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DÍA 150: RUSO, CHINO Y ALEMÁN.

Ayer cumplí ciento cincuenta días ininterrumpidos aprendiendo simultáneamente ruso, chino y alemán con Duolingo.

Esto es lo que necesitas saber:

Importante: hablo inglés a un nivel bastante alto. Menciono esto porque cada idioma que dominamos adicional al materno nos ayuda para aprender otros más fácilmente. ¿Por qué? Porque cuando solo hablas el idioma de tu país, no tienes muchos puntos para comparar. 

Comparar es importante. Es agrupar ladrillos para construir una casa. Cuando ya tienes los cimientos —el equivalente de entender las estructuras— las cosas son menos difíciles desde ahí.  Ojo, estoy diciendo «menos difíciles». Hablar inglés bien no significa que mágicamente aprender otros idiomas será pan comido. Claro que no. Hay mucho trabajo que hacer. 

¿Por qué elegí aprender a diario tres idiomas tan diferentes entre sí? Bueno, ¿y por qué no? Tu cerebro es fantástico y entre más lo impulses a que ejecute cosas, más sorpresas te va a dar. La gente que vive con miedo dice cosas como «es que me voy a confundir». 

No vivas con miedo.

¿Te vas a confundir? Sí, tal vez un poco. ¿Y luego? Pronunciar «Wasser» («agua» en alemán) cuando quiero decir «bada» en ruso no me hace mala persona ni alguien débil. Todo es parte de la recalibración constante a la que mi cerebro se está sometiendo para dominar esto.

Escogí alemán porque siempre me ha fascinado la cultura de ese país. Ruso porque, no sé, tengo una debilidad por los lugares fríos, creo. Y el chino porque mi visión de la vida cambió cuando anduve por allá y quiero entenderlos mejor. 

Ciento cincuenta días estudiando estos idiomas no son nada en realidad. Me faltan años y muchos otros tipos de cursos para sentirme cómodo con ellos. Pero mi plan es que para mi cumpleaños número cincuenta —dentro de siete años— me habré convertido en políglota. 

La ventaja principal que tengo para aprender estos idiomas es que no necesito aprenderlos. Esto es un punto genial desde donde comenzar. Lo hago relajado, con gusto y por decisión propia. Siempre que puedas, involúcrate así en las cosas que te convienen. 

Al estudiar estos tres idiomas, me siento bendecido de hablar español. Las conjugaciones de los verbos en chino y ruso son nada si las comparas con lo que sufren quienes estudian nuestro idioma. 

El alemán es el idioma que más fácil me está resultado porque se lee como el español y tiene muchas palabras parecidas al inglés.

El ruso es muy interesante. Su estructura es bastante simple. Es como si alguien sin una educación gramatical completa en español le hubiesen pedido inventar un idioma.

La pronunciación del chino es lo que casi me quita el sueño, pero una vez superado el shock inicial de interactuar con caracteres raros, las lecciones van adquiriendo mayor sentido.

Es delicioso poder pasar rápidamente de uno a otro idioma en una misma sesión. Mi mente se excita. 

Ejercicio. Lectura. Marca personal. Idiomas. Haz que estas actividades sean no negociables en tu rutina diaria y verás la magia emerger. Hay días donde afortunadamente puedo avanzar durante dos horas con Duolingo y otros donde apenas lo uso cinco minutos, pero todos los días ejecuto. Si tienes tiempo para abrir TikTok, checar algo en Netflix o enviar un meme a tu amigo por WhatsApp, no deberías tener problema alguno en imponerte una  disciplina diaria así con Duolingo.

Ahora bien, la version premium de la app te permite acceder a unos ejercicios personalizados de repaso fantásticos que te recomiendo. Aparte, recuerda que si algo te interesa, siempre debes meterle TADI al asunto. 

TADI: Tiempo, Atención, Dinero e Incomodidad. 

No me gusta competir dentro de Duolingo. Entiendo el punto del gamification y todo eso, pero yo estoy ahí para aprender y no para coleccionar porquerías digitales. No tiene nada de malo si eso te motiva, claro, pero al final del día, creo que nos debería guiar el entusiasmo de aprender. 

Repito en voz alta absolutamente todos los ejercicio de Duolingo. Esto es vital para dominar cualquier idioma. Repite todos los ejercicios aunque sean de lectura, escritura o comprensión auditiva. Repite. En voz alta. Todo. Siempre. Aunque la app no te lo pida. Especialmente si la app no te lo pide. No seas pasivo. No dejes que tus dedos sean los que aprendan el idioma. Haz que tu boca sea la protagonista.

No me permito avanzar adivinando. Me interesa saber qué estoy diciendo. Tal vez ser un adulto maduro es el nivel que alcanzamos cuando dejamos de hacernos tontos en cosas en las que nadie nos exigen profesionalismo. 

Hablemos de la pronunciación, el tema número uno por el cual la gente se siente ridícula. El miedo a equivocarse en la pronunciación les impide soltarse para hablar. Hey, mi pronunciación de alemán sé que es bastante buena porque no hay mucha ciencia, pero seguro podría provocar risa extrema en cualquiera que me escuche practicando mi ruso y chino. 

Resulta que tu boca tiene músculos que son fuertes y débiles en ciertas partes.

De niño, tus músculos son carne suave que se moldea fácilmente. Por eso vemos que los niños tienen bonita pronunciación, porque no tienen problemas para reconfigurar su boca. 

En cambio, tú y yo a nuestros veintes, treintas, cuarentas, cincuentas, llevamos toda una vida usando la boca del mismo modo. Aprender nuevos idiomas es reentrenar a nuestros músculos mentales y bucales para que dominen nuevos movimientos.

Es bastante difícil, pero no imposible. 

Yo he aceptado que mi pronunciación en chino y ruso jamás será fantástica, pero trabajaré en hacerla útil. Si haces la paz con esto, entrarás al mismo estado de mente que tiene el gringo que viene a México y con sus veinte palabras de español mal pronunciadas recorre sin problemas todo el país. Sé un tipo que carga una confianza personal de ese estilo con cada idioma en su cartera. Y en todo, en general.

Lo que me gusta de Duolingo es lo que me gusta de cualquier método educativo que valga la pena: te empujan directo a la acción. No se trata de memorizar reglas, se trata de que puedas hacer cosas con cada lección. 

Esto de involucrarte de manera práctica en algo parece obvio pero el cerebro de mucha gente sigue cableado para esperar que le expliquen —por ejemplo— el pinche verbo «to be» y la diferencia entre «present perfect» y «past perfect» porque creen que esa es la forma correcta de aprender un idioma. 

Duolingo comete errores, como cualquier app barata de tecnología. Es normal. A veces da por buenas ciertas respuestas grabadas que yo sé que pronuncié mal. No me emociono por esos golpes de suerte. Los trabajo hasta que realmente siento que mi desempeño es aceptable. 

La pantalla principal de mi cel tiene solamente tres apps. Las escogí porque son las que convienen a mi vida. Duolingo es una de ellas.

TikTok es genial, pero no está en esa pantalla.

WhatsApp tampoco.

Ni Twitter.

Pon tus prioridades al frente del espacio digital que más revisas. 

Aprendo alemán y ruso desde el español. Esto es, que las instrucciones que la app me da y las traducciones que algunos ejercicios me piden están en mi idioma. Al momento de escribir esto, no existe la opción de aprender chino desde el español, así que utilizo el inglés como puente para ello. 

Si necesitas algo para desconectarte del mundo genuinamente unos minutos al día, meterte a fondo con esta app sirve como meditación. Lo veo como correr: llega un punto donde el dolor no desaparece, pero dejas de pensar en él y la distancia, bueno, dejas de preocuparte por ella. 

Uso la app a todo volumen. Me ubico de forma estratégica para que mis hijos me escuchen y me vean. Quiero que los idiomas sean parte natural de su vida. Y si me ven con esto a diario, creo que es una buena apuesta de que lo abrazarán en algún punto como algo normal en lo cual deben insertarse. Si nos sentamos donde nos ven fácilmente para llorar y gritar groserías en partidos de fútbol, ¿por qué no para esto?

Te dejo mi hilo sobre cómo aprender inglés como todo un pro, lleno de hacks que te ayudan en ese y otros idiomas:

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

LOS 7 ERRORES BÁSICOS DEL UNIVERSITARIO MEXICANO

Evita esto al estudiar tu carrera:

  1. Estudiar cosas fáciles: nuestra mente es capaz de cosas fantásticas, pero necesita empuje, entrenamiento, estrés, disciplina. Al quitarle esto en la edad más formativa de tu vida, saboteas las siguientes décadas.
  2. Tener el mismo grupo de amigos: llega un punto de la vida adulta donde hacer nuevas amistades es complicado, por eso aprovecha al máximo la época universitaria donde puedes colisionar a diario con nuevas voces e ideas. No tengas un grupito exclusivo de amigos con los que haces todo. Muévete fácil en diferentes círculos.
  3. Enfocarte solo en las calificaciones: las tareas, las materias y los exámenes son importantes hasta cierto punto. En la vida real nadie te va a preguntar sobre esto. Para ganar buen dinero más adelante, necesitas ser capaz de resolver problemas. Organizar muchos y grandes eventos en la universidad es el mejor entrenamiento en el que te puedes involucrar para esto.
  4. Apasionarte tontamente: sí, ella dice que te ama, pero mañana ya no es así. Siéntete triste un par de días y recupérate rápido. No te acostumbres a vivir en el drama. No te cases joven. Viaja por el mundo, lee muchos libros, trabaja en varios lados y haz mucho dinero antes de «sentar cabeza», whatever the fuck that means.
  5. Creer que sabes cuando tu contexto es limitado: esta etapa de la vida te empuja fácilmente a la soberbia intelectual porque interactúas con gente preparada y tienes conversaciones profundas que jamás has experimentado antes. Esto te hace pensar que has descubierto las soluciones que las empresas, los padres o la sociedad deben implementar para que todo esté bien. Los mayores no somos tontos. Podrías aprender mucho si nos escuchas más.
  6. Favorecer un pensamiento unidimensional: decir tonterías como que tu carrera es la mejor y pensar que quienes están en otras áreas se han equivocado es fanatismo nivel niño de seis años. Si estás en ingeniería, ten muchos amigos de medicina y contabilidad. Los más pros del mundo en cualquier área se meten con curiosidad a muchísimas cosas.
  7. Comer y beber como si no hubiese mañana: es la edad de los excesos. La mayoría de treintañeros se sorprenden por las tallas que aumentan sin darse cuenta y todo ello comenzó aquí, durante la universidad. Tu metabolismo tal vez es fantástico e inocentemente crees que vas a ser delgado y tener esa misma energía toda la vida, pero no. Si no favoreces el ejercicio ahora, vas a pagar unos impuestos increíblemente caros más adelante. Sé atractivo por diseño, no por suerte.

OBSESIONADOS CON LA INGENIERÍA

El auditorio estaba lleno para mi conferencia. De repente, los organizadores anunciaron que otra plática simultánea sobre el sistema XYZ Max Ultra Plus Extra Super 9000 iba a ocurrir en la sala de junto. Más de la mitad de los jóvenes presentes tomaron sus mochilas y salieron. Llevo muchos años hablando en público. He hecho largos viajes para llegar a eventos donde he tenido que dar mi presentación a literalmente solo dos personas. También he tenido que ponerme al frente de todo un estadio con doce mil almas escuchando atentamente mi mensaje motivacional. Quiero simplemente establecer que a estas alturas, mi corazón ya sabe manejar los sube y baja emocionales de estar en el escenario. A veces hay menos personas. A veces hay más. Algunos ponen atención. Otros no.

Sonreí.

Expliqué a los que se quedaron que este tipo de cuestiones ocurren cuando no entendemos bien el juego profesional. Los universitarios en mi audiencia eran principalmente estudiantes de ingeniería y obviamente querían saber más de su campo. Mira, lo que estos chicos no procesan bien es que a diario tienen entrenamiento en temas de circuitos, herramientas, fórmulas y demás cuestiones altamente técnicas. Y está bien. Pero en un evento donde los organizadores traen gente que puede aportarles notas de diferentes áreas, bueno, ahí es donde deben insertarse, porque estas son las cosas que los van a hacer destacar.

Entiende bien —querido lector— lo que estoy intentando decir: que lo técnico es muy importante porque, caray, estás estudiando ingeniería. Sé muy buen ingeniero, necesitamos muchos más, pero no te obsesiones con la ingeniería.

No te obsesiones con la ingeniería.

Obsesiónate con ser un buen profesional.

Un pro abraza muchas áreas para coleccionarlas como bloques de Lego. Luego los usa para construir su ascenso a niveles de mayor impacto.

Aquí va un comentario que podría sonar clasista si no fuera porque estuve en ese grupo al que voy a criticar: este asunto de obsesionarnos con la parte técnica lo veo mucho más implantado en los jóvenes de ingeniería de las universidades públicas que en las instituciones privadas.

Cuando el Tec de Monterrey y otras en esa liga me invitaron a platicar con sus estudiantes, quedé sorprendido al enterarme que tomaban clases para negociar sus salarios, hablar en público, vestir adecuadamente, organizar eventos y cosas así. Yo que estudié siempre en escuelas de gobierno vi la enorme distancia entre lo que un lado de la moneda te dice que importa y lo que en el otro realmente se enfocan.

Sí, estos chicos de ingeniería mecatrónica, electrónica, sistema y demás de las universidades privadas también hacían proyectos con Raspberry Pi, programaban con C++ y construían robots para competencias. No dejaban lo técnico a un lado, pero no estaban obsesionados con ello. Todos estaban involucrados en actividades adicionales como clases de magia, violín, canto. Nadan. Juegan basquetbol. Están en equipos de fútbol. Todo esto como parte natural de su día a día. Recuerdo a unos que me estaban entrevistando en su campus y que en uno de los breaks aprovechaban para hacer movimientos de acciones que tenían en la Bolsa.

El refugio psicológico que nos da saber que somos muy buenos en lo técnico es uno que nos protege durante cierto tiempo de las demás desventajas con las que la mayoría de los chicos en universidades públicas crecemos en la pobreza. Lee bien este párrafo de nuevo. Con calma.

Ese refugio es uno que tenemos que abandonar o nos marchitaremos en él. Si ya estás en una corporación y solamente quieres cursos, libros y eventos de cuestiones técnicas, no estás jugando bien el juego. Sí, mantente actualizado, pero agrega oratoria, relaciones públicas, redacción, diseño, liderazgo y otras habilidades en este estilo a tu sistema operativo personal. Aprende bastante de administración, finanzas, calidad, negociaciones de alto nivel y así.

El profesional que únicamente es bastante técnico tiene siempre un tope rápido en la jerarquía de cualquier organización. Muchos no entienden esto y ven a sus compañeros menos aptos en lo técnico ascender y se burlan de ellos, pero esos tipos saben tomar el teléfono y solucionar cosas que el ingeniero promedio detesta considerar como parte de su trabajo.

Para ir ascendiendo en el juego corporativo, debes aprender a vestirte, a hablar, a negociar, a conectar, a mandar las señales de que sabes las reglas de los niveles superiores.

Todo esto expliqué a los jóvenes que se quedaron a mi conferencia.

Tal vez sí era un poco de dolor emocional el que desahogué en contra de los chicos que se fueron, pero honestamente así es como veo las cosas.

Hoy están en un evento multidisciplinario con expertos en marketing, ventas, negocios y demás y se refugian psicológicamente en meterse a las pláticas que lidian con las mismas cosas que ven a diario en sus salones. No. Hay que explotar la curiosidad. Hay que meternos a cosas que nos dan más oportunidades.

La diferencia entre las buenas universidades públicas y las buenas universidades privadas en México no es otra que la mentalidad con la que te desarrollas ahí. Un amigo político encumbrado me comentó que platicó con otros sobre su hijo que estaba a punto de entrar a la universidad. Le dijeron que si quería que fuera un excelente ingeniero, debía entrar a la UNAM, que ahí estaba garantizada la calidad de su enseñanza. Pero que si quería ponerlo al frente del negocio familiar, necesitaba enviarlo a [inserta nombre de una institución con precios altos].

Te aviso que así piensan todas las personas de dinero que conozco. Esto fue un shock hace años cuando me topé con esta mentalidad por primera vez.

Y nos podemos ofender o podemos entender.

Sí, muchos no pueden acceder a educación privada, como fue mi caso. Pero todos podemos leer y ser curiosos en los eventos a los que asistimos. Mucho de lo que sé hacer hoy comenzó porque tomé la Harvard Business Review y tomé notas de los términos y tendencias que explicaban. Luego fui viendo estas cosas en el mundo corporativo. Y más adelante mis nuevos amigos en negocios confirmaron que así era como se hablaba y actuaba en sus niveles.

No te salgas de la conferencia rara.

No te obsesiones con la ingeniería.

Obsesiónate con ser un profesional integral.

Haz ejercicio. Deja de hablar como todos los demás con tonterías de “no tengo tiempo”.

Sé curioso.

Lee.

Aprende inglés como los dioses.

Ve a eventos.

Y juega bien el juego.

Ecuanimidad. Enfoque.

Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

QUERIDO CHICO CORPORATIVO

Este es Julian.

Julian tiene veintiún años. En poco tiempo egresará de alguna universidad pública de México.

Julian se encuentra en la clase media baja, esa en donde todos los días hay comida en la mesa pero no permite lujos innecesarios. Aquí nadie viaja al extranjero y casi todo se compra en pagos mensuales con los famosos intereses engañosos de las tiendas diseñadas para estafar a esta franja socioeconómica. En casa tienen un automóvil viejo que lleva años sin conocer cómo es traer el tanque de gasolina más allá del nivel mínimo. Papá y mamá usualmente tienen dificultades para cubrir todas las necesidades de la familia, pero resuelven de una manera u otra.

Julian es el orgullo familiar: va a ser ingeniero.

Julian quiere trabajar en una empresa grande donde le paguen quince o veinte mil pesos al mes.

Hey, cuando toda la vida el dinero ha sido un problema , quince o veinte mil pesos al mes te hacen sentir que todo es posible.

Julian está enfocado en conseguir trabajo en la gran fábrica local, esa donde todos portan con orgullo el uniforme, donde el empleo luce como algo seguro, donde cada año reciben bonos de productividad.

Yo fui Julian al treinta por ciento.

Y conocí a muchos otros Julianes.

Si eres Julian o conoces a alguno, leer lo siguiente es importante porque nadie nos lo explica bien.


Todos estamos expuestos al internet y sus videos virales. Todos nos sumergimos en publicaciones que nos motivan a emprender. Todos sabemos que hay muchas oportunidades para hacer negocios allá afuera.

Julian no es inmune a esto. Ha participado en concursos escolares donde sus ideas y planes de negocio le han hecho ganar algunos aplausos. También ha entrado a conferencias donde el tipo que explica los pasos para tener éxito en emprendimiento solo habla de sus aciertos pero jamás comparte los días donde ha llorado porque nadie lo entiende, donde duerme mal por el estrés de no saber cómo lidiar con impuestos y nóminas pendientes, donde descubre que lo que tenía en común con sus socios ya se perdió, donde nada parece funcionar. Esto tiene sentido, pues nadie acepta dar una plática para deprimir a la audiencia, ¿verdad? Todos queremos lucir ganadores. El problema es que por esta razón el público casi siempre termina recibiendo solo parte de la historia, la parte bonita y bastante limitada.

Julian entonces cree que entiende lo que se requiere para tener éxito en el emprendimiento porque su maestro universitario le dio una buena calificación cuando completó las tareas y exámenes de la metodología de negocios canvas. Como todo joven, es soñador. Esto le regala ideas que ve por todos lados para crear su imperio. Le encantan las palabras “innovación”, “visionario”, “revolución”, “disrupción” y etcétera. Julian —como todos— quiere ser especial, relevante.

Gracias a las señales académicas que ha recibido —concursos, materias, eventos— Julian está seguro que lo único que requiere para lanzar su idea y tener éxito es dinero.


Julian por fin consigue el trabajo en la gran empresa de la ciudad.

Julian se siente en la cima del mundo. Su uniforme. El dinero. Las instalaciones. El prestigio que obtiene en su círculo social. La envidia que genera en otros menos afortunados. Todo es perfecto. ¿Qué puede salir mal?

Julian piensa que solo va a trabajar algún tiempo en la fábrica. Lo suficiente para ahorrar un poco de dinero y lanzar su negocio. Es un buen plan.

Tú y yo sabemos lo que Julian no: jamás va a renunciar, perderá condición física y se volverá adicto a la certidumbre que su empleo le da.

Esto no es obvio para Julian, quien cree que está en control de su situación.

Poco a poco, Julian se adentra en un mundo donde a diario entierra sus posibilidades de lanzarse a emprender sus ideas. Sin saberlo, acepta como positivas cosas que desgastan su potencial.

La primera es que se convierte en un bastión económico de su familia. Todo es más fácil en casa ahora con el salario seguro de Julian. Esto se siente genial durante un tiempo, pero el problema es que esta nueva dinámica familiar se convierte pronto en una adicción de ambos lados: ahora Julian debe mantener este apoyo de manera indefinida, mientras en casa los esfuerzos por mejorar se estancan.

Otro punto es que en su empleo en la gran fábrica, Julian se va a rodear de gente inteligente, preparada y con éxito a las cuales lógicamente va a admirar. Esto hará que los imite en todo: la forma en que actúan, hablan, piensan, los lugares a los que van, las cosas que compran, las ideas que les gustan, etc. Dado que está en una empresa en la que muchos desearían poder trabajar, la presión interna por mantener una alta productividad lo obliga a competir a diario en el número de horas que debe estar enfocado en la solución de los problemas que le pagan por resolver. Julian siempre ha sido delgado y nunca le ha dolido nada, por lo cual no concibe que su terrible alimentación, mala higiene del sueño y falta de ejercicio lo van a poner del lado de la obesidad en pocos años.

Obesidad que verá normal porque lamentablemente así luce la mayoría a su alrededor.

Este es uno de los puntos más difíciles de atacar en la juventud mexicana que crece en las condiciones que te estoy describiendo: no consideran posible que vayan a ocurrir cambios enormes en su físico hasta el día que de repente descubren que están varias tallas fuera de control, hasta el día en que notan que apenas en sus tempranos treintas tienen la salud física de alguien de más de cincuenta que no se cuida.

Podemos culpar al capitalismo y a muchos otros factores que no promueven la buena salud de los miembros productivos de la sociedad como Julian, pero eso de poco sirve para que un individuo pueda comenzar a mejorar su condición hoy.

Julian cree que necesita un automóvil. Y tiene que ser nuevo. Con su salario de veinte mil pesos al mes puede obtener un crédito para pagarlo en cuatro años. Con su bono anual puede hacer abonos fuertes cada cierto tiempo. Todos hacen esto en la oficina.

Nadie le habla de invertir en ETFs. Nadie le habla de optimizar los próximos veinte o treinta años. Esto es aburrido. Nada es tan sexy como traer tu nuevo coche con Karol G a todo volumen.

Julian va a restaurantes a los que nunca antes había ido. Los fines de semana se embrutece con sus amigos del trabajo que ahora son sus confidentes, role models y familia, todo en uno. El domingo lo utiliza para recuperarse. Cada lunes bromean con orgullo de los destrozos que hicieron las noches anteriores. Y así durante años. Julian no se da cuenta que ha sido absorbido por una cultura que superficialmente luce genial, pero que tiene muchas limitaciones.

¿El plan de solo trabajar un tiempo parar ahorrar y con eso lanzar su emprendimiento? Julian jamás va a admitir que eso está cada vez más alejado. Lo que hará para compensar es invitar a sus amigos a una carne asada algunos fines de semana al mes en su nueva casa pequeña que ha obtenido con un crédito a treinta años —hey, todos así lo hacen en la oficina. La intención de estas reuniones, al menos en teoría, es platicar de ideas de negocio en las que se van a asociar.

Recuerda que su grupo del trabajo es la mafia a la que ahora pertenece. Es todo su mundo. Por lógica —aparte de que son su familia, sus mejores amigos, sus confidentes y sus role models— también deben ser sus socios.

Julian no entiende ni le interesa mucho en este momento enterarse que la inteligencia en un área no significa inteligencia en otra. Que alguien sea excelente entregando reportes complejos en hojas de cálculo no significa que tenga madera de co-fundador de una empresa ni que va soportar el estrés directo de lidiar con el mercado cuando las cosas se pongan duras, como siempre ocurre en negocios. A su amiga —experta en administración de uno de los departamentos de la corporación donde ambos trabajan— Julian la nombra automáticamente directora de finanzas en su nuevo emprendimiento imaginario. Se caen bien. Han bebido, salido y convivido muchísimo. Ella es muy inteligente, pues tuvo excelentes calificaciones en la universidad. Él también. Se entienden. ¿Qué podría salir mal?

A su amiga no le interesa realmente renunciar a su empleo, pero la idea de este negocio es imaginaria y todos los saben la mayor parte del tiempo, excepto cuando andan borrachos celebrando que ya están cada vez más cerca de lanzar el proyecto. En México un “sí” nunca es “sí”. Y un “me interesa” jamás es compromiso. Aquí preferimos quedar bien y aplaudir sin convicción la idea de alguien a decirle nuestra verdadera opinión. Y contestamos con un “pues vamos viendo”, “hablamos”, “lo revisamos” en lugar de ser claros y negarnos a las propuestas que nos hacen.

En la mafia de Julian, nadie pone al frente su renuncia como primer paso para estar a cargo de todos los detalles que se requieren ejecutar para que la compañía sea una realidad.

En la mafia de Julian, nadie pone al frente el primer cheque sin compromiso para que la compañía sea una realidad.

En la mafia de Julian, nadie escribe de manera clara lo que la compañía va a hacer, la estrategia ni la lista de acciones necesarias para que la empresa sea una realidad.

Todo lo que hacen es hablar de grandes ideas de negocios en el comedor de la corporación donde trabajan y reunirse ocasionalmente para discutir el proyecto. Esto los hace sentir bien. Son de esas cosas que te dan un sentido de avance pero que en realidad no significan nada.

Julian está atrapado en el salario de la gran empresa. Su familia depende de ello. El pago de su auto depende de ello. El pago de su casa. La consola de videojuegos. La ropa de marca. El dinero para sus salidas a buenos lugares.

Julian no ha invertido nada en ir a eventos o cursos de cuestiones que realmente lo empoderarían en negocios. Ir a Asia le daría un entendimiento fantástico de lo que es posible construir en el mundo, pero como nadie en la oficina hace esto, él no lo tiene tampoco en el radar. Tampoco va a cursos en otras ciudades con expertos genuinos porque cree que entiende lo que tiene que hacer y ya está casi todo listo con sus amigos.

No te confundas, querido Julian: pensar que la inteligencia y capacidad que alguien tienen en un empleo es igual a tener inteligencia y capacidad parar ejecutar con éxito en un negocio propio es el peor de los errores.

Si quieres entender esto con una analogía futbolística, piensa en tu amigo del vecindario que es genial jugando fútbol, pero su buen toque no es sinónimo de disciplina, enfoque ni de dureza mental necesaria para ser profesional en la liga profesional.

Julian no sabe nada de esto porque su círculo tampoco. Y su grupo de amigos-colegas lo define. Lo han influenciado al grado que todo lo que no está dentro de ese ecosistema no le interesa, no lo ve, no lo procesa.

Muchos hemos sido Julian.

Levantamos muros de superficialidad a nuestro alrededor. Cosas que nos hacen lucir bien pero que no nos permiten avanzar en los objetivos que verdaderamente valen la pena. Tenemos el uniforme, el título, el salario, la casa, el auto pero no tenemos los fondos, ni la seguridad, ni la audacia, ni las relaciones, ni el entendimiento para crear algo propio.

Julian comienza a ir a bodas de sus compañeros que a los veintiocho años se expresan con tonterías como “ya me estaba quedando” como si estar casado y tener hijos te diera alguna ventaja en un momento en que ni siquiera sabes qué quieres de la vida. Lamentablemente, Julian internaliza estas frases gracias a tantas repeticiones y comienza a pensar pobremente así.

Ojalá Julian tuviera en cuenta primero viajar por el mundo, renunciar, tener varios empleos y tratar de construir sus ideas con una red internacional de amigos, aprendiendo a levantar capital y jugando con reglas de un juego más rico de la vida.

Pero en lugar de eso, ahora pasa su tiempo mordiéndose la uñas pensando que se está “quedando atrás” de todos sus amigos.

Y comienza a planear de forma limitada que tiene que subir de posición en la empresa para ganar más y con ello poder formar una familia. Lo que casi nadie admite para sí mismo es que —a menos que te entrenes en lo opuesto, lo cual casi nadie hace—si ganas más, gastas más.

Julian sube de nivel. Ahora gana treinta y cinco mil pesos al mes. Está al frente de otros ingenieros. Sus responsabilidades crecen por todos lados. La curva de aprendizaje de management es como la montaña más empinada del mundo. Tiene problemas con todos porque la gente siempre resiente a un nuevo jefe. Donde antes era bueno en el aspecto técnico, ahora básicamente tienen que empezar de cero a comprender el aspecto humano. Nadie le avisó lo importante que era esto. Julian quisiera poder regresar a ser un simple ingeniero, pero ya está aquí y es imposible confesarle a alguien de su grupo que está frustrado y no sabe qué hacer. Después de todo, lo consideran inteligente y exitoso, y tal es la imagen que su ego le dice que debe proteger a toda costa.

Su salud empeora.

El dinero alcanza menos.

La calidad de sus relaciones interpersonales disminuye.

Y lleva ya quince años en una empresa a la que pensaba que solo iba a ocupar como un escalón para su emprendimiento.

Julian no puede hablar de esto con nadie porque sigue siendo un ejemplo en su familia. Sus compañeros de la universidad lo admiran. La sociedad lo respeta. Pero Julian no es feliz. Y estando atrapado en este mundo, se da cuenta que los demás a su alrededor tampoco expresan la realidad, nadie la dice en voz alta, mucho menos regresan a compartirlo con los que van a empezar. Esto hace que el ciclo del engaño continue haciendo que lo único que los futuros egresados de clase media baja pueden ver sea el prestigio, el auto, el respeto y el salario ocultando la frustración, mala salud, círculo social limitado, finanzas frágiles y preocupación constante.

No teniendo familiares o amigos que sepan jugar un juego más elevado en la vida, las oportunidades de hackear el asunto parecen nulas: es esto o continuar con la pobreza en la que creciste.

Despierta, querido chico corporativo.


La adicción a un buen salario en la juventud es de las cosas más difíciles de superar. Te hace valorar la certidumbre en tu instante de mayor potencial creador. Más adelante en la vida también puedes construir cosas, claro, pero ten en cuenta que conforme pasan los años, tienes más heridas de guerra en lo profesional y personal. Y la bendición de la juventud es que no habiendo hecho nada, crees que puedes hacerlo todo. Esto es algo que debes aprovechar, Julian.

He hablado con miles de Julianes en la última década. A muchos de ellos les he preguntado cuánto cuesta una casa de dos pisos con tres recámaras en el mejor fraccionamiento de la ciudad y qué precio tiene un boleto de avión redondo desde Ciudad de México a París. No saben estas cosas. Alguien puede decir en defensa de estos chicos que no tienen por qué saberlo dado que no van a comprar una casa en ese instante y lo del viaje lo verán llegado el momento en que lo quieran hacer.

Ese tipo de pensamiento es el que nos impide crear grandes cosas.

Yo sé cuánto vale tener un avión privado.

Sé el precio de rentar uno para un viaje entre las ciudades que más visito.

Conozco el precio de una bella finca en la campiña italiana.

Y no tengo absolutamente nada de ello. Pero tengo los detalles. Es muchísimo más factible que me pueda mover hacia uno de esos puntos en algún momento sabiendo con precisión lo que requieren. Es imposible generar los recursos para ello si no sé ni siquiera de cuánto dinero estamos hablando.

Lo que intento decirle a los Julianes del mundo es que deben ser curiosos y entender el dinero desde una perspectiva clara y ambiciosa. Tu papá, tu maestro, tu jefe, ninguno de ellos sabe de dinero, por mucho que los ames, por mucho que sean inteligentes en aspectos técnicos. El que sabe de dinero tiene un sistema para ello que ha ido perfeccionado. Su riqueza se puede notar de forma sutil. Punto. Es extremadamente raro llegar a la cima de esa colina a través de un trabajo típico. El nivel de vida que admiras de alguien con una buena casa en una buena zona con ayuda doméstica, dos autos, escuelas particulares para los niños, perros, tarjetas de crédito para comer en restaurantes caros y viajes de vacaciones, bueno, nada de eso se paga con un salario de veinte o treinta y cinco mil pesos al mes. No vivas engañado.

El problema es que Julian va descubriendo esto conforme va trabajando más y más duro en lugar de entrenarse en trabajar más inteligentemente.

Julian debe preguntarse qué demonios ha hecho el tipo de menos de cuarenta años que puede estar a diario unas tres horas por la tarde en el gimnasio más caro de la ciudad con aire relajado cuando él no tiene tiempo ni siquiera el fin de semana para poder salir a caminar media hora sin estar preocupado mientras lo hace. A esa persona es a la que debe estudiar para imitar sus pasos, su actitud, sus decisiones, su sistema, sus relaciones.

Julian hace lo contrario a diario y no se da cuenta: estudia al tipo de menos de cuarenta que es su jefe en la oficina, que siempre está estresado, que jamás hace ejercicio, que tiene una vida personal caótica y que si pierde su empleo hoy, está jodido. Lo estudia a diario inconscientemente porque come con él, ríe sus chistes, van al bar juntos y así. Esto es lo que Julian debe combatir a diario: su atención y admiración hacia un punto que no le conviene.

No estoy diciendo que el tipo del gimnasio es buena persona. Tampoco que el de la oficina sea malo. Estoy hablando de ser estratégicos, pragmáticos, entender en qué estamos entrenándonos a diario y hacia dónde nos va a llevar ese entrenamiento en poco tiempo.

Es imposible que te mantengas fitness en modalidad de largo plazo si toda la gente que te rodea no cuida ni su dieta ni su ejercicio. Imposible. Y esto ocurre porque luchar psicológicamente contra ello sostenidamente a diario es una batalla emocional desgastante. Por eso debemos colocarnos en el entorno que nos conviene.

Hay ventajas en tener un buen trabajo en una gran empresa en la juventud. Una de ellas es el fuerte acercamiento que tienes a procedimientos corporativos que puedes aplicar en tu vida profesional en cualquier otro lado o implementar en tu emprendimiento. ¿Sabes? Lo que veo todo el tiempo es que la juventud al iniciar un nuevo empleo conecta enseguida con los que están en su nivel o cerca y usan estas nuevas relaciones profesionales para hacerlas enseguida personales y pasar el tiempo criticando a los que están en lo más alto de la jerarquía.

Mira, cuando piensas que los dueños no saben lo que ocurre en realidad en la empresa, te has activado el modo egocéntrico en lugar del modo aprendiz. Seamos realistas: tú no tienes una empresa como ellos, no tienes experiencia como ellos, no tienes las heridas de guerra que ellos han coleccionado. Apenas tienes dos años en una posición de nivel bajo o intermedio haciendo cosas que honestamente no van a destrozar a la compañía si las dejas de ejecutar. Te conviene más ver el mundo desde la perspectiva de estas personas encumbradas en lugar de estar criticándolas para sentirte más inteligente. Sentirte más inteligente solo ayuda a tu ego y no refleja nada en tu bolsillo.

Piensa que en un servicio de lavado de autos de esos que no tienen sofisticados mecanismos automatizados, las personas que trabajan duro echan agua, aspiran y secan tu vehículo. La persona que toma el riesgo de rentar el lugar, anunciarse y contratar gente es quien trabaja inteligentemente.

Trabaja inteligentemente.

Te aviso que esto no te lo enseñaron en la universidad.

De hecho, casi nadie sabe trabajar inteligentemente. Esto es porque es lo más difícil. Sé que suena contraintuitivo —por no decir estúpido— pero trabajar duro es fácil ya que simplemente se trata de imprimir más energía a algo que no es óptimo.

La persona que trabaja inteligentemente puede a diario estar relajada tres horas en el gimnasio en cualquier momento del día que le apetezca sabiendo que tiene recursos que le dan muchas oportunidades.

Trabajar inteligentemente es muy difícil porque involucra dominar mucho la presión psicológica que sentimos de la masa de gente que no entiende nuestros movimientos. Trabajar inteligentemente nos hace lucir raros y tal vez flojos en un entorno que nos vende la idea de que alguien ocupado y estresado todo el tiempo es productivo.

La persona que trabaja duro no tiene tiempo de salir a caminar ni siquiera media hora sin estar preocupada por todos los pendientes que la agobian.

Si eres joven y tienes un buen trabajo, no le des todo a ese empleo. Sé un pro, sí, y ejecuta genial para la empresa que te da un cheque mes a mes, pero ten varios proyectos andando. Sé diseñador, programador, mesero, encuestador, bailarín, no sé, haz muchas otras cosas fuera de tu horario oficial laboral. Esto te da músculo, energía y visión que pocos generan.

Usa los fines de semana como espacios para acelerar tu ventaja. Que tu weekend no sea weak. Donde otros pasan cada sábado con la misma rutina embrutecedora, tú usas ese espacio para viajar a un lugar que no conocías, para hospedar a extranjeros en tu pequeño depa rentado que te da agilidad para abandonarlo a voluntad y moverte fácil a cualquier lugar del mundo sin compromisos.

El auto y la casa propias son sueños de otros. Tú no quieres esto de joven. Tú no quieres estar atado. Y esto es lo que te haces a ti mismo cuando piensas que estos dos elementos son los objetivos a conseguir teniendo veinticinco años.

“The things you own, end up owning you”, dice Tyler Durden en Fight Club.
Ve a eventos de todo tipo. Paga por ellos. No quieras todo gratis. Siéntete tonto aprendiendo de cuestiones totalmente fuera de tu radar. Tus clases de baile, la escuela de arte, tu club de lectura, la organización en la que haces voluntariado, un equipo deportivo, ten muchos más amigos en lugares así que en tu trabajo.

No tomes como sabiduría lo que alguien que lleva veinte años en una corporación te diga. No te está contando la historia completa. No te va a confesar que quisiera poder escapar de la trampa. Si su vida te gusta porque es un tipo sano, ecuánime, en control, con espacio para muchas actividades personales, con una familia en armonía, con crecimiento espiritual constante, bueno, entonces sí, imítalo. Hay muy pocos de estos en esos entornos.

No te deslumbres con el salario y el reconocimiento profesional de alguien. Es muy poco lo que esto representa con respecto a todo lo que podemos conseguir en la vida. Si te obsesionas con esto, bueno, será lo único que conquistarás. Y varias décadas más adelante, lamentarás no haber desarrollado otros intereses y no haber explorado otras oportunidades.

Necesitamos más gente como Julian, que podrían ser empresarios que levanten a la sociedad. Pero necesitamos explicarles con claridad todo lo que el camino tradicional conlleva para que entiendan bien el juego. Perdemos a muchos chicos de clase media baja académicamente inteligentes que podrían ser grandes emprendedores por no ayudarlos a evitar con cuidado la gran trampa del dinero temprano.

Te quiero, querido Julian.

Te digo todo esto desde una posición difícil.

He estado ahí. En muchos aspectos, sigo ahí.

Podemos quejarnos de la situación en la que estamos.

O podemos trabajar inteligentemente para hackearla.

Requiere que primero te admitas a ti mismo varias cosas incómodas.

Requiere que seas observador y analices bien.

Requiere que tomes decisiones duras.

Requiere que tengas conversaciones difíciles.

Requiere que te aprietes los botones adecuados.

Y que comiences ya.

Ecuanimidad. Enfoque.

Largo plazo.

Sé audaz.

Y selo ahora.

—A.

HABLANDO DE PARADIGMAS

La palabra «convicción» es una de esas a las que solemos asignar un sentido positivo automáticamente. Vemos como algo loable cuando alguien tiene «fuertes convicciones». Creo que esto es un error. La capacidad de ensanchar nuestra mente no llega cerrándonos a nociones exóticas sino coqueteando con ellas.

En palabras más sencillas, te quiero decir que si las creencias que cargas hoy son muy parecidas a las que tenías en tu mente y alma diez años atrás, bueno, lo que eso dice sobre tu nivel de evolución personal es algo que debes analizar muy fuertemente.

Las siguientes ideas son parte fundamental de mi comportamiento en la actualidad. No lo eran para nada una década atrás.


La microfama te da más que las calificaciones.

Defino como «microfama» ese reconocimiento público donde tal vez cinco desconocidos se puedan acercar a ti en un aeropuerto grande, llamarte por tu nombre y pedirte una selfie. No eres el cantante más popular de la televisión, pero tienes algunos seguidores leales. «Eres famosillo», fue la descripción que alguien hizo de mí y creo que el término puede ser intercambiable si te gusta. Sucede que como tú y la mayoría de la gente, me dediqué por casi veinte años a coleccionar buenas calificaciones porque me dijeron que tal era la ruta para convertirme en un ser humano decente. Creo que esta visión del mundo es incompleta. Las buenas calificaciones te pueden regalar una gran confianza personal en tu inteligencia académica y pueden elevar tu autoestima, pero de la misma forma también pueden darte una falsa sensación de seguridad haciéndote pensar que estás listo para el mundo cuando no hay correlación entre lo ejecutado en la escuela versus lo que el mercado demanda en la realidad. En más de diez años de haber lanzado compañías en varias industrias y habiendo hecho tratos en muchas ciudades del mundo, nunca he necesitado mostrar mi boleta de calificaciones. Ha sido mi exposición estratégica y constante en redes sociales lo que me ha abierto puertas, conversaciones, ventas, oportunidades, amistades, viajes e ideas que superan por mucho cualquier esfuerzo institucional de exámenes y certificaciones.


Los videojuegos no son pérdida de tiempo.

Aquí estás, leyendo esto en una pantalla. Esto es un videojuego. Tal vez te cuentas la historia de que estás revisando tu e-mail o que estás leyendo algo para aprender y así, pero evalúa tu comportamiento desapasionadamente como si fueras un antropólogo y verás que estás moviendo tus dedos, haciendo clic, arrastrando cosas, dirigiendo tu vista a ciertos elementos en el dispositivo, obteniendo recompensas de dopamina y cometiendo errores en tu recorrido digital. Internet es el gran videojuego donde a diario miles de millones de personas participamos intentando introducir la combinación de teclazos correctos que nos den como premio un imperio similar al de Elon Musk. Haz tu investigación y sorpréndete de la cantidad de estudios científicos serios que eliminan esa idea de que jugar videojuegos violentos te hace violento. Mi teoría es que las miles de canciones dramáticas que sabes de memoria joden más tu vida.


La universidad importa en unas cinco profesiones.

Estoy de acuerdo contigo en que se necesita un espacio seguro donde cometer errores que en la vida real podrían tener consecuencias mortales. Para eso está la universidad, porque es importante que un ingeniero civil pueda presentar sus diseños a expertos que van a evaluar si sus estructuras son robustas. La universidad no es una institución «buena» de forma predeterminada. Es una organización como cualquier otra, que requiere obtener ganancias, presentar resultados y justificar su utilidad ante la sociedad, por eso se inventa programas a diestra y siniestra. ¿Administración? ¿Comunicación? ¿Hospitalidad? ¿Marketing? Creo que moriré sosteniendo la bandera de que no hay necesidad de pasar cuatro años encerrados intentando convertirse en experto en áreas así cuando la realidad es que aunque son importantes, el contenido es de fácil acceso en línea y la práctica también ejecutándola directamente en el mercado.


Leer varios libros al mismo tiempo.

Ser ordenado está sobrevalorado. Piensa que los primeros en insistirte en que debes ser así somos los papás, que necesitamos combatir el típico caos doméstico que emerge naturalmente de cualquier niño. Ser ordenado en un mundo como hoy es sinónimo de ser lento, aunque suene duro. ¿Quién gana? ¿El tipo que presenta su plan de negocios habiendo hecho la máxima investigación y obtenido la aprobación de todos los expertos después de incorporar las correcciones que cada uno le hace a su idea o el tipo que ejecuta, se equivoca, reflexiona, ejecuta mejor y va avanzando basado en resultados concretos? Esto aplica con los libros. No tienes que terminar uno para darte permiso de leer el siguiente. Mucha gente dice que se van a confundir si leen varios al mismo tiempo. No piensas así con tus amigos, ¿verdad? Jamás exclamas al respecto que no puedes tener varios porque vas a mezclar las pláticas entre ellos. Esto de la lectura de varias obras simultáneamente es igual. No tengas miedo de exigirle malabarismo a tu mente. Le fascina que la empujes a ello. A eso vino.


Los expertos en dinero son muy pocos.

¿Qué es ser experto en dinero? Tener varios años de solidez económica asegurada para ti y tu familia si dejas de trabajar o tus negocios dejan de operar. ¿Cuánta gente así tienes en tu círculo? Así es, no sabes. Puedes pensar que tu amigo con la camioneta último modelo en su garage o tu conocida con la gran casa en el fraccionamiento exclusivo ya están en ese nivel, pero las estadísticas apuntan a que tienen deudas que te sorprenderían. Excepto quienes heredan empresas familiares exitosas, casi todos tenemos que empezar a crear fortunas desde muy abajo. Algunos se confunden y piensan que saber de «educación financiera» es el pináculo del entendimiento del dinero cuando eso es apenas el curso inicial de un cuasi-oculto programa extenso y demandante. Llevo años estudiando el tema y estoy sorprendido de la poca cantidad de gente que tiene en su radar la importancia de lo que yo llamo creación de riqueza transgeneracional. Lo que tu amigo con el salario corporativo más alto te presuma sobre inversiones en la próxima salida en el bar, toma eso y todo lo demás con cautela.


La ridiculez y la incomodidad son grandes herramientas.

Te dicen que el esfuerzo es importante, que trabajes duro, que seas inteligente, que hagas cosas buenas, etcétera. Tal vez sí, algunas de esas cosas importan, pero creo que no tanto como la capacidad de sentirnos ridículos e incluso a pesar de eso poder ejecutar nuestras ideas. Suma a esto la capacidad de meternos con buena actitud a aquello que nos incomoda. Haz un honesto experimento mental de cuántas oportunidades personales y profesionales has perdido en los últimos diez años porque te sentías ridículo o te incomodaban y determina dónde estarías hoy si las hubieses hecho. No te quiebres mucho la cabeza: si agregas estas dos habilidades a tu sistema operativo personal, adquirirás velocidad de escape de esta dimensión. Este es uno de los secretos que más voy a taladrar a mis hijos hasta la tumba. Esos políticos, empresarios, actores y demás altos perfiles, bueno, llegan ahí en gran, gran, gran parte porque dominan esto.


China es el país más exitoso y por mucho.

Mi visión de lo que es posible en este planeta dio un giro de ciento ochenta grados cuando pasé un mes en Asia y sobre todo, en China. Es indescriptible. Es tal el impacto que estoy aprendiendo mandarín, no porque crea que se va a convertir en el estándar global de comunicación sino porque el nivel de filtros que tenemos sobre lo que están haciendo en esas coordenadas nos impide retar la imagen norteamericana que solemos ver como la cúspide de lo que debe ser la civilización. China no es el futuro. China es, bueno, hazte el gran favor de tu vida y ve a ver de lo que hablo.


Te voy a dejar con un posicionamiento gráfico que te invito a que cargues contigo para retar tu pensamiento convencional: esos lindos cerditos que lucen inofensivos, sí, ellos, comen basura, humanos y otros cerditos también —y no necesariamente en ese orden. No dejes jamás a uno de estos animales grandes al lado de un bebé. Alguien también decidió escribir cuentos haciendo a los osos buenos, a los búhos sabios y a las víboras malas. Y no son así. Tenemos estas ideas taladradas desde la cuna. Considera esto un ejemplo infantil de muchos otros paradigmas que jamás retamos.

Los paradigmas son las cosas que lucen normales.

Retarlos es símbolo de tu inteligencia genuina.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

UNIVERSITARIO EXTRAORDINARIO

Estas son algunas acciones poderosísimas a tu alcance si eres universitario nivel clase media hacia abajo en México:

  • Obtén tu visa norteamericana ahora que estás en esta etapa escolar. Evita frustraciones posteriores donde te la niegan por no tener forma de demostrar que no te convertirás en un ilegal más en su territorio. Yo no obtuve este importante documento en su momento lo cual se convirtió en una pequeña pesadilla personal que me acompañó innecesariamente varios años y me impidió acceder a oportunidades en Estados Unidos.
  • Trabaja algunas horas o medio tiempo en empresas grandes como Cinépolis u Oxxo. La idea más allá del dinero es que conozcas procedimientos corporativos, que generes el músculo de balancear tus actividades como todo un pro y que dejes atrás la típica narrativa prima del fracaso donde tus compañeros repiten frases como “es que llevo muchas materias”, “es que este semestre es complicado”, “es que no me da tiempo por las tareas”, lo cual tú y yo sabemos que son meras excusas porque las fiestas, Netflix, los videojuegos, el romance y las salidas, para esos sí existe espacio. Desde la mitad de mis estudios universitarios colaboré en Harmon Hall dando clases de inglés. La madurez y contactos que esto me dio fue invaluable.
  • Asiste a la mayor cantidad posible de congresos estudiantiles fuera de tu ciudad. Aprende a moverte bien en aeropuertos, a conseguir hospedaje, cosas así. Construye la disciplina de disfrutar una larga noche de fiesta, regresar tarde al hotel e incluso así levantarte temprano y con buena actitud para las primeras actividades planeadas del día. Esto sí lo favorecí en mi tiempo universitario y me dio mucha confianza personal.
  • Ve al gym y haz ejercicio sin excusas. Tu cuerpo es una máquina que parece que va a estar en las condiciones prístinas en las que lo sientes ahora pero créeme, te vas a sorprender en lo fácil que cae en mal estado cuando comienzas a trabajar y no tienes la disciplina de cuidarte. Velo así: estás en tus tempranos veintes, te sientes como nuevo porque puedes emborracharte hoy y mañana andar por la vida sin problemas, pero esto no es sostenible ni deseable. Lo segundo es que has vivido poco, por lo tanto no han llegado a ti malas consecuencias reales de cosas que tuviste que haber hecho y no hiciste. Esto lo vas a experimentar mucho más adelante. Créeme: siempre llega. De las cosas que no hice en lo absoluto en mi etapa universitaria fue esto y pagué un precio terrible con mi salud. En retrospectiva, sí pude haber ido a un gimnasio y combinarlo con correr en las pistas del campus de haber tenido la inteligencia de eliminar historias pobres que taladraba en mi ser.
  • Aprende inglés muy bien. Si ya estudiaste un programa y terminaste en alguna escuela, hazlo de nuevo. El día que puedas entender muy bien todas las noticias en CNN, hacer llamadas telefónicas sin problemas y escribir un ensayo con seguridad, bueno, en ese momento tu dominio del idioma está comprobado, mientras tanto, no. Tuve la fortuna la oportunidad de ingresar a la universidad con el inglés ya detrás de mí lo cual expandió mis horizontes. Eso quiero para ti.
  • Deja de imitar a tu círculo cercano. Piensa global. Admira global. Ejecuta global. Tu círculo cercano de amigos están igual o peor de confundidos pero nadie lo va a decir en voz alta. El ego es muy grande para decir “tengo miedo”, “no sé cómo actuar”, “me siento mal habiendo escogido esta carrera” y demás cosas así. Lo que la gente a nuestro alrededor hace es tratar de lucir mucho mejor de lo que realmente está, así que no los tomes como referencia porque casi todo lo que nos muestran es superficial. Si no hay médicos profesionales exitosos en tu árbol genealógico, muchos de los consejos que tu familia pueda darte para esta área no son eso sino opiniones. Tuve la necedad emocional suficiente en mí en aquella etapa para ignorar a muchos a mi alrededor y así fue como me pude aventurar a ideas y relaciones que lucían exóticas en mi nivel socioeconómico.
  • Aprovecha los intercambios académicos disponibles a tu alcance. Vive fuera de casa de papá y mamá. Esto no lo hice y me hizo creer que el mundo era simplemente una ampliación de mi ciudad cuando esto no es el caso. Esta idea es fácilmente atacada con la respuesta de que no hay dinero, que no se puede, para qué, qué necesidad de alejarte de casa, etcétera. Venimos a volar, no a quedarnos en el nido por miedo. Tontamente tardé mucho tiempo en abandonar la casa de mis papás.
  • Invierte dinero todo el tiempo. Hoy en día, abrir una cuenta en GBM, Plus500 u otras apps en esta línea es incluso menos complejo que configurar tu avatar de Fortnite y coordinar la partida vía Discord. Abandona el pensamiento de que invertir es para los profesionales, que es algo para cuando ya ganes mucho dinero, que tienes tiempo. Entre más pronto lo hagas, más te va a amar tu versión futura. Si a los veintes comienzas con esta disciplina de comprar index funds —por ejemplo— y sostienes el asunto sin parar, a los cuarentas no te quiero contar la posición super privilegiada en la que te vas a encontrar. Nunca nadie aventó esto en mi radar y si pudiera regresar el tiempo, es de las cosas que absolutamente favorecería en mi comportamiento juvenil.
  • Medita como si fueras un gurú hindú de setenta años. Nos entrenamos en ser profesionales, responsables, creativos, innovadores, puntuales, estudiosos y demás conceptos que nos suelen poner dinero en la mesa, pero no moldeamos con la misma tenacidad la capacidad de desconectarnos, de abrazar la espiritualidad, de enfocarnos en un pensamiento trascendental. Ésta es de las acciones más poderosas que puedes meter desde hoy a tu cartera personal de habilidades. Este asunto es tan importante que absolutamente todos los políticos, empresarios y celebridades mundialmente relevantes lo hacen. Y todos ellos mencionan esta actividad como vital para su rutina. Si tú la insertas en ti desde ahora, te llevará a niveles altísimos muy rápidamente porque casi nadie sabe posicionar el ruido, el caos de su mundo y su mente en modo controlable.
  • Nada a contracorriente ahora que tienes fuerzas. YOLO es una filosofía que te invita a experimentar las cosas para que no llegues al final de tu vida y te arrepientas. El problema es que mucho YOLO te hace tonto. Combina esto con aprender a pensar. Casi nadie sabe pensar. Creemos que pensamos pero únicamente solemos llegar a la primera causa. Es decir, pensamos que el cigarro causa el cáncer y ya, pero no nos empujamos a pensar qué demonios hace que el cigarro aparezca delante de nosotros. Y así muchos otros ejemplos. Esto de pensar en el efecto del efecto es conocido como pensamiento de segundo orden. Tenlo activo. Tardé tres décadas en comenzar a hacer esto. Tú no seas así.
  • Ten amigos de todos los sabores y colores. No hagas extremadamente fuertes los lazos con tus compañeros de la universidad en el sentido de que vivas para ellos, respires con ellos a tu lado y así. Muchos cometen el tremendo error de ingresar a la uni, hacer un grupo de cinco amigos y a partir de ahí, el resto de los años hacer todo en conjunto con ellos. Van a las mismas clases, hacen todos los proyectos posibles juntos y luego en las noches siguen hablando en WhatsApp como si no hubiesen interactuado de frente en todo el día. Hospeda extranjeros en tu casa con couchsurfing.com, envía e-mails y mensajes de inbox a influencers que admires, paga por ir a eventos solo para conectar con nuevas caras. Cuando alguien que admires te regale tiempo, regálale libros a estas personas para enviar el mensaje de que eres alguien a tener en consideración ya que te comportas de una forma más sofisticada. No supe el valor de un networking amplio hasta que ya me resultó necesario ejecutarlo. No te pongas en esta posición.
  • Aprende a tu ritmo. La mentalidad de borrego en la mayoría de los universitarios es esperar a que un maestro decida abordar un tema o que tal semestre llegue porque ahí hay tal materia en la que por fin van a aprender tal técnica. Caray. Está YouTube, Platzi, Wikipedia, Google, Masterclass, etcétera. Deja de ser pasivo en lo que te interesa aprender. Acelera las cosas y te sorprenderás al ver resultados que otros no se van a poder explicar cómo obtuviste. ¿Sabes? Cuando cultivas la paciencia para esperar a que la institución te explique las cosas a su ritmo, llevas este comportamiento a tus futuros empleos y no te certificas en nada ni viajas a congresos ni compras workshops porque esperas que la empresa cubra todo eso. Esta actitud te deja a merced de los que nos movemos rápido, sin permiso y con sentido de urgencia para resolver las cosas que importan en la vida. Métete a muchos temas. Al momento de redactar esto acabo de inscribirme a un curso de chino mandarín con una maestra de Chile, estoy estudiando técnicas de Edward de Bono para desarrollar habilidades de pensamiento en niños y bueno, estoy todo el tiempo pagando eventos, descargando apps, leyendo tutoriales y viendo videos de todo lo que necesito desbloquear para avanzar en mis objetivos. Esto es de las pocas cosas que me hacen sentir orgulloso decirte que sí hago desde mi época universitaria.
  • Conversa sobre temas interesantes. Esto es difícil si mantienes siempre el mismo círculo de amigos, no porque no puedan ser personas interesantes, pero sí porque la cantidad de notas que pueden intercambiar entre ustedes siempre tendrá un límite natural. Además, su expertise en cualquier área de la vida está inherentemente limitado por la edad. La mejor forma de meterte a conversaciones increíbles para luego poder conectar mejor en tus pláticas con otros es escuchando buenos podcasts como el de Lex Fridman, Joe Rogan y Tim Ferriss. También leyendo libros geniales como los de Yuval Noah Harari, Walter Isaacson y John Brockman. La gente interesante es bienvenida en todos los lugares que importan.
  • Diseña tu vida. Casi nadie hace esto. Lo que ocurre a la gente es que simplemente suben los peldaños que les dicen que son los siguientes: de kínder pasas a primaria, sigue secundaria, después bachillerato, luego la universidad, aquí puedes elegir un posgrado o irte a trabajar directo. A partir de aquí, todo es lo mismo : trabajar muchos años con la esperanza de retirarte algún día en tu vejez. Esto no es un diseño de vida, es un elevador en el cual todo el mundo entra voluntariamente sin considerar siquiera la posibilidad de que hay otras maneras de abordar nuestra existencia. Tardé muchos años posterior a mi egreso de la universidad para ponerme al frente de mi vida. Ha sido doloroso y frustrante porque tuve que iniciar esta travesía desde cero. No esperes —como yo— a ser adulto padre de familia para trazarte objetivos con horizontes ambiciosos. Comienza ya.

Hay un universitario extraordinario en ti. Créetela.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

ODA A LA INTELIGENCIA INTEGRAL

Si eres inteligente académicamente, genial, esto te da una validación social que puedes ocupar a tu favor para muchas cosas. El error que muchos cometemos al tener la ventaja de buenas calificaciones es pensar que somos inteligentes en todo y no es así.

Esto me ha llevado a conocer ingenieros que creen que pueden lanzar negocios solo porque son muy buenos en lo suyo y minimizan otros campos. O médicos que son prestigiados pero que no pueden escalar una compañía porque su ego no les permite admitir que son ignorantes del asunto.

Hay muchos tipos de inteligencia. ¿Has visto gente con problemas para estacionar de forma simple su automóvil? ¿Con problemas para coordinar pasos de baile? Una es inteligencia espacial y la otra kinestésica.

He notado que muchas personas con inteligencia académica se refugian a profundidad en su trinchera intelectual para no exponer las debilidades que tienen en otras áreas. Desde ese nido de seguridad, lanzan ataques contra personas y situaciones que expongan sus limitaciones.

Ahí tienes al taxista que a diario —y gratuitamente— reestructura para sus pasajeros la política nacional. Así también andamos los que vivimos en Facebook y resolvemos todos los problemas del mundo. Explicar nos hace sentir inteligentes, nos deja avanzar emocionalmente. Está bien, pero es limitante. No construyes sólo hablando sino ejecutando. Si tu objetivo es ambicioso, debes ejecutar en varias áreas al mismo tiempo. Esto involucra sentirte tonto en lo que no eres experto. Y si llevas toda la vida sintiéndote orgulloso de los geniales resultados de tus tareas y exámenes en la escuela, es difícil soltar esa sensación positiva para abrazar el caos y vulnerabilidad de un espacio donde no eres reconocido como inteligente —porque ahí todavía no lo eres.

El cerebro reptiliano entonces te va a dictar que los demás son tontos, que tú sabes lo que estás haciendo, que eres inteligente porque obtuviste diplomas y honores hace años en una institución y que eso es lo que importa en la vida.

Inteligencia académica no significa automáticamente inteligencia para la vida. Siempre digo esto porque fue probablemente uno de los shocks más fuertes que recibí en el momento que comencé a ejecutar ideas para alterar mi realidad. Me sentí traicionado y liberado el mismo tiempo.

«¿En qué soy tonto en este momento?», «¿En qué me conviene dejar de ser tonto en este momento?», hazte preguntas en este estilo para domesticar a tu ego que solamente te echa porras que no te sirven para subir de nivel. ¿La prueba real de la inteligencia integral de una personal? Los diferentes aspectos de una buena vida a su alrededor: buena condición física, recursos, amor, planes, cosas así. Evaluar la inteligencia con otros factores está realmente más enfocado en alimentar el ego.

Los buenos amantes no andan por la calle gritando que son buenos amantes. Hacen muy bien lo que tienen que hacer cuando corresponde. Un buen corredor igual. Una persona integralmente inteligente, bueno, esto se nota en muchas dimensiones, no en un reporte institucional. ¿De qué nos sirve sentirnos o decir que somos inteligentes si nuestra vida no nos gusta? ¿Somos realmente inteligentes si no hemos construido aquello que nos gustaría que fuera nuestra realidad? Es mejor aceptar que tenemos mucho trabajo por delante y que nadie lo hará por nosotros.

Hora de volvernos integralmente inteligentes de la mejor forma posible: ejecutando.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

34 NOTAS PARA UNIVERSITARIOS MEXICANOS

  1. Las grandes ofertas de trabajo jamás llegan de la forma que uno espera.
  2. La vida laboral no es una escalera de meritocracia. No asciendes por ser el “más inteligente” o el “más capaz”. Asciendes por eso y muchos otros factores sociales-emocionales. Hasta que no los domines, no podrás acceder a otros niveles.
  3. Las conexiones más importantes para la vida profesional comienzan en la universidad.
  4. La universidad debe ser ante todo tu momento de explotar, de crecer mucho más allá de lo académico.
  5. La universidad es ese momento único de la vida donde te encuentras de forma simultánea en plenitud física, emocional, sexual y mental. Más adelante serás más fuerte, más maduro, mejor amante o estarás más concentrado. Pero ya no podrás ser todas esas cosas al mismo tiempo.
  6. En otras palabras, jamás volverás a ser tan sexy, rápido, listo y soñador como en tu instante universitario. Es tu deber entonces explotar el momento.
  7. Haz cosas. La gente de alto desempeño, la gente genial, no contrata ni se asocia con gente apática.
  8. Viaja.
  9. Jamás lo dudes y siempre pon el buen sexo por delante de un examen o una tarea.
  10. Conoce gente. De todo tipo. Pero conócela bien.
  11. Drógate. Emborráchate.
  12. Discute tonterías. Lee filosofía.
  13. Platica de todo y de nada.
  14. Descúbrete. Piérdete.
  15. Sé rebelde. Sé sabio.
  16. Aprende a ser una persona incómoda. La alternativa es ser un conformista. La alternativa es ser un bien portado que no da lata.
  17. Los bien portados que no dan lata siempre terminan haciendo lo que otros les ordenan.
  18. ¿Y las materias? ¿Y los exámenes? ¿Y lo que los maestros opinen? ¿Y lo que mis papás piensen de mi? Bah.
  19. Tu vida es tuya. No de tus maestros. No de tus papás. Si de todas las voces en tu cabeza prestas más atención a las de otros que a la tuya, mereces futuras piedras en tu camino.
  20. No estoy diciendo que vayas, tomes un fusil y comiences a disparar como tonto sin ninguna razón en especial (o por alguna razón que creas justa). Estoy diciendo que tienes que hacer lo que quieres hacer.
  21. Poca, muy poca gente hace lo que quiere hacer.
  22. Y eso pasa porque nos acostumbran a seguir la ruta que todos recorren.
  23. Ventajas de recorrer la misma ruta que todos los demás: seguridad, compañía y tranquilidad. Nadie te juzga. Nadie voltea a verte.
  24. Cuando recorres rutas distintas encontrarás personas que todo el mundo señala e ideas que la mayoría del mundo teme.
  25. La ruta típica del universitario de clase media en México es salir de la pobreza con un trabajo que pague más de quince mil pesos al mes, comprar un carrito, sacar una casita (sic), formar una familia y trabajar bastante duro para llegar al día de la jubilación y —entonces sí— vivir tranquilo y gozar la vida.
  26. Que eso de “ser feliz” hasta los sesenta y tantos años no vaya nunca con tu estilo.
  27. ¿Qué tal si por un par de minutos dudas de todo lo que consideras correcto?
  28. La vida que todos te dicen que tienes que vivir no es la vida ideal para desarrollar tu máximo potencial. Es fácil entender esto cuando ves que más del cincuenta por ciento de personas de tu círculo inmediato viven estresadas, tienen gastritis, están enfermas de diabetes o sufren la constante angustia de que el dinero no les alcanza. El sistema está jodido porque tu autoestima se va al suelo cuando no cumples a la perfección sus parámetros. Si tus calificaciones no son sobresalientes, si no tienes un trabajo en una gran compañía, si no traes un automóvil de envidia, no vales la pena.
  29. Si no crees en todo lo que te estoy diciendo, sal a la calle más transitada de tu ciudad, ve a la plaza más popular y cuenta el número de personas que van sonriendo, que van relajadas.
  30. Ahora cuenta el número de personas que van con el ceño fruncido, con el gesto adusto, pegados a su celular vociferando instrucciones, escribiendo mensajes dramáticos, corriendo.
  31. ¿Lo ves? The fucking system is broken.
  32. Hay que desarrollar la fortaleza para hacer cosas audaces, no la fortaleza para sufrir. El mejor consejo de Maquiavelo para el príncipe.
  33. Deja de ser el mexicano promedio que ha insertado en su ADN la fortaleza para sufrir a niveles increíbles. Deja de ser el mexicano promedio que prefiere padecer décadas en trabajos de mierda por miedo a perder un salario estable de tres pesos, seguro social de mala calidad y una pensión de risa. Deja de ser el mexicano promedio que vota por un sistema de gobierno ineficiente y anticuado porque la televisión y la radio le indican cada cierto número de años la importancia de la democracia y el deber de los ciudadanos. Deja de ser el mexicano promedio que aplaude ideas tontas y vive en relaciones amorosas imposibles porque “pues ya qué”, “así es la cosa” y “está chido”. Deja de ser el mexicano promedio que usa las frases “la cosa está dura”, “así no se puede”, “el gobierno nos tiene así”, “pues qué se le va a hacer” y “pues ya ni modo”.
  34. Sé audaz. Y selo ahora.