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WEBMASTER EN EL CIBERCAFÉ

Una chica de diecisiete años me preguntó ayer cómo podía comenzar a emprender si no entendía todavía muchas cosas. Curiosamente, comencé con mi primer negocio a esa misma edad, así que le platiqué sobre mi experiencia. 

Eran los años finales de la década de los noventas y la web 1.0 estaba explotando en los círculos nerds a los que me interesaba pertenecer. Había apenas un par de cibercafés en la ciudad. Ahorraba disciplinadamente cada semana para ir a alguno de ellos y sumergirme como poseído en «la supercarretera de la información». 

El concepto de páginas web me fascinó y decidí tener la mía. Busqué tutoriales sobre esas cosas llamadas HTML, CSS, CGI, PHP, servidores Apache y demás. Descargué toda la información que pude en un diskette. Regresé a mi aburrida computadora sin internet en casa y me peleé con el código cada semana hasta poder regresar a la siguiente renta de una hora del cibermundo y subir mis actualizaciones en el servidor. 

En algún punto, algo hizo clic en mí y entendí el valor de lo que acababa de conseguir: aprendí por mi cuenta una habilidad que pocos tenían en ese momento y ahora podía venderla a otros. Me anuncié como webmaster en México en Yahoo! y enseguida llegaron despachos legales, fábricas y otro tipo de empresas a solicitar cotizaciones. Yo no sabía cuánto cobrar. Tampoco sabía negociar. Lo único que sabía era cómo poner lo que sea en línea.

Respondí lo mejor que pude cada uno de aquellos mensajes de arquitectos, licenciados y otros profesionales que me intimidaban. Cerré varios tratos. Me puse manos a la obra.

Luego llegó el problema de cobrar a distancia. No había Paypal. No había cripto. Los dueños de estos negocios no sabían al principio que estaban lidiando con un menor de edad que no tenía cuenta bancaria y que no podía emitirles una factura por sus gastos empresariales. Sin embargo, lo que he entendido con los años, es que la gente que invierte en cosas vanguardistas tiene eso, mentalidad vanguardista, y jamás se dejan derrotar ante obstáculos ridículos como tonterías burocráticas. El interés de mis clientes por conquistar la red mundial era más grande que poder deducir fiscalmente ese gasto. Supongo que —al fin empresarios— proyectaron algo de ellos en mí cuando se enteraron que su «experto» era yo, un mero chamaco pre-universitario con actitud positiva y hambre de hacer cosas.

Le dije a la chica que esto es exactamente lo que tiene que empezar haciendo: una evaluación de cuáles servicios puede ofrecer a otros. Por su edad, le recomendé que diera clases de física, química y matemáticas a niños de primaria y secundaria. Y aquí viene otro punto: mucha gente podría ofrecer sus servicios en muchos de estos temas pero no lo hacen porque están atrapados en la mentalidad de querer ser «expertos» para poder salir a la calle a vender sus habilidades.

Ya eres experto en muchas cosas. El problema es que no te ves a ti mismo así. Piensas en un «experto» como alguien casi al nivel de Dios. No hagas eso. Un experto es simplemente aquel que sabe un poco más que las personas a las que va a servir.

A ver, probablemente si me comparo contigo —querido lector— yo soy experto en negocios. Esto no significa que soy el mayor experto de negocios de la historia de la humanidad, ni que soy el experto global por encima de todos, para nada. Es simplemente que mi larga ejecución en esta arena me ha dado conocimientos y habilidades que tú todavía no has recorrido. Eso es todo. También soy un experto del gimnasio si jamás has estado formalmente en uno. Y eso no significa que mi cuerpo es de envidia o que soy el más fuerte de todos.

Un joven de quinto semestre de contabilidad en la universidad es —comparado conmigo— un experto en esa área. El chico no vende su expertise porque no se la cree. Vive comparándose con sus maestros, con los que tienen despachos, con los que han estudiado media docena de posgrados, con los que son los ninja-master-sensei de su especialidad. Bajo esa luz, sí, claro, el chico es una pulga técnica e intelectual, pero para muchos como yo podría ser un faro de luz si un día decide exponerse creando videos entretenidos y didácticos.

Calibra la audiencia a la que puedes servir. Este es el secreto.

Vender tu tiempo a cambio de dinero no es una actividad sostenible a largo plazo, pero si tienes diecisiete años o estás en una situación financiera complicada, soluciona con esta técnica de ser experta para la audiencia adecuada. Conforme adquieras más confianza en ti misma, desarrolla productos —de preferencia digitales— y desde ahí sigue aprendiendo cómo automatizar y hacer más y mejor las cosas en negocios.

Evita lo siguiente:

Pon atención:

Asegúrate de entender esto:

Si estás buscando tener todo claro en tu mente para lanzar tu idea de negocios, estás haciendo mal las cosas. Esto solo te da una falsa sensación de seguridad. Si un error tremendo he cometido y visto en muchos ejemplos cercanos, es creer que tu modelo de negocios debe ser totalmente claro para poder comenzar y que así se mantendrá.

Necesitas muchísima flexibilidad mental y emocional durante bastante tiempo al inicio de tu emprendimiento para estabilizarlo. Tu negocio cuando nace es como un globo lleno de aire al que sueltas sin haberlo amarrado en el extremo y termina volando descontroladamente por toda la habitación: es imposible determinar cuál ruta tomará o dónde caerá. 

Una idea fija desde el inicio es lo peor que puedes albergar en tu mentalidad. Esto te quebrará cuando veas que al mercado tu idealismo, tus estudios, tus relaciones, tu capital, tu entusiasmo, tu atractivo y demás no le importan en lo absoluto. El mercado demanda que te adaptes rápidamente y con buena actitud para dignarse a regalarte alguna oportunidad.

Si hubiese competido en uno de esos concursos de emprendimiento con mi modelo de negocios para vender páginas web a finales de los noventas, probablemente habría perdido, me habría desmotivado y los jueces me habrían fusilado por no tener claro cómo iba a cobrar a los clientes y no contar con la capacidad fiscal para emitir facturas a esas empresas que eran parte de mi estrategia. Al no discutir mi idea con nadie y simplemente lanzarla e ir resolviendo cada problema durante la marcha, aprendí, avance y vendí mucho más de lo que un análisis «perfecto» me habría permitido.

Ventajas de esos concursos de emprendimiento: te conectan con gente entusiasta, conoces otras ideas. Desventaja: te hacen adicto a necesitar que otros te den su bendición intelectual/emocional para lanzar tus ideas. Vive libre de esto tanto como puedas. Es genial cuando lo dominas.

Y. Resuelve. Los. Malditos. Problemas. De. Tu. Emprendimiento. Sobre. La. Marcha.

No estoy diciendo que esta actitud de «no analices tu idea» sea adecuada para todo escenario.

Estoy diciendo que si tienes diecisiete años, simplemente comiences a ofrecer tus soluciones ya.

Estoy seguro que más de un emprendedor se puede beneficiar en grande con mi consejo de no poner tanto énfasis en una planeación exagerada, que al final del día es en realidad un modo de esconder el miedo de enfrentarse a la realidad. 

No existen líneas rectas en absolutamente ninguno de los caminos del emprendimiento. 

Get started. Now.

Sin pena.

Cero dramas.

Ecuanimidad. Enfoque.

La gloria está en el largo plazo.

Disciplina emocional.

Dureza mental.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

Si esto te gustó, suscríbete gratis a mi newsletter. Te va a encantar.

ALGUNOS DIOSES SE BURLARÁN

Recuerda que eres experto en algo.

Experto no significa obligatoriamente que eres el que más sabe del tema a nivel mundial, pero sí que tu entendimiento de un tema está por encima del promedio.

Yo soy experto en negocios, marca personal, redacción, tecnología, parenting y cosas así.

Sin embargo, existen millones de personas que ejecutan todas esas actividades mucho mejor que yo. Para ellos, no soy experto. Y está bien, pues no son la audiencia a la que debo servir.

El error de muchos expertos es que no le dan el valor a lo que saben. Creen que su conocimiento es algo obvio para casi todo el mundo. Esto ocurre porque —ejemplo— como plomeros viven en una burbuja donde conocen a otros plomeros y se comparan entre ellos en cantidad de clientes, reputación y así. Uno tiene más herramientas. El otro atiende una mejor zona de la ciudad. Aquel lleva cinco años más haciendo esto. Para alguien inútil como yo —que no sé nada del asunto— cualquier plomero es una fuente de sabiduría práctica casi infinita.

Otro error del experto que ya comenzó a creer en sí mismo, es querer cobrar rápida y desmedidamente por todo su conocimiento. Venimos de una época donde sí, el acceso a la información era algo premium y escaso. Hoy probablemente hay más tutoriales gratuitos en el universo que granos de arena.

El experto de hoy debe validarse públicamente exponiendo su técnica y dominio de la situación. Si abres tu cuenta en alguna red social y en tu descripción dices que eres “plomero”, absolutamente nadie te va a contactar. ¿Sabes? La gente quiere a alguien que 1) haya sido validado por sus amigos o 2) por las redes sociales, así que o construyes un prestigio increíble a nivel local —lo cual es lento y limitado— o desarrollas una marca personal donde demuestras lo que sabes hacer y te posicionas como una autoridad en la materia a la cual es un privilegio poder contratar.

Piensa en qué eres experto.

Quítate esa tontería de ruido mental que te dice que eres muy joven o muy viejo para hacer esto.

Ahora determina qué podrías explicarle al mundo a diario.

Ataca esas ideas de que “es que hablar de esto y aquello es muy básico”, “ya todo el mundo sabe eso”, “a nadie le va a interesar”, etcétera.

A veces como experto tienes que repetir aquello que para ti ya es aburrido pero que para la audiencia a la que estás sirviendo es bastante relevante. Tal es el trabajo y hay que ejecutarlo.

Un experto tampoco es necesariamente alguien que domina todo lo de su campo. Velo así: ¿sabes conducir? La respuesta solo es “sí” o “no”. No te pones a decir “bueno, sí, pero no podría con un automóvil de F1 o con un autobús de pasajeros”. Es decir, en esta respuesta prácticamente nunca nos ponemos a hablar de las fronteras de nuestra habilidad, simplemente observamos que sí, tenemos un auto, nos subimos a diario a él y lo operamos con precisión. Esto nos hace experto para todos los que no se siente cómodos con esta acción, que son muchas personas, créeme. Para declararte experto conduciendo, no metes a la discusión todas las limitantes que obviamente tienes en situaciones más avanzadas de la conducción de vehículos. Eso mismo haz en las otras áreas en las que eres experto.

Si eres un recién graduado de leyes, ya eres experto en el tema. Claro, te faltan posgrados, actualizaciones y exposición profesional intensa, pero ya sabes mucho más que yo y millones de personas. Ya puedes tener un canal de YouTube explicando cosas. Ya puedes escribir artículos en LinkedIn. Ya puedes debatir en Twitter. Obviamente eres nada para los dioses del derecho, pero no es a ellos a quienes estás intentando servir.

Algunos de esos dioses se van a burlar de lo que estás haciendo.

Algunos de esos dioses se van a ofender por lo que estás haciendo.

Entiende que declararte experto y actuar así en internet es una bofetada emocional para aquellos que todavía tenemos instalada una visión de la vieja guardia sobre cómo deben ser las cosas en este mundo que ya cambió pero que nos resistimos a aceptar.

Esto es lo que vas a hacer a diario: explicar cosas, las más básicas, lo harás con amor, con detalle, con la paciencia de un artesano que sabe que sus notas terminarán en manos desconocidas.

Ese contenido generará interés.

Ese interés generará acercamientos.

Esos acercamientos generarán conversaciones.

Esas conversaciones generarán prospectos.

Esos prospectos generarán ventas.

Esas ventas generarán confianza en ti.

Esa confianza en ti generará nuevo contenido.

Y reinicias el ciclo.

Yo te enseño a construir un negocio como todo un pro.

Yo te enseño también a desarrollar tu marca personal.

El juego de los profesionales de la vieja guardia era egresar de la universidad y con esa credencial en la mano, rezar para obtener oportunidades.

El juego de los profesionales de vanguardia es trabajar a diario de forma visible para que su prestigio y reputación crezcan y con ello lleguen constantemente oportunidades concretas a su puerta digital.

Si estás listo para ser un profesional de vanguardia, te veo dentro de mis cursos que inician a principios de Septiembre. Te van a encantar.

Envía ya aquí un mensaje de WhatsApp para recibir info de precios, fechas, promociones y demás.

Actúa con determinación, con rapidez, con precisión. Como todo un pro.

Deja de ver el juego desde la tribuna y métete a la cancha.

Sin pena.

Cero dramas.

Enfoque. Ecuanimidad.

La gloria está en el largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

P.D. 1: Recuerda que tu marca personal es aquello que la gente dice de ti cuando no estás con ellos en la conversación.

P.D. 2: Si esto te gustó, suscríbete gratis a mi newsletter. Te va a encantar.

#1 EN TU CIUDAD

Platiqué antier con un empresario que tiene un negocio de grúas. El hack que utilizó para convertirse en el #1 de su ciudad fue extremadamente simple: comprar anuncios en Google.

Yo sé que no es tu caso porque eres una persona curiosa y te insertas con buen ánimo en las nuevas tecnologías que te pueden dar posición de ventaja, pero es mi deber informarte que estamos en el año 2022 y muchísimos emprendedores siguen pagando métodos anticuados como publicidad en la revista local impresa y cosas así.

Mi amigo es mecánico. Él no configura nada en la plataforma de Google Ads. Pidió a las chicas que administran sus redes sociales que lo hicieran. No sabían. Le ofrecieron mejor anuncios en Instagram. Él insistió en su visión. Y esa necedad es lo que hoy en día más ha impulsado su negocio.

Nota filosófica: si tú sabes lo que necesitas, no dejes que alguien que no tiene tu mismo nivel de carne en el asador/skin in the game trate de convencerte de ir por otra avenida. Cada quien empuja usualmente primero lo que le conviene a sí mismo. Casi nadie está pensando en los procesos que te convienen al máximo a ti. That’s your job. Ese es tu trabajo constante.

Lo siguiente no es exageración: Google paga miles y miles de millones de dólares anuales a Apple en un acuerdo exclusivo que ambas han tenido por años por el derecho a ser el mecanismo de búsqueda predeterminado en Safari, iPhone, Mac y etcétera. ¿Y Android? Bueno, Google lo compró por algo. A lo que voy es que toda la humanidad viviente anda como loca haciendo consultas diarias mayoritariamente en alguno de estos dos sistemas operativos. Absolutamente nadie más tiene este nivel de penetración para llegar a un mercado hambriento de soluciones prácticas y rápidas. No one, baby.

No dejes que un chavito entusiasta del marketing digital intente convencerte que es mejor una campaña en instagram para vender tus servicios dentales, por ejemplo. Cada quien va a querer ofrecerte aquello que domina, con lo que se siente cómodo. La razón por la que te quieren empujar típicamente este tipo de ideas es porque la interfaz para poner anuncios en redes sociales es mucho más amigable que la de Google, la cual tiene una curva de aprendizaje empinada, por decirlo amablemente.

No estoy diciendo que tu anuncio con fotito en Twitter o LinkedIn no va a funcionar. Por algo son los monstruos que son. Te estoy diciendo que ni tú ni yo vamos a guardar el contacto de un anuncio random de servicio dental o de grúas que nos aparece mientras estamos viendo videos divertidos o leyendo los chismes de nuestros amigos.

Si aquello con lo que pones pan en la mesa entra en la categoría de ser una solución práctica en la que los clientes requieren pagar al momento, te conviene más pensar en anuncios de Google. Velo así: quien hace la búsqueda específica de una grúa o un dentista, muy seguramente ya tiene una altísima intención de compra, a diferencia del que se topa con tu videito patrocinado bien bonito en TikTok pero no está para nada interesado en este momento en lo que ofreces.

Te conviene simplemente entender a nivel conceptual este modelo y pedir ayuda a tu equipo para que lo ejecuten.

Tienes poco presupuesto de marketing. Y poco tiempo para hacer que las cosas funcionen con tu emprendimiento. No vivas a expensas de las tendencias que alguien intenta meter en tu garganta. No necesitas diseñar desde hoy «tu presencia en el metaverso para ganar posicionamiento», ni usar el nuevo filtro para hacer más divertidos tus ads en la que sea la red social de moda. Google —a pesar de ser un abuelo en la industria tecnológica— es una apuesta fuerte. Deja de ver esto de meterle billetes como algo exótico y sumérgete con confianza a este tipo de ejecución. Además, por favor, sabes perfectamente que has perdido más en esas soluciones de marketing de la vieja escuela que has usado.

Mi amigo Nico Maslo —experto en esta área— dice que el marketing digital no existe, que sólo existe el marketing. Estoy de acuerdo. Tal vez hoy no piensas en ti como un usuario de alta tecnología, pero eso es lo que eres al estar leyendo mis ideas en este formato. Cambia tu narrativa interna. Suelta el peso de cargar con sistemas obsoletos que ya pasaron a la historia.

Espero de corazón que pronto te vuelvas el #1 de tu ciudad.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

REGRESA ILUMINADO

Ve a eventos no gratuitos fuera de tu ciudad. Esto te hace ganar en grande:

  • Salir de tu geografía te da visión.
  • Escuchar otras personas te da ideas.
  • Conseguir recursos para ir genera músculo.

Cuando queremos que todo ocurra en nuestras coordenadas, nos limitamos a la suerte de lo que el mundo nos pueda ofrecer. Muchos minimizan la importancia de asistir a eventos presenciales. Dicen cosas como «esos temas los puedes ver en YouTube». Sí, pero no. Jamás va a ser lo mismo ver un video de una hora acostado en tu sofá que estar bañado, bien vestido y perfumado en un auditorio al lado de personas con la misma curiosidad que tú para escuchar la presentación de alguien que te va a lanzar en directo su energía desde el escenario.

Cuando viajamos a alguna metrópolis que no conocemos bien para participar en un evento nuestros sentidos se agudizan. Procesamos la información del entorno de forma muy diferente. Registramos los movimientos de la gente de manera fina. Esto es porque estamos en estado de alerta.

La gente es la misma en todo el mundo: tenemos miedos, sueños, necesitamos comer, dormir y así. El hecho de posicionarnos en lugares distantes nos hace aprender aceleradamente: nuestra mente y cuerpo absorben todo con mayor precisión. La tecnología todavía no nos puede dar esto.

Si algo me sigue sorprendiendo en la vida es cuando labios nuevos me repiten ideas viejas. Así las abordo con bríos renovados. Mucho de lo que vas a «aprender» en estos eventos realmente no es nuevo, pero el contexto —al ser muy diferente a tu rutina— hace que el mensaje sea más poderoso.

El precio de un evento es un filtro. Decir que tus finanzas no te permiten pagar un ticket te entrena en seguir en ese nivel social y mental. Empuja tu realidad a lo que te conviene. Ir solamente a eventos gratuitos te rodea de gente que refuerza tu historia de «no se puede».

Ver la Champions League en casa jamás será lo mismo a estar en un estadio de Europa entonando cánticos con otros en tu frecuencia de entusiasmo. Querer aprender ventas, marketing, emprendimiento y demás nada más sentado pasivamente frente a tu monitor es altamente limitante.

Si no tienes el dinero para pagar un autobús o avión, reservar un Airbnb u hotel y comprar tu pase de admisión a un evento que sabes que te puede volar la cabeza, bien, aquí es donde comienza tu aventura, en este reto personal de generar los recursos.

Si solo quieres asistir cuando tengas dinero, cuando tengas permiso, cuando todas las estrellas correctas del universo estén alineadas, te aviso que lamentablemente ese comportamiento lo llevarás a muchas otras áreas importantes en tu vida y no te dejará avanzar.

Nuestras experiencias tenemos que hacerlas avanzar nosotros, no esperar condiciones ideales. Esto de que salgas de tu código postal hacia un evento pagado no es una invitación que te hago por estar aburrido: es porque si la ejecutas, desarrolla en ti varios músculos estratégicos.

Ten el músculo de considerar cualquier parte del mundo como un lugar al que puedes llegar.

Ten el músculo de mezclarte entre gente que no conoces y salir de ahí con conversaciones nuevas.

Ten el músculo de estar solo en lugares exóticos y usar esto como espacio para meditar.

Escoge una ciudad grande. Escoge un tema sobre el que quieras aprender. Ve a Google, Eventbrite y Facebook y escribe el nombre del lugar y la idea que quieres aprender y ve qué te aparece. «Ciudad de México, inteligencia artificial, evento», por ejemplo. Si lo haces en inglés, muchísimo mejor.

Ya tienes fecha y precio. Ahora diseña el plan. Ve a Google Travel y busca hotel, vuelos, elabora el presupuesto. Ejecuta pasos que de entrada te parezcan exóticos o imposibles. Los problemas grandes se resuelven con ataques pequeños, no con una pincelada de solución mágica.

No pidas cosas. Ofrece cosas. «Jefe, voy a salir de viaje en tales fechas. Faltan diez semanas. Me gustaría reponer desde ahora el tiempo de esta manera (muestras calendario). También podría venir en fines de semana, ¿cómo podemos acomodarnos?». Haz difícil al otro lado negarse.

El error que he visto en muchos a lo largo de los años de plantear esta idea es que inmediatamente piensan en las razones prácticas por las cuales no es posible. Y tienen razón. El dinero. El tiempo. Los niños. El trabajo. Claro. Pero absolutamente todo eso es solucionable.

Velo así: muchísima gente viaja y va a eventos todo el tiempo. Que hoy para ti esto sea algo raro significa simplemente que tu nivel así te ha entrenado a ver el asunto, pero no es la realidad. Eres tú, no el mundo, por lo tanto, ya se han inventando muchas soluciones a esas excusas que pones.

Para el dinero, comienza a vender tus ideas o tu tiempo o tus habilidades en línea. Lánzate a hacer marketing de ti sin pena. Da clases extras a niños de primaria. Ayuda a algún profesional con su papeleo. Anuncia esta disposición en tus redes. A diario. Insiste.

Para el tiempo, haz un inventario de lo que podrías dejar de hacer, lo que puedes ejecutar más rápido y consigue así más horas en el día a través de la magia de organizarte como todo un pro.

Los niños. Sí. Esto es complicado. Imagina que los envías a un fantástico campamento de verano fuera de la ciudad por un mes. Con esto quiero ilustrar que sí los puedes soltar. Encuentra familiares y amigos para hacer trueques donde hoy cuiden a tus hijos y a cambio en otra ocasión tú los apoyas igual.

Del trabajo ya te dije cómo. No es pedir permiso, es negociar. Es llegar con variedad de soluciones para que la conversación no sea un «sí o no» sino «escoge opción A, B, C o diseñamos otra tú y yo, pero esto va a pasar».

He hecho esto de ir a eventos de todo tipo durante dos décadas. Es una de las actividades que más ha hecho explotar mi cabeza. Regreso iluminado, luego no tanto por el evento en sí sino por la experiencia de rodearme de personas que están ejecutando a niveles que admiro.

Mi confianza personal y profesional crece entre más me mezclo con otros pros. Aprendo de comida, bebidas, lugares y hacks de vida de otras personas que son curiosas y también se mueven para conectar en este tipo de eventos diseñados ex profeso.

Cuando tienes que negociar con un taxista en otro idioma, resolver en tiempo real un problema con tu reservación de hotel en otro país, cruzar un estricto control de aduanas, bueno, al regresar los retos de tu vida normal no lucen lo grandes que parecían antes de salir.

Ve a eventos pagados en lugares cada vez más lejanos. Este es un gran hack para conectar con gente interesante, escuchar ideas que luego tardan meses en aparecer aquí y tomar el pulso de cómo piensan y se mueven aquellos que están en los niveles que te interesa conquistar.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.