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HABLANDO DE PARADIGMAS

La palabra «convicción» es una de esas a las que solemos asignar un sentido positivo automáticamente. Vemos como algo loable cuando alguien tiene «fuertes convicciones». Creo que esto es un error. La capacidad de ensanchar nuestra mente no llega cerrándonos a nociones exóticas sino coqueteando con ellas.

En palabras más sencillas, te quiero decir que si las creencias que cargas hoy son muy parecidas a las que tenías en tu mente y alma diez años atrás, bueno, lo que eso dice sobre tu nivel de evolución personal es algo que debes analizar muy fuertemente.

Las siguientes ideas son parte fundamental de mi comportamiento en la actualidad. No lo eran para nada una década atrás.


La microfama te da más que las calificaciones.

Defino como «microfama» ese reconocimiento público donde tal vez cinco desconocidos se puedan acercar a ti en un aeropuerto grande, llamarte por tu nombre y pedirte una selfie. No eres el cantante más popular de la televisión, pero tienes algunos seguidores leales. «Eres famosillo», fue la descripción que alguien hizo de mí y creo que el término puede ser intercambiable si te gusta. Sucede que como tú y la mayoría de la gente, me dediqué por casi veinte años a coleccionar buenas calificaciones porque me dijeron que tal era la ruta para convertirme en un ser humano decente. Creo que esta visión del mundo es incompleta. Las buenas calificaciones te pueden regalar una gran confianza personal en tu inteligencia académica y pueden elevar tu autoestima, pero de la misma forma también pueden darte una falsa sensación de seguridad haciéndote pensar que estás listo para el mundo cuando no hay correlación entre lo ejecutado en la escuela versus lo que el mercado demanda en la realidad. En más de diez años de haber lanzado compañías en varias industrias y habiendo hecho tratos en muchas ciudades del mundo, nunca he necesitado mostrar mi boleta de calificaciones. Ha sido mi exposición estratégica y constante en redes sociales lo que me ha abierto puertas, conversaciones, ventas, oportunidades, amistades, viajes e ideas que superan por mucho cualquier esfuerzo institucional de exámenes y certificaciones.


Los videojuegos no son pérdida de tiempo.

Aquí estás, leyendo esto en una pantalla. Esto es un videojuego. Tal vez te cuentas la historia de que estás revisando tu e-mail o que estás leyendo algo para aprender y así, pero evalúa tu comportamiento desapasionadamente como si fueras un antropólogo y verás que estás moviendo tus dedos, haciendo clic, arrastrando cosas, dirigiendo tu vista a ciertos elementos en el dispositivo, obteniendo recompensas de dopamina y cometiendo errores en tu recorrido digital. Internet es el gran videojuego donde a diario miles de millones de personas participamos intentando introducir la combinación de teclazos correctos que nos den como premio un imperio similar al de Elon Musk. Haz tu investigación y sorpréndete de la cantidad de estudios científicos serios que eliminan esa idea de que jugar videojuegos violentos te hace violento. Mi teoría es que las miles de canciones dramáticas que sabes de memoria joden más tu vida.


La universidad importa en unas cinco profesiones.

Estoy de acuerdo contigo en que se necesita un espacio seguro donde cometer errores que en la vida real podrían tener consecuencias mortales. Para eso está la universidad, porque es importante que un ingeniero civil pueda presentar sus diseños a expertos que van a evaluar si sus estructuras son robustas. La universidad no es una institución «buena» de forma predeterminada. Es una organización como cualquier otra, que requiere obtener ganancias, presentar resultados y justificar su utilidad ante la sociedad, por eso se inventa programas a diestra y siniestra. ¿Administración? ¿Comunicación? ¿Hospitalidad? ¿Marketing? Creo que moriré sosteniendo la bandera de que no hay necesidad de pasar cuatro años encerrados intentando convertirse en experto en áreas así cuando la realidad es que aunque son importantes, el contenido es de fácil acceso en línea y la práctica también ejecutándola directamente en el mercado.


Leer varios libros al mismo tiempo.

Ser ordenado está sobrevalorado. Piensa que los primeros en insistirte en que debes ser así somos los papás, que necesitamos combatir el típico caos doméstico que emerge naturalmente de cualquier niño. Ser ordenado en un mundo como hoy es sinónimo de ser lento, aunque suene duro. ¿Quién gana? ¿El tipo que presenta su plan de negocios habiendo hecho la máxima investigación y obtenido la aprobación de todos los expertos después de incorporar las correcciones que cada uno le hace a su idea o el tipo que ejecuta, se equivoca, reflexiona, ejecuta mejor y va avanzando basado en resultados concretos? Esto aplica con los libros. No tienes que terminar uno para darte permiso de leer el siguiente. Mucha gente dice que se van a confundir si leen varios al mismo tiempo. No piensas así con tus amigos, ¿verdad? Jamás exclamas al respecto que no puedes tener varios porque vas a mezclar las pláticas entre ellos. Esto de la lectura de varias obras simultáneamente es igual. No tengas miedo de exigirle malabarismo a tu mente. Le fascina que la empujes a ello. A eso vino.


Los expertos en dinero son muy pocos.

¿Qué es ser experto en dinero? Tener varios años de solidez económica asegurada para ti y tu familia si dejas de trabajar o tus negocios dejan de operar. ¿Cuánta gente así tienes en tu círculo? Así es, no sabes. Puedes pensar que tu amigo con la camioneta último modelo en su garage o tu conocida con la gran casa en el fraccionamiento exclusivo ya están en ese nivel, pero las estadísticas apuntan a que tienen deudas que te sorprenderían. Excepto quienes heredan empresas familiares exitosas, casi todos tenemos que empezar a crear fortunas desde muy abajo. Algunos se confunden y piensan que saber de «educación financiera» es el pináculo del entendimiento del dinero cuando eso es apenas el curso inicial de un cuasi-oculto programa extenso y demandante. Llevo años estudiando el tema y estoy sorprendido de la poca cantidad de gente que tiene en su radar la importancia de lo que yo llamo creación de riqueza transgeneracional. Lo que tu amigo con el salario corporativo más alto te presuma sobre inversiones en la próxima salida en el bar, toma eso y todo lo demás con cautela.


La ridiculez y la incomodidad son grandes herramientas.

Te dicen que el esfuerzo es importante, que trabajes duro, que seas inteligente, que hagas cosas buenas, etcétera. Tal vez sí, algunas de esas cosas importan, pero creo que no tanto como la capacidad de sentirnos ridículos e incluso a pesar de eso poder ejecutar nuestras ideas. Suma a esto la capacidad de meternos con buena actitud a aquello que nos incomoda. Haz un honesto experimento mental de cuántas oportunidades personales y profesionales has perdido en los últimos diez años porque te sentías ridículo o te incomodaban y determina dónde estarías hoy si las hubieses hecho. No te quiebres mucho la cabeza: si agregas estas dos habilidades a tu sistema operativo personal, adquirirás velocidad de escape de esta dimensión. Este es uno de los secretos que más voy a taladrar a mis hijos hasta la tumba. Esos políticos, empresarios, actores y demás altos perfiles, bueno, llegan ahí en gran, gran, gran parte porque dominan esto.


China es el país más exitoso y por mucho.

Mi visión de lo que es posible en este planeta dio un giro de ciento ochenta grados cuando pasé un mes en Asia y sobre todo, en China. Es indescriptible. Es tal el impacto que estoy aprendiendo mandarín, no porque crea que se va a convertir en el estándar global de comunicación sino porque el nivel de filtros que tenemos sobre lo que están haciendo en esas coordenadas nos impide retar la imagen norteamericana que solemos ver como la cúspide de lo que debe ser la civilización. China no es el futuro. China es, bueno, hazte el gran favor de tu vida y ve a ver de lo que hablo.


Te voy a dejar con un posicionamiento gráfico que te invito a que cargues contigo para retar tu pensamiento convencional: esos lindos cerditos que lucen inofensivos, sí, ellos, comen basura, humanos y otros cerditos también —y no necesariamente en ese orden. No dejes jamás a uno de estos animales grandes al lado de un bebé. Alguien también decidió escribir cuentos haciendo a los osos buenos, a los búhos sabios y a las víboras malas. Y no son así. Tenemos estas ideas taladradas desde la cuna. Considera esto un ejemplo infantil de muchos otros paradigmas que jamás retamos.

Los paradigmas son las cosas que lucen normales.

Retarlos es símbolo de tu inteligencia genuina.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.

REGRESA ILUMINADO

Ve a eventos no gratuitos fuera de tu ciudad. Esto te hace ganar en grande:

  • Salir de tu geografía te da visión.
  • Escuchar otras personas te da ideas.
  • Conseguir recursos para ir genera músculo.

Cuando queremos que todo ocurra en nuestras coordenadas, nos limitamos a la suerte de lo que el mundo nos pueda ofrecer. Muchos minimizan la importancia de asistir a eventos presenciales. Dicen cosas como «esos temas los puedes ver en YouTube». Sí, pero no. Jamás va a ser lo mismo ver un video de una hora acostado en tu sofá que estar bañado, bien vestido y perfumado en un auditorio al lado de personas con la misma curiosidad que tú para escuchar la presentación de alguien que te va a lanzar en directo su energía desde el escenario.

Cuando viajamos a alguna metrópolis que no conocemos bien para participar en un evento nuestros sentidos se agudizan. Procesamos la información del entorno de forma muy diferente. Registramos los movimientos de la gente de manera fina. Esto es porque estamos en estado de alerta.

La gente es la misma en todo el mundo: tenemos miedos, sueños, necesitamos comer, dormir y así. El hecho de posicionarnos en lugares distantes nos hace aprender aceleradamente: nuestra mente y cuerpo absorben todo con mayor precisión. La tecnología todavía no nos puede dar esto.

Si algo me sigue sorprendiendo en la vida es cuando labios nuevos me repiten ideas viejas. Así las abordo con bríos renovados. Mucho de lo que vas a «aprender» en estos eventos realmente no es nuevo, pero el contexto —al ser muy diferente a tu rutina— hace que el mensaje sea más poderoso.

El precio de un evento es un filtro. Decir que tus finanzas no te permiten pagar un ticket te entrena en seguir en ese nivel social y mental. Empuja tu realidad a lo que te conviene. Ir solamente a eventos gratuitos te rodea de gente que refuerza tu historia de «no se puede».

Ver la Champions League en casa jamás será lo mismo a estar en un estadio de Europa entonando cánticos con otros en tu frecuencia de entusiasmo. Querer aprender ventas, marketing, emprendimiento y demás nada más sentado pasivamente frente a tu monitor es altamente limitante.

Si no tienes el dinero para pagar un autobús o avión, reservar un Airbnb u hotel y comprar tu pase de admisión a un evento que sabes que te puede volar la cabeza, bien, aquí es donde comienza tu aventura, en este reto personal de generar los recursos.

Si solo quieres asistir cuando tengas dinero, cuando tengas permiso, cuando todas las estrellas correctas del universo estén alineadas, te aviso que lamentablemente ese comportamiento lo llevarás a muchas otras áreas importantes en tu vida y no te dejará avanzar.

Nuestras experiencias tenemos que hacerlas avanzar nosotros, no esperar condiciones ideales. Esto de que salgas de tu código postal hacia un evento pagado no es una invitación que te hago por estar aburrido: es porque si la ejecutas, desarrolla en ti varios músculos estratégicos.

Ten el músculo de considerar cualquier parte del mundo como un lugar al que puedes llegar.

Ten el músculo de mezclarte entre gente que no conoces y salir de ahí con conversaciones nuevas.

Ten el músculo de estar solo en lugares exóticos y usar esto como espacio para meditar.

Escoge una ciudad grande. Escoge un tema sobre el que quieras aprender. Ve a Google, Eventbrite y Facebook y escribe el nombre del lugar y la idea que quieres aprender y ve qué te aparece. «Ciudad de México, inteligencia artificial, evento», por ejemplo. Si lo haces en inglés, muchísimo mejor.

Ya tienes fecha y precio. Ahora diseña el plan. Ve a Google Travel y busca hotel, vuelos, elabora el presupuesto. Ejecuta pasos que de entrada te parezcan exóticos o imposibles. Los problemas grandes se resuelven con ataques pequeños, no con una pincelada de solución mágica.

No pidas cosas. Ofrece cosas. «Jefe, voy a salir de viaje en tales fechas. Faltan diez semanas. Me gustaría reponer desde ahora el tiempo de esta manera (muestras calendario). También podría venir en fines de semana, ¿cómo podemos acomodarnos?». Haz difícil al otro lado negarse.

El error que he visto en muchos a lo largo de los años de plantear esta idea es que inmediatamente piensan en las razones prácticas por las cuales no es posible. Y tienen razón. El dinero. El tiempo. Los niños. El trabajo. Claro. Pero absolutamente todo eso es solucionable.

Velo así: muchísima gente viaja y va a eventos todo el tiempo. Que hoy para ti esto sea algo raro significa simplemente que tu nivel así te ha entrenado a ver el asunto, pero no es la realidad. Eres tú, no el mundo, por lo tanto, ya se han inventando muchas soluciones a esas excusas que pones.

Para el dinero, comienza a vender tus ideas o tu tiempo o tus habilidades en línea. Lánzate a hacer marketing de ti sin pena. Da clases extras a niños de primaria. Ayuda a algún profesional con su papeleo. Anuncia esta disposición en tus redes. A diario. Insiste.

Para el tiempo, haz un inventario de lo que podrías dejar de hacer, lo que puedes ejecutar más rápido y consigue así más horas en el día a través de la magia de organizarte como todo un pro.

Los niños. Sí. Esto es complicado. Imagina que los envías a un fantástico campamento de verano fuera de la ciudad por un mes. Con esto quiero ilustrar que sí los puedes soltar. Encuentra familiares y amigos para hacer trueques donde hoy cuiden a tus hijos y a cambio en otra ocasión tú los apoyas igual.

Del trabajo ya te dije cómo. No es pedir permiso, es negociar. Es llegar con variedad de soluciones para que la conversación no sea un «sí o no» sino «escoge opción A, B, C o diseñamos otra tú y yo, pero esto va a pasar».

He hecho esto de ir a eventos de todo tipo durante dos décadas. Es una de las actividades que más ha hecho explotar mi cabeza. Regreso iluminado, luego no tanto por el evento en sí sino por la experiencia de rodearme de personas que están ejecutando a niveles que admiro.

Mi confianza personal y profesional crece entre más me mezclo con otros pros. Aprendo de comida, bebidas, lugares y hacks de vida de otras personas que son curiosas y también se mueven para conectar en este tipo de eventos diseñados ex profeso.

Cuando tienes que negociar con un taxista en otro idioma, resolver en tiempo real un problema con tu reservación de hotel en otro país, cruzar un estricto control de aduanas, bueno, al regresar los retos de tu vida normal no lucen lo grandes que parecían antes de salir.

Ve a eventos pagados en lugares cada vez más lejanos. Este es un gran hack para conectar con gente interesante, escuchar ideas que luego tardan meses en aparecer aquí y tomar el pulso de cómo piensan y se mueven aquellos que están en los niveles que te interesa conquistar.

Ecuanimidad. Enfoque. Largo plazo.

Sé audaz. Y selo ahora.

—A.