oficina. La intención de estas reuniones, al menos en teoría, es platicar de ideas de negocio en las que se van a asociar.

Recuerda que su grupo del trabajo es la mafia a la que ahora pertenece. Es todo su mundo. Por lógica —aparte de que son su familia, sus mejores amigos, sus confidentes y sus role models— también deben ser sus socios.

Julian no entiende ni le interesa mucho en este momento enterarse que la inteligencia en un área no significa inteligencia en otra. Que alguien sea excelente entregando reportes complejos en hojas de cálculo no significa que tenga madera de co-fundador de una empresa ni que va soportar el estrés directo de lidiar con el mercado cuando las cosas se pongan duras, como siempre ocurre en negocios. A su amiga —experta en administración de uno de los departamentos de la corporación donde ambos trabajan— Julian la nombra automáticamente directora de finanzas en su nuevo emprendimiento imaginario. Se caen bien. Han bebido, salido y convivido muchísimo. Ella es muy inteligente, pues tuvo excelentes calificaciones en la universidad. Él también. Se entienden. ¿Qué podría salir mal?

A su amiga no le interesa realmente renunciar a su empleo, pero la idea de este negocio es imaginaria y todos los saben la mayor parte del tiempo, excepto cuando andan borrachos celebrando que ya están cada vez más cerca de lanzar el proyecto. En México un “sí” nunca es “sí”. Y un “me interesa” jamás es compromiso. Aquí preferimos quedar bien y aplaudir sin convicción la idea de alguien a decirle nuestra verdadera opinión. Y contestamos con un “pues vamos viendo”, “hablamos”, “lo revisamos” en lugar de ser claros y negarnos a las propuestas que nos hacen.

En la mafia de Julian, nadie pone al frente su renuncia como primer paso para estar a cargo de todos los detalles que se requieren ejecutar para que la compañía sea una realidad.

En la mafia de Julian, nadie pone al frente el primer cheque sin compromiso para que la compañía sea una realidad.

En la mafia de Julian, nadie escribe de manera clara lo que la compañía va a hacer, la estrategia ni la lista de acciones necesarias para que la empresa sea una realidad.

Todo lo que hacen es hablar de grandes ideas de negocios en el comedor de la corporación donde trabajan y reunirse ocasionalmente para discutir el proyecto. Esto los hace sentir bien. Son de esas cosas que te dan un sentido de avance pero que en realidad no significan nada.

Julian está atrapado en el salario de la gran empresa. Su familia depende de ello. El pago de su auto depende de ello. El pago de su casa. La consola de videojuegos. La ropa de marca. El dinero para sus salidas a buenos lugares.

Julian no ha invertido nada en ir a eventos o cursos de cuestiones que realmente lo empoderarían en negocios. Ir a Asia le daría un entendimiento fantástico de lo que es posible construir en el mundo, pero como nadie en la oficina hace esto, él no lo tiene tampoco en el radar. Tampoco va a cursos en otras ciudades con expertos genuinos porque cree que entiende lo que tiene que hacer y ya está casi todo listo con sus amigos.

No te confundas, querido Julian: pensar que la inteligencia y capacidad que alguien tienen en un empleo es igual a tener inteligencia y capacidad parar ejecutar con éxito en un negocio propio es el peor de los errores.

Si quieres entender esto con una analogía futbolística, piensa en tu amigo del vecindario que es genial jugando fútbol, pero su buen toque no es sinónimo de disciplina, enfoque ni de dureza mental necesaria para ser profesional en la liga profesional.

Julian no sabe nada de esto porque su círculo tampoco. Y su grupo de amigos-colegas lo define. Lo han influenciado al grado que todo lo que no está dentro de ese ecosistema no le interesa, no lo ve, no lo procesa.

Muchos hemos sido Julian.

Levantamos muros de superficialidad a nuestro alrededor. Cosas que nos hacen lucir bien pero que no nos permiten avanzar en los objetivos que verdaderamente valen la pena. Tenemos el uniforme, el título, el salario, la casa, el auto pero no tenemos los fondos, ni la seguridad, ni la audacia, ni las relaciones, ni el entendimiento para crear algo propio.

Julian comienza a ir a bodas de sus compañeros que a los veintiocho años se expresan con tonterías como “ya me estaba quedando” como si estar casado y tener hijos te diera alguna ventaja en un momento en que ni siquiera sabes qué quieres de la vida. Lamentablemente, Julian internaliza estas frases gracias a tantas repeticiones y comienza a pensar pobremente así.

Ojalá Julian tuviera en cuenta primero viajar por el mundo, renunciar, tener varios empleos y tratar de construir sus ideas con una red internacional de amigos, aprendiendo a levantar capital y jugando con reglas de un juego más rico de la vida.

Pero en lugar de eso, ahora pasa su tiempo mordiéndose la uñas pensando que se está “quedando atrás” de todos sus amigos.

Y comienza a planear de forma limitada que tiene que subir de posición en la empresa para ganar más y con ello poder formar una familia. Lo que casi nadie admite para sí mismo es que —a menos que te entrenes en lo opuesto, lo cual casi nadie hace—si ganas más, gastas más.

Julian sube de nivel. Ahora gana treinta y cinco mil pesos al mes. Está al frente de otros ingenieros. Sus responsabilidades crecen por todos lados. La curva de aprendizaje de management es como la montaña más empinada del mundo. Tiene problemas con todos porque la gente siempre resiente a un nuevo jefe. Donde antes era bueno en el aspecto técnico, ahora básicamente tienen que empezar de cero a comprender el aspecto humano. Nadie le avisó lo importante que era esto. Julian quisiera poder regresar a ser un simple ingeniero, pero ya está aquí y es imposible confesarle a alguien de su grupo que está frustrado y no sabe qué hacer. Después de todo, lo consideran inteligente y exitoso, y tal es la imagen que su ego le dice que debe proteger a toda costa.

Su salud empeora.

El dinero alcanza menos.

La calidad de sus relaciones interpersonales disminuye.

Y lleva ya quince años en una empresa a la que pensaba que solo iba a ocupar como un escalón para su emprendimiento.

Julian no puede hablar de esto con nadie porque sigue siendo un ejemplo en su familia. Sus compañeros de la universidad lo admiran. La sociedad lo respeta. Pero Julian no es feliz. Y estando atrapado en este mundo, se da cuenta que los demás a su alrededor tampoco expresan la realidad, nadie la dice en voz alta, mucho menos regresan a compartirlo con los que van a empezar. Esto hace que el ciclo del engaño continue haciendo que lo único que los futuros egresados de clase media baja pueden ver sea el prestigio, el auto, el respeto y el salario ocultando la frustración, mala salud, círculo social limitado, finanzas frágiles y preocupación constante.

No teniendo familiares o amigos que sepan jugar un juego más elevado en la vida, las oportunidades de hackear el asunto parecen nulas: es esto o continuar con la pobreza en la que creciste.

Despierta, querido chico corporativo.


La adicción a un buen salario en la juventud es de las cosas más difíciles de superar. Te hace valorar la certidumbre en tu instante de mayor potencial creador. Más adelante en la vida también puedes construir cosas, claro, pero ten en cuenta que conforme pasan los años, tienes más heridas de guerra en lo profesional y personal. Y la bendición de la juventud es que no habiendo hecho nada, crees que puedes hacerlo todo. Esto es algo que debes aprovechar, Julian.

He hablado con miles de Julianes en la última década. A muchos de ellos les he preguntado cuánto cuesta una casa de dos pisos con tres recámaras en el mejor fraccionamiento de la ciudad y qué precio tiene un boleto de avión redondo desde Ciudad de México a París. No saben estas cosas. Alguien puede decir en defensa de estos chicos que no tienen por qué saberlo dado que no van a comprar una casa en ese instante y lo del viaje lo verán llegado el momento en que lo quieran hacer.

Ese tipo de pensamiento es el que nos impide crear grandes cosas.

Yo sé cuánto vale tener un avión privado.

Sé el precio de rentar uno para un viaje entre las ciudades que más visito.

Conozco el precio de una bella finca en la campiña italiana.

Y no tengo absolutamente nada de ello. Pero tengo los detalles. Es muchísimo más factible que me pueda mover hacia uno de esos puntos en algún momento sabiendo con precisión lo que requieren. Es imposible generar los recursos para ello si no sé ni siquiera de cuánto dinero estamos hablando.

Lo que intento decirle a los Julianes del mundo es que deben ser curiosos y entender el dinero desde una perspectiva clara y ambiciosa. Tu papá, tu maestro, tu jefe, ninguno de ellos sabe de dinero, por mucho que los ames, por mucho que sean inteligentes en aspectos técnicos. El que sabe de dinero tiene un sistema para ello que ha ido perfeccionado. Su riqueza se puede notar de forma sutil. Punto. Es extremadamente raro llegar a la cima de esa colina a través de un trabajo típico. El nivel de vida que admiras de alguien con una buena casa en una buena zona con ayuda doméstica, dos autos, escuelas particulares para los niños, perros, tarjetas de crédito para comer en restaurantes caros y viajes de vacaciones, bueno, nada de eso se paga con un salario de veinte o treinta y cinco mil pesos al mes. No vivas engañado.

El problema es que Julian va descubriendo esto conforme va trabajando más y más duro en lugar de entrenarse en trabajar más inteligentemente.

Julian debe preguntarse qué demonios ha hecho el tipo de menos de cuarenta años que puede estar a diario unas tres horas por la tarde en el gimnasio más caro de la ciudad con aire relajado cuando él no tiene tiempo ni siquiera el fin de semana para poder salir a caminar media hora sin estar preocupado mientras lo hace. A esa persona es a la que debe estudiar para imitar sus pasos, su actitud, sus decisiones, su sistema, sus relaciones.

Julian hace lo contrario a diario y no se da cuenta: estudia al tipo de menos de cuarenta que es su jefe en la oficina, que siempre está estresado, que jamás hace ejercicio, que tiene una vida personal caótica y que si pierde su empleo hoy, está jodido. Lo estudia a diario inconscientemente porque come con él, ríe sus chistes, van al bar juntos y así. Esto es lo que Julian debe combatir a diario: su atención y admiración hacia un punto que no le conviene.

No estoy diciendo que el tipo del gimnasio es buena persona. Tampoco que el de la oficina sea malo. Estoy hablando de ser estratégicos, pragmáticos, entender en qué estamos entrenándonos a diario y hacia dónde nos va a llevar ese entrenamiento en poco tiempo.

Es imposible que te mantengas fitness en modalidad de largo plazo si toda la gente que te rodea no cuida ni su dieta ni su ejercicio. Imposible. Y esto ocurre porque luchar psicológicamente contra ello sostenidamente a diario es una batalla emocional desgastante. Por eso debemos colocarnos en el entorno que nos conviene.

Hay ventajas en tener un buen trabajo en una gran empresa en la juventud. Una de ellas es el fuerte acercamiento que tienes a procedimientos corporativos que puedes aplicar en tu vida profesional en cualquier otro lado o implementar en tu emprendimiento. ¿Sabes? Lo que veo todo el tiempo es que la juventud al iniciar un nuevo empleo conecta enseguida con los que están en su nivel o cerca y usan estas nuevas relaciones profesionales para hacerlas enseguida personales y pasar el tiempo criticando a los que están en lo más alto de la jerarquía.

Mira, cuando piensas que los dueños no saben lo que ocurre en realidad en la empresa, te has activado el modo egocéntrico en lugar del modo aprendiz. Seamos realistas: tú no tienes una empresa como ellos, no tienes experiencia como ellos, no tienes las heridas de guerra que ellos han coleccionado. Apenas tienes dos años en una posición de nivel bajo o intermedio haciendo cosas que honestamente no van a destrozar a la compañía si las dejas de ejecutar. Te conviene más ver el mundo desde la perspectiva de estas personas encumbradas en lugar de estar criticándolas para sentirte más inteligente. Sentirte más inteligente solo ayuda a tu ego y no refleja nada en tu bolsillo.

Piensa que en un servicio de lavado de autos de esos que no tienen sofisticados mecanismos automatizados, las personas que trabajan duro echan agua, aspiran y secan tu vehículo. La persona que toma el riesgo de rentar el lugar, anunciarse y contratar gente es quien trabaja inteligentemente.

Trabaja inteligentemente.

Te aviso que esto no te lo enseñaron en la universidad.

De hecho, casi nadie sabe trabajar inteligentemente. Esto es porque es lo más difícil. Sé que suena contraintuitivo —por no decir estúpido— pero trabajar duro es fácil ya que simplemente se trata de imprimir más energía a algo que no es óptimo.

La persona que trabaja inteligentemente puede a diario estar relajada tres horas en el gimnasio en cualquier momento del día que le apetezca sabiendo que tiene recursos que le dan muchas oportunidades.

Trabajar inteligentemente es muy difícil porque involucra dominar mucho la presión psicológica que sentimos de la masa de gente que no entiende nuestros movimientos. Trabajar inteligentemente nos hace lucir raros y tal vez flojos en un entorno que nos vende la idea de que alguien ocupado y estresado todo el tiempo es productivo.

La persona que trabaja duro no tiene tiempo de salir a caminar ni siquiera media hora sin estar preocupada por todos los pendientes que la agobian.

Si eres joven y tienes un buen trabajo, no le des todo a ese empleo. Sé un pro, sí, y ejecuta genial para la empresa que te da un cheque mes a mes, pero ten varios proyectos andando. Sé diseñador, programador, mesero, encuestador, bailarín, no sé, haz muchas otras cosas fuera de tu horario oficial laboral. Esto te da músculo, energía y visión que pocos generan.

Usa los fines de semana como espacios para acelerar tu ventaja. Que tu weekend no sea weak. Donde otros pasan cada sábado con la misma rutina embrutecedora, tú usas ese espacio para viajar a un lugar que no conocías, para hospedar a extranjeros en tu pequeño depa rentado que te da agilidad para abandonarlo a voluntad y moverte fácil a cualquier lugar del mundo sin compromisos.

El auto y la casa propias son sueños de otros. Tú no quieres esto de joven. Tú no quieres estar atado. Y esto es lo que te haces a ti mismo cuando piensas que estos dos elementos son los objetivos a conseguir teniendo veinticinco años.

“The things you own, end up owning you”, dice Tyler Durden en Fight Club.
Ve a eventos de todo tipo. Paga por ellos. No quieras todo gratis. Siéntete tonto aprendiendo de cuestiones totalmente fuera de tu radar. Tus clases de baile, la escuela de arte, tu club de lectura, la organización en la que haces voluntariado, un equipo deportivo, ten muchos más amigos en lugares así que en tu trabajo.

No tomes como sabiduría lo que alguien que lleva veinte años en una corporación te diga. No te está contando la historia completa. No te va a confesar que quisiera poder escapar de la trampa. Si su vida te gusta porque es un tipo sano, ecuánime, en control, con espacio para muchas actividades personales, con una familia en armonía, con crecimiento espiritual constante, bueno, entonces sí, imítalo. Hay muy pocos de estos en esos entornos.

No te deslumbres con el salario y el reconocimiento profesional de alguien. Es muy poco lo que esto representa con respecto a todo lo que podemos conseguir en la vida. Si te obsesionas con esto, bueno, será lo único que conquistarás. Y varias décadas más adelante, lamentarás no haber desarrollado otros intereses y no haber explorado otras oportunidades.

Necesitamos más gente como Julian, que podrían ser empresarios que levanten a la sociedad. Pero necesitamos explicarles con claridad todo lo que el camino tradicional conlleva para que entiendan bien el juego. Perdemos a muchos chicos de clase media baja académicamente inteligentes que podrían ser grandes emprendedores por no ayudarlos a evitar con cuidado la gran trampa del dinero temprano.

Te quiero, querido Julian.

Te digo todo esto desde una posición difícil.

He estado ahí. En muchos aspectos, sigo ahí.

Podemos quejarnos de la situación en la que estamos.

O podemos trabajar inteligentemente para hackearla.

Requiere que primero te admitas a ti mismo varias cosas incómodas.

Requiere que seas observador y analices bien.

Requiere que tomes decisiones duras.

Requiere que tengas conversaciones difíciles.

Requiere que te aprietes los botones adecuados.

Y que comiences ya.

Ecuanimidad. Enfoque.

Largo plazo.

Sé audaz.

Y selo ahora.

—A.

THE GAME

Si quieres ganar al menos unos diez mil dólares al mes, hay tres rutas:

[a] Ubicarte en lo más alto de tu profesión dentro de una organización que lo valore.

[b] Inventarte un trabajo que te posicione con ventaja.

[c] Crear múltiples fuentes de ingreso.

La ventaja de una organización que te pague bien es que adquieres transportabilidad. Esto significa que una vez que eres atractivo para empresa petrolera A, las empresas petroleras B, C y D suelen asignarte rangos salariales similares. La desventaja es que en los altos niveles de una compañía se exige siempre un desempeño monumental dentro del cual pocos consiguen mantener control de su dieta, peso, estrés, relaciones y espacio para otras actividades, lo cual afecta innegablemente la calidad de vida.

Inventarte un trabajo que te pague muy bien suena romántico. ¿Quién no sueña con ser su propio jefe? Lamentablemente, este camino es muy solitario y requiere desaprender muchísimo de lo que hemos absorbido durante dos décadas en el sistema educativo tradicional. La estructura del comportamiento que necesitas tener es incierta pues a diferencia de un empleo normal, aquí hay muchos consejos contradictorios al respecto. Esta una arena extremadamente caótica para quien no está acostumbrado a adaptarse rápidamente a los vaivenes emocionales que implica lidiar directamente con el mercado.

Generar múltiples fuentes de ingreso es un movimiento magistral si tienes la personalidad para ello. Esta forma de ejecución implica que seas consciente de la importancia de colocarte de forma predeterminada en el papel de quien delega y también de quien sabe ser un mero intermediario, abandonando la adicción a recibir la etiqueta del que crea, del que hace. Quien consigue generar buen dinero a través de múltiples fuentes de ingresos suele estar contento con no meterse a los detalles de cada operación en la que su nombre está involucrado. Aquí favoreces capital para generar más, no ejecución para aprender.

Ama lo que haces. Busca tu pasión. Notas así son poderosas para guiarnos pero mi invitación es a que seas primero pragmático y luego idealista. Pon pan en la mesa consistentemente y después sé filosófico sobre aquello que hace brincar a tu alma. Casi todos los que hacemos mucho de lo que nos gusta comenzamos haciendo cosas que no disfrutábamos al máximo en el principio. Desarrolla y exhibe tus fortalezas sin que te estorbe el hecho de que no estés en la actividad de tus sueños.

Te comento hoy todo esto porque hace un par de días platicaba con una universitaria sobre el dinero y cómo casi nadie es experto en este asunto. Le di cifras del estilo de vida que le gustaría tener y le expliqué que no iba a conseguirlo con un «buen trabajo» en los próximos años. Esto no por falta de fe en sus habilidades sino por la realidad del mundo. Le hice ver que quienes tienen los estilos de vida que nos gustan están ubicados mayoritariamente en los puntos [b] y [c] de estas ideas.

Sí, claro, trabaja en una empresa, adquiere experiencia y al mismo tiempo mientras estás ahí —le dije— sigue como edecán en eventos por las noches y en fines de semana además de continuar haciendo trabajos administrativos como éste con el que nos estás ayudando en mi empresa hoy. No compres la narrativa de que sólo debes estar enfocada en tu empleo. Piensa que ese empleo no estará únicamente enfocado en ti. La importancia de adquirir experiencia laboral en compañías es para conocer de primera mano cómo comportarte en modo corporativo, estudiar sus procedimientos, adquirir el idioma profesional y hackear tu visión para que no veas el asunto como una simple transacción donde te pagan por cierto tiempo y habilidades sino que entiendas que es un fantástico entrenamiento patrocinado donde tienes la oportunidad de aprender en tiempo real cómo lidiar con colegas que no te gustan, instrucciones sobre las que cometes errores, proveedores que incumplen, reportes que te rebasan y etcétera.

Llevo algún tiempo preguntando a todos los jóvenes que se cruzan en mi camino a través de cursos, conferencias y pláticas casuales si saben cuánto cuesta de forma precisa ese viaje a París que dicen que es su sueño o la casa grande que admiran en tal parte elegante de la ciudad. La aplastante mayoría no tiene idea de precios reales de vuelos, hoteles o bienes raíces. Esto ocurre porque mucha gente es pasiva y esperan a investigar las cosas hasta que tienen la necesidad. Tú no seas nunca así. El truco es hacerlo totalmente al revés. Primero te enteras de las cifras, usas esa información como inspiración y te vas moviendo en cuerpo y mente para conquistar los objetivos. He cotizado cuestiones exóticas como vuelos en aviones privados y renta de villas exclusivas porque sólo así le doy oportunidad a todo eso para ser parte de mi vida en algún punto.

También me gusta preguntar a los padres de familia si comparten cantidades con sus hijos. ¿Por qué no hablamos de nuestros salarios y gastos concretos mes a mes con ellos? Comencé a hacerlo con mi hijo a los catorce años y su quijada cayó al suelo cuando se enteró lo que cuesta vivir en modo clase media. Mi intención es disuadirlo de que el día de mañana se entusiasme por un empleo que le pague quince mil pesos mexicanos al mes. Que lo acepte si es conveniente en ese instante de su vida en que va empezando, claro. Y que aprenda mucho, sí. Pero sobre todo, que sepa que no puede considerar por ningún motivo que esa cantidad es suficiente o que tal es el camino con el cual va a conseguir las cosas que le gustaría ver manifestadas en su vida.

En el ejemplo inicial te hablo de diez mil dólares norteamericanos como si fuera una cifra alta. Lo es en ciertas coordenadas. Es nada en otras. Tienes que saber en dónde estás ubicado porque esto es parte de las reglas de tu juego personal. El estándar económico al que te estoy empujando que pongas en tu radar es una cantidad mensual que te permita vivir en el mejor espacio residencial de tu ciudad.

Conozco profesionales en lo más top de su juego dentro de corporaciones prestigiadas.

Conozco personas que son sus propios jefes con resultados envidiables.

Conozco expertos en crear y administrar múltiples fuentes de ingreso.

Todos y cada uno de ellos entienden muy claramente el juego que están jugando. No se distraen cambiando de cancha. No se frustran viendo el patio de juegos de junto. No obedecen reglas que no apliquen al área estratégica en la que están. Muchos de ellos siguen con educada curiosidad tendencias rimbombantes como cripto, inteligencia artificial, el metaverso y así. Tal vez algunos —los más osados entre ellos— apuestan unas pocas fichas de su casino personal en aventuras así, pero casi todos reinvierten correcta y constantemente en hacerse más fuertes y poderosos en el campo que ya dominan.

Ninguno de ellos consiguió sus resultados de forma inmediata —y esto te sorprendería enterarte cuántas personas no lo entienden como algo obvio.

El consejo más práctico que te puedo dar independientemente de cómo vayas a moverte —corporativo, tu propio jefe o master de las múltiples fuentes de ingreso— es que modeles la imagen de quienes ya tienen éxito ahí.

Si el tipo que admiras en lo alto va a tal gimnasio en tales horarios y viste de cierta manera, considera irte por esa ruta. Descubre por qué hace lo que hace ejecutándolo, no analizándolo nada más a la distancia. Esto te va a regalar inteligencia de negocios a la que no podrías acceder solamente con reflexiones pasivas.

Cuando no estamos modelando nuestro comportamiento de forma consciente hacia un objetivo, estamos absorbiendo voluntariamente los modos, visiones, actitudes e ideas que la gente en nuestro nivel nos impregna fácilmente. No es que sean malas personas, pero si la realidad del grupo de personas con el que más convives no es una que te encante, entonces debes cuidar esto de tu modelado todo el tiempo.

Es probable que nadie te haya explicado todo esto sobre el dinero que necesitas para vivir la vida que quieres. Va con amor.

Determina el juego que mejor va con tu personalidad.

Reinvierte en él todo el tiempo.

Y modela adecuadamente.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

GOGGLES EMPRESARIALES

“Everybody loves Aaron”, sentenció un compañero de la oficina un día. Recuerdo bien esa frase porque me hizo sentir orgulloso en su momento. Sentí que era algo positivo ser querido por todos en mi lugar de trabajo. Era bromista, coqueto y, en general, bastante agradable en cada una de mis horas laborales. Esto duró tal vez los primeros dos o tres años que estuve ahí.

Todo cambió cuando comencé a comportarme en el modo que hoy llamo alto desempeño. Envié propuestas, ejecuté con eficiencia y estudié el juego corporativo para escalar sus diferentes niveles. Esto trajo como consecuencia una alteración a mi personalidad que no fue del agrado de muchos.

En todo lugar de trabajo siempre existe el “us versus them”, una tonta cultura donde los niveles de abajo pelean filosófica y prácticamente contra los jefes y directivos. En este mundo de “nosotros contra ellos”, los empleados en posiciones no privilegiadas creen de corazón que los supervisores son ignorantes y que los dueños de la empresa no entienden nada. Ubico perfectamente en mi memoria esta actitud enraizada en mí y mis colegas de aquella época. Si teníamos un espacio para relajarnos, lo ocupábamos para burlarnos de quienes estaban arriba del organigrama en lugar de estudiar sus técnicas y habilidades para subir peldaños en la estructura de la compañía.

Muchos a los que he platicado este relato en directo concluyen erróneamente que mi consejo es hacer que sus compañeros los detesten porque tal es la señal de que están haciendo las cosas bien y etiquetan automáticamente a los chistosos de la oficina como personas de bajo desempeño. Tú no seas simplista. Lo que realmente quiero proponerte es que analices y repliques el comportamiento que sí te conviene copiar descaradamente.
¿A dónde te va a llevar ser el consentido de tus colegas que llevan años en la misma posición? Casi seguramente a eso, a mantenerte ahí exactamente. Esto es porque al interactuar tan de cerca con ellos y no retar ni sus modos ni sus pensamientos, lo que haces es internalizarlos primero y replicarlos después. Todo esto sin darte cuenta, justo como el acento y expresiones de la gente que nos rodea se vuelve parte natural de nuestro modo de hablar.

¿A dónde te va a llevar el estudiar a quienes están tres, siete, veintiún veces tu salario arriba de ti en la escalera organizacional? Atención: no estoy diciendo que los tienes que admirar. Estoy invitándote a que los analices. Tener una buena posición en la compañía no hace a nadie una buena persona de forma predeterminada. Sin embargo, ese ejecutivo allá en lo alto tiene muchas cualidades y rutinas que seguramente te pueden servir para tus propósitos de desarrollo personal. Es decir, quiere a tus compañeros de la oficina que están en tu misma escala pero no pongas mucha atención a casi nada de lo que te muestran o comentan. Integra mejor a tu vida la mayor cantidad de notas de aquellos que han aprendido a subir de nivel una y otra vez.

¿Qué ocurrió cuando comencé a hacer esto?

Mis “amigos” de la oficina dejaron de invitarme a reuniones. Ya no interactuaban amigablemente conmigo en los pasillos. Había silencio en la mesa cuando me sentaba con ellos a la hora del lunch. Tal es la manera en que un grupo te avisa que ya no eres parte de él. Al mismo tiempo, los directivos comenzaron a compartir más tiempo conmigo. Cultivaron en mí lo necesario para posicionarme en espacios de liderazgo. Subí a esa etapa y la claridad llegó a mí. Fue como pasar de bucear tratando de distinguir solo con tus ojos un arrecife a ponerte un visor y entonces sí poder apreciar los detalles. Cuando no estás al frente de personas en una corporación, andas así, sin goggles empresariales. No entiendes el juego pero crees que sí. Cuando pasas a etapas de alta responsabilidad, te das cuenta lo limitante que eran los pensamientos y ejecución que defendías allá abajo.

Atacar, burlarnos y sabotear las indicaciones de gerentes, supervisores, jefes y dueños de las compañías es el refugio emocional más fácil en el cual nos hospedamos cuando somos empleados de bajo desempeño. Todos comenzamos nuestro camino desde aquí. Es normal. Algunos aprenden pronto las reglas que importan para avanzar y se alejan de la masa. Otros tardamos años en abandonar emocionalmente aquello que nos hemos entrenado en ver como lo correcto para por fin asimilar las acciones y mentalidad que efectivamente nos van a impulsar.

Algunos lectores le dan un giro a este tipo de textos y deciden indignarse porque —según ellos— todo lo que hago es defender a los de arriba y criticar a los empleados. Muchos me listan los derechos de los colaboradores y hablan de temas como salario emocional, salud mental y etcétera. Claro, yo no estoy en contra de nada de esto, pero este tipo de discusiones sobre lo perversas que son las compañías y que los empleados siempre son las víctimas me recuerda a esa reflexión donde si te levantas por la mañana y te topas con un pendejo y al llegar la noche fue el único que encontraste, bien, el tipo ese era un pendejo, pero que si todo el día en todos lados lidiaste con puros pendejos, entonces la conclusión lógica es que el pendejo eres tú.

Si todas las empresas en las que has estado y todos los jefes que has tenido no han valido la pena, ¿quién está realmente haciendo las cosas mal? La victimización no pondrá más recursos en tu vida. La autorrealización de que hay muchas cosas que tienes que mejorar en tu personalidad, en tus decisiones, en tu vida, te va a dar herramientas fantásticas para moverte en términos profesional a una velocidad que te va a sorprender gratamente.

Este paso de la muerte de simple colaborador a jefe no es para cualquiera, pero creo que sí es para muchos que no han encontrado la manera de articularlo. Si estás molesto con tu nivel socioeconómico, insatisfecho con tu salario, frustrado porque no recibes más responsabilidad, probablemente este artículo tiene muchos elementos que debes considerar. Lo más seguro es que llevas tiempo saboteando tú mismo tus esfuerzos sin darte cuenta, justo como me pasó a mí. Tal vez crees que únicamente por tu inteligencia académica, por tu entrega en tiempo de reportes, por tu llegada puntual diaria y por tu uniforme limpio y planchado deberían ascenderte, cuando no te das cuenta que cosas como la manera en que te expresas y esa fijación en respetar estrictamente tu horario laboral y ni un minuto más están enviando señales que no te impulsan.

Verás, seguramente conseguiste tu empleo en nivel básico por alguna habilidad técnica. Sabes contabilidad, inglés, ingeniería, medicina, electricidad, algo que te da cierto valor para la empresa. Ahora requieres sumar habilidades gerenciales para subir de nivel. Las agregas y te conviertes en líder dentro de la compañía.

Veo muchos profesionales quejándose siempre de las condiciones de sus lugares de trabajo. Y estoy seguro que tienen razón en la mayoría de los casos. Las tendencias modernas están atacando el pensamiento de la vieja guardia, ya sabes, eso de querer tener un reloj checador, ir a la oficina, presentar títulos universitarios, vestir de cierta manera. Las nuevas generaciones se están rebelando contra todo eso y más. Y está bien. Vivimos en el año 2022, no en 1970. Las cosas deben ser diferentes, mejores.

El problema es que muchos de estos profesionales no calculan el valor de sus batallas y a dónde los lleva potencialmente ganar cada una de las discusiones en que se meten. ¿Quieres muchos likes en tus redes sociales? Escribe una crítica honesta sobre algunas de las políticas internas de tu empleador, sobre su proceso de reclutamiento o sobre lo anacrónico de ciertas costumbres de su cultura organizacional. En tres segundos obtendrás un alud de simpatía y gente compartiendo quejas similares. Está bien. Es válido.

¿Pero y luego?

¿Qué sigue?

Vas a renunciar. Vas a llegar a otro empleo. Absolutamente ninguna entidad es perfecta. Claro que puedes aterrizar en un lugar mejor, pero si ahí no criticas nada, estás cayendo en el otro extremo donde ahora eres un fanboy ciego que no analiza objetivamente.
Mi punto es que no vivas en ninguno de los dos puntos donde todo está mal o todo es perfecto en una empresa. Mi voto va para que desarrolles características espectaculares de liderazgo, autonomía y ecuanimidad en ti. Que si hay cosas malas dentro del lugar donde te encuentras, escojas una o dos sobre las cuales vas a empujar soluciones de forma consistente e inteligente. Esto implica más trabajo, claro. Y aquí viene de nuevo el ciclo negativo del que llevo ya muchos párrafos hablando: ese donde te vas a negar a hacer algo más porque eso no está estipulado en tu contrato laboral, porque los de arriba te explotan, porque la empresa está mal y etcétera, etcétera. ¿Sabes a qué te acostumbra esto? Los activistas pobres van a responder que te acostumbra a exigir tus derechos y los ejecutivos exitosos te van a decir que te hace uno más del montón.

He leído literalmente cientos de libros de negocios de la vieja escuela y de pensamiento moderno. Absolutamente en ninguno he encontrado el caso del empleado que haciendo valer cada uno de sus derechos en la compañía, peleando contra los directivos, haciendo huelgas y demás haya ascendido a director general de la empresa o desde esa plataforma construido un emprendimiento propio exitoso. Ninguno. Ser experto en estos líos suele ser un reflejo de nuestro pleito personal contra la vida que enmascaramos con aires de justicia laboral.

Parafraseando un poco lo que Ray Dalio expresó de forma genial en su libro Principles, te diría que entiendas la diferencia entre querer tener razón o querer avanzar en tu objetivo. Querer tener razón todo el tiempo es droga para nuestro ego. Nos hace sentir bien. Nos da un sentido de justicia que no existe en el mundo real. Nos invita a buscar más de esto. “Esa empresa es mala y hace mal esto y aquello” te regala mucho apoyo y químicos en tu cerebro para la excitación pero no pone más recursos en tu bolsillo y al final sigues sufriendo igual con tus gastos.

Avanzar en nuestro objetivo nos exige ser pragmáticos y enfocarnos en los caminos que nos hacen llegar a la meta en lugar de distraernos con asuntos y victorias que sólo nos dan ciertas alegrías bastante efímeras pero que no contribuyen realmente en nada para que vivamos realmente bien.

Yo critiqué mucho a esa empresa donde trabajé como empleado de bajo desempeño primero y como supervisor de alto desempeño después. Y muchísimos otros que han estado ahí lo han hecho también. Y la empresa sigue ahí, siendo rentable. Y nosotros nos hemos ido, unos con mejor suerte que otros. Mi punto es que si en el trayecto corporativo que compartas con una organización no te llevas herramientas prácticas para el resto de tu vida, estás desperdiciando tu energía y tiempo en simplemente sentirte bien a través del activismo laboral de la queja y crítica que te regalan meras victorias pírricas que únicamente sirven para recibir aplausos de tus compañeros al mismo nivel, de las redes sociales y de tus amigos y familiares.

Crece mucho en lo profesional mientras estás en una corporación. Eso hace que la empresa suba también de nivel. Eso inspira a otros a seguir tus pasos. Eso manda la señal fabulosa a quienes te ven desde fuera y a lo lejos de que eres un tipo a tomar en serio, alguien que entiende el juego, alguien que no busca tener razón a lo tonto ni obtener victorias pírricas sino en conseguir sus objetivos de largo plazo.

Crece. Juega bien el juego.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

INGENIERÍA INVERSA DE TU VIDA

Cuando —digamos— en BMW quieren comenzar a fabricar vehículos eléctricos geniales, lo que hacen es comprar algunos Tesla, desarmarlos y estudiar el sistema y sus partes. Esta es una práctica común en la industria automotriz. Se llama «ingeniería inversa».

(Tampoco es como que hay mucho que desarmar en un Tesla. Como la computadora móvil que es, tiene más componentes microelectrónicos que mecánicos, pero es un ejemplo).

Ahora bien, toda compañía interesada en subir de nivel —esto es lo que tú y yo conocemos como «innovar»— ejecuta ingeniería inversa constantemente dado que es la manera más eficiente de aprender aceleradamente. Esto no significa que no cometerán errores al copiar, simplemente ya tienen una guía clara y rápida en lugar de tener que comenzar desde cero.

Tal vez tú y yo no vamos a desarmar un Tesla para manufacturar nuestra marca de autos basados en su tecnología, pero sí podemos hacer ingeniería inversa de aquellas personas que están en niveles que admiramos. Considera esto el hack más poderoso hoy a tu alcance.

Deconstrúyelos con preguntas en este estilo:

  • ¿Qué (no) hacen en su día?
  • ¿Por qué (no) lo hacen?
  • ¿Con quiénes (no) hablan?
  • ¿De qué (no) hablan?
  • ¿En qué (no) invierten más su tiempo?
  • ¿Qué (no) leen?
  • ¿Qué (no) compran?
  • ¿Cómo (no) se comportan online/offline?

Tener las respuestas a estas preguntas no te va a convertir automáticamente en esa persona, justo como BMW no es Tesla, pero al menos tendrás una idea más sólida hacia dónde moverte en tu ejecución y mentalidad diaria.

Hace años fui a un evento de marketing por el que pagué bastante dinero. Subí a un avión, me hospedé en un hotel, llegué a la sede y salí decepcionado. Todo lo que nos presentaron ya lo sabía y la forma en que respondían las dudas, yo las explicaba mucho mejor en mi mente.

Duré varios días ligeramente molesto porque no obtuve nada de ese evento al que había asistido con bastantes expectativas para impulsar mi negocio. De repente, en una pausa de mi tonta pelea interna, un rayo de inteligencia me iluminó: «Si ya sabía muy bien todo lo que explicaron y sabía que podía presentarlo mucho mejor, esto significa que yo era un experto en el tema y que podía organizar mis propios eventos», pensé. Gracias a aquella «mala» experiencia me lancé a organizar con éxito eventos de todo tipo en muchas ciudades desde entonces.

En este pequeño relato, la ingeniería inversa aparece disfrazada como queja. Cuando entendí cómo podía beneficiarme de aquel «fracaso», convertí mi malestar en análisis. Copié su método de ventas, el formato del evento, el precio y muchas otras cosas. Con los años fue eliminando y agregando cosas hasta tener mi estilo bien desarrollado.

Desde entonces tengo esta actitud en muchos otros aspectos: veo a un señor de edad avanzada en buena condición física paseando contento en la playa y luego comparo el asunto con gente a mi alrededor de esa edad que no anda igual y analizo qué tengo que hacer para llegar al resultado que sí me gusta.

Hubo una etapa donde vivía frustrado y enojado con la vida. Los ricos eran malos. Todo el mundo era tonto menos yo. Yo estaba mal por culpa del sistema que me tenía así, porque mi inteligencia estaba más que comprobada. Me repetía a diario tonterías en ese estilo.

Hoy creo que si digo ser inteligente, eso se debe notar en lo que la vida me ofrece, no en mis calificaciones ni en lo que mi ego me grite. Hoy distingo cuando mi enojo justificado ante alguien es realmente celos y envidia porque yo no he podido llegar a ese nivel. No digo que no todos los ricos sean buenos ni que el sistema ayude por igual a todos, pero esas son cosas que no puedo cambiar. Lo que sí está en mi dominio, bueno, en eso me tengo que enfocar.

Cuando detecto gente cuyos resultados de vida offline/online me gustan, los admiro sólo por dos segundos para no quedarme atorado en ese estado. Enseguida los estudio con precisión para hacerles ingeniería inversa que me dé información útil. A esto lo llamo «copiar descaradamente».

Gracias a copiar descaradamente he aprendido a comportarme mejor en todo tipo de eventos. Así también he aprendido a moverme en diferentes situaciones difíciles personales, profesionales y empresariales. Así he insertado en mi rutina actividades ganadoras como leer, viajar, hacer ejercicio y otras más.

Para hacer ingeniería inversa de las personas que están en niveles que me convienen —copiar descaradamente a aquellos que me generan sentimientos de envidia— necesito siempre atenuar mi ego que avienta mil y un excusas de por qué yo estoy bien y ellos no. Si no lo domino, no me deja avanzar.

Listo, espero esto te sirva y lo apliques en tu vida. Ya sabes: haz ingeniería inversa de todo lo que te vuelve la cabeza y ejecuta los pasos que descubras. Cometerás errores, pero así es como convertirás todo esto en tu propio camino.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

¿ESTÁS DICIENDO QUE LA UNIVERSIDAD NO IMPORTA?

No hay certificación para dar conferencias.

O al menos no me la han solicitado.

De hecho, no tengo certificaciones en nada de lo que hago.

«Papelito habla» es una manera de ver la vida en modo vieja escuela.

Ten habilidades comprobables.


Nobody gives a shit about my credentials.

Hay una adicción a los diplomas en nuestra sociedad. Tranquila, tranquilo: no digo que esté mal tenerlos, buscarlos o desearlos. Lo que te estoy diciendo es que hay formas mucho más optimizadas de moverte en el mundo hoy en día. Un papel solo impresiona a la vieja guardia.

A lo largo de más de una década, he escrito sobre muchísimos temas, pero esto de los diplomas es uno de los más espinosos. No sé qué fibra sensible toco en la gente que los hace reaccionar con cierta agresividad como si mis notas fueran algo personal en su contra. No es así.

Sucede que hemos anclado gran parte de nuestra identidad con los logros académicos y/o profesionales que podamos obtener. Y la manera de destacar que vemos como más natural es demostrando con papeles que somos parte de un selecto club con ciertos diplomas. Ahora, que de pronto llegue un tipo como yo, totalmente ajeno a tu vida y comience a atacar en voz alta todo eso de diplomas, certificaciones y papelitos que tu mamá, papá, maestros, amigos, vecinos, novias y demás te han dicho que son súper importantes, bueno, seguro no resulta algo agradable de escuchar. En este instante, tienes dos opciones frente a ti: abrazar con fuerza lo que crees y vivir con esa convicción rechazando automáticamente nociones que van en contra de lo que te han taladrado o abrirte a explorar qué oportunidades hay para ti en esta idea de que los papeles no importan.

Aquí siempre llega el argumento fácil de «ajá, Aarón, a ver, deja que te atienda un médico sin certificación», «ajá, que tu casa la construya un arquitecto sin diploma» y cosas así. Esta es una forma muy simple de ver la vida que no te hace insertarte con éxito en la modernidad. Claro que queremos profesionales de la salud y la ingeniería con altos estándares. Estas son profesiones nacidas en una época que ya no existe. Hoy hablo de profesiones modernas que también ponen buen pan en la mesa y para las que no necesitas pasar años en la universidad.

Marketing. Comunicación. Ventas. Diseño. Este tipo de áreas no se conquistan con estudios universitarios. Sorry not sorry. Un chico con licenciatura de marketing que pagó ocho semestres y no es el dios de Google Analytics ha sido estafado voluntariamente. Un diseñador que no es un pro de Figma después de cuatro años en la universidad de alguna forma lo que ha decidido es vivir en la pobreza.

Marketing. Comunicación. Ventas. Diseño. Este tipo de áreas no se conquistan con estudios universitarios. Sorry not sorry. Un chico con licenciatura de marketing que pagó ocho semestres y no es el dios de Google Analytics ha sido estafado voluntariamente. Un diseñador que no es un pro de Figma después de cuatro años en la universidad de alguna forma lo que ha decidido es vivir en la pobreza.

Después de años de hacer negocios en diversas industrias, reuniones con inversionistas, emprendedores, políticos, empresarios, colaboradores, expertos de muchas áreas, bueno, he notado algo que me da el valor de escribir estas notas: nobody gives a shit about my credentials.

Esto significa que a nadie le importan los papeles que pudiese presumir. Todos —individuos y empresas— quieren soluciones en tiempo y presupuesto. Si demuestras que eres capaz de ejecutar esto, automáticamente borras todo interés en una conversación sobre tus calificaciones escolares. Esto duele. No nos gusta enterarnos que hemos perdido años en conocimiento obsoleto y comportamiento anacrónico. Podemos justificar de muchas maneras nuestros bonitos y costosos diplomas pero esto solo sirve para proteger a nuestro ego, no refleja nada en nuestros bolsillos.


Cero adicción a los papelitos.

«Aarón, ¿estás diciendo que la universidad no sirve?» Así es, en carreras como comunicación, marketing, diseño y otras en esa vena, es irrelevante. ¿Por qué lo digo? Porque no enseñan lo que usamos afuera, porque te entrenan en un comportamiento que no sirve en el mundo real. Verás, si te dicen que tienes que entregar tal proyecto al final del semestre, te va a tomar seis meses completarlo. Eso no existe en el mundo real, al menos no en los niveles iniciales cuando entras a trabajar. Te van a solicitar las cosas para ayer. Y te vas a quejar pensando que es injusto.

En fin, la universidad es una institución necesaria para ciertas especialidades. Si estás en ella, enfócate en vivir muchas experiencias y hacer la mayor cantidad posible de buenas relaciones con gente de todos colores y sabores.

«Aarón, tú no entiendes la realidad laboral, hay muchas empresas que piden el título profesional». Claro que entiendo esto. He contratado cientos de personas. He tenido más de media docena de empresas. Ando en este medio. Entiende que las empresas obsesionadas con estos papelitos son de la vieja guardia. Van de salida. No te quedes atrapado en esa mentalidad.

Ningún papel puede ser más poderoso que tu capacidad de aprender rápidamente por tu cuenta cualquier tema con buena actitud usando Google, YouTube, Wikipedia, Platzi y demás recursos en ese estilo. Ninguno. Te lo juro y te lo firmo.

Ningún papel puede ser más poderoso que tu capacidad de aprender rápidamente por tu cuenta cualquier tema con buena actitud usando Google, YouTube, Wikipedia, Platzi y demás recursos en ese estilo. Ninguno. Te lo juro y te lo firmo.

Si esto te enerva porque «no es justo que pasemos años en la uni y que otros tengan mejores empleos con pocos meses de preparación» vas a sufrir mucho en la vida. Adáptate. Levántate rápido de golpes emocionales negativos reinventándote y subiéndote a olas que te convienen.

Si la vida me hubiese exigido diplomas para lo que he lanzado profesionalmente, jamás habría fundado a mediados de los noventas —a mis diecisiete años— una de las primeras agencias de desarrollo web en México, por ejemplo. No había licenciatura ni ingeniería al respecto. Tampoco podría haber creado una editorial. O una empresa de software. Menos una de hardware. Tampoco inventar un método educativo. Ni dar consultoría. Ni escribir libros. Ni pararme a dar conferencias. Ni ser influencer. No tengo ningún papel que me avale para nada de esto.

La idea de que debes «prepararte» antes de hacer las cosas es eso, una idea. Existen otras mejores. Hazlo. Ejecútalo. Esto te dará el aprendizaje y experiencia de manera clara y rápida. Esto te dará autoridad que antes necesitábamos comprar con mucho tiempo y dinero.

Si sabes dirigir con disciplina tu curiosidad, ganas porque no tienes que esperar a que una institución o maestro determinen cuándo es el momento ideal para que aprendas algo. Fuck that. Aprende lo que quieras ejecutándolo desde hoy.

Cero adicción a los papelitos. Si eres joven, actúa así, no hables como tus abuelitos, no pienses como tus papás, insértate en un mundo que se mueve rápido y premia la ejecución y la demostración de las habilidades por sobre todas las cosas.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

DEMASIADO PERFECCIONISTA

¿Tu problema es que eres demasiado perfeccionista? Eso es miedo. No lo veas como algo positivo sino como una cualidad que te está frenando en grande. Decir que somos perfeccionistas es de esas cosas que la sociedad aplaude simplemente porque se escucha bien aunque en realidad sea un disparate.

Sucede que durante dos décadas de escuela tradicional normalizamos el hecho de que el niño con calificación más perfecta recibe elogios de padres y maestros. Ahora llevamos ese pensamiento a la vida para conseguir felicitaciones con nuestro énfasis en eso de la perfección, pero si nos sumergimos en entender el verdadero juego del mundo, las calificaciones perfectas no significan entendimiento perfecto. Y tú no quieres gente perfeccionista en tu compañía, tú quieres ejecutores.

Los iPhones de Steve Jobs, el Windows de Bill Gates, los Tesla de Elon Musk, nada de eso es perfecto, por eso lanzan actualizaciones y nuevas versiones a cada instante. Si ellos estuvieran tontamente enamorados de la perfección, no serían los ejecutores que el mundo admira.

Al decir que somos perfeccionistas es porque dejamos que nuestro ego gane la batalla para hacernos lucir bien sin comprometernos mucho. Un perfeccionista siempre necesita más dinero y más tiempo para lograr las cosas. Un ejecutor genial entrega avances sin parar. Eso quieres ser tú y tener a tu lado en tus proyectos.

No te digo nada de esto desde una colina de virtud donde recibí de alguna forma mística esta sabiduría ancestral impoluta. Yo era de esas personas que solían escudarse en la perfección para no caer en desventaja emocional ante colegas que sí entregaban avances.

Pon atención a los detalles, sé fino en tu apreciación y ejecución de las cosas, claro. Esto no es una invitación a que lances servicios o productos de baja calidad al mundo nada más porque sí. Entrega tu trabajo al nivel más alto que puedas pero entrégalo, muéstralo.

Escribo a diario para miles de personas. Algunas tildes se quedan en el tintero. Algunas palabras se esconden. Algunas frases se desordenan. A diario, cuando reviso lo que ya está andando en mi blog y redes, me doy cuenta de errores. Corregir sí, ser perfecto no.

Mucha gente quiere hacer crecer sus negocios, su marca personal o su salario en una empresa pero no están dispuestos a ejecutar de la manera adecuada. Lo opuesto a la perfección es la ejecución, no la imperfección. Ejecuta. Será caótico, habrá incertidumbre, pero sólo así avanzas. Lo que sea que admiras que pienses que es perfecto, jamás, jamás, jamás inició en esas condiciones. Se ha ido refinando. No puedes refinar lo que no expones al mundo. Comienza con esto, con exponer (entregar) tu producto, servicio, idea.

Si alguien a tu cargo te dice que todavía no te tiene listo algo porque quiere entregártelo perfecto, pregúntale cómo sería una versión aceptable de eso que está haciendo y cuando te responda, dile que eso quieres para hoy. No aceptes jugar su juego de la perfección.

Mucho de lo tradicional que aprendimos los primeros veinte años de nuestra vida nos estorba en el mundo moderno. Desaprende esa adicción al aplauso y a la buena calificación de un ente que te supervisa. Generas muchas más cosas positivas para ti cuando eres rápido y audaz.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

LA JTBD CAMBIÓ MI VIDA

La visión de la vida y los negocios mejora increíblemente cuando entiendes la teoría Jobs-to-be-Done (JTBD) de Clayton Christensen. Este marco de referencia ayuda a entender para qué realmente el cliente utiliza nuestro producto o servicio, quitando el ruido de lo que él cree que está comprando o lo que tú crees que estás vendiendo. Tú y yo vamos a llamar «alternativas de uso verdaderas» a la JTBD.

La premisa de la JTBD es que ni tú ni yo compramos realmente productos o servicios, sino que los contratamos para avanzar en algún objetivo. Tú no quieres comprar clavos ni martillos. Los adquieres porque quieres recordar a tu familia cada vez que entras a tu oficina en casa y ves las fotos de bellos momentos colgadas en las paredes.

Tú no quieres sentarte incómodamente durante catorce horas en una lata gigante junto a extraños, pero “contratas» ese servicio llamada viaje en avión con tal de llegar a París desde el otro lado del mundo y cumplir una especie de sueño personal.

Yo no quiero una laptop ni un smartphone. Lo que quiero es sentirme parte de la comunidad global llamada internet y acceder a millones de documentos y personas. Estos dispositivos son solamente el medio.

La JTBD es una especie de microscopio que te hace ver lo que realmente hay más allá de la superficie. A nadie le interesa ir al nutriólogo ni al fisioterapeuta: queremos vernos bien y asegurar que nuestro ego está protegido. Cuando enfatizas en tu publicidad que eres un gran nutriólogo o fisioterapeuta con tal y tal y tal posgrado y tal y tal y tal otra especialidad y diplomas, a nadie le interesa. La gente lo que quiere es contratar la solución a su problema de autoestima, no tus credenciales académicas. Habla de ellos, no de ti.

En resumen: lo que importa es entender que todo en realidad es una contratación y no una compra o renta de un producto o servicio. Esto nos da herramientas para comprender mucho mejor quién es nuestra verdadera competencia. Así, la competencia de un nutriólogo más allá de otros nutriólogos es la ropa holgada para ocultar el sobrepeso, las pastillas para bajar los kilos extra o la membresía del gimnasio. Estos son los puntos que le roban mercado a nuestro nutriólogo de ejemplo. Estas alternativas resultan naturales para sus potenciales clientes.

La JTBD le pega al ego de muchos profesionistas que quieren justificar la importancia de lo que estudiaron y no entienden cómo funciona la psicología. Si estudiaste relaciones internacionales y solo quieres hablar de relaciones internacionales y nadie te ofrece un empleo, el mercado te está diciendo a gritos que dejes de hablar de ti y de tu diploma universitario y que te pongas a ofrecer elementos que sí le interesan a quienes te puedan pagar. Como te decía, esto pega duro cuando hemos atado nuestra frágil seguridad personal al reconocimiento de lo que hacemos, en lugar de favorecer el sentirnos satisfechos con los resultados que obtienen nuestros clientes.

Nadie quiere contratar abogados. Lo hacemos porque —como sociedad— todavía no encontramos una mejor interfaz para ponernos de acuerdo en muchos temas. Las alternativas que podemos contratar para evitar litigios son pelear a puñetazo limpio en la calle, contratar bandas de delincuentes o quejarnos amargamente.

Nadie quiere pasar tiempo con un psiquiatra en su consultorio: solamente queremos ser felices nuevamente.

Nadie quiere aprender inglés o chino. No es la idea de diversión ni de emoción de nadie el sentarse horas frente a una pantalla durante meses para memorizar cientos de caracteres o conjugaciones de verbos y repetir, repetir, repetir sin sentir avance alguno. Lo hacemos porque queremos una mejor vida al creer que vamos a poder estudiar, hacer negocios o vivir mejor en el extranjero. Si hubiese una pastilla para poder adquirir las habilidades comunicativas en esos idiomas rápidamente, esa se convertiría inmediatamente en la competencia de las apps y escuelas de inglés y chino porque infaliblemente mucha gente la contrataría.

Te decía que pienses en la teoría JTBD como un asunto de alternativas verdaderas que los clientes tienen para sustituir tus productos y servicios, alternativas más allá de lo superficial y lógico. Los ejemplos anteriores te dan una idea de cómo ajustar tu visión para adentrarte en esta nueva dimensión de entendimiento de negocios.

El truco entonces es el siguiente: piensa siempre qué es aquello que tus clientes pueden contratar para sustituir tu servicio e inserta más facilidad para que prefieran lo tuyo. En este momento lees este artículo que escribo desde el comedor de mi casa. Lo has contratado para sentir que aprendes algo, para pasar el rato, para entretenerte o para profundizar en el tema. Mi competencia es cualquier cosa que puedas contratar para hacer lo mismo: un libro, una conferencia, YouTube, una revista, una conversación en WhatsApp con PADs, un documental, una película, un podcast, una comunidad con la que interactúas sobre temas así. Mi competencia no son otros blogs sino todo lo anterior.

Digamos que cuando vendes casas de bajo presupuesto y piensas que tu competencia son las otras empresas que venden casas de bajo presupuestas estás pensando de forma lineal, anti-JTBD. Tienes que entender a tu cliente. Una persona que va a “contratarte” para comprar una casa de bajo presupuesto es alguien que está haciendo un esfuerzo complejo en su escala financiera. Lo hace para sentir cierta certidumbre, sentirse bien consigo mismo porque va avanzando en lo que la sociedad la dice, que es tener “algo seguro”. Pero esa misma persona para sentirse bien podría usar su modesto crédito bancario y/o social para el enganche de un coche que lo ayudaría a llegar más rápido y contento a su trabajo para el cual hoy tiene que pasar dos horas diarias en el transporte público. El automóvil es algo que también la sociedad le aplaudiría porque luce como uno de los avances que la gente piensa que son importantes en la escalera de la vida. La fiesta fastuosa de quince años para su hija o la gran boda para mostrar a todos lo feliz que está. Todas esas son alternativas que danzan para ser contratadas por tu cliente.

Si algo parece que está establecido para siempre y que la gente no piensa en alternativas, analiza bien. Nuestras colecciones de discos de vinilo, casetes, CDs, DVDs y demás nos miran con indolencia desde los rincones donde los hemos arrumbado porque ahora contratamos Spotify, YouTube, iTunes y demás para que nos ayuden a avanzar más rápido y fácil en nuestro objetivo de poner ambiente en una fiesta, de cantar karaoke, de sentirnos bien, de llorar mejor por nuestro rompimiento amoroso.

Analiza a partir de ahora en varias dimensiones tu oferta.

Facebook sabe que su verdadera competencia no es algo como Twitter sino todo aquello que nos saque verdaderamente de su plataforma. La verdadera competencia que enfrentan es el tiempo libre que usamos en el gym o en un parque. Su verdadera competencia es un libro, es un sitio web en el cual decidamos pasar más y más de nuestro tiempo digital. Por eso Facebook compró Instagram para que mientras estés haciendo pesas te tomes una selfie y contrates algo dentro de su ecosistema mientras te ejercitas. Y por eso Facebook compró WhatsApp, para que cuando encuentres una gran idea en un par de párrafos de ese libro le tomes foto y se la compartas a tu mejor amiga en tiempo real.

La JTBD cambió mi vida.

Hay muchísimos ejemplos de JTBD que empresas como McDonald’s y otros en ese estilo ya entienden y aplican. Estudia el asunto y aprende a visualizar el comportamiento diario de la gente con su dinero por lo que realmente es: una serie de contrataciones inmediatas y constantes para avanzar en sus objetivos, no para llenarse realmente de cosas.

Entre más ayude a tus clientes a avanzar en sus verdaderos objetivos, más estarán contigo.

Justo como hoy en día estás aquí.

Espero de corazón que pronto te vuelvas el #1 de tu ciudad.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

VIOLAR LA NARRATIVA

Violar la narrativa es proponer con decisión etiquetas, ideas y/o construcciones que el mundo no espera de ti.

Hace un par de días, platicaba sobre esto con un nuevo amigo, quien se presenta abiertamente como inventor. Esta forma descarada de insistir claramente en la etiqueta que le corresponde es una que me fascinó. Le dije que justo necesitamos empujar más esta actitud. ¿Cuántos inventores más hay allá afuera que no se etiquetan así simplemente porque no hay diplomas de inventor de ninguna institución?

Vivo en un instante interesante. Entiendo muy bien las tendencias sociales y tecnológicas por un lado, y por el otro tengo inserto muy dentro de mí todo el bagaje de notas del comportamiento personal y profesional que la vieja escuela espera de mi generación. Esa vieja escuela insiste en nociones que ya no funcionan en este mundo y, sin embargo, muchos jóvenes siguen siendo taladrados con ellas. Lo peor no es eso, sino que creen fervientemente en lo que sus maestros con tres décadas explicando los mismos temas en la vieja universidad les indican como verdad esculpida en tablas sagradas.

Y así, llegamos al perfil de LinkedIn de una recién egresada en sus mediados veintes que decide escanear la fotografía que usó para su papeleo oficial de la vieja universidad de gobierno donde aparece sin aretes, con seriedad fúnebre y con un peinado que ha usado exactamente una única vez en su vida. La chica de la foto no representa a la chica entusiasta, inteligente y a la moda de la vida real. Y sin embargo, jóvenes así empujan comportamientos que eran estándares en los años setentas porque nadie ha puesto en su rango de consideración la genial opción de violar la narrativa y simplemente mostrarse a color y de forma genuina en un entorno diseñado para la modernidad y no para que sus abuelos aplaudan ya que entienden lo que están haciendo.

En México nos dicen cosas como que tenemos que hablarle de “usted” a toda figura de autoridad y persona mayor. Nos explican que es por respeto. Viola la narrativa y piensa si realmente eres irrespetuoso al hablar con alguien de “tú” mientras mantienes tu interacción profesional y amable. No, no lo eres. Es más irrespetuoso hablar de “usted” a alguien automáticamente y no poner realmente atención a lo que te está diciendo. Si alguien se ofende porque no le hablas de “usted”, probablemente estás sumergido en un ecosistema todavía dominado por la vieja guardia.

No me hables de usted y jamás esperes que yo lo haga contigo. A menos que seas presidente de un país y estemos en una ceremonia muy formal.

Este ejemplo simple del “tú” versus “usted” te muestra lo difícil que es violar la narrativa. Más de uno suda cuando le propongo este tipo de saltos en su comportamiento. Y aquí estamos hablando sencillamente de intercambiar una palabra por otra y ya hay en la cabecita de muchos de mis lectores decenas de razones por las cuales no es una buena idea.

Violar la narrativa nunca es fácil, ni con las cosas pequeñas.

Absolutamente todas esas personas que admiras en cualquier campo profesional, todos ellos, han cobrado la relevancia que tienen porque han violando precisa y consistentemente la narrativa que el mundo insistía en imponer en su ruta.

He violado la narrativa de mi vida varias veces y he aprendido que hacer esto ofende muchas sensibilidades. Todavía me parece increíble cuando veo a la gente tomar el asunto de forma personal aunque no sean afectados de ninguna manera directa. Es más, ni nos conocemos y de alguna forma abrazan la violación a la narrativa como si yo me hubiese desviado de mi camino con la instrucción concreta de fastidiarlos. ¿Qué hace la mayoría de personas ante un ataque a su visión de lo establecido? Contraatacan a quien viola la narrativa. Con este marco de referencia doy la bienvenida a la gran cantidad de comentarios que recibo todo el tiempo de gente que de alguna forma fantástica han logrado entender mejor que yo lo que estoy intentando construir y que condescendientemente me hace ver que no estoy listo ni tengo las herramientas y/o que ahora no es el momento y así.

No hay manera de violar la narrativa desde una una reunión familiar o en una plática con cervezas en el bar de siempre con tus amigos donde todos aplauden tu esfuerzo, notas y proyectos. La narrativa se viola precisamente porque ofendemos —sin querer— el sentido, la dirección, el entendimiento que nuestro círculo tiene de los procesos que se supone deberíamos respetar.

Violar la narrativa es ensanchar nuestro criterio y ponerlo en niveles de dureza emocional para demostrar nuestra hipótesis.

Peter Thiel —el primer inversionista de Facebook y una de las figuras más icónicas del mundo de alta tecnología— inventó una beca hace ya varios años para ayudar a muchos jóvenes brillantes precisamente a violar la narrativa. La premisa es simple y poderosa: abandona la universidad y recibe cien mil dólares para usarlos en el proyecto que quieras.

A estas alturas de la vida ya has escuchado acerca de Bitcoin, tanto la blockchain como la criptomoneda más famosa del mundo. Bien. Es también probable que hayas escuchado de Ethereum, la segunda blockchain y criptomoneda más importante de la humanidad en este instante. Bien. Ethereum fue inventada por Vitalik Buterin, un joven que decidió abandonar sus estudios en la University of Waterloo, una de las más prestigiadas a nivel mundial en su programa de ingeniería computacional.

Va de nuevo: violar la narrativa no es fácil. En este momento, tú lees en un párrafo algo como esto y lo procesas ligeramente. Pero es un joven de veinte años, que decide no continuar con sus cursos, en una institución prestigiosa, que seguramente sus padres, amigos y profesores le han taladrado como un elemento básico de la vida profesional. Hoy, muchos apostamos que su invención —Ethereum— será incluso más importante para nuestra civilización que Bitcoin. Imagina la cantidad de conversaciones y mensajes que Vitalik recibió de su círculo al tomar la decisión de dejar atrás lo que todos piensan que es vital para ser alguien en la vida.

No puedes empujar grandes cosas transitando en la carretera del comportamiento convencional.

Einstein escribió sus artículos más trascendentales no desde su oficina en un laboratorio científico con el salario de investigador de una gran institución sino en condiciones de funcionario gubernamental que robaba una hora aquí y otra allá para avanzar con sus teorías al tiempo que cumplía con el papeleo a su cargo. Violación total de la narrativa.
Ejemplos para estudiar y copiar descaradamente hay muchísimos a tu alrededor. Ya te lo dije: tienes que entender que todas las personas que admiras en algún aspecto profesional y que están en lo más alto de su campo han llegado ahí por haber violado la narrativa de forma consistente.

Cuando creas que no puedes avanzar en algo, cuando pienses que no puedes hacer algo, es simplemente que te faltan dos cosas: imaginación y determinación. Ante los obstáculos diarios a tus ideas, a tu visión, pregúntate cómo podrías darles la vuelta, abrazarlos a tu favor o derribarlos con cierta estrategia. Pregúntate cómo sí podrías conseguir que las cosas ocurrieran en lugar de lamentarte porque tus papás no te apoyan, porque en tu ciudad no hay eventos de ese tipo, porque tu universidad no ofrece tal curso, porque a tus amigos no les interesa tu proyecto, porque aquello y porque lo otro.

Violar la narrativa luce como una bofetada emocional durísima cuando vemos el asunto de cerca.

Violar la narrativa luce como la única opción que teníamos para avanzar cuando vemos el asunto a la distancia.

Comencé a enviar correos electrónicos a los dueños de la empresa en la que trabajé durante casi una década. Nadie me dio permiso. Nadie me dio sus e-mails —los cuales encontré en alguna cadena de mensajes. Nadie me animó a hacerlo. Compartí mis ideas y notas desde mi trinchera muchos niveles abajo de su posición. Les mostré planes con fechas y cantidades. Nunca recibí contestación a mis decenas de mensajes. Al menos no escrita. La respuesta llegó en forma de una promoción espectacular que me hacía saltar automáticamente varios niveles de la organización y que tomó a todos por sorpresa, incluyendo y principalmente a mí.

Años antes, fundé la representación estudiantil de la organización técnica profesional más grande del mundo en mi universidad. No era necesario hacerlo. Nadie me presionó. Nadie lo pedía. Es más, la mayoría de alumnos y maestros desconocían a esta entidad. Pero lo hice. Y diseñé nuestro sitio web. En inglés. Y participamos en todas las convocatorias que hacían para nuestro nivel. Y crecimos. Y llamé la atención de los jugadores de alto nivel y pocos años después me encontraba codo a codo sentado en diferentes hoteles del mundo con gente de naciones poderosas hablando de temas administrativos para los que nadie me preparó.

Emprendí mi primer negocio con lo que yo creí que eran capital y planes suficientes hasta el día en que entendí que lo había hecho mal pero ya me encontraba en medio del asunto y tenía que corregir en tiempo real. Fundé otras empresas y conseguí colaboradores y clientes que jamás habría pensado capaz de incluir en mis proyectos.

Me inventé mi editorial para no tener que esperar los tiempos y permisos de otros para publicar mis libros.

Comencé a escribir artículos de miles de palabras directamente en Facebook hace diez años aunque todos me decían que la plataforma no era para eso.

Y así he violado la narrativa una y otra vez.

En ninguna de las ocasiones en que lo he hecho ha sido fácil.

Pero siempre ha sido necesario.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

Y COMIENZAS A DESAPARECER

El exceso de inseguridad personal que permea en nuestra sociedad genera una cantidad innecesaria de emprendedores engañados. Estas personas creen que están abriendo un negocio cuando en realidad están inventando un auto-empleo.

En un auto-empleo todo depende de ti.

En un emprendimiento eres el hombre orquesta que quiere tocar casi todos los instrumentos.

En una empresa tienes sistemas para que las cosas dependan cada vez menos de ti.

La mayoría de la gente no sabe escalar en términos de productividad. Su inseguridad personal le impide confiar y delegar.

No puedes construir una empresa sin confiar.

No puedes construir una empresa sin delegar.

Te voy a enseñar cómo abandonar la mentalidad de auto-empleo.

Te voy a enseñar cómo abandonar la mentalidad de emprendedor.

Te voy a enseñar a confiar y delegar.


Ayer comí con un amigo de muchas batallas. Entre varios temas, hablamos sobre nuestra salud, las apps que usamos para ejercitarnos, nuestras rutinas y la alimentación. Sobre esto último, ambos confesamos lo difícil que nos resulta rechazar comidas deliciosas que no son nada saludables.

—Esto de la comida es algo muy psicológico. —Comenté. Quién sabe qué demonios estamos compensando con eso.

Reímos y llevamos la conversación a otros terrenos que nos hicieran sentir más orgullosos.

Muy probablemente tu problema para escalar tu negocio es que no confías en otros y/o que no delegas.

Eres un entrenador personal, un plomero, un dentista, alguien con una habilidad y una clientela establecida. Piensas que todo lo tienes que hacer tú de cara a tus clientes porque si no, las cosas no funcionarán bien o no se harán con la calidad que a ti te gusta o la gente se va a enojar porque te quieren ver a ti, etcétera.

Lo he visto y escuchado todo. No hay una razón que me puedas dar que justifique genuinamente tu falta de capacidad para escalar, para llevar tu idea de negocio a alturas más grandes. En esta etapa del auto-empleo que tienes o del emprendimiento en que te encuentras, todo se reduce a tu problema con confiar y delegar.

Esto de confiar y delegar es algo muy psicológico.

Realmente todo el asunto de poder crear empresas es algo muy psicológico.

El primer paso, al igual que en AA, es reconocer nuestro estado en voz alta: “me llamo Aarón y soy bastante inseguro (por eso no confío y no delego)”.

Si llegas a este paso, los siguientes son lógicos: necesitas hablar con un psicólogo, necesitas hablar con un psiquiatra.

Si tu mentalidad y la del mundo a tu alrededor siguen atascadas en el año mil novecientos cincuenta o por ahí, probablemente pienses que esto de ir a hablar con un psicólogo o ver a un psiquiatra es una tontería porque tú no lo necesitas. Tú estás bien. Tienes buen humor, no estás loco, le caes bien a la gente y no te pasan cosas raras que ameriten consultas médicas de este tipo.

Todo eso es tu opinión.

Deja que un psicólogo o un psiquiatra te digan eso: que no es necesario que acudas con ellos.

Si tienes algún problema con tu rodilla debido a una caída, vas con un traumatólogo hasta que te informa que ya no es necesario. Y así con cualquier especialidad. Un experto ético te va a decir cuando tus interacciones directas con él ya están de más.

El punto de todo esto es que no vas a llegar muy lejos en esto de crear empresas si la parte más importante que dirige todos tus pensamientos y comportamientos no está bien afinada. Tu mente requiere mucho mantenimiento. Muchísimo. Algo de eso se lo puedes dar tú, justo como con el mantenimiento de tu auto al cual, claro, puedes lavar y cambiarle una llanta, pero a menos que seas un consumado mecánico automotriz con grandes conocimientos de electrónica, hay muchas cosas fuera de tu capacidad de reparación directa.

No vas a poder confiar ni delegar de manera consistente y ganadora si ves esto de ir al psicológico/psiquiatra como algo exótico, como un tema tabú, como una cuestión que te resta puntos de algún tipo de juego tonto con la sociedad.

Todos los tipos de alto desempeño que conozco invierten como locos en tener súper afinada su mentalidad. Saben que de ahí viene todo.

Lo necesitas. Y la prueba está en que tu energía física y mental es finita. Las habilidades técnicas que ponen pan en la mesa no las vas a poder ejecutar con entusiasmo y disciplina durante tus próximos cuarenta, cincuenta años de vida. Necesitas construir un sistema a tu alrededor basado en tu conocimiento, experiencia, contactos y no en tu ejecución directa.

Agenda una consulta con un psicólogo y otra con un psiquiatra. Comienza a indagar con cada uno de ellos las razones de tu dificultad para confiar y delegar.

Y —si te ocurre como a mi amigo y a mí— explora también qué es lo que estás compensando con tanta comida.


Cuando hablo de confiar, no me refiero a que seas tonto e inocente y que confíes ciegamente en el mundo. Si algo somos las personas, es caóticas. Y tienes que estar alerta para que ese caos que nos rodea no afecte la empresa que quieres construir, la cual por cierto en esta etapa inicial tiene una infraestructura tan sólida como un castillo de naipes.

No. Cuando hablo de confiar no lo hago en términos externos. No es un tema de “confía en las personas” o “confía en que todo estará bien”.

Me refiero a que confíes en ti, por sobre todas las cosas.

Tus colaboradores se van a equivocar en muchas cosas en varias ocasiones. Cuando esto inevitablemente ocurre, el amateur avienta su mente hacia arenas estilo “eso no habría ocurrido si lo hubiese hecho yo”, “es que por eso no puedo confiarle esto a nadie más”.
A ver. Si Steve Jobs y Bill Gates pudieron dejar de tomar cada llamada de teléfono, cobrar cada factura y atender a cada proveedor en un negocio tan complejo como es construir una empresa de alta tecnología en los albores de la industria de la computación personal, ¿me estás diciendo que tu actividad es mucho más sofisticada e innovadora que la de ellos? Por favor.

Y, por cierto, Steve Jobs no confiaba en la gente. Bill Gates realmente tampoco.

Esto es lo que tú tienes que hacer y que ellos entendieron muy pronto en el juego: se trata de confiar en uno mismo al máximo nivel. Que si tus colaboradores hacen tonterías, tengas la dureza mental y disciplina emocional de saber que tú lo puedes reparar.

A menos que estés a cargo de la sala de emergencias de un hospital, casi todo en lo que tus colaboradores puedan equivocarse es reparable.

No es agradable ni deseable que se equivoquen, pero como te decía, si no puedes confiar en tu capacidad de que podrás resolverlo, ahí hay una fuerte señal de que mi sugerencia de conversaciones con tu subconsciente y medicamentos no está errada.

Confía en ti mismo. Esto se lee romántico, inspirador, bonito. Tú abórdalo como algo práctico. Sé un pro que construye compañías basado en que los errores de sus colaboradores son señales claras de que hay procesos que mejorar y ya.


Delegar es lo mismo. Es un tema que tiene que ver con la importancia artificial que nos fascina inyectar a nuestro ego.

No delegar significa que piensas así:

“Sólo yo puedo hacer las cosas bien”.

“Sólo yo sé cómo se debe hacer”.

“Sólo yo puedo atender al cliente como quiere”.

Esto es ego y debilidad emocional que te ata a creer que siendo el centro del universo de tus servicios tu vida tiene significado.

Claro que no eres el único que puede hacer las cosas bien.

Claro que no eres el único que sabe cómo hacerlo.

Claro que no eres el único que puede atender al cliente como quiere.

Una vez que hayas superado en tus consultas médicas con los especialistas del cerebro tus traumas de por qué quieres hacerlo todo tú, vas a hacer lo siguiente:

Contratas a alguien que esté, no sé, a un cincuenta por ciento de tu nivel técnico en lo que sea que haces. O más. No importa mucho, pero sí que tenga una excelente actitud ante la vida. Esto es extremadamente importante. Recuerda que las habilidades las puedes enseñar, pero no puedes convertir a alguien a que sea agradable si su temperamento ya está cableado de otra manera.

Vas a seguir atendiendo todo (clientes, proveedores, prospectos) tú directamente. Pero esta personita te va a acompañar como una sombra. Va a ver cómo lo haces, con quién hablas, qué palabras usas, el tiempo que te tomas. Va a escribir sus notas. Vas a platicar con él los secretos del oficio y demás.

Haz esto durante, digamos, un par de meses.

Tus clientes, prospectos y proveedores tienen que acostumbrarse a ver a este tipo a tu lado. Tú preséntalo sin título. Di algo así como “Este es John” y listo, no tienes que dar más explicaciones.

Un día, pasados esos dos meses, comienzas a hacer una especie de transición velada ante los ojos de tus clientes, prospectos y proveedores. Ahora John comienza ejecutando el veinte por ciento de las acciones con ellos. Luego vas subiendo el asunto hasta que en una interacción cualquiera él ya ejecuta el ochenta por ciento del servicio y la conversación. Todo esto siempre contigo al lado.

En este punto, tu ecosistema ya está familiarizado con John. Saben que es tan bueno como tú. Saben que lo respaldas. Saben que tiene la capacidad de atenderlos bien. Un día, de forma casual, le informas al cliente —delante de John— que en la siguiente sesión John se hará cargo de ellos porque tú tienes que salir de viaje y no quieres que eso sea una excusa para dejar de darle servicio. Sorpréndete al ver qué tan natural y bien tus clientes aceptan la idea.

Y comienzas a desaparecer.

Ya tienes un John ejecutando por ti.

Es hora de generar un Paul, luego un George, luego un Ringo.

Esto se llama escalar. Estás generando empleos. Estás impulsándote e impulsando a tu comunidad. Estás aprendiendo a crear un sistema. Estás convirtiéndote poco a poco en empresario con recursos. Esos recursos generan riqueza para ti y para tu entorno.
Desea cosas así.


Vienen varios temas.

El tema del miedo a que te roben las ideas. ¿Te van a robar las ideas? Claro. Y puedes tratar de reinventar la rueda o hacer la paz con esto y consolarte entendiendo que sí, te van a robar las ideas, pero nadie puede robarte la ejecución. Ahí tienes como prueba el mundo de apps que quieren ser Uber, el mundo de plataformas que quieren ser Facebook, el mundo de pizzerías que quieren ser Domino’s.

El tema del miedo a que te roben a los clientes es otro bastante válido. Contrarréstalo con un buen marketing. ¿Ha Pepsi realmente robado clientes a Coca-Cola o por el contrario ha solidificado la lealtad a la marca por comparación? Si no estás dispuesto a que tus clientes se embarquen en la exploración de tu competencia para que regresen todavía más convencidos, el problema no es la gente que contrates para escalar y que te roben a tu clientela, sino la calidad de tu producto o servicio.

Mucha gente responde a mi argumento de escalar defendiendo el hecho de que no les interesa, que así están bien, que no quieren problemas.

Conforme decidas no escalar y continúes ejecutando más y más por tu cuenta, te volverás mejor en el asunto técnico que sea que brindes como servicio. Llegará el día donde la aventura habrá terminado porque lo que haces se ha vuelto monótono, rutinario, normal. Sí, ganas dinero. Sí, no tienes problemas, pero tampoco tienes una aventura frente a ti.

Más que la felicidad y el amor, el ser humano ruega porque haya aventuras frente a él.
Observa a cualquier persona que tenga una buena cuenta bancaria, buenos autos, vacaciones, una familia bonita, un buen empleo o una empresa funcionando. Si todo lo que quisiéramos fuera felicidad y amor, esa persona debería encerrarse en su habitación a no hacer nada fuera de su rutina establecida porque en teoría ya lo tiene todo.

¿Sabes? Esa persona va a romper algo. Esa persona necesita interactuar con el caos. Y si no lo encuentra, lo va a crear. Esto es porque cuando no tenemos retos, no activamos partes de nuestro código genético que desean salir para hacernos crecer, para explotar a nuestro favor el cúmulo de habilidades y posibilidades que todas las generaciones antes de nosotros nos han regalado.

Un gimnasio no vende músculos. Te vende el reto para que salgan de ti.

Una empresa no te da nuevas habilidades. Te da el reto para que salgan de ti.

Escalar una compañía es de los mejores retos de nuestros tiempos.

Ganas tú en varias dimensiones: la social, la financiera, la emocional. Gana tu entorno. Gana tu nación.

Ah, sí. La nación. Escalar un negocio es de las maneras más genuinas para considerarte un verdadero patriota. Pocas cosas con tanto impacto como crear organizaciones dinámicas, solucionadoras, activas, buenas, ambiciosas.

No nos faltan auto-empleados ni emprendedores en nuestras queridas coordenadas latinoamericanas. Tenemos muchísimos. Esa es la parte fácil.

Nos hacen falta líderes de sí mismos que tengan la ambición y visión de escalar su negocio, de crear organizaciones, de diseñar sistemas, de fundar verdaderas empresas. Este es el reto.

Pero como te decía, esto no lo vamos a poder hacer si no estamos bien en lo interno. Si dejamos que nuestros miedos dicten la racionalización de que no se puede confiar en la gente y que nadie puede hacer tan bien las cosas como tú.

Ahí donde veas a alguien con un sistema empresarial consolidado a su alrededor, ahí hay mucho trabajo mental que tuvo que hacer para someter sus débiles narrativas internas.

Confía.

Delega.

Escala.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

EMPLEADOS DE BAJO DESEMPEÑO

Aquí van algunos puntos que por años he notado en colaboradores que no logran hackear su comportamiento para negociar una mejor realidad.


Al empleado de bajo desempeño todos los problemas le crecen.

Situación:

¿Una factura? Dios, permítame. Déjeme correr por toda la tienda departamental consultando con todos mis compañeros, involucrando a mi supervisor y metiendo a otra cajera y otro vendedor en el proceso para hacerle su factura y escribir mal los datos. Al tercer intento —y con ayuda del empleado más veterano— por fin voy a poder facturar adecuadamente su compra, querido cliente.

Observación:

Caray. Piensa siempre en todo lo que los clientes potenciales van a requerir de ti. Si trabajas en una tienda departamental, no deberías sorprenderte si alguien te pide una factura. ¿Llevas tres semanas ahí y no te has preocupado por aprender esto? Esto habla mucho de tu enfoque. No andes como gallina sin cabeza alertando a todo el mundo de algo que no sabes. Gana tiempo. Sé extremadamente amable. Soluciona y —lo más importante— asegúrate de no volver a estar en la misma situación caótica.


El empleado de bajo desempeño platica con sus compañeros como si el cliente no estuviera.

Situación:

Piensa en la estilista y su animada conversación en voz alta con alguna compañero sobre algo que la dueña del negocio dijo hace unos días mientras te corta el cabello. O imagina al mesero de la cafetería platicando con otro junto a ti sobre la chica nueva del otro turno que no sabe cómo entregar las comandas mientras intentas disfrutar tu almuerzo.

Observación:

Platicar como si tu cliente no estuviera sólo refuerza tu falta de profesionalismo. No tratar a tu cliente de forma premium —sin importar el lugar y la actividad a la que te dediques— habla que no estás en la sintonía superior de servicio. Y si no sabes servir en forma VIP, la vida no te dará ese trato.


El empleado de bajo desempeño es pasivo.

Situación:

No saluda primero. No se acerca con actitud de servicio total. No se anticipa a las preguntas-requerimientos del cliente. No piensa cómo facilitar la compra. No ejecuta procesos por adelantado para ganar tiempo e involucrarse en otras actividades. No entiende la importancia de mantenerse proactivo todo el tiempo.

Observación:

La pasividad que alguien demuestra en su trabajo es reflejo perfecto de la pasividad que tiene en la vida. Y lo opuesto es totalmente cierto también. El impulso con el que las personas nos metemos a las cosas es algo que no podemos ocultar en lo laboral y lo personal, nuestras facetas más importantes.


El empleado de bajo desempeño ve al jefe como al enemigo.

Situación:

Habla mal de él. Le oculta cosas. Se comporta diferente cuando el jefe está ahí. Piensa que no es justo que tenga esa posición.

Observación:

El jefe no es perfecto y ni siquiera tiene que ser bueno, pero hay una razón por la cual está ahí —y esa razón no está al alcance del empleado de bajo desempeño, no la podrá entender por su posición intrínseca. El jefe es como los papás en la adolescencia o una ex-novia: alguien muy fácil a quien usar como blanco de nuestras proyecciones psicológicas de frustración. No proyectes. Analiza. Entiende que no llegas a ser general del ejército criticando a los generales del ejército: llegas haciendo cosas.


El empleado de bajo desempeño no quiere enterarse que es de bajo desempeño.

Situación:

Habla de lo bien que hace su trabajo. Habla de lo mal que le pagan. Habla de lo experto que es. Habla de lo difícil que está la economía hoy en día.

Observación:

La cosa no está dura. Te lo juro. Te lo firmo. Lo ves así porque en el nivel que estás como empleado de bajo desempeño todos tus colegas-compañeros te van a validar: te van a decir que sí, que está difícil el asunto allá afuera, que no hay oportunidades, que así no se puede y que cada día todo está peor. Estar en el nivel de bajo desempeño es una liga estilo Alcohólicos Anónimos pero invertida: todos se apoyan pero para la causa equivocada. Hay una razón por la cual estás aceptando el mal salario que estás recibiendo: aún no sabes cómo venderte mejor, aún no sabes cómo hacer cosas que agreguen más valor, aún no sabes cómo ser más indispensable, aún no sabes muchas cosas. Eso no es malo. Nadie nace sabiendo. El problema es ser necios y pensar que uno está mal por culpa de los demás.

Tú y yo nunca, nunca, nunca estamos mal por culpa de otros.

Estamos mal porque somos muy necios en ciertas tonterías. Y es más fácil comportarnos en modo bajo desempeño que criticar lo más complicado de este mundo: a nosotros mismos.

No seas necio. Sé superior.


Exclusivamente de ti.

No escuches con atención a tus compañeros-colegas en el nivel donde estás. Quiérelos. Respétalos. Pero no les pongas atención. Ellos no te van a llevar al nivel superior que sea que quieras alcanzar.

No actúes como todos actúan porque eso te va a dar el resultado que a todos les ha dado. Actúa como actúan los que están arriba, los que están cinco escalafones arriba de ti en la jerarquía.

No te expreses de forma predeterminada con notas negativas. Hacer eso es el equivalente de darle un anti-afrodisíaco a las PADs, Personas de Alto Desempeño. Es una especie de etiqueta verbal que te colocas tú mismo para que te rechacen justo quienes más te podrían impulsar.

Todo esto que te digo lo he comprobado. Lo he visto. Lo he analizado.

Lo he hackeado.

Sé audaz. Y selo ahora.

Abrazo. Todos empezamos como empleados de bajo desempeño. Qué tan rápido salimos de ahí depende única y exclusivamente de nosotros.

Depende única y exclusivamente de ti.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

PROFESIONAL DE VANGUARDIA

El segundo cambio de paradigma.

Imagina que estamos presenciando la conversación de un adolescente, catorce años, hablando con su papá —quien es herrero— y le propone la idea de asistir a la escuela. “¿Para qué?”, pregunta padre. “Para tener una educación”, responde con obviedad el hijo. “¿Y el trabajo? ¿Cómo vas a alimentar a tu familia?”, cuestiona quien ve toda esa idea de la escuela como un asunto teórico y exótico. “Cuando haya terminado la escuela, tendré oportunidades que me pagarán mucho dinero, papá”.

Después hablan del tiempo y la inversión que todo eso requiere. Papá ama a su hijo, pero no entiende este nuevo concepto de la universidad donde uno pasa años con libros para que al final te den un papel que dice que eres experto en un tema. En sus tiempos, todo esto se conseguía sin estudiar en un pupitre. Ser aprendiz durante muchos años era el camino natural. Heredar las habilidades, los clientes y el taller de nuestro mentor era lo esperado. Y así era como obtenías los recursos para sostener a tu familia de siete, nueve u once criaturas.

Piensa que hoy en día esto mismo ocurre cuando le propones a la vieja guardia el asunto de convertirte en influencer. Lo que hoy defendemos es lo que ayer combatíamos: la universidad, la escuela, el periodo de instrucción formal y sometido a palabras, espacios cerrados y tutores principalmente sin experiencia.

Y es entendible. Durante varias décadas —ni siquiera siglos— el mundo ha funcionado bien así: ten un certificado en contaduría, medicina, ingeniería, pedagogía, etcétera para conseguir un empleo estable en el cual desempeñar tu conocimiento y habilidades durante unas tres décadas y así obtener una casa, un auto y comida para tu esposa y tres hijos (ya son tres nada más).

El primer cambio de paradigma fue de aprendiz a profesional con estudios universitarios formales.

El segundo cambio de paradigma —el que vivimos hoy— es pasar de profesional a influencer con aprendizaje autodidacta y validación informal.

Es difícil abrazar esta idea cuando la imagen que tenemos taladrada de un médico o un ingeniero es alguien respetable, serio, con sabiduría automática entregada por un conjunto de firmas, vestido de manera pulcra, con un diseño personal estudiado para inspirar aprobación entre sus colegas.


Irreversiblemente atrás.

La palabra influencer evoca jóvenes entusiastas haciendo cualquier cosa posible para llamar la atención en pocos segundos y comportándose en lo que consideramos un modo ridículo y poco profesional.

Cuando estos influencers pueden conseguir —como hoy lo hacen— que el mercado los premie rápidamente en términos de reputación y dinero, debemos estudiar el asunto e insertarnos en él, lejos de reírnos, minimizarlo y pensar que es una moda.

Deja de ser el padre que no puede abandonar la idea de que su hijo debe ser aprendiz de alguien para poder tener oportunidades en la vida cuando enviarlo a la universidad le abriría un mundo del que no tienes idea y que por eso no puedes abrazar con ánimo.

Deja de ser el profesional que no puede abandonar la idea de que ser influencer es ser joven y ridículo simplemente porque no entiendes lo fantástico que es tener un gran nivel de acceso a una audiencia cada vez más amplia y un canal propio y poderoso de distribución de ideas y proyectos.

Si no estás trabajando en ser influencer porque los preceptos taladrados en ti por la vieja guardia no te dejan, te estás quedando irreversiblemente atrás.

Y en unos años, con tu soberbio grado académico de medicina o ingeniería, cuando veas que tus colegas con canales de YouTube, blogs, feeds en Tiktok e Instagram, consiguen participar en asuntos que jamás se te presentan, recordarás este ensayo y cómo te fastidió que Aarón Benítez te dijera que las creencias que defendías no eran aptas para el futuro.


Resistencia económica, laboral y emocional.

Dice Peter Thiel que hay una burbuja en esto de nuestra adoración automática a la educación universitaria y a la manera en que pensamos en nuestra carrera profesional. Explica que la pre-condición para saber que todo esto es una burbuja es el hecho de que hay una creencia intensa que impide que cuestionemos el asunto. Y sí: dile a tu círculo cercano esto, que ser influencer es lo único que te va a dar verdaderas oportunidades en el futuro y verás las risas, las burlas y los comentarios sarcásticos por lo que ellos perciben como tu criterio ridículo e inocente.

Necesitas desarrollar resistencia económica, laboral y emocional para poder ser parte exitosa del futuro.

¿En serio crees que desarrollas resistencia económica cuando trabajas para una empresa pensando que estás en un empleo estable que va a durar varias décadas?

¿Sigues con la ilusión de que en tus ratos libres vas a emprender un proyecto o inversiones que te darán libertad financiera sin entender que la gente que se dedica veinticuatro horas enteras al día a esto no tiene garantizados sus resultados?

¿Sigues pensando pobremente que destacar te trae más problemas que ventajas?

¿Sigues creyendo que lo que estudiaste en un periodo de tu vida es suficiente para el resto de tu existencia?

La resistencia económica es poder tener diferentes fuentes de ingreso, ser creativo para que los recursos fluyan hacia ti.

La resistencia laboral es la capacidad de ser flexible con tus conocimientos, tus habilidades y tu actitud para insertarte en las posiciones que más te convengan en momentos estratégicos. Hoy eres ingeniero de diseño, luego director en una empresa de construcción y después socio de una empresa panificadora a la vez que profesor de un instituto en línea. ¿Por qué no?

La resistencia emocional es controlar a voluntad la influencia de todas esas vocecitas tanto internas como las de tu alrededor que —según tú— te juzgan implacablemente por estar ejecutando tu vida profesional de manera distinta a la que todos los demás lo hacen.


Inventando los caminos.

Este mundo interconectado hace más difícil la estabilidad a la que estábamos acostumbrados. En el año dos mil uno, diecinueve tipos con cuchillos arriba de aviones comerciales desencadenaron guerras con repercusiones globales incalculables. Y en el año dos mil cuatro, menos de media docena de universitarios iniciaron en sus dormitorios una compañía que ha reinventado las comunicaciones interpersonales de toda la humanidad. ¿En serio crees que el mundo es estable cuando estos ejemplos demuestran lo poco que se necesita para agitar todo en poco tiempo? ¿Eres tan inocente para pensar que la empresa, la industria, el área en la que estás, es a prueba de toda esta disrupción?

Los profesionales de la vieja guardia adoran los caminos establecidos que todo el mundo entiende.

Los profesionales de vanguardia van inventando los caminos que necesitan para tener más y mejores oportunidades de forma constante.

El libro de reglas que sirvió a las generaciones anteriores ha muerto. Entérate.

Las nuevas reglas son lo digital, lo rápido, lo minimalista.

Ser influencer es algo tan serio que parece juego.

Ser influencer es algo tan obvio que golpea nuestro intelecto porque queremos asignar la idea a un conjunto muy peculiar de personas raras, a algo al margen de nuestros asuntos serios.

Ser influencer no es ser emprendedor.

No todos tenemos que ser emprendedores ni lanzar nuevas compañías o instituciones.

Pero todos deberíamos estar ocupados en ir creando primero nuestras audiencias y luego nuestras tribus para poder construir aquello que —te repito— nos puede dar a ellos y a nosotros más y mejores oportunidades.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

¿POR QUÉ NO ESTÁS EN ESTE CLUB?

Nadie me explicó las reglas del juego.

Del juego llamado avance empresarial.

Recuerdo a Álvaro, Jesús y Héctor en la primaria. Los cuatro éramos inseparables. Jugábamos y nos reuníamos dentro y fuera de la escuela todo el tiempo. Teníamos amigos periféricos, ya sabes, aquellos que nos agradaban pero que no eran realmente parte de nuestro círculo interno. Cuando un maestro nos asignaba un proyecto en equipo, nuestra reacción natural era voltear a buscarnos con la mirada en el salón de clases para asegurarnos que —como siempre— íbamos a hacer las cosas juntos.

Bien. Aquí va la primera nota que me tomó años internalizar en el camino del desarrollo de negocios: todo es un club, todo es una organización, todo es una cofradía. Llámalo como quieras. Cuando estás fuera de algo, estás realmente fuera de algo. Y cuando estás dentro, man, you’re really in.

La importancia de vivir en la ciudad adecuada, acudir a la escuela adecuada, hacer los amigos adecuados y tener un empleo adecuado es invaluable. Yo no entendía esto porque crecí con esa romántica y débil idea de que lo importante es estudiar mucho, ser “inteligente” y luego trabajar duro para conseguir cosas en la vida.

“Mi trabajo es dejarles recursos y relaciones a tus hermanos y a ti”, expliqué hace unos días a mi hijo mayor. Esto lo he decidido así porque a mí me tocó comenzar desde cero sin R&R y es horrible. Es un camino bastante frustrante y cansado si eres ambicioso y quieres construir cosas de gran nivel. No me quejo (mucho) porque hay quienes comienzan no desde cero, sino desde niveles todavía mucho más abajo.

Sin embargo, hay personas que —como te decía— estuvieron en la ciudad adecuada, estudiaron en las escuelas adecuadas, hicieron las amistades adecuadas, se especializaron en el área adecuada en la universidad y trabajaron en los lugares adecuados. Ellos comienzan de manera predeterminada en niveles muy superiores al cero. Y qué bien. Honestamente, todos queremos dar oportunidades en este estilo a nuestros hijos.

Lo que te quiero informar es que en esto del avance empresarial, lo que sea que quieras ejecutar va a ser lento y desgastante si no eres parte del club, si no te conocen, si no tienes pedigree, si nadie sabe que existes. Cuando no queremos aceptar esto, cuando ni siquiera lo consideramos, vivimos con la idea simplona vista en alguna película o serie de televisión donde un gran producto, un gran servicio, un gran diseño, un gran plan de negocios nos va a abrir mágicamente la puerta con otros empresarios para convertirnos en sus iguales, hacer tratos con ellos y demás. Puede ser, sí, pero no es la norma, no es el comportamiento estándar. De hecho, es rarísimo, por decir lo menos. Lo que los hombres de negocios hacen es lo que tú y yo hacíamos con nuestro grupito de mejores amigos en la escuela primaria: voltear a vernos todo el tiempo y querer hacer las cosas con ellos nada más, con quienes conocemos, con aquellos con quienes nos sentimos cómodos.

El resumen de esta nota es que seas totalmente consciente cuando estás fuera del círculo, cuando no eres parte del club y que actúes en consecuencia. Esto no es para darnos latigazos emocionales y llorar culpando a la teoría de la conspiración pensando que los malditos cerdos capitalistas no nos dejan crecer porque no somos parte de su hermandad. Es entender que nos corresponde comenzar desde cero y tenemos que hacer cosas que otros tienen resueltas desde la cuna por la simple razón de que sus papás, sus maestros, sus amigos les entregan en bandeja de plata los hacks que necesitan para moverse con rapidez y precisión. Gente externa como tú y como yo tenemos que descubrir esos hacks por nuestra cuenta.


¿Cómo ser parte del club?

Esto no es diferente a cualquier relación: tienes que seducir. Nadie te va a dar un ticket de acceso directo a la hermandad. Tienes que demostrar resultados con tu ejecución implacable. Las empresas, productos, servicios que con éxito puedas colocar en el mercado y que sean visibles, todo eso es lo que vas a cargar contigo de manera intangible. Estos activos invisibles —lo que has vendido y posicionado con dureza a muchos clientes durante un largo periodo sostenido— son tu ticket de pre-ingreso. Ese pre-ingreso luce como invitaciones, conversaciones, oportunidades. Tu ticket de entrada no es un plan o una publicación en LinkedIn. Tú quieres que ellos te llamen. Primero serás una curiosidad y digamos que tendrás un pie en la puerta del club. Si mantienes tu ritmo de ejecución, aprendes sus reglas, su idioma, su comportamiento e imitas bien todo eso, te convertirás en parte del firmamento.

Piensa que estás flaco, que no tienes músculos bien desarrollados. Y compras tu membresía en un gimnasio genial. Llega tu primer día y te presentas. No conoces la etiqueta. Lo que tienes que hacer es observar y copiar lo que el tipo más fuerte hace. El error que mucha gente comete es que acuden al ejercicio con su mejor amigo para darse confianza entre ellos o se hacen amigos de la otra persona en el gym que tampoco es experta en fitness, porque así se sienten cómodos al compartir el mismo piso de desventaja e ignorancia. No hagas eso. Tú analiza al tipo más duro, más decidido, ese que inspira respeto y suda experiencia, el que se nota que sabe perfectamente lo que está haciendo, el que se encuentra en su hábitat natural. Domina la incomodidad y —te repito— copia lo que usa, lo que hace, lo que no hace. Salúdalo. Haz plática casual. Aviéntale preguntas con admiración. Conecta. También cometemos este error en nuestros trabajos al hacernos inmediatamente amigos de colegas en el mismo nivel salarial que nosotros. ¡No! Sé cordial, sí, pero enfócate en pensar y actuar como aquellos que están muy por encima de ti, no en ser el chico buena onda al que todos quieren.

Ser el chico buena onda al que todos quieren significa que no representas amenaza, progreso, innovación, cambio. No aportas nada. No lo veas como algo positivo, al contrario, entiende que es un sentimiento bastante engañoso: cuando luces superior, cuando tienes habilidades increíbles, cuando eres competencia, automáticamente generas desagrado en muchas personas. Es normal. No te estoy invitando a que seas insoportable por el gusto de serlo ni a que te conviertas en una mala persona. Te quiero abrir los ojos al hecho de que ser el chico buena onda es una característica negativa que no deseo que cultives en ti.

Todo esto aplica en lo empresarial. Deja de hacerle caso a tus amigos que te llenan de “consejos” en el bar cada fin de semana. Abandona esas reuniones tan frecuentes que te hacen sentir bien porque te admiran. No seas el tuerto en tierra de ciegos. No tengas fervor religioso hacia lo que te dicen los influencers que sólo saben compartir fotos donde lucen cool en su oficina pero no han realmente recorrido el camino. Observa y emula a quienes realmente te conviene.


Te explico todo esto con amor, con cariño.

Siempre que redacto pienso en el Aarón Benítez de veinte años necio, egocéntrico, desenfocado, resentido y dramático que era y que podría haberse beneficiado en grande al leer líneas como éstas para optimizar sus resultados personales, profesionales y empresariales.

Tengo amigos de muy alto perfil en internet. Y todo el tiempo estamos en contacto. Ideamos nuevos proyectos. Nos invitamos a oportunidades. Generamos productos juntos. Todo el tiempo. Es un club. Es una organización. Es una cofradía. Es una hermandad. No tiene nombre. No tiene una denominación específica. No buscamos nuevos miembros. Llevamos años haciendo cosas y hemos generado una amplia confianza en el criterio y ejecución de cada uno. No es que seamos un grupo de malas personas que cerramos el paso a alguien, simplemente nos comportamos de la manera natural en que los seres humanos venimos cableados: formamos una tribu de iguales. Si quieres estar en una liga de ejecutores pero usas tu tiempo solamente para hablar de los proyectos que un día vas a emprender, bueno, te estás entrenando para permanecer en la liga de los que sólo hablan de sus proyectos, no en la de los que ejecutan. Cuando ejecutes, demuestres resultados y sepas sostenerlos, tu nueva tribu comenzará a formarse a tu alrededor de manera natural.

Tenemos contactos en VERSE Technology que nos invitan a diferentes propuestas, a movernos con nuevos clientes. Son empresarios que han hecho negocios con nosotros en otros instantes y que conocen la capacidad de ejecución de nuestra empresa. Se sienten cómodos porque entregamos lo que decimos que vamos a entregar con nuestro software y hardware y porque seguimos vigentes en el mercado. Es un club. Y si sigues terco en no apreciar esto, puedes tener un gran prototipo de alta tecnología y vivir engañado como yo y mis socios durante mucho tiempo pensando que la superioridad tecnológica es suficiente cuando la clave está en acceder a la membresía adecuada para que te impulse.

El éxito engendra siempre más éxito porque no sale de su círculo. Tú te tienes que meter a ese círculo. Y tienes que masticar, comer, pensar, devorar, consumir y respirar esto a diario para moverte agresivamente hacia ese punto. De lo contrario —lamentablemente— lejos de quedarte en una posición neutra, te estás entrenando en ir hacia el extremo opuesto.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

RESULTADOS ASIMÉTRICOS

Pasé el verano del noventa y cinco repartiendo cartas por toda la ciudad. Recorría largas distancias de un extremo a otro con mi bicicleta bajo un implacable sol. Duré poco tiempo en ese trabajo. Mi jefa no era mi fan. Yo no disfrutaba el asunto. La gente no quería firmar de recibida su correspondencia porque —luego me enteré— todas eran oficios legales que los metían en líos.

Tengo muchos otros ejemplos en mi vida con esfuerzos de este tipo, donde mi impulso no me regalaba un gran resultado, donde la paga era mala y el reconocimiento inexistente. Así fui danzando por los años de mi desarrollo profesional hasta que cruzó en mi radar el concepto de “resultados asimétricos”.

Los resultados asimétricos consisten en conseguir la mayor cantidad de beneficio con el menor esfuerzo posible. Esto que hago a diario de compartir notas contigo por todos los canales posibles de internet es parte de esa estrategia: me siento a redactar mis ideas, lo que voy aprendiendo, lo comparto libremente y miles de personas en muchos países invierten TADI (tiempo, atención, dinero, incomodidad) para leer mis artículos. Esto trae como resultado que existan oportunidades constantes en mi correo electrónico. Ahora, no te quiero engañar y decir que el asunto ha sido así siempre. Tampoco fue fácil. Mucho menos rápido. Cuando comencé a publicar en la red, nadie me leía. O me leían sólo algunas personas de mi círculo. Fueron muchos años de insistir hasta que eventualmente la audiencia se fue formando y hoy todo es más ligero en mi ejecución digital.

Los resultados asimétricos vienen cuando estudias en las escuelas adecuadas y tienes las relaciones precisas para hacer negocios con tus compañeros años después. Tus papás invirtieron TADI en pagar tus estudios en un lugar que sabían que te iba a regalar amplias facilidades sociales y profesionales más adelante. Donde otros tenemos que demostrar nuestra valía y sufrir para convencer a los que pueden abrirnos puertas, tú que conviviste mucho tiempo con ellos y que eres parte de su círculo, puedes conseguir trabajos y oportunidades sin esperar en la fila tradicional. Y está bien. Esto es lo que muchos queremos para nuestros hijos.

Busca resultados asimétricos. Hace diez años mi salario era de unos trece mil pesos mexicanos al mes. Si me hubiese mantenido en la misma empresa durante la década pasada, habría logrado tal vez subir al doble mi ingreso con ellos. Eso no es asimétrico. En ese mismo tiempo, mi apuesta de hacer muchas cosas muy rápidamente me abrió puertas bastante más interesantes. Claro, me trajo al mismo tiempo muchos problemas que son normales al hacer negocios y que hay que resolver, pero en general, el balance es extremadamente positivo.

Conseguir resultados asimétricos viene de tener desarrollada una mentalidad de optimización constante. Si pagas los servicios de tu casa —agua, electricidad, internet— haciendo algún tipo de fila, no tienes desarrollada esta mentalidad de optimización constante de la cual te estoy hablando. No puedes obtener resultados asimétricos si te comportas como la mayoría de las personas. Esto es porque casi todo el mundo aspira a resultados lineales: que su premio, recompensa esté ligado a su esfuerzo. Esto no te ayuda en absoluto para crear un largo plazo ganador.

El intento de conseguir resultados asimétricos te da también caídas asimétricas: cuando llega un golpe, es durísimo. Así está diseñado este juego. Y puedes quejarte de que no es justo o aceptarlo y prepararte para ello.

Genera resultados asimétricos analizando todo el tiempo dónde no hay gloria con tu esfuerzo. Y enfócate en que la inmensa mayoría de acciones en las que te involucres te den oportunidad de esto, de obtener resultados asimétricos. Haz que la probabilidad juegue a tu favor. Si intentas obtener un resultado asimétrico cada seis meses, no desarrollas ni el músculo ni la actitud para una vida optimizada.

Ten una vida optimizada.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

INFLUENCIA INTERNACIONAL ACTIVA

Durante los ochentas y noventas, era común encontrar revistas de tecnología que promovían la imagen del ejecutivo del futuro que disfrutaba la vida con los pies encima de su escritorio. Las fotografías de estos artículos siempre implicaban que la nueva computadora personal junto con la invención de la hoja de cálculo y las impresores de matriz harían que todo fuera fácil y rápido.

Hoy tú y yo sabemos que sí, que todo lo relacionado con números y textos es infinitamente más sencillo de procesar con los dispositivos a los que tenemos acceso. Comparado con la lentitud y caos con el que tenían que lidiar los profesionales décadas atrás, no tenemos nada de qué quejarnos en este aspecto. Pero si alguna capacidad fantástica tenemos los humanos es la de convertir inmediatamente cualquier ventaja en un aspecto obligatorio y ordinario para todos.

¿Hablas inglés? Hace treinta años era algo realmente valioso en un entorno corporativo demandante. Hoy es lo menos que se espera de cualquier egresado universitario que jure ser realmente profesional.

¿Sabes usar internet y Microsoft Office? Esto te ayudaba a encontrar empleo. Hoy nadie se asombra si tienes estas “habilidades”.

Aquello con lo que ayer destacábamos, hoy es moneda común.

Por esta razón, es importante estar siempre atento a los trenes que llevan a caminos nuevos.

Caminos nuevos son potenciales oportunidades mejores.

Estos nuevos trenes están saliendo de la estación a cada instante. Pero no vas a escuchar los anuncios de sus viajes en los altavoces si estás distraído con las mismas preocupaciones que todos los demás, con los mismos pensamientos que todos los demás, con la misma ejecución que todos los demás.

Los trenes que llevan a caminos nuevos van a despertar burla, chismes, críticas y miedos en tu entorno.

Lo siguiente es doloroso: a tu entorno no le gusta que cambies. Y no es personal. En general, a las personas no nos gusta el cambio. De nada. De nadie. Es un asunto biológico conectado a nuestra evolución: para sobrevivir en las cavernas necesitábamos que las condiciones de nuestra alimentación y seguridad fueran estables y predecibles. Cualquier alteración —que eso es el cambio— en el escenario o la rutina era precursor de una muerte segura.

Entonces, por definición, cuando comienzas a abordar estos trenes de los que estamos hablando, la gente a tu alrededor comenzará inmediatamente a verlo como algo peligroso y repudiable. Muchos no te lo dirán de frente. De hecho, casi nadie compartirá su opinión sincera contigo porque así somos las personas, estamos cableadas biológicamente para tener gracia social y evitar el conflicto. Si no hubiésemos desarrollado la fantástica capacidad de ser primates-doble-cara, no podríamos haber construido todo lo que hoy podemos nos da esta vida tan cómoda.

Te platico todo esto porque hay un tren al que casi nadie se ha subido y que quiero compartir contigo.

Es esto de la marca personal.

Hoy en día, tener miles de seguidores es un activo. Es algo con lo que puedes hacer muchas cosas: conseguir nuevas amistades, recibir invitaciones, capitalizar con contenido y eventos, acelerar el reclutamiento para tu startup, conectar con quienes pueden ayudarte a destrabar retos en tu empresa, etcétera.

Casi nadie tiene una marca personal.

Claro, quienes vivimos en esta burbuja de la micro-fama en internet, pensamos que ya todo el mundo está involucrado en esto de desarrollar una marca personal. Pero no es así.

Haz un censo mental rápido de cien personas de tu entorno. Amigos. Familiares. Colegas. Vecinos. ¿Cuántos de ellos publican a diario contenido en la red con una estrategia clara y resultados positivos constantes?

¿Lo ves? Casi nadie hace esto bien.

Es como los que estamos fascinados con el mundo cripto. Creemos que ya todo el mundo está inmerso en esta revolución. Ahora haz un ejercicio de preguntar a cien personas al azar en la calle si tienen una wallet y a cuáles criptomonedas le hacen HODL.

¿Lo ves? Una cosa es la percepción que tienes del uso de una oportunidad y otra es el verdadero consumo masivo que existe de ella. No le creas a esa vocecita que te dice que “ya todo mundo está en eso”. Ese es tu miedo disfrazando su terror ante el salto que estás considerando dar.

Si a principios de los noventas contabas con habilidades para configurar módulos de memoria adicionales en la tarjeta madre de tu computadora, sabías automatizar correspondencia usando macros de un procesador de texto y tenías destreza para utilizar un software de edición de imágenes digitales, wow, eras valioso para el mercado. Había muchos clientes desesperados a los que podías atender.

Hoy nada de esto es igual de relevante. Sí, claro, mucha gente jamás ha abierto ni abrirá su computadora para personalmente insertarle algún periférico. Muchos usuarios no tienen idea ni interés en poder desarrollar macros que les faciliten la vida. Y herramientas económicas y poderosas como Canva —aunque odiado por los profesionales— solucionan la inmensa mayoría de necesidades básicas de pequeñas y medianas empresas que antes requerían tener en nómina a un gurú de CorelDraw para diseños fáciles.

Este tren llamado marca personal es uno al que le quedan cinco o diez años de validez.

Te quedan de cinco o diez años para que puedes crear una marca personal genuina y poderosa.

¿Por qué esta línea de tiempo?

Porque dentro de una década, la generación que hoy tiene quince años será la de los nuevos profesionales. Y todos ellos están acostumbrados a subir contenido diario. Transmiten en vivo. Producen sus videos. Instalan programas para agregar elementos particulares que los hagan destacar. Comentan e interactúan en línea con la naturalidad que tú y yo lloramos cuando nuestro equipo de fútbol pierde un partido importante.

Lo que hoy hacen estos adolescentes en términos de comportamiento digital es extremadamente ridículo para nosotros, sus padres, sus tíos, la generación que vamos de salida. Funciona así: usan dinero real para comprar tokens dentro de sus videojuegos en internet. Con esos tokens adquieren armas, ropa, habilidades y accesorios para el personaje de su preferencia. Y claro, tú y yo vemos todo esto como un desperdicio de tiempo y dinero. Sabemos que esa nueva espada que tu niña acaba de comprar para sentirse más a gusto en la nueva temporada de Fortnite es una tontería porque no es algo que pueda sostener realmente en sus manos, no la puede transferir a otro videojuego y en dos días habrá olvidado la emoción de la compra y necesitará un aditamento diferente.

¿Es una tontería? Sí, igual que cuando tú y yo pagamos mil por ciento más por una playera deportiva que tiene el logo de Nike. Existen alternativas sin la marca de la palomita, hechas con el mismo material y fabricada incluso en la misma línea de producción en China. Pero tú y yo creemos que esto no es una tontería. Y pensamos así simplemente porque estamos acostumbrados a operar de esta manera, todo el mundo se comporta así. Se entiende que por un gráfico irrelevante en un producto, uno tiene que incrementar la cantidad de dinero involucrada en la transacción. Aceptamos comprar porquerías físicas como si fuera un hecho irrefutable de la naturaleza, pero no lo es. Lo inventamos y ahora luce como algo escrito en piedra.

Comprar porquerías digitales es exactamente lo mismo para la generación que viene: una acción normal que todos los demás en ese rango de edad ejecutan sin creer que están siendo ridículos e ilógicos. Y bajo este argumento, crecer coleccionando seguidores, publicando contenido y haciendo proyectos con una audiencia global es parte del comportamiento de vida en que se están entrenando. Comportamiento que llevarán a sus carreras profesionales.

Julieta Benítez. VR-bailarina con posgrado en micro-explicaciones.

Alan Benítez: ingeniero solar con diplomado en redacción técnica acelerada.

Diego Benítez: DAO-inversionista con especialidad en influencia internacional activa.

Y así vamos a llamar a esto de la marca personal tú y yo: influencia internacional activa. Porque eso es lo que te conviene.

Tener una marca personal, una influencia internacional activa, será moneda corriente.

Nadie admirará tus miles de seguidores justo como hoy nadie te asigna más valor como persona porque vistes una playera Nike. Todos tienen una.

Quedan unos buenos cinco, diez años para que tú y yo aprovechemos este fenómeno de la marca personal, de la influencia internacional activa.

Ignora con vehemencia la solemnidad con la que médicos, contadores, ingenieros y políticos de la vieja guardia se comportan. Eso no sirve para insertarte en un futuro ganador. Lo de hoy es ser casual, inteligente, propositivo, ejecutor, amable, abierto. Elimina de tu sistema operativo personal los comentarios que la vieja guardia te hace sobre esto de que las redes sociales son una tontería, que es algo para la gente joven nada más, que te roban tiempo, que sólo encuentras puro chisme ahí, que nada más sirven para entretenernos.

Casi todos en la vieja guardia hicieron carreras profesionales al amparo del bajo perfil, de la repetición de una misma actividad durante décadas, de tener los contactos familiares y laborales adecuados.

Eso ha muerto. Entiéndelo.

Tú ten un perfil relevante. Ten contactos globales. Muestra tu expertise a diario. Haz que lleguen propuestas de colaboración constante a tu inbox en lugar de vivir tronándote los dedos esperando que algún reclutador te encuentre para meterte a un proceso con decenas de competidores para un empleo en una compañía que tiene todo en contra para seguir vigente en unos años.

Para conseguir resultados espectaculares en cualquier campo profesional debes insertar TADI: Tiempo, Atención, Dinero, Incomodidad. Si quieres desarrollar una marca personal poderosa consiguiendo todo gratis, en tus ratos libres, sin ir a eventos, reinventando la rueda en cada parte del proceso, bueno, la noticia de última hora es que te estás engañando y que no lo vas a conseguir. TADI, querido saltamontes. TADI. Be a pro.

Cada día en que no estás avanzando conscientemente en esto de tener influencia internacional activa es un día más cerca de que un veinteañero virgen con acné consiga resultados profesionales que tu ni sueñas en tus cuarentas.

Hey, el sexo es genial, sí, ¿pero has recibido mensajes en tu correo electrónico de desconocidos que se acercan a ti porque llevan años siguiendo tu trayectoria a través de internet y te solicitan que viajes un par de semanas a sus oficinas en el extranjero para trabajar con ellos en un proyecto especial y que por cierto el precio de tus servicios no es un ningún problema?

El pensamiento y ejecución de vanguardia es fácil de reconocer: no tienen sentido el día de hoy (pero sí en unas décadas), no son realmente necesarios (nadie te exige que tengas una marca personal), son rápidamente criticados por nuestro entorno (lo harán con burlas en los comentarios de tus publicaciones y advertencias de que es peligroso como si el mundo no la hubiese sido desde siempre) y las reglas del juego no están completas (tú tienes que decidir dónde, cuándo, cómo y qué vas a compartir, no hay un playbook probado ni aprobado a diferencia del que ya conoces de estudiar en una universidad tradicional, conseguir empleo en una gran corporación, casarte, tener hijos y morir).

Sé un profesional de vanguardia desde hoy.

Súbete al tren. Hay mucho espacio. La estación está anunciando salidas constantes.

Disfruta el viaje.

Te veo en él.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

¿ES IMPORTANTE LO TÉCNICO?

Mi hijo mayor me informó que su bicicleta requería varias reparaciones. La subimos al auto y fuimos al taller. En el trayecto, aproveché para pedirle que viera un video que compartí el otro día en internet. Es un grupo de estudiantes de posgrado de Stanford. Como parte de su clase de comunicación, tienen que presentar asertivamente un tema. En este caso analizaban las mejores prácticas para exponer. Son unos quince minutos de explicaciones sencillas y agradables. Al terminar, mi hijo me dio un resumen de lo que había entendido.

Le expliqué que el error de muchos especialistas es creer que lo más importante para tener éxito en la empresa es saber mucho de su tema. Aplican una especie de lógica ingenua donde si eres el que sabe más de medicina, contabilidad o ingeniería, te va a ir mejor que a los demás. Durante cierto tiempo, no es nuestra culpa pensar así: hemos sido entrenados por casi dos décadas a igualar nuestro potencial valor profesional con nuestra inteligencia académica.

Le platiqué varios ejemplos personales y de gente conocida que nos sentimos frustrados cuando vemos a otros progresar rápido en la corporación a pesar de que no son tan brillantes ni tan buenos trabajadores en los términos comunes de puntualidad y responsabilidad.

La parte técnica es importante, le dije. Lo que te va a hacer avanzar más rápido y mejor es jugar bien el juego. Entiende que este tipo de cosas como la que acabas de ver en el video —presentar, exponer, comunicar bien— es la clave para destacar. ¿De qué te sirve ser muy bueno en lo técnico pero cuando te pones al frente para explicar algo sigues tartamudeando, sudando y leyendo la diapositiva como si estuvieras en primaria? ¿Todavía metes tus manos a los bolsillos? ¿Ignoras que hay zonas ideales donde pararte frente a la audiencia? ¿Desconoces lo que el lenguaje corporal de los asistentes te está diciendo?

Piénsalo así: Stanford es una de las universidades élite del planeta. E invierten mucho tiempo con sus alumnos para dominar este tipo de actividades que otros desdeñamos porque estamos atascados en una mentalidad tercermundista donde creemos que lo importante es el conocimiento, la memorización, la calificación del examen.

Compartí con él mi experiencia universitaria en una institución pública. Ahí no me enseñaron nada de esto de lenguaje corporal. Mucho menos tuvimos sesiones para saber ponernos frente a un grupo o adquirir liderazgo en proyectos. Todo estaba diseñado para hacernos pensar que lo técnico, las fórmulas, el almacenamiento de datos en nuestro cerebro eran la clave del éxito.

Si puedes ser genial en lo técnico y al mismo tiempo en áreas como la comunicación, fantástico. El mundo es tuyo.

Si no eres genial en lo técnico, sé promedio y listo. Tranquila. Tranquilo. Para compensar, pon bastante determinación en dominar a nivel genial las habilidades blandas que estamos discutiendo hoy aquí tú y yo.

Yo ni siquiera soy promedio en lo técnico. No es falsa modestia. Espero esto te sirva de algo.

Las grandes universidades enseñan a sus clientes cómo negociar un salario, cómo vestir, cómo hablar, cómo comportarte en un entorno internacional. Si no recibiste esta educación, te va a tocar solucionar esta desventaja como a mí: internalizando su alta importancia primero y después ejecutando constantemente para no quedarte tan rezagado.

Habla bien.

Presenta bien.

Párate bien.

Vístete adecuadamente.

Escribe bien.

La clase que le compartí a mi hijo está disponible gratuitamente en YouTube, justo como otras cientos por parte de Harvard, Yale, MIT y demás instituciones de prestigio. Realmente no hay ya mucha desventaja entre el acceso que unos y otros tienen a ciertos temas. La brecha entre la élite y los que no estamos ahí viene en formato de consciencia, de interés, de disciplina emocional y enfoque intelectual. Nos suele faltar todo lo anterior para meternos en el canal de notas que sí nos aportan. Los cursos están ahí, libres, pero la emoción, estrategia y visión de muchos de nosotros no.

El presidente, el partido de fútbol, el concierto y el escándalo del influencer de moda no importan. Siéntete orgulloso si haces todo eso a un lado y te puedes declarar honestamente ignorante de lo que ocurre hoy en ese mundo. Con ese nuevo espacio mental desocupado, tienes oportunidades increíbles para agregarle temas que sí te van a dar ventaja sostenible.

Agrega lo que importa a tu cartera personal de habilidades.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.